viernes, mayo 01, 2020

Fernando (37: el Tratado de Valençay)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

La primera vez, que sepamos, que Napoleón manejó con una tercera persona la idea de que los franceses tendrían que irse de España fue en un entrevista con Soult en el verano de 1813, recién el armisticio de Poischwitz y en el Congreso de Praga. En noviembre sabemos, por una carta del ministro de la Guerra, duque de Bassano, Hugues Bernard Maret, que estaba manejando la idea de casar a pelo puta al Borbón español con una hija de José I.

jueves, abril 30, 2020

Fernando (36: un ciruelo tras otro)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

A las reclusiones de Macanaz, San Carlos y Escoiquiz había que sumar, para tener un retrato fiel de las difíciles relaciones entre los ex reyes de España y el dueño del país, el tema financiero. El 4 de septiembre, los mantenidos de Valençay cobraron la pensión vencida el 11 de agosto; pero en el pago ya no se incluía el estipendio personal de Fernando, que jamás volvió a pagarse. Los franceses adujeron que el flujo de rentas de España se había detenido, así pues no había posibilidad de pagar lo comprometido. El marqués de Ayerbe, entonces, hubo de diseñar las economías de la familia. Se recortaron los gastos y, sobre todo, se vendieron varios caballos de la considerable cabaña que habían acumulado los Borbones a base de compras. A los franceses no les gustó nada el gesto por lo que suponía de publicidad de las dificultades de la familia real española e, incluso, pudieron estar a punto de encarcelar al responsable de las medidas, es decir Ayerbe (pero esto de la cárcel lo cuenta el propio Ayerbe, así que...)

miércoles, abril 29, 2020

Fernando (35: dos cartas que dan bastante asco)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Talleyrand decidió utilizar una táctica suave para tratar a sus ilustres huéspedes: rodearlos de mujeres. El marqués de Ayerbe no duda en sus memorias de que fue un intento de ablandarlos por la seducción. Escoiquiz nos informa de que eran cinco: la hija de Talleyrand, todavía una niña; su aya inglesa, de unos treinta años; una dama de compañía polaca, más mayor, y que a Escoiquiz le impresionó por sus virtudes morales, "aunque no por su belleza"; y dos mujeres jóvenes, hijas de un adinerado francés arruinado por la Revolución. Además, también estaba en el palacio Ernestina Gadeau d'Entraingues, que sería marquesa de Guadalcázar, que entonces contaba unos quince años.

martes, abril 28, 2020

Fernando (34: la "prisión" de Valençay)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Pero regresemos al tracto argumental fundamental de esta serie, que no es la peripecia de la Guerra de la Independencia, sino la de los que no hicieron esa guerra, es decir, la familia real. Y recordemos que habíamos dejado a la reina de Etruria dispuesta a conspirar contra Napoleón.

lunes, abril 27, 2020

Fernando (33: Bailén)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

La reunión comenzó, como es preceptivo, con un discurso de su presidente, formal y tampoco muy comprometido, pues allí los españoles estaban bastante de adorno y su participación en la preparación de la asamblea había sido más bien superficial. A continuación del discurso, ni siquiera se leyeron los decretos de cesión de la corona de España a Napoleón; Bayona conoció directamente de la cesión por parte de Napoleón de dicha corona a su hermano José; así pues, las Cortes de Bayona habían nacido ya bajo el fait accompli de que los Borbones no eran reyes de España.

viernes, abril 24, 2020

Fernando (32: las residencias del rey padre)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido


La victoria de Bailén, a la que dedicaremos unos párrafos el lunes, no decidió ni de coña la suerte de la Guerra de la Independencia, pero sí que sirvió para ser uno de esos momentos en los que, como dijo Churchill de Stalingrado, giraron los goznes de la Historia. Fue mucho más importante por sus consecuencias sicológicas que por las militares. Sirvió Bailén para que Inglaterra comprendiese que Francia, a la que ya sabía vulnerable en el mar, también lo era en tierra; y eso la decidió a apoyar sobre el terreno a los españoles, apoyo del que muchas veces habrían de dudar sus generales, hartos de un ejército que no era un ejército, de un Estado que no era un Estado; pero que siempre se mantuvo razonablemente incólume.

jueves, abril 23, 2020

Fernando (31: La Corte de Bayona)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

El lado oscuro de la guerra de la independencia, y más concretamente de la guerrilla, por supuesto que existió. Hubo diversos episodios en los que la tropa acopiada en aquellas partidas se declaró autónoma y se negó a obedecer a nadie. Ocurrió en Cataluña, por ejemplo, donde el capitán José Manso tuvo que enfrentarse a casi 1.000 combatientes que no aceptaban mando alguno.

miércoles, abril 22, 2020

Fernando (30: violentos y guerrilleros)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

El proceso que se desarrolló tras la rebelión contra los franceses y la formación de juntas que llenaron el vacío de poder producido en España trabajó mucho, aunque ésa no fuese la pretensión primera del proceso, por construir las modernas diferencias territoriales que hoy en día conforman el ser del país. Si hay una cosa que hace compleja la Guerra de la Independencia es el hecho de que los españoles, a pesar de que los análisis superficiales (y los de los ignorantes en general) tiendan a pensar que los españoles se alzaron en favor de su rey absoluto dieciochesco, en realidad, hay más de un síntoma de que el pueblo español tenía buena memoria y, por lo tanto, en alguna medida estaba por la defensa de los reyes anteriores al Antiguo Régimen; incluso muy anteriores.

martes, abril 21, 2020

Fernando (29: Sevilla y Zaragoza)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Sevilla es, en efecto, un punto muy importante dentro del conjunto de rebeliones que se produjeron en España, porque la Junta que allí se formó, en torno al ex ministro de Hacienda Francisco Saavedra, se intituló “Suprema de España e Indias”, lo que provocaría muchos problemas cuando el proceso llegase al punto en el que las distintas juntas espontáneamente creadas comenzasen a coordinarse y aceptar un mando único.

lunes, abril 20, 2020

Fernando (28: la chispa prende)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

España, pues, no tenía gobierno para comandar una rebelión; tanto es así que el conde de Toreno nos cuenta en sus memorias que Arias Mon, uno de los más importantes miembros del ejecutivo español, pasó la tarde del 2 de mayo durmiendo su siesta diaria, mientras en la calle ocurría la mundial. A falta de un gobierno que, en nombre legítimo de la monarquía española, se declarase en todo frente al francés y se convirtiese, con ello, en comandante y centro de la resistencia que llamamos Guerra de la Independencia, los españoles tuvieron que rascarse su propia entrepierna por sí mismos y en soledad. Esto lo hicieron echando mano de sus dos tendencias, cuando menos entonces, más acendradas: el respeto hacia los capelos a la hora de obedecer, y la tendencia federalista. En España hay mucho historiador, y mucho más licenciado en Geografía e Historia, que, como tiende a considerar que la nación española nació con las Cortes de Cádiz torna a creer en la idea básica de que, antes de dicha reunión sureña, lo que hubo en materia de organización estatal apenas tiene importancia. Pero lo hubo; y fueron una serie de ensayos de organización estatal sin los cuales, sin su relativo éxito dentro del caos quiero decir, nada habría podido pasar en 1808, y en 1812 salvo, el mero sometimiento de España a los franceses.

viernes, abril 17, 2020

Fernando (27: Murat se hace con todo, todo y todo)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Una vez que las cosas se hubieron apaciguado, al menos relativamente, y después de ese procedimiento, por otra parte sobradamente conocido, en el cual los políticos se dijeron responsables de un proceso en el que poco habían hecho, las autoridades de la Junta se retiraron al Palacio Real, donde les esperaba el asténico y egoísta infante don Antonio, auténtico producto él mismo de la rama podrida del árbol Borbón. Una vez reunidos con su jefe formal, los españoles se fueron a ver a Murat, quien seguía en el atasco de la cuesta de San Vicente, no muy lejos pues, y le instaron a abandonar cualquier violencia pues, le dijeron, “bajo la fianza de los poderes públicos acaba de promulgarse la amnistía”. La verdad, no le reprocho a Murat que pensara, si es que lo pensó, que vaya panda de anormales le había venido a ver; ¿la Junta promulgando una amnistía de qué? Aun así, taimado como era y había aprendido a ser, Murat les dijo que sí, que guay, y los dejó marchar para, inmediatamente después de verlos cómo se iban, dictarle a sus secretarios una comunicación oficial para Antoñito el Borbonero.

jueves, abril 16, 2020

Fernando (26: de héroes, y de rocapollas)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Ante aquel grupo de gente de la calle que había penetrado en el Palacio Real se presentó el infante Francisco de Paula, apenas un niño de catorce años, acompañado de uno de los grandes de España de su casa. El encuentro con los madrileños fue cordial, y eso a pesar de que Paquito era objetivo de buena parte de las maledicencias de los españoles entonces, pues lo encontraban sospechosamente parecido a Godoy. Se ofreció el miembro de la familia real a salir al balcón a saludar a la multitud, cosa que hizo. Lo recibieron con vítores ensordecedores y gritos continuados de “¡que no se vaya!”.

miércoles, abril 15, 2020

Fernando (25: los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

La tarde de aquel día 20 de abril, que como vemos bien se puede conceptuar como la fecha del golpe de Estado francés en España, ante el gobernador interino se presenta un impresor, Eusebio Álvarez de la Torre, quien le explica que se habían presentado en su casa unos franceses, que querían ver impresa una proclama por la que el trono de España se retrotraía a los reyes padres. Álvarez, considerando aquello un ultraje, tuvo sin embargo la inteligencia de aceptarlo, para así poder controlarlo y dar parte. Dos horas después, los españoles sorprendieron en la imprenta a dos franceses. Los gabachos dijeron estar al mando del general Emmanuel de Grouchy y tenían las pruebas de la proclama. Los españoles los arrestaron en una habitación de la propia imprenta, aunque posteriormente el infante don Antonio resolvió devolvérselos a su jefe.

martes, abril 14, 2020

Fernando (24: el 2 de mayo se cocina)

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Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

En el estado mental y físico que ya he descrito, Carlos IV, derrotado y cansado, apenas se atrevió a exigirle a Napoleón que el nuevo rey le fuese querido a los españoles (compromiso que Napoleón no cumplió) y que garantizase la independencia (ja) y la integridad del territorio. Con estas vagas promesas genéricas, el mariscal Duroc y Godoy comenzaron una rápida negociación, por llamarla de alguna manera, para la redacción del decreto de Bayona, que lleva fecha de ese mismo día 5; lo cual nos da la medida de que debió redactarse en un cuarto de hora o así; la negociación, pues, debió durar un adarme. Un decreto en el que Carlos “cede todos sus derechos al Trono de las Españas y de las Indias, a SM el Emperador Napoleón, como el único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede restablecer el orden”. Asimismo, se acoge a la generosidad del francés para su vida material, sin pedirle nada a los españoles (acogimiento del que  con seguridad, habría de arrepentirse muchas veces pues, como veremos alguna vez en estas notas, Francia se portó con los ilustres exiliados, financieramente hablando, como la rana).

lunes, abril 13, 2020

Fernando (23: la última etapa de la hoja de ruta de Napoleón)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Los días 3 y 4 de mayo, efectivamente, Napoleón inicia una presión hacia los reyes padres a base de referirles noticias, no todas ellas ciertas, sobre la situación en España. La armonía existente en su inicio entre las tropas francesas y los españoles se estaba resquebrajando, y de ello responsabilizaba el emperador a Fernando de Borbón. Asimismo, le enseñó cartas de Fernando (presuntas, claro) a la Junta de Madrid que venían a demostrar que estaba confabulado contra los franceses. Como digo, yo la veracidad de estas cartas la pongo en salmuera, más que nada porque Fernando no tenía huevos de hacer algo así desde Bayona; y los asesores que lo rodeaban, menos aún.

viernes, abril 10, 2020

Fernando (22: la (presunta) carta de Fernando)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido

Aquí tenéis, pues, la presunta carta de respuesta de Fernando, sin cortes ni resúmenes.

jueves, abril 09, 2020

Fernando (21: La carta del rey padre)

Aquí están todos los capítulos presentes y futuros de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen.

Un niño en el que nadie creyó
El ascenso de Godoy
La guerra en el mar
Trafalgar
A hostias con Godoy
El niño asustado y envidioso de Carlota
Escoiquiz el muñidor
La conspiración de El Escorial
Comienza el proceso
El juicio se cierra en falso y el problema francés se agudiza
Napoleón aprieta
Aranjuez
Los porqués de una revolución
C'est moi le patron
Francia apremia
La celada
El día que un vasco lloró por España delante de un rey putomierda
Bayona
Napoleón ya no se esconde
Padre e hijo, frente a frente
La carta del rey padre
La (presunta) carta de Fernando
La última etapa en la hoja de ruta de Napoleón
El 2 de mayo se cocina
Los madrileños no necesitamos que nos guarden las espaldas
De héroes, y de rocapollas
Murat se hace con todo, todo y todo
La chispa prende
Sevilla y Zaragoza
Violentos y guerrilleros
La Corte de Bayona
Las residencias del rey padre
Bailén
La "prisión" de Valençay
Dos cartas que dan bastante asco
Un ciruelo tras otro
El Tratado de Valençay
¡Vente p'a España, tío!
El rey, en España
El golpe de Estado
Recap: por qué este tío nos ha jodido´

Aquel mismo día, el mariscal Duroc se presentó en la residencia del rey padre, y le entregó el borrador de respuesta del mismo a su hijo Fernando, redactada por el mismo Napoleón. No existe ni un solo testimonio de que Carlos de Borbón le cambiase a aquel borrador ni una coma. Así pues, la carta puede considerarse tan suya como del emperador. Es un poco larga, pero creo que tiene sentido que os la copie entera:

Hijo mío: los pérfidos consejos de los hombres que os rodean han conducido a España a una situación crítica; sólo el Emperador puede salvarla.

Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis pueblos era inseparable de una buena inteligencia con la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante mira; aun cuando la Francia se halló dirigida por gobiernos efímeros, ahogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la política y el bien de mis vasallos.

Cuando el Emperador hubo establecido el orden se disiparon grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme fiel a mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra a Francia, logré felizmente ser neutro y conservar a mis pueblos los beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías y me hizo la guerra aun antes de habérmela declarado; y entonces me vi precisado a oponer la fuerza a la fuerza y las calamidades de una guerra asaltaron a mis vasallos.

La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más que cualquier otro estado: la interrupción del comercio y los estragos que acarrea afligieron a mis vasallos, y cierto número de ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros.

Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre de la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo el único de los reyes de Europa que se sostenía en medio de las borrascas de estos últimos tiempos. Aun gozaría de esta tranquilidad sin los consejos que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado seducir con demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer tenía a la Francia, y habéis participado irreparablemente de sus injustos resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre y contra mí mismo.

Me creí obligado a recordar mis derechos de Padre y de Rey; os hice arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito; pero el acabar mi carrera reducido al dolor de ver perecer a mi hijo en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas de vuestra madre [reproduzco el texto literal; entiendo que aquí hubo un error de redacción, o de traducción, pues Napo tuvo que escribir en francés]. No obstante, mis vasallos estaban agitados por las prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a los pesares que debí a disensiones dentro de mi misma familia.

Se calumniaba a mis ministros cerca del Emperador de los franceses, el cual, creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y viendo los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia), cubrió bajo varios pretextos mis Estados con sus tropas [recuerde el lector que esta frase, originalmente, fue escrita precisamente por el invasor]. En cuanto éstas ocuparon la ribera derecha del Ebro y mostraban tener por objeto mantener la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no abandonaría los sentimientos de aprecio y amistad que siempre me había dispensado; pero, al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi capital, conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona, para presentarme a mi augusto aliado como conviene al Rey de las Españas. Hubiera yo aclarado sus dudas y arreglado mis intereses: di orden a mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y de reunirse sobre varios puntos de mi Monarquía, no para abandonar a mis vasallos, sino para sostener dignamente la gloria del Trono. Además, mi larga experiencia me daba a conocer que el Emperador de los franceses podía muy bien tener algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema de continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses de mi casa. ¿Cuál ha sido en esas circunstancias vuestra conducta? El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado al cuerpo de Guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro prisionero; mi primer Ministro, que había yo criado y adoptado en mi familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro.

Habéis desdorado mis canas, las habéis despojado de una Corona poseída con gloria por mis padres y que había conservado sin mancha. Os habéis sentado sobre mi Trono, y os pusisteis a la disposición del pueblo de Madrid y de tropas extranjeras que en aquel punto entraban.

Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos de mi administración eran objeto del desprecio público. Anciano y agotado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva desgracia. He recurrido al Emperador de los franceses, no como un Rey al frente de sus tropas y en medio de la pompa del Trono, sino como un Rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus reales, le debo la vida, la de la reina y la de mi primer Ministro. He venido, en fin, hasta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera que todo depende de la mediación de este gran Príncipe.

El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España, y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi Reino, a mis vasallos y a mi familia. El corazón se ha manifestado abiertamente al Emperador; conoce todos los ultrajes que he recibido y las violencias que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás como Rey, y que el enemigo de su padre no podrá inspirar confianza a los extraños. Me ha mostrado, además, cartas de vuestra mano que hacen ver claramente vuestro odio a la Francia [estas cartas, repito, yo las reputo falsificadas por lo que podríamos llamar los Servicios Secretos Franceses].

En esta situación, mis derechos son claros y mucho más mis deberes. No derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin de mi carrera que pueda acarrear asolamiento e incendios a la España reduciéndola a la más horrible miseria. Ciertamente que si, fiel a vuestras primeras obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza, hubierais desechado los consejos pérfidos, y que, constantemente sentado a mi lado para mi defensa, hubierais esperado el curso regular de la naturaleza que debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años, hubiera yo podido conciliar la política y el interés de España con el de todos. Sin duda, hace seis meses que las circunstancias han sido críticas; pero, por más que lo hayan sido, aun hubiera obtenido de las disposiciones de mis vasallos, de los medios que aun tenía, y de la fuerza moral que hubiera adquirido, presentándome dignamente al encuentro de mi aliado a quien nunca diera motivo de queja, un arreglo que hubiera conciliado los intereses de mis vasallos con los de mi familia. Empero, arrancándome la Corona, habéis desecho la vuestra, quitándole cuanto tenía de augusta y la hacía sagrada a todo el mundo.

Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas, han puesto una barrera de bronce entre vos y el Trono de España; y no es de vuestro interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de encender un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa y la desgracia de España. [Esta última frase, sin duda alguna, es de Napoleón; el pígnico y cobardón Carlos de Borbón jamás la habría escrito de su pluma. Es más: yo creo que Napoleón, cuando la escribió, quería que Fernando se diera cuenta de que era su fautor.]

Yo soy Rey por el derecho de mis padres; mi abdicación es el resultado de la fuerza y de la violencia; no tengo pues nada que recibir de vos, ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta, nueva necia sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.

He reinado para la felicidad de mis vasallos y no quiero dejarles la guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución. Todo debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he sacrificado toda mi vida por mis pueblos, y en la edad a la que he llegado, no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad y su dicha. He reinado para ellos; constantemente me ocupé de ellos; olvidaré todos mis sacrificios, y cuando, en fin, esté seguro que la religión de España, la integridad de mis provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados, bajaré al sepulcro perdonandoos la amargura de mis últimos años.

Dado en Bayona, en el Palacio Imperial, llamado del Gobierno, a 2 de mayo de 1808.

Insisto en que, aunque os pueda ser difícil, debéis leer esta carta siendo conscientes que, cuando menos en lo fundamental, no fue redactada por quien la firma, sino por un amanuense de lujo, que no es otro que Napoleón. Lleva, desde luego, su impronta, o cuando menos yo se la veo. Observad algunos elementos que creo importantes.

  • Pasa de puntillas por los hechos de Aranjuez. Desde luego dice, porque es necesario para Carlos, que su abdicación fue el resultado de una traición y fruto de la presión; pero es deliberadamente etérea al referirse a los porqués de los disturbios. Una indefinición muy calculada por parte de alguien que, ya lo he dicho, cuando menos en mi opinión fue el instigador de los sucesos de Aranjuez en mucha mayor medida que Fernando de Borbón.
  • Sustenta las críticas en los hechos de El Escorial, haciendo decir a Carlos nada menos que lo lógico es que le hubiesen reservado el cadalso a su hijo. Está claro que Napoleón le enseñó al Borbón todas las cartas y pruebas de que disponía.
  • Finalmente, pero es lo más importante, observad lo poco claro que es el presunto rey obrante de España sobre sus intenciones respecto de la corona. Dice varias veces que el emperador es su amigo fiel y que a su arbitrio está entregado España; pero no repite en la carta ninguna de las cosas que sabemos le dijo a su hijo verbalmente, esto es: que él, personalmente, no estaba dispuesto a regresar a España ni a volver a reinar.

Con este texto, por lo tanto, Napoleón consumaba su plan de hacerse con la confianza total del Carlos de Borbón y, por lo tanto, hacía suyo el proyecto de ser el árbitro de los destinos de España. Todos los indicios son de que el rey padre compró esta teórica al completo, y que le estuvo enormemente agradecido al emperador por el esfuerzo de hacer patentes todos los resquemores que Carlos tenía contra su hijo.

Godoy, en sus memorias, confirma la autoría napoleónica de la totalidad de la carta (es él quien aporta el dato de que Carlos no cambió ni una coma); aunque nos recuerda, con la ventaja de escribir cuando el toro hace mil años que ha pasado, que todo lo hacía el pérfido francés para montarle una engañifa de la hostia a la corona de España.

¿Qué buscaba, exactamente, Napoleón con esa carta? Bueno, yo, personalmente, considero que todo lo que buscaba era un rompimiento formal y material dentro de la familia Borbón. Él tenía que saber que la respuesta de Fernando no podía ser ya plegarse a la voluntad de su padre, entre otras cosas porque la voluntad de su padre no está claramente expresada en la carta. No escribió esa carta, pues, para intimar la sumisión de Fernando de Borbón; lo hizo para que las cosas entre padre e hijo alcanzasen un punto de no retorno en el que la intervención de Francia pudiera verse como algo lógico por parte de todos. Y hay que decir que eso es, exactamente, lo que consiguió.

Una carta escrita en los términos que hemos visto tenía que tener respuesta. Y la tuvo. La misiva no sentó nada bien en el cuartel general de Fernando de Aragón, que lleva fecha de dos días después, más larga todavía que la del padre, y que reproduciré en la siguiente toma. Ya sé que es un poco coñazo, pero creo que estas dos misivas son fundamentales para la Historia de España, y por ello creo que, lejos o además de las interpretaciones de cada uno, lo suyo es que las podáis leer como se escribieron.