lunes, marzo 23, 2026

Cómo conocí a vuestro Führer (10): El error Trianon


 


Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over

 

Si el autor de este blog fuese Gabriel García Márquez, podría escribir: “Muchos años después, cuando, interno en el el campo de concentración de Buchenwald, el capitán Karl Mayr vio llegar a los hombres que lo iban a asesinar, habría de recordar el día en que se fijó en aquel alumno llamado Adolf Hitler”. Mayr, efectivamente, murió en febrero de 1945 en Buchenwald, y murió asesinado. Su pecado: haberse convertido en un socialdemócrata y un anti nazi. La fecha, por lo demás, es muy reveladora. Apenas quedaban unas semanas para el final de la guerra. El tema huele a postrero ajuste de cuentas por parte del hombre que un día estuvo a sus órdenes y que, obviamente, veía el cambio ideológico de Mayr como una traición.