lunes, febrero 10, 2020

Fernando (1: un niño en quien nadie creyó)


La Historia de un país, y España no es una excepción, tiene algunos personajes de los que todo el mundo habla y sabe cosas. Fernando VII es uno de ellos. Fue Fernando, sin duda, el peor rey que ha tenido España, y mira que ésa es una competencia dura de narices. Sin embargo, que Fernando sea el peor rey de la Historia de España y que ésa sea una condición que prácticamente nadie le discute no quiere decir, necesariamente, que los porqués sean bien conocidos. Es una lástima, pero es así. El diagnóstico, desde el principio digo que acertado, en torno a la figura del que conocemos como El Rey Felón, se produce, sin embargo, casi por casualidad y basándose en informaciones bastante parciales.

Yo voy a tratar, en estas notas, de trazaros una Historia del primer rey Fernando, esto es, de aquél que fue príncipe de Asturias, luego rey, luego nada, y regresó de Francia siendo El Deseado. A mí, particularmente, es el Fernando que más me interesa aunque, como siempre, no descarto la posibilidad de acabar cerrando el círculo y contando la totalidad de la Historia. No me planteo, sin embargo, hacer una descripción completa del reinado de Fernando porque, ya me conocéis, mi intención no es cerrar este relato con dos o tres datos. Como me dijo en cierta ocasión un lector en un correo privado, expresión que me encantó por lo cierta, “ a este blog se viene a sudar”. Sudemos un poco, pues.

Como bien sabéis, Carlos III, rey de España al que también hemos dedicado ya unasemblanza, certificó por escrito lo que ya era evidente en el día a día, esto es la honda dependencia de España respecto de Francia, en lo que conocemos como Pacto de Familia, expresión muy acertada pues, en realidad, más que un acuerdo entre naciones fue un acuerdo entre borbones. Parte de aquel pacto era el compromiso de que su hijo homónimo se habría de casar con Luisa María Teresa de Borbón y Borbón, que era prima hermana del marido, puesto que era hija del infante de España don Felipe, hermano del propio rey Carlos; y de Luisa Isabel de Borbón, que era la hija mayor de Luis XV. Este matrimonio encaja como dos piezas de Lego con otro que también formó parte del Pacto de Familia, y que buscaba otorgarle alguna pedrea a la casa de Austria, que se había quedado a verlas venir. Así, la infanta María Luisa, también hija de Carlos III, habría de casar con el entonces archiduque Leopoldo, que después sería Gran Duque de la Toscana y finalmente emperador a la muerte de José I.

Carlos y Luisa María se casaron en Parma, ciudad donde había nacido ella pues allí reinaban sus padres como consecuencia del Tratado de Aquisgrán (1748), aunque se casaron por poderes, porque Carlos no estaba. Luego Luisa emprendió viaje a España, a donde llegó vía Cartagena. De todas las infantas, princesas y reinas de España, Luisa de Borbón y Borbón es, probablemente, una de las que con mayor ahínco y dedicación se puso manos a la obra en la función fundamental de una reina, que no es otra que convertir su útero en una fábrica de chips. Era apenas una niña cuando perdió su virginidad, tenía 14 años; y aquella noche comenzó una larga carrera de procreación que, entre partos y abortos, deja la asombrosa cifra de veinticuatro embarazos. Su productividad está fuera de toda duda, pues tuvo catorce hijos (más otros diez que se malograron en el horno):


  • Carlos Clemente Antonio, el primero, vivió poco, pues nació en 1771 y murió tres años después.
  • Carlota Joaquina, nacida en 1775 y muerta en 1839, sería la mujer de Joao VI de Portugal.
  • María Luisa Carlota, nació en 1777 y murió a los seis años de edad.
  • María Amalia nació en 1779 y falleció con 19 años, aunque le dio tiempo antes de casarse con el infante don Antonio, su tío.
  • Carlos Domingo Eusebio nació en 1780 y murió a los tres años de edad.
  • En 1782 nació María Luisa Josefina, la futura reina de Etruria. Murió en 1824.
  • En 1783, la reina parió gemelos: Carlos Francisco de Paula, que vivió un año; y Felipe Francisco de Paula, que murió apenas un mes antes que su hermano.
  • En 1784 nació Fernando, futuro Fernando VII, quien como sabemos vivió hasta 1833.
  • En 1788 nació Carlos María Isidro, quien viviría hasta 1855.
  • En 1789 vio la luz María de la O Isabela, que viviría hasta 1848 y casaría con Francisco I, lo que la convirtió en reina de las Dos Sicilias.
  • En 1791 nació María Teresa, que vivió tres años.
  • En 1792 nació Felipe María Francisco, que vivió dos años.
  • Finalmente, en 1794 nació Francisco de Paula Antonio, que viviría hasta 1865.

Aunque, lógicamente, nosotros, que sabemos el final de la película, nos fijamos sobre todo en Fernando, el futuro rey, la verdad es que, si hubiéramos vivido aquellos tiempos o nos trasladásemos a ellos en una máquina del tiempo de las buenas (no de las mediatizadas por el presente, que son las que usan los guionistas de series), encontraríamos que el nacimiento de Fernando poca, muy poca pasión levantó al lado del de, por ejemplo, Carlos Clemente Antonio, su malhadado hermano mayor. Para cuando nació Fernando, tanto sus padres como las Españas todas estaban ya acostumbradas a la idea de que la prole masculina de los reyes estaba aquejada de una serie de maldición tupamara que se los llevaba a la tumba a los pocos días, meses o años. El fracaso puerperal era tan común en aquella familia que España no se dignó alegrarse demasiado con la llegada de quien sería su rey; y sus padres tampoco se encariñaron mucho con el queco, algo que, según muchos indicios, acabó labrando una distancia entre ellos que explica, cuando menos en parte, la frialdad, cuando no crueldad, con que se acabaría desempeñando el hijo hacia su despegado padre. 

Dicho lo dicho, sin embargo, el nacimiento del hijo de un rey era lo que era, y sin duda provocó los habituales movimientos en la Corte. Entre otras cosas, aquel nacimiento, como siempre, provocó un casting de amas que ríete tú de Operación Triunfo, en el que resultaron diez elegidas de las que, finalmente, el cirujano real, Joseph Fernández, escogía tres, 

Las peripecias de los partos reales, que he esquematizado en la lista anterior, provocan desazón en la Corte, por la obstinación que parece mostrar la Parca a la hora de barrer de la faz de la Tierra, muy especialmente, a los hijos más valiosos, que son, ejem, los varones. En septiembre de 1783, un año antes de que nazca Fernando, en palacio sólo quedan infantas: Carlota Joaquina, María Amalia y María Luisa Josefina. Aquel año nacieron los dos gemelos quienes, sin embargo, como ya he referido apenas duraron unos meses entre nosotros.

Así las cosas, y como ya he dicho, España entera y, muy particularmente, la Corte, vistos los disgustos y desilusiones que había deportado el pasado, se tomaron con mucha tranquilidad la nueva gravidez de la princesa de Asturias cuando se produjo en 1784. Sería mejor que hablasen los médicos, pero creo yo que un factor que pudo funcionar a favor de la salud de este vástago fue la relativa continuidad que tuvo con su ama. Habitualmente, como hemos visto, cada vez que nacía un infante se le solían seleccionar un ama titular y dos suplentes, lo que tenía la consecuencia que los niños tomasen leches diferentes, lo cual no sé si es bueno, inocuo, o qué. Pero lo cierto es que Fernando, al principio, tuvo una ama bastante fija: Ignacia García, de Burgos, quien lo amamantó durante un año entero en solitario. Luego ya la cosa fue bastante mal: Gaspara Beltrán hubo de ser sustituida a los cinco días y su sucesora, María Pérez, después de 18 días pues, al parecer, Fernando le lastimó un pecho. Rosa del Castillo y Teresa González fracasan también al poco tiempo, tras lo cual Inés de Lastra lo amamanta durante casi medio año para pasarle el niño a su última ama, Manuela Garcia. En total, Fernando fue un mamón durante veinte meses y cinco días.

Por si alguien tiene la intención de opositar al cargo de ama de los infantes, aquí están las condiciones que, entonces, exigía la Casa Real: han de ser de buena disposición, ni muy gruesas ni excesivamente delgadas, que gocen de buena salud y de color que no sea extremo de muy blanca ni muy morena; edad de 21 a 27 años; dentadura blanca, y firmes los pechos que no sean muy cerrados; que si fuera posible el pezón no peque en grueso; que sea de segundo o tercer parto; que en el tiempo de la cría no haya menstruación; abundante de leche y de buenas cualidades, que se incline más a tenue; que no haya padecido granos, herpes ni otras enfermedades contagiosas del cutis; de buen pelo, negro o castaño.

Ignoro, sinceramente, y lo ignoro más a la luz de los resultados presentes, la inquina de la Casa de Borbón hacia las rubias.

El cirujano de cámara comprobaba estas características organolépticas, más las morales, pues el ama debía ser de carácter templado, no haber servido como ama anteriormente, y no beber alcohol. De las seleccionadas se iniciaba una investigación entre las personas notables de su población de residencia (empezando, claro, por el párroco), para averiguar, sobre todo, si sus abuelos, padres o ellas han ejercido oficios viles (lo cual, no te sobres, no quiere decir que hubieran sido putas; más bien, si los parientes habían sido cosas como zapateros o así), si son buenas cristianas y tal.

La casa adyacente a Palacio donde eran ubicadas las amas suplentes finalmente seleccionadas con sus hijos (a los que seguían amamantando) estaba situada en la calle del Tesoro. La única que se salía de esta norma era la ama titular, pues vivía en Palacio y separada de su hijo, quien se quedaba en el pueblo y era amamantado por otra mujer. Por esto cobraba, la titular 10.000 reales, las suplentes 5.500, y la misma cantidad la llamada Rectora de Amas, que era la jefa del cotarro que organizaba las chupadas. Todas ellas recibían un óbolo al finalizar su labor y, algunas, incluso una pensión vitalicia.

En octubre y noviembre de 1794, si habéis echado cuentas, la vida de Fernando de Borbón cambia radicalmente. Él nace, efectivamente, tercero en la línea de sucesión de la Corona. Además, todo el mundo se hace lenguas de los gemelos que le preceden, pues la gente que los ve dice que son rollizos y robustos. Pero no hay tal. Cuando Fernando de Borbón tiene apenas tres días de vida, salta a la segunda posición en la línea de sucesión la muerte del primero de los Olsen; y quince días después la casca el segundo, así pues ya tenemos a Fernando enfilado hacia su destino histórico, en apenas un mes.

Carlos III muere en las postrimerías del año 1788, confortado por la supervivencia que parece mostrar su nieto Fernando y la noticia, de algunas semanas atrás, del nacimiento de otro varón, Carlos María Isidro. Tendría coña, de verdad, tener una máquina del tiempo para poder acercarse al tálamo terminal del rey y poder susurrarle al oído que esos dos hermanos estarían en el origen de tres guerras civiles, tres, que acabarían asolando España en los siguientes cien años. Por ver qué cara ponía, digo.

Bueno, ya tenemos por aquí a Fernando de Borbón y de Borbón, de Sajonia y de Borbón, que, la verdad, declamas su nombre completo en voz alta y parece que estás en una disco trance. Dará mucho que hablar el chaval, tenlo por seguro.

6 comentarios:

  1. Oh. Presentía (o suponía) que harías una serie sobre este rey tan singular. En la serie sobre el regente Ciscar lo dejaste a entrever...

    Sinceramente, la espero con ansias. Aún recuerdo el retrato negativo que hizo mi profe de historia del colegio sobre Fernando; y pues, quiero ver qué tanto se corresponde con lo que aquí vas a comentar.

    Por cierto, ¿cómo haces apra redactar tan bien?

    Un sauldo afectuoso.

    Diego

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    1. Bueno, mi opinión de Fernando no es muy buena. No pretendo mejorarla; pero sí, cuando menos, que quien la tenga sepa por qué.

      Lo de la escritura es una de las cosas buenas que te dejan los jesuitas.

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    2. ¡Gracias por la indicación! Rastrearé, entonces, la pista de profes jesuitas de mi país (Perú), y sus escritos. Mientras, seguiré disfrutando de la serie... ahora bien, a partir de la segunda toma, tengo ganas de profundizar un poco más en la vida de Godoy; en conocer su idea de España, sus proyectos.

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    3. Es figura muy polémica que, en su momento, tuvo sus defensores. Hoy en día yo creo que que casi todo lo que se publica es para criticarlo.

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  2. Por tocar un poco las boulins. Al final del capítulo uno, don Carlos III muere en 1784 y al principio del capítulo dos muere en 1788.

    ¡Esto es un sindios!

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    1. Ya sabes que los reyes, como los de Bilbao, se mueren cuando les sale de los cojones.

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