viernes, mayo 05, 2023

El otro Napoleón (27: Quién puede fiarse de un francés)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica  


Las cosas, sin embargo, no salieron como en el folleto se pensaba que ocurrirían. Las potencias europeas seguían distanciándose de la idea del congreso, especialmente Inglaterra; mientras que la oposición ultracatólica en francesa no hacía sino incrementarse. En medio de este ambiente, Luis Napoleón, tratando de resolver el problema rápidamente, le envía una carta a Pío Nono invitando a hacer el sacrificio de sus “provincias revueltas” y entregárselas al Piamonte.

miércoles, mayo 03, 2023

El otro Napoleón (26: Vuelta a casa)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


Las cosas estaban jodidas para Francia: amenazada de ser agredida en río-timbre; demasiado agotada como para sostener la guerra; de alguna manera engañada por su aliado piamontés que, por decirlo coloquialmente, había recibido el ofrecimiento de la mano pero había cogido el hombro, Napoleón cada vez estaba más convencido de que su proyecto italiano era una ful. Así las cosas, decidió pedir el comodín de la llamada y negociar directamente con su enemigo, Paco Pepe.

miércoles, abril 26, 2023

El otro Napoleón: (24bis: Magenta y Solferino)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Luis Napoleón se estableció en un albergue en San Martino, desde donde se aprestó a la seguir la batalla que se le había ordenado a Mac-Mahon presentar en Magenta (o sea; no es que se le ordenase ir a la batalla de magenta, sino presentar batalla en la localidad de Magenta; hay que reconocer que la frase es polisémica). Así pues, las tropas recibieron la orden de pasar el Naviglio. Esto sólo se podía hacer por un puente, el Ponte Nuovo, que, lógicamente, estaba defendido por un fuerte fuego cruzado. Sin embargo, los zuavos al mando de su general, Jean Joseph Gustav Cler,  acabaron haciéndose con el paso. Este cambio de dueño, sin embargo, provocó una salida en tromba contra los franceses de las tropas austríacas, en la que, entre otros, el propio general Cler dio la vida. Los franceses tuvieron que recular.

lunes, abril 24, 2023

El otro Napoleón (24: Primero la paz, luego la guerra)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El folleto inspirado por Luis Napoleón tiene un importante valor histórico, como os he dicho; pero su valor presente fue bastante más matizable. El ministro Walewski calificó el recibimiento de la publicación del panfleto de “detestable”. Persigny fue mucho más allá al dar en el clavo del problema en una carta que le escribió a su jefe: “tanto Europa como Francia os han aceptado porque durante nueve años se han fiado de vuestra promesa de respetar los tratados; si no los respetáis, perderéis su confianza”. En la propia discusión política francesa comenzaba a hacerse con mucha frecuencia la sutil diferenciación entre la existencia de una coalición europea contra Francia, o una coalición contra Luis Napoleón. Y ya se sabe que cuando un político que basa su poder en excitar la grandeur nacionalista de su nación pierde la identificación con esa misma nación, está perdido. Morny fue al Cuerpo Legislativo a pronunciar un discurso en el que dijo que para Francia era crucial mantener su posición pacífica.

viernes, abril 21, 2023

El otro Napoleón (23: Pidiendo pista)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El emperador, de regreso a París, le contó a su gobierno lo justo sobre las conversaciones que había tenido en Suiza. Aquello era un proyecto personal y los demás no tenían por qué saber sino en el momento procesal oportuno. Para cuando regresó a la capital, Espinasse había dejado ya de ser ministro del Interior, sustituido por Claude Alphonse Delangle, el presidente del tribunal que había enviado a Orsini a la guillotina. Fue un nombramiento mal recibido por los aliados católicos del Imperio, dado el anticlericalismo cerril que practicaba aquel ministro. Al príncipe Napoleón lo hicieron ministro de Argelia y las Colonias; en realidad, se le estaba reservado un espacio de líbero para que pudiese negociar con los piamonteses.

miércoles, abril 19, 2023

El otro Napoleón (22: La entrevista de Plombières)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica

Apoyándose en el escándalo de la violencia política contra su persona, Luis Napoleón está preparado para lanzar la violencia estatal contra las calles. Toda una señal de lo que quería hacer fue su gesto de sustituir al frente de la represión a Billaut, un general considerado demasiado blando por la derecha imperial, por Espinasse, uno de los fautores del golpe de Estado imperial. El emperador fijó unas cuotas de detenidos por distrito, hasta un total de 400; las detenciones se centraron en los reprimidos ya en 1848 y 1851; fueron mayoritariamente enviados a Argelia. Un juramento de fidelidad especial le fue exigido a todos los candidatos electorales. El emperador, además, se hizo acompañar desde entonces por un Consejo Privado, formado por el emérito Jerónimo, el príncipe Napoleón y los principales ministros y dignatarios. En las sesiones de este Consejo Privado no faltará la Euge, a quienes todos asumen un papel de regente en el caso de que al Empe le pase algo.

lunes, abril 17, 2023

El otro Napoleón (21: Italia)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Tras los grandes movimientos que se produjeron en la península italiana en 1848, el ambiente había quedado muy tranquilo. En toda la península sólo se podían contar dos Estados independientes: la casa de Saboya, dinastía reinante en el Piamonte, Saboya, Niza, Génova y Cerdeña; y la mansión de Borbón, señora de Nápoles y Sicilia. En medio de estos dos Estados, el patrimonio de la Iglesia, ocupado al norte por Austria; y al sur, Roma incluida, por los franceses. El gran duque de Toscana, el duque de Parma, el duque de Módena, todos ellos reminiscencias de la vieja nobleza italiana, eran vasallos de Austria, Imperio que tenía el poder sobre la Italia más pujante, la que va de Milán a Venecia, entonces conocido como Reino Lombardo-Veneciano.

viernes, abril 14, 2023

El otro Napoleón (20: La ruptura del eje franco inglés)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Económicamente hablando, hay que decir que la flor en el culo de Napoleón se marchitó muy deprisa. El país sufrió tres cosechas desastrosas casi seguidas. Además, las regiones ribereñas del Garona y del Ródano sufrieron inundaciones muy graves y, entre 1853 y 1855, el cólera se cobró 200.000 vidas en el país, que se dice pronto. En gran parte, la Exposición Universal de 1855 fue un proyecto diseñado para dar carta de naturaleza a la superación de estas dificultades. Tuvo cinco millones de visitantes, entre ellos los reyes de Portugal y de Cerdeña, así como los soberanos ingleses y un montón de príncipes alemanes. Aquella exposición fue la puesta de largo de la ingeniería del metal, de la electricidad, y de la química aplicada a la industria.

miércoles, abril 12, 2023

El otro Napoleón (19: Haussmann, el orgulloso lacayo)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El 16 de marzo, grandes noticias para el emperador. Después de tres años de matrimonio y de varias intentonas fallidas, por fin tenía un heredero. Una noticia que puso contentos a todos menos al rocapollas del príncipe Napoleón, repentina y lógicamente desplazado en la línea dinástica, quien de hecho se negó durante semanas a firmar el acta oficial del nacimiento, a ver si había suerte y el queco la diñaba pronto.

lunes, abril 10, 2023

El otro Napoleón (18. ¡Chúpate esa, Congreso de Viena!)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El plan de Pélissier era, básicamente, hacer lo que le saliese del culo. Muchos de sus generales, y el tocahuevos del emperador desde París, seguían dale que dale con el temita de la invasión desde el interior. Pélissier, sin embargo, era un buen estratega, y sabía perfectamente que sus posibilidades atacando por el norte eran absolutamente menores. Así que decidió que lo único que podía hacer era atacar las defensas de Sebastopol por el sur: el llamado Mamelon Verde, las Obras Blancas y, en general, todo el conjunto de protecciones que tenía por centro la Torre Malakov. Ranglan se mostró de acuerdo con la táctica. Juntos diseñaron una acción de la flota en el Kertch que logró destruir los aprovisionamientos rusos. Ante este éxito, Pélissier juzgó que ya era momento de atacar las posiciones enemigas. Las operaciones le fueron encargadas al general Forey, a quien ya hemos visto en estas notas repartiendo hostias por las calles de París.

miércoles, abril 05, 2023

El otro Napoleón (17: La insoportable levedad austríaca)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


El primero que se mostró cada vez más jodido con el tema de la hibernación fue el príncipe Napoleón. Este chavalote pijopera, tercera generación ya de la rama de generales y políticos franceses, se había portado bastante bien en la riveras del Alma. Pero al comenzar el largo asedio de Sebastopol, atacado por la disentería y por las naturales privaciones de la vida militar de verdad, comenzó a protestar por todo como el tonto'los'huevos que era. Por supuesto, puesto que su Tito estaba al mando de todo, inmediatamente reclamó su repatriación. En París, sin embargo, el emperador, consciente del golpe reputacional que supondría eso, se negó, aunque sí le permitió trasladarse a Constantinopla.

lunes, abril 03, 2023

El otro Napoleón (16: Empantanados en Sebastopol)

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El antiguo Quersoneso Táurico y las extensiones al sur del mismo que eran el objetivo de todas aquellas acciones militares conformaban entonces, que todavía no había llegado Stalin, un territorio enormemente variado. Estaba poblado de tártaros, de armenios, de judíos, de griegos y de rusos. El teatro crimeo carecía, por lo demás, de grandes concentraciones urbanas, con la única excepción de Sebastopol, una creación de Catalina la Grande, con un activo fundamental que era su puerto. Mal defendido desde la tierra pero, sin embargo, bastante inexpugnable por mar.

viernes, marzo 31, 2023

El otro Napoleón (15: La precipitación)

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Más o menos desde que Menshikov había llegado a Constantinopla, Napoleón había dado una orden que había sido desaconsejada por todo su gobierno salvo Persigny, y muy particularmente por Drouyn de Llhuys, que la reputaba muy peligrosa: sacar a la flota francesa de Tulón y ordenarle que se fuese a patrullar en el Egeo. Sin embargo, este gesto no detuvo al zar. El autócrata ruso estaba espoleado por la situación en Inglaterra, donde había un gobierno de coalición dirigido por George Hamilton-Gordon, cuarto conde de Aberdeen y normalmente conocido como Lord Aberdeen. Como todo gobierno de coalición, le costaba tomar decisiones de gran relevancia, y esa inanidad era un acicate para Nico. Las posibilidades de Francia a la hora de concertarse con Inglaterra eran pocas; con el I Imperio muy fresco en la memoria, la mayoría de la sociedad inglesa era abiertamente hostil a los franceses, y no digamos si los comandaba un tipo llamado Napoleón. Así las cosas, el gobierno anunció en los Comunes que la reina, de acuerdo con el emperador vienés, sostendría la integridad del Imperio turco. El gobierno inglés presentó una protesta en Moscú por la actitud rusa. La flota del almirante Sir James Whitney Deans Dundas, surta en Malta, puso proa hacia los Dardanelos, donde ya estaban los de Tulón.

miércoles, marzo 29, 2023

El otro Napoleón (14: Los Santos Lugares)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



En contra de la austeridad que parecía dictar el boicot monarquista, Luis Napoleón se planteó devolverle a la Corte imperial francesa sus pasados oropeles. Y, a juzgar por la imagen social que nos han dejado sus años, sobre todo los primeros del II Imperio, lo consiguió. Aquellos tiempos en las Tullerías, en efecto, han quedado impresos en la retina de la Historia como algunos de los más brillantes en lo que a oropeles y brillantez se refiere.

lunes, marzo 27, 2023

El otro Napoleón (13): Todo por una entrepierna

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 

La inquietud primaria que presentaba en Europa la restauración imperial tenía que ver con el Congreso de Viena. Exactamente que, algunos años más tarde, en España sería un exitoso (y finalmente fallido) motto político el concepto de “nunca más un Borbón en el trono de España”, el Congreso de Viena había establecido con claridad que nunca se permitiría que Francia estuviese al mando de un Bonaparte. Por lo tanto, para los países europeos el primer problema que se planteaba era realizar, o no, la plena aceptación del régimen francés pues, como hemos visto, en estricta obediencia de los pactos vieneses, no sólo no podían hacerlo sino que debían combatirlo.

viernes, marzo 24, 2023

El otro Napoleón (12): Emperador, como mi tito

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Exactamente igual que los diputados, todo funcionario público tenía la obligación de jurar fidelidad al presidente. Esta norma causó una cascada de protestas en la universidad, donde fueron muchos los catedráticos, decanos y rectores que dimitieron para no tener que prestar dicho juramento. Pero eso no parará a Fortoul, el ministro de Instrucción Pública. Mediante decreto, obliga a los profesores de facultad a someter a aprobación sus planes de estudio y de clase. De hecho, el ministro, que tenía un porte y una filosofía híper conservadora, llegó al punto de prohibirle a los profesores llevar barba, por considerarlo propio de personas revolucionarias.

miércoles, marzo 22, 2023

El otro Napoleón (11): Consulado 2.0

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
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Medidas desesperadas
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El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Mientras estos sucesos luctuosos están ocurriendo, en otras zonas no muy lejanas de la ciudad están pasando otras cosas. En el barrio del Templo, uno de los bastiones de la izquierda en París, los diputados republicanos están tratando de unirse y tomar contacto entre ellos; de la partida es, por ejemplo, Víctor Hugo. Al principio apenas consiguen movilizar a la gente; pero conforme se va conociendo la noticia de la muerte de Baudin bajo las balas del Ejército, los ánimos se encrespan y se produce el ya tradicional, e inquietante, traslado, en realidad invasión, de las personas vestidas con blusa (los obreros) hacia el centro de la ciudad. En los bulevares se grita en favor de la República y en contra de Napoleón. Diversas tropas tratan de dispersar a los manifestantes.

lunes, marzo 20, 2023

El otro Napoleón (10): La promesa incumplida

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Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


El presidente Luis Napoleón acudió aquella tarde a la ópera cómica, pero a las diez de la noche, cuando todavía el espectáculo estaba produciéndose, lo abandonó para reunirse con su gobierno y con Maupas. A estos dos actores se les unieron rápidamente Mocquard, Morny, Persigny, Saint-Arnaud y el oficial de día, Charles Alphonse Aimé Alexandre Yvelin de Béville. Napoleón abre una carpeta donde ha escrito la palabra “Rubicón”. Ahí guarda el texto del decreto de disolución de la Asamblea y las llamadas al Ejército y al pueblo. De la discusión que se sigue, el presidente saca probablemente la conclusión de que quien tiene la cabeza más fría en ese momento es De Morny, así pues le encarga la coordinación del movimiento que, le asegura Morny, se producirá sin violencia ni derramamiento de sangre. Morny debe empezar por dar un golpe dentro del golpe, puesto que tiene que tomar el control del Ministerio del Interior y sustituir a Thorigny, a quien todos consideran demasiado blando para la misión. Por su parte, a Béville se le encarga llevar los textos de las proclamas a la Imprenta Nacional, donde deberá supervisar su impresión con el mayor de los secretos. Por último, responsabilidad de Maupas será detener, con las primeras luces del día, a 16 miembros de la Asamblea que son los considerados como principales elementos de la misma: Thiers; Édouard-Léon Roger du Nord, conde de Roger du Nord; Baze, uno de los firmantes de la petición del 17 de noviembre; siete diputados montagnards; y los generales Changarnier, Lamoricière, Cavaignac, Le Flô y Bedeau, más el coronel Charras. Hay que decir que Saint-Arnaud se declaró contrario a estos arrestos, pero Morny los consideraba fundamentales para el éxito de un movimiento sin violencia. También hay que decir que, cuando la policía se despliegue, habrá más de sesenta detenciones más, entre periodistas y miembros de clubs revolucionarios y sociedades más o menos secretas.

viernes, marzo 17, 2023

El otro Napoleón (9): Camino del 2 de diciembre

Introducción/1848
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Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
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Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



La salida de pata de banco de Luis Napoleón habría de darle una oportunidad a alguien que llevaba tiempo esperando para saborear su venganza: el general Changarnier.

miércoles, marzo 15, 2023

El otro Napoleón (8): El Parlamento, mi peor enemigo

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



De 15 de marzo de 1850 lleva fecha la que probablemente podríamos, incluso deberíamos, llamar Ley Falloux, formalmente conocida como ley de la libertad de enseñanza. Una ley consagrada a un principio fundamental: la ruptura del monopolio educativo del Estado. Ésta era una vieja reivindicación de las derechas. El momento más lógico para haberle devuelto competencias educativas a la Iglesia, obviamente, fue la Restauración. En ese momento político, sin embargo, las fuertes raíces sociales del napoleonismo habían aconsejado a los ministros no dar ese paso. Durante la monarquía de Luis Felipe, Charles de Montalembert había reivindicado el tema repetidas veces, sin conseguir nada apreciable.