viernes, noviembre 18, 2022

La hoja roja bolchevique (12): En el poder, pero menos

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 


Como ya os he dicho, la decisión de Khruschev de buscar un acercamiento a la República Federal Alemana fue la gota final que colmó el vaso del grupo de conspiradores, que para entonces estaba sólidamente conjuntado con los nombres de Breznev, Shelepin, Suslov, Kosigyn y Poliansky. De hecho, cuando Khruschev decidió visitar Bonn, el KGB recibió órdenes, sin que se sepa realmente de quién procedían, de sabotear la visita. Como resultado de esta estrategia, un diplomático alemán fue envenenado, en lo que se conoció como el affair Schwinermann; un grupo de agentes del KGB entraron en un hotel donde estaban hospedados funcionarios ingleses y estadounidenses (el incidente Khavarovsk); y, en Moscú, un estadounidense fue detenido. Se trató de Frederick C. Bargohoorn, un especialista en temas rusos de Yale, que fue detenido y acusado de espionaje, y no sería liberado sino tras las peticiones explícitas en ese sentido del presidente John Fitzgerald Kennedy.

miércoles, noviembre 16, 2022

La hoja roja bolchevique (11): Cómo cayó Khruschev (4)

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



El papel de las Fuerzas Armadas y de la Policía en el golpe que se cargó a Khruschev fue tan importante que son muchos los analistas que se preguntan si, en lugar de la versión comúnmente aceptada de que Shelepin reclutó a Breznev, no sería más verdad que Breznev reclutó a Shelepin.

lunes, noviembre 14, 2022

La hoja roja bolchevique (10): Cómo cayó Khruschev (3)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov

El primero en caer tenía que ser, el leningradense Kolzov lo tenía clarinete, un ucraniano. El mensaje tenía que ser claro en el sentido de que FRK no le tenía miedo a la Mafia del Dnieper. Así, Andrei Kirilenko fue cesado de su influyente puesto en el Presidium del Comité Central. Aquello era caza mayor: el misil había caído en el Politburo, y había masacrado a un político que había sido secretario general del Partido en la provincia adyacente a donde lo había sido Breznev al mismo tiempo; por no mencionar que ambos eran comrades in arms.

viernes, noviembre 11, 2022

La hoja roja bolchevique (9): Cómo cayó Khruchev (2)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov

La traición, o cuando menos la traición percibida, de Khruschev hacia Suslov, habría de tener la consecuencia inesperada de hacer que alguien que, teóricamente, era muy poco proclive a participar en conspiraciones y luchas por el poder, se plantease hacerlo. Y, en este punto, Khruschev, quien llevaba probablemente muchos años ya bajo una gran tensión provocada por las luchas de poder de las que era centro, comenzó a cometer errores de colegial comunista.

miércoles, noviembre 09, 2022

La hoja roja bolchevique (8): Cómo cayó Khruschev (1)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Entramos, en esta toma, en el proceloso mundo de la caída de Nikita Khruschev, sus porqués y circunstancias. Algo de lo que ya hemos hablado al recensionar la vida de Leónidas Breznev pero, quizás, de forma demasiado esquemática. Aquí vamos a tratar de ocuparnos de las cosas un poco más en extenso.

lunes, noviembre 07, 2022

La hoja roja bolchevique (7): A la sombra del político en flor

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov  






 Chernenko, siempre cerca de Breznev. Foto vía https://beautifulrus.com/

Con 49 años de edad y cuatro de trabajo en Moscú, Chernenko todavía pertenecía a esa amplia tribu de cuadros comunistas a los que la Prensa se refería en colectivo, sin expresar su nombre. Aunque había conseguido, en algunos momentos, alcanzar un estatus capaz de ejercer funciones que excedían su poder teórico, no dejaba de ser el ejecutor de políticas de otros y, lo que es más importante, paradójicamente más importante en un país que no tenía elecciones sino formales, no formaba parte de ninguno de los órganos electivos de la nación, ni el Comité Central ni el Soviet Supremo. Su sueldo era modesto, y su baja estofa política se medía por un hecho importante que, por cierto, lo sigue siendo a día de hoy en todo régimen político: carecía de coche oficial propio.

viernes, noviembre 04, 2022

La hoja roja bolchevique (6): Ascendiendo, pero poco

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov  



A pesar de que para los comunistas la propaganda lo es casi todo, Chernenko, quien debo de recordaros a finales de los cincuenta tenía una edad demasiado provecta como para dejar que el arroz se le pasase más tiempo, tenía un problema: los hombres que hacían esa propaganda no eran tan importantes como la propaganda en sí. Esto quiere decir que, en el sistema soviético, quienes tocaban pelo de poder eran los militares, los planificadores económicos, los policías; pero rara vez los especialistas en propaganda, que eran más bien vistos como eficientes funcionarios dedicados a hacer lo que otros les encargaban. Konstantin Chernenko había elegido un oficio dentro del comunismo; pero ese oficio no carburaba todo lo necesario.

miércoles, noviembre 02, 2022

Off topic estalinista


 


Hola, buenas. 


Esta entrada es un off topic, expresión ésta que creo ya está en desuso en la red pero que yo sigo usando. El caso es que ayer concluí que había una cosa que tenía que consultar con vosotros, los lectores. Y eso es lo que voy a hacer en este momento.

La hoja roja bolchevique (5): El aguililla de la propaganda

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Digo lo que digo porque, nada más sobrevivir por un cortacabeza en el pleno de 1957, Nikita Khruschev se aplicó a cortarle las alas a uno de sus principales valedores, si no el principal, en aquella reunión: el mariscal Zhukov, que se había hecho extremadamente popular en un país en el que los uniformes y la ferralla en la pechera eran muy queridos. Sin embargo, se equivocó en el punto de mira, porque quien estaba, quizás, pensando ya en llevárselo por delante no era Zhukov, sino su querido y fiel Leónidas.

lunes, octubre 31, 2022

La hoja roja bolchevique (4): Bajo el ala de Nikita Khruschev

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 


Como ya os he insinuado, cuando Leónidas Breznev y Konstantin Chernenko comenzaron a trabajar juntos, el segundo de ellos estaba llegando a los cuarenta años; esa edad en la que, en el mundillo soviético, más te valía haber llegado a ser ya alguien. Sin embargo, como digo, la llegada de Breznev fue un bálsamo para Chernenko, porque ambos respiraban el mismo tipo de aire: la propaganda Pocas semanas después de haberse hecho con el control del Partido en Moldavia, Breznev envió un informe a Moscú informando de que la cuota de grano y cosechas adjudicada a Moldavia había sido superada en un 2,9%. El anuncio, en una sociedad mínimamente democrática, no habría tenido el menor pase: hacía sólo unas semanas que Koval había sido cesado precisamente por quedarse coto con esa cuota, por mucho. Pero en la URSS estas cosas, si estaban adecuadamente apadrinadas, podían colar.

viernes, octubre 28, 2022

La hoja roja bolchevique (3): El periplo moldavo

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



Chernenko impulsó la creación de una nueva columna que aparecería en los periódicos moldavos: Na agitatsionnom punkte, o sea, en el puesto de propaganda. En dicha columna, el nuevo responsable de la ideología comunista en Moldavia comenzó a repartir. Comenzó por el raikom de Rezina, que, según él, no hacía bien su trabajo de propaganda; el secretario de dicho comité territorial fue rápidamente cesado. El tema tuvo su importancia, puesto que, normalmente, a un secretario territorial del Partido lo tenía que echar el Comité Central del Partido de la unidad territorial superior. Pero, esta vez, el cese corrió del lado de la Secretaría de Propaganda, no del propio Comité. Chernenko meaba fuera del plato, y eso sólo se hacía, en el sistema soviético, si se era absolutamente imbécil, o se tenía el riñón absolutamente cubierto. La opción correcta tiene que ser la segunda, aunque sabemos poco sobre quién lo avaló.

miércoles, octubre 26, 2022

La hoja roja bolquevique (2): Un fracaso detrás de otro

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Y tanto que le salió bien. En los tres primeros meses tras comenzar la guerra, el 25% de los cuadros del Partido en Krasnoyarsk se alistó al ejército y fue enviado al frente. Para Chernenko, aquella era una noticia cojonuda, por dos razones. La primera, porque había conseguido un resultado notable creando esa lista de alistados. La segunda, porque él no estaba en la lista. Chenenko se había dado cuenta de que su futuro estaba en realizar la labor habitual del comunista y del sacerdote average: prescribirle a otros lo que deben hacer. Convenció a Moscú de que su política había sido exitosa, y de que debía permanecer en Krasnoyarsk a causa del fuerte contingente de refugiados que estaba recibiendo aquel territorio de retaguardia. De hecho, a finales de aquel año de 1941, los refugiados eran ya un millón. Y sólo era el principio: pronto, el krai comenzó a recibir factorías que habían sido evacuadas en territorios más sometidos a riesgo.

lunes, octubre 24, 2022

La hoja roja bolchevique (1): El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo)

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo
Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 




La hoja roja es una deliciosa novela corta, o relato largo, de Miguel Delibes. El nombre de la misma proviene de la costumbre que había en algunos librillos de papel de fumar, que incluían una hoja roja para indicar que el librillo estaba ya en sus últimas unidades. La hoja roja, en la novela de Delibes, simboliza el principio del fin de la vida, en el momento de la jubilación de don Eloy, el protagonista.

He titulado a esta serie La hoja roja bolchevique porque es una serie dedicada a la vida (mucha) y milagros (pocos) de Konstantin Chernenko. La última hoja roja de la URSS porque fue el último secretario general del Partido Comunista que verdaderamente lo fue en términos soviéticos (luego llegó Gorvachev, a quien, la verdad, no le quedó otra que implosionarlo); y porque, la verdad, fue rojo hasta el final.

De Chernenko se escribe poco y su tiempo en la Secretaría General del PCUS suele resolverse con unas pocas líneas. Bueno, mi intención es escribir alguna más. Como siempre, las personas quintaesencian sus momentos, y contar la historia de Chernenko, que empieza en los años treinta y termina a mediados de los ochenta, es contar, un poco, la Historia de la URSS. Volveremos sobre temas que ya hemos contado, fundamentalmente el tiempo de Leónidas Breznev, el gran mentor de Chernenko. Pero, bueno, si algún día me decido a escribir la bio de Stalin, tendremos que volver, asimismo, sobre cosas que vamos a escribir hoy.

En fin, espero no aburrirte en exceso.

viernes, octubre 21, 2022

Los emperadores enclaustrados

 

La Historia demuestra muchas veces que un rey no es, necesariamente, la persona más poderosa de un reino. En español tenemos la costumbre de designar a esa persona que está al lado del rey y que, en realidad, es más poderoso que él, con la palabra “valido”; aunque, justo es decirlo, con la llegada de Juego de Tronos, hoy son muchos que se entienden mejor usando la expresión Mano del Rey que, la verdad, es muy gráfica.

miércoles, octubre 19, 2022

La forja de España (17): España como consecuencia

  La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia  


El 14 de junio de 1484 fue la fecha de la firma del contrato para el matrimonio de Tartás y Catalina. El francés aportó una dote de 100.000 francos en escudos de oro, mientras que su padre, Alain d'Albret, lo instituía heredero de sus Estados: Tartás, Las Landas, el Périgord, el Lemosín y otros feudos. Así pues, no debéis quedaros con la imagen de un matrimonio destinado a controlar Navarra. Era Navarra, y la mitad del Mediodía francés, que se dice pronto.

lunes, octubre 10, 2022

La forja de España (13): Las promesas postreras del rey francés

 La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 

Con la apertura de la campaña guerrera de 1491, en abril, comenzó la marcha final de los cristianos sobre Granada. Las cifras son dudosas, pero lo que sí es más que claro es que se reunió un ejército inusitadamente nutrido para la época. El objetivo, obvio, era la ciudad de Granada, entonces una perla de 200.000 almas cuyos alrededores fueron sistemáticamente arrasados por los cristianos para sitiarla por hambre y miseria.

viernes, octubre 07, 2022

La forja de España (12): El expediente nazarí

  La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 


La forja de España, contrariamente a lo que mucha gente cree e incluso se enseña, no se produce, en sus principales elementos, con el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón; en realidad, se produce con tres de sus consecuencias fundamentales, que son: la guerra de Granada, la recuperación de los condados pirenaicos y la situación de la raya de Francia, de nuevo, en el paso de Salces; y, finalmente, la anexión de Navarra.

Como es bien sabido, desde el siglo XIII la dominación musulmana de la península ibérica estaba ya muy de capa caída y, como ya hemos contado en este blog, el último reino musulmán, el reino nazarí, estaba bastante corroído de querellas internas. La dinastía nazarí comienza con Mohamed I, el arquitecto de La Alhambra (porque es un error, muy común, atribuir esta joya arquitectónica a los tiempos de los reyes expulsados por los cristianos). Desde el quinto Mohamé hasta el décimo, el espacio de un siglo que media entre la mitad del XIV y del XV, el reino nazarí se convierte en una jaula de grillos a lo puto bestia. Granada es, para entonces, una nación condenada por la pinza que sobre la misma ejercen los cristianos desde el norte, y los musulmanes magrebíes desde el sur. En Málaga y en Almería, señores de la guerra montan sus propios reinos, que no dudaron en trabajar en connivencia con el cristiano; eso cuando la alianza no era de los cristianos con Granada en contra de aquellos disidentes. Mohamed I había rendido homenaje ya al rey Fernando, y Mohamed VIII hizo lo propio con Juan II de Castilla.

Todos los reyes castellanos, desde el Juan citado hasta los católicos, habían de meter espada, con mayor o menor suerte, con mayores o menores ganas, en Granada. En las guerras contra Granada se enalteció Fernando, hijo segundón de Juan II, que sería conocido como Fernando de Antequera precisamente por la toma de dicha población el 24 de septiembre de 1410. Bajo Juan II los cristianos obtendrían una victoria todavía más relevante, la de La Higueruela (1 de julio de 1431). Enrique IV, ciertamente, se mostró mucho menos proclive a atacar a los islamitas, bien que no son pocos los historiadores que han señalado que las gravísimas querellas internas vividas en el entorno nazarí se lo habrían puesto a huevo. Enrique, sin embargo, no había nacido para ser el general victorioso sobre Granada y, además, como bien sabemos, vivió su propio calvario interior y gobernó una Castilla demasiado dividida.

Yo, cuando menos, tengo la convicción personal, nacida obviamente de las lecturas, de que Isabel y Fernando siempre tuvieron claro que la pérdida de Granada por los musulmanes tenía que producirse en el ámbito de su reinado; de sus vidas. Que eso fuere porque avizorasen la idea de una España unida, ya no lo tengo tan claro. Pero lo que sí tengo claro es que eran conscientes de que sólo contando con los recursos de Castilla y Aragón unidos la empresa podía llegar a buen fin; y que, consiguientemente, había llegado el momento de culminar una labor que los ibéricos cristianos consideraban una obligación de conciencia desde siglos atrás, por mucho que, dado que formalmente ellos no lo llamaban Reconquista, ahora haya tanto licenciado en Historia enfangado en la estúpida querella nominal de si los perros son galgos o podencos.

Esta convicción por parte de los reyes católicos supone un importante cambio de estrategia, sin el cual la pérdida de Granada para unos, recuperación para otros, no se entiende: Isabel y Fernando concluyen que hay que escalar la situación existente, que es una situación basada en la escaramuza fronteriza sin reales intenciones de avance, por una guerra de conquista en toda regla.

En 1478, el sultán Muley Abdul Hasán, probablemente temeroso de esta nueva estrategia que empieza a apreciar en la actitud de los cristianos, trata de fijar el teatro de relaciones mediante un acuerdo diplomático. Así, le envía unos embajadores a Fernando, que entonces estaba en Segovia. Hasán quería pactar una tregua con los cristianos, pero sin renovar el homenaje prestado al rey Juan II de Castilla. Fernando, que había aprendido de su padre que las situaciones hay que emputecerlas lo justo, consintió en una tregua de tres años. Por otra parte, la necesitaba. Aquel año, como ya hemos visto, los reyes católicos estaban todavía enfangados en la guerra civil con apoyo portugués y, por lo tanto, sabían que hasta que no apañasen ese dosier, no se podían poner en serio con el siguiente.

Una vez expirada la tregua de 1478, contando con una tropa veterana y razonablemente financiada con los servicios de Medina y otros, Fernando se podía plantear el ámbito militar de otra manera. En ese momento, además, los musulmanes, que también se habían rearmado, recuperaron Zahara (26 de diciembre de 1481). Fue para responder a esta acción que Ramón Ponce de León, marqués de Cádiz, tomó Alhama. Desde aquí hasta el final, moros y cristianos ya no dejarán de pelear.

Para los nazaríes, la pérdida de Alhama era demasiado preciosa. Intentaron recuperarla, pero Ponce de León los derrotó el 29 de marzo de 1482. Esta segunda victoria le provocó a Fernando de Aragón una falsa sensación de que aquello estaba ya hecho, por así decirlo. Contra el criterio de muchos de sus generales, Fernando avanzó sobre Loja, donde, el 1 de julio, habría de aprender que la partida todavía no estaba ganada ni de lejos.

Fernando, sin embargo, aprendió de aquello. Aprendió que la guerra había cambiado, máxime aquélla cuyo objetivo es consolidar el poder y el control sobre el terreno que se va pisando. Ya no era cuestión de avanzar sin más, sino de hacerlo de una forma coordinada y planificada. Cada vez más, las victorias se planificaban con hora, minuto y resultado.

En ese momento, la guerra de Granada se estabilizó en un solo objetivo: Alhama. Conservar Alhama, desde el punto de vista cristiano; o recuperarla, desde el musulmán, se convirtió en el gran talismán para ambas partes. Los nazaríes, de hecho, invirtieron probablemente demasiados activos en un objetivo que, por otra parte, no conseguirían. Ello dejó desguarnecida la retaguardia, donde Aisha, la esposa que se consideraba preterida desde que su marido se había encoñado con la joven Soraya, impulsó a su hijo Abú Abdalá Mohamed, conocido como Boabdil, a dar un golpe de Estado. Hasán hubo de huir y refugiarse en Málaga, donde, junto con Guadix y Baza habría de crear un reino propio.

No se comenta mucho, o yo creo que no se comenta, pero es cuando menos mi convicción que Fernando de Aragón tenía una ventaja de cara a lo que se venía por delante: la revolución catalana. En dicho conflicto, Fernando había sido testigo de las estrategias desplegadas por su padre Juan, mezcla curiosa de política prudente, acercamientos diplomáticos siempre diseñados para buscar los puntos débiles del rival, y acción militar. En realidad, la última década de la guerra de Granada y la revolución catalana se parecen bastante, y creo yo que deberían ser estudiadas en paralelo para entresacar los patrones estratégicos que Juan y Fernando habrían de aplicar en una u otra. Estamos en el terreno de las ucronías, pero yo, cuando menos, estoy bastante convencido de que, sin la revolución catalana, tal vez el objetivo de los reyes católicos de rendir al moro en la península durante sus vidas no se habría podido cumplir.

En marzo de 1483, Hasán y su hermano, llamado El Zagal, derrotaron a Alonso de Cárdenas, maestre de la Orden de Santiago, en la Axarquía malagueña. Boabdil, por su parte, marchaba sobre Lucena. Este avance, sin embargo, fue un desastre para los islamitas. El mismo Boabdil fue capturado (abril de 1483); en mayo, Fernando tomaba la villa de Tajara.

El presidio de Boabdil colocó a Hasán de nuevo al frente de un Estado muchos de cuyos miembros, especialmente en la capital, habían aprendido a despreciarlo. Parece que el sultán se dio perfecta cuenta de que sería un gran yerro considerar que podría continuar como si tal cosa, como si la rebelión de Boabdil no hubiese ocurrido. Entre someterse a la posibilidad de un nuevo golpe de sus contrarios y pactar con los cristianos, eligió lo segundo. Así pues, le envió heraldos a Fernando señalándole que estaba dispuesto a negociar si soltaba a su hijo. El rey Fernando, muy bien informado de la cantidad y calidad de las querellas internas de los nazaríes, comprendió que la mejor forma de joderlos era soltar a Boabdil y, así, volver a prender la mecha de la disensión en el interior de Granada. A Boabdil le puso como condición que dejase franco el paso de las tropas cristianas hacia Málaga; algo que el nazarí estaba dispuesto a aceptar, por lo que podía suponer la pérdida de la ciudad para el debilitamiento de su padre y enemigo.

Boabdil volvió a ocupar su lugar al frente de un reino que estaba profundamente dividido y en el que las diferentes facciones se acusaban mutuamente de no ser suficientemente patriotas, suficientemente musulmanas. La verdad es que ya no quedaba patriotismo musulmán: todos, en un momento u otro, pactaban con los cristianos a su conveniencia. Fernando, mientras tanto, parecía operar como un agente oficioso de Boabdil. Se dirigía contra las poblaciones controladas con Hasán, aprovechando además que el sultán, ciego y viejo, estaba muy cerca de la muerte. Hasán, de hecho, falleció pronto, dejándole el bastón de mando a su hermano El Zagal.

El Zagal, al que la historiografía española bautizó El Rey Chico, llegaba al sultanato con cierta imagen de incorruptible. Desde luego, había pactado con los cristianos mucho menos que su sobrino, y eso sirvió para que muchos nazaríes se le hicieran parciales. Su ejército cayó sobre Boabdil y lo obligó a huir a Córdoba, donde se colocó bajo la protección de los reyes castellano-aragoneses.

Aisha, la madre de Boabdil, acusó entonces a El Zagal de haber envenenado a su hermano el sultán. Aquella historia, bastante dudosa, prendió lo suficiente para que Boabdil pudiera salir de Córdoba, reforzado por los cristianos, y se hiciese, de nuevo, con el poder la ciudad de Granada. Mientras los musulmanes se peleaban entre sí, Fernando tomó Loja el 29 de mayo de 1486. En ese tiempo, asimismo, Fernando y Boabdil terminaron de pergeñar su acuerdo de alianza. El sultán de Granada fue intitulado conde de Guadix y grande de España; pero, a cambio, debía de convertirse en un enemigo de su tío, quien había recuperado Granada.

Por alguna documentación que se conserva, sabemos que como muy tarde en 1487, el Estado Mayor cristiano, por así decirlo, había decidido ya la toma completa de Granada y la destrucción, por lo tanto, de la monarquía nazarí. El proyecto, por otra parte, se respiraba en el ambiente desde el año anterior, 1486, un año en el que a Castilla habrían de llegar voluntarios de varios países de Europa, dándole a las últimas boqueadas de aquella guerra un espíritu de Cruzada que, claro, los actuales licenciados en Historia niegan o ponen en duda porque lo contrario son enfoques superados.

En Granada, El Zagal había decidido que el reino de Granada sería de quien controlase el Albaicín; pero, por mucho que lo intentaba, no lo conseguía. Fernando de Aragón, por su parte, salió de Córdoba el 7 de abril de 1487, enfilando hacia Vélez-Malaga. La tomó el 27. Siguieron otra serie de conquistas, que movieron a los musulmanes a retirarse a Guadix. Esta ciudad, junto con Almería y Baza, eran los últimos bastiones de El Rey Chico. Y Málaga, su verdadero centro de poder.

Fernando trató primero de tomarla por vía rápida, sobornando a Hamet Zeli, su gobernador. El 7 de mayo, marchó sobre la ciudad. El sitio se produjo en un momento en el que la peste se adueñaba de la zona, y fue, de hecho, la enfermedad la que abatió el ánimo de los sitiados. Zeli cometió el error de rechazar una capitulación honrosa y cómoda que fue la primera oferta de Fernando. Cuando los musulmanes volvieron a solicitar audiencia al rey castellano-aragonés, estaban ya demasiado desesperados como para poner condiciones. La ciudad se rindió el 18 de agosto de 1487. Fernando e Isabel, pues la reina de Castilla se encontraba presente para animar a las tropas, quisieron hacer un ejemplo claro de Málaga, la ciudad que se les había rendido tras resistir. Los bienes de los habitantes fueron confiscados (algo que les vino muy bien para pagar soldadas, por cierto) y la ciudad tardaría casi veinte años en ser reconstruida. Se estaba tratando de enviar un mensaje claro: por las buenas, somos malos; pero por las malas, somos peores.

En la primavera de 1489, el objetivo fue Baza. Fernando e Isabel no querían un asedio largo, puesto que unas inundaciones habían colocado a sus tropas en mala situación; por la dicha razón, Baza fue tomada por soborno. Caída Baza, Almería y Guadix se sometieron sin resistir. El Zagal, ya sin sultanato, se entregó a los cristianos. El 4 de enero de 1490, el ejército fue licenciado.

Este gesto, por parte de algunos que lo conocen, lleva a veces a considerar que los reyes católicos consideraban la campaña de Granada terminada y que pudieron la intención inicial de mantener en la península una corona musulmana. La verdad, no hay tal. Las condiciones de Boabdil cuando se había puesto bajo el paraguas cristiano eran tan desesperadas que había firmado todo lo que le pusieron por delante. Consecuentemente, el ahora sultán granadino había firmado que, una vez que Baza, Almería y Guadix fuesen cristianas, él debía rendir Granada sin lucha. La cláusula, además de fruto de la extrema debilidad de uno de los firmantes como digo, tenía su lógica pues, la verdad, sin el concurso de estas plazas, el reino nazarí devenía inviable. En 1490, Fernando exigió de su aliado que cumpliese lo pactado. Boabdil comenzó primero a poner problemas técnicos por aquí y por allá para, finalmente, quitarse la careta y retractarse de lo firmado. Tenía apoyos para hacerlo, pues la caída de las plazas de El Zagal había creado un tsunami de patriotismo religioso en Granada, así pues Boabdil era consciente de que no podía dar el paso pactado sin sufrir, como poco, graves reproches. De hecho, la famosa frase de su madre cuando dejaron Granada debe interpretarse en estos términos, en mi opinión. No se refiere tanto a la pérdida de Granada como a la primera pérdida de la misma, que se produjo en el día en que Boabdil pactó con Fernando para atacar a su tío.