jueves, diciembre 05, 2024

La polémica de San Pedro

Como quiera que ayer hice referencia a un post que tenía escrito pero aun no había publicado, algunos lectores, en público y en privado, me han indicado la necesidad de publicarlo ahora para que, por así decirlo, no se pierda el hilo. Así pues, si queréis, podéis tomaros el post de hoy como una cierta ampliación de conceptos del que se publicó ayer

Vamos, pues, con la polémica pedrina. 


Los astrónomos, que son los que saben de esto, nos dicen que el universo se expande. Esto quiere decir, entiendo yo, que cada vez estamos más lejos unos de otros (bueno, suponiendo que haya otros, claro). A la religión cristiana le ocurre un poco lo mismo. Casi desde sus inicios, está experimentando un Big Bang como consecuencia del cual diversos cuerpos celestes formados por creencias se desgajan de la roca original; y, por mucho que se empeñen los partidarios del ecumenismo, cada vez están más lejos. Al concilio Vaticano II, del que espero que hablemos algún día (o tal vez ya hayamos hablado cuando estas notas se publiquen) se preocupó mucho del ecumenismo, porque su impulsor: Juan XXIII, quería que la reunión de las iglesias o, cuando menos, el frenazo del proceso de expansión del Universo, fuese una de las herencias que quedasen de su papado. Por esta razón, a través sobre todo del episcopado alemán, en el Vaticano II se fibrilaron tantas ideas y tantos planteamientos filo o, directamente, protestantes. Se buscaba hacer la Iglesia Católica atractiva para, cuando menos, algunos de ellos.

Como digo, el acercamiento estratégico del catolicismo al protestantismo es más que evidente. Pero hay una cosa que no se discutió en el Vaticano; un elemento de discusión que fue, sobre todo durante el siglo XIX, una línea roja que ninguna de las partes quería pasar: la cuestión del episcopado de Pedro.

El planteamiento es simple: el Papa de Roma es el obispo de la ciudad eterna vigente en cada momento. Es, pues, el sucesor del primer obispo católico de la ciudad, que fue Cephas, o Pedro, el discípulo predilecto de Jesús. La autoridad de Pedro como primus inter pares está adverada (es un decir) en un famoso pasaje de los Evangelios, que sólo está en uno de ellos (Mateo), cuando Jesús le dice a Pedro eso de tú eres mi piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y lo que ates tú aquí quedará atado en el cielo, blablablá.

Teniendo en cuenta que uno de los building blocks del protestantismo es el cuestionamiento de la autoridad papal, ya que los protestantes tienden a ver al Papa como una especie de impostor, es lógico que uno de los puntos fundamentales sobre lo que han escrito teólogos y exégetas protestantes sea, precisamente, la insoportable levedad de esa herencia. En el siglo XIX, al cuestionamiento en sí del hecho de que la autoridad de Pedro estaba recogida apenas en un pasaje de las Escrituras, se unió otro asunto que había estado orbitando sobre las cabezas de muchos pensadores protestantes de tiempo atrás: no sólo es que la autoridad de Pedro sea cuestionable; es que, en realidad, Pedro nunca pudo legar el obispado de Roma, porque nunca fue obispo de Roma; nunca estuvo allí.

Si algún día os interesa el tema a fondo, os recomiendo que metáis las narices en los anaqueles de las librerías de viejo francesas, a la búsqueda de una obra titulada: Saint Pierre a-t-il été à Rome? Compte rendu de la controverse engagée à Rome le 9 et le 10 fevrier 1872. En efecto, aquellos lejanos días de 1872, hace ahora 152 años, se lio bien parda en Roma, cuando teólogos católicos y protestantes se reunieron para discutir este tema, al calor del ambiente de una cierta apertura que generaba el concilio Vaticano I. Obviamente, no llegaron a ninguna conclusión, como era previsible. Y no es de extrañar, porque para entonces ya era una polémica muy vieja.

Probablemente los primeros que metieron cuchara en esa sopa fueron los valdenses, de quienes ya te he hablado. Fueron los primeros en decir, hace medio milenio aproximadamente, que la Biblia es tremendamente parca al establecer el principio general de que Jesús dejó en herencia una especie de autoridad sobre los cristianos, y además se la legó a Pedro. Obviamente, son muy pocos los creyentes que consideran que Jesús no pretendiese crear Iglesia alguna; esto no se cuestiona. Pero lo que defienden no pocos teólogos, incluso desde el campo católico, es que, en realidad, a quien legó su autoridad Jesús fue al conjunto de los apóstoles y que, por lo tanto, los actuales receptores de dicha autoridad son el conjunto de los obispos, no uno solo. Una teoría que lleva siglos alimentada, financiada y patrocinada por el poder temporal, puesto que afirmar la autoridad episcopal equivale a abrir la puerta a la construcción de iglesias nacionales casi totalmente autónomas, que es algo que siempre ambicionaron los reyes cristianos como los españoles, franceses, ingleses (en su momento), polacos, y demás.

La idea prendió especialmente en el siglo XIX a causa de las aportaciones que hizo el hegelianismo a la exégesis. Ello permitía ver las peripecias contadas en Hechos, y muy particularmente llamado concilio de Jerusalén del que ya os hablé en mis notas sobre Pablo de Tarso (en la biblioteca), como procesos dialécticos en los que, por así decirlo, la Iglesia de Pedro sería la tesis, la paulina la antítesis y, consiguientemente, habría surgido una síntesis que no sería la Iglesia de Pedro.

Esta idea, que es una idea hermenéutica, devino rápidamente en un debate historiográfico. Al calor de estos conceptos, el pensamiento protestante decimonónico recuperó la denuncia de que el cristianismo contiene testimonios de segunda o tercera mano sobre el apostolado de Pedro, pero no de primera.

La ICAR contraatacó en este debate con varios argumentos. El principal de ellos, probablemente, fue negar la calificación como testimonios de segunda mano que se hacía de muchos de los escritos disponibles. Se utilizaba mucho, entonces, el ejemplo de Papías de Hierápolis, uno de los padres de la Iglesia que, en sus testimonios, afirma haber hablado con personas ancianas que habían estado con los apóstoles; y, de hecho, de él mismo se dice que fue discípulo del apóstol Juan, aunque a mí esto no me cuadra mucho porque, como otras cosas, está basado en una percepción de Juan como un hombre extraordinariamente longevo. El problema de este argumento es que los propios testimonios de Papías son, en realidad, testimonios sobre Papías. Casi todo lo que sabemos de lo que el buen obispo escribió son cosas que otros (notablemente, Eusebio de Cesarea) dicen que escribió.

El segundo argumento esgrimido por los defensores del papado es el argumento de autoridad basado en el tiempo. Es decir: nadie, hasta el siglo XIV como muy pronto, parece haber cuestionado la residencia de Pedro en Roma. Este argumento, en todo caso, tiene su truco. Sobre todo, porque, en alguna medida, de los muchos, muchísimos, movimientos divergentes de la ortodoxia católica que existieron en los primeros 1.300 años de cristianismo sabemos, en buena medida, lo que la ICAR ha querido que sepamos. El ejemplo de los cátaros y de cómo fueron borrados de la faz de la Tierra es bastante claro al respecto. La ICAR no se encuentra con el problema de enfrentarse a una serie de iglesias a las que no puede controlar ni borrar hasta que llega el movimiento protestante y su alianza de poder con diversos príncipes centroeuropeos.

El contraataque de los protestantes es el análisis de lo que se conoce como la primera carta de Pedro. La primera carta de Pedro, según la ortodoxia, es una carta compuesta en Roma para lanzar ánimos a diversas iglesias cristianas establecidas en Asia Menor, en lugares como el Ponto y Cilicia (más o menos la Capadocia, pues). Pero tiene el problema de que, en su despedida, Pedro, o el autor, le lanza a los receptores del email saludos específicos de la Iglesia de Babilonia. Los protestantes, pues, tienden a interpretar que esta carta no fue escrita en Roma, sino en Babilonia. Y que fue escrita en Babilonia porque ahí era donde Pedro tenía el loft.

En el debate de 1872, por todo ello, los protestantes hicieron la confesión escandalosa: “Nosotros negamos que Pedro haya estado en Roma, precisamente porque nos ceñimos a lo que dice la Biblia”. Una afirmación bastante fuerte (en el sentido de sólida) que, precisamente por ello, no fue contestada por los católicos, quienes retrucaron que, en realidad, la ICAR nunca había pretendido defender la autoridad de Pedro sólo con la Biblia (noniná). Efectivamente a punto de estrenar el último cuarto del siglo XIX, la Iglesia Católica ya estaba en modo reconocer que los detalles históricos de las Escrituras son pocos, esquemáticos, a menudo incongruentes y que, por lo tanto, no se deben tomar literalmente; pero, vamos, que esta asunción no la hacían ellos voluntariamente, sino empujados por las consecuencias del tsunami de librepensamiento que fue ese siglo.

El argumento católico, pues, era que algo, o alguien, no tiene, para haber existido, que ser citado en las Escrituras. Y, para ello, recordaban un tema del que se habla muy poco: los Hechos, que son la gran crónica del primer cristianismo, apenas citan a la mayoría de los apóstoles de Jesús, o no los citan en lo absoluto. Este argumento, claro, es útil y efectivo si partes de la base de que la existencia de esos apóstoles es incontrovertible. Pero, claro, si tiendes a pensar (como este amanuense) que los apóstoles son invenciones simbólicas destinadas a abrochar el mensaje cristiano con sus raíces hebreas, la cosa es que la piedra que lanzaste te vuelve y te da en medio de la frente.

Los Hechos, como recordaron los protestantes en aquel debate, de lo que hablan, en realidad, es de Saulo. Hacen una notaría bastante exacta de sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo, así como de su martirio final. Y, por ello, cabe la pregunta: ¿por qué no describen el viaje de Pedro a Roma? ¿Y su muerte? ¿Cómo es posible que los redactores de la Biblia, y muy particularmente Lucas a quien se atribuyen los Hechos, no sintieran la necesidad de describir la peripecia de la persona que había sido designada como sucesora de Dios en la Tierra, cuando sí lo hacen de un señor que se dio un piñazo montando a caballo?

Es en este punto donde adquiere tanta importancia el debate sobre las fuentes doctrinales del cristianismo. La Iglesia católica siempre ha sido consciente de que, si Dios habla a través de la Biblia, la verdad es que es más bien lacónico. La Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, le presenta al hombre un esquema moral y escatológico realmente sólido; pero no exento de faltas, de dudas, de momentos indecisos. El mensaje de Dios en la Biblia no es total; pero no pasa nada, nos dice la ICAR, porque Dios ha seguido hablando a los hombres a través de lo que se denomina la tradición, es decir, las elaboraciones de la propia Iglesia. Dios, por lo tanto, está en los cuatro Evangelios; pero está también en Orígenes, en Barnabás, en Tertuliano y, si nos apuramos, hasta en las mierdas que suelta Bergoglio los domingos por el micrófono. Este paso era un paso necesario para la ICAR, pues de no admitirlo se habría encontrado inerme ante lo que considera herejías; y para prueba, ahí están los muy diferentes movimientos en que se ha dividido el protestantismo, precisamente por negar prácticamente más autoridad que la de los textos.

La posición protestante, por lo tanto, se sustentó, y se sustenta, sobre dos pilares fundamentales: el primero, que las Escrituras no hablan del viaje y martirio de Pedro; peor que eso: no sólo no hablan del viaje y martirio de Pedro, sino que sí hablan del viaje y martirio de Pablo, con lo que no se entiende muy bien cómo es posible que Dios nos quiera contar la peripecia del Director Financiero, pero nos esconda la del CEO. Y, segundo: en realidad, las Escrituras no sólo escamotean la información de que Pedro viajó a Roma, allí fue martirizado y, consecuentemente, a su muerte legó los poderes heredados de Jesús al Francisquito de turno; sino que, en realidad, niegan esa realidad en el punto y hora que en la única esquina de dichas Escrituras en la que Pedro nos aporta sus coordenadas GPS, resulta que estaba en Babilonia. Argumento, éste último, que la Iglesia católica contraataca afirmando que la tradición solía referirse a Roma llamándola Babilonia. Un argumento probablemente cierto, pero de poca eficacia ante quien afirma que se está ciñendo exclusivamente a lo que dicen las Escrituras. Diversos escritores protestantes, sobre todo en el siglo XIX, defendieron la idea de que la cita es literal y que, de hecho, Pedro murió martirizado por los partos.

La gran línea de ataque católica a esta teoría, bastante eficiente desde mi punto de vista, es ésta: si, realmente, el lugar donde Pedro se jubiló y al final se lo apiolaron fue Babilonia, ¿por qué Babilonia no reclamó nunca su condición de Luz de la Cristiandad? Y, sobre todo, ¿por qué es Roma quien conserva la tumba de Pedro? ¿Acaso llevaron los restos por SEUR? Como digo, es un argumento de cierta fuerza; aunque justo es decir que su fuerza se base en que sea un argumento esgrimido entre creyentes. Para un no creyente, el tema ya está más difícil, porque las pruebas de que lo que está dentro de esa tumba sean los restos de un tal Cephas son, digamos, sketchy.

Personalmente, considero que el argumento antiprotestante más eficiente que manejaron los católicos en aquella polémica fue el hecho de que las iglesias orientales (nestoriana, jacobita, monofisita, melquita, maronita); iglesias que llegaron a expandirse por el imperio bizantino, oriente, Arabia, Egipto o Etiopía, son iglesias que, sin embargo, en lo tocante a este tema, no quitan ni una coma al relato pedrino de la ICAR. No tiene sentido, según los católicos, que, si Pedro predicó y murió en Babilonia, todas estas iglesias lo hayan olvidado. Como digo, este argumento siempre me ha parecido el más fuerte a favor de la posición de los católicos; aunque, una vez más, se trata de un argumento eficiente entre creyentes, ya que parte de la base de que Pedro ejercía un magisterio eficiente y real que, por lo tanto, debía ser recordado. A través de la óptica de que puede ser un personaje de carácter más simbólico que otra cosa, ya la cosa cambia.

El siglo XX, cuando menos en mi percepción, modificó un poco los parámetros de esta discusión. O, más bien, la disolvió bastante. La Iglesia católica experimentó en un solo siglo, el XIX, una pérdida de poder muy superior a toda la que había sufrido en medio milenio anterior; y en el siglo XX ha seguido en la misma línea. El protestantismo, por otra parte, perdió el interés por el ecumenismo; aunque en los tiempos presentes, en los que el descreimiento general está haciendo peligrar la pasta para todo el mundo (y no olvidéis que la pasta es el objetivo de toda Iglesia, porque no son sino modelos de negocio), yo creo que se nota cierta revitalización de las tentativas de acercamiento. Pero ésta fue una de las grandes y pasionales polémicas del siglo XIX, sostenida con unos niveles de pasión y violencia (afortunadamente, verbal) que hoy nos cuesta bastante imaginar.

Bueno, qué digo. Pasad media hora en X, y ya os haréis una idea.

miércoles, diciembre 04, 2024

Vaticano II (9): Los concilios paralelos



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie




La discusión del esquema, por otra parte, acabó por aflorar el que, para mí, es el punto de discusión más intenso, y repetido, en la Historia conciliar, que es lo mismo que decir la Historia de la Iglesia: el temita de los obispos.

martes, diciembre 03, 2024

Vaticano II (8): Con la Iglesia hemos topado



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Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
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Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



En un ambiente relativamente sorprendente y sorprendido, pues se había apostado por un concilio relativamente rápido, y todo venía a indicar que sería todo lo contrario, el Papa Roncalli cumplió 81 años el domingo 25 de noviembre de 1962. Aquel día se confirmó que la primera sesión del concilio terminaría, como se había pensado, el 8 de diciembre.

lunes, diciembre 02, 2024

Vaticano II (7): ¡Biscotto!



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Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
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El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
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La Semana Negra
Aquí mando yo
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Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



En la comisión preparatoria que elaboró el borrador sometido a juicio de los padres conciliares no faltaron personajes de talante liberal. Estaba el obispo de Pittsburgh, John Wright; el de Eichstätt, Joseph Schröffer; y el de Lovaina, Gerard Phillips. Sin embargo, como digo los conservadores, liderados en la comisión por el cardenal Ottaviani, no pasaron ni una. Ottaviani, además, tenía un aliado muy activo en la persona del padre Sebastián Tromp, holandés y jesuita, elegido personalmente por Ottaviani como secretario de la Comisión Preparatoria Teológica, de donde había pasado a la Comisión Teológica del propio concilio. Era el hombre, pues, designado para mecer la cuna teológica del concilio.

viernes, noviembre 29, 2024

Vaticano II (6): El asuntillo de la Revelación



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Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
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La Semana Negra
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El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


Así las cosas, comenzaba noviembre y el esquema sobre la liturgia seguía discutiéndose. Se habló de reducir las oraciones de la misa (o sea: hasta los curas se habían dado cuenta de que es un coñazo); así como la idea de crear una “misa ecuménica”, es decir, una especie de interpolación de ritos. La Curia respondió a través de una nota de prensa publicada aquel mismo día; nota que, inopinadamente, venía a decir que la misa apenas necesitaba cambios cosméticos.

jueves, noviembre 28, 2024

Vaticano II (5): Enfangados con la liturgia



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Enfangados con la liturgia
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El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



La publicación del breve informe del obispo Zauner generó entre muchos padres conciliares el deseo de conocer a fondo la labor de la comisión preparatoria; se demandó, por lo tanto, que dicho trabajo se publicase. Pero eso no pasó.

miércoles, noviembre 27, 2024

Vaticano II (4): Lo dijo Dios, punto redondo



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Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
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La muerte de Juan XXIII
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El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
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Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
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La Semana Negra
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Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


El trabajo del concilio había comenzado el día de Pentecostés de 1959, o sea, el 17 de mayo. Ese día, el Papa Juan creó una llamada Comisión Antepreparatoria (que tiene huevos el nombrecito, no es por nada), presidida, cómo no, por su mano derecha y secretario de Estado, el cardenal Domenico Tardini. El Derecho canónico otorga al Francisquito, en exclusiva, sin interferencias ni mariconadas, la labor de fijar el tema de los concilios y las reglas por las que se regirán los debates. Con la creación de la Comisión Antepreparatoria, sin embargo, cuando menos en parte delegó esa labor. Roncalli nombró para la Comisión a diez miembros, cada uno venido de una de las diez Congregaciones de la Curia Romana; más un secretario, que fue monseñor Felici, El Peri, a quien ya conocemos. En paralelo, Tardini encargó a las diez congregaciones de la Curia que hiciesen una especie de brainstorming en las materias de su responsabilidad, para proponer ideas que se pudieran discutir; y, tres semanas después, envió 2.593 cartas a otros tantos prelados del mundo entero, animándoles también a ellos a meter cuchara. En julio de aquel año, le llegó la hora a los rectores y decanos de universidades católicas, en número de 62. En marzo de 1960, fue Pericle Felici quien escribió a todos los sacerdotes que no habían contestado a la primera carta de Tardini, para recordarles amablemente que se esperaba de ellos que currasen un poco.

martes, noviembre 26, 2024

Vaticano II (3): Los primeros pasos de los liberales



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Frings era el presidente de la Conferencia Episcopal alemana. Yo tengo por seguro que ya estaba decidido a dar la batalla por sí solo. Pero pronto se dio cuenta de que, además, podía encontrar un aliado de mucho peso: el cardenal Achille Liénart de Lille, que presidía la episcopal francesa.

lunes, noviembre 25, 2024

Vaticano II (2): Vinos y odres





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La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
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Los liberales se hacen con el volante del concilio
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Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
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El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


 

Obviamente, los diferentes obispos tenían sus propios equipos de opinión sincronizada. El episcopado francés, por ejemplo, era muy de La Croix, una publicación de los agustinos de la Asunción gabachos. Otros obispos italianos, franceses o canadienses, solían ellos mismos enviar reportes a sus periódicos diocesanos; y un arzobispo, el coadjutor John Patrick Cody, hacía una emisión de radio semanal para sus feligreses de Nueva Orléans. El producto informativo más prestigioso fue, probablemente, el US Bishops’ Press Panel, elaborado por la jerarquía estadounidense. Abrieron oficinas nacionales de información la jerarquía alemana, la española, los franceses, argentinos y holandeses.

jueves, noviembre 21, 2024

Vaticano II (1): El business model






El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
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¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


[AVISO : Este capítulo introductorio ha quedado muy largo. Espero que sepas entender; aunque también puedes saltártelo.]



Lo he escrito muchas veces, pero aun así lo voy a repetir. La Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y por ende las iglesias en general, se conciben a sí mismas como guardianas de un Misterio, como intermediarias entre el hombre y Dios, como otras muchas cosas; pero, sin embargo, son, en esencia, modelos de negocio.

miércoles, noviembre 20, 2024

Mao (55): A modo de epílogo

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


 

En 1975, Deng Xiao Ping tenía un pequeño problemilla. El comunismo maoísta había estado implantado en China durante un cuarto de siglo; y, sin embargo, para sorpresa de nadie menos los propios comunistas, la población china seguía siendo pobre de solemnidad. El país era una mierda de país y los chinos, a pesar de que entonces apenas podían huir del país, siempre que podían lo hacían, como atestiguan las sucesivas oleadas de restaurantes chinos y tiendas de todo a 100 que colonizaron occidente. Como traerles el bienestar era algo bastante complicado en el corto plazo, Deng resolvió devolverles, cuando menos, el divertimento. Así que comenzó a tomar decisiones que, tacita a tacita, iban cargándose las consecuencias de la revolución cultural, permitiendo la edición de libros o la producción de películas. Sin embargo, en seguida se topó con Jian Qing, la auténtica cancerbera de aquella China donde nadie (excepto ella y su marido) disfrutaba de según qué placeres.

martes, noviembre 19, 2024

Mao (54): O lo paras, o lo paro

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


Conforme Mao Tse Tung fue perdiendo fuerza y capacidad física, fue ganando importancia Madame Mao, la que era su mujer desde 1938. Madame Mao era una mujer extremadamente vengativa. De hecho, todas las acciones y recomendaciones que se le conocen durante la revolución cultural fueron venganzas personales. Una actriz llamada Wang Ming, que décadas antes le había ganado un papel a la señora de Mao, lo que la llevó incluso a actuar en la Casa Blanca, murió en prisión.

lunes, noviembre 18, 2024

Mao (53): El año que negociamos peligrosamente

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 

Mao Tse Tung había querido tener relaciones con los EEUU desde que Stalin no le miraba con ojitos. Era por ver de acceder a su tecnología nuclear; máxime cuando otros líderes de la misma reata, como el rumano Nicolae Ceacescu, lograron abrir ventanucos en la cerrada muralla de la Guerra Fría. Washington, sin embargo, contestó que no hablaba bien el chino. En 1969, cuando Nixon llegó a la Casa Blanca, expresó su voluntad de tener contactos con Pekín; pero esa vez fueron los guerreros de terracota los que le dijeron que no mamase. En junio de 1970, sin embargo, era claro que el manifiesto de Tiananmen del 20 de mayo no había servido para nada. China caminaba hacia la inanidad mundial, y Mao tenía ya 76 palos. Había que hacer algo. Así que el líder de la revolución mundial decidió invitar a merendar en su casa al líder del mundo libre.

viernes, noviembre 15, 2024

Mao (52): El líder mundial olvidado

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


En un entorno de optimismo realista (optimismo porque el programa nuclear avanzaba; realista porque todavía China no podía ser el poder que quería) Mao decidió fijarse en las porciones de su territorio que todavía no eran suyas. Esto, por supuesto, no supuso sacar a pasear el asunto de los territorios que tenía en litigio con la URSS y mucho menos el asunto de Mongolia, espinoso como él solo. Nos referimos a la colonia portuguesa de Macao y, fundamentalmente, a la británica de Hong Kong. Dos territorios que, en la práctica, dependían de la China continental para casi todo.

jueves, noviembre 14, 2024

Mao (51): La hora de la debilidad

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


El Tigre le propuso al jefe de Estado Mayor del ejército del Aire, Wang Fei, la realización de un ataque sobre la Villa Imperial de Pesca, es decir el complejo donde vivía Madame Mao. Le dijo que al mismo tiempo habría una acción igual en el sur del país, donde estaba Mao entonces. Wang Fei, que era buen amigo del hijo de Lin, le dijo que, sinceramente, no se veía capaz de encontrar un solo soldado que aceptase implicarse en una acción así.

miércoles, noviembre 13, 2024

Mao (50): Enemigos para siempre means you'll always be my foe

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 

Los revisionistas contra los que había actuado Mao con su revolución cultural no eran sólo, de hecho ni siquiera eran fundamentalmente, los capitalistas. El revisionismo fundamental contra el que luchó el maoísmo fue la connivencia con la URSS. Una vez realizadas las purgas, y en un clima de enfrentamiento frontal entre las dos potencias comunistas, Mao quería tener a splendid little war que le sirviese de propaganda. Y la preparó en la frontera común.

martes, noviembre 12, 2024

Mao (49): Consolidando un nuevo poder

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 



La operación monstruo de sustitución dentro del Partido, que supuso rellenar los huecos con militares, no le salió bien de salida a Mao. Ser soldado y ser militante son dos cosas distintas. De hecho, cuando un soldado es también militante, lo que pasa, en realidad, es que, o es una cosa, o es la otra (como bien demuestran figuras como la del señor ése del Alakrana). Muchos de estos nuevos dirigentes venidos del ejército eran personas que carecían de la brutalidad que Mao exigía y, de hecho, a la hora de integrar viejos partisanos rebeldes en el Partido, solían decidirse por los que tuvieran un perfil más moderado. La consecuencia fue que el PCC, en lugar de ser el Partido sin miedo ni moral con que Mao soñaba, se convirtió, cuando menos en alguna de sus esquinas, en un Partido nenaza.

lunes, noviembre 11, 2024

Mao (48): El final de Liu Shao, y de Guang Mei

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 



El 15 de septiembre, Lin Biao convocó a la Joven Guardia Roja, una vez más, en la plaza de Tiananmen. No lo hizo para discutir con ellos la Crítica de la Razón Pura, sino para anunciarles que los objetivos de sus bastones y sus cinturones habían cambiado. Ahora, les dijo, debían de ir contra aquellos dirigentes del Partido que estaban tratando de llevarlo “por una senda capitalista”.