jueves, enero 16, 2025

Vaticano II (27): La madre del cordero progresista



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie




El avance del concilio hacía que éste cogiese momento, y que cada vez fuese más inevitable, por así decirlo, ocuparse del texto que todo el mundo sabía más enjundioso, porque estaba en la sala de máquinas de las intenciones para las cuales el Vaticano II había sido convocado: el esquema que habría de analizar el papel de la Iglesia católica en el mundo moderno. O, dicho de otra forma: cómo seguir pillando cacho (y pasta) en un mundo occidental cada día más laico. Ya el 11 de septiembre de 1962, antes de comenzar el concilio, el Papa Roncalli había dejado claro, en una entrevista pública, que quería que se abordase la redacción de un texto con esa temática. En la visión de Juan XXIII, la Iglesia tenía responsabilidades y obligaciones en materias como la distribución de la riqueza del mundo, el subdesarrollo, la guerra y la paz. Por su puesto, se refería a la riqueza de otros, claro; la suya, la Iglesia la administra y, si acaso, la comparte, como le sale de los huevos.

martes, enero 14, 2025

Vaticano II (26): El SumoPon se queda con el culo al aire



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


El 5 de noviembre por la mañana, el secretario general anunció que los responsables del Vaticano II, como Pedro Sánchez, habían cambiado de opinión. Así pues, la discusión en torno al esquema sobre la Iglesia en el mundo moderno quedaría interrumpida al día siguiente, en que comenzarían las discusiones sobre el tema de las misiones. Lo que había pasado es bastante evidente: entre la lista de los que querían hablar habréis visto que estaban conspicuos miembros de la mayoría progresista. Al igual que había ocurrido ya con anterioridad, ellos, que fueron los principales impulsores de que el concilio se resumiese a sí mismo capitidisminuyendo diversos esquemas, ahora querían discusiones amplias y textos más abundantosos. Todo ello, ante la posibilidad de que dichos textos se torciesen más de lo que querían aceptar.

lunes, enero 13, 2025

Vaticano II (25): El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Obviamente, se apuntaron ámbitos de, por así decirlo, retirada controlada. Se habló de que los laicos están, en el fondo, mejor preparados para realizar la labor de Cristo en la Educación, en la política social y, en general, en la administración de las cosas terrenales (pero observad cómo este último concepto, adecuadamente interpretado, acaba tocando la pasta).

viernes, enero 10, 2025

Vaticano II (24): ¿Cuánto vale un laico?



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



El debate duró cinco días y terminó el 6 de octubre. Además de las intervenciones, también hubo diversos padres conciliares que presentaron anotaciones por escrito. El 20 de noviembre, en la última congregación general de aquella sesión, se presentó una nueva versión, a la que se podían presentar enmiendas hasta el 31 de enero de 1965.

jueves, enero 09, 2025

Vaticano II (23): ¿Cuántas veces habla Dios?



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Lo dijo Dios, punto redondo
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Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Terminada ya la segunda sesión, el 27 de febrero de 1964, el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos celebró un pleno. Se estudiaron todas las apreciaciones que habían remitido los padres conciliares, tanto oralmente como por escrito. Se acordó disgregar el texto sobre los judíos del esquema sobre el ecumenismo; es decir, se introdujo un poco de racionalidad en aquel merdé. Meses después, el domingo de Pentecostés (17 de mayo), Pablo VI anunció el establecimiento de un Secretariado en el Vaticano dedicado a los no cristianos. La labor de vertebrar este Secretariado recayó en el arcipreste de la basílica vaticana, el cardenal de la Curia Paolo Marella.

miércoles, enero 08, 2025

Vaticano II (22): Yo te perdono, judío



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Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
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Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Uno de los signos de cambio de tiempos que se venía percibiendo en la operativa de la ICAR ya de décadas atrás, trazable incluso en un proceso de siglos, era el olvido progresivo de la hostilidad que desarrolló el cristianismo respecto de los judíos. Como ya he tenido ocasión de expresar en las notas escritas sobre los evangelios (Marcos, Mateo, Lucas y Juan), una de las líneas claras que se aprecian en la evolución del cristianismo, desde el momento en que era poco más que una secta judía al momento en que llegó el cristianismo juanino, es la creciente hostilidad hacia los judíos. Los primeros padres de la Iglesia eran muy conscientes de que su Cristo había nacido, vivido y muerto judío; y sabían que eso era algo que tenían que arreglar. Lo arreglaron, básicamente, a través del relato de la Pasión, y salpimentando el relato fake de la vida de su Maestro (no otra cosa son los Evangelios) de anécdotas aquí y allá en las que Jesús le planta cara a los hebreos con valentía y decisión. El relato de la Pasión tiene toda la pinta de ser una patraña de puta madre, incluso aunque la muerte por ejecución de Jesús fuere cierta; pero fue extraordinariamente rentable para el catolicismo durante muchos siglos.

martes, enero 07, 2025

Vaticano II (21): El sudoku de la libertad religiosa



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Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
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Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie




Cuando el trabajo de revisión del texto estuvo concluido, el arzobispo de Quebec, Maurice Roy, anunció que sería votado como un todo. Se votó el 29 de octubre y consiguió 1.559 votos afirmativos, 521 votos afirmativos cualificados (que venían acompañados de algún tipo de enmienda o matización por escrito) y 10 negativos. Tres semanas después, el 18 de noviembre, se votó de nuevo el texto, una vez introducidas modificaciones derivadas de las enmiendas incluidas en los votos cualificados. El 99% de los padres estuvo de acuerdo con el resultado.

lunes, diciembre 23, 2024

Vaticano II (20): Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla



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La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
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La Semana Negra
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Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


[Con esta toma, el blog se toma vacaciones. Volveremos al alborear el 2025]


Desde la primera sesión, Sigaud venía convocando una serie de conferencias para hablar de sus mierdas. Sin embargo, recibió un duro golpe cuando los clérigos italianos que atendían a sus movidas decidieron no hacerlo, ante el rumor de que el secretario privado de Juan XXIII, Loris Capovilla, había dicho que Sigaud no consideraba que los ataques a la Curia pudieran ser considerados ataques al propio Papa. Sin embargo, cuando se produjo la discusión en torno al esquema de la Virgen, el grupo fue insuflado de nuevo interés y de nuevos participantes. Ya he dicho en estas notas que, en la discusión de aquel esquema, cuando menos en mi opinión, los progres estuvieron cortos y muy poco estratégicos. Su estrategia, aunque probablemente al inicio no lo intentasen, acabó por quintaesenciarse en una especie de tentativa de emascular a la Virgen de la Iglesia. Para ello, se encastillaron en temas que, en realidad, eran bastante chorras, como el hecho de que se la calificase de Mediatrix. En realidad, consiguieron bastante poca cosa, pues el acercamiento a los protestantes, que ambicionaban, nunca podría llegar por este flanco, puesto que la devoción mariana católica nunca desaparecerá; y, sin embargo, lo que consiguieron fue malquistarse con sus colegas conservadores, y animarlos a organizarse. Por lo demás, ya en septiembre de 1964, durante la tercera sesión, el grupo de padres hizo un fichaje muy importante cuando el cardenal Rufino Jiao Santos, arzobispo de Manila, aceptó ser el organizador.

viernes, diciembre 20, 2024

Vaticano II (19): Todo atado y bien atado



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Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie




La publicación del Motu Proprio provocó un terremoto en la Iglesia. Obispos a decenas comenzaron a enviar telegramas a la Secretaría de Estado diciendo eso de John McEnroe: ¿Bromea o qué? ¡La bola entró! Las cosas no mejoraron, que se diga, el 31 de enero, cuando L’Observattore publicó el MP en italiano, en una versión que no coincidía con la versión en latín de unas horas antes.

jueves, diciembre 19, 2024

Vaticano II (18): El zasca del Motu Proprio



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Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



 

En realidad, los que no estuvieron muy felices con el esquema fueron los periodistas. Los padres conciliares no habían podido evitar incluir en el texto del mismo las esperables cautelas y avisos contra “el uso pervertido de los medios de comunicación”. Tres periodistas católicos (Robert Kaiser de la revista Time, John Cogley de Commonwealth y Michael Novak del Catholic Reporter), avisaron a los padres conciliares sobre el tono de esos párrafos. Elaboraron un pequeño informe que recibió el apoyo de cuatro expertos teólogos: el padre John Courtney Murray, jesuita; el padre Jean Danielou, también jesuita; el padre Jorge Mejía; y el padre Bernard Häring. Los periodistas acusaban al esquema de estar escrito de una manera que “algún día será citado como ejemplo de cómo el Vaticano II fue incapaz de marchar con los tiempos”.

miércoles, diciembre 18, 2024

Vaticano II (17): Los liberales se hacen con el volante del concilio



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Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
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¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Esta vez, sin embargo, la principal presión llegaba del Tercer Mundo. Los obispos de diócesis asiáticas y africanas cada vez estaban más convencidos de que sus fieles eran cuantitativa y cualitativamente más importantes para la Iglesia; pero no sentían que las estructuras de gobierno eclesial reconociesen eso. El obispo Francis Simons, nacido en los Países Bajos pero titular de la diócesis india de Indore, habló para decir que Cristo le había encomendado su Iglesia a los obispos bajo el mando del PasPas; y se quejó, directamente, de que la Curia no reflejaba los intereses de todo el mundo.

martes, diciembre 17, 2024

Vaticano II (16): El tema de los obispos



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Los primeros pasos de los liberales
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Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Un grupo de obispos pertenecientes a órdenes religiosas decidió reunirse para estudiar la forma de contestar los métodos dictatoriales de la vertiente progresista del concilio. Elaboraron una serie de propuestas en defensa de la existencia en el esquema de un texto específica sobre la vida religiosa, lo imprimieron, y distribuyeron entre los padres conciliares.

lunes, diciembre 16, 2024

Vaticano II (15): Döpfner, ese chulo



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Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



Philips y Rahner, los dos teólogos que habían animado la reunión de Fulda y la habían dotado de munición teológica, habían defendido que fuese capitidisminuido el capítulo sobre la vida religiosa con el argumento fundamental de que la introducción de un capítulo fuerte sobre la materia “confirmaría las objeciones de los protestantes de que en la Iglesia, a través del estado religioso, existen dos caminos básicos para la salvación [el secular y el regular]; que el laicado no es llamado a la perfección evangélica y, automáticamente, son de un nivel inferior de santidad; y que todos aquéllos que son miembros de órdenes religiosas son automáticamente considerados mejores que aquéllos que han decidido unirse en matrimonio”.

viernes, diciembre 13, 2024

Vaticano II (14): El ascenso de los laicos



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


La siguiente lucha que se planteó en el concilio fue una de las muchas luchas que se encuentran en el mismo que, aparentemente, se refieren a temas de poca importancia. Los obispos germanoparlantes habían terminado la primera sesión criticando el borrador de esquema sobre la Iglesia, entre otras cosas, porque no decía nada de la institución del diaconado. En su reunión de Fulda, los padres germanos habían estudiado el tema y habían recibido un borrador de capítulo inspirado, cómo no, por el padre Rahner. Querían, pues, que la sección del esquema de la Iglesia dedicado al sacerdocio incluyese algunos párrafos dedicados a los diáconos y su labor.

jueves, diciembre 12, 2024

Vaticano II (13): ¡La Virgen!

 



El business model
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Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



La discusión independiente del esquema sobre la Virgen fue una idea patrocinada por los progresistas, porque estaban convencidos de poder llevar dicha discusión a donde querían. Y eso que querían no era, desde luego, arrebatarle a la Iglesia la figura de la Virgen, pues eso, creo yo, es absolutamente implanteable en el seno de la ICAR; pero sí, diría yo, bajarla un par de peldaños.

miércoles, diciembre 11, 2024

Vaticano II (12): La reacción conservadora



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie


En todas las etapas de la Historia de la ICAR ha habido gentes y grupos de gentes partidarias de la independencia de los obispos. En estas posturas “soberanistas”, por así llamarlas, han tenido mucho que ver los príncipes y reyes detentadores del poder terrenal, que siempre han apreciado una ventaja enorme en la existencia de fuertes Iglesias nacionales que puedan manejar. En el concilio Vaticano II, el principal soberanismo era el de los padres conciliares más progresistas; ya que, al estar las visiones más conservadoras refugiadas en la Curia, lógicamente el conservadurismo era centralista y tenía en el Papa a su principal campeón.

martes, diciembre 10, 2024

Vaticano II (11): La definición de la colegialidad episcopal



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie



El obispo Joseph Schröffer, de Eichstätt, un auténtico peso pesado que era miembro de la Comisión Teológica con el mayor número de votos de todos los que formaban parte de la misma, fue el lógico responsable en Fulda de los esquemas alumbrados por la dicha comisión: la divina revelación, la Virgen María, y la Iglesia. En buena medida, pues, la sala de máquinas del concilio, por así decirlo. Sin quejarse ni nada por tener que currar el triple mientras que setenta curas miraban tocándosela a dos manos, Schröffer preparó sendos análisis de los tres documentos; pero, explicó, en realidad el que se había mirado los textos y tal, era Rahner, quien había compartido la labor con tres teólogos más: Ratzinger, que como ya os he dicho entonces era su amiguito total, y que era el asesor teológico del cardenal Frings; el padre Alois Grillmeyer, jesuita como Rahner; y el padre Otto Semmelroth, también jesuita para no perder las costumbres.

lunes, diciembre 09, 2024

Vaticano II (10): La muerte de Juan XXIII



El business model
Vinos y odres
Los primeros pasos de los liberales
Lo dijo Dios, punto redondo
Enfangados con la liturgia
El asuntillo de la Revelación
¡Biscotto!
Con la Iglesia hemos topado
Los concilios paralelos
La muerte de Juan XXIII
La definición de la colegialidad episcopal
La reacción conservadora
¡La Virgen!
El ascenso de los laicos
Döpfner, ese chulo
El tema de los obispos
Los liberales se hacen con el volante del concilio
El zasca del Motu Proprio
Todo atado y bien atado
Joseph Ratzinger, de profesión, teólogo y bocachancla
El sudoku de la libertad religiosa
Yo te perdono, judío
¿Cuántas veces habla Dios?
¿Cuánto vale un laico?
El asuntillo de las misiones se convierte en un asuntazo
El SumoPon se queda con el culo al aire
La madre del cordero progresista
El que no estaba acostumbrado a perder, perdió
¡Ah, la colegialidad!
La Semana Negra
Aquí mando yo
Saca tus sucias manos de mi pasta, obispo de mierda
Con el comunismo hemos topado
El debate nuclear
El triunfo que no lo fue
La crisis
Una cosa sigue en pie




Haremos un inciso aquí, al hablar de la reunión de Fulda del verano de 1963, para introducir otro tema importante del concilio. Durante los años cincuenta y primeros sesenta que ya habían transcurrido, en la Iglesia católica occidental se venía verificando un fenómeno evolutivo curioso. Todavía no había llegado el momento en el que las vocaciones de sacerdocio se desplomasen; eso fue posterior. Pero las cosas sí que estaban cambiando, porque, mientras las vocaciones para hacerse sacerdote diocesano o secular estaban decayendo, las vocaciones para profesar en el marco de órdenes religiosas estaban subiendo. Esto a los obispos les preocupaba; formalmente, porque decían que era una situación que mermaba su labor pastoral; aunque, en realidad, lo que les preocupaba era que el sacerdote que pertenece a una orden tiene un superior distinto; y eso supone, para el obispo, menos poder, y menos pasta.

jueves, diciembre 05, 2024

La polémica de San Pedro

Como quiera que ayer hice referencia a un post que tenía escrito pero aun no había publicado, algunos lectores, en público y en privado, me han indicado la necesidad de publicarlo ahora para que, por así decirlo, no se pierda el hilo. Así pues, si queréis, podéis tomaros el post de hoy como una cierta ampliación de conceptos del que se publicó ayer

Vamos, pues, con la polémica pedrina. 


Los astrónomos, que son los que saben de esto, nos dicen que el universo se expande. Esto quiere decir, entiendo yo, que cada vez estamos más lejos unos de otros (bueno, suponiendo que haya otros, claro). A la religión cristiana le ocurre un poco lo mismo. Casi desde sus inicios, está experimentando un Big Bang como consecuencia del cual diversos cuerpos celestes formados por creencias se desgajan de la roca original; y, por mucho que se empeñen los partidarios del ecumenismo, cada vez están más lejos. Al concilio Vaticano II, del que espero que hablemos algún día (o tal vez ya hayamos hablado cuando estas notas se publiquen) se preocupó mucho del ecumenismo, porque su impulsor: Juan XXIII, quería que la reunión de las iglesias o, cuando menos, el frenazo del proceso de expansión del Universo, fuese una de las herencias que quedasen de su papado. Por esta razón, a través sobre todo del episcopado alemán, en el Vaticano II se fibrilaron tantas ideas y tantos planteamientos filo o, directamente, protestantes. Se buscaba hacer la Iglesia Católica atractiva para, cuando menos, algunos de ellos.

Como digo, el acercamiento estratégico del catolicismo al protestantismo es más que evidente. Pero hay una cosa que no se discutió en el Vaticano; un elemento de discusión que fue, sobre todo durante el siglo XIX, una línea roja que ninguna de las partes quería pasar: la cuestión del episcopado de Pedro.

El planteamiento es simple: el Papa de Roma es el obispo de la ciudad eterna vigente en cada momento. Es, pues, el sucesor del primer obispo católico de la ciudad, que fue Cephas, o Pedro, el discípulo predilecto de Jesús. La autoridad de Pedro como primus inter pares está adverada (es un decir) en un famoso pasaje de los Evangelios, que sólo está en uno de ellos (Mateo), cuando Jesús le dice a Pedro eso de tú eres mi piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y lo que ates tú aquí quedará atado en el cielo, blablablá.

Teniendo en cuenta que uno de los building blocks del protestantismo es el cuestionamiento de la autoridad papal, ya que los protestantes tienden a ver al Papa como una especie de impostor, es lógico que uno de los puntos fundamentales sobre lo que han escrito teólogos y exégetas protestantes sea, precisamente, la insoportable levedad de esa herencia. En el siglo XIX, al cuestionamiento en sí del hecho de que la autoridad de Pedro estaba recogida apenas en un pasaje de las Escrituras, se unió otro asunto que había estado orbitando sobre las cabezas de muchos pensadores protestantes de tiempo atrás: no sólo es que la autoridad de Pedro sea cuestionable; es que, en realidad, Pedro nunca pudo legar el obispado de Roma, porque nunca fue obispo de Roma; nunca estuvo allí.

Si algún día os interesa el tema a fondo, os recomiendo que metáis las narices en los anaqueles de las librerías de viejo francesas, a la búsqueda de una obra titulada: Saint Pierre a-t-il été à Rome? Compte rendu de la controverse engagée à Rome le 9 et le 10 fevrier 1872. En efecto, aquellos lejanos días de 1872, hace ahora 152 años, se lio bien parda en Roma, cuando teólogos católicos y protestantes se reunieron para discutir este tema, al calor del ambiente de una cierta apertura que generaba el concilio Vaticano I. Obviamente, no llegaron a ninguna conclusión, como era previsible. Y no es de extrañar, porque para entonces ya era una polémica muy vieja.

Probablemente los primeros que metieron cuchara en esa sopa fueron los valdenses, de quienes ya te he hablado. Fueron los primeros en decir, hace medio milenio aproximadamente, que la Biblia es tremendamente parca al establecer el principio general de que Jesús dejó en herencia una especie de autoridad sobre los cristianos, y además se la legó a Pedro. Obviamente, son muy pocos los creyentes que consideran que Jesús no pretendiese crear Iglesia alguna; esto no se cuestiona. Pero lo que defienden no pocos teólogos, incluso desde el campo católico, es que, en realidad, a quien legó su autoridad Jesús fue al conjunto de los apóstoles y que, por lo tanto, los actuales receptores de dicha autoridad son el conjunto de los obispos, no uno solo. Una teoría que lleva siglos alimentada, financiada y patrocinada por el poder temporal, puesto que afirmar la autoridad episcopal equivale a abrir la puerta a la construcción de iglesias nacionales casi totalmente autónomas, que es algo que siempre ambicionaron los reyes cristianos como los españoles, franceses, ingleses (en su momento), polacos, y demás.

La idea prendió especialmente en el siglo XIX a causa de las aportaciones que hizo el hegelianismo a la exégesis. Ello permitía ver las peripecias contadas en Hechos, y muy particularmente llamado concilio de Jerusalén del que ya os hablé en mis notas sobre Pablo de Tarso (en la biblioteca), como procesos dialécticos en los que, por así decirlo, la Iglesia de Pedro sería la tesis, la paulina la antítesis y, consiguientemente, habría surgido una síntesis que no sería la Iglesia de Pedro.

Esta idea, que es una idea hermenéutica, devino rápidamente en un debate historiográfico. Al calor de estos conceptos, el pensamiento protestante decimonónico recuperó la denuncia de que el cristianismo contiene testimonios de segunda o tercera mano sobre el apostolado de Pedro, pero no de primera.

La ICAR contraatacó en este debate con varios argumentos. El principal de ellos, probablemente, fue negar la calificación como testimonios de segunda mano que se hacía de muchos de los escritos disponibles. Se utilizaba mucho, entonces, el ejemplo de Papías de Hierápolis, uno de los padres de la Iglesia que, en sus testimonios, afirma haber hablado con personas ancianas que habían estado con los apóstoles; y, de hecho, de él mismo se dice que fue discípulo del apóstol Juan, aunque a mí esto no me cuadra mucho porque, como otras cosas, está basado en una percepción de Juan como un hombre extraordinariamente longevo. El problema de este argumento es que los propios testimonios de Papías son, en realidad, testimonios sobre Papías. Casi todo lo que sabemos de lo que el buen obispo escribió son cosas que otros (notablemente, Eusebio de Cesarea) dicen que escribió.

El segundo argumento esgrimido por los defensores del papado es el argumento de autoridad basado en el tiempo. Es decir: nadie, hasta el siglo XIV como muy pronto, parece haber cuestionado la residencia de Pedro en Roma. Este argumento, en todo caso, tiene su truco. Sobre todo, porque, en alguna medida, de los muchos, muchísimos, movimientos divergentes de la ortodoxia católica que existieron en los primeros 1.300 años de cristianismo sabemos, en buena medida, lo que la ICAR ha querido que sepamos. El ejemplo de los cátaros y de cómo fueron borrados de la faz de la Tierra es bastante claro al respecto. La ICAR no se encuentra con el problema de enfrentarse a una serie de iglesias a las que no puede controlar ni borrar hasta que llega el movimiento protestante y su alianza de poder con diversos príncipes centroeuropeos.

El contraataque de los protestantes es el análisis de lo que se conoce como la primera carta de Pedro. La primera carta de Pedro, según la ortodoxia, es una carta compuesta en Roma para lanzar ánimos a diversas iglesias cristianas establecidas en Asia Menor, en lugares como el Ponto y Cilicia (más o menos la Capadocia, pues). Pero tiene el problema de que, en su despedida, Pedro, o el autor, le lanza a los receptores del email saludos específicos de la Iglesia de Babilonia. Los protestantes, pues, tienden a interpretar que esta carta no fue escrita en Roma, sino en Babilonia. Y que fue escrita en Babilonia porque ahí era donde Pedro tenía el loft.

En el debate de 1872, por todo ello, los protestantes hicieron la confesión escandalosa: “Nosotros negamos que Pedro haya estado en Roma, precisamente porque nos ceñimos a lo que dice la Biblia”. Una afirmación bastante fuerte (en el sentido de sólida) que, precisamente por ello, no fue contestada por los católicos, quienes retrucaron que, en realidad, la ICAR nunca había pretendido defender la autoridad de Pedro sólo con la Biblia (noniná). Efectivamente a punto de estrenar el último cuarto del siglo XIX, la Iglesia Católica ya estaba en modo reconocer que los detalles históricos de las Escrituras son pocos, esquemáticos, a menudo incongruentes y que, por lo tanto, no se deben tomar literalmente; pero, vamos, que esta asunción no la hacían ellos voluntariamente, sino empujados por las consecuencias del tsunami de librepensamiento que fue ese siglo.

El argumento católico, pues, era que algo, o alguien, no tiene, para haber existido, que ser citado en las Escrituras. Y, para ello, recordaban un tema del que se habla muy poco: los Hechos, que son la gran crónica del primer cristianismo, apenas citan a la mayoría de los apóstoles de Jesús, o no los citan en lo absoluto. Este argumento, claro, es útil y efectivo si partes de la base de que la existencia de esos apóstoles es incontrovertible. Pero, claro, si tiendes a pensar (como este amanuense) que los apóstoles son invenciones simbólicas destinadas a abrochar el mensaje cristiano con sus raíces hebreas, la cosa es que la piedra que lanzaste te vuelve y te da en medio de la frente.

Los Hechos, como recordaron los protestantes en aquel debate, de lo que hablan, en realidad, es de Saulo. Hacen una notaría bastante exacta de sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo, así como de su martirio final. Y, por ello, cabe la pregunta: ¿por qué no describen el viaje de Pedro a Roma? ¿Y su muerte? ¿Cómo es posible que los redactores de la Biblia, y muy particularmente Lucas a quien se atribuyen los Hechos, no sintieran la necesidad de describir la peripecia de la persona que había sido designada como sucesora de Dios en la Tierra, cuando sí lo hacen de un señor que se dio un piñazo montando a caballo?

Es en este punto donde adquiere tanta importancia el debate sobre las fuentes doctrinales del cristianismo. La Iglesia católica siempre ha sido consciente de que, si Dios habla a través de la Biblia, la verdad es que es más bien lacónico. La Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, le presenta al hombre un esquema moral y escatológico realmente sólido; pero no exento de faltas, de dudas, de momentos indecisos. El mensaje de Dios en la Biblia no es total; pero no pasa nada, nos dice la ICAR, porque Dios ha seguido hablando a los hombres a través de lo que se denomina la tradición, es decir, las elaboraciones de la propia Iglesia. Dios, por lo tanto, está en los cuatro Evangelios; pero está también en Orígenes, en Barnabás, en Tertuliano y, si nos apuramos, hasta en las mierdas que suelta Bergoglio los domingos por el micrófono. Este paso era un paso necesario para la ICAR, pues de no admitirlo se habría encontrado inerme ante lo que considera herejías; y para prueba, ahí están los muy diferentes movimientos en que se ha dividido el protestantismo, precisamente por negar prácticamente más autoridad que la de los textos.

La posición protestante, por lo tanto, se sustentó, y se sustenta, sobre dos pilares fundamentales: el primero, que las Escrituras no hablan del viaje y martirio de Pedro; peor que eso: no sólo no hablan del viaje y martirio de Pedro, sino que sí hablan del viaje y martirio de Pablo, con lo que no se entiende muy bien cómo es posible que Dios nos quiera contar la peripecia del Director Financiero, pero nos esconda la del CEO. Y, segundo: en realidad, las Escrituras no sólo escamotean la información de que Pedro viajó a Roma, allí fue martirizado y, consecuentemente, a su muerte legó los poderes heredados de Jesús al Francisquito de turno; sino que, en realidad, niegan esa realidad en el punto y hora que en la única esquina de dichas Escrituras en la que Pedro nos aporta sus coordenadas GPS, resulta que estaba en Babilonia. Argumento, éste último, que la Iglesia católica contraataca afirmando que la tradición solía referirse a Roma llamándola Babilonia. Un argumento probablemente cierto, pero de poca eficacia ante quien afirma que se está ciñendo exclusivamente a lo que dicen las Escrituras. Diversos escritores protestantes, sobre todo en el siglo XIX, defendieron la idea de que la cita es literal y que, de hecho, Pedro murió martirizado por los partos.

La gran línea de ataque católica a esta teoría, bastante eficiente desde mi punto de vista, es ésta: si, realmente, el lugar donde Pedro se jubiló y al final se lo apiolaron fue Babilonia, ¿por qué Babilonia no reclamó nunca su condición de Luz de la Cristiandad? Y, sobre todo, ¿por qué es Roma quien conserva la tumba de Pedro? ¿Acaso llevaron los restos por SEUR? Como digo, es un argumento de cierta fuerza; aunque justo es decir que su fuerza se base en que sea un argumento esgrimido entre creyentes. Para un no creyente, el tema ya está más difícil, porque las pruebas de que lo que está dentro de esa tumba sean los restos de un tal Cephas son, digamos, sketchy.

Personalmente, considero que el argumento antiprotestante más eficiente que manejaron los católicos en aquella polémica fue el hecho de que las iglesias orientales (nestoriana, jacobita, monofisita, melquita, maronita); iglesias que llegaron a expandirse por el imperio bizantino, oriente, Arabia, Egipto o Etiopía, son iglesias que, sin embargo, en lo tocante a este tema, no quitan ni una coma al relato pedrino de la ICAR. No tiene sentido, según los católicos, que, si Pedro predicó y murió en Babilonia, todas estas iglesias lo hayan olvidado. Como digo, este argumento siempre me ha parecido el más fuerte a favor de la posición de los católicos; aunque, una vez más, se trata de un argumento eficiente entre creyentes, ya que parte de la base de que Pedro ejercía un magisterio eficiente y real que, por lo tanto, debía ser recordado. A través de la óptica de que puede ser un personaje de carácter más simbólico que otra cosa, ya la cosa cambia.

El siglo XX, cuando menos en mi percepción, modificó un poco los parámetros de esta discusión. O, más bien, la disolvió bastante. La Iglesia católica experimentó en un solo siglo, el XIX, una pérdida de poder muy superior a toda la que había sufrido en medio milenio anterior; y en el siglo XX ha seguido en la misma línea. El protestantismo, por otra parte, perdió el interés por el ecumenismo; aunque en los tiempos presentes, en los que el descreimiento general está haciendo peligrar la pasta para todo el mundo (y no olvidéis que la pasta es el objetivo de toda Iglesia, porque no son sino modelos de negocio), yo creo que se nota cierta revitalización de las tentativas de acercamiento. Pero ésta fue una de las grandes y pasionales polémicas del siglo XIX, sostenida con unos niveles de pasión y violencia (afortunadamente, verbal) que hoy nos cuesta bastante imaginar.

Bueno, qué digo. Pasad media hora en X, y ya os haréis una idea.