viernes, enero 08, 2021

La Armada (20: la batalla que fue como cuando John Connor dispara al ciborg)

Aquí están todas las tomas de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen los posts.

La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Los ingleses, en todo caso, no contaban con la suerte que, como si quisiera desmentir ese principio básico en el que creía Felipe II según el cual Dios estaba con él, siempre estuvo del lado de los comedores de baked beans. Poco tiempo después de la batalla, y de forma totalmente independiente de la misma, la flota española sufrió dos pérdidas inesperadas y relevantes. Pocos minutos después de las cuatro de la tarde del mismo día de la batalla, los barcos comenzaron a formar en creciente defensiva, por lo que el escuadrón andaluz se dirigió al flanco derecho de la formación. En esa maniobra, el Nuestra Señora del Rosario, la nave capitana del escuadrón donde iba Pedro de Valdés, se rozó con otro barco de su formación y perdió su bauprés.

miércoles, enero 06, 2021

La Armada (19: el librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Si algún día te entra la manía de visitar el punto más meridional de las Islas Británicas, ése en el que una península (Cornualles) parece apuntar hacia América, deberás ir a un pueblecito que, la verdad no sé por qué razón, lleva el no muy edificante nombre de Lizard. El Lizard es, además, la pequeña península de la península de Cornualles donde está ese pueblo; y, por propia situación geográfica, tiende a ser la primera tierra que se ve si se llega navegando desde España hacia el Canal derrotando hacia babor.

lunes, enero 04, 2021

La Armada (18: la famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció)

 Aquí están todas las tomas de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen los posts.

La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode

Tras conocer la poco realista decisión de su rey, a Álvaro de Guzmán se le presentaban tres estrategias posibles: permanecer en el puerto de La Coruña lamiéndose las heridas y esperando que los perdidos les encontrasen a ellos; salir con la flota a alta mar a buscar a los barcos de los que no tenía noticia; o coger lo que tenía y navegar hacia Inglaterra. La consulta entre marinos y oficiales dejó claro que su sentir estaba a favor de permanecer en puerto. El único disidente de esa opción fue Pedro de Valdés, el comandante del escuadrón andaluz. Valdés quería hacerse a la mar ya. Y no le faltaba razón. En su idea, puesto que en La Coruña, en 1588, todavía no habían abierto ni los supermercados Claudio ni los Gadis, ni tampoco se habían inventado los tequeños, las posibilidades de aprovisionamiento de la ciudad eran bastante escasas cuando quien necesitaba agua, vituallas y de todo era una multitud de 18.000 soldados y marineros (doscientos años después, todavía las tropas de Sir John Moore habrían de aprender que las cosas no habían cambiado gran cosa). Valdés consideraba, pues, que quedarse en La Coruña no tendría otra consecuencia que asistir a un paulatino empeoramiento de las cosas.

miércoles, diciembre 30, 2020

La Armada (17: el tropezón coruñés)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode

Con las últimas luces de aquel día, Catalina de Medicis visitó de nuevo el Louvre, para aconsejar a su atribulado hijo. Al rey, lo que le dijo la mama no le gustó demasiado, pero era lo que había: si el rey licenciaba a su guardia y se apartaba de quienes habían sido hasta entonces su entourage; si decidía modificar la sucesión en el trono para evitar la llegada de elementos pro o filo hugonotes; y si accedía a que el poder efectivo de la nación lo ejerciese el duque de Guisa, se le permitiría seguir siendo el rey, como en el corrido mexicano.

lunes, diciembre 28, 2020

La Armada (16: ni sivuplé ni hostias)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


En las 48 horas aproximadas que siguieron a la entrada de Enrique de Guisa en París, el rey Enrique de Valois habría de llegar a una conclusión clara o, más bien, dos. La primera, que no sería posible llegar a ningún tipo de componenda con la Santa Liga; la cual, claramente, no pretendía sino machacarlo y tirarlo al albañal de la Historia; y, la segunda, que había perdido el control de las calles de París.

viernes, diciembre 18, 2020

Vacaciones

 


miércoles, diciembre 16, 2020

La Armada (15: el Capitán América de la catolicidad entra en París)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode



Jueves, 12 de mayo de 1588. Cinco de la mañana. Todavía está oscuro, pues el hombre aún está sometido a los dictados de los movimientos del sol y no de las chorradas horarias de los gobiernos y de la Comisión Europea. En su dormitorio que da justo al chaflán de la Rue des Pouilles, el embajador español en París, Bernardino de Mendoza, ronca como si se hubiera tragado a un oso que se hubiera tragado al campeón de eructos de Calasparra. Sin embargo, lo despierta la batahola de un grupo de hombres armados que viene bajando la Rue de Saint-Honoré. Mirando por la ventana, Mendoza alcanza a distinguir unos ridículos pantalones bombachos, exageradamente ahuecados como si sus portadores tuviesen los muslos de Hulk, y se da cuenta de que son miembros de la guardia suiza del rey. Detrás vienen guardias franceses; y todos toman la calle Saint-Honoré. El sol comienza a salir, y bajo su luz brillan los morriones, las picas, los arcabuces, dispuestos por la formación defensiva. A las tropas se las tragan, lentamente, las callejuelas que llevan al Louvre. Pronto, comienzan a sonar las cajas y los pífanos.

lunes, diciembre 14, 2020

La Armada (14: la Armada se arma como buenamente puede)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Felipe II quería que Álvaro de Bazán saliese ya de la bocana del Tajo para encenderle el pelo a los ingleses y hacer posible la invasión del país por las tropas de Parma. Bazán, sin embargo, no las tenía todas consigo. El experimentado marino había calculado que, para poder dominar a la flota inglesa, necesitaría, como poco, medio centenar de galeones, y apenas tenía trece; y uno de ellos estaba tan hecho polvo que el almirante dudaba de que se pudiera hacer a la mar. Además, quería disponer de un centenar más de barcos grandes, fuertemente armados, además de una cuarentena de naves de aprovisionamiento, seis galeazas, cuarenta galeras y otros barcos de menor tamaño. En lugar de esto, a finales de enero todavía contaba sólo con cuatro galeazas, más una abigarrada macedonia de sesenta y setenta barcos más de diversos tipos; literalmente, lo que se había podido alquilar al norte y al sur de Europa. Muchos de estos barcos no estaban ya en el mejor de los momentos de su existencia y eran, además, notablemente lentos para las demandas de una operación como aquélla. Los mejores de entre todos eran los barcos vascos, al mando de Oquendo y Recalde; pero estaban pobremente armados.

viernes, diciembre 11, 2020

La Armada (13: don Álvaro se estresa y hace chof)

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Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


A todos los argumentos ligados a la importancia primaria de la paz hay que unir el hecho de que Isabel, y el partido que la apoyaba dentro de su propio Consejo Privado, tendían a pensar que el pacto con el rey Felipe no tenía que ser complejo ni imposible. Al fin y al cabo, se trataba, simplemente, de que El Escorial aceptase las condiciones que, once años antes, había aceptado ya don Juan de Austria: respeto para las libertades de las diecisiete provincias unidas, y retirada de las tropas españolas, a cambio de que los Estados Generales proclamasen su fidelidad al que tradicionalmente era su señor, Felipe de España, heredero de los Estados de su abuelo de igual nombre, y la defensa de la fe católica.

miércoles, diciembre 09, 2020

La Armada (12: the pela is the pela)


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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Dispersados dentro de la región de Beauce, tras haber rechazado el ataque por sorpresa de los católicos del duque de Guisa, los jinetes alemanes cada vez se parecían menos a un ejército propiamente dicho. Las nóminas llegaban con cuentagotas y la guerra, por así decirlo, tampoco estaba aportando grandes beneficios. Una parte muy significativa de la tropa estaba enferma, y la otra solía pasar las horas profundamente mamada. El componente suizo de las tropas retomó sus negociaciones con el rey de Francia; en cuanto las condiciones económicas les parecieron suficientes, decidieron que se volvían a casa. Los alemanes, que recibían cartas de Isabel desde Londres y de Enrique de Navarra desde sus posiciones con promesas bonitas pero ni un níquel, también estaban pensando en regresar a casa, puesto que nadie les pagaba. El plan de los germanos era tirar hacia el Este, buscando las fuentes del Loira y buscando, con ello, a la tropa del navarro. Si, al conectar ambas armadas, Enrique no le enseñaba una maleta de dinero, Dohna y sus tropas seguirían hacia Borgoña, el Franco Condado y, después, Deutschland. Pero, en realidad, nadie esperaba que Enrique fuese a estar donde se le esperaba.

viernes, diciembre 04, 2020

La Armada (11: alemanes, suizos, y viceversa)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode 



Enrique de Navarra había terminado la jornada de Coutras aseverando: “ahora nadie podrá decir que los hugonotes no ganan batallas”. Sin embargo, lo que estaba por ver era que el bearnés fuese capaz de administrar adecuadamente dicha victoria. Las visiones tras la misma eran muy distintas. Los caballeros de la zona de Poitou y más al sur eran partidarios de aprovecharla para realizar un avance hacia el sur cuyo objetivo fuese barrer la presencia católica más allá del Loira. El príncipe de Condé era de la misma idea, y lo era por motivos muy personales. Sabía bien que el área había sido un enclave fuertemente independentista durante muchos siglos; que no había abandonado nunca del todo esas ambiciones, de hecho, la división generada en el país por el protestantismo no había hecho otra cosa que profundizarla; y, consecuentemente, ambicionaba con construirse una Francia pequeñita para él.

miércoles, diciembre 02, 2020

La Armada (10: la peripecia de los reformados forales en Coutras)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode



Estamos ya en octubre de 1587. El rey de Navarra y su ejército no están, precisamente, en la mejor de las situaciones. Están, básicamente, cercados. La suya es la tropa de los hugonotes, de los protestantes franceses. Una tropa que, a pesar de que la población protestante de Francia sí puede, teóricamente, competir con la católica, sobre todo en amplias y ricas zonas de la nación, sin embargo, como ejército, es demasiado débil. De hecho, el rey sabe que si presenta batalla, las posibilidades son muchas de que la flor y la nata de la casa Borbón acabe, como dicen los franceses, mordiendo los dientes de león por las raíces (esto quiere decir: muertos y enterrados); lo cual podría causar una herida sangrante definitiva a la causa del calvinismo francés.

lunes, noviembre 30, 2020

La Armada (9: las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode



Sluys estaba situada en medio de un laberinto de islas comunicadas por canales, muchos de ellos muy significativamente afectados por la marea, que periódicamente los inundaba o los dejaba sin calado. El estuario del Zwyn era el canal más practicable para llegar a la ciudad, y estaba guardado por un viejo castillo. Las diferentes aproximaciones existentes a la ciudad estaban separadas por agua, por lo que el riesgo de que algunas o varias de las tropas destinadas a la toma de la ciudad pudieran quedarse aisladas era alto. Por eso, era consenso entre los capitanes de Parma en el sentido de que el asedio de la ciudad tendría que ser largo y extremadamente costoso; tanto que consideraban que el ejército español corría el peligro de dejarse allí casi toda su efectividad. Así pues, al igual que habían hecho con Ostende, recomendaron no abordar la operación.

viernes, noviembre 27, 2020

La Armada (8: la guerra flamenca de Diego Pablo Simeone)

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Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Drake, en efecto, permaneció en los últimos días de mayo cerca de cabo San Vicente; pero estaba cambiando de idea. La última semana del mes de mayo la pasó esperando que los barcos que había enviado con despachos hacia Inglaterra regresasen para incorporarse a su flota. Cuando juzgó que había reunido la fuerza, tomó una decisión un tanto extraña.

miércoles, noviembre 25, 2020

La Armada (7: Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa)

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Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


El clima de mostró esquivo con los ingleses durante algunos días. Drake hubo, pues, de aplazar su desembarco en cabo San Vicente hasta el día 14 de mayo, cinco jornadas después, por lo tanto, de la fecha inicialmente pensada. Decidió atacar no en Sagres sino en Lagos, un puerto más tranquilo. Drake juzgó que, siendo un lugar que había perdido bastante importancia como puerto en las últimas décadas a causa del enorme poder atractor que ejercía Cádiz para todo comercio, le sería bastante fácil tomar la ciudad; los más escépticos de entre sus oficiales, sin embargo, consideraban que, si tomarla sería fácil, en realidad lo que habría que discutir más a fondo era la facilidad de conservarla.

lunes, noviembre 23, 2020

La Armada (6: Cádiz)

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Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode



El rey Felipe II solía pasar los meses de mayo en Aranjuez. Le gustaba recibir allí la primavera, y no le culpo porque, la verdad, la floración en esta población ribereña es bastante impresionante. Aquel año de 1587, la primavera había llegado pronto, y eso había provocado que el rey hubiese incluso adelantado sus planes, pues el día 29 de abril estaba ya paseando por los jardines del lugar. Fue allí, durante un paseo, a las cuatro de la tarde, cuando le alcanzó un edecán, que portaba un correo llegado desde París y cuyo origen era Bernardino de Mendoza. En aquella carta, el embajador español advertía al rey de la partida, el día 12 de aquel mismo mes, de una treintena de barcos, al mando de Drake, desde el puerto de Plymouth. Extrañamente, el rey Felipe no leyó aquel despacho inmediatamente; de hecho, no lo hizo hasta el día siguiente. Resulta difícil saber los porqués de dicho retraso. Tal vez se distrajo con otra cosa, tal vez no se encontró bien (para entonces, ya sufría de gota); o tal vez, simplemente, era un hombre acostumbrado a recibir comunicaciones a decenas y, por lo tanto, había aprendido que lo urgente rara vez se presenta. En todo caso, da igual, porque aunque Felipe hubiese leído las noticias en la tarde del 29, la capacidad de reacción apenas habría mejorado.

viernes, noviembre 20, 2020

La Armada (5: la reina no quiere; pero da igual)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


La relación entre Drake e Isabel no fue siempre fluida ni fácil. De hecho, en 1586, cuando se produjo la expedición a las Indias que ya he señalado, la reina se cogió un globo de la hostia con su marino cuando descubrió que la cosa se había saldado con pérdidas. Además, en ese momento, todavía caliente el cuerpo de María, Isabel iba por unos derroteros que no eran los del enfrentamiento que tanto le gustaba a Drake. La reina, en ese punto, temía ya la llegada de una Armada española; pero temía, sobre todo, las consecuencias de ésta. Al contrario de que alguno de sus asesores, con análisis tal vez demasiado apresurados y superficiales, Isabel, que había aprendido de su padre a leer con especial precisión los movimientos orquestales en la oscuridad internacional, consideraba que la Armada ni siquiera tenía que desembarcar en Inglaterra con éxito para hacerle daño al país. Incluso fracasando, se decía, podría arrancar un éxito a largo plazo si el resultado de la expedición fuese: o bien la caída del rey francés en manos de la casa de Lorena o su sumisión a la misma; o bien, una alianza táctica entre España y Escocia, donde Isabel empezaba ya a experimentar hasta qué punto Jacobo tenía sus propias ideas.

miércoles, noviembre 18, 2020

La Armada (4: Drake, el antiespañol)

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La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


La Armada que finalmente fue diseñada para invadir Inglaterra vino a ser, de alguna manera, una mezcla de los planes de Bazán y de Parma, muñida por el rey como a él le gustaba, en la soledad de su despacho. Parma recibiría algunos refuerzos desde Italia, que habrían de llegar a las Provincias Unidas por tierra. Mientras se producía dicho traslado, Bazán debía acopiar una flota en Lisboa, diseñada tanto para enfrentarse y controlar a los barcos ingleses como para transportar tropas. Una vez que la Armada estuviese en el Canal, escoltaría a las barcazas de Parma hasta algún punto previamente designado, probablemente cerca de la desembocadura del Támesis. Una vez producido el desembarco, Álvaro de Bazán debería permanecer en la zona con sus barcos para garantizar la comunicación por mar de Parma con las Provincias Unidas. Estipulaba el rey que, si la flota inglesa presentaba batalla o si la ocasión de juzgaba propicia, Bazán debía dar dicha batalla; pero sin perder nunca de vista que su función principal era la escolta de las tropas que pretendían cruzar el Canal. Bernardino de Mendoza conocía este plan cuando menos medio año antes de la ejecución de María; y es más que probable que fuese ese conocimiento el que lo convenciera de la necesidad de presionar como presionó para que hubiese una contundente respuesta española.

lunes, noviembre 16, 2020

La Armada (3: una idea de maduración lenta)

Aquí están todas las tomas de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen los posts.

La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Si hubo alguien a quien la bula del Papa Pío animó en extremo, fue a William Allen. Es muy probable que el documento del pontífice, a pesar de no dejar de ser la típica posición aparentemente muy categórica pero, en realidad, sin consecuencia real alguna, fuese lo que le movió a creer en la posibilidad de algún tipo de movida violenta tendente a rescatar a María de las garras de los protestantes. Sabemos que en 1575, Allen ya formaba parte de varios planes de conspiración tendentes a realizar dicho rescate y a eliminar a Isabel de la ecuación de varias maneras. En ese momento, sin embargo, el campeón del golpismo católico, por así llamarlo, era un amigo de Allen, Nicholas Sander. Sin embargo, Sander intentó animar una revuelta en Irlanda, en una acción en la que perdería la vida. A su muerte, corrió el escalafón.

viernes, noviembre 13, 2020

La Armada (2: las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio)

Aquí están todas las tomas de esta serie. Los enlaces irán apareciendo conforme se publiquen los posts.

La carambola del cuanto peor, mejor
Las dudas y no dudas de Alejandro Farnesio
Una idea de maduración lenta
Drake, el antiespañol
La reina no quiere; pero da igual
Cádiz
Drake se queda sin fuerzas frente a Lisboa
Las indudables ventajas de luchar contra un gilipollas
La guerra flamenca de Diego Pablo Simeone
La peripecia de los reformados forales en Coutras
Alemanes, suizos, y viceversa
The pela is the pela
Don Álvaro se estresa y hace chof
La Armada se arma como buenamente puede
El Capitán América de la catolicidad entra en París
Ni sivuplé ni hostias
El tropezón coruñés
La famosa frase que Drake, probablemente, nunca pronunció
El librito de un dominico gilipollas y un primer asalto nulo
La batalla que fue como cuando John Connor dispara al cyborg
Entre Parma y Palmer, y sin barcazas
Por fin, los ingleses rompen la creciente
Por qué la Armada jode


Alejandro Farnesio, duque de Parma, Plasencia y Castro y gobernador general de las Provincias Unidas en nombre de su rey, Felipe de España, conoció la noticia de la muerte de María incluso antes de que Bernardino de Mendoza se la comunicase. Estaba en Bruselas, hibernando, y muy contento no se quedó. Desde que Farnesio se había unido a su tío, Juan de Austria, en el teatro holandés (1577), había estado obsesionado con una operación de rescate de María, la toma de Londres a sangre y fuego y la reinstauración en Inglaterra de la verdadera Fe. Tanto Parma como Juan de Austria habían llegado a la conclusión, personalmente creo que cierta, de que la única manera de que las Provincias Unidas se pacificasen bajo un gobierno católico era que el bastión puritano inglés cayese. Mientras tanto, los rebeldes siempre contarían con un oleoducto de dinero, medios y hombres. Para los españoles, intentar controlar las Provincias Unidas sin controlar Inglaterra venía a ser el mismo error que intentar controlar Vietnam sin controlar China.