viernes, octubre 06, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (25): El primer filósofo de la URSS

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Ya durante los años veinte, el debate de ideas había tenido gran importancia en el seno de los enfrentamientos del comunismo. La cuestión importante entonces no era tanto la elaboración e interpretación del marxismo, tema que se convirtió en principal en momentos como el que ya relatamos, de madurez del régimen; como la praxis y posibilidades de la construcción del socialismo. En aquellos tiempos, publicaciones como Pravda o la revista doctrinaria por excelencia, Bolshevik, estaban trufados de artículos de Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Stalin, Kalinin o Yarovslavsky. Sólo en los diez años posteriores a la revolución, León Trotsky publicó 21 volúmenes doctrinarios. El 4 de diciembre de 1924 se anunció que la oficina leningradense de la Editora Nacional soviética iba a abordar la publicación de los trabajos de Zinoviev; algo que esperaba le ocupase 22 volúmenes.

jueves, octubre 05, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (24): Ryskululy Ryskulov, ese membrillo

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



La colectivización forzada, por lo demás, no fue, en ningún caso, una opción política como tal publicitada y defendida. Stalin hizo aparecer todo como un proceso espontáneo “desde abajo” al que él no había hecho otra cosa que la RAE, limpiar, fijar y dar esplendor. El 7 de noviembre de 1929, apareció en Pravda un artículo que declaraba 1929 como el año en que se tenía que producir el gran cambio en el campo soviético. Como digo, el artículo pretendía defender la idea de que el Partido no estaba haciendo otra cosa que abrir las esclusas que los campesinos de la URSS querían ver abiertas. La realidad, sin embargo, era totalmente opuesta: los campesinos soviéticos estaban resistiéndose a la colectivización con todas sus fuerzas. Por eso, Stalin necesitaba no estar solo en aquella pelea; necesitaba, de hecho, que formalmente fueran otros los que “pidieran” ese cambio o lo exigieran. La fecha del artículo no es casualidad, porque el 7 de noviembre de 1929 es tres días antes de la apertura del Pleno de Comité Central en el que Stalin pretendía que el Partido asumiese como propias sus tesis.

miércoles, octubre 04, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (23): Stalin y Bukharin

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 


El comunismo soviético antes de Stalin había usado a la policía política para erosionar y acabar con otras formaciones políticas. Sin embargo, los primeros dirigentes comunistas, que estaban muy influenciados por el ejemplo de lo que le había acabado ocurriendo a los jacobinos, guillotinándose unos a otros, habían preferido mantener a los secretas lejos del propio Partido. Stalin, sin embargo, cambió eso. Cuando Stalin comenzó su cruzada contra la izquierda trotskista, utilizó a la policía para detener, ejecutar y exiliar a las víctimas de sus órdenes. Para ello, tuvo que crear todo un elemento argumental que justificase todo eso. Esos argumentos los elaboró en un escrito a principios de 1929, probablemente elaborado para el Politburo pero que luego hizo aparecer en Pravda en forma de editorial. Según su argumentación, los izquierdistas habían mutado en 1928, desde un grupo contra el Partido para convertirse en un grupo contra el sistema soviético en sí. Si había existido en el pasado una oposición trotskista dentro del Partido y del sistema, la actual (de 1929) estaba completamente fuera de él. De esta manera, la policía política, venía a decir, no atacaba a comunistas. Atacaba a anticomunistas. Lo que claramente buscaba Stalin era identificar todas las cosas que estoy seguro ya estaba pensando en hacer con la lucha de Lenin contra los mencheviques. Porque, una vez más, hay que recordaros que quien masacró primero a su enemigo político fue Lenin. Quien eliminó toda posibilidad de que pudieran existir corrientes internas dentro del Partido Comunista, fue Lenin. Stalin no negó a Lenin; lo completó.

martes, octubre 03, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (22): Dominando el cotarro

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado

Pero continuemos con la marcha de la economía y la sociedad soviéticas tras las reformas. La reforma del 32, y el estajanovismo que vino detrás, tuvo la lógica consecuencia de crear una aristocracia obrera soviética. Pero no fue el único cambio, porque también acabó por afectar, indirectamente, al nivel económico de los dirigentes industriales intermedios del Partido. Lenin, el inamovible Lenin, había creado un concepto, conocido como “máximo de Partido”, que en España ha sido adoptado por Podemos (por lo menos durante un rato). Según este principio, un dirigente del PCUS, por brillante que sea, no debería ganar nunca más que un trabajador cualificado (este principio se ha adoptado con el tiempo por un multiplicador del Salario Mínimo, pero esencialmente es el mismo principio). En realidad, ya a finales de los años veinte el máximo de Partido de Lenin estaba siendo sistemáticamente conculcado, a base de crear en la retribución partidaria figuras como los bonus y los puntos, extrasalariales y, por lo tanto, fuera de ese umbral. Sin embargo, cuando los burócratas del vodka y las putas comenzaron a ver cómo había obreros o ingenieros que conseguían vivir mejor que ellos, comenzaron a rezongar. Como resultado, el máximo de Partido fue eliminado en 1932.

lunes, octubre 02, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (21): Ni Marx, ni Engels: Stakhanov

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Platonovitch, que firmaba Andrei Platonov y así se lo conoce, no era un antirrevolucionario; eso sí, era un procomunista al que no acababa de convencerle la colectivización. Su gran pecado, en todo caso, fue escribir una obra, Pedro el Grande, que fue criticada como exaltación de la monarquía. Platonov y Tarle estaban radicados en Leningrado, por lo que ambos fueron objeto de la purga organizada allí por la Sociedad de Historiadores Marxistas (aunque, en realidad, mejor haría en llamarse Sociedad de Licenciados en Historia Marxistas) en el año 1931. Planotov, acusado de monarquista y de nacionalista (porque, sí, para los comunistas ser nacionalista era un delito; cómo ha cambiado el cuento, ¿eh?) fue desterrado a la ciudad de Samara, más tarde renombrada Kuibyshev, a mamarla a orillas del Volga. Platonov moriría allí en 1933; por lo tanto, no llegó a tiempo para su renacimiento, que se produjo en 1937, en medio del Terror, cuando Stalin, en gran parte inspirado en la figura de Pedro el Grande, rehabilitó a muchos intelectuales que habían destacado las virtudes de lo que podríamos llamar el pedroelgranderismo, entre ellos Platonov y el propio Tarle, quien sí vivió para poder contemplar, con indudable placer supongo, cómo los que un día le habían llamado escoria y le habían deseado la muerte pública ahora le comían los huevos.

viernes, septiembre 29, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (20): El Partido Industrial que nunca existió

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



A lo largo de 1928 y 1929, mientras en el campo se desplegaba la lucha de la colectivización y en los altos escalones del Partido se libraba la que sería en realidad postrera batalla de Stalin contra sus opositores, en parte como consecuencia, en parte como herramienta de todo lo que estaba pasando, se fue desarrollando la URSS como la conocemos: un Estado híper jerarquizado, que todo lo resolvía en conciliábulos de los que nada se sabe, basado en la existencia de una Administración mastodóntica, en la que Partido y gobierno se confunden, repleto de escalones en el fondo inútiles que sólo sirven para crear hordas de burócratas que han de votar en cada momento lo que se les insta a votar, a cambio de una existencia de vodka y putas en medio de un país en el que disponer de tres coliflores para un domingo era, literalmente, que te tocase la lotería.

jueves, septiembre 28, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (19): El Plan Quinquenal

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



El 20 de enero de 1929, en las vísperas del quinto aniversario de la muerte de Lenin, y aprovechando que los bolcheviques moderados todavía tenían mucho predicamento en el Pravda, la mujer de Lenin, Nadezhda Konstantinova Krupskaya, publicó un artículo, titulado Ilitch y la construcción del sistema de kolkhozes, en el que venía a defender que una adecuada política agrícola comunista debía pasar por un acercamiento no coercitivo al pequeño agricultor. Fue un intento de contestar a Stalin, aunque bastante poco efectivo. Por otra parte, el secretario general tenía sus maneras de contraprogramar esas ideas. Como ya os he dicho mil veces, Vladimir Lenin, como autor teórico, es una puta delicia, porque escribió tanto, y tantas chorradas, que, en realidad, no hay más que buscar para encontrar unas líneas suyas que avalen tu pensamiento. Esto fue lo que hizo Iosif. Stalin, en efecto, patrocinó la publicación a cascoporro de los textos de Lenin, porque los hay y son muchos, en los que propugnaba una política de terror en el campo soviético. Por ejemplo, el dirigente del PCUS le dio mucha boleta a una carta de Lenin al comisario de justicia, Dimitri Ivanovitch Kursky, defendiendo que el código penal soviético exigía el ejercicio del terror. La carta fue publicada por primera vez en 1930 en el boletín del Comité Central; pero daría muchas vueltas más aquellos años.

miércoles, septiembre 27, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (18): Qué error, Nikolai Ivanovtich, qué inmenso error

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 


Apenas cinco días después de terminar el juicio Shakty, el 11 de julio de 1928, se abrió en Moscú el VI Congreso de la Tercera Internacional o Komintern; en realidad, en el mismo teatro que el propio juicio. Participaron miembros de 55 partidos comunistas bajo la presidencia de Nikolai Ivanovitch Bukharin, que había sustituido a Hirsch Apfelbaum, más conocido como Grigory Yevselievitch Zinoviev. Bukharin era la nueva estrella emergente, nombrado presidente del Comité Ejecutivo de la Komintern. Obviamente, no lo había sido sin haber sido previamente mesmerizado y absorbido por Stalin. Por ello, las tesis defendidas por Bukharin ante el comunismo mundial eran, punto por punto, las de Stalin. Defendió el dirigente comunista la llegada de un “tercer periodo bélico”, que vendría a seguir el periodo revolucionario y la estabilización del comunismo. La principal diferencia entre Bukharin y Stalin era que el primero no compartía la visión del segundo de que la llegada de esta nueva amenaza bélica debía llevar al país al incremento de la colectivización. Sí estaban de acuerdo, en todo caso, en la conclusión fundamental que sacó la Komintern: el giro a la izquierda, esto es, el fin de toda colaboración con la socialdemocracia.

martes, septiembre 26, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (17): El caso Shatky, o ensayo de purga

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



No por casualidad los agricultores habían sido el gran enemigo de los escritos de Lenin. Como el padre de la revolución rusa había adivinado, los agricultores rusos no podían estar a favor del comunismo; para hacer más tragable esta realidad, Lenin se inventó una categoría de agricultor: el kulak, por definición egoísta y encadenado a sus privilegios. Pero fue, básicamente, una invención para no declararle una guerra total al campesinado, que temía en sus consecuencias. Guerra que Stalin, sin embargo, llevaría a cabo.

lunes, septiembre 25, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (16): La victoria final sobre la izquierda

 La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado

Hay que reconocer, además, que Stalin fue muy hábil, por mucho que su audiencia estuviera entregada, que lo estaba, para volver las cosas a su favor. Reconoció sin ambages que Lenin había recomendado sustituirle en la secretaría general a causa de su rudeza (otra mentira, porque no era sólo por eso). Pero añadió: “Sí, soy rudo; soy rudo con todos aquéllos que quieren romper traicioneramente el Partido. Nunca lo he ocultado y no lo voy a hacer ahora. Puede que hubiera que desplegar alguna gentileza hacia estas personas. Pero yo no soy así. En la primera sesión del pleno del Comité Central siguiendo el XIII Congreso, le pedí a dicho pleno que me relevase de mis funciones como secretario general. El congreso debatió esta posibilidad y todos los delegados, incluyendo Trotsky, Kamenev y Zinoviev, aprobaron unánimemente que permaneciese en mi puesto [de hecho, como ya hemos visto, Kamenev se destacó hablando en favor de dicha permanencia] ¿Qué debería hacer: marcharme? Eso no está en mi naturaleza. Nunca he abandonado un trabajo, ni siquiera tengo derecho a hacerlo porque estaría desertando. Un año después, de nuevo le pedí al pleno que me sustituyera y, de nuevo, se me pidió que siguiera. ¿Qué más puedo hacer? No olvidéis que el testamento de Lenin no dice una palabra sobre los errores de Stalin, sólo su rudeza”.

viernes, septiembre 22, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (15): Cinco horas de reproches

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 

 

El Congreso tuvo consecuencias inmediatas. El Comité Central, cierto, confirmó a Zinoviev como presidente del Comité Ejecutivo de la Konmintern; pero, la verdad, daba igual, porque poco tiempo después esa figura fue abolida. Por otra parte, Kirov reemplazó a Zinoviev al frente del Partido en Leningrado; Kamenev fue relevado como vicepresidente del Sovnarkom y presidente del Consejo de Trabajo y Defensa. Zinoviev y Kamenev permanecieron en el Politburo; pero en la misma elección entraron como miembros de pleno derecho Molotov y Voroshilov, o sea, dos stalinitos.

jueves, septiembre 21, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (14): Una casa en las montañas y un accidente sospechoso

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 


Iosif Stalin tenía la convicción del socialismo en un solo país, pero poco más. De los diferentes tipos de sabiduría que trató de practicar en toda su vida, probablemente la economía fue la que menos entendió. A lo largo de su vida, aparentemente se interesó vivamente por los trabajos de Bukharin, Preobrazhensky, Stanislav Gustavovitch Strumilin o, incluso Vasili Leontiev; pero todos los indicios son de que nunca fue capaz de penetrar en la densa terminología y lógica de los modelos económicos. Así las cosas, desarrolló una teórica muy sencilla, basada en la necesidad de que la URSS fuese una nación muy poderosa económicamente, súper industrializada, en la que los campesinos fuesen introducidos en el socialismo de una forma más o menos obligatoria. En otras palabras, su principal instrumento económico era la dictadura del proletariado.

miércoles, septiembre 20, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (13): Stalin 1-Trotsky 0

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Bien. Continuemos en el momento del deceso del amado líder. A las 6 y 20 de la tarde de aquel 22, Kalinin, en su condición de presidente del Comité Ejecutivo Central del Comité Central, invitó a los miembros del Presidium de dicho Comité Ejecutivo a ocupar sus puestos en la tribuna. Con el tiempo se diría que Stalin fue el único orador; lo cual es mentira, porque hubo muchos más discursos.

martes, septiembre 19, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (12): El cerebro de Lenin

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado


Aunque no sabemos muy bien quién fue el padre de la idea, la muerte de Lenin acabó por suponer una decisión no muy habitual. El liderazgo indiscutible de Vladimir Ilitch en el Partido Comunista ruso había terminado por construir el mito de que Lenin era una persona de inteligencia muy especial, casi sobrehumana. El caso es que, poco tiempo después de su muerte, su autopsia y su momificación, un grupo de médicos, la mayoría de ellos del equipo que había tratado el cadáver, decidió proponer que el cerebro de Lenin fuese sometido a un estudio científico. Como digo, esta decisión pudo ser una decisión personal de los médicos (bastante improbable); o estar teledirigida por alguno o algunos de los líderes del Partido.

lunes, septiembre 18, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (11): El rey ha muerto

 La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado


Trotsky se mostró en el congreso muy contrario a las tesis básicas de Lenin. Lev consideraba que agrandar el Comité, lejos de darle estabilidad, se la restaría. Propuso la formación de un Consejo del Partido formado por dos o tres docenas de personas, nada más. Este órgano controlaría al Comité Central y le transmitiría directrices. El congreso rechazó esta propuesta y adoptó la de Lenin de fusionar la Comisión del Comité Central y la Inspección de Trabajadores y Campesinos.

viernes, septiembre 15, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (10): El líder no se aclara

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Según relató Bukharin, Lenin estuvo presente en loor de multitud, el 13 de noviembre de 1922, en el IV Congreso de la Komintern. Allí recibió un homenaje total, con la alemana Clara Zetkin cayendo a sus pies para besarle las manos y todo, y para todos se hizo evidente que el fin del líder estaba cercano. El día de Nochebuena de aquel año, Stalin, Kamenev y Bukharin se reunieron para discutir el tema de la situación tras la previsible pronta muerte de Lenin. Decidieron prescribirle al líder una dieta de trabajo de cinco a diez minutos diarios de dictado; pero le prohibieron tener correspondencia. Se prohibieron las reuniones, y se le prohibió a todas las personas que lo rodeaban o visitaban que le diesen noticias de la vida exterior, por así decirlo.

jueves, septiembre 14, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (9): La Carta al Congreso

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



El nombramiento de Stalin como secretario general ni fue sorpresivo ni inquietó mucho a sus camaradas. Con Lenin vivo, muchos de los hombres que colaboraron en aquel nombramiento (no pocos de los cuales eran, la verdad, como el whisky que bebe Estela Reynolds: cortitos) consideraron que se trataba de un nombramiento poco menos que simbólico, el tipo de gabela que le das a un tipo para que corte cintas e inaugure institutos con el nombre de Karl Liebnecht; porque, al fin y al cabo, Lenin estaba vivo (en realidad, estaba más muerto que vivo) y el tema de la sucesión no estaba encima de la mesa (llevaba ya meses, sino años, en el cajón de Kamenev y del propio Stalin).

miércoles, septiembre 13, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (8): Secretario general

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado  



En aquellos tiempos en los que Lenin todavía estaba vivo, Stalin procuró acercarse lo más posible a las que consideró figuras más eficientes del Partido, sobre todo en el campo de la economía. Esto es hablar, fundamentalmente, de Nikolai Ivanovitch Bukharin, Alexei Ivanovitch Rykov y Milhail Pavlovitch Tomsky (nacido Yefremov). De los tres, claramente, el más importante era Bukharin. En aquellos tiempos Bukharin, quien por otra parte era persona bastante accesible, y Stalin, llegaron a ser algo parecido a buenos amigos. Eran vecinos, pues vivían en apartamentos muy cercanos; y Stalin pronto se dio cuenta de que Bukharin, al contrario que Zinoviev, no albergaba ninguna ambición personal de poder. Respecto de Alexei Rykov, Stalin tenía una actitud mucho más cauta. Primero, porque Rykov fue quien sustituyó a Lenin al frente del Sovnarkom, lo cual lo convertía en una persona temible por su poder. Y, segundo, porque Rykov era muy directo y cortante. A mucha gente le costaba trabajar con él y, tarde o temprano, acababan por solicitar traslados si tenían que relacionarse con Rykov diariamente. Era, por lo demás, el principal teórico de la NEP; consideraba que el socialismo, si quería crecer, debería cuidarse de mantener la autonomía de los pequeños productores. Con su habitual estilo directo y poco diplomático, Rykov hizo un discurso en 1922 ante el soviet de Moscú en el que puso de vuelta y media a los críticos de la NEP; un discurso que Stalin nunca olvidaría.

martes, septiembre 12, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (7): El amigo de Zinoviev y de Kamenev

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



La represión de la rebelión de agosto de 1924 fue demasiado, incluso para un Partido tan poco cuidadoso con los daños colaterales como el comunista. Semanas después de la traición de Beria, cuando sus detenciones estaban en todo lo gordo, el Politburo en Moscú decidió crear una comisión especial para investigar el mojo, al frente de la cual colocó al georgiano Sergo Ordzhonikidze. Como consecuencia de esta investigación, la Cheka georgiana fue purgada de lo que se denominó “elementos indeseables”. Pero Kvantaliani y Beria salieron indemnes; o sea, había habido violencias, pero los jefes de todo, al parecer, no se habían enterado. Todo esto no era sino el fruto de la protección del señor éste tan bueno, tan bueno, que se suicidó por lo malo malísimo que era Stalin, o sea Ordzhonikidze. Este nota tuvo en la mano acabar con la carrera de Beria, y no lo hizo. Luego, claro, que si las purgas del camarada son excesivas cuando afectan a comunistas; pero cuando afectaban a simples campesinos compatriotas, bien que le gustaban. En 1924, Beria y Nino tuvieron su primer hijo y, por supuesto, lo llamaron Sergo.

lunes, septiembre 11, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (6): El joven chekista

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Volvamos con Beria. En noviembre de 1920, Iosif Stalin visitó Bakú; pero no tenemos, en realidad, ningún dato que nos permita estimar que él y Beria se conociesen. Como chekista que ya era, Beria era en ese momento un hombre de Serge Ordzhonikidze, mucho más que de Stalin. Los bolcheviques, siendo la tendencia general marcada por la revolución, se llevaron por delante el gobierno vigente en Armenia en 1920, y al año siguiente el de Georgia.