jueves, octubre 13, 2016

Trento (6)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia.

Luego hemos entrado a ver el grave problema que supuso la penetración de la Reforma en Italia.

Todos aquellos esfuerzos papales, como decíamos, acabaron en el cesto de los papeles y, de hecho, no pocos de quienes fueron fichados entonces por el Vaticano acabaron malamente. En realidad, Roma haría, ante la seria amenaza protestante en Italia, aquello que se le daba mejor hacer que, sin duda, era ponerse de canto y comenzar a repartir hostias, y no precisamente en su sentido litúrgico.

lunes, octubre 10, 2016

Ego cum isto boneto

Este post se lo dedico al doctor,
a la persona,
que un día pronunció delante de mí
las dos palabras malditas:

"Es maligno".




De la Humanidad hay cosas que están claras, y otras que no tanto. Pero una está fuera de toda discusión: alberga, con seguridad, más tontos que rodamientos. En la nómina del género humano pace una cantidad inacabable de mistabobos, tontos de la mata de habas, creyentes disparatados y gentes de otros variados pelajes, que creen, simple y llanamente, no lo que ven ni lo que pueden adverar, sino lo que quieren creer. De esta audiencia tan nutrida han vivido siempre los charlatanes, mejor o peor intencionados. En el fondo, este post, sin hablar de esta gente, la hace protagonista.

martes, octubre 04, 2016

Trento (5)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia.

Al contrario de lo que pueda parecer en un principio, la Reforma luterana, cuando se produjo, tuvo un importante impacto en la península italiana. Los cristianos de la península, que eran casi todos, se mostraron desde el principio muy interesados por la doctrina de la justificación absoluta por la muerte de Jesús y la fe, lo cual no es de extrañar puesto que a quien creía en ella lo liberaba de la presión y la disciplina de los sacerdotes, que en Italia, como en España, era muy estrecha.

miércoles, septiembre 28, 2016

Trento (4)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús.

La Compañía de Jesús nació en el momento más necesario para el papado. Escandinavia e Inglaterra habían salido ya de su ámbito de influencia, y en Alemania la lucha se estaba perdiendo claramente. Sin embargo, lo más importante en el Vaticano no era eso. Lo más importante eran las fuertes tendencias de oposición que se apreciaban en los bastiones católicos de Europa, como Francia, Italia o España, donde había mucha gente que estaba bastante hasta los huevos de los escándalos de la Curia. Una de estas personas era el emperador en persona, Carlos, quien demandaba una reforma a fondo de la institución.

lunes, septiembre 26, 2016

EEUU (38)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano.



Estamos ya en el último cuarto del siglo XIX; una época en la que van a pasar muchas cosas, no sólo en los Estados Unidos sino también en el mundo entero. El año 1873 fue testigo de un pánico de negocios muy intenso que provocó una caída generalizada de los precios. Aquella deflación, unida a la mayoría de edad experimentada por ese proceso que conocemos como Revolución Industrial, provocó una enorme competencia entre los países más ricos del planeta. Todos ellos, sin excepción, se entregaron a la conquista de mercados y de provisiones de materias primas a través de políticas coloniales. Estados Unidos no permaneció ajeno a aquel fenómeno; de hecho, para el país había comenzado eso que Gore Vidal ha llamado su etapa imperial.

miércoles, septiembre 21, 2016

Trento (3)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos.

La esencia de los jesuitas no es algo nuevo. La íntima unión entre el mundo caballeresco y religioso, entre la cruz y la espada, es algo con lo que la religión católica llevaba coqueteando, y más que coqueteando, desde los siglos de las cruzadas. En Europa, sin embargo, esta identificación colaborativa hacía desaparecido en buena medida, con la única excepción de España. España, ya en los tiempos del Renacimiento, era diferente. Como nación, tenía una especificidad que ninguna otra nación de Europa podía mostrar, y era ese proceso que aquí conocemos como la Reconquista, esto es, el largo camino de siglos por el cual la religión cristiana recuperó de manos del moro el solar que un día había sido suyo.

lunes, septiembre 19, 2016

Trento (2)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma.

En el año 1012, un religioso llamado Romualdo, residente en Camaldoli, pueblo toscano cercano a Arezzo, había fundado una orden religiosa que tomó su nombre del lugar donde nació; sus acólitos pasaron a llamarse camaldulos o, más comúnmente, camaldulenses. Los camaldulenses se consolidaron como una vertiente especialmente dura de la regla benedictina, que es uno de los grandes pilares de la vida monástica católica. Los camaldulenses vivían en ermitas, concentrados en pequeñas células separadas unas de otras, que únicamente se unían en el oratorio a las horas de oficios divinos. Llevaban una vida rigurosa que incluía periodos prolongados de silencio total. No podían comer carne rien du tout.

jueves, septiembre 15, 2016

Trento (1)

Hace tiempo que quería plantearme escribir la Historia de la contrarreforma católica y, muy especialmente, el Concilio de Trento. La verdad, es un pedazo de la Historia de Europa que me apasiona de forma especial, y que de hecho encuentro verdaderamente interesante. Hay momentos históricos que presentan perfiles especialmente intensos, y la Contrarreforma es uno de ellos. Pocas veces antes, y pocas veces después, ha estado Europa tan sometida a tensiones y críticas en una situación tan dividida. La Contrarreforma es la responsable de que muchas cosas en nuestras vidas sean como son, por mucho que nosotros, con ese narcisismo contemporáneo de quien cree que todo lo que no ha ocurrido el mes pasado no tiene importancia para su vida, creamos que ésos son tiempos rancios que no nos conciernen. 

Lejos de ello, el siglo de Trento tiene muchas cosas que hoy tenemos por modernas: ruptura sistémica, desarrollo de nuevas soluciones, conflictos diplomáticos larvados en los cuales las partes pasaban de amigas a enemigas con gran facilidad... En realidad, estamos hablando de unos tiempos más modernos de lo que creemos. En última instancia, ya sabes: es mi blog, y eso quiere decir que escribo sobre, literalmente, lo que me apetece.

Ponte cómodo. El viaje será largo, porque hay bastantes cosas que contar.

lunes, septiembre 12, 2016

El jefe de Estado que se tiró de un tren

Hay mucha gente en este mundo que cree en la bondad intrínseca del voto. Quiero decir, gentes que admiten que una persona puede equivocarse, pero ocho o diez millones, ni de coña. La consecuencia lógica de pensar esto es pensar que lo que la gente vota siempre está bien votado y que el pueblo es intrínsecamente sabio.

Como idea, no esta mal. Como realidad, es una gilipollez.

La gente, más a menudo de lo que creemos, no solo vota gilipolleces, sino que vota a perfectos gilipollas. No me refiero al típico político, tipo Aznar o Zapatero, del que unos dicen que es galgo y los otros que podenco. Me refiero a gente tonta del culo o inútil total, a los que ni su madre defiende. Por increíble que pueda parecer, este tipo de personajes también llega lejos. Hoy os quiero referir la historia de uno de estos; un tipo desbaratado, como cantaban Los Payasos de la Tele de don Pepito y don José. Un persona que estaba mal de la cabeza, y no es una forma de hablar; pero que se las arregló para ser, ahí es nada, presidente de la República Francesa.

miércoles, septiembre 07, 2016

Estados Unidos (37)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.



Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland.

En buena parte, este resultado del regreso de Cleveland no se debe a él; se debe al nacimiento, al oeste del Mississippi, de un nuevo partido, conocido como los populistas, que consiguió un millón de votos y cuatro Estados para su candidato, el general James B. Weaver de Iowa. Y es que la penúltima década del siglo supone para Estados Unidos el auge del populismo como estrategia política.

lunes, septiembre 05, 2016

La herejía pauliciana

En el año 1717, una viajera inglesa, lady Mary Wortley Montagu, visitó la vieja Constantinopla y su, por así decirlo, zona de influencia histórica. Entre las ciudades que visitó estaba Filipópolis (actualmente Plovdiv, la segunda ciudad más poblada de Bulgaria). En una carta en la que refiere dicha visita, Mary Wortley cuenta que ha encontrado en la ciudad a una secta de cristianos que se hacen llamar a sí mismos paulinos; que poseían una iglesia en la que, según sus tradiciones, Pablo de Tarso había predicado. La viajera inglesa no lo sabía, pero acababa de encontrar los últimos (bastante romanizados ya) vestigios de una secta gnóstica, los paulicianos, que había tenido no poca importancia un milenio antes del momento en que ella visitó la actual Bulgaria. Lo suficientemente importante como para que en esta ventanita les dediquemos unos párrafos.

jueves, septiembre 01, 2016

Estados Unidos (36)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.


Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland.


En todo caso, conforme estas legislaciones de control se fueron desplegando quedó claro que se estaba aplicando una terapia estatal a un problema que era interestatal. En 1886, dos sucesos convencieron a la Casa Blanca de que no podía seguir sin intervenir en el asunto ferroviario. El primero de ellos fue un voluminoso informe que se hizo público en enero, y que detallaba las conclusiones de una investigación senatorial sobre las prácticas ferroviarias que había sido dirigido por el senador Shelby M. Cullom de Illinois. El informe le atizaba de lleno a los consejos de administración de las compañías ferroviarias y establecía la necesidad de una comisión federal que los controlase. En octubre de ese mismo año, el Supremo falló el denominado como caso Wabash, que venía a ser como una enmienda a la totalidad de Munn versus Illinois, puesto que concluía que los Estados no podían fijar tarifas dentro de sus límites si la línea ferroviaria afectada salía hacia otro Estado.

martes, agosto 30, 2016

Enemigos por Alá

Saudi Arabia and Iran: Power and Rivalry in the Middle East de [Mabon, Simon]



Qué: Saudi Arabia and Iran. Power and rivalry in the Middle East.
Quién: Simon Mabon.
Dónde: I. B. Tauris.
Cuánto: 19 pavos y 34 pollitos en la tienda Kindle.
Nota: 8,5 sobre 10.



Es vicio común de quien desconoce algo contra lo que alberga algún tipo de prevención contemplar ese algo como una realidad monolítica y sin fisuras. Esto le ocurre muy a menudo a muchos dizque conocedores del franquismo, al que observan como una larga noche de cuarenta años en la que no se movió la menor disensión; siendo lo cierto que todos o casi todos de los fieles seguidores del general se pasaron aquellas cuatro décadas dándose entre ellos unas hostias como panes (algunos de ellos incluso se intercambiaron alguna que otra granada de mano sin seguro). Lo mismo le ocurre a mucha gente con el mundo musulmán; gente que cree que basta declamar eso de que Alá es Grande para que todos los musulmanes se muevan en la misma dirección. Si formas parte de ese "mucha gente", sería bueno que te leyeses este libro.

El mundo musulmán, en realidad, es un dédalo de sensibilidades, y de ambiciones que se apoyan en esas sensibilidades para sobrevivir en la lucha de poder. Has de pensar, sin ir mas lejos, que tanto el presidente Hosni Mubarak, que fue destituido por la primavera egipcia; como los Hermanos Musulmanes que capitalizaron aquella revolución en su inicio; como el general al-Sisi que finalmente dio un golpe de Estado contra éstos; todos, todos ellos, son musulmanes. No hay en los sucesos de Egipto ni un adarme de conspiración judeomasónica o cosa parecida. 

El mundo musulmán es muy vario, y a una de sus principales quebradas está dedicado este libro, esto es, a la descarada rivalidad existente en eso que llamamos Oriente Medio entre el, por así decirlo, modelo iraní, y el modelo saudita (mal llamado árabe; aunque, bien pensado, mucho peor es motejar a los persas de árabes, y lo hace un huevo de gente). 

Simon Mabon es profe e investigador en la universidad de Lancaster, universidad que tiene un departamento de Política, Filosofía y Religión dentro del cual está integrado. De una forma muy meticulosa y sistemática, dedica este libro a estudiar las diferencias existentes entre estos dos modelos políticos y sociales, y las consecuencias que ello tiene en materia de política de exterior. Obviamente, la primera de las cosas que hay que contar es que, puesto que desde que el Imperio Romano entró en modo run-off la ambición geopolítica se ha acostumbrado a travestirse de problema religioso o de conciencia, el primer elemento que separa a persas de saudíes son sus creencias. Ser islámicos ambos, lejos de unirlos, los separa.

He pensado muchas veces, al leer este libro y otros tantos sobre la materia, cómo se le puede explicar a un occidental la magnitud y significado de las diferencias o cismas existentes entre el shiísmo y el sunismo o, menor deberíamos decir, el wahabismo, que es la escuela sunita abrazada por la familia al-Saud, que como es bien sabido son los Caponatos de ese Barrio Sésamo llamado Arabia Saudita. Sinceramente, la ruptura generada por el protestantismo luterano creo que no sirve, por mucho que efectivamente sirviese como disculpa para jugar cartas geopolíticas, como hizo Enrique VIII de Inglaterra, o nuestro Carlos I de España, V de Germania. En realidad, creo que para entender bien los elementos de estas diferencias habríamos que ir a referencias más cultas, y pensar, sobre todo, en las polémicas surgidas en el primer milenio del cristianismo en torno, sobre todo, a la naturaleza de Jesucristo y su relación con Dios; polémica solventada por bastante poca elegancia por la Iglesia católica oficial con ese constructo que conocemos como Santísima Trinidad; y que, además, se explica, en buena medida, por una lucha telúrica entre dos fuerzas, normalmente conocidas, simplificando, en Oriente y Occidente, por dominar la una a la otra; por dominar el mundo, puesto que el mundo, para ellos, equivalía básicamente a eso que los escritores del pasado llamaban el ecumene circunmediterráneo, que es una expresión que la sueltas un domingo de paella y tu cuñado ya no vuelve a decir de ti que eres un ignorante.

Dado que el tema musulmán es discusión también común de las reuniones dominicales familiares, este libro te va a dar muchos elementos de conocimiento para intervenir en esos debates y hacer eso que tanto te gusta de decirle a tu padre, con media sonrisa en la boca, que no tiene ni puta idea, y además demostrarlo. Shiísmo y wahabismo tienen serias diferencias teológicas, diferencias que, además, en mi opinión se ven agravadas, como ya he tenido ocasión de comentar, por el hecho de que las dos creencias juntas no han tenido jamás una autoridad teológica única e inapelable, como sí le ocurre al orbe cristiano con la figura (discutida y discutible) del Papa. Sin embargo, las diferencias entre shiíes y wahabitas no pasarían (que ya es mucho) de competiciones de fidelidad creyente, si no fuese por el hecho de que el área en el que desarrolla esa competencia, Oriente Medio, es un área de gravísimos enfrentamientos geopolíticos y donde además la pasta, literalmente, mana de la tierra a chorros.

Una de las virtudes, y digo bien virtudes, del libro de Mabon, es el escaso papel que juega en sus páginas el problema palestino. Muy a menudo, el análisis (interesadamente) superficial sobre la situación en Oriente Medio acude al conflicto árabe-israelí (en realidad, musulmán-hebreo) para explicar la mayoría de las cosas. A mí me da la impresión de que el autor del libro que estoy citando aquí ha querido, conscientemente, demostrar en sus páginas que, si bien el conflicto palestino es de gran importancia, existen otros vectores de tensión que ni siquiera pasan por los confines del actual Estado de Israel o por los de la demandada patria de los palestinos. En realidad, el elemento nuclear de los problemas descritos en el libro es la revolución jomeinista en Irán (de la que ya hemos hablado aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) y sus consecuencias desde el punto y hora que generó en la zona del Golfo Pérsico una potencia política, económica y militar de corte shií que tenía una clara aspiración de recoger el testigo del arabismo un día propugnado por Abdel Nasser en Egipto. El papel de Irán, exacerbado por la revolución, se ha encontrado algunos caminos expeditos gracias a la crisis y desaparición como poder organizado de Irak, tras las dos guerras del Golfo.

Irán y Arabia Saudí conforman dos modelos diferentes dentro de la ideología geopolítica musulmana. El shiísmo, como corresponde a una rama del Islam que concede importantes dosis al sacrificio e incluso al martirio, tiene, o a mí me lo parece, una tendencia natural hacia los humildes. El wahabismo es una teología más propia para un país que quiere ser teocrático y monárquico (no se olvide que un nombre como Arabia Saudita viene a equivaler a que Reino Unido se llamase oficialmente United Windsors' Kingdom, o nosotros España Borbónica...). Es difícil que dos formas tan diferentes de ver el Islam, y su misión en el mundo, puedan cohabitar pacíficamente; máxime si tenemos en cuenta que en toda creencia musulmana la ciudad de La Meca juega un papel fundamental, y que Arabia Saudita es, precisamente, el país guardián de su mezquita y, consecuentemente, de sus obligatorias peregrinaciones. Esto hace que shiísmo y wahabismo se tengan que relacionar sí o sí, lo cual no deja de ser un problema.

Ya es difícil, como digo, que, en esencia, dos visiones tan diferentes del Islam puedan cohabitar en paz; pero menos aun lo es, tal es creo yo una de las tesis fundamentales del libro de Mabon, tras la revolución iraní. La revolución que expulsó del país al sha Pahlevi y colocó en el poder al imán Jomeini supuso la creación de un foco irradiador en el Golfo Pérsico, visceralmente antiamericano, con una identidad musulmana propia. En ese entorno, es lógico que los Estados Unidos consolidasen un pacto de hierro con Arabia Saudita para conseguir mantener su presencia en la zona; pero, en realidad, el enfrentamiento entre persas y árabes va mucho más allá de una postura respecto de los intereses occidentales en el área, puesto que ambos están luchando por la preeminencia en la zona; por un liderazgo zonal.

Ambos sistemas, el shií y el wahabita, adolecen de tensiones internas. En el caso de Irán, sobre todo, puede citarse su diversidad de religiones, que es mayor de lo que comúnmente se sospecha, agravada por el hecho de que, en la práctica, a veces Irán acaba por ser un país en el que es más fácil ser, por ejemplo, judío que sunita. Esta diversidad de religiones también es una diversidad de identidades que introduce en el país, a pesar de su fuerte identidad histórica, tendencias centrífugas (que son mucho más evidentes en Irak). Por último, cabe citar la propia evolución del Estado iraní, esto es de su revolución, que en algunos momentos ha parecido dar pasos hacia una moderación que, sin embargo, ha quedado posteriormente desmentida, para luego ser capaz de firmar un pacto nuclear con los Estados Unidos; visto con perspectiva temporal, da la impresión de que Irán está bailando una yenka ideológica que tal vez sea una estrategia o tal vez venga a significar que, simple y llanamente, no sabe para dónde tirar. Irán tiene un sistema seudoparlamentario muy imperfecto que se lo pone muy difícil a las tendencias reformadoras o evolutivas; pero eso no quiere decir, necesariamente, que esas tendencias no tengan rincones por donde fluir y, ya se sabe, be water, my friend...

En el caso de Arabia Saudita, las tensiones son también muy perceptibles. El hecho de que se trate de un país con una escasa identidad como tal (carece de Historia propia, cosa que los iraníes se ocupan de recordar muy a menudo) y de que su estructura sea básicamente tribal, introduce elementos de dispersión y debilidad que la familia reinante ha tratado de mitigar mediante la curiosa estrategia de multiplicar su número, para así poder aspirar a alianzas y casamientos varios que le permitan controlar el polvorín tribal. Con todo, el principal problema que tiene Arabia es su lucha con elementos más fundamentalistas que ella misma, que no acaban de entender su entente con los Estados Unidos, amén de otras actuaciones en los campos político y religioso. Ya ha tenido el país serias advertencias de todo esto, quizás la más grave de todas los conflictos surgidos en 1979, cuando un grupo de fundamentalistas trataron de tomar el control de la mezquita de La Meca.

Irán está permanentemente atenta a estos movimientos de la sociedad árabe, tratando de abrir zanjas entre la misma y la familia que la gobierna. Las apelaciones a la masa social árabe, nos dice Mabon, son constantes entre los persas cuando se dirigen a la sociedad árabe, en un intento de trabar una vinculación entre ellos mismos y esa sociedad, la "gente corriente" que, según la tesis shií, no se siente representada por sus gobernantes. Al lector español tal vez le suele esta aproximación retórico-política. Con todo, Arabia Saudita cuenta con una minoría shií que podría operar como una especie de quinta columna; Mabon, sin embargo, parece apostar, aunque no lo diga así, por un estallido en otro teatro, que es Bahrein. Bahrein pertenece al conjunto de Estados de la península arábiga y, por lo tanto, es una nación de influencia saudita; pero tiene una fuerte población shií, lógicamente muy proclive a escuchar los mensajes que llegan de Teherán.

Resulta curioso, tristemente curioso, que, a pesar de que es común escuchar y leer críticas hacia las grandes potencias por su desempeño insensible en la geopolítica, estos dos actores, parece, han terminado por desarrollar los mismos usos que esos gigantes a los que critican. En ambos casos, en efecto, Irán y Arabia han creado sus terminales, sus grupos influidos o financiados, que son los que en realidad se dan de hostias. Por lo tanto, así como cuando Estados Unidos y la URSS se quisieron arrear sin que se notase lo hicieron en lugares como Corea o Vietman, estos dos actores del Golfo Pérsico también se buscan sus amigos que defiendan sus cosmovisiones mediante la violencia, más allá de sus propias fronteras.  En parte, la guerra de Siria se explica por ello.

Libro, pues, clarificador y muy bien documentado, escrito por un autor que sin duda sabe de lo que escribe. Capaz de sorprender en varias de sus páginas y, sobre todo, de aportarle al lector curioso una visión más completa de aquello que trata de desentrañar. Todo esto lo hace recomendable.

miércoles, julio 20, 2016

La caída del Imperio (y 14: el final)

Ojo, que con este post me piro de vacaciones. Dejo el imperio cautivo y desarmado, pero prometo volver en septiembre con la Historia de los Estados Unidos y, probablemente, también con la crónica de los concilios de Trento. A bientôt.

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.
  12. La (no muy triunfante) campaña occidental de Atila, y su muerte.
  13. La deriva hacia la nada del Imperio occidental.

Visto cómo se desarrollaron las cosas, no es nada aventurado decir que tal vez el emperador León, consciente de que no tenía muchos más méritos que Antemio para ser emperador oriental y que éste tenía un importante predicamento militar, no pactase con él la solución por la que se hizo emperador con sede en Rávena. Y no sería nada extraño considerar que, tal vez, una de las condiciones que puso Antemio para aceptar fue el apoyo de Constantinopla a sus operaciones africanas. Porque el hecho es que el Imperio Oriental se metió en la expedición de hoz y coz, financiándola con auténticos pastones.

miércoles, julio 13, 2016

La caída del Imperio (13: lo de los hunos se acaba, y los romanos de mal en peor)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.
  12. Su paso a la ofensiva en el oeste de Europa.

Si la suerte de Roma después del conjunto de invasiones y guerras a que se tuvo que enfrentar en los primeros años del siglo V no era como para tirar cohetes, el futuro que le esperaba a los hunos tras la muerte de Atila no era mejor. La Historia de los hunos, de hecho, es remarcable tanto desde el punto de vista de su ascensión como del de su caída. Si para la primera apenas necesitaron cuarenta años, para la segunda no se tomarían más allá de quince o dieciséis.

lunes, julio 11, 2016

La caída del Imperio (12: hacia Finis Terrae, y aun más allá)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.

La decisión de Atila de ir hacia el oeste no tiene una exégesis fácil. La porción Sálvame de la Historia de la época que nos ha llegado, porción que no es en modo alguno despreciable, nos ha dejado el rumorcillo de que Atila decidió ir a por el Imperio ravenés porque tenía una oferta. Esa oferta provenía de la hermana del emperador Valentiniano III, una mujer muy echada para alante llamada Iusta Grata Honoria. Ambiciosa y por lo que se ve capaz de velar por sus propios intereses, Justa Gracia le habría ofrecido a Atila casarse con él, aportando más o menos la mitad del Imperio occidental como dote. Las tradiciones escritas dicen que le mandó un broche con su retrato, acompañado con una carta explicativa de la movida; y que Atila, cuando la leyó o se la leyeron, dijo ésta es la mía.

¿Qué parte de esta historia es cierta? Es evidente que no lo sabremos nunca pues, aunque con los años aparezcan nuevos testimonios que hoy no conocemos, con toda seguridad adolecerán de la parcialidad de los panegíricos y textos movidos por el odio que hoy forman nuestro corpus de conocimiento sobre el tema. Eso sí, hay cosas que nos permiten hacer alguna que otra especulación. Por ejemplo, no hay que olvidar que Honoria era hija de Gala Placidia, la del útero multifunción, vaginalmente preparada para servir tanto para un roto romano como para un descosido godo. De su madre bien pudo aprender Honoria que no importa demasiado el aspecto ni el olor de un guerrero si es capaz de acopiar y conservar poder. Gala le había dado un hijo al godo Ataúlfo; una buena demostración de que era capaz de llegar donde hiciese falta a cambio de poder jugar el intrincado juego de poder romano.

La cosa es que a Honoria las cosas no le habían ido bien. Se había dedicado a chuscar con uno de los altos funcionarios de la Corte, llamado Eugenio, que la dejó en estado de gravidez. Eugenio acabó ejecutado por esa tontería y Valentiniano, tal vez aprovechando la situación pues es evidente que su hermana era muy ambiciosa, decidió imponerle un matrimonio de conveniencia con un senador de tercera fila, un tal Herculiano. Fue ante la perspectiva de tal matrimonio que Honoria le escribió, al parecer, a Atila para excitarle sus ambiciones territoriales.

Cuando se descubrió lo que había hecho, Honoria fue sometida a arresto domiciliario bajo la atenta vigilancia de su madre; un arresto del que, en todo caso, parece bastante probable que se escapase varias veces.

Como historia no está mal y da para una peli de presupuesto medio; pero es difícil que ésta sea toda la verdad, ni siquiera la verdad más probable. Es un hecho, esto lo sabemos, que cuando Atila decidió atacar occidente lo que hizo fue entrar en la Galia; si realmente hubiese realizado ese ataque para encontrarse con Honoria, lo obvio habría sido marchar hacia Italia. Todo eso sin olvidar el pequeño detalle de que Atila y Honoria no se reencontraron, por lo que cabe estimar que el huno no tenía demasiadas ganas de conocerla.

En mi opinión, pero esto es bastante subjetivo, la forma de actuar de Atila, sus por así decirlo antecedentes estratégicos, hacen pensar que tenía un conocimiento geográfico bastante preciso de Europa y, sobre todo, estaba adecuadamente informado de la distribución de las diferentes fuerzas políticas que en ese momento la poblaban. No es en modo alguno aventurado considerar que Atila pudo tener contactos con Geiserico, el ahora rey vándalo de Túnez, quien por supuesto le pudo dar información muy precisa de dónde terminaba Europa y las posibilidades de avance que ofrecía. Por otro lado, las posibilidades de expansión de Atila hacia el este se concentraban en Persia, y eso ofrecía grandes problemas de toda índole, fundamentalmente logística porque en un área tan fuertemente dominada por el Imperio oriental, más fuerte que el occidental, resultaría difícil aprovisionarse y, en general, hacer gala de la movilidad que era una de los secretos de la armada huna.

Atila, además, conocía bien la posición que ocupaban los visigodos en el imperio occidental, y las posibilidades que ofrecían a la hora de dividir las fuerzas que se le opondrían. Dejó traslucir tanto que quería atacar a los visigodos como aliarse con ellos. Es de suponer, por ello, que tal vez pospuso la decisión final al momento en el que se encontrase en Galia. Además, ofreció generoso asilo a los reyezuelos que se oponían a las tropas de Aecio, en un intento claro de socavar a la oficialidad romana alimentando a sus pequeños enemigos.

Fuesen cuales fuesen las cosas que se cocieron en la mente de Atila, en la primavera del 451 ya estaban suficientemente cocinadas, pues éste fue el momento elegido por los hunos para cruzar el Danubio hacia el oeste, más o menos por los mismos sitios por los que lo hicieron, años antes, los inmigrantes germánicos. Desde el principio, diversos elementos godos estuvieron presentes en sus filas.

Llegados al Rhin, los hunos lo cruzaron más o menos a la altura de Coblenza, y siguieron avanzando. Tras someter a algunas ciudades de la zona, los hunos siguieron avanzando hacia la Galia. En junio, habían llegado a la ciudad de Orléans, que era el lugar de concentración de unas tropas alanas subcontratadas por los romanos, al mando de un alano llamado Sangibano; es probable que Atila contase con pasarlo a su bando, teniendo en cuenta su escaso nivel de vinculación con el poder ravenés. De aquellos tiempos data la tradición según la cual los hunos llegaron hasta las afueras de París, pero allí Santa Genoveva les dio una mano de hostias.

Frente a sus acciones, Atila tenía a Flavio Aecio, quien todavía era el commander in chief de las tropas romanas occidentales. Aecio, inmediatamente, trató de formar una coalición lo suficientemente fuerte como para parar lo que se venía encima. El entonces rey de los godos de Aquitania, Teoderico, aceptó aliarse con él, como hicieron los burgundios; y juntos se fueron a por Atila desde el sur de la Galia hacia el norte. El 14 de junio, en efecto, le obligaron a levantar el sitio de Orléans. A finales de mes, los romanos perseguían a los hunos a la altura de Troyes.

Entonces se produjo una batalla cuyo teatro no ha podido ser nunca definido con exactitud. La conocemos como la batalla de los Campos Catalaúnicos o campus Mauriacus (los franceses, muy suyos, la llaman batalla de Châlons). La batalla fue la pera limonera de las batallas y en la misma Teoderico perdió la vida. Pero los romanos habían ganado. Y era la primera vez. Atila había terminado el día retirándose y realizando un círculo defensivo, cosa a la que no estaba demasiado acostumbrado. Tan poco acostumbrado estaba, que su primera reacción fue formar su propia pira funeraria. Sus lugartenientes, sin embargo, parece ser le explicaron la diferencia entre una batalla y una guerra, y lo convencieron de que permaneciese en el mundo de los vivos. Y no les faltaba razón, porque los romanos, a pesar de ganar la batalla, no avanzaron. Pasaron días ambos ejércitos uno frente al otro, a prudente distancia, sin decidirse ninguno de ellos a atacar, hasta que los hunos comenzaron a retirarse. Aecio no les persiguió; si lo hubiera hecho, habría tenido que mantener la coalición de fuerzas que había formado, y eso era algo de lo que, en ese momento, no podía estar seguro. Los visigodos de Aquitania habían perdido a su rey, y eso significa que, en ese momento, lo principal para ellos era regresar a casa para elegir uno nuevo. Los hunos no pararon hasta llegar a Hungría, su cuartel general.

Atila, ya lo hemos dicho, no era ningún tonto. Y, como todas las personas inteligentes, aprendía de las adversidades. En la campaña del 451 aprendió que la Galia era un territorio demasiado amplio, y demasiado lleno de suficientes recursos militares, como para ser un terreno propicio para presentarle batalla al romano. Además, hechos como la fidelidad de Sangibano, probablemente, le enseñaron que había sobrevalorado su capacidad de inclinar a los galos y godos de su lado.

No. Si quería atacar a los italianos, debería ser en su casa.

Es por esto que, en la primavera del 452, Atila dirigió los trancos de su caballo hacia los Alpes.

Las cosas no empezaron bien. En la localidad udinesa de Aquileia encontró una resistencia tan resiliente que incluso llegó a pensar en desconvocar la invasión. El historiador Prisco nos cuenta que, en ese momento, vio a una cigüeña, que había anidado en una de las torres de la ciudad, que se estaba llevando, uno a uno, a sus retoños todavía incapaces de volar. Eso le convenció de que algo terrible iba a pasar en la ciudad (y, por lo visto, lo sabía una cigüeña, pero no sus habitantes), así pues decidió quedarse. Y lo que pasó es que los hunos acabaron por romper las defensas de la ciudad, y la tomaron.

Abierta la lata italiana por el Udine, los hunos se dirigieron a las llanuras del Po, donde fueron tomando ricas ciudades romanas una a una: Padua, Mantua, Vicentia, Verona, Brescia, Bergamo. De esta manera, se llegó a Milán, la sitió y, cuando consiguió someterla, la saqueó.

Tras el saqueo de Milán, Atila regresó a Hungría. La propaganda vaticana ha sostenido durante siglos que eso fue por la habilidad del Papa León, que le envió una embajada que lo convenció, formada por un prefecto llamado Trigetio y un antiguo cónsul llamado Avieno. La verdad es otra: Atila regreso a sus llanuras húngaras por la misma razón que también regresaban los germánicos décadas antes que él: por razones logísticas. Plenamente ingresado en un territorio hostil, el ejército huno tenía serios problemas para encontrar hamburguesas suficientes y, para colmo, parece ser que había sido pasto de algún tipo de epidemia. Quedarse habría sido suicida, y el general huno lo sabía. Además, hay algunos indicios de que el Imperio oriental les estaba atacando en sus cuarteles generales, y hubieron de regresar para defenderse.

Así que aquí tenemos la verdad de las cosas: Atila, el temible general de los hunos que ha pasado a la Historia como jefe de una horda invencible que se llevaba todo lo que encontraba a su paso, era, en el año 452, un general tenido por acabado. Por dos veces había atacado el imperio occidental, y por dos veces había tenido que volver grupas con el rabo entre las piernas. Si a cualquier ciudadano informado de la elite romana de aquel año le hubiésemos dicho que su Imperio estaba dando las últimas boqueadas, probablemente se habría carcajeado en nuestra cara. Las apuestas eran las contrarias. La apuesta era que el huno, cualquier día de ésos, se podía quedar hasta sin sus posesiones húngaras.

El origen de todo era la escasa capacidad de Atila a la hora de planificar campañas complejas. Sin embargo, el huno decidió seguir siendo fiel a sí mismo. En el año 453 preparó una nueva campaña de invasión europea. Sin embargo, cometió el error (dirán algunos) de casarse, probablemente una vez más pues es probable que tuviera varias esposas. En la noche de bodas se pilló un moco de la hostia y, de repente, escupió sangre, y murió. Su nueva esposa se quedó tan acojonada con el espectáculo que se quedó tumbada junto a él toda la noche, sin dar la alarma. En la mañana la encontraron así, durmiendo con un cadáver.

De esta forma tan poco edificante, con una borrachera, se acabó uno de los principales peligros que habían enfrentado al Imperio romano, tanto de oriente como de occidente. Una amenaza que había seguido a la de los visigodos y los vándalos, en un auténtico tren de problemas que, sin embargo, Flavio Aecio supo gestionar para dar al viejo sueño romano la oportunidad de vivir durante una generación más.

Los grandes ganadores de este proceso fueron los tipos que se quedaron más apartados de todo: los suevos.

Estos tipos rubios, altos y bigotudos habían tenido la inteligencia, o más bien se habían visto forzados, a escoger para establecerse el puñetero culo del mundo, un lugar hostil, frío, húmedo coo pocos, y que hoy llamamos Galicia. Entonces falto de autovías y del indudable atractivo que le aporta O Rei das Tartas, Galicia era entonces un lugar que ni por esfuerzo bélico, ni por expectativa de beneficio por la vía del cobro de tributos, ofrecía demasiados alicientes. Si los suevos se querían quedar allí, allá ellos.

Rekila sucedió a su padre como rey de los suevos en el año 438, esto es en el momento en el que Aecio dedicaba el 80% de su tiempo a pensar en el norte de África y el cabrón de Geiserico. Consciente de que eso dejaba España en un lugar de relativa poca importancia. En el año 439, guió a sus hombres por la ruta de la Plata hasta Mérida, que entonces era la metrópoli de la Lusitania. En el 440, vencieron y capturaron a Censorio, el principal comandante romano en la península. En el 441, tomaron Sevilla, pasando a controlar la Bética y la Cartaginense, en un punto de máxima expansión territorial que hace salivar a muchos nacionalistas gallegos, tanto de corazón como adecuadamente subvencionados, a la hora de hablar de un viejo imperio gallego, que tiene de gallego más o menos lo mismo que de imperio.

Tanto los suevos como otros grupos establecidos en la península ibérica se aprovecharon, claramente, del hecho de que Flavio Aecio no pudiese ni soñar con realizar una gran expedición al territorio para encenderles el pelo. El comandante romano envió varios generales a la zona con tropas: Asturio, Merobaudes, Vito. La mayoría de sus acciones se concentró en tratar de recuperar el control sobre la Tarraconense, aunque Vito, que contaba con tropas godas, intentó recuperar la Cartaginense y la Bética. Pero Vito fue derrotado por los suevos, e Hispania se perdió, como se había perdido el norte de África, como fuente de recursos para Rávena.

Britania no estaba mejor. Ya en una famosa carta, el entonces emperador Honorio le había escrito a los britanos en el 410 que fuesen pensando en lamerse ellos mismos los pies. El Imperio no estaba por la labor de intentar incrementar su poder y control sobre aquellas islas tan relapsas, por mucho que algunos obispos, como Germano de Auxerre, se dejaran caer por ahí para tratar de luchar contra el pelagianismo. En todo caso, el principal problema para la civilización romana británica era la presión que del oeste le llegaba de los gaélicos irlandeses, y del norte (Escocia) de los pictos, por no mencionar las expediciones sajonas del Mar del Norte.

Al parecer, las islas cayeron en poder de una especie de tirano llamado Vortigerno. Vortigerno decidió defenderse de los peligros que lo acechaban contratando mercenarios sajones. Pero los mercenarios pidieron más, y más, y más, hasta que se cansaron de pedir y saquearon todas o casi todas las ciudades del reino. Los romanos de Britania le escribieron una carta a Aecio en solicitud de ayuda; pero, que se sepa, ni les contestó.

Recapitulando: en el año 453, el Imperio había logrado repeler el peligro huno hasta que el propio Atila la palmó. Pero, por elcamino, había perdido: todas las Islas Británicas; la península ibérica hasta el Ebro; el norte de África, el área Aquitania que ahora formaba un reino visigodo avant la lettre, y la Galia sureste, que había sido cedida a los burgundios.


Más que un imperio, era una mierdilla.

miércoles, julio 06, 2016

Estados Unidos (35)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo.

De todas formas, eso que conocemos en Europa como la lucha obrera pronto encontró un escollo relativamente inesperado: la actitud frente a los trabajadores inmigrantes.

lunes, julio 04, 2016

La caída del Imperio (11: Atila y Constantinopla)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.

La tropa enviada desde el Imperio Oriental a Sicilia con la intención primera de participar en una expedición contra los vándalos no logró llegar a tiempo de contrarrestar la invasión de los hunos. Cuando Naisuus, o Nis, cayó en poder de los soldados de Atila, el Imperio tuvo que parlamentar y alcanzar un acuerdo de paz, porque sus tropas estaban todavía muy lejos de poder plantar batalla.