viernes, septiembre 20, 2024

Mao (13): Las mentiras del puente Dadu

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



 

Mientras todos aquellos movimientos orquestales en la oscuridad ocurrían en el seno del PCC, y como sabemos, Chiang estaba en la estrategia de controlar Sichuan. El 2 de marzo había volado a Chongqing, la ciudad más populosa de la provincia. Necesitaba que los señores de la guerra locales se acojonasen con los comunistas, y por eso necesitaba a éstos avanzando hacia el norte. Así pues, comenzó una fuerte campaña de bombardeos, buscando impedir que los comunistas pudieran sentirse seguros en Guizhou.

jueves, septiembre 19, 2024

Mao (12): Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



Mediados de diciembre de 1934. La Larga Marcha todavía estaba haciendo más o menos lo que Chiang Kai Shek quería que hiciese. Se dirigía hacia Guizhou, una provincia que el Kuomintang no controlaba porque era tgerreno de un señor de la guerra local. El plan era que dicho generalito se acojonase cuando viese llegar a los rojos; y eso fue exactamente lo que pasó. Presionado por dos ejércitos, uno perseguido y otro perseguidor, el hombre decidió hacerse un nacionalista de toda la vida. El 19 de diciembre, ocho divisiones del gobierno central de China avanzaron hacia la capital, y comenzaron a construir un aeropuerto y algunas carreteras. Una vez que Guizhou estaba controlada, Chiang empujó a los largamarchinos al norte, hacia Sichuan o Sechuan. El plan como os he dicho, era seguir en la misma dirección hasta Shaanxi. Pero aquí fue donde Chiang comenzó a darse cuenta de que el hombre propone, pero Dios dispone.

miércoles, septiembre 18, 2024

Mao (11): Los verdaderos motivos de la Larga Marcha

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



En plena huida, Mao tuvo un golpe de mala suerte. Hubo una ola de calor, y enfermó de malaria. Por ello, pasó a estar en peligro de quedarse atrás. Lo salvó un médico que conocía de tiempo atrás, Nelson Fu, que llegó de Ruijin y consiguió dejarlo en una situación suficientemente buena como para dar el pego. Mao siempre le estuvo agradecido e hizo del doctor Fu el jefe de su equipo médico habitual durante décadas. Pero, bueno, todas estas cosas, con Mao de por medio, son muy, pero muy, matizables. En 1966, cuando Mao llevó a cabo la Gran Purga, el doctor Fu tenía 72 años. Fue arrestado y apalizado. Le escribió una carta al Presidente recordándole que en Yudu le había salvado la vida, y pidiéndole que ahora le salvase la suya. Mao, inicialmente, hizo alguna gestión para salvarlo; pero cuando supo que el doctor Fu había hablado de su salud (la de Mao) con otros dirigentes del Partido, lo dejó en la cárcel, donde el anciano murió dos semanas después.

martes, septiembre 17, 2024

Mao (10): Huida de Ruijin

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



De los sucesos de Ningdu había una cosa que a Mao le había quedado clara: Moscú estaba de su lado. Así pues, no estaba todo perdido, aunque tampoco se podía decir que estuviese todo ganado. Eso sí, se sintió lo suficientemente fuerte como para negarse a ir a la capital del Estado rojo, Ruijin; así que, puesto que decían que estaba enfermo, decidió quedarse a “convalecer” en Tingzhou. Allí montó un cuartel general bastante bien dotado (no le faltaba el dinero pero, claro, ya sabéis: ser comunista no significa blablablá) desde el que instruyó a quienes le eran fieles para que nunca se enfrentasen con los nacionalistas en el campo de batalla.

lunes, septiembre 16, 2024

Mao (9): Ese cabronazo de Chou En Lai

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



De hecho, el Estado comunista chino (que no podemos llamar propiamente maoísta) no sólo no se caracterizó por crear un bienestar para el proletariado sino por, esta vez sí de la mano de Mao, explotarlo intensamente. Mao se apoyó en esto en una idea que conocía bien, pues se la habían explicado desde Moscú: argumentar que el pueblo estaba repleto de kulaks emboscados, a los que había que arrebatar su riqueza ilegítima. La orden que dio Mao a sus patotas de bullies fue incautarse de la última migaja que poseyeran aquéllos que fuesen etiquetados como enemigos de la clase obrera (porque quitarle un hospital a la gente que no tiene nada y montarlo para la élite del Partido, eso no es ser enemigo de nadie sino, simplemente, ser consciente de que ser comunista no significa vivir como un eremita).

viernes, septiembre 13, 2024

Mao (8): Japón trae el Estado comunista chino

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



 



Los comunistas de Jiangxi que se opusieron a Mao buscaron la solidaridad de Zhu y Peng, pero no la consiguieron. Ambos sabían bien que Moscú estaba con él y, como buenos comunistas, entendieron que no había nada que hacer por ahí, y que el comepollismo se aconsejaba. Mao, por lo demás, se ocupó muy mucho de que sus “camaradas” fuesen parte de su represión. Zhu De, por ejemplo, fue, por su orden, miembro del tribunal que mandó al paredón a Liou Di.

jueves, septiembre 12, 2024

Mao (7): El ensayo pre maoísta de Jiangxi

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  





 Este cartel, de 1979. recuerda a Jiangxi
como origen del comunismo chino. El árbol
que el niño está plantando simboliza la revolución
nacida en esta provincia.

Una vez más, la imposición de Mao en el comunismo de Jiangxi se hizo mediante el truco y el timo. Se convocó en una ciudad llamada Pitou una supuesta conferencia de mandos comunistas de la provincia. Dicha conferencia se convocó para el 10 de febrero; pero Mao la abrió por su cuenta el día 6, de forma que, para cuando la mayoría de los delegados llegó, el pescado ya estaba vendido y la conferencia había terminado. La conferencia de Pitou fue, en realidad, un acuerdo entre cuñados por el que Mao se convirtió en el cabecilla comunista de Jiangxi, con Lieu en plan lugarteniente. A Lee Wen Lin lo tiraron al punto limpio. Ante el carisma de Lee, fueron muchos los cuadros comunistas de la zona que se opusieron a la medida; pero para ellos Mao desplegó una amplia campaña de terror, que culminó en la ejecución de cuatro líderes locales muy conocidos.

miércoles, septiembre 11, 2024

Mao (6): Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



Mao tomó el mando del ejército en diciembre de 1929, en la ciudad de Gutian. Que era consciente de que tenía que construir una popularidad entre las tropas que no tenía lo demuestra el hecho de que nada más llegar se convirtió en partidario de eliminar la medida de ejecutar a los desertores, que todo el mundo sabía era la medida que más odiaban los soldados. Pero también trabajó en la dirección contraria. Uno de sus principales problemas de imagen estribaba en que era un vividor, un tipo al que le gustaba vivir a todo lujo (ya sabéis: “ser comunista no significa que tengas que vivir como un monje”), mientras que el general Zhu vivía en tiendas de campaña con sus soldados, compartiendo las chinches y la mierda. Lo fácil habría sido proletarizar su vida; pero no fue por ahí. Mao se inventó el delito de absoluto egalitarismo, y comenzó a castigarlo duramente.

martes, septiembre 10, 2024

Mao (5): La caída de Zhu De

 

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



A partir de aquel mes de noviembre de 1928, cuando Shanghai confirmó a Mao como jefe supremo del ejército rojo Zhu-Mao, el dirigente comenzó a pensar de salir de aquella sierra de bandoleros. Buscaba ganar poder, ahora que tenía un ejército; y, además, sabía que la zona estaba a punto de ser atacada. Para entonces, Chang Kai Shek había logrado prevalecer sobre el gobierno de Pekín y era el señor de casi toda China, con capital en Nanjing. Ahora, tropas nacionalistas avanzaban hacia el territorio donde estaba Mao. Así que los comunistas salieron de allí a la naja, el 14 de enero de 1929. Eran unos 3.000 hombres, bajo el mando militar de Zhu De.

lunes, septiembre 09, 2024

Mao (4): Jefe militar

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


Los libros de Historia chinos se refieren a lo relatado en los párrafos anteriores como El levantamiento de la cosecha de otoño, un movimiento que, se dice, fue dirigido por Mao. Lo cierto es que ni fue un levantamiento, ni fue dirigido por Mao. Sin embargo, fue extraordinariamente útil a la hora de construir el mito de Mao Tse Tung como líder campesino; algo que no fue nunca. Todo lo que ocurrió durante aquellos días o semanas es que Mao, quien se sentía obviamente inseguro en medio de la cacería de comunistas que había lanzado el Kuomintang, quería tener una nutrida guardia pretoriana. Y la obtuvo; al final del proceso tenía una fuerza de unos 1.500 hombres, que le obedecía. Buscando un lugar donde poder pacer con total control de su gente, Mao decidió moverse al sur de Wenjiashi, a la cordillera Jinggang, un lugar tradicionalmente sin ley que siempre había sido teatro de bandolerismo.

viernes, septiembre 06, 2024

Mao (3): "¡Es precioso, precioso!"

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro

A modo de epílogo 




Durante su nueva etapa en Hunan, Mao se ganó cierta fama de agitador. Hubo disturbios en Changsa y de alguna manera hubo varias fuentes que lo consideraron implicado en los mismos, a pesar de que estaba lejos, en su aldea. Ésta es la primera vez que aparece en los informes de los corresponsales estadounidenses.

jueves, septiembre 05, 2024

Mao (2): Un esclavo, un amigo, un servidor

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo

 



Aparentemente, por muy afanoso que se mostrase aquel joven que sólo hablaba su dialecto local (y así permaneció toda su vida; Mao nunca habló otro idioma que el chino y, dentro del chino, ni siquiera aprendió el putonghua o chino común), lo cierto es que no es que no le invitasen a ser uno de los fundadores del PCC; es que ni siquiera Chen o Voitinsky compartieron con él la idea de crear el Partido. El Partido fue fundado en agosto de 1920, cuando Mao ya había abandonado la populosa ciudad china. Por esta razón, las historias oficiales del PCC señalan su fundación en el año 1921, que en realidad es la fecha de su I Congreso, porque ahí sí que estuvo presente Mao.

miércoles, septiembre 04, 2024

Mao (1): Papá, no quiero ser campesino


 

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo


Cuando entraron en guerra con Japón, los comunistas chinos suspendieron su política de redistribución de la tierra, y la sustituyeron por una de control en el nivel de los arrendamientos. Sin embargo, cuando comenzó la guerra que, en realidad, le interesaba a Mao (contra Chiang Kai Shek y los nacionalistas), el PCC retornó a su vieja política. Parte de esa política era lo que llamaban dou di zhu, o guerra contra los terratenientes. Una consigna que, básicamente, consistía en agredir a quienes estaban en mejor situación económica.

martes, septiembre 03, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (12): Coda

 

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda  



Así las cosas, el 7 de julio el Comité aprobó por unanimidad la expulsión de Beria del Partido y el inicio de un juicio por sus crímenes. También se expulsó a Bogdan Kobulov y Sergei Goglidze de su condición de miembros candidatos del Comité Central. Semen Ignatiev fue nombrado miembro de pleno derecho (lo que suponía perdonarle el pecadillo de haber montado el caso de los doctores) y Zhukov pasó de candidato a miembro pleno. La resolución se concretó en una carta secreta a otros organismos inferiores del Partido en la que se decía de Beria: trató de promover su propio poder a base de desacreditar a sus camaradas en el liderazgo; trató de colocar la MVD por encima del Partido; ordenó a la MVD, sin conocimiento del Partido, que fabricase acusaciones de miembros del Partido; trató de fomentar la animosidad y la hostilidad entre grupos nacionales; trató de impulsar a la RDA fuera de la senda del socialismo y convertirla en un Estado burgués; trató de establecer relaciones personales con Tito y Rankovic en Yugoslavia; y, en 1919, había servido como un espía para el servicio de inteligencia del Musavat, hurtándole esta información después al Partido.

lunes, septiembre 02, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (11): Una detención en el alambre

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda  



Beria tenía dos divisiones de la MVD estacionadas en Moscú; para hacer las cosas más difíciles, el Kremlin estaba vigilado y guardado no por soldados, sino por miembros de la misma MVD. En este contexto, Khruschev entendió que su estrategia pasaba por reclutar a militares que conociese bien. Afortunadamente para él, el comandante de la Fuerza Aérea en el distrito de Moscú, mariscal Kiril Semionovitch Moskalenko, era un viejo conocido suyo de la segunda guerra mundial. A las 9 de la mañana del día 26, Khruschev lo llamó por teléfono. Moskalenko se apuntó, y llamó al jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea soviética, Pavel Fiodorovitch Batitski, que había sido su adjunto. Además, llamó a tres subordinados directos: el coronel Iván Zub; el general A. I. Baskov; y el comandante V. I. Iuferev.

miércoles, julio 24, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (10): La cagada en la RDA

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda 


 A partir de mañana comienzo mis vacaciones. Esto supone que desmonto el chiringo de teletrabajo y, por lo tanto, dejo de tener capacidad de colgar posts. A la vuelta remataremos esta serie.



Otro elemento fundamental del nuevo Beria es que se convirtió en un defensor de las nacionalidades no rusas. En Georgia, impulsó una resolución que declaraba la presunta conspiración mingreliana “descubierta” durante la etapa de Stalin como una ful. El 14 de abril, el pleno del Comité Central local echó a Mgeladze y lo sustituyó por Alexander Iordanovitch Mirtskhulava, un mingreliano total. De los once miembros del Comité nombrados en 1952, cuando Stalin fue a por Beria, no quedaron más que dos que, además, fueron rebajados a miembros candidatos. Sustituidos por berianos, claro.

Al día siguiente, el Soviet Supremo de Georgia montó una crisis de gobierno en toda regla. Echaron a Zakhary N. Ketskhovely para poner a Valerian Bazradze, beriano de pro. Baramiya resucitó para ser ministro de Agricultura; Rapava salió de prisión para ser ministro de Seguridad del Estado. Zodelava fue nombrado viceprimer ministro; y Dekanozov fue ministro de Asuntos Internos. Estos tipos, que habían perseguido, torturado y puteado en modo experto, por lo visto eran los que iban a limpiar Georgia.

Pero a ello se aplicaron. Iniciaron una caza de brujas a gran escala de todos los que habían tenido relaciones con Stalin, excepto Beria, claro. A Mgeladze le salió un caso de corrupción cuando era el secretario del Partido en Abjazia, por el que fue condenado.

Beria, por otra parte, era consciente de su política nacionalista podía segar la hierba debajo de los pies de Khruschev pues su contrario, al fin y al cabo, era ucraniano. En abril de 1953, colocó a su amigo Pavel Iakolevitch Meshik al frente de la MVD de la república, con otro viejo conocido, Solomon Milshtein, como segundo. Estos dos hombres iniciaron una serie de ceses en la MVD, básicamente quitando a rusos y poniendo a ucranianos.

Lavrentii Beria puso el foco en la Ucrania menos rusa, es decir la occidental. Hizo que Meshik contactara con el jefe de la policía en el oblast de Lvov, Timofei Amvroslevitch Strokach, para que le hiciese un informe sobre la densidad de ucranianos étnicos entre los cuadros del Partido, así como el uso de la lengua ucrania en teatros y escuelas. A Strokach aquello le pareció raro, así que le fue con el queo a Zinovie Timofeyevitch Serdiuk, el jefe del Partido en Lvov, quien fue más arriba y se lo contó al primer secretario del Comité Central ucraniano, Leónidas Georgievitch Melnikov. Melnikov, aunque reconoció que la petición era extraña, le aconsejó a Serdiuk que se cumpliese la orden, pues sospechaba que venía de Beria, y no quería jugársela con él. Serdiuk, sin embargo, era un hombre cercano a Khruschev, así que puso tantos palos en las ruedas que al final, como Melnikov le había anunciado, fue arrestado.

Beria se quitó la máscara semanas después con un informe, elaborado con la información recibida, destinado a criticar muy seriamente la labor de los cuadros comunistas en Ucrania, especialmente la excesiva presión rusificadora. Propugnaba el nombramiento de ucranianos y el uso del lenguaje ucraniano. El 26 de mayo, el Comité Central del PCUS aprobó una resolución contra la labor realizada en Ucrania y a favor del cese de Melnikov. Del 2 al 4 de junio se reunió el pleno del Comité Central ucraniano, que aprobó el cese de Melnikov, que fue reemplazado por Alexei Kirichenko.

Beria quería más. En su intento por ganarse a los ucranianos, consciente de que si Ucrania se ponía de su lado Khruschev perdía gran parte de su fuerza, se planteó, ahora, nada más y nada menos que resolver el problema religioso. El metropolitano de la Iglesia Greco-Católica Uniate, Josif Slipyi, estaba preso y fue liberado. A continuación, emisarios de Beria comenzaron a negociar con él la posible legalización de la Iglesia uniate en Ucrania occidental y, más allá, la normalización de relaciones entre la URSS y el Vaticano. Beria sabía bien lo radicalmente contrario que había sido a los uniates Khruschev cuando había sido secretario general del Partido en Ucrania. Con la caída de Beria, Slipyi fue exiliado y, por supuesto, las conversaciones fueron detenidas.

Laventii, en todo caso, intentó extender su programa de nacionalidades a otras repúblicas. Elaboró informes sobre Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia. Anastas Snechkus, el longevo secretario general del Partido en Lituania (34 años), dijo, tras la caída de Beria, que el plan de éste era crear una animadversión radical entre lituanos y rusos. En Bielorrusia, Beria echó al jefe local de la MVD,el general ruso Milhail Ivanovitch Baskakov, para nombrar a cargos locales. Acto seguido, se libró de Nikolai Semionovitch Patolichev, jefe del Partido en Bielorrusia, dejando el Partido básicamente en las manos de un local: Milhail Vasilievitch Zimianin.

Según Khruschev, estos movimientos le inquietaban a él pero, sin embargo, no provocaban grandes problemas en el Presidium. Sin embargo, el ucraniano comenzó a presionar a Malenkov, hasta que consiguió convencerlo de que uniesen fuerzas contra él. Al parecer, Beria había propuesto que se construyesen dachas para todos los miembros del Presidium en la ciudad georgiana de Sukhumi. Malenkov no veía mal la idea, quizás porque todavía no había probado ni el vodka ni las putas georgianas. Pero Khruschev le hizo ver que esos planes de construcción iban a dejar a mucha gente sin casa y, por lo tanto, serían impopulares. Beria, le dijo, nunca construirá su dacha; construirá la tuya, y luego la usará para desacreditarte, cosa que le será muy fácil porque, tratándose de Georgia, juega en casa.

El gran resbalón de Beria, sin embargo, fue la Alemania oriental. El paraíso de Karl Liebnecht no valía ni para infierno. Económicamente, la RDA iba de culo, faltaba de todo, y eso había causado la huida de medio millón de habitantes en apenas tres años. La principal causa de aquello era el empeño de Walter Ulbricht de hacerse un Stalin y haber lanzado un plan de colectivizaciones e industrialización en muy poco tiempo, que había gripado el país.

Al funeral de Stalin, Ulbricht fue, más que a cualquier otra cosa, a decirle al Presidium eso de es muy triste pedil, pero es más triste robal. Los jefes soviéticos, que bastante tenían con mantener sus anos limpios, le dijeron que y una gallinácea como un objeto de menaje. Le dijeron que lo mejor que podía hacer era frenar la construcción del socialismo alemán; pero eso Ulbricht ni podía ni quería hacerlo, teniendo como tenía ya a su mafia de comunistas bien construida, viviendo a base de schnapps y meretrices. De hecho, impulsó un incremento del ritmo de industrialización del 10%.

El 27 de mayo de 1953, el Presidium del Consejo de Ministros soviético celebró una reunión para discutir la situación alemana. El 2 de junio, produjo un documento, Medidas para mejorar la situación en la RDA, firmado por Beria. Se recomendaba abandonar la construcción del socialismo a pelo puta; trabajar para crear una Alemania independiente y pacifista; fomentar el cooperativismo agrario; eliminar la hostilidad al capital privado; mejorar el sistema financiero; mejorar los derechos individuales y eliminar las injusticias judiciales.

Varios líderes soviéticos no comulgaban con ese documento y, de hecho, forzaron que se matizase bastante en algunos de sus capítulos. Consideraban que Beria estaba marcando una hostilidad global hacia la construcción del socialismo, y pretendía que la RDA fuese una especie de Estado neutral. Sin embargo, terminaron apoyando la estrategia por la necesidad que introducía la gravísima situación del país.

Ulbricht estuvo en Moscú a principios de junio. Los alemanes, impasible el ídem, presentaron un programa mucho más blando y menos ambicioso. Se montó la mundial. Finalmente, los alemanes fueron poco menos que obligados a presentar el que ya se conocía como Documento Beria ante el Politburo de la RDA, cosa que pasó el 5 de junio. En paralelo, el 28 de mayo los soviéticos habían retirado el mando militar de su Alemania, llamando a Moscú al mariscal Vasili Ivanovitch Chuikov. Fue sustituido por un civil, Vladimir Ivanovitch Semenov, bastante cercano a Beria. Se rumoreó que Moscú, de hecho, quería cesar a Ulbricht, y que tenía para ello calentando en la banda a Rudolf Herrnstadt, también hombre de Beria, además de estrecho colaborador de Wilhelm Zaisser, jefe de la policía de seguridad y, en la práctica, subordinado directo del georgiano.

El 10 de junio, arrastrando el escroto, el Partido comunista alemán anunció el nuevo rumbo del país, con una larga lista de medidas liberalizantes. Se le ofreció a los granjeros huidos a la RFA el retorno de sus granjas si volvían; se ofrecieron créditos sin interés para tenderos y otros pequeños empresarios. Y, lo que es más importante, las menciones a la “construcción del socialismo” desaparecieron el discurso oficial. El 13 de junio se aprobó una gran amnistía, en medio de artículos en la Prensa abogando por mejoras en los derechos individuales. Incluso, el periódico oficial ruso en Berlín criticó duramente al mando militar soviético por haber cometido serios errores.

Había cosas, sin embargo. El famoso incremento del 10% en el ritmo de industrialización no se derogó. Del gobierno y del Partido alemán comenzaron a salir mensajes contrarios sobre esta materia. El personal se fue calentando hasta que, el 16 de junio, hubo una manifestación. Al día siguiente, las manifestaciones eran generalizadas en toda Alemania oriental, y la reivindicación había subido de tono: querían que Ulbricht se fuese. A mediodía del 17, aparecieron los tanques rusos y comenzaron a aplastar las revueltas.

Evidentemente, el gran culpable de aquella cagada, en Moscú, fue Beria. De hecho, el resto del Politburo estaba tan angustiado por dejarlo claro que, semanas después de los conflictos, le envió una carta al Partido alemán estableciendo dicha responsabilidad.

El 26 de junio de 1953, apenas nueve días después de los movidones en la RDA, se convocó una reunión urgente del Presidium en Moscú; muy probablemente, fue en esa reunión donde Beria fue arrestado. Khruschev llevaba días tratando de arrimar a su lado a aquél a quien consideraba fundamental para poder presentarle batalla a Beria, es decir, Malenkov. Sabiendo que su camarada era voluble y de poca voluntad, lo fue llevando a su lado a base de convencerle de meter en el orden del día del Presidium temas que sabía que Beria perdería en votación. Esto le sirvió para demostrarle a Malenkov que Beria no era indestructible.

A quien no le costó convencer fue al ministro de Defensa, Bulganin. Bulganin había discutido mucho con Beria sobre el tema alemán, y el georgiano, harto de él, le había insinuado que lo iba a cesar. Pero, claro, esas cosas, o se hacen, o se callan, porque, de lo contrario, le dejas al otro la impresión de que, en el fondo, no se juega nada dándote una patada en los huevos. Según Beria, Saburov fue de la partida desde el inicio. Pero el resto de miembros de la cúpula, Pervukhin, Mikoyan, Voroshilov o Kaganovitch, no estaban tan convencidos; y Molotov no parecía tener problemas con Beria. Malenkov quedó en convencer a Pervukhin, que le era muy cercano. Pero no lo consiguió, lo cual es lógico porque él mismo era un débil de espíritu. Khruschev acabó hablando directamente con él, y sí que lo convenció.

Los dos grandes apoyos políticos de Beria, además de Malenkov que ya había cruzado el puente, eran Voroshilov y Mikoyan. Khruschev viene a decir que el primero le dijo desde el principio que no participaría en nada contra Beria, aunque al final se decantó. Pero Mikoyan no fue ni siquiera informado. Kaganovitch, por lo demás, quedó fuera de límites porque estuvo fuera de Moscú hasta unas horas antes del arresto.

Khruschev, en todo caso, tenía un as en la manga: la actitud de los militares. El Ejército rojo, por lo general, odiaba a la policía secreta. Los policías políticos en la URSS tenían trenes, artillería; tenían incluso carros de combate. Eran un pequeño ejército propio. Luego estaban los muchos mandos que habían sido molestados por presuntos delitos nunca cometidos; y el recuerdo de camaradas, en el sentido militar y no político, como Tukhachevsky y los que con él fueron al paredón. Muy especialmente el general Zhukov, que sabía bien que Beria había intentado labrar su perdición, estaba deseando construir la del georgiano. Eso sí, también había que tener en cuenta que en las propias Fuerzas Armadas había mandos que habían servido en la NKVD y, por lo tanto, le eran fieles a Beria. De entre todos estos, el de más peso, en lo que al arresto se refiere, era el general comandante de las fuerzas de Tierra en el distrito militar de Moscú, general Pavel Artemievitch Artemiev.

martes, julio 23, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (9): El nuevo Beria

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda 



Beria se destacó aquella mañana por su actitud ganadora y chulesca; tanto Khruschev como Aliluyeva lo recogen en sus recuerdos. Estaba, literalmente, encantado de que Stalin se estuviese muriendo, y o no quiso o, más probablemente, no pudo ocultarlo. Avanzada la mañana, dejó la dacha para irse al Kremlin, donde más que probablemente saqueó la caja de caudales personal de Stalin, llevándose y es de suponer que destruyendo los documentos más comprometedores que guardaba. Se ha especulado, de hecho, con que en esa caja podían estar ya las instrucciones de Stalin para labrar la perdición de su paisano. Khruschev, por su parte, cuenta en sus memorias que estaba muy preocupado por la composición del Politburo que dejaba Stalin, y la posición preeminente de Beria. Khruschev sabía que muchos de sus compañeros, y muy notablemente Malenkov, no verían en Beria el riesgo que veía él; y por eso era consciente de que primero tendría que convencerlos. Khruschev cuenta, en este sentido, que durante aquellas horas en Kuntsevo habló con Bulganin y le previno de que Beria podía tomar el control de las fuerzas de seguridad y acabar con todos ellos, los compañeros del Politburo. Bulganin, parece ser, era de la misma opinión. Sin embargo, ni siquiera logró hablar privadamente con Malenkov, quien le dijo, secamente, que lo que tuvieran que discutir, lo discutiesen en el Presidium.

lunes, julio 22, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (8): El ataque

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda 


Todo había comenzado algunos meses antes, en 1952, cuando el doctor Vladimir Nikititch Vinogradov se había puesto serio con Stalin y le había dicho que bajase el pistón en el curro. La respuesta de Stalin fue el arresto inmediato de Vinogradov. Entra entonces en escena Milhail Dimitrievitch Riumin, vicedirector del MGB y él mismo, por lo tanto, una especie de Beria clonado. Riumin estaba buscando la manera de ganar puntos delante del jefe y, cuando se dio cuenta de la extremada desconfianza con que Stalin miraba a los médicos, tuvo en cuenta además el fuerte tono antisemita producido por el juicio contra el Comité de Leningrado y, en general, la política abiertamente anti israelí de la URSS. Así que sumó dos más dos, y se decidió a preparar un sonoro caso basado en la conspiración de una serie de doctores que tenían encomendada la salud de altos dirigentes comunistas, a los que estarían ayudando a caminar hacia la muerte; doctores que eran, en su mayoría, judíos.

viernes, julio 19, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (7): Movimientos orquestales en la cumbre

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda 


 

Finalmente, el Politburo encargó a Shvernik la organización de la fiesta del cumple de Stalin en el Dino Pepino. Decidieron gastarse la nada modesta cantidad de seis millones y medio de rublos en la movida. Se organizó el Premio Stalin, que se daría en la forma de un millón de medallas. Asimismo, se creó el Premio Internacional Stalin de la Paz, del cual se crearon hasta trece versiones diferentes de medalla. Stalin, que las revisó, había dado su OK a la idea; pero, a última hora, decidió echarse atrás. Sólo se avino a aprobar el premio internacional, probablemente ante la posibilidad, que él sabía certeza más que posibilidad, de que el primer galardonado con el premio Stalin fuese él mismo.

jueves, julio 18, 2024

Stalin-Beria. 3: De la guerra al fin (6): A barrer mingrelianos

Brest-Litovsk 2.0
La ratonera de Kiev
Cambian las tornas
El deportador que no pudo con Zhukov
La sociedad Beria-Malenkov
A barrer mingrelianos
Movimientos orquestales en la cumbre
El ataque
El nuevo Beria
La cagada en la RDA
Una detención en el alambre
Coda 



En 1946 se había emitido un decreto contra dos periódicos literarios de Leningrado: Zvezda y Leningrad. Como resultas de esta norma, elaborada por Stalin personalmente, una serie de autores de teatro y cine, y sus obras, pasaron a la lista negra. Muy en concreto, un escritor satírico, Milhail Milhailovitch Zoshchenko, y la poeta Anna Andreyevna Akhmatova fueron atacados por sus escritos y expulsados del Partido. A partir de aquí, llegó la purga.