viernes, mayo 17, 2013

La antigua muerte



Al hombre siempre le ha inquietado la muerte. Los ritos funerarios, descubiertos gracias a diversos éxitos arqueológicos, demuestran la existencia desde muy pronto de una visión de la muerte como un hecho que debía ser objeto de ritos. La forma en que las civilizaciones se han enfrentado al hecho de la muerte presenta variaciones muy diversas, pero en nuestro caso, al menos como europeos o miembros de eso que llamamos la civilización occidental, una vez más, como otras muchas, es en el mundo griego y romano en el que hemos de buscar las raíces de nuestra propia actitud. 

miércoles, mayo 15, 2013

¿Por qué príncipe de Asturias?



Lo lógico es que, de un tiempo a esta parte, te estés haciendo sobre la monarquía española preguntas algo más profundas. Sin embargo, es posible que aún le quede sitio a tus reflexiones para preguntarte por qué los herederos de la Corona en España se llaman príncipes de Asturias. Es posible, también, que pienses que eso es porque Asturias es la tierra en la que se inicia la Reconquista; de hecho, ésta es la respuesta mayoritaria que, al menos, yo he arrancado a base de preguntar a los amiguetes. La respuesta, sin embargo, no es exactamente así. En realidad, no fue un asturiano quien promulgó el trato, sino un inglés. Así de cosmopolita es nuestra monarquía.

Príncipe significa el primero. Y es una palabra que se lleva su tiempo en tomar la acepción que hoy le damos. El primer príncipe importante es Augusto, quien luego se titularía emperador, puesto que se buscó el título de princeps para no tener que darse el de rex, conocedor de que, desde los tiempos de Julio, los republicanos romanos le tenían tirria a la palabrita. De todas formas, ya antes de ello, el Senado romano tenía un prínceps senatus, que era algo así como el speaker.

El título llega a la Edad Media europea designando a todo aquél que tenía mando total sobre un territorio. Con la consolidación del poder centralizado de las monarquías, que recortó notablemente la autonomía de mando de condes, marqueses y demás patulea, el vocablo príncipe comenzó a vincularse estrictamente a las familias reales. No obstante, en Europa quedan tres vestigios de aquel orden medieval en el que los territorios autónomos eran principados, en los así llamados de Andorra, Mónaco y Lienchenstein.

¿Cómo llegó, concretamente en el siglo XVI, el principado de Asturias a ser título del heredero de la corona, no de España, sino de Castilla y León? Pues ahí va la historia.

Ya hemos hablado en este blog del rey castellano Pedro I, llamado el Cruel. Peter casó con María de Padilla, de la que tuvo cuatro hijos. Un niño, Alfonso, que murió siendo muy crío. Beatriz, que se metió monja, y también murió joven. Y, finalmente, Constanza e Isabel. En 1362, el rey Pedro testó a favor de sus hijas la corona que ceñía y, al año siguiente, las Cortes de Bubierca sancionaron dicho deseo. Sin embargo, como ya hemos contado aquí, en 1369 el oponente de Pedro, Enrique de Trastámara, con la ayuda del francés Bertrand de Duglesclin, se cargó a Pedro, pasando a ser Enrique II de Castilla.

Malos tiempos para las hijas de Pedro, que pasaron de herederas de la corona al segundón estatus de infantas. Ambas encontraron su futuro en Inglaterra. Constanza encontró al inglés Juan de Gante, duque consorte de Lancaster, que había enviudado. Juan era el cuarto hijo varón del rey inglés Eduardo III, así pues aportó al matrimonio la dudosa dote de un difuso derecho a la corona inglesa; y su mujer un no menos tenue derecho, en la práctica, a la de Castilla. Isabel, la otra infanta, se casó con Edmundo, hermano de Juan y tercer hijo varón de Eduardo III; alguna posibilidad más tenía de ser rey.

A la muerte de Beatriz, la infanta clarisa y por lo tanto primogénita de Pedro I, el partido petrista comenzó a llamar a Constanza reina de Castilla y León; Eduardo III, de hecho, ordenó que tal fuese el tratamiento que recibiesen en Londres.

En 1386, Juan de Gante, juzgando sus posibilidades de ser rey de Inglaterra bastante tenues, cedió sus posesiones en las islas al hijo que tenía de su primer matrimonio (hijo que llegaría, por cierto, a reinar en Inglaterra como Enrique IV) y se fue a España para defender los derechos a la corona de Castilla de su mujer, Constanza; y de la hija de ambos, Catalina. En España se encontró con la lógica oposición de Juan I, hijo de Enrique II, que estaba al frente del machito.

Tras una serie de acciones de suerte vacilante, Juan de Gante y Juan de Trastámara firmaron la paz de Troncoso. Esta paz estipulaba el compromiso entre ambos de que el infante Enrique, hijo de Juan y que entonces tenia diez años, se casase con Catalina de Lancaster, hija de Juan y Constanza, que tenía catorce. Si el niño Enrique moría antes de consumar el matrimonio, su hermano Fernando (que acabaría siendo el rey Fernando I de Aragón, llamado el de Antequera),  debía casarse en su lugar.

El pacto era perfecto, pues suponía cerrar, unos cuantos años después, la lucha a muerte entre Enrique II Trastámara y Pedro I el Cruel: el marido era nieto del primero, y la mujer nieta del segundo.

Pero hubo una cláusula más en aquella paz troncosera: además de arreglarse los casorios, el matrimonio debería ser intitulado príncipes de Asturias. Y fue Juan de Gante quien lo exigió.

El duque de Lancaster no hacía sino importar a España una costumbre inglesa relativamente reciente. El heredero de la corona inglesa, en efecto, se había dado en llamar príncipe de Gales, en atención a la mucha mierda que tuvieron que sudar los ingleses para someter aquellas tierras. En el siglo XII, Gales se había unido bajo el cetro de un caudillo militar, Llywelyn ab Jorweth, que se había hecho llamar príncipe de Gales. Ya en el siglo XIII, el nieto de este caudillo, Llywelyn ab Gruffyd, llamado El Grande, consiguió derrotar a Eduardo, designado ya heredero de Enrique III. Este Eduardo, ya coronado Edward I (tiene importancia escribirlo así: la dinastía real inglesa es francesa, y Eduardo I es el primero de sus reyes que portó nombre inglés) resolvió dejarse de mamonadas e integrar de una vez Gales en la integralidad inglesa. Aquella guerra terminó en 1282 con el aplastamiento de las tropas locales y el ajusticiamiento de los líderes que no murieron en el combate. Para declarar la inamovilidad de la incorporación gaélica (perdón, galesa) a la corona inglesa, los herederos pasaron a llamarse príncipes de Gales.

Hemos visto cuál fue el proceso en Castilla. Pero en Aragón, en realidad, fue muy parecido, y casi también en los mismos tiempos. Tradicionalmente, el heredero de los reinos de Aragón y Valencia y el condado de Barcelona (inseparables desde 1319, en las Cortes de Tarragona) era ungido simplemente sucesor y sustituto del rey en su ausencia.

En 1351, el rey Pedro el Ceremonioso, que tenía un marrón sucesorio que te cagas porque su hermano Jaime ambicionaba la corona y él quería dejársela a sus hijas, por fin hizo bull’s eye y consiguió generar un hijo, Juan. Cuando tenía su hijo apenas un mes, y copiando la costumbre francesa de entonces, por la que el heredero de la corona era nombrado duque de Normandía, le dio a su hijo la ciudad de Gerona y el título de duque.

El duque llegó a rey, como Juan I. Este Juan, el I de Aragón, sólo tuvo hijas, por lo que tuvo que echar mano de su hermano, Martín (quien había sido nombrado por Pedro el Ceremonioso rey de Sicilia), al que nombró su mano derecha, amén que duque de Montblanc.

Martín fue rey después de su hermano, y es conocido por la Historia como Martín el Humano. En 1395, cuando lo hicieron rey, había abdicado la corona de Sicilia en su hijo, Martín, llamado el Joven; y luego lo nombró heredero de la de Aragón. Pero las cosas no salieron como el Humano esperaba, porque su hijo murió un año antes que él, retrotrayéndole, pues, la corona siciliana.

En 1414, el conflicto sucesorio surgido tras la muerte de Martín el Humano fue resuelto con la elección de Fernando de Trastámara, llamado por la Historia el de Antequera, como rey de Aragón (que era, lo hemos dicho, un Trastámara; hermano del rey de Castilla, Enrique III). El día de su coronación, y siguiendo la estela del ducado de Gerona y la nueva moda surgida en Castilla con el principado de Asturias, Fernando ungió a su primogénito, Alfonso (futuro Alfonso V el Magnánimo) como príncipe de Gerona.

Fernando I el de Antequera recuperó también el ducado de Montblanc para su segundo hijo, Juan; quien se casó con Blanca de Navarra, hija de Carlos III, llamado el Noble; braguetazo que se sirvió para ser rey consorte de la Comunidad Foral. Juan y Blanca tuvieron un hijo llamado Carlos, a quien se le otorgó el título de príncipe de Viana, que es el que escogieron los navarricos para designar a su futuro rey.

Alfonso el Magnánimo murió en 1458 sin hijos (legítimos), por lo que la corona pasó a su hermano Juan, el marido de la Blanca, que para entonces andaba ya a hostiones limpios con su hijo Charlie por ver quién mandaba en Euska Herria Este. A las Cortes de Zaragoza de 1460 fueron los representantes de las ciudades mañas, horchateras y catalanas un poco preocupados por nombrar rey tan talludo, por lo que le pidieron a Juan que en el mismo acto fuese nombrado príncipe de Gerona, heredero pues de la corona, Carlos, príncipe de Viana. Juan, sin embargo, no quería ver a su hijo vascuence ni en pintura, ya hemos dicho que andaba arriscado con él; así pues, ni corto ni perezoso, nombró a Fernando, hijo de su segundo matrimonio, duque de Montblanc; sabiendo que dicho título lo habían llevado, hasta entonces, dos personas, Martín el Humano y él mismo, que habían terminado siendo reyes de Aragón. Y no erró, porque aquel tercer duque de Montblanc, infante don Fernando, acabó siendo Fernando I, al que conocemos como el Católico.

Un poco antes del nombramiento de Fernando, sin embargo, el príncipe de Viana había sido proclamado, en Barcelona, rey de Navarra y gobernador general de Aragón. Sin embargo, Carlos murió poco después de aquella proclamación, así pues a las Cortes de Calatayud no les quedó otra que aceptar a Fernando.

El infante don Juan, hijo de los Reyes Católicos, fue proclamado, a la vez, príncipe de Asturias y de Gerona, pues la legitimidad le venía de ambas coronas. Felipe II, por su parte, también fue objeto de la misma proclamación. Pero el Rey Prudente, a la hora de proclamar a Felipe III, decidió ya simplificar las cosas, por lo que fue proclamado príncipe de las Españas. Así pues, el título de príncipe de Asturias desapareció, hasta volver a ser usado en el siglo XVIII.

Cabe reseñar, por último, que sólo dos personas en la Historia de España han recibido el título de príncipe sin ser de sangre real. El primero fue Godoy, nombrado Príncipe de la Paz; título que, cuando el valido fue rehabilitado en 1847, no se le devolvió. Y don Baldomero Espartero, que fue nombrado príncipe de Vergara por el rey italo-italiano Amadeo de Saboya

Príncipe de Gales, de Asturias o de Gerona no es la única denominación especial que recibe el heredero. Es bien sabido que en Francia el heredero, que inicialmente era el duque de Normandía, pasó a ser el Delfín, que no quiere decir que lo considerasen un mamífero marino, sino señor del Delfinado, que es una región de Francia donde hacen un notable gratin dauphinoise. El heredero de la cosa belga es príncipe de Brabante, el de Bulgaria de Tirnovo. El de Grecia es diádoco de Grecia y duque de Esparta. El de Holanda, nos ha jodido, príncipe de Orange (podríamos nombrar a Felipe príncipe de Movistar :-DDD). El de Montenegro es el Gran Voivoda de Grahovo y de Zeta. El de Portugal, duque de Braganza (y no de Bragazas, como alguna vez escribe algún estudiante despistado). El de Rumania, duque de Alta Julia.

De todo lo antedicho debería quedar claro, entiendo yo, que el heredero de la Corona de España no es príncipe de Asturias. Más propiamente, es: príncipe de Asturias, de Gerona y de Viana, y duque de Montblanc. Qué pasaría si Cataluña se independizase, eso ya es algo que tendrán que dirimir los jurisconsultos.

El cargo más largo que tiene un heredero real en Europa, como no podía ser de otra manera, es el inglés, que es: príncipe de Gales, conde de Chester, duque de Cornualles, duque de Rothesay, conde de Carrick, barón de Renfrew, lord de las Islas y Gran Steward de Escocia. Pero todos esos títulos se los mete en las orejas, y aun le sobra sitio.

domingo, mayo 12, 2013

Lectura: Christian beginnings



El judio de origen húngaro Geza Vermes practica mucho un género de ensayo exegético consistente en libros relativamente breves, descargados de la cita excesiva tanto de las escrituras como de los exégetas, dedicados a diversos aspectos interpretativos de los orígenes y desarrollo del cristianismo. En este libro que hoy comentamos, de muy reciente publicación por la editorial británica Penguin, realiza, de alguna manera, una especie de cóctel de un montón de cosas desarrolladas ya en pasados ensayos. Un cóctel que le queda bastante sabroso.

jueves, mayo 09, 2013

Soixante huit (18: Mitterrand, pas de manoeuvres)

De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer, cuarto, quinto, sextoséptimo, octavo, noveno , décimo, décimo primerdécimo segundo, décimo tercer, décimo cuarto, décimo quinto, décimo sexto y décimo séptimo capítulo.

Resumen de lo publicado: Tras el fracaso de la negociación para alcanzar la paz en la Tierra Media, los hobbits, más fuertes que nunca, organizan una macromanifestación en Hobbiton que es todo un éxisto a pesar de la distancia marcada con la misma por sus teóricos aliados los Rojirrim y algunos enanos. Esa manifa termina con la convicción por parte de los hobbits de que la Era de Sauron ha terminado y que un nuevo horizonte temporal se abre para todos los seres del mundo. Para colmo, al final de la tarde, el ojo de Sauron va y se apaga; ya nadie sabe dónde puede estar el Señor Oscuro. Es el momento más querido para los amantes de Mayo del 68; el momento en el que, verdaderamente, parece que han ganado. Sin embargo...
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Durante toda la tarde, una vez que se va conociendo la noticia de que el propio Presidente de Francia parece haberse ido a la francesa (y entre insistentes rumores en la calle de que, como si fuese un rey medieval, está no se sabe dónde, allegando tropas para tomar París), el secretario general de la Presidencia, Bernard Tricot, y el propio primer ministro Georges Pompidou, reciben a todo aquél que está en el gaullismo para algo más que hacer café y servir de caja de resonancia para las notas de prensa. El mensaje que les lanzan es, hasta cierto punto, inesperado para sus interlocutores: nada se ha perdido; es ahora cuando hace falta comenzar la lucha.

jueves, mayo 02, 2013

El "otro" final de la II guerra mundial

Todo el mundo, o casi todo el mundo, sabe contar el final de la segunda guerra mundial. Todo el mundo, o casi todo el mundo, sabe describir a Adolf Hitler encerrado en el sótano de su cancillería, suicidándose en compañía de Eva Braun.

Y, sin embargo, ese relato no está completo.

Muy habitualmente los europeos olvidamos que la segunda guerra mundial no terminó con Hitler. Tardó todavía unos meses en acabar, porque proseguía el enfrentamiento en el Pacífico. Y la verdad es que el occidental average poco o nada sabe del final de la guerra en Japón; que fue, desde luego, mucho más movido y caótico que en Berlín. Aquí tenéis un relato.

lunes, abril 29, 2013

Soixante huit (17: la construcción del socialismo, seguida de espantá)




Resumen de lo publicado: Finalmente, abrumado por la tensión conjunta de hobbits y enanos, Sauron se aviene a negociar con los primeros de ellos sus condiciones de trabajo en las minas. Tras dos maratonianas sesiones negociadoras, alcanzan un acuerdo. Pero cuando los reyes enanos llegan a las minas a explicarle al resto de sus gentes el contenido de los pactos, éstos los mandan, elegantemente, a tomar Fanta.

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El martes 28 de mayo, el gobierno Pompidou, seriamente presionado por las circunstancias, entrega una pieza mayor a los estudiantes. Alain Peyrefitte, probablemente, sigue contando con la máxima confianza del jefe del Ejecutivo; pero ambos saben que su caída es casi una conditio sine qua non para que las circunstancias comiencen a cambiar para bien en Francia. Si alguien, en ese momento, es la metáfora de la universidad vieja, ajada y clasista que ya no puede volver, ése es el ministro. “Nada se podrá hacer en la universidad a menos que regrese la calma, y yo espero que mi marcha ayude en este sentido”, afirma esa mañana un dimisionario ministro con voz que pretende ser seca y segura.

viernes, abril 26, 2013

Hitler y Palestina (8)

De esta serie se han publicado ya un primer, segundotercer, cuarto, quinto, sexto y séptimo capítulos. 

La ofensiva del Africa Korps dejó bastante claro que las viejas tácticas del ejército inglés en Oriente Medio, que tan buenos réditos le habían procurado a Su Graciosa Majestad durante los tiempos de Lawrence de Arabia, eran fruslerías frente a la capacidad de movimiento de los germanoitalianos. Sin mencionar que, tomando Tobruk, el Eje se aprovisionaba con un puerto de gran capacidad. Sin embargo, las rutas a Tobruk ya no dejaron de estar gravemente hostigadas por los aliados, razón por la cual nunca, en realidad, pudo Erwin Rommel dejar de estar angustiado con la cuestión de la disponibilidad de combustible para sus tropas.


lunes, abril 22, 2013

La ciudad que recibió el regalo de una olla de sopa

La amistad entre ciudades tiene diversos motivos y una Historia muy larga. En realidad, data de los tiempos de la Antigua Grecia, puesto que aquella nación, como bien saben todos los que no son víctimas de la LOGSE, se creó a partir de la unión de ciudades libres, las famosas polis. Desde los inicios de las naciones estructuradas, pues, las colectividades han tendido a organizarse en ciudades; las provincias, regiones y nacionalidades, no digamos ya la identidad trasnacional en plan Europa y tal, son muy, muy posteriores.

La organización en ciudades tiene un pequeño problema: es ineficiente. Los colectivos que se organizan en forma de ciudades libres, libremente apuntadas a un pacto con otras ciudades (éste es, sin ir más lejos, el dibujo del federalismo de Francisco Pi i Margall), acaban en un plan en el que todo dios hace más o menos lo que le sale del pingo, lo que los hace notablemente débiles ante regiones o naciones centralizadas. Por ello, el nacimiento de las naciones modernas es, en buena parte, una historia de lucha de un naciente poder central contra el poder municipal establecido.

En esa lucha cayeron la inmensa mayoría de los fueros y estatutos propios de las ciudades, o fueron convertidos en meros elementos simbólicos. Algunas ciudades, sin embargo, sobrevivieron en su orgullo durante bastante tiempo. Entre dos de estas ciudades se produjo, y es la anécdota de da pie a este post, el regalo quizás más extraño que jamás se han hecho dos ciudades: una olla de sopa caliente. Regalo extraño, sí, pero de un simbolismo casi estremecedor.

jueves, abril 18, 2013

Turismo romano

Ya sabéis que una de mis obsesiones es demostraros que hay muy pocas cosas nuevas bajo el sol de los tiempos presentes. El pasado no es sino una imagen en sepia de nosotros mismos. Tendemos a pensar que los parlamentarios del pasado sí que eran grandes oradores y, la verdad, en su mayoría eran tan zafios y amigos de los lugares comunes y las frases demagógicas como los tipos que ocupan hoy los escaños de las asambleas legislativas. Y así nos pasa con muchas cosas.

Por ejemplo, el turismo. Es relativamente común escuchar o leer que el turismo es una actividad relativamente moderna. En realidad, lo que es moderno es el turismo masivo. Pero el acto de visitar lugares donde uno no vive es más viejo que la tos. Y voy a intentar demostrároslo hablándoos un poquito de los tiempos de la Antigua Roma.

La costumbre de los romanos urbanos pudientes de irse de vacaciones data de los tiempos republicanos. Era por esa razón que los patricios, o los romanos enriquecidos como Cayo Mario, poseían varias villas en la península itálica, que les permitían pasar temporadas de descanso en distintos ambientes. Personas de riqueza relativamente modesta como el célebre Marco Tulio Cicerón poseían casas de campo de este tipo. Eran tantas estas construcciones que el poeta Horacio, en un alarde que nos parecerá muy moderno, vaticinaba amargamente la desaparición de los agrestes campos de olivos italianos, a manos de esta desesfrenada burbuja inmobiliaria latina. Hay que reconocer que el temor tenía su razón de ser porque los romanos, cuando se ponían a construir, arramblaban con todo y, si les salía del pingo, construían montañas o lagos artificiales, se apiolaban bosques enteros, lo que hiciese falta. No inventaron la legislación urbanística; ellos se corrompían, sobre todo, con las contratas de envío de cereales a la gran capital.

El no va más de la costa pija italiana era, en aquellos tiempos, la bahía de Nápoles. Allí estaban las grandes casas de los grandes, algo de lo que las autoridades arqueológicas de la región se benefician hoy con justicia.

El no va más de aquella bahía, la Marbella romana, era la ciudad-balneario hoy llamada Baia, donde había que ser verdaderamente rico para tener una villa. El ferragosto romano era en Baia un continuo pasar de fiestas de señoras de buen ver y maridos derrochadores, orquestas, representaciones, comidas que no terminaban hasta que comenzara la cena. Y, por supuesto, estaba la actividad de ir a los baños, a mejorar la piel o el tono muscular. Ahora lo llaman spa.

El clima italiano es mediterráneo, pero también tiene sus putadas. Era bastante posible, por lo tanto, que muchas personas acabasen sufriendo del pecho, especialmente si eran asmáticas. Para ellas, si tenían dinero claro, los galenos de Roma solían prescribir estancias en Egipto o en parajes de montaña.

Éste era el turismo de los más ricos. Los pudientes pero no millonarios hacían turismo más al estilo que estamos acostumbrados a ver hoy. Y sus preferencias claras eran los lugares señalados por los hechos históricos o mitológicos. La villa donde fue asesinado Cicerón, por ejemplo, se convirtió en lugar de turismo muy rápidamente. Como lo fue la casa natal de Augusto (especialmente después de haber sido deificado) y, sobre todo, la península griega, que el romano medio se sabía casi de memoria y donde podía visitar muchos lugares, fundamentalmente templos, donde se supone que habían pasado todas las cosas que conformaban los relatos de su vida. Todo romano cultivado aspiraba a viajar a Grecia al menos una vez en la vida. Visitaba Atenas, Corinto o Epidauro, el santuario de Esculapio, Rodas. Si tenía algún dinerito más, cruzaba el charco para visitar Ilión, la ciudad donde todo ocurrió, y todo empezó.

La presión turística sobre los templos griegos y romanos creció de tal manera que, muy pronto, sus avispados diáconos, como lo harían los sacerdotes católicos siglos después, avizoraron el negocio de las reliquias. Algunas eran verdaderas, como la armadura gala que César regaló al templo de Venus, y que estuvo expuesta en el mismo mucho tiempo. Pero otros templos atesoraban dientes de elefante, armaduras, vestidos, esculturas, que decían haber sido regalados, tocados, portados o fabricados por personajes famosos, algunos de ellos mitológicos, para atraer al público. Así, el turista romano podía acudir a lugares donde le enseñarían un huevo de Leda, una copa regalo de Helena la de Paris, un vaciado del pecho de ésta, o partes de los barcos de Agamenón, de Eneas o de Ulises.

Tanto se parecían los tiempos pasados a los presentes que en muchos de estos lugares había lo que los griegos llamaban periegetes, esto es guías profesionales que enseñaban el lugar a los visitantes.

Un aspecto en el que las cosas se han simplificado notablemente, sobre todo si los que viajan son hombres (con las mujeres, ya no está tan claro) es la impedimenta del viaje. Hoy nos movemos de un sitio a otro con un par de maletas o tres. Pero los hombres del pasado no eran así. El hombre antiguo, y no tan antiguo, no se privaba de nada cuando viajaba. Las crónicas nos dicen que los desplazamientos de Domenicos Theotocopouli, El Greco, eran todo un expectáculo, porque el buen pintor se desplazaba siempre en compañía de su biblioteca (este bloguero que os escribe confiesa que ya le gustaría ser millonario para hacer lo mismo). Pero los romanos superaban esto con creces. Un romano rico average no viajaba nunca sin una amplia corte de esclavos y sirvientes, amén de parientes, amigos y clientes, el menaje de su hogar al completo, algunos muebles. Julio César no viajaba nunca sin su suelo de mosaico (que ya es manía), y Marco Antonio siempre llevaba consigo su colección de vasos de oro. Se habla de que Nerón y Popea, cada vez que viajaban, movilizaban cerca de mil carros. Pero, claro, entre otras cosas tenían que desplazar las 500 burras que proveían la leche del baño diario de Popea.

Las personas con dinero iban de villa en villa, bien de su propiedad, bien de amigos o socios. Pero la gente normal también tenía su alternativa, como la de hoy. En muchos lugares donde eran habituales los viajes había hoteles que se anunciaban mediante carteles en los que prometían las mismas comodidades que en la capital (de donde se deduce que los turistas no eran, precisamente, de la Subura donde vivían los del censo por cabezas; porque, allí, en aquellas insulae abigarradas que se incendiaban los días pares y los impares, también, comodidades, la verdad, había pocas).

Los viajes se hacían aprovechando la densa y bien construida red de calzadas romanas, para lo cual los turistas se proveían de guías precisas que les indicaban la ubicación de los caminos, acompàñadas con indicaciones de las características de las poblaciones que atravesarían y su oferta de alojamiento y manutención. Lo que se dice, pues, auténticas guías Repson, sólo que sin gasolina.

Así que, ya sabes. La vida no ha cambiado tanto en dos mil años. Todos nosotros somos, apenas, cromañones con perfil en Facebook.

lunes, abril 15, 2013

Il divo



La Historia del arte y, sobre todo, de las artes escénicas, está repleta de personas que se han hecho merecedoras, ellos, de la palabra divo; ellas, de la expresión prima donna; ambas procedentes del italiano, pues Italia ha sido durante mucho tiempo el lugar que daba y quitaba, al menos en el caso de la música.

Los divos y divas suelen caracterizarse por ser caprichosos y de muy difícil relación. Se consideran por encima del común de los mortales, algo provocado por la excesiva pleitesía con la que se desempeñan con ellos sus admiradores, y todo esto los convierte en seres atrabiliarios a los que, además, todo se les perdona. El divo, con el tiempo, acaba desconectándose de la realidad; acaba por no ser siquiera consciente de que en el mundo hay gente que ni siquiera conoce su nombre (de hecho, no sé si existirá un solo divo en todo el mundo que pueda decir que más personas saben quién es que las que lo desconocen) y entra, no pocas veces, en una especie de bucle autooriginal, en el que se ve obligado a ser cada vez más excéntricamente exigente.

viernes, abril 12, 2013

Los últimos traidores de Hitler



Ya hemos visto en este blog, con cierto detalle, la maquinación y el fracaso del atentado de Rastenburg contra Adolf Hitler, del que salió prácticamente ileso de milagro. También hemos visto, al estudiar dicho atentado, que la represión del mismo fue de una extrema violencia y carácter indiscriminado. Miles de personas sufrieron encarcelamiento, varias ejecutadas, y muchas probaron la dureza de la Gestapo.

miércoles, abril 10, 2013

Amapola (in Memoriam)


Los lectores habituales de este blog habrán notado que últimamente su autor se muestra un tanto esquivo e incumplidor. Hay una razón para ello.

Hace dos días, perdí a mi madre.

Fue hace unos cuantos años que escribí el texto del cuento que reproduzco aquí, apenas con dos o tres correcciones sobre aquellas palabras originales. Cuando lo escribí, mi madre estaba muy lejos de la muerte y, sin embargo, esa idea ya me provocaba cierta desazón; tal vez porque yo mismo la rondé en sus brazos. Lo he releído en estas últimas horas y he pensado que no podría pensar en un homenaje mejor. Los hay, sin duda, mucho mejores; pero yo no sé escribirlos.

Va por ti, madre. Lee, pues.

viernes, abril 05, 2013

¿Existió alguna vez una señora de Nazaraios?

El problema empezó en septiembre del 2012. En dicha fecha, durante una conferencia en Roma, una experta en estudios bíblicos, la profesora Karen King, anunció que había encontrado un pedazo de manuscrito del siglo IV, escrito en copto, en el que se habla de la esposa de Jesús, el Mesías. Hace muy pocos días, la polémica ha resurgido, por lo menos en Reino Unido, tras un reportaje de la BBC titulado El Misterio de María Magdalena, en el cual sus autores insinuaban que María y Jesús podían haber sido amantes o esposos, y que se besaban en público. Los católicos británicos, que quizá porque Reino Unido es un país mayoritariamente anglicano suelen ser muy católicos, han puesto, nunca mejor dicho, el grito en el Cielo.

martes, abril 02, 2013

Soixante huit (16: el mete-saca social)

De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer, cuarto, quinto, sextoséptimo, octavo, noveno , décimo, décimo primerdécimo segundo, décimo tercer, décimo cuarto y décimo quinto capítulo.

Resumen de lo publicado: En medio de una creciente presión de hobbits y enanos en la Tierra Media, en la que han montado una huelga de la mundial, Sauron , el Señor Oscuro, se dirige a sus súbditos insinuando la posilidad de abandonar el máximo poder del mundo se le tocan en exceso los mendengues. Hobbits y enanos contestan redoblando sus manifestaciones y generando aun mayor caos en la Tierra  Media.,


Muy pocas veces, desde la entrada de los alemanes en París, se han visto camiones militares en los alrededores de Los Inválidos. Pero aquel sábado, 25 de mayo, varios se mueven por la zona, a causa de la huelga general. Pero no es ese templo de la nación el principal foco de atención aquel día. Es el edificio de la rue de Grenelle, sede del Ministerio de Asuntos Sociales. Pocos minutos antes de las tres de la tarde, una procesión de vehículos oficiales, los famosos Citroën Tiburón de la época, llega hasta el edificio y entra en su aparcamiento.

En uno de esos coches va el primer ministro, Georges Pompidou.

jueves, marzo 21, 2013

Cabestros titulados


Todos los que estáis en este mundo conocéis la noticia. En las últimas oposiciones a maestro escuela producidas en la Comunidad de Madrid, los aspirantes a profesores han cometido errores propios de esas Antologías del disparate que algunos maestros escribieron en su día relatando las burradas de sus alumnos. En la universidad de Santiago de Compostela, en los años que yo hice la selectividad, había un catedrático, José Moralejo Álvarez, que cada año deleitaba a los lectores de La Voz de Galicia con las cosas que tenía que leerse como miembro del tribunal de examen. Entre las que recuerdo de mi propia convocatoria, está aquella pregunta que decía “cita a tres grandes exploradores decimonónicos del África”, a lo que un estudiante contestó: “Brazza, Livingstone y Stalin”. O esa otra de la prueba de Arte, en la que se nos propuso para comentar una imagen del Cristo yacente de Gregorio Fernández, y un alumno contestó: “es el Cristo tumbado de Gregorio Fernández”. 

Los tiempos han cambiado, y ahora son los maestros los que cometen las burradas. La novedad resulta inquietante. Aunque lógica. 

La superioridad de conocimientos del maestro sobre el alumno trae causa en dos cosas. La primera, bastante obvia, es que el maestro debe transmitir al educando lo que sabe. Esto, sin embargo, ya no es así, porque, hoy, el maestro lo que aspira a transmitir a su administrado no son conocimientos, sino una forma de socialización, una forma de ser persona, de interactuar con el mundo y uno mismo; todas esas cosas que la nueva pedagogía pone por delante.

La segunda cosa para la cual existe la superioridad de conocimientos del maestro es porque es la base de la auctoritas de éste. Incluso en la escuela antigua, en la que los profesores retenían importantes parcelas de poder, por ejemplo la soberanía de arrearte impunemente una hostia o una mano de ellas; incluso en aquellos tiempos, digo, la superioridad del maestro se basaba en su obvio conocimiento diferencial; él sabía, y tú, no. Todos los alumnos hemos despreciado a nuestros maestros, apreciado a unos cuantos, y odiado a otros. Pero entre los apreciados, y aprecio aquí quiere decir aceptación natural de la jerarquía, están siempre aquéllos que dominaban su asignatura hasta el punto de parecer que la habían parido ellos mismos. A los maestros suaves o permisivos, pero ignorantes, les reservábamos la burla, no el respeto.

La cuestión es que hoy en día maldita falta que hace el respeto y la superioridad, porque a los maestros se los ha bajado de la tarima y se los ha convertido en una especie de primus inter pares talludito, con la responsabilidad de sacar las clases adelante, pero todo de forma muy democrática y compartiendo los poderes. Así pues, si la educación se ha convertido en un hecho asambleario, ¿para qué quiere el maestro saber más que sus alumnos? La moderna pedagogía lo ha convertido en un señor o señora cuyo trabajo, simple y llanamente, es conseguir que sus alumnos respondan adecuadamente sobre los conocimientos expresados en un libro.

La verdad es que yo esto ya me lo veía venir. Hace años asistí a mi sobrino, al que se le hacían un tanto cuesta arriba sus asignaturas de la ESO. Un día, estudiando con él eso que antes se llamaban Ciencias Naturales, me encabroné de la hostia al encontrarme en una sola página de su libro (capítulo sobre las capas geológicas de la corteza terrestre) tres faltas de ortografía, tres. Así que, cuando hizo el oportuno examen, le pedí prestado el libro y me tomé el trabajo de leérmelo de cabo a rabo, hasta los recuadritos al margen que nunca sirven para nada, observando cada falta de ortografía o de sintaxis, cada anacoluto, cada mierda que encontraba. Le dije a mi sobrino que le dijera al profe que el libro estaba plagado de faltas de ortografía. Nunca tuve feedback. Supongo que su profesor le debió decir: esto es el negociado de Ciencias Naturales; aquí las faltas de ortografía no cuentan. Además, qué coño, un profesor no tiene por qué escribir mejor que sus alumnos. 

En el siglo XIX era figura de cachondeo el Maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela. De ahí pasamos a respetar al analfabeto porque, se nos dijo, no es culpa suya que no sepa leer. En un tercer paso plenamente lógico, evolutivo, le hemos construido escuelas de Magisterio para que pueda desplegar su ignorancia con pleno derecho. Creo que es el Principio de Peter el que sostiene que toda persona asciende en la escala laboral hasta alcanzar su máximo nivel de ineficiencia. El sistema educativo español es la demostración empírica de que este principio individual es perfectamente aplicable a las colectividades sociales en su conjunto.

A mí la noticia me parece muy grave, pero por razones más profundas que las relacionadas con el hecho de que alguien pueda pensar que el Ebro pasa por Madrid. Insisto: lo que ahora conocemos es una consecuencia lógica de la opción pedagógica que hemos elegido y su escasa proclividad hacia el mérito. En realidad, lo importante de que el maestro sea un analfabeto funcional no es que no se sepa de memoria el quinto postulado de Euclides, porque eso, al fin y al cabo, si se esfuerza un poco y da en alguna librería con algún tomito en plan Don Pimpón te explica la geometría euclidiana, a base de subrayar y estudiar, podría llegar a ser capaz de explicarlo con cierto aseo.

Lo peor de que el maestro sea un ignorante titulado con balcones a la calle y trienios de antigüedad no es que no sepa; es que, por lógica, establece una alianza estratégica con los que no saben. Dicho de otra forma: no es que no tenga conocimientos; es que, si no los tiene, por lógica no puede saber por qué hay que tener conocimientos.

¿Por qué estudiamos? Esta pregunta nos la hemos hecho todos. Que levante la mano el que no haya discutido con sus padres nunca con argumentos del tipo: si yo voy a ser abogado, ¿por qué narices tengo que aprenderme la puta combinatoria? O: ¿de verdad alguna vez cuando sea mayor voy a tener que saberme las producciones agrícolas de Castilla-León? Cuando menos yo, y otros muchos yo de mi generación, chocaron, en esta argumentación, con el muro infranqueable de unos padres que, en muchos casos, habían tenido educaciones muy deficientes por causa de sus orígenes humildes, y estaban seriamente implicados en la idea de que sus hijos saltasen en la escala social adquiriendo los conocimientos que a ellos se les negaron. 

Y había otro dique de contención: el maestro.

El maestro nos indicaba cada día, con su actitud, con sus pescozones, con sus suspensos, con todas esas cosas que lo hacían odioso, que él tenía una alianza firmada con nuestros padres, y con la cosmovisión que nos obligaba a esforzarnos. A nuestras quejas y renuencias contestaba con una voz metálica, un poco de Robocop pedagógico preprogramado, que nos decía: “abrid los libros por la página 32”. Y comenzaba a explicar la formación de las morrenas, o la Europa de Metternich, o el Cantar de los Cantares. 

No se molestaba en explicarnos la verdad, porque no la habríamos entendido. La verdad es que millones de personas en el mundo, cada día, corren kilómetros en la mañana sin intentar llegar a parte alguna; corren porque quieren hacer ejercicio, estar a tono. Y estudiar es exactamente lo mismo. El tipo que practica jogging nunca se pregunta: “¿Por qué paso corriendo por la calle de Los Testiguillos, si nunca en mi vida voy a necesitar venir aquí para nada?” Es el mismo tipo de pregunta que la del estudiante que protesta porque tiene que estudiar matemáticas cuando ni le gustan ni piensa usarlas en la vida adulta. Estudiar es ejercer los poderes de la mente, desplegarlos y, en un proceso que, verdaderamente, no se le puede explicar a un adolescente porque no lo entenderá, memorizar las guerras púnicas es una forma de construir la capacidad de almacenar datos y usarlos en situaciones diversas, que no otra cosa es el cerebro humano.

A mi modo de ver, lo verdaderamente importante en un maestro es que entienda esto. Que entienda que lo que está haciendo con sus alumnos, además de prepararlos para pasar tal o cual examen, es enseñarles a usar la herramienta que tienen en el cráneo para memorizar, para realizar inferencias lógicas, para tener capacidad analítica, o de abstracción. Y eso no se puede conseguir jugando al Gears of War. Las reclamaciones, al Papa de Roma, al Gran Muftí o al rabino del barrio, según creencias.

Pero la cosa es: ¿cómo puede entender esto un maestro que no ha realizado ese ejercicio de despliegue mental él mismo; cosa que es bastante evidente si sostiene que la gallina es un mamífero? Todos los sicoanalistas, si no estoy mal informado, se han sicoanalizado ellos mismos antes de serlo, y la cosa tiene su lógica. Tengo por cierto, también, que en Estados Unidos muchos de los árbitros de fútbol americano han sido antes jugadores o entrenadores, lo cual también tiene su lógica (tal vez porque esta lógica no se aplica en el soccer es por lo que es un deporte con ese tufillo a corrupción arbitral…). La pedagogía moderna, a lo que se ve, pretende, sin embargo, que los maestros transfieran las bondades de un ejercicio que ellos mismos no han realizado.

Lejos de hacerlo, este moderno Maestro Ciruela lo que hará, cuando esté al frente de un aula, es establecer un vínculo secreto con aquéllos de sus alumnos que no creen en las virtudes del estudio. Que no le ven lógica alguna al gesto de perder (sic) tanto tiempo de su vida memorizando chorradas. Así las cosas, quien, por las razones que sea, la principal de ellas porque tenga unos padres dedicados a la tarea, decida esforzarse, no encontrará en el aula una fuente de oposición, sino dos: aquéllos de sus compañeros que, mal de muchos blablablá, intentarán atraerlo al Lado Oscuro; y su maestro.
Estamos, pues, ante una noticia tristísima, mucho más que los resultados del PISA. Los resultados del PISA nos dicen que el nivel educativo en España es una mierda. La noticia de la Comunidad de Madrid nos dice que, además, vivimos en un sistema que, a las víctimas de ese sistema, les permite ser maestros, con lo que la mierda se reproduce a sí misma, se convierte en un bucle automiérdico. La ignorancia hispana se reproduce en una serie de Fibonacci; esa cosa, dirán los opositores de la Comunidad de Madrid, de la que hablaban en El Código da Vinci.

Y es más triste aun a la luz de las reacciones. Los sindicatos, por supuesto, han puesto el grito en el Cielo, porque dicen que se estigmatiza al maestro. Estigmatizar al maestro es despreciarlo públicamente por ser mujer, o por ser negro, o por ser de Palencia. Colocar en la palestra pública al maestro por ser un ignorante no es estigmatizarlo; es hacer eso que ahora está tan de moda y que se llama pedir cuentas por el gasto de nuestros impuestos. Siguiendo la lógica sindical, el día que haya una avería de la luz en mi casa y, después de tres horas, llame yo a la Unión Penosa para decirles que se me están pudriendo las chuletas de la nevera, la operadora Gladys en qué puedo atenderle me contestará: “haga usted el favor, señor, de no estigmatizarnos”.

Triste la reacción sindical, y más aun la de una magistrada de la nación, que no otra cosa es una ex ministra como la señora Trujillo, que ha intentado evitar la recta usando la asíntota de que eso de preguntar los ríos de España es “franquista”. 

Lo verdaderamente franquista, de hecho es algo que el Movimiento hacía sistemáticamente, es enfrentar el problema Dónde Vas con la contestación Manzanas Llevo. Que es, exactamente, lo que ha hecho la señora Trujillo. La proposición implícita en esta reacción es abracadabrante: el conocimiento también tiene ideología. Hay cosas que el hombre común, o sea el plebeyo, no tiene por qué saber, y hay una autoridad, no se sabe muy bien dónde, que es la que pinta esa raya. Cierto es que esa raya existe por razones bien obvias: el currículo escolar, por mucho que lo queramos preñar, no puede contener la totalidad de conocimientos que es posible transferirle a un impúber. Pero el trujillismo va más allá; sostiene que esa selección de conocimientos no hay que hacerla sólo con criterios técnicos (esto sirve, esto no) sino con criterios ideológicos. El trujillismo tiene su lógica si la noticia de prensa fuese: los actuales opositores a maestros no se saben los Puntos Fundacionales de Falange Española (que en el pasado no sólo se tenían que saber, sino que estaban obligados a enseñarlos). Si ésta fuese la noticia, todos habríamos saltado diciendo: ¿cómo es posible que a los maestros de hoy en día se les exija conocimiento tan ajado? Pero, no. El trujillismo no se ha referido al resumen doctrinal Primo-Ledesma; se ha referido, shit you little parrot, al conocimiento de los ríos de España. 

Así pues, saber que el Gállego no desemboca en el Ganges y por lo tanto bañarse en él no supone beneficio alguno para los creyentes en el hinduismo, es franquista. A partir de ahí, ancha es Castilla. Franquistas serán, también, los diagramas de Venn, las aplicaciones sobreyectivas y, qué narices, la tabla periódica, que al fin y al cabo tiene un elemento que se llama Francio que, vaya, en la escuela franquista los maestros franquistas nos enseñaban que se llama así por Francia, pero vaya usted a saber si no nos manipulaban...

Así pues, la militancia ignorante alcanza el punto de opositar a maestro, y una antigua miembra (sic) del Gobierno les defiende, insinuando que, puesto que Mahoma no va a la montaña, o sea para qué les vamos a pedir que estudien, solucionemos el tema quitando de los currículos los conocimientos que no han adquirido. Y todo esto se cobra contra el prestigio de los muchos, muchísimos, profesores que hay en España que se lo han currado y se lo curran, y que ahora, en un proceso también muy hispano, han sido automáticamente colocados en el saco de los felices analfabetos militantes.

Eso sí. El problema es de gasto, o eso dicen los de la camiseta verde. Si la cosa está mal, es porque no se invierte suficientemente en educación. Les vendría bien hablar con esos padres wealthy, que los hay a puñados, que tuvieron o tienen un hijo que es un cabestro vago y se han gastado toneladas de pasta en clases de refuerzo, veranos en Limerick, sicólogos, educadores y la hostia en verso, y apenas han conseguido, con ello, hacer pequeñas muescas en la sólida coraza de idiotez rampante del puto niño. Cuando un crío es mal estudiante, el primero que tiene que cambiar es él. 

Pero cómo le vamos a pedir al establishment educativo español que resuelva un problema que, en realidad, no es capaz de ver.

lunes, marzo 18, 2013

Soixante huit (15: El gambito De Gaulle, algunas consideraciones sobre el marxismo,


De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer, cuarto, quinto, sextoséptimo, octavo, noveno , décimo, décimo primerdécimo segundo, décimo tercer y décimo cuarto capítulo.

Resumen de lo publicado: Una vez iniciada la revolución a gran escala en la Tierra Media con la implicación de los enanos mineros, los hobbits se las prometen muy felices pensando que van a ser amigos para siempre means you'll always be my friend, no naino naino naino naino naino na; pero lo cierto es que los enanos, que van a lo suyo y lo que quieren es más paga y menos horas y a ellos el derrocamiento de Sauron y un nuevo orden élfico para la Tierra Media se la viene sudando, pasan de ellos. Por lo demás, la decisión de Sauron de eliminar las restricciones a los hobbits en Hobbiton provoca que éstos invadan su tierra, momento a partir de cual se atomizan en una miríada de pequeñas organizaciones o Comités de Acción. que se llevan entre ellos así, así. En ésas estamos, con los hobbits sintiendo cada vez más la presión de las contradicciones entre ellos y el desprecio de los enanos, cuando Sauron, en un ejercicio hiperbólico de miopía, coloca de nuevo las cosas en su contra al anunciar que ha decretado la expulsión del mago Gandalf-Bendit de la Tierra Media.

Suenan, de nuevo, los cuernos de guerra en los valles.

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La primera manifestación que transcurre por París aquel 24 de mayo es la de la CGT. En la misma se cantan eslóganes sobre la libertad sindical y la jornada de 40 horas. Llegados a la estación de Austerlitz, está prevista la disolución de la marcha, pero dentro de la masa hay grupos de jóvenes obreros que apoyan a gritos la idea de ir a unirse con los estudiantes, que han comenzado a las cinco de la tarde su serie de marchas con final en la estación de Lyon. A las siete y media, la explanada frente a la entrada de la estación está llena de gente; unas 30.000 personas, en un cálculo optimista. Hacia la Bastilla, les observa un fuerte contingente policial.

viernes, marzo 15, 2013

Idus de marzo

Hoy, 15 de marzo, celebramos el día de los idus de marzo. El día en que, según los relatos, Julio fue asesinado en la escalinata que comenzaba a subir para asistir a una sesión del Senado; la escalinata, supongo, porque confieso que no lo sé a ciencia cierta, del templo de Belona.

Han pasado a la Historia las palabras de Julio, tu quoque, fili; como las de Marco Bruto, sic semper tyrannis, que serían repatidas, mucho, mucho tiempo después, por John Wilkes Booth, en el acto de asesinar a Abraham Lincoln.

Para celebrar este día, y para terminar de joderos en fin de semana, aquí os dejo un cuento que escribí hace años que, como comprobaréis caso de leerlo, no es del todo ajeno a los hechos hoy recordados.

jueves, marzo 14, 2013

Von Kleist, in memoriam

A todos aquellos que aun no lo sepan, que supongo que serán muchos, les informo de que el pasado viernes falleció en Munich Ewald-Heinrich von Kleist. Está citado varias veces en una serie de posts de este blog que tiene un primer, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo capítulos, más un epílogo.

lunes, marzo 11, 2013

Hitler y Palestina (7)

De esta serie se han publicado ya un primer, segundotercer, cuarto, quinto y sexto capítulos.



Poco tiempo después de su llegada a Berlín, las relaciones entre el-Husseini y al-Galiani comenzaron a deteriorarse. En la primavera de 1942, cuando al Africa Korps avanzaba hacia Egipto, las diferencias alcanzaron el estatus de enfrentamiento.