viernes, febrero 21, 2014

Libia (4)

Por una vez en la vida, a Libia le había tocado la lotería. Eso sí: le había tocado el Gordo. Colocada a tiro de lapo de una Europa de posguerra que cada vez necesitaba más petróleo, descubría que tenía el área de Sirt petada de combustible fósil muy ligero y con poco sulfuro, o sea petróleo pata negra. Además, y al contrario que otros productores árabes, ni tenía que hacer pasar su crudo por otro país, ni tenía que usar el canal de Suez.

Y, además, hay que reconocer que lo planificó todo muy bien.

lunes, febrero 17, 2014

Libia (3)

Los poderes occidentales no dudaron lo más mínimo en apostar por Libia para hacer del país un aliado. Casi una década después de la independencia, de hecho, Libia era uno de los principales receptores de ayuda financiera de los Estados Unidos, a cambio de lo cual tanto Washington como Londres tenían acceso libre a las bases militares de Wheelus y al-Adem. Esta situación contrastaba claramente con la que se producía en el que había sido el principal bastión británico en Oriente Medio, Egipto, donde el nacionalismo arabista de Gamal Abdul Nasser estaba cambiando las cosas de forma muy relevante.

viernes, febrero 14, 2014

Libia (2)

En octubre de 1918, cuando Turquía firmó el armisticio de la Gran Guerra, Italia se apresuró a aventar los acuerdos de Londres de abril de 1915, que le otorgaban la soberanía sobre Libia. Sin embargo, agotada tras una guerra, no tenía ningunas ganas de seguir disparando balas en el norte de África, por lo que aceptó que, bajo la supervisión británica, la Sanusiya se estableciese autónomamente en la Cirenaica. En 1919, Italia aprobó dos estatutos distintos para la Tripolitania y la Cirenaica, de forma que cada una de las regiones tendría su propio parlamento.

martes, febrero 11, 2014

No lo pillo

En todo discurso hay un elemento fundamental que se puede definir con las palabras «coherencia interna». En el muy reciente discurso sobre el Estado de la Unión, y entre los muchos temas que trató, el presidente Obama se refirió a la emisión de unos nuevos activos financieros públicos, los denominados bonos MyRA, diseñados para que las personas de sueldos bajos o medios pudiesen comprarlos. En su discurso no se refirió a esas personas hablando de persons, o people. Utilizó la palabra folks. Tipos, pavos, pollos. Quería dejar bien claro de quién estaba hablando. Si hubiese dicho, un suponer, gentlepersons, probablemente nadie le habría entendido bien.

Así las cosas, ponerse encima del cuerpo unos aperos de vestimenta que un español medio tendría que pasarse quince años sin beber una mísera caña para poder pagar, para luego subir a la tribuna y decir «estoy en la ruina», no es, lo que digamos, un discurso coherente. Pero es exactamente lo que la familia del cine español hace cada vez que las cosas no le van como querría. El discurso del cine español se parece al de aquel banquero, (creo recordar que era Higinio Torras, el presidente del Banco de los Pirineos), que en una entrevista periodística dijo: «estoy arruinado»; e, inteligentemente repreguntado por el periodista sobre qué consideraba él por estar arruinado, contestó: «a tener diez millones [de la época] en el banco». Luego, el personal no responde a sus electrochoques, y ellos se extrañan.

El cine español es lo más parecido al nacionalismo que hay más allá de los partidos nacionalistas. Su estrategia es la misma: buscar un enemigo y encalomarle todos los males que sufre. Si, además, su enemigo tiene el gesto de escurrir el bulto, mejor que mejor.

Ya he escrito otras veces que la jugada realizada por las personas del mundo del espectáculo durante estos últimos cincuenta años merece un aplauso cerrado. En tiempos de la II República, el mundo de la farándula estaba tan o más implicado con los objetivos políticos del momento (ahí está La Barraca, y otros muchos proyectos); pero, sin embargo, a nadie se le ocurría considerar que los actores eran intelectuales con derecho a ser especialmente respetados, dotados de la condición de ciudadanos especiales, en el terreno de la opiniones. Ese calificativo se reservaba para los escritores y los directores, que son los que realmente tienen que hacer un esfuerzo intelectual.

Gracias al franquismo (lector, por favor, regrese un momento a la palabra que se ha escrito en itálica), esa etapa de la vida de España que todo lo cambió y todo lo condicionó, los actores cambiaron de estatus. Aupados en sucesos a los que se dio gran trascendencia, pero que en realidad no dejaron de ser conflictos como los tuvieron también los torneros, los fresadores y hasta los sexadores de pollos, los actores se convirtieron en una parte de la intelectualidad. En realidad, en el caso de un actor, eso equivale a aceptar barco como animal acuático; porque así como es imposible escribir El Quijote sin tener en la cabeza algo más que la clasificación de la Liga BBVA de las últimas cuatro semanas, sí es posible, con ese bagaje, interpretarlo. Groucho Marx explicó en los años sesenta que Margaret Dumont, su sempiterna compañera en varias de las grandes películas de su saga, nunca entendió los chistes que él hacía sobre ella. A una actriz creo que es de una peli que se llama Milicianas la escuché en la tele contar que cuando había hecho la película había alucinado, porque, cito de memoria, antes de hacerla no tenía ni idea de «el follón» que se había montado en Barcelona en mayo del 37. Acto seguido soltó la típica perorata sobre eso de que si la guerra civil fue una lástima porque cercenó la República democrática y tal, y yo me preguntaba cómo se puede sostener la dicha opinión, o cualquiera, sobre la materia, sin tener antes información sobre, entre otras cosas, «el follón» que se montó en Barcelona en mayo del 37.

Los actores han adquirido condición de intelectuales por interpretar a los personajes que inventan los intelectuales. Es lo mismo que si considerásemos ingeniero a Fernando Alonso por saber pilotar una complejísima obra de ingeniería como es un fórmula uno. Pero es un hecho que la mayoría de la gente no percibe la incongruencia básica de este plantemiento. Y, además, al mismo tiempo que descubrían la política, los actores descubrieron su tirón mediático. El hecho, también filosóficamente absurdo pero en cualquier caso real, de que el humano medio es más proclive a adoptar la opinión que tenga George Clooney sobre los alimentos trasgénicos que la que tenga un ingeniero químico medioambiental con un máster del MIT y siete doctorados honoris causa. Clooney es bien parecido y en cambio el ingeniero tiene los codos pelados de tanto estudiar, está fofo y es feo. Y no lo conoce nadie.

Así las cosas, actores que para parir a su churumbel alquilaron no sé cuántas habitaciones de la misma planta de un hospital californiano, o sea que se lo pueden pagar, suben a la palestra a decir que el problema del cine es que la Administración no pone pasta, bien sea poniéndola (subvención), bien sea no cobrándola, esto es dejando al cine fuera del arreón fiscal que nos llega con la crisis y que afecta a otras muchas cosas (de hecho, por pura teoría de los vasos comunicantes, se les debería aplicar más si al cine se le bajase el IVA). Desde un punto de vista liberal, se podría pensar que a lo mejor el problema es que ellos, que tienen pasta (el churumbel, California, bla), no la arriesgan. De donde cabe deducir que la idea central de nuestra gente del cine es que éste no debe basarse en ser una práctica de riesgo; porque si lo pensasen, arriesgarían una pasta que, salvo noticia en contrario, sigue en sus bolsillos.

Yo creo que éste es el elemento nuclear que me separa del cine español. Mucho más que considere (que lo considero) que es, básicamente, de cuestionable calidad. Me cuesta entender que alguien crea que para poder dar un salto, alguien tiene que ponerle una red, aunque sólo sea media red; por la simple razón de que el parado que ayer capitalizó su prestación y hoy está pagando con gran sacrificio los 17.000 euros de traspaso de una taberna, no tiene ni un cuarto, ni un tercio, ni siquiera una décima parte de red. No acabo de entender por qué ese colombiano que se recicla de encofrador a cocinero/camarero tiene que arriesgarse al 100%, pero el que hace una película lo tiene que hacer en un porcentaje menor.

El cine español no quiere difundir la cultura. No quiere  hacer eso porque, si quisiera, sería el primero en decir que hay que instrumentar un sistema para que obras como El otro lado de la cama o Pagafantas no puedan subvencionarse, porque no son cultura (otro de los triles del lobby del cine es llevar a la gente a creer que cultura y entretenimiento son la misma cosa). El cine español, ya lo he dicho, no quiere difundir la cultura; quiere construir un corralito de seguridad, un corralito dentro del cual sea posible vivir sin someterse al juicio del mercado, o sea del público. Y lo curioso es que convoca, en solidaridad con ello, al propio público; y éste se la otorga, con lo cual, lo tengo que escribir así, ya no sé cuál de las dos partes está más perdida en la vida.

Hay un mal en la cultura y el espectáculo españoles que está ya tan profundamente enraizado que yo creo que es imposible de extirpar. Este verano pasado, conduciendo, escuché en Radio 1 una entrevista creo (no estoy seguro, por ahí habrá algún podcast) que a Kiko Veneno, que por entonces sacaba disco y empezaba a girar en conciertos propios de la canícula. Se quejaba Veneno de lo mucho que los tiempos han cambiado, y decía algo así como (resumo de mis recuerdos): «antes, cuando actuabas, el Ayuntamiento te pagaba por hacerlo, y ya estaba; ahora tienes que ir a taquilla, y te llevas, o no te llevas, dependiendo de que la gente vaya, o no»... señores de la cultura (y del espectáculo): eso que para ustedes, para Kiko Veneno, es una realidad nueva, es el panem noster quotidianum para el resto del mundo. A nuestro amigo colombiano, el de la taberna, el Ayuntamiento de Getafe no le compra los primeros 300 cafés, los sirva o no. Su primo Washington Jesús lleva dinero a casa si coge pasajeros en el taxi; y si no, no. De hecho, es que ni siquiera hay que salir de la cultura. Hay en el mundo mogollón de concertistas clásicos, pintores, escultores, novelistas, que no cobran si no venden; no cobran si a la gente no le molan sus interpretaciones, o sus obras.

Una de las cosas que hacen mucho los actores y cinéfilos en general es reinterpretar el pasado. Estos días, en foros y comentarios varios que surgen en internet al calor de la pasada gala goyesca, se recuerda eso de que los artistas siempre han disfrutado el mecenazgo, así que no hay de qué sorprenderse de que se pida la subvención. Confundir mecenazgo y subvención es un error gravísimo; de hecho, es un error tan grave que lo racional es renunciar a explicarlo, porque es tan evidente que quien está en condiciones de entenderlo, lo entiende sin esfuerzo; y quien no lo entiende, no lo hará así se lo expliquen las marionetas de Barrio Sésamo.

Pero, en todo caso, este argumento comete la falacia, las más de las veces inconsciente todo hay que decirlo, de olvidar que los ejemplos de mecenazgo que se manejan son los positivos, esto es los ejemplos de quienes se beneficiaron de ello. La protección que el conde de Floridablanca otorgó a Francisco de Goya, por ejemplo. Sin embargo, para poner las cosas en auténtica perspectiva, deberemos recordar que Goya no era el único pintor que pululaba por Madrid a finales del XVIII. Había otros muchos, de los que sabemos poco o incluso nada; y nada sabemos de ellos porque, siendo como eran peores pintores que Goya, nunca atrajeron el interés ni de Floridablanca, ni de la Corte, ni de nadie, y tuvieron, con seguridad, que malvivir de vender sus lienzos a cuarto, o dedicarse a otra cosa que les pusiera comida en la mesa.

Lo que pretende el cine español, básicamente, es que todos los pintores de aquel Madrid, los buenos y también los malos, puedan ser pintores. Quieren un sistema en el que la opinión de la gente sobre El albañil herido no importe una mierda y que, de hecho, esta obra maestra tenga que convivir, colgada en una pared a la misma altura, con cualquier cagarro polícromo abortado por cualquier tonto'l'haba que se crea pintor, ergo merecedor de subvención. Es algo lógico y humano: no quieren tener que discutir entre ellos sobre quién hace buen cine y quién lo hace malo, quién actúa bien y quién interpreta como el culo. Su concepto de juzgar la labor del cine español es la gala de los Goya: un acto en el que ellos mismos se juzgan a ellos mismos. Una especie de meritocracia cooptada. A costa del contribuyente, of course. Deberían meditar un poco sobre el pequeño detalle de que algunos de sus creadores más exitosos, en el campo de la cultura o del mero entretenimiento fílmicos, sean, precisamente, quienes menos van a ese acto.

Dice el presidente de la Academia de la cosa que hacer cine en España es un acto heroico. Hay gente que piensa, que lo ha pensado muchas veces en distintos momentos de los últimos cuatro mil años, que es que, en realidad, un acto de creatividad que no se plantee en condiciones épicas corre peligro de ser cualquier cosa menos una obra de arte. Las confesiones de Enrique Jardiel sobre cómo era su vida en el momento en que estaba escribiendo algunas de las páginas cumbre de la comedia escénica española; la afirmación becqueriana de que no se puede versificar el amor si no se ha perdido; tantos y tantos casos nos enseñan que cuando se crea desde un sillón bol y con el riñón tibio, se corre peligro de parir creaciones contrahechas, aburridas, sosas, faltas de ritmo, autocomplacientes, monotemáticas. Entiéndase: nadie en su sano juicio desea que otra persona deba realizar su labor en condiciones incómodas. Pero llama la atención que un creador intelectual no apele, en circunstancias comprometidas, de pobredumbre o escasez de medios, a la creatividad, a la grandeza del intelecto humano, a la capacidad de hacer, en el peor de los momentos, la mejor de las obras. No. Apela a que la fiscalidad ponga las entradas baratas (porque de ponerlas ellos mismos, ni hablamos), y a que vuelva el torrente de dinero. En otras palabras, Alejandro Amenábar se equivocó rodando Tesis. Tenía que haber esperado a que la Comunidad de Madrid le soltase una pastizara y poder rodar Titanic en el lago de la Casa de Campo.

Aquí tiene que haber algo que no pillo, seguro.

lunes, febrero 10, 2014

Libia (1)

¿Por qué Gadafi; por qué Libia? La respuesta es obvia: por el petróleo. Eso sí, hay alguna cosa más. En todo caso, si la explicación que ya hemos escrito, por el petróleo, ya te vale, estas notas no son para ti. Estas notas buscan contar algo de la Historia reciente de Libia, con el intento de explicar por qué Muammar el Gadafi se ganó el triste mérito de ser atacado por fuerzas internacionales, debilitado hasta el punto de caer como máximo dirigente del país. Esto es lo que voy a intentar contarte durante los próximos posts.

viernes, febrero 07, 2014

Galiza ceibe (al completo)

Como un servicio al ciudadano, aquí os dejo el texto completo de Galiza ceibe, o sea una breve historia del nacionalismo gallego.

jueves, febrero 06, 2014

Galiza ceibe (y 11)

Cuando llega la Transición, obviamente las fuerzas políticas gallegas se centran en el tema de la autonomía. Eso sí, no lo hacen como en el País Vasco o en Cataluña, y la razón fundamental para ello es que, para cuando llega la democracia, y a despecho de experimentos que se producirán algunos años después, la referencia histórica del nacionalismo gallego, el Partido Galeguista, está laminada. Castelao, ya lo hemos dicho, murió en 1950, y esto lo coloca en una evidente inferioridad de condiciones frente a Josep Tarradellas o el ex peneuvista, ya batasunero, Telesforo Monzón. Galicia prácticamente no tiene líderes históricos, y para uno que tiene, Ramón Piñeiro, es persona que, por mor de la reclusión sufrida, se ha apuntado tiempo atrás al movimiento gallego culturalista (mucho poema enxebre, mucho estudio etnográfico, mucha gaita, y tal) y no quiere saber nada del movimiento político propiamente hablando.

lunes, febrero 03, 2014

Galiza ceibe (10)

Ni siquiera ahora que, como toda España, el nacionalismo gallego tiene un enemigo en su paisano el ferrolano Francisco Franco, logrará la unidad. En realidad, la principal colonia gallega fuera de España, Buenos Aires, ya estaba dividida en los años veinte, entre los emigrados independentistas y los más afines a las fuerzas republicanas. La llegada de Castelao a la capital argentina pareció limar estas asperezas y, de hecho, en 1942 se funda un grupo en el exilio, la Irmandade Galega, que parece ser aglutinadora de tendencias (además de editora de A Nosa Terra en el exilio). Sin embargo, los enfrentamientos nunca desaparecerán, muy especialmente entre primeros emigrados, esto es gallegos establecidos en Argentina antes de la guerra, y nuevos emigrados.

jueves, enero 30, 2014

Las enfermedades de España

Una vez, hace algún tiempo, estaba conversando con una amiga y compartiendo con ella mi pesimista visión de la Historia de España, lo cual equivale a decir nuestro presente. En un determinado momento, ella me vino a decir que no terminaba de entender, si yo le decía que España no había sido siempre una nación enferma de las dolencias que yo denunciaba, en qué momento exactamente había enfermado. Es una pregunta profunda y dificultosa de abordar. Pero precisamente por eso acabas dándole vueltas, y te salen algunas ideas. Por ahí va este post de hoy.

miércoles, enero 29, 2014

Galiza ceibe (9)

El de 1934, como sabe todo el mundo, fue el peor año para el sentimiento nacionalista o autonómico en mucho tiempo. Una persona de cierto poder político y no muchas luces estratégicas, Lluis Companys, se dejó convencer por uno de sus ministros, el filofascista Dencàs, de que la cosa estaba ya madurita para que Cataluña se fuese por su parte. Así, coincidiendo con el golpe de Estado revolucionario de las izquierdas, montó el pollo independentista, aunque en cuando salieron las tropas del general Batet a la calle, las ínfulas se fueron al carajo. Companys terminó en la cárcel, Dencàs huyendo por las alcantarillas, y la autonomía catalana, la única que había conseguido avanzar en realidad, suspendida.

lunes, enero 27, 2014

Galiza ceibe (8)

Las divisiones que generó en el grupo parlamentario gallego la discusión sobre la forma de Estado que debía adoptar España hicieron caer en el olvido el tenue borrador de Estatuto que había redactado la ponencia controlada por la ORGA tras la asamblea de junio que, hemos de recordar, prefirió preterir otros proyectos más sólidos, y también valientes, procedentes de otras instituciones gallegas.

jueves, enero 23, 2014

Francisco Franco como problema histórico

La publicación de los resultados de la inocente encuesta con que he querido celebrar los 1.000 artículos de mi blog ha planteado inmediatamente, léanse los comentarios, un sub-debate hijo del debate, que sucintamente se puede resumir con la pregunta: ¿estará Franco ahí, donde está hoy, dentro de cien años?

miércoles, enero 22, 2014

Los cinco personajes de la Historia de España: and the winner is...

Lamento el retraso de estos días, pero he estado un tanto liado. Finalmente, eso sí, he terminado por tabular los datos de la encuesta para friquis, y puedo decir que, tras ponerlos en conexión con los vagos, tengo un resultado. Hay, de hecho, ganadores. Ganadores además que, teniendo en cuenta que los friquis sí que ponían nota distinta a cada uno de sus candidatos, tienen puestos.

viernes, enero 17, 2014

El voto de los vagos

Bueno, vayamos por partes con esta pequeña encuesta. Hoy nos toca el voto de los vagos que, como recordaréis, era una encuesta sencilla, de escribir nombres, sin prelación entre unos y otros.

Han votado 30 vagos que han dejado 186 nombres, la práctica totalidad de ellos de la lista de 100, aunque no solo. Hay algún voto que debería aclararse (por favor, el señor del fondo que ha votado al Duque de Alba, ¿sería tan amable de aclarar a cuál?). Los votos, en esta fase, generan un areópago bien evidente que nos deja, como dicen los horteras, las espadas en todo lo alto ante la tabulación de la encuesta para friquis.

A todos aquellos que habéis votado a los reyes católicos os he desplegado el voto en dos.

Éstos son los resultados, con indicación del número de menciones.

  • Francisco Franco; 17
  • Fernando el Católico; 16
  • Isabel I de Castilla; 14
  • Fernando VII; 13
  • Carlos I; 13
  • Cristóbal Colón; 12
  • Felipe II; 11
  • Antonio Cánovas; 6
  • Carlos III; 3
  • Hernán Cortés; 3
  • Al Tariq; 3
  • Juan Carlos I; 3
  • El movimiento anarquista; 3
  • Felipe V; 3
  • Adolfo Suárez; 3
  • Musa ibn Nusair; 2
  • Carlos II; 2
  • Carlos IV; 2
  • Miguel de Cervantes; 2
  • Escipión el Africano; 2
  • Napoleón; 2
  • Francisco Largo Caballero; 2
  • Pelayo; 2
  • Abderramán III; 2
  • Saulo de Tarso; 1
  • Miguel Primo de Rivera; 1
  • Isabel II; 1
  • Felipe IV; 1
  • Pablo Iglesias (entiendo que se refiere al que ya está muerto); 1
  • Blas de Lezo; 1
  • Alfonso VIII de Castilla; 1
  • Cardenal Cisneros; 1
  • Viriato; 1
  • Fernando II de Aragón; 1
  • Beato de Liébana; 1
  • Conde Duque de Olivares; 1
  • Raquel Rubio (???); 1
  • Carlomagno; 1
  • Simón Bolívar; 1
  • Don Pelayo; 1
  • Sancho III el Mayor; 1
  • Francisco Pizarro; 1
  • Enrique de Trastámara; 1
  • Duque de Alba; 1
  • El pueblo español; 1
  • El Gran Capitán; 1
  • Enrique II de Castilla; 1
  • Príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos.; 1
  • Napoleón Bonaparte; 1
  • José María Aznar; 1
  • Felipe González; 1
  • José Serrano; 1
  • Recaredo; 1
  • Josif Stalin; 1
  • Wamba; 1
  • Juan Bautista Topete; 1
  • Juan Negrín; 1
  • Baldomero Espartero; 1
  • Jaime I el Conquistador; 1
  • Juan Prim; 1
  • Rodrigo Díaz de Vivar; 1
  • Los Barca; 1
  • El Duque de Alba; 1
  • Los diputados de Cádiz; 1
  • Alfonso X el Sabio; 1
  • Los tontos útiles; 1
  • Benito Pérez Galdós; 1
  • Manuel Azaña; 1
  • Isidoro de Sevilla; 1
Las encuestas siguen abiertas.

miércoles, enero 15, 2014

Galiza ceibe (7)

[Iros entreteniendo con esto a la que yo cuento votos]

El nacionalismo gallego, en 1931, está ampliamente necesitado de un movimiento que resuelva tanto su fragmentación como la confusión introducida sobre todo por la ORGA. Este paso será la creación del Partido Galeguista; pero antes de eso hemos de hablar de las elecciones a Cortes Constituyentes.

lunes, enero 13, 2014

1.000: La encuesta (y algunas apreciaciones)

Hemos llegado al post número 1.000

Bueno, pues si todo va bien y he entendido bien las instrucciones de Google Drive, en estos dos enlaces podréis acceder a la  encuesta para friquis y encuesta para vagos. Cualquiera de las dos puede ser, por lo tanto, contestada. Ya sabes que la cosa va de definir, mediante los votos, a los cinco personajes más importantes para la Historia de España.

A partir de aquí, si todo lo que te importa es la encuesta, puedes dejar de leer.

En algún momento, en la primavera del año 2006, conversaba yo con mi sobrino, que entonces tenía catorce años y me torturaba un poco con las inevitables ayudas para estudiar los temarios de la ESO y tal. Tuvimos una conversación relativamente larga sobre política, ya se sabe, esas inevitables conversaciones sobre cómo está la cosa, lo que habría que hacer, que si los españoles somos así o asá... el caso es que, de forma un tanto casual, me surgió la idea de saber, con algo más de propiedad, qué nivel de información tenía mi interlocutor para elaborar las opiniones que elaboraba. Así que le pregunté: ¿qué sabes de la guerra civil española? Se encogió de hombros y me contestó, literalmente: «no sé; algo que pasó en 1952, creo».

Aquella respuesta me inquietó. Entonces, además, yo estaba en mi propia fase de descubrir internet, una herramienta que apenas utilizaba para documentarme en el trabajo. No sabía lo que eran las redes sociales y, por supuesto, no participaba en ellas. Una tarde no muy distante de la conversación del párrafo anterior descubrí que había foros de discusión a miles en la red, entre otros de la guerra civil, que era el periodo que en ese momento me atraía más por estar realizando la investigación previa de mi novela. Me apunté a un par y en alguno incluso he estado relativamente bastante tiempo. Pero la experiencia no tuvo nada de positiva. En el 2006 estábamos ya en la fase de intensa polarización en torno a la GCE que se acrisoló, no tanto en el texto, como en la discusión del texto de la denominada Ley de la Memoria Histórica. El hecho de que el pasado histórico se convirtiese en elemento de la discusión social y política, además, atrajo a ese entorno a una caterva de memos bastante importante, que en estos últimos años han escrito, casi todos, libros «divulgativos» sobre la cosa; con lo que, sobre una capa freática de historiografía que a golpe de subvención y sectarismo ya se había convertido en algo intelectualmente cuestionable, se posó esta otra de los sedicentes historiadores mediáticos, todos ellos fibrilándose en los debates de la red.

Lo que más me impresionó de aquellas experiencias en foros abiertos fueron dos cosas, que además están encadenadas. La primera fue la extremada ignorancia a partir de la cual las personas sostenían sus ideas. El primer debate más o menos largo que tuve implicó al general Queipo de Llano y su (según mi interlocutor) presunta falta de recursos en las primeras horas de su operación para hacerse con el control de la ciudad de Sevilla para la rebelión. Según este interlocutor, todos los relatos sobre la pobreza de medios con que había contado Queipo se los había inventado él a posteriori, y añadía que había contado con no sé cuántos miles de soldados para sus operaciones. Tras mucho porfiar (porque no fue fácil), mi interlocutor acabó informando de que el dato estaba en no sé qué libro, que consulté, y en el que pude ver que la dicha cifra se refería a los efectivos con los que había contado, no ya Queipo, sino Franco, cuando avanzó de sur a norte tras haber podido pasar al ejército de África a la península. En otras palabras; mi amable contertulio no distinguía el 19 o 20 de julio de 1936 de, digamos, los principios o mediados de agosto; lo cual, en términos de recursos para los alzados, es, siempre según mi modo de ver, un error garrafal.

La segunda cosa que me impresionó fue la forma con la que, al fin y a la postre, los compañeros de foro, inclusión hecha de sus (teóricos) moderadores, acabaron por recibir las respuestas que yo les escribía que, haciendo uso de mi habilidad con los diez dedos, solían ser bastante largas. Lo llamaron soberbia. A su modo de ver, manejar datos, contestar con datos, expresar que además son bien evidentes, que algunos de ellos no son cosas que se puedan opinar (un ejemplo: no cabe sostener que la afirmación de que las izquierdas abrieron en el 36 las cárceles también a los presos comunes es una invención de las derechas o de la historiografía franquista, porque entre otras cosas lo cuenta, negro sobre blanco y sobre la cárcel de Oviedo, Pasionaria en sus memorias) significaba desempeñarse con soberbia. Confieso que me llama mucho la atención esa mutación de España, que no sé muy bien cuándo se produjo, merced a la cual quien estudia y hace los deberes es un soberbio, y quien sostiene sus ideas en la nada resulta ser su víctima. En cualquier impostura intelectual que de tal se preciase, el primero habría de ser felicitado y el segundo, ridiculizado. Pero el mundo, por lo que se ve, ha caído en manos de los ridículos, que votando a tipos tan ridículos como ellos consiguen que la ridiculez adquiera timbre de actitud sana y respetable.

Todas estas cosas fueron las que me llevaron a abrir este blog. Quería, y creo que lo he conseguido cuando menos en buena parte, crear un espacio donde no sólo el conocimiento, sino el debate sobre la Historia se puede plantear en términos razonables y civilizados. Cierto es que la red es la red, y pronto me tuve que descabalgar de mi primera intención naïf de dejar los comentarios libres y abiertos, porque hoy en día no se puede evitar que los retrasados mentales, con todo el tiempo que tienen, acaben por localizar tu esquina en la red y empiecen a contaminar los comentarios con troleo de diversa naturaleza. Aun así, edito poco; yo creo que los lugares de internet se retroalimentan mucho, y las gentes que van buscando bronca, cuando no la consiguen, abandonan pronto, porque las posibilidades de lograrla en la red son innúmeras. De hecho, debo confesar que, a menudo, espío en Google Analytics de dónde viene gente que acaba en el blog y me encuentro enlaces a algún que otro foro de discusión; me enlazo al dicho foro y me descojono un rato leyendo las cosas que en «el mundo libre» se escriben, madre mía...

Después de siete años, estimo en aproximadamente 3.000 páginas lo escrito, incluyendo una novela completa, varios opúsculos, un par de ellos publicados en Kindle. Nunca pensé llegar tan lejos; la verdad es que pensaba que me aburriría después de un mes o dos. Sin embargo, muy pronto me dí cuenta de que la experiencia de la lectura, que ya de por sí es muy gratificante, lo es más si lees para algo. Yo tengo la suerte, o la desgracia, de que la Historia, que es lo que más me gusta leer, no tenga absolutamente nada que ver con mi vida, ni con mi trabajo, ni con mis necesidades. Es una suerte, sí, porque si no vivo de la Historia no tengo el problema de que me pueda convertir en un mercenario intelectual de ésos que cobran subvenciones por escribir libros demostrando que el rey Fruela era un dedicado activista de los derechos de los homosexuales, o que Recaredo albergaba el plan de petar la terra gothorum de molinos eólicos. Pero no lo es desde el punto de vista de que, como escribía supra, en realidad no leo para nada, como no sea para  mi propia cultura. Si además tengo un blog sobre la materia, la cosa cambia.

En términos generales, leo tres cosas y escribo una. Tengo el problema de que me cuesta contar anécdotas; esto es lo que lía los textos. Me gusta la historia anecdótica, pero llega un punto en que los hechos hay que situarlos, e investigar, formular, esquematizar y luego describir ese encuadre es, también, una labor molona. Si algo me jode especialmente es estar perdiendo, ya casi sin remisión, la capacidad de escribir posts únicos; casi todo lo que me sale son series de artículos (porque hay mucha gente a mi alrededor comiéndome la oreja con eso de que al lector de internet hay que darle textos muy cortos), y cada vez más largas. Avanzo hacia lo superferolítico.

El blog lo visitan, en temporada normal, unas 800 personas diarias. Algunas de ellas, a base de dejar comentarios, ya están como sentadas en el mismo salón que yo, frente a la chimenea. El viaje intelectual es una experiencia individual que luego se comparte.

Podría escribir eso tan manido de que con una sola persona que haya aprendido leyéndome que la guerra civil comenzó el 18 de julio de 1936, ya me sentiré pagado. Pero, la verdad, es una gilipollez. A día de hoy, yo sigo sin esperar retribución alguna por algo que hago porque me da la gana; y mi sobrino, que ahora tiene 21 años, la verdad, tengo mis dudas de que sepa situar correctamente la fecha de marras. Cosas como este blog son como arrojar un merengue contra el casco del Titanic, porque lo que España necesita, a mi modo de ver, no son personas que intenten sacarla de la ignorancia, sino darse cuenta, ella misma, de que no mola ser ignorante.

Y esto último es algo, que, sinceramente, creo que está muy lejos de pasar. Así pues, aquí seguiremos divirtiéndonos, yo escribiendo y otros, espero, leyéndolo. Y ni más más, ni más menos.

viernes, enero 10, 2014

999: los cien

Bueno, en este post 999, y como algunos habéis sugerido, os coloco la lista de mis cien personajes (que no españoles). Para que la podáis poner a parir a gusto. 

La próxima vez que nos veamos, será en el post número 1.000.

jueves, enero 09, 2014

998

Hemos pasado las fiestas, de la forma más elegante posible, y ya nos encontramos, aquí, apostados en el artículo de este blog que hace el número 998. Esto es, estamos a dos del Año 1000 y los portentos que, tal vez, nos traiga aparejados.

Quienes sean fieles seguidores de este blog sabrán que hace tiempo afirmé que celebraría el post número 1.000 con una encuesta. Mentí. Lo voy a celebrar con dos.

La cosa tiene su explicación.

En realidad, en las últimas semanas he estado trabajando en diversas encuestas posibles. Elaboré una que incluía diversas preguntas y cuestiones, tales como cuál ha sido el mejor y el peor rey de España; qué diferentes niveles de responsabilidad otorgan mis lectores a los diferentes personajes de la II República en lo que concierne a la guerra civil; y tal. Sin embargo, algunos de mis cercanos me han atacado con el nada elegante argumento de que la encuesta quedaba superferolítica. «A la gente no le puedes pedir que conteste más allá de tres o cuatro preguntas», me decían. Luego, un día, en Facebook una amiga colgó un mensaje diciendo que su hijo había hecho una encuesta en internet para un trabajo en el colegio o en la universidad, y que por favor la contestásemos. Me conecté y la contesté; me pareció un coñazo. Entonces tuve que reconocerme que tal vez mis críticos tenían razón.

Esa encuesta sigue ahí, aunque guardada en el baúl de los recuerdos. Mientras tanto, yo cambié de estrategia. Me dije: hay que buscar un enfoque fácil. Un domingo, durante uno de mis habituales paseos mañaneros, sentado en la plaza de Oriente a los pies de Ordoño I, me vino la idea: el Hall of Fame de la Historia de España. Los N (siendo N entero y menor de, digamos, 25) españoles que han sido más importantes para nuestra Historia. Bingo. Un enfoque fácil, sencillo, en el que pueden tener opinión hasta quienes no sepan gran cosa de Historia.

A partir de ahí, la cosa se complicó again, como me suele pasar.

Primero pensé en una encuesta cerrada: una lista de personajes, a cada uno de los cuales se le pone nota, de 0 a 10 como en el viejo cole, para construir un ránking con el promedio o la mediana (decisión pendiente, aunque a mí me suelen gustar más las medianas, porque a la hora de valorar personas hay mucha gente que da por culo estirando la desviación típica). Entonces hice la lista. No sé por qué pensé en la Última Cena, así pues, para tener por lo menos 11, quise hacer una lista de 25. Cuando iba por la mitad, me di cuenta de que iban a tener que ser más. Traté de parar en 50, pero no pude. Me juré que en 75 paraba fijo, pero la verdad es que, y muy a mi pesar, paré en 100. Y aun me quedo corto, pues todavía no me han entrado ni Zapatero ni Aznar que, como todo el mundo saben, marcan un antes y un después en nuestra Historia.

Pero, claro, estábamos otra vez en las mismas: ¿verdaderamente, me dijeron los allegados, vas a pedirle a la gente que le ponga nota a 100 personajes? Hombre, no es tan así, porque se puede dejar en blanco a quien se quiera, pero...

En esas estaba cuando me acordé de Artur Mas. Él me dio la clave: ¡no hagas una pregunta, sino dos!

Así pues, tomé una decisión sobre el tamaño del Hall of Fame. Como éste es mi blog y aquí mando yo y a mí lo que me mola es el baloncesto, me decidí por el 5. Los cinco personajes (ojo: no necesariamente los cinco españoles) que conforman el quinteto titular de nuestra Historia, desde el punto de vista de que han sido más relevantes para su definición; sea, ojo, dicha relevancia positiva, o negativa. O sea, no quiero preguntar quién te cae bien. Quiero preguntar quién, en tu opinión, te ha hecho, en el sentido del verbo que utiliza el famoso y denostado anuncio televisivo de Campofrío.

De lo que se deduce que, en el post 1.000, colocaré dos encuestas:


  • La encuesta de frikis, con los cien candidatos, para quien quiera toquetearla y calificarla.
  • La encuesta para vagos, en la que simplemente se le pedirá que escriba los nombres de sus candidatos, sin más intervención. 
El resultado saldrá del cálculo ponderado de ambas encuestas.

He dicho.

jueves, enero 02, 2014

Precarious... ¿Japan?



Quién: Anne Allison
Qué: Precarious Japan.
Dónde: Duke University Press.
Cuándo: 2013.
Cuánto: 246 páginas.

lunes, diciembre 30, 2013

Galiza ceibe (5)

En los meses inmediatamente anteriores al 14 de abril de 1931, en el nacionalismo gallego se produce un cambio crucial,  que es el desplazamiento de su centro de gravedad. Mientras para el sentimiento nacional de Galicia fue de gran importancia la figura del muy longevo Murguía, que recuérdese no sólo portaba su prestigio personal sino el recuerdo de Rosalía, el eje Coruña-Santiago fue el de mayor importancia para el desarrollo de lo gallego. Sin embargo, como digo, durante los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, las cosas cambian. La creación en Orense, alrededor de Vicente Risco y Ramón Otero Pedrayo, de un núcleo galleguista tradicionalista, desplaza notablemente a muchos galleguistas hacia el sur. Y más de lo mismo hacen las figuras de Alfonso R. Castelao, Alexandre Bóveda y Valentín Paz Andrade, esta vez bordeando la costa y en dirección a Pontevedra y Vigo. No ha de sorprender, por lo tanto, que en las famosas elecciones municipales de la República sea en estas dos circunscripciones donde el nacionalismo toca pelo (algo).