miércoles, julio 05, 2023

El otro Napoleón (52: La cumbre de la desorganización francesa)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



La clave del optimismo antropológico de los franceses cuando fueron a la guerra de 1870 era que estaban convencidos de que Austria e Italia declararían la guerra a Prusia inmediatamente. La verdad, no sé de dónde salía esa convicción, porque los hechos no la confirmaban. En Viena, Francia seguía siendo la nación que les había humillado en Solferino, y que les había dejado solos en Sadowa. Ciertamente, Austria sentía una repugnancia y un miedo intensos hacia Prusia, lo cual quiere decir que podría unirse a la lucha contra ella; pero sólo cuando Francia tuviera buena parte de la partida ganada. En lo tocante a Italia, los sentimientos pro franceses en aquel país se podían dar ya por totalmente desaparecidos. Aunque Víctor Manuel, tal vez, pudiera haber sido partidario de luchar codo con codo con su amigo el emperador, ni el gobierno, ni el parlamento, ni la opinión pública tenían la sensación de que les fuese nada en aquella movida.

lunes, julio 03, 2023

El otro Napoleón (51: En guerra)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica

En aquel consejo de ministros, la emperatriz Eugenia fue introducida sin que su marido se molestase en ensayar la más mínima explicación del gesto. La Euge tenía derecho a participar de los actos del gobierno cuando le saliese de ahí, un point,c'est tout. La emperatriz española no sólo estuvo presente, sino que tomó la palabra (más que la pidió) para decir dos cosas: una, que la guerra era inevitable, lo cual no era cierto; y, la otra, que había que ir a la misma para defender el honor de Francia, algo que ser, ser, era cierto, pero que, como española, bien podía la Montijo haber entendido los muchos problemas que le había causado a Francia esta forma de ver las cosas; y a España, por cierto. Los militares presentes hicieron hilo con su emperatriz y los demás, por así decirlo, se dejaron llevar. Así las cosas, la principal idea que había ido a aquel consejo, que era la patada a seguir consistente en patrocinar la convocatoria de un congresito, se abandonó. Se acordó que se haría una declaración a las cámaras declarando la guerra.

viernes, junio 30, 2023

El otro Napoleón (50: El poder de la Prensa - siempre manipulada)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Émile Ollivier estaba tan convencido del aspecto que había adoptado el conflicto con Prusia que le ordenó a Le Boeuf que suspendiese los preparativos del Ejército. Con esa tranquilidad en el alma, se marchó hacia Saint-Cloud. Pero allí las cosas habrían de cambiar muy rápidamente porque, señores, estamos en Francia, y ante un Bonaparte. ¿Qué puede salir mal?

miércoles, junio 28, 2023

El otro Napoleón: (49: La guerra, la paz; la paz, la guerra)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Las noticias de España le llegaron al emperador en Saint-Cloud; y es evidente que no se las esperaba. Sin lugar a dudas, la conducta de los Hohenzollern y, sobre todo, de Prim, le pareció de una notable deslealtad. Tras el referendo constitucional había nombrado ministro de Asuntos Exteriores al conde de Gramont; un hombre mesurado que no solía perder la cabeza y, precisamente por eso, le ayudó a mantener la suya razonablemente fría.

lunes, junio 26, 2023

El otro Napoleón (48: El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduard Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



En medio de todo este ambiente político, el gobierno imperial debía enfrentarse al reto y necesidad de reformar el Senado; porque, ciertamente, con la estructura y composición que tenía la cámara alta, la credibilidad de las reformas democráticas era muy baja. Recordemos que los miembros del Senado eran todos personas notables del país nombradas por el emperador. Hacía falta que fuese una cámara nacida del albedrío electoral. Luis Napoleón aceptó con la boca muy pequeña, pues insistió en mantener el privilegio de nombramiento senatorial en sus manos. Rouher y buena parte de la cámara, al fin y al cabo formada por personas que temían perder el momio, pusieron pies en pared y argumentaron que la cuestión debía ser definida en referendo a la ciudadanía, exactamente igual que la composición actual del Senado lo había sido con el referendo de 1852.

viernes, junio 23, 2023

El otro Napoleón (47: La muerte de Victor Noir)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Ollivier decidió prestigiar su gobierno mediante la búsqueda de alianzas en el parlamento, ofreciendo sacrificios que la opinión pública considerase necesarios, como el de Haussmann. Sin embargo, en sus extremos derecho e izquierdo se encontró con la imposibilidad de conducir sus estrategias. Los arcadianos le pusieron siempre la proa por considerar que no tenía ninguna intención de eliminar los elementos dictatoriales del régimen imperial. Los republicanos, por su parte, consideraban a Ollivier, simple y llanamente, un traidor.

miércoles, junio 21, 2023

El otro Napoleón (46: Liberal a duras penas)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 

Bismarck había decidido que iba a por Francia. Secretamente favoreció La Gloriosa en España que acabó con la monarquía de Isabel II, buena amiga de la pareja imperial francesa. En un discurso pronunciado ante el Reichstag en noviembre de 1868, el canciller también se apropió de uno de los principales elementos que Luis Napoleón había querido añadir a su imperial mandato, y se declaró defensor de la independencia de las naciones.

lunes, junio 19, 2023

El otro Napoleón (45: Acorralado)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 

Tras un revés como el sufrido, ¿qué hacer? Inmediatamente después de las elecciones, se produjo una manifestación de mineros en la que tuvo que intervenir la policía y hubo nada menos que trece muertos. La situación era explosiva y, además, se viese como se viese, las elecciones habían sobrepasado los peores escenarios que se habían imaginado en las Tullerías. En ese entorno, tanto Rouher como La Euge presionaron al emperador para sostenella y no enmendalla. El jefe del Estado, decía, debía apoyarse en quienes le apoyaban y no ceder ante nadie. Luis Napoleón no estaba del todo convencido, pero sus dos interlocutores supieron explotar su orgullo y moverlo a una decisión numantina. Echó mano de Jérôme Frédéric Paul David, barón David, quien se considera hijo ilegítimo de Jerónimo Bonaparte, y que era un buen amigo de Rouher, para que vicepresidiese el Cuerpo Legislativo.

viernes, junio 16, 2023

El otro Napoleón (44: La reforma-no-reforma)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Uno de los perdedores de Compiègnes había sido el general Louis Jules Trochu, a quien casi nadie había escuchado. El buen general decidió ganar en las calles lo que no había ganado en los despachos y, por eso, fue el anónimo autor de un folletito que se vendió en esas semanas en Francia como rosquillas: L'Armée française en 1867. En dicho folleto, el general trazaba un relato muy preciso del Ejército francés en esa hora: soldados pasotas, oficiales venales, jornadas enteras sin nada que hacer, panzas excesivas, destacamentos muy pequeños y mal dotados; desorganización y desmoralización general. Según Trochu, no había que tocar el sistema de reclutamiento vigente y contentarse con una fuerza permanente de unos 100.000 hombres, con cinco años de servicio activo y cuatro en la reserva.

miércoles, junio 14, 2023

El otro Napoleón (43: Totus tuus)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


La otra baza que le quedaba al Imperio francés, como os he dicho, era Italia. En Italia, sin embargo, había problemas de difícil solución. Durante la visita de Fleury, que se hizo tratando de transmitir todo el buen rollo posible a los italianos, Luis Napoleón había tomado la decisión de lubricar las cosas con el gesto de llamar a casa al regimiento francés que permanecía en Roma (diciembre de 1866). Sólo quedaba en la ciudad un regimiento de voluntarios conocido popularmente como La Legión de Antibes. Habían pasado seis meses sin que nada de importancia ocurriese.

lunes, junio 12, 2023

El otro Napoleón (42: La Expo)

Introducción/1848
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Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 


El Cuerpo Legislativo recibió las palabras de su emperador con extremada frialdad. Lo aplaudieron menos que la Salchipapa. Lo que siguieron, aquel día y los siguientes, fueron debates un tanto rudos que apenas eran cortados por Walewski, quien cada vez tenía más dificultades a la hora de esconder sus simpatías por la oposición. Finalmente, él mismo acabó por tener claro que debía dimitir. Luis Napoleón lo sustituyó por alguien más neutral, el industrial Eugène Schneider, creador del mayor grupo industrial de su tiempo en Francia, la factoría Creusot. El hombre coloquialmente conocido como le lapin blanc. Rouher, en todo caso, siguió haciendo de las suyas, e hizo votar una ley municipal que centralizaba todo el poder local en las manos de alcaldes y prefectos.

viernes, junio 09, 2023

El otro Napoleón (41: El emperador liberal y bocachancla)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

La gran consecuencia de Sadowa había sido que Europa, dando la espalda a la hegemonía francesa que venía produciéndose, de una manera u otra, durante décadas, le había dado la autorización a Prusia, por medio del llamado tratado de Praga, para organizar la confederación alemana a su criterio. Y eso hizo. Bismarck: creó el Bundesrat o consejo federal, y el Reichstag o parlamento elegido por sufragio universal, un poco al estilo de la Cámara de los Comunes británica. Los Estados del Norte fueron reunidos en una confederación, mientras que los Estados del Sur, los menos prusianos por así decirlo, firmaron una serie de tratados de amistad y cooperación que, en la práctica, los hacían dependientes del poder berlinés. En 1867, como acertadamente escribía el embajador francés en Viena, los primeros ministros de Baden, de Würtemberg o de Baviera, eran, en la práctica, corresponsales prusianos.

miércoles, junio 07, 2023

El otro Napoleón (40: El destino de Maximiliano)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

Maximiliano nunca se había llevado bien con los mandos de las tropas francesas desplazadas a América; pero esa mala relación había terminado por mutar en simple y puro desprecio mutuo. Por mucho que Maximiliano no lo habría deseado, Bazaine se había convertido en el reyezuelo de México. Maximiliano intentó mandar sobre las grandes decisiones militares y, sobre todo, realizar una política de contención del gasto, eliminando los que consideraba excesivos. Pero, claro, eso, ¿cuándo mierdas se ha llevado a cabo? Bazaine, por su parte, se dedicó, básicamente, a tratar de segar la hierba bajo los pies del emperador, a base de enviar cartas a París contando que era un mierda que no se enteraba de nada.

lunes, junio 05, 2023

El otro Napoleón (39: La filtración)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica



El 29 de julio, el almirante de la armada austríaca Freiherr Wilhelm von Tegetthoff, al mando de una flota de barcos de madera, se llevó por delante a la flota italiana en Lissa. Fue una victoria importante, pero nada suficiente como para poder contrapesar el elevado peso geopolítico que había adquirido Prusia, verdadero árbitro de la situación, sobre todo por incomparecencia de Francia. En consecuencia, el 26 de julio, en Nikolsburg, Bismarck dictó los términos del acuerdo entre los contendientes, teóricamente pactado con los franceses porque la honra y la imagen hay que salvarla siempre. Austria desaparecía definitivamente de los territorios alemanes, que de esta manera quedaban libres para la influencia y el control prusianos.

viernes, junio 02, 2023

El otro Napoleón (38: Macroneando)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

Hacerle justicia a los hechos es decir que el resto de Europa recibió la noticia de Sadowa con estupor. La imagen que entonces tenía el viejo Imperio Sacro Romano Germánico era el de una nación fuerte, disciplinada y capaz. La verdadera árbitra de Europa. La noticia de que había sido derrotada sin paliativos sorprendió a todos y galvanizó a algunos. En Francia, la izquierda política se declaró encantada con la noticia, saludando la victoria de la Alemania “protestante, nacionalista y progresista” sobre la “vieja cabeza católica de Alemania”. En Francia, por supuesto, la derrota de Austria tenía el valor añadido de comportar la entrega de Venecia a los italianos.

miércoles, mayo 31, 2023

El otro Napoleón (37: Sadowa)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica  



En ese momento, se produjo un hecho que vino a complicar todavía más las cosas. En el principado rumano, el príncipe Alejandro Couza se había enfrentado seriamente con los boyardos, su nobleza local, al haber decretado la abolición de la esclavitud; además, estaba en una situación presupuestaria terminal, con el agravante de que entonces todavía no se había inventado el Banco Central Europeo para echar colonia sobre el estiércol. Couza fue arrestado en su mismo palacio y forzado a abdicar. Los nuevos hombres de poder en Rumania exigieron que un príncipe extranjero tomase el poder. Tanto Italia como Francia vieron en esa oferta la oportunidad de obtener el Véneto para la primera: si Austria se convertía en ese nuevo gobernante rumano, podría obtener la compensación necesaria para equilibrar una posible pérdida del Véneto. Inglaterra se puso de canto, sin embargo, por lo que Luis Napoleón acabó por proponer a su sobrino, Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen. Carlos tenía entonces 27 años y era teniente en el segundo regimiento de la Guardia prusiana, acuartelada en Berlín.

lunes, mayo 29, 2023

El otro Napoleón (36: Los otros roces franco-germanos)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El emperador estaba malquisto por el fracaso de su proyecto de congreso para acabar con el status quo de 1815, y prefirió, por lo tanto, no apoyar a Inglaterra en sus deseos de regular el tema de Slesvig y Holstein de una forma que tratase de conservar la situación anterior. Fleury, de todas formas, incluyó Berlín en su viaje y, por lo tanto, se vio con Bismarck. Allí le planteó el tema de Polonia, un tema que casi de cualquier manera corría peligro de obligar a Prusia a perder parte de su territorio. El astuto canciller le lanzó un hueso. Le dijo que no; que Prusia nunca renunciaría a sus territorios en Posen (polacoparlantes); que preferiría mil veces deshacerse de sus territorios renanos.