Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over
La invasión del Ruhr, obviamente, enervó las negociaciones para conseguir superar el stalemate en que estaba la cuestión del pago de las reparaciones. El 7 de junio, un gobierno alemán cada vez más a la defensiva envió una nueva nota. Proponía que la cuestión de lo que podía o no podía pagar el país se sometiese a un comité de expertos independientes. Asimismo, ofreció permitir la inspección militar en las industrias alemanas de toda la documentación financiera. Pero, sobre todo, por primera vez el Estado alemán ofrecía garantías sobre los pagos. Se ofrecía a formalizar una hipoteca sobre los activos considerados más valiosos en ese momento: la red ferroviaria y la infraestructura industrial (porque en la república de Weimar, como nunca había sido ministro Oskar Puenten, el ferrocarril era eficiente y puntual y, de hecho, era la infraestructura más valiosa del país). Con esa garantía, Alemania esperaba obtener un préstamo de 10.000 millones con el que garantizar buena parte de los pagos a corto plazo.