Rumania, ese chollo
A la sombra de los soviéticos en flor
Quiero rendirme
El largo camino hacia el armisticio
Conspirando a toda velocidad
El golpe
Elecciones libres; o no
En contra de mi propio gobierno
Elecciones libres (como en la URSS)
El último obstáculo, el rey
Con la Iglesia hemos topado
El calvario uniate
Securitate
Yo quiero ser un colectivizador como mi papá
Stefan Foris
Patrascanu y Pauker
La caída en desgracia de Lucretiu Patrascanu
La sombra del titoísmo
Gheorghiu-Dej se queda solo
Ana Pauker, salvada por un ictus
La apoteosis del primer comunista de Rumania
Hungría
Donde dije digo…
El mejor amigo del primo de Zumosol
Pitesti
Pío, pío, que yo no he sido
Trabajador forzado por la gracia de Lenin
Los comienzos de la diferenciación
Pues yo me voy a La Mutua (china)
Hasta nunca Gheorghe
El nuevo mando
Yo no fui
Yo no soy ellos
Enemigo de sus amigos
Grandeza y miseria
De mal en peor
Esos putos húngaros
El puteo húngaro
El maldito libro transilvano
El sudoku moldavo
La fumada de Artiom Lazarev
Viva Besarabia libre (y rumana)
Primeras disidencias
Goma
Los protestantes protestan
Al líder obrero no lo quieren los obreros
Brasov
No toques a Tokes
Arde Timisoara
El derrumbador de iglesias y monasterios
Qué mal va esto
Epílogo: el comunista que quiso sorber y soplar a la vez
En el momento en el que los (muy teóricos) representantes de los trabajadores enviaron aquel telegrama, que sólo por casualidad terminó encima de la mesa de las redacciones de los periódicos, la Securitate ya había practicado más de 200 detenciones entre los trabajadores de las dos fábricas de Brasov; detenidos por los cuales aquellos titanes de los derechos de los trabajadores no mostraron el menor interés. Así las cosas, en diciembre de 1987, los propios trabajadores crearon un Comité de Defensa de los Detenidos, que llegó a censar hasta 425 que estaban enjaretados. Aquel mismo mes, hubo un juicio en el que 61 acusados fueron finalmente condenados a penas de entre 18 meses y tres años de maco proletario.