El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La variante inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto
Hay algunas personas en este mundo, y el presente amanuense de estas notas es una de ellas, que sostienen que la forma correcta de abordar la Historia de Francia es entender que Francia, en realidad, nunca ha dejado de ser una monarquía. Lo que ha hecho no ha sido acabar con los reyes; los ha travestido, que no es exactamente lo mismo. El periodo de mando de los presidentes franceses es bastante largo para los estándares republicanos; de hecho, convierte a cada presidente francés en un Cayo Mario en potencia, con sus siete consulados que, tenedlo presente, en la República romana fueron algo absolutamente inusual. En Francia, sin embargo, los Marios, los Silas y, sobre todo, los Césares, son muy frecuentes. Y esto es así porque Francia tiene una nostalgia permanente por el mando vitalicio; lo que pasa es que no lo dice, y eso es algo que no es de extrañar, pues la tendencia del francés a callarse lo que realmente piensa es más profunda que su afición por el cassoulet.