Cuando Harry encontró a Frankie
El Lequerica Team
Estar, pero no estar
La cabeza caliente y los pies fríos
¿Qué somos: lyons, or huevons?
Franco se apunta un tanto
Política en revisión
Amigos sí, pero no tanto
OTAN, no
¡Ah, la canallesca!
El engaño
Esto hay que mejorarlo
Decepción
Consíguenos un poco de dinero más
Dudas americanas
Girando el gobernalle
Más dinero, papá
Puertas cerradas
OTAN, de entrada, no
Franco amaga, pero sólo amaga
Marruecos como problema
Fuera de Marruecos
¿Oposición? ¿Qué oposición?
Un artículo
¿Democracia?
La ultraizquierda en la Casa Blanca, y el tenaz grupo de pecadores en el exilio
Ya no somos tan amigos
Quiero la Luna
Un jarro de agua fría
Si hay que romper, se rompe
… Y Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España, espada de Trento, se bajó los pantalones
A lo largo de la vida, he tenido muchos profesores de inglés (ahora son profesores de mandarín); y, sobre todo en el caso en que han sido estadounidenses, les he recomendado que viesen la película Bienvenido Mr. Marshall. La cosa tiene su miga. Es bastante habitual que, cuando intimas con un estadounidense más o menos joven, te acabe confesando su extrañeza por lo profundo de los sentimientos antiamericanos que existen en España. Yo siempre les digo dos cosas. La primera, que no deja de ser una actitud hipócrita, porque la verdad es que los españoles odiamos a los estadounidenses, pero perdemos el culo por imitarlos; ahí está para demostrarlo la gala de los Goya, esos Óscar de Hacendado. La segunda es que los españoles somos muy pendulares; y hay que tener en cuenta que el odio a lo estadounidense cae de muy alto, pues fue, algún día, admiración perruna. Y es entonces cuando les recomiendo que vean la película de Berlanga; por si quieres, les digo, sumergirte en una época en la que, paseándote por Madrid, habrías sido la polla de Montoya.