Una de las cosas que se suelen decir en defensa de la religión católica es que resulta fácil de probar su verdad: que el mensaje de Jesús es plenamente cierto lo demuestra el hecho de que la Iglesia haya sido capaz de sobrevivir a tantos malos papas. Este mismo argumento puede ser formulado de la democracia liberal estadounidense. Un régimen político que permanece básicamente incólume más de 200 años después, a pesar de haber tenido, y seguir teniendo, muchos presidentes básicamente perfectibles. En efecto, estos episodios son bastante frecuentes en la Historia de los Estados Unidos, como ya hemos tenido ocasión de ver en la serie que le hemos dedicado a este país (y que ya puedo anunciar que tendrá continuación). No obstante, la necesidad de ir a cierto ritmo quizá nos ha obligado a no detenernos algunas veces como habría sido necesario. Esto es algo que pretendo salvar en estas notas para el caso de uno de esos malos presidentes: Ulysses o Ulises S. Grant.