No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
Enero de 1949 desarrolló una severísima epidemia de acúfenos en la costa oriental del Canal de la Mancha; tan frecuente e intensa fue la sarta de críticas y presiones que recibieron los flamencos a causa de las flamencadas que estaban perpetrando en sus colonias. La Haya quedó literalmente sepultada debajo de una montaña de resoluciones de la ONU de ésas que no sirven para mucho. Para capear el temporal, los uileminos escogieron a lo más presentable que tenían, Jan Herman van Roijen, para entonces ya ex ministro de Exteriores, hábil diplomático obviamente; y que no dejaba de ser un señor que se había declarado opuesto a la Segunda Acción Policial. Lo primero que hizo Roijen fue irse al Consejo de Seguridad y decir que los presos iban para fuera. En un mundo en el que los relatos sobre la insalubridad y crueldad de las prisiones asiáticas eran moneda común, La Haya necesitaba cauterizar el relato de que estaba matando lentamente a los líderes del independentismo indonesio a base de haberlos arrojado a un agujero lleno de basura donde un vietnamita gritón los obligaba a jugar a la ruleta rusa a hostias (Cimino, me debes una).