El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La variante inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto
Serrano y Cánovas se vieron, por fin, en agosto de 1872. Convinieron que el general no haría nada ni pactaría sino a través de Cánovas. Es evidente que se entendieron a la perfección; ambos eran animales políticos, ambos, pues, tenían la capacidad de dominar los tiempos; y eso supone que ambos entendían que la causa monárquica no estaba madura. Así pues, se juramentaron para rebajar en lo posible las pasiones tanto de Satisfier como de El Duelista. Serrano, en todo caso, siguió tirándole migas a los montpensieristas durante todo aquel año.