El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La variante inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto
En el bando alfonsino siempre hubo dos tendencias muy claras. Por un lado estaban los seres inteligentes, los buenos estrategas como, sobre todo, Cánovas o el marqués de Molins (Mariano de las Mercedes Roca de Togores y Carrasco); y, por otro lado, la reina y sus turiferarios. Isabel era una mujer no exenta de inteligencia política que, sin embargo, utilizaba muy pobremente. Su visión estratégica, además, siempre estaba superada por su natural poco comprensivo con el liberalismo decimonónico (ella siempre fue, básicamente, la hija de Fernando VII; que la presión carlista la llevase a ser otra cosa, es otra movida); y era, además, una persona con un altísimo resquemor hacia la España y los españoles que la habían echado. Por lo tanto, soñaba con una Restauración que, más que eso, era un Regreso. Creía, y la verdad es que el caos que fue la I República la avalaba, que el pueblo español acabaría pidiéndole que regresase al mismo puesto y con las mismas prerrogativas.