viernes, octubre 06, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (25): El primer filósofo de la URSS

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Ya durante los años veinte, el debate de ideas había tenido gran importancia en el seno de los enfrentamientos del comunismo. La cuestión importante entonces no era tanto la elaboración e interpretación del marxismo, tema que se convirtió en principal en momentos como el que ya relatamos, de madurez del régimen; como la praxis y posibilidades de la construcción del socialismo. En aquellos tiempos, publicaciones como Pravda o la revista doctrinaria por excelencia, Bolshevik, estaban trufados de artículos de Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Stalin, Kalinin o Yarovslavsky. Sólo en los diez años posteriores a la revolución, León Trotsky publicó 21 volúmenes doctrinarios. El 4 de diciembre de 1924 se anunció que la oficina leningradense de la Editora Nacional soviética iba a abordar la publicación de los trabajos de Zinoviev; algo que esperaba le ocupase 22 volúmenes.

jueves, octubre 05, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (24): Ryskululy Ryskulov, ese membrillo

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



La colectivización forzada, por lo demás, no fue, en ningún caso, una opción política como tal publicitada y defendida. Stalin hizo aparecer todo como un proceso espontáneo “desde abajo” al que él no había hecho otra cosa que la RAE, limpiar, fijar y dar esplendor. El 7 de noviembre de 1929, apareció en Pravda un artículo que declaraba 1929 como el año en que se tenía que producir el gran cambio en el campo soviético. Como digo, el artículo pretendía defender la idea de que el Partido no estaba haciendo otra cosa que abrir las esclusas que los campesinos de la URSS querían ver abiertas. La realidad, sin embargo, era totalmente opuesta: los campesinos soviéticos estaban resistiéndose a la colectivización con todas sus fuerzas. Por eso, Stalin necesitaba no estar solo en aquella pelea; necesitaba, de hecho, que formalmente fueran otros los que “pidieran” ese cambio o lo exigieran. La fecha del artículo no es casualidad, porque el 7 de noviembre de 1929 es tres días antes de la apertura del Pleno de Comité Central en el que Stalin pretendía que el Partido asumiese como propias sus tesis.

miércoles, octubre 04, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (23): Stalin y Bukharin

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 


El comunismo soviético antes de Stalin había usado a la policía política para erosionar y acabar con otras formaciones políticas. Sin embargo, los primeros dirigentes comunistas, que estaban muy influenciados por el ejemplo de lo que le había acabado ocurriendo a los jacobinos, guillotinándose unos a otros, habían preferido mantener a los secretas lejos del propio Partido. Stalin, sin embargo, cambió eso. Cuando Stalin comenzó su cruzada contra la izquierda trotskista, utilizó a la policía para detener, ejecutar y exiliar a las víctimas de sus órdenes. Para ello, tuvo que crear todo un elemento argumental que justificase todo eso. Esos argumentos los elaboró en un escrito a principios de 1929, probablemente elaborado para el Politburo pero que luego hizo aparecer en Pravda en forma de editorial. Según su argumentación, los izquierdistas habían mutado en 1928, desde un grupo contra el Partido para convertirse en un grupo contra el sistema soviético en sí. Si había existido en el pasado una oposición trotskista dentro del Partido y del sistema, la actual (de 1929) estaba completamente fuera de él. De esta manera, la policía política, venía a decir, no atacaba a comunistas. Atacaba a anticomunistas. Lo que claramente buscaba Stalin era identificar todas las cosas que estoy seguro ya estaba pensando en hacer con la lucha de Lenin contra los mencheviques. Porque, una vez más, hay que recordaros que quien masacró primero a su enemigo político fue Lenin. Quien eliminó toda posibilidad de que pudieran existir corrientes internas dentro del Partido Comunista, fue Lenin. Stalin no negó a Lenin; lo completó.

martes, octubre 03, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (22): Dominando el cotarro

La URSS, y su puta madreCasi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado

Pero continuemos con la marcha de la economía y la sociedad soviéticas tras las reformas. La reforma del 32, y el estajanovismo que vino detrás, tuvo la lógica consecuencia de crear una aristocracia obrera soviética. Pero no fue el único cambio, porque también acabó por afectar, indirectamente, al nivel económico de los dirigentes industriales intermedios del Partido. Lenin, el inamovible Lenin, había creado un concepto, conocido como “máximo de Partido”, que en España ha sido adoptado por Podemos (por lo menos durante un rato). Según este principio, un dirigente del PCUS, por brillante que sea, no debería ganar nunca más que un trabajador cualificado (este principio se ha adoptado con el tiempo por un multiplicador del Salario Mínimo, pero esencialmente es el mismo principio). En realidad, ya a finales de los años veinte el máximo de Partido de Lenin estaba siendo sistemáticamente conculcado, a base de crear en la retribución partidaria figuras como los bonus y los puntos, extrasalariales y, por lo tanto, fuera de ese umbral. Sin embargo, cuando los burócratas del vodka y las putas comenzaron a ver cómo había obreros o ingenieros que conseguían vivir mejor que ellos, comenzaron a rezongar. Como resultado, el máximo de Partido fue eliminado en 1932.

lunes, octubre 02, 2023

Stalin-Beria. 1: Consolidando el poder (21): Ni Marx, ni Engels: Stakhanov

La URSS, y su puta madre
Casi todo está en Lenin
Buscando a Lenin desesperedamente
Lenin gana, pierde el mundo
Beria
El héroe de Tsaritsin
El joven chekista
El amigo de Zinoviev y de Kamenev
Secretario general
La Carta al Congreso
El líder no se aclara
El rey ha muerto
El cerebro de Lenin
Stalin 1 – Trotsky 0
Una casa en las montañas y un accidente sospechoso
Cinco horas de reproches
La victoria final sobre la izquierda
El caso Shatky, o ensayo de purga
Qué error, Nikolai Ivanotitch, qué inmenso error
El Plan Quinquenal
El Partido Industrial que nunca existió
Ni Marx, ni Engels: Stakhanov
Dominando el cotarro
Stalin y Bukharin
Ryskululy Ryskulov, ese membrillo
El primer filósofo de la URSS
La nueva historiografía
Mareados con el éxito
Hambruna
El retorno de la servidumbre
Un padre nefasto
El amigo de los alemanes
El comunismo que creía en el nacionalsocialismo
La vuelta del buen rollito comunista
300 cabrones
Stalin se vigila a sí mismo
Beria se hace mayor
Ha nacido una estrella (el antifascismo)
Camaradas, hay una conspiración
El perfecto asesinado 



Platonovitch, que firmaba Andrei Platonov y así se lo conoce, no era un antirrevolucionario; eso sí, era un procomunista al que no acababa de convencerle la colectivización. Su gran pecado, en todo caso, fue escribir una obra, Pedro el Grande, que fue criticada como exaltación de la monarquía. Platonov y Tarle estaban radicados en Leningrado, por lo que ambos fueron objeto de la purga organizada allí por la Sociedad de Historiadores Marxistas (aunque, en realidad, mejor haría en llamarse Sociedad de Licenciados en Historia Marxistas) en el año 1931. Planotov, acusado de monarquista y de nacionalista (porque, sí, para los comunistas ser nacionalista era un delito; cómo ha cambiado el cuento, ¿eh?) fue desterrado a la ciudad de Samara, más tarde renombrada Kuibyshev, a mamarla a orillas del Volga. Platonov moriría allí en 1933; por lo tanto, no llegó a tiempo para su renacimiento, que se produjo en 1937, en medio del Terror, cuando Stalin, en gran parte inspirado en la figura de Pedro el Grande, rehabilitó a muchos intelectuales que habían destacado las virtudes de lo que podríamos llamar el pedroelgranderismo, entre ellos Platonov y el propio Tarle, quien sí vivió para poder contemplar, con indudable placer supongo, cómo los que un día le habían llamado escoria y le habían deseado la muerte pública ahora le comían los huevos.