viernes, noviembre 25, 2022

La hoja roja bolchevique (15): Spud Webb, primer reboteador de la Liga

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



La publicación del artículo de Chernenko, como cualquier otra novedad nacida del Partido en aquellos tiempos, no era algo ni casual ni falto de motivación. El artículo del futuro secretario general del PCUS incidía repetidamente en la idea de que la evolución de la política soviética, así como de su ingeniería social, tendría una fuente importante en la praxis del Partido, pero también en las acciones realizadas por los elementos no afiliados al PCUS (pero dentro del régimen; una especie de concepción orgánica, pues, ligeramente desideologizada, que recuerda un poco a la última Falange del franquismo que, por cierto, estaba escribiendo sus páginas precisamente en esos años). Todo eso, como digo, tenía un objetivo por parte del autor del artículo y de los hombres que facilitaron su publicación: extender las alas de Konstantin.

miércoles, noviembre 23, 2022

La hoja roja bolquevique (14): La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov  



El 23 Congreso del PCUS fue una victoria sin paliativos de Breznev. Por ejemplo, se reeditó el cargo de secretario general del PCUS. Formalmente, pues, el secretario general del Partido dejaba de ser el primer secretario general del Comité Central; así pues, su cargo dejó de transmitir, cuando menos formalmente, la idea de que era un primus inter pares. Asimismo, el Politburo recuperó su nombre, dejando de ser Presidium. Lo verdaderamente importante de este cambio es que había sido solicitado por el propio Breznev. Pero es bueno que repasemos los actos de esta victoria.

El principal problema de Breznev, evidentemente, era Nikolai Podgorny. Nombrado segundo secretario general del Comité Central por Khruschev, quedó a cargo de muchos elementos organizativos de dicho órgano; lo cual le otorgaba la oportunidad de crear su propia base de poder. Asimismo, como secretario del Comité también estaba Alexander Shelepin, un hombre que a nadie se le ocultaba que había ido al enfrentamiento con Khruschev con la idea de ser él quien lo sucediese. Shelepin entró en el Politburo en noviembre de 1964, era vice primer ministro del gobierno y, como he dicho, secretario del Comité Central. Tenía, pues, muchos hilos de los que tirar, especialmente el llamado Comité de Control del Partido, cuya presidencia ostentaba desde los tiempos de Khruschev, y que le daba un poder importante sobre nombramientos y destinos. Shelepin tenía el poder de decidir sobre mucha gente del Partido en el sentido de si tendrían coche oficial o no; de si vivirían y trabajarían en Moscú o en el culo del mundo; esas cosas.

Podgorny era un problema para Breznev desde el momento en que cayó Khruschev. Pero más lo fue después de que, pasado el tiempo, fue acercándose a Kosigyn, cuyas ideas sobre la necesidad de fomentar la industria y los bienes de consumo asumió como propias. Juntos, Podgorny y Kosigyn presentaban una alianza capaz de tener una gran influencia en el campo económico, hasta el punto de eclipsar al secretario general. Existía el peligro, por lo tanto, de que la pareja se dedicase a gestionar en serio el país, mientras que a Breznev le dejaban los besitos a la momia de Lenin y las gilipolleces.

La opción lógica, en ese punto, para Breznev, era cortejar a Shelepin. Shelepin era un conservador en el sentido más comunista del término. Era uno de esos tipos, tan comunes en la nomenklatura soviética, que interpretaban la doctrina del socialismo en un sentido religioso; así pues, igual que un musulmán no suele plantearse que, tal vez, la orden de El Profeta de no beber alcohol pudo tener un sentido en su tiempo que no tiene ahora, el comunista conservador considera que las palabras de Lenin están escritas en piedra. Ese tipo de personas consideraba las teorías de Podgorny y Kosigyn como contrarrevocionarias y de consuno muy peligrosas; aunque de ello no había nada, si es que había algo, puesto que esta pareja tiene de predecesora de las ideas que acabaría defendiendo Gorvachev (muy a su pesar, por cierto) lo que yo de lagarterana. Aunque las cosas sean así, como digo, personas como Shelepin tendían a ver una hidra en la actuación de los nuevos jerarcas soviéticos, crecidos a la sombra de Khruschev.

Shelepin, por otra parte, no respetaba a Breznev. Consideraba que no tenía empuje para hacer todo lo que había que hacer para defender y conservar la ortodoxia soviética; y, en consecuencia, lo concebía como una especie de secretario general de transición, cuya misión principal sería preparar el terreno para la llegada de un líder más joven y con más capacidad, por ello, de proveer a la URSS de estabilidad. Y ese alguien, claro, era el propio Shelepin.

De forma como siempre taimada y extremadamente formal, Breznev tuvo que defenderse de esta presunta condición de líder provisional a través de sus terminales en la Prensa. Estas cosas en la URSS se hacían de forma extremadamente indirecta, y por eso eran tan valorados, en aquel tiempo, los verdaderos sovietólogos que eran capaces de leer entre líneas. Por ejemplo, si en 1965 la revista Economicheskaya gazeta publicó un furibundo artículo criticando la gestión económica de los mandos del Partido en Jarkov, era necesario leer ese texto teniendo siempre presente que Podgorny provenía de allí. Esta publicación y, sobre todo, el Pravda, continuaron criticando abiertamente el punto de vista basado en defender la prevalencia estratégica de la industria ligera en el futuro de la economía soviética.

En mayo de 1965, durante una visita a la capital azerí de Bakú, Podgorny decidió responder. En su discurso, vino a decir que en un tiempo no había otra que decirle al pueblo soviético que tenía que aceptar recortes en su bienestar para poder desarrollar la industria pesada nacional; pero que esos tiempos habían pasado, y había llegado el momento de transferirle bienestar a la gente. Este discurso cayó como un baldón sobre los círculos más conservadores del Partido, que veían en esas palabras la insinuación de que Podgorny estaba dispuesto a levantar el pie del acelerador en la carrera de armamentos. Bueno, por eso y porque a los miembros del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el bienestar del proletario por quien lo hacían todo, y mientras ellos pudieran seguir con su vodka y sus putas, les importaba una puta mierda.

El discurso de Bakú, yo creo que sobre esto hay un consenso bastante amplio, fue un error por parte de Podgorny. Este tipo de planteamientos nunca se hacían, nunca se debían hacer, sin tener claro que se tenía suficientes turiferarios para defenderlo y ampararlo; y no era el caso. Podgorny tenía una amplia base de poder; pero no tan amplia como para mostrar músculo delante de los conservadores. Además, fue una toma de posición tan clara, tan neta, que obligó a quienes hasta entonces habían querido permanecer au dessus de la melée a descender al barro. Uno de ellos, por ejemplo, fue Milhail Suslov quien, desde su tribuna de ideólogo oficial del régimen, comenzó a despotricar contra “las visiones desviacionistas” y a defender las esencias del leninismo, para él intocables.

El hecho de que Suslov acabase, en la práctica, en el lado de Breznev, hizo que la relación de fuerzas en el Politburo capotase para siempre. El jarkoviano ya no podía aspirar a imponerse sobre el secretario general, falto absolutamente de apoyos. Así las cosas, el 9 de diciembre de 1965 le dieron la patada y lo nombraron presidente del Presidium del Soviet Supremo, o sea, Florero Mayor del Reino. Pocos meses después, perdería su secretaría del Comité Central, convirtiéndose en una figura absolutamente falta de poder.

Para Breznev, la caída de Podgorny vino a significar algo muy importante: ya no necesitaba de Shelepin. De hecho, en el mismo pleno de 9 de diciembre de 1965 en que a Podgorny lo mandaron a la jefatura del Estado a tocarse las narices, a Shelepin le quitaron la presidencia del Comité de Control del Partido, que era, como os he dicho, la fuente principal de su poder; se hizo por la vía de abolir el propio comité. Asimismo, sería pronto removido como viceprimer ministro.

En apenas unos meses tras la caída de Khruschev, pues, Leónidas Breznev había conseguido controlar el Politburo y decidir, en la práctica, lo que se vería en sus sesiones, y lo que no. Había conseguido deshacerse del peligro de que Kosigyn y Podgorny pudieran crearle una pequeña coalición en contra basada en una suerte de alianza con un pueblo soviético ávido de tener cosas que no tenía; y se había deshecho de quien era, verdaderamente, su principal competidor a la hora de llegar a la cumbre del poder soviético, esto es, Alexander Shelepin. Y todo esto lo había conseguido con la colaboración importante de Chernenko.

Konstantin comenzó a subir y a ganar peso dentro del PCUS conforme lo hizo el poder de su jefe directo. Y esto, la verdad, era algo, como poco, inusitado, porque difícilmente se podría pensar en un líder comunista con menos galones para serlo que él. Por edad, Chernenko ni había formado parte de la Revolución ni de la guerra civil que le siguió. Pero tampoco había ido a la guerra mundial, cosa que sí le podría haber tocado; y, lo que es más importante a la hora de exhibir sovietogalones, nunca había gestionado ni una república ni una región, que eran los territorios habituales donde los jerifaltes soviéticos hacían el MIR. Muy particularmente, Chernenko ni sabía hablar, ni era un escritor brillante. Nunca le había gustado leer y, la verdad, como especialista en propaganda que era, a él lo que le interesaba era la superficialidad de las cosas; las sutilezas del marxismo lo superaban.

Por eso, para Chernenko, alcanzar la situación de ser uno de los elementos fundamentales del equipo del secretario general reinante supuso un reto muy importante; un reto en el que, la verdad, nunca avanzó gran cosa: convertirse en un teórico de ésos que escriben y publican artículos. Era necesario, teniendo en cuenta que la victoria de Breznev, que como os he dicho se produjo fundamentalmente en el XXIII congreso del Partido, venía a suponer el inicio de la ascensión del subordinado. Cuando se celebró este XXIII congreso, marzo de 1966, Chernenko fue elegido para figurar en el secretariado de la reunión. Un nombramiento muy, muy importante. El Congreso, asimismo, lo nombró miembro candidato del Comité Central. El 15 de abril del mismo año, Pravda anunció que era, asimismo, candidato para adjunto al Soviet Supremo.

Aquel mismo año falleció A. N. Rudakov, uno de los secretarios del Comité Central; y en la lista reducida de nombres que Pravda publicó en las condolencias, estaba el de Chernenko. A decir verdad, el periódico lo citaba en el puesto 43; pero era un comienzo, como el de ese actor famoso de Hollywood que comenzó haciendo un pequeño papel de extra.

La segunda mitad de los años sesenta se puede resumir en la constante labor de Chernenko, escalando como una culebrilla arborícola por ese tipo de listas. En 1971, cuando se celebró el XXIV congreso del Partido, fue de nuevo nombrado para el secretariado del congreso y nombrado miembro de pleno derecho del Comité Central. En 1967 la roscó M A Sivolyubov, el director del Gospolitizdat o Editora Estatal Soviética; y Chernenko figuró en Pravda el segundo en la lista de los que habían expresado sus condolencias, justo detrás de un miembro candidato del Politburo. En 1974, cuando Pravda publicó una lista de felicitaciones para Breznev al regreso de su visita al presidente americano Richard Nixon, Chernenko estaba de nuevo segundo en la lista, justo detrás de Dimitri Ustinov, también miembro candidato del Politburo.

Asimismo, 1971 fue el año en que Chernenko se estrenó como teórico. La revista Voprosi istorii, Cuestiones de Historia, publicó un artículo de Konstantin en el que analizaba las consecuencias del XXIV congreso. En su artículo, Chernenko viene a decir que el papel de liderazgo social y económico del Partido Comunista en la Unión Soviética debe combinarse con mayores dosis de democracia. Aunque tampoco te sobres mucho, porque, la verdad, el concepto de democracia que manejaban aquellos tipos tiene poco que ver con lo que solemos entender por ello. No les quedaba otra, la verdad, pues, como demostraron situaciones como la Primavera de Praga, introducir una democracia verdadera en el “liderazgo económico y social del Partido” suele tener como consecuencia que dicho liderazgo se vaya a la mierda. El artículo es un retruécano argumentativo de la hostia, basado, cómo no, en la herramienta analítica que ofrece la dialéctica, cuya principal conclusión venía a ser que los ciudadanos soviéticos no afiliados al PCUS tendían cada vez más a actuar como los miembros del Partido, como lógica consecuencia del liderazgo de éste; por lo que podría llegar un día en que dicho liderazgo ni siquiera fuese necesario. Los comunistas, ya sabe, son como los sacerdotes: todo te lo fían a un momento futuro que siempre está por llegar.

Quizás acojonado por lo que él mismo estaba diciendo, Chernenko hacía virar sus plúmbeos párrafos en la dirección de recuperar las esencias del socialismo. Que todo el mundo tienda a hacer como el Partido es la mejor demostración de que el Partido hace lo correcto (en realidad, era la mejor demostración de que el Partido dirigía una dictadura violenta que reprimía de forma repugnante cualquier disidencia; pero pedirle a Chernenko que viese esto, y pedirle a Voprosi istoriii que lo publicase, probablemente sería demasiado). Como consecuencia, concluía, todo en las tendencias históricas apunta hacia la necesidad y eficiencia de la dictadura del proletariado, del mando único del Partido y, en suma, de un mando totalitario. 

El Congreso del Partido, de hecho, adoptó el texto de Chernenko entre sus propuestas aprobadas. Nos ha jodido. Más vodka, y más putas. A ver quién dice que no.

lunes, noviembre 21, 2022

La hoja roja bolchevique (13): El regreso de la guerra

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 


 

Breznev sabía muy bien lo que tenía que hacer para mantenerse en el poder. La suya fue una estrategia tan exitosa que su mando fue muy largo y no terminó sino con su muerte. Básicamente, se basó en dos grandes elementos: por un lado, la construcción de una base de cuadros en puestos clave formado por personas que se lo debieran todo. Y, por otro, la homeopatización del Politburo. ¿Qué quiere decir esto? Pues, claramente, la mejor opción de supervivencia para un secretario general, y esto Breznev lo sabía bien porque había visto a su mentor Khruschev fallar en esto estrepitosamente, era conseguir que en el Politburo no hubiese miembros ni grupos de miembros en condiciones de acumular poder suficiente para hacerle sombra. Y esto suponía permitir el ascenso al máximo órgano político de la URSS a personas que tuviesen una, o mejor varias, de las siguientes características:

  • No tener vínculos claros con el Partido, es decir, no ostentar secretarías del Comité Central.
  • Ser demasiado viejos, o demasiado jóvenes.
  • Tener poco predicamento y escasos contactos en la capital.
  • Tener poco predicamento y escasos contactos en la burocracia del Partido.

viernes, noviembre 18, 2022

La hoja roja bolchevique (12): En el poder, pero menos

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 


Como ya os he dicho, la decisión de Khruschev de buscar un acercamiento a la República Federal Alemana fue la gota final que colmó el vaso del grupo de conspiradores, que para entonces estaba sólidamente conjuntado con los nombres de Breznev, Shelepin, Suslov, Kosigyn y Poliansky. De hecho, cuando Khruschev decidió visitar Bonn, el KGB recibió órdenes, sin que se sepa realmente de quién procedían, de sabotear la visita. Como resultado de esta estrategia, un diplomático alemán fue envenenado, en lo que se conoció como el affair Schwinermann; un grupo de agentes del KGB entraron en un hotel donde estaban hospedados funcionarios ingleses y estadounidenses (el incidente Khavarovsk); y, en Moscú, un estadounidense fue detenido. Se trató de Frederick C. Bargohoorn, un especialista en temas rusos de Yale, que fue detenido y acusado de espionaje, y no sería liberado sino tras las peticiones explícitas en ese sentido del presidente John Fitzgerald Kennedy.

miércoles, noviembre 16, 2022

La hoja roja bolchevique (11): Cómo cayó Khruschev (4)

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



El papel de las Fuerzas Armadas y de la Policía en el golpe que se cargó a Khruschev fue tan importante que son muchos los analistas que se preguntan si, en lugar de la versión comúnmente aceptada de que Shelepin reclutó a Breznev, no sería más verdad que Breznev reclutó a Shelepin.

lunes, noviembre 14, 2022

La hoja roja bolchevique (10): Cómo cayó Khruschev (3)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov

El primero en caer tenía que ser, el leningradense Kolzov lo tenía clarinete, un ucraniano. El mensaje tenía que ser claro en el sentido de que FRK no le tenía miedo a la Mafia del Dnieper. Así, Andrei Kirilenko fue cesado de su influyente puesto en el Presidium del Comité Central. Aquello era caza mayor: el misil había caído en el Politburo, y había masacrado a un político que había sido secretario general del Partido en la provincia adyacente a donde lo había sido Breznev al mismo tiempo; por no mencionar que ambos eran comrades in arms.

viernes, noviembre 11, 2022

La hoja roja bolchevique (9): Cómo cayó Khruchev (2)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov

La traición, o cuando menos la traición percibida, de Khruschev hacia Suslov, habría de tener la consecuencia inesperada de hacer que alguien que, teóricamente, era muy poco proclive a participar en conspiraciones y luchas por el poder, se plantease hacerlo. Y, en este punto, Khruschev, quien llevaba probablemente muchos años ya bajo una gran tensión provocada por las luchas de poder de las que era centro, comenzó a cometer errores de colegial comunista.

miércoles, noviembre 09, 2022

La hoja roja bolchevique (8): Cómo cayó Khruschev (1)

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
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Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Entramos, en esta toma, en el proceloso mundo de la caída de Nikita Khruschev, sus porqués y circunstancias. Algo de lo que ya hemos hablado al recensionar la vida de Leónidas Breznev pero, quizás, de forma demasiado esquemática. Aquí vamos a tratar de ocuparnos de las cosas un poco más en extenso.

lunes, noviembre 07, 2022

La hoja roja bolchevique (7): A la sombra del político en flor

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

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Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
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El culto a la personalidad
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Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
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Dos zorras y un solo gallinero
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¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov  






 Chernenko, siempre cerca de Breznev. Foto vía https://beautifulrus.com/

Con 49 años de edad y cuatro de trabajo en Moscú, Chernenko todavía pertenecía a esa amplia tribu de cuadros comunistas a los que la Prensa se refería en colectivo, sin expresar su nombre. Aunque había conseguido, en algunos momentos, alcanzar un estatus capaz de ejercer funciones que excedían su poder teórico, no dejaba de ser el ejecutor de políticas de otros y, lo que es más importante, paradójicamente más importante en un país que no tenía elecciones sino formales, no formaba parte de ninguno de los órganos electivos de la nación, ni el Comité Central ni el Soviet Supremo. Su sueldo era modesto, y su baja estofa política se medía por un hecho importante que, por cierto, lo sigue siendo a día de hoy en todo régimen político: carecía de coche oficial propio.

viernes, noviembre 04, 2022

La hoja roja bolchevique (6): Ascendiendo, pero poco

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov  



A pesar de que para los comunistas la propaganda lo es casi todo, Chernenko, quien debo de recordaros a finales de los cincuenta tenía una edad demasiado provecta como para dejar que el arroz se le pasase más tiempo, tenía un problema: los hombres que hacían esa propaganda no eran tan importantes como la propaganda en sí. Esto quiere decir que, en el sistema soviético, quienes tocaban pelo de poder eran los militares, los planificadores económicos, los policías; pero rara vez los especialistas en propaganda, que eran más bien vistos como eficientes funcionarios dedicados a hacer lo que otros les encargaban. Konstantin Chernenko había elegido un oficio dentro del comunismo; pero ese oficio no carburaba todo lo necesario.

miércoles, noviembre 02, 2022

Off topic estalinista


 


Hola, buenas. 


Esta entrada es un off topic, expresión ésta que creo ya está en desuso en la red pero que yo sigo usando. El caso es que ayer concluí que había una cosa que tenía que consultar con vosotros, los lectores. Y eso es lo que voy a hacer en este momento.

La hoja roja bolchevique (5): El aguililla de la propaganda

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Digo lo que digo porque, nada más sobrevivir por un cortacabeza en el pleno de 1957, Nikita Khruschev se aplicó a cortarle las alas a uno de sus principales valedores, si no el principal, en aquella reunión: el mariscal Zhukov, que se había hecho extremadamente popular en un país en el que los uniformes y la ferralla en la pechera eran muy queridos. Sin embargo, se equivocó en el punto de mira, porque quien estaba, quizás, pensando ya en llevárselo por delante no era Zhukov, sino su querido y fiel Leónidas.

lunes, octubre 31, 2022

La hoja roja bolchevique (4): Bajo el ala de Nikita Khruschev

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 


Como ya os he insinuado, cuando Leónidas Breznev y Konstantin Chernenko comenzaron a trabajar juntos, el segundo de ellos estaba llegando a los cuarenta años; esa edad en la que, en el mundillo soviético, más te valía haber llegado a ser ya alguien. Sin embargo, como digo, la llegada de Breznev fue un bálsamo para Chernenko, porque ambos respiraban el mismo tipo de aire: la propaganda Pocas semanas después de haberse hecho con el control del Partido en Moldavia, Breznev envió un informe a Moscú informando de que la cuota de grano y cosechas adjudicada a Moldavia había sido superada en un 2,9%. El anuncio, en una sociedad mínimamente democrática, no habría tenido el menor pase: hacía sólo unas semanas que Koval había sido cesado precisamente por quedarse coto con esa cuota, por mucho. Pero en la URSS estas cosas, si estaban adecuadamente apadrinadas, podían colar.

viernes, octubre 28, 2022

La hoja roja bolchevique (3): El periplo moldavo

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



Chernenko impulsó la creación de una nueva columna que aparecería en los periódicos moldavos: Na agitatsionnom punkte, o sea, en el puesto de propaganda. En dicha columna, el nuevo responsable de la ideología comunista en Moldavia comenzó a repartir. Comenzó por el raikom de Rezina, que, según él, no hacía bien su trabajo de propaganda; el secretario de dicho comité territorial fue rápidamente cesado. El tema tuvo su importancia, puesto que, normalmente, a un secretario territorial del Partido lo tenía que echar el Comité Central del Partido de la unidad territorial superior. Pero, esta vez, el cese corrió del lado de la Secretaría de Propaganda, no del propio Comité. Chernenko meaba fuera del plato, y eso sólo se hacía, en el sistema soviético, si se era absolutamente imbécil, o se tenía el riñón absolutamente cubierto. La opción correcta tiene que ser la segunda, aunque sabemos poco sobre quién lo avaló.

miércoles, octubre 26, 2022

La hoja roja bolquevique (2): Un fracaso detrás de otro

 El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo

Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 

Y tanto que le salió bien. En los tres primeros meses tras comenzar la guerra, el 25% de los cuadros del Partido en Krasnoyarsk se alistó al ejército y fue enviado al frente. Para Chernenko, aquella era una noticia cojonuda, por dos razones. La primera, porque había conseguido un resultado notable creando esa lista de alistados. La segunda, porque él no estaba en la lista. Chenenko se había dado cuenta de que su futuro estaba en realizar la labor habitual del comunista y del sacerdote average: prescribirle a otros lo que deben hacer. Convenció a Moscú de que su política había sido exitosa, y de que debía permanecer en Krasnoyarsk a causa del fuerte contingente de refugiados que estaba recibiendo aquel territorio de retaguardia. De hecho, a finales de aquel año de 1941, los refugiados eran ya un millón. Y sólo era el principio: pronto, el krai comenzó a recibir factorías que habían sido evacuadas en territorios más sometidos a riesgo.

lunes, octubre 24, 2022

La hoja roja bolchevique (1): El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo)

El chavalote que construyó la Peineta de Novoselovo
Un fracaso detrás de otro
El periplo moldavo
Bajo el ala de Nikita Kruschev
El aguililla de la propaganda
Ascendiendo, pero poco
A la sombra del político en flor
Cómo cayó Kruschev (1)
Cómo cayó Kruschev (2)
Cómo cayó Kruschev (3)
Cómo cayó Kruschev (4)
En el poder, pero menos
El regreso de la guerra
La victoria sobre Kosigyn, Podgorny y Shelepin
Spud Webb, primer reboteador de la Liga
El Partido se hace científico
El simplificador
Diez negritos soviéticos
Konstantin comienza a salir solo en las fotos
La invención de un reformista
El culto a la personalidad
Orchestal manoeuvres in the dark
Cómo Andropov le birló su lugar en la Historia a Chernenko
La continuidad discontinua
El campeón de los jetas
Dos zorras y un solo gallinero
El sudoku sucesorio
El gobierno del cochero
Chuky, el muñeco comunista
Braceando para no ahogarse
¿Quién manda en la política exterior soviética?
El caso Bitov
Gorvachev versus Romanov 



Konstantin Chernenko, de joven. Vía https://beautifulrus.com


La hoja roja es una deliciosa novela corta, o relato largo, de Miguel Delibes. El nombre de la misma proviene de la costumbre que había en algunos librillos de papel de fumar, que incluían una hoja roja para indicar que el librillo estaba ya en sus últimas unidades. La hoja roja, en la novela de Delibes, simboliza el principio del fin de la vida, en el momento de la jubilación de don Eloy, el protagonista.

He titulado a esta serie La hoja roja bolchevique porque es una serie dedicada a la vida (mucha) y milagros (pocos) de Konstantin Chernenko. La última hoja roja de la URSS porque fue el último secretario general del Partido Comunista que verdaderamente lo fue en términos soviéticos (luego llegó Gorvachev, a quien, la verdad, no le quedó otra que implosionarlo); y porque, la verdad, fue rojo hasta el final.

De Chernenko se escribe poco y su tiempo en la Secretaría General del PCUS suele resolverse con unas pocas líneas. Bueno, mi intención es escribir alguna más. Como siempre, las personas quintaesencian sus momentos, y contar la historia de Chernenko, que empieza en los años treinta y termina a mediados de los ochenta, es contar, un poco, la Historia de la URSS. Volveremos sobre temas que ya hemos contado, fundamentalmente el tiempo de Leónidas Breznev, el gran mentor de Chernenko. Pero, bueno, si algún día me decido a escribir la bio de Stalin, tendremos que volver, asimismo, sobre cosas que vamos a escribir hoy.

En fin, espero no aburrirte en exceso.

viernes, octubre 21, 2022

Los emperadores enclaustrados

 

La Historia demuestra muchas veces que un rey no es, necesariamente, la persona más poderosa de un reino. En español tenemos la costumbre de designar a esa persona que está al lado del rey y que, en realidad, es más poderoso que él, con la palabra “valido”; aunque, justo es decirlo, con la llegada de Juego de Tronos, hoy son muchos que se entienden mejor usando la expresión Mano del Rey que, la verdad, es muy gráfica.

miércoles, octubre 19, 2022

La forja de España (17): España como consecuencia

  La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia  


El 14 de junio de 1484 fue la fecha de la firma del contrato para el matrimonio de Tartás y Catalina. El francés aportó una dote de 100.000 francos en escudos de oro, mientras que su padre, Alain d'Albret, lo instituía heredero de sus Estados: Tartás, Las Landas, el Périgord, el Lemosín y otros feudos. Así pues, no debéis quedaros con la imagen de un matrimonio destinado a controlar Navarra. Era Navarra, y la mitad del Mediodía francés, que se dice pronto.

lunes, octubre 10, 2022

La forja de España (13): Las promesas postreras del rey francés

 La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 

Con la apertura de la campaña guerrera de 1491, en abril, comenzó la marcha final de los cristianos sobre Granada. Las cifras son dudosas, pero lo que sí es más que claro es que se reunió un ejército inusitadamente nutrido para la época. El objetivo, obvio, era la ciudad de Granada, entonces una perla de 200.000 almas cuyos alrededores fueron sistemáticamente arrasados por los cristianos para sitiarla por hambre y miseria.

viernes, octubre 07, 2022

La forja de España (12): El expediente nazarí

  La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 


La forja de España, contrariamente a lo que mucha gente cree e incluso se enseña, no se produce, en sus principales elementos, con el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón; en realidad, se produce con tres de sus consecuencias fundamentales, que son: la guerra de Granada, la recuperación de los condados pirenaicos y la situación de la raya de Francia, de nuevo, en el paso de Salces; y, finalmente, la anexión de Navarra.

Como es bien sabido, desde el siglo XIII la dominación musulmana de la península ibérica estaba ya muy de capa caída y, como ya hemos contado en este blog, el último reino musulmán, el reino nazarí, estaba bastante corroído de querellas internas. La dinastía nazarí comienza con Mohamed I, el arquitecto de La Alhambra (porque es un error, muy común, atribuir esta joya arquitectónica a los tiempos de los reyes expulsados por los cristianos). Desde el quinto Mohamé hasta el décimo, el espacio de un siglo que media entre la mitad del XIV y del XV, el reino nazarí se convierte en una jaula de grillos a lo puto bestia. Granada es, para entonces, una nación condenada por la pinza que sobre la misma ejercen los cristianos desde el norte, y los musulmanes magrebíes desde el sur. En Málaga y en Almería, señores de la guerra montan sus propios reinos, que no dudaron en trabajar en connivencia con el cristiano; eso cuando la alianza no era de los cristianos con Granada en contra de aquellos disidentes. Mohamed I había rendido homenaje ya al rey Fernando, y Mohamed VIII hizo lo propio con Juan II de Castilla.

Todos los reyes castellanos, desde el Juan citado hasta los católicos, habían de meter espada, con mayor o menor suerte, con mayores o menores ganas, en Granada. En las guerras contra Granada se enalteció Fernando, hijo segundón de Juan II, que sería conocido como Fernando de Antequera precisamente por la toma de dicha población el 24 de septiembre de 1410. Bajo Juan II los cristianos obtendrían una victoria todavía más relevante, la de La Higueruela (1 de julio de 1431). Enrique IV, ciertamente, se mostró mucho menos proclive a atacar a los islamitas, bien que no son pocos los historiadores que han señalado que las gravísimas querellas internas vividas en el entorno nazarí se lo habrían puesto a huevo. Enrique, sin embargo, no había nacido para ser el general victorioso sobre Granada y, además, como bien sabemos, vivió su propio calvario interior y gobernó una Castilla demasiado dividida.

Yo, cuando menos, tengo la convicción personal, nacida obviamente de las lecturas, de que Isabel y Fernando siempre tuvieron claro que la pérdida de Granada por los musulmanes tenía que producirse en el ámbito de su reinado; de sus vidas. Que eso fuere porque avizorasen la idea de una España unida, ya no lo tengo tan claro. Pero lo que sí tengo claro es que eran conscientes de que sólo contando con los recursos de Castilla y Aragón unidos la empresa podía llegar a buen fin; y que, consiguientemente, había llegado el momento de culminar una labor que los ibéricos cristianos consideraban una obligación de conciencia desde siglos atrás, por mucho que, dado que formalmente ellos no lo llamaban Reconquista, ahora haya tanto licenciado en Historia enfangado en la estúpida querella nominal de si los perros son galgos o podencos.

Esta convicción por parte de los reyes católicos supone un importante cambio de estrategia, sin el cual la pérdida de Granada para unos, recuperación para otros, no se entiende: Isabel y Fernando concluyen que hay que escalar la situación existente, que es una situación basada en la escaramuza fronteriza sin reales intenciones de avance, por una guerra de conquista en toda regla.

En 1478, el sultán Muley Abdul Hasán, probablemente temeroso de esta nueva estrategia que empieza a apreciar en la actitud de los cristianos, trata de fijar el teatro de relaciones mediante un acuerdo diplomático. Así, le envía unos embajadores a Fernando, que entonces estaba en Segovia. Hasán quería pactar una tregua con los cristianos, pero sin renovar el homenaje prestado al rey Juan II de Castilla. Fernando, que había aprendido de su padre que las situaciones hay que emputecerlas lo justo, consintió en una tregua de tres años. Por otra parte, la necesitaba. Aquel año, como ya hemos visto, los reyes católicos estaban todavía enfangados en la guerra civil con apoyo portugués y, por lo tanto, sabían que hasta que no apañasen ese dosier, no se podían poner en serio con el siguiente.

Una vez expirada la tregua de 1478, contando con una tropa veterana y razonablemente financiada con los servicios de Medina y otros, Fernando se podía plantear el ámbito militar de otra manera. En ese momento, además, los musulmanes, que también se habían rearmado, recuperaron Zahara (26 de diciembre de 1481). Fue para responder a esta acción que Ramón Ponce de León, marqués de Cádiz, tomó Alhama. Desde aquí hasta el final, moros y cristianos ya no dejarán de pelear.

Para los nazaríes, la pérdida de Alhama era demasiado preciosa. Intentaron recuperarla, pero Ponce de León los derrotó el 29 de marzo de 1482. Esta segunda victoria le provocó a Fernando de Aragón una falsa sensación de que aquello estaba ya hecho, por así decirlo. Contra el criterio de muchos de sus generales, Fernando avanzó sobre Loja, donde, el 1 de julio, habría de aprender que la partida todavía no estaba ganada ni de lejos.

Fernando, sin embargo, aprendió de aquello. Aprendió que la guerra había cambiado, máxime aquélla cuyo objetivo es consolidar el poder y el control sobre el terreno que se va pisando. Ya no era cuestión de avanzar sin más, sino de hacerlo de una forma coordinada y planificada. Cada vez más, las victorias se planificaban con hora, minuto y resultado.

En ese momento, la guerra de Granada se estabilizó en un solo objetivo: Alhama. Conservar Alhama, desde el punto de vista cristiano; o recuperarla, desde el musulmán, se convirtió en el gran talismán para ambas partes. Los nazaríes, de hecho, invirtieron probablemente demasiados activos en un objetivo que, por otra parte, no conseguirían. Ello dejó desguarnecida la retaguardia, donde Aisha, la esposa que se consideraba preterida desde que su marido se había encoñado con la joven Soraya, impulsó a su hijo Abú Abdalá Mohamed, conocido como Boabdil, a dar un golpe de Estado. Hasán hubo de huir y refugiarse en Málaga, donde, junto con Guadix y Baza habría de crear un reino propio.

No se comenta mucho, o yo creo que no se comenta, pero es cuando menos mi convicción que Fernando de Aragón tenía una ventaja de cara a lo que se venía por delante: la revolución catalana. En dicho conflicto, Fernando había sido testigo de las estrategias desplegadas por su padre Juan, mezcla curiosa de política prudente, acercamientos diplomáticos siempre diseñados para buscar los puntos débiles del rival, y acción militar. En realidad, la última década de la guerra de Granada y la revolución catalana se parecen bastante, y creo yo que deberían ser estudiadas en paralelo para entresacar los patrones estratégicos que Juan y Fernando habrían de aplicar en una u otra. Estamos en el terreno de las ucronías, pero yo, cuando menos, estoy bastante convencido de que, sin la revolución catalana, tal vez el objetivo de los reyes católicos de rendir al moro en la península durante sus vidas no se habría podido cumplir.

En marzo de 1483, Hasán y su hermano, llamado El Zagal, derrotaron a Alonso de Cárdenas, maestre de la Orden de Santiago, en la Axarquía malagueña. Boabdil, por su parte, marchaba sobre Lucena. Este avance, sin embargo, fue un desastre para los islamitas. El mismo Boabdil fue capturado (abril de 1483); en mayo, Fernando tomaba la villa de Tajara.

El presidio de Boabdil colocó a Hasán de nuevo al frente de un Estado muchos de cuyos miembros, especialmente en la capital, habían aprendido a despreciarlo. Parece que el sultán se dio perfecta cuenta de que sería un gran yerro considerar que podría continuar como si tal cosa, como si la rebelión de Boabdil no hubiese ocurrido. Entre someterse a la posibilidad de un nuevo golpe de sus contrarios y pactar con los cristianos, eligió lo segundo. Así pues, le envió heraldos a Fernando señalándole que estaba dispuesto a negociar si soltaba a su hijo. El rey Fernando, muy bien informado de la cantidad y calidad de las querellas internas de los nazaríes, comprendió que la mejor forma de joderlos era soltar a Boabdil y, así, volver a prender la mecha de la disensión en el interior de Granada. A Boabdil le puso como condición que dejase franco el paso de las tropas cristianas hacia Málaga; algo que el nazarí estaba dispuesto a aceptar, por lo que podía suponer la pérdida de la ciudad para el debilitamiento de su padre y enemigo.

Boabdil volvió a ocupar su lugar al frente de un reino que estaba profundamente dividido y en el que las diferentes facciones se acusaban mutuamente de no ser suficientemente patriotas, suficientemente musulmanas. La verdad es que ya no quedaba patriotismo musulmán: todos, en un momento u otro, pactaban con los cristianos a su conveniencia. Fernando, mientras tanto, parecía operar como un agente oficioso de Boabdil. Se dirigía contra las poblaciones controladas con Hasán, aprovechando además que el sultán, ciego y viejo, estaba muy cerca de la muerte. Hasán, de hecho, falleció pronto, dejándole el bastón de mando a su hermano El Zagal.

El Zagal, al que la historiografía española bautizó El Rey Chico, llegaba al sultanato con cierta imagen de incorruptible. Desde luego, había pactado con los cristianos mucho menos que su sobrino, y eso sirvió para que muchos nazaríes se le hicieran parciales. Su ejército cayó sobre Boabdil y lo obligó a huir a Córdoba, donde se colocó bajo la protección de los reyes castellano-aragoneses.

Aisha, la madre de Boabdil, acusó entonces a El Zagal de haber envenenado a su hermano el sultán. Aquella historia, bastante dudosa, prendió lo suficiente para que Boabdil pudiera salir de Córdoba, reforzado por los cristianos, y se hiciese, de nuevo, con el poder la ciudad de Granada. Mientras los musulmanes se peleaban entre sí, Fernando tomó Loja el 29 de mayo de 1486. En ese tiempo, asimismo, Fernando y Boabdil terminaron de pergeñar su acuerdo de alianza. El sultán de Granada fue intitulado conde de Guadix y grande de España; pero, a cambio, debía de convertirse en un enemigo de su tío, quien había recuperado Granada.

Por alguna documentación que se conserva, sabemos que como muy tarde en 1487, el Estado Mayor cristiano, por así decirlo, había decidido ya la toma completa de Granada y la destrucción, por lo tanto, de la monarquía nazarí. El proyecto, por otra parte, se respiraba en el ambiente desde el año anterior, 1486, un año en el que a Castilla habrían de llegar voluntarios de varios países de Europa, dándole a las últimas boqueadas de aquella guerra un espíritu de Cruzada que, claro, los actuales licenciados en Historia niegan o ponen en duda porque lo contrario son enfoques superados.

En Granada, El Zagal había decidido que el reino de Granada sería de quien controlase el Albaicín; pero, por mucho que lo intentaba, no lo conseguía. Fernando de Aragón, por su parte, salió de Córdoba el 7 de abril de 1487, enfilando hacia Vélez-Malaga. La tomó el 27. Siguieron otra serie de conquistas, que movieron a los musulmanes a retirarse a Guadix. Esta ciudad, junto con Almería y Baza, eran los últimos bastiones de El Rey Chico. Y Málaga, su verdadero centro de poder.

Fernando trató primero de tomarla por vía rápida, sobornando a Hamet Zeli, su gobernador. El 7 de mayo, marchó sobre la ciudad. El sitio se produjo en un momento en el que la peste se adueñaba de la zona, y fue, de hecho, la enfermedad la que abatió el ánimo de los sitiados. Zeli cometió el error de rechazar una capitulación honrosa y cómoda que fue la primera oferta de Fernando. Cuando los musulmanes volvieron a solicitar audiencia al rey castellano-aragonés, estaban ya demasiado desesperados como para poner condiciones. La ciudad se rindió el 18 de agosto de 1487. Fernando e Isabel, pues la reina de Castilla se encontraba presente para animar a las tropas, quisieron hacer un ejemplo claro de Málaga, la ciudad que se les había rendido tras resistir. Los bienes de los habitantes fueron confiscados (algo que les vino muy bien para pagar soldadas, por cierto) y la ciudad tardaría casi veinte años en ser reconstruida. Se estaba tratando de enviar un mensaje claro: por las buenas, somos malos; pero por las malas, somos peores.

En la primavera de 1489, el objetivo fue Baza. Fernando e Isabel no querían un asedio largo, puesto que unas inundaciones habían colocado a sus tropas en mala situación; por la dicha razón, Baza fue tomada por soborno. Caída Baza, Almería y Guadix se sometieron sin resistir. El Zagal, ya sin sultanato, se entregó a los cristianos. El 4 de enero de 1490, el ejército fue licenciado.

Este gesto, por parte de algunos que lo conocen, lleva a veces a considerar que los reyes católicos consideraban la campaña de Granada terminada y que pudieron la intención inicial de mantener en la península una corona musulmana. La verdad, no hay tal. Las condiciones de Boabdil cuando se había puesto bajo el paraguas cristiano eran tan desesperadas que había firmado todo lo que le pusieron por delante. Consecuentemente, el ahora sultán granadino había firmado que, una vez que Baza, Almería y Guadix fuesen cristianas, él debía rendir Granada sin lucha. La cláusula, además de fruto de la extrema debilidad de uno de los firmantes como digo, tenía su lógica pues, la verdad, sin el concurso de estas plazas, el reino nazarí devenía inviable. En 1490, Fernando exigió de su aliado que cumpliese lo pactado. Boabdil comenzó primero a poner problemas técnicos por aquí y por allá para, finalmente, quitarse la careta y retractarse de lo firmado. Tenía apoyos para hacerlo, pues la caída de las plazas de El Zagal había creado un tsunami de patriotismo religioso en Granada, así pues Boabdil era consciente de que no podía dar el paso pactado sin sufrir, como poco, graves reproches. De hecho, la famosa frase de su madre cuando dejaron Granada debe interpretarse en estos términos, en mi opinión. No se refiere tanto a la pérdida de Granada como a la primera pérdida de la misma, que se produjo en el día en que Boabdil pactó con Fernando para atacar a su tío.

miércoles, octubre 05, 2022

La forja de España (11): La guerra civil

 La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 


Las cosas en Castilla estaban lejos de haberse pacificado meramente con el matrimonio entre la reina y el rey de Sicilia. Con el apoyo del rey portugués Alfonso V el Africano, tío de Juana la hija del rey Enrique, la facción anti isabelina se hizo razonablemente fuerte en el país, ofreciendo, por así decirlo, una alternativa a la estrategia castellano-aragonesa (la alternativa castellano-portuguesa). España tiene la costumbre de contar las guerras civiles sólo desde el siglo XIX, arrastrada en el fondo por ese concepto tan querido de los licenciados en Historia, según el cual las naciones son constructos modernos y, por lo tanto, sólo los constructos modernos pueden adquirir esa enfermedad autoinmune que llamamos guerra civil. Lo cierto es que España no ha vivido en su solar cuatro guerras civiles, sino en torno a una decena. Ya los convulsos tiempos que vivió, y administró, Álvaro de Luna, pueden considerarse una guerra civil en toda regla; y, desde luego, los sucesos del año 1475 también lo son.

lunes, octubre 03, 2022

La forja de España (10): Perpiñán, o el francés en estado puro

La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 



El control efectivo de la ciudad de Perpiñán por parte del rey aragonés dejaba en una obvia situación desesperada su castillo, todavía en poder de los franceses. Lo mismo ocurría en otros lugares, como Colliure o Bellegarde. Antoine du Lau estaba totalmente aislado, tanto que tuvo que sacarse el DVD de The Lord of the Rings e inspirarse, pues la única forma de conseguir una simple forma de comunicación en la distancia que pudo montar fue hacer fuego en los puntos más altos del castillo. Trataba de comunicarse con alguien desesperadamente, puesto que uno de los elementos de la exitosa estrategia de Juan II fue hacer que la pérdida del Rosellón por el pérfido francés permaneciese como un secreto para París. Luis XI, en efecto, seguía en la capital pensando que todos aquellos terrenos seguían apuntados en el Registro Mercantil a su favor.

viernes, septiembre 30, 2022

La forja de España (9): On recolte ce que l'on seme

 La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 


Juan II de Aragón era ya eso que se ha predicado de su hijo Fernando: un soberano del Renacimiento, capaz de superar algunos de los esquemas del mando real en la Edad Media. Era un soberano que sabía manejar los tiempos y los gestos, como ya había demostrado en la difícilísima relación con el rey francés en la Cerdaña y el Rosellón, entre otros temas. Por eso, de alguna manera, una vez que dominó Cataluña, hizo lo contrario que los propios catalanes estaban esperando, y ofreció unas condiciones de capitulación notablemente lenitivas. El rey aragonés perdonó todas las ofensas recibidas y, de hecho, decretó una amnistía por todos los actos ocurridos en Cataluña durante el periodo iniciado por el ya lejano momento en que había forzado la detención del Príncipe de Viana. Declaró válidos todos los fueros de los catalanes e incluso mantuvo en su puesto a los diputados que, claramente, habían sido parte de la rebelión. El resultado fue su entrada el 17 de octubre de 1472 en la ciudad de Barcelona, en loor de multitud; Juan de Aragón consiguió meter en la mente de los catalanes la idea de que, tal vez, habían escogido mal su enemigo.

miércoles, septiembre 28, 2022

La forja de España (8): Los motivos de un casorio

La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 



Luis XI hizo algo más que ponerse de canto cuando Pedro de Portugal le pidió ayuda para dominar el solar catalán. En realidad, tomó diversas medidas, de intensidad variable, que tendían a favorecer, además de sus propios intereses, los de Juan II de Aragón en los condados del Rosellón y de la Cerdaña. No se trató, desde luego, de una alianza como tal; pero sí de la insinuación de que, por parte francesa, se estaba dispuesto a respetar los viejos pactos.

lunes, septiembre 26, 2022

La forja de España (7): A tocar fados con la cobla

La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia 



A decir verdad, analizando fríamente la situación, Enrique IV de Castilla tenía en sus manos el arbitrio y el dominio sobre la situación en la península ibérica. Con su dominio sobre los catalanes, unido a la desconfianza que éstos sentían hacia la alternativa francesa y el rechazo a la idea de permanecer bajo la autoridad aragonesa, tenía la posición más cómoda de la partida. Pero es que, además de eso, los rosellonenses estaban deseando sacudirse un yugo francés con el que nunca habían contado y, para colmo, embajadores ingleses llegados a Castilla trataban de empujar a Enrique a una alianza contra París, que vendría estampillada con el anillo del Papa. El rey castellano, por lo tanto, tenía casi todos los triunfos en la mano para convertirse en la fuerza definidora del presente y el futuro ibérico. Pero para eso, claro, tendría que ser el rey resolutivo y hábil que a mucho licenciado en Historia le ha dado ahora por defender que fue. Lejos de ello, era un tipo pusilánime, que se fue por las patas cuando Gastón de Foix volvió a emplazar tropas en los Pirineos; que tenía al enemigo en casa, pues varios miembros de su Corte estaban a sueldo de París; y, last but not least, simplemente, no valía para el cargo.

viernes, septiembre 23, 2022

La forja de España (6): El lazo morado (o Cataluña es Castilla)

La macedonia peninsular

El merdé navarro
El enfrentamiento fraternal
Se vende finca catalana por 300.000 escudos de oro
El día que los catalanes dieron vivas a la Castilla salvadora
El lazo morado (o Cataluña es Castilla)
A tocar fados con la cobla
Los motivos de un casorio
On recolte ce que l'on seme
Perpiñán, o el francés en estado puro
La guerra civil
El expediente nazarí
Las promesas postreras del rey francés
La celada de Ana de Beaujeu
El rey pusilánime y su sueño italiano
Operación Chistorra
España como consecuencia

 



Como ya sabéis, los franceses habían dejado un remanente de las tropas prestadas a Juan de Aragón en el propio Rosellón, al mando de Amanieu d'Albret, señor de Orval. Mientras tuvo sus soldados, D'Albret no perdió el tiempo. En los últimos días de julio se plantó en las afueras de Elna, a la que obligó a izar la bandera del rey de Francia con la amenaza de un asalto. A Colliure no se acercó, puesto que juzgó su castillo muy difícil de expugnar. Sin embargo, Thuir fue tomado a las armas, y le fue impuesta una contribución extraordinaria de guerra de 3.000 florines.

Todo esto quedó, sin embargo, gravemente discontinuado a mediados de agosto, cuando D'Albret cayó inopinadamente enfermo y la roscó.