viernes, enero 28, 2022

El fin (12: Negrín bracea, los anarquistas se mosquean, y Miaja hace el imbécil, como de costumbre)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquean, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over  



El doctor Medina se mostró conforme con el planteamiento que le hacía Taboada. De hecho, informa que ese mismo día Casado está manteniendo una reunión con el Frente Popular para tratar el futuro de Madrid y si se decide resistir; y que Casado tiene pensado decirle a los políticos y sindicalistas que, si se resiste, entonces se impedirá la salida de cualquiera de la ciudad, “quedando todos obligados a empuñar el fusil hasta caer”. En otras palabras: Casado parece ser plenamente consciente del tipo de dirigentes modelo "ya resiste tú, que a mí me da la risa", que para entonces tenía la República. Taboada, lógicamente preocupado tras las confesiones que ha recibido sobre la actitud de los comunistas, le preguntó a Medina si Casado había tomado medidas para atajar eventuales resistencias; a lo que Medina se limitó a contestar que esperaban que eso no pasase. Si el SIE sabía que los comunistas iban a resistir, es más que esperable que Casado también lo supiese; por lo tanto, las palabras del doctor vienen a reconocer, de alguna manera, que Casado sabía que no tenía todo el control.

El fin (13: Falange no se aclara)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquean, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over  

En la mañana del 10 de febrero, Negrín, Vayo y Santiago Garcés, el jefe del SIM, es decir, de la inteligencia republicana, aterrizaron en Alicante. Almorzaron con Miaja y Matallana (jefe del Grupo de Ejércitos), cuando menos (algunas fuentes añaden al general Menéndez, jefe del Ejército de Levante), y en la tarde marcharon a Valencia. A todas estas personas y otras con las que se pudo entrevistar, Negrín les contó que pensaba sentar sus reales en Madrid para crear las bases de la paz a partir de los tres puntos de Figueras; por lo que era imperativo resistir mientras Franco no se aviniese a los mismos.

lunes, enero 24, 2022

El fin (11: Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over 


Para hacer la entrega, informó Taboada, sería necesario que un amigo de Casado, comandante en el ejército nacional (el general Fernando Barrón Ortiz), le pusiera una carta en la que se le diesen garantías de que, a la entrada de éstos en Madrid, sólo irían contra las personas con delitos de sangre. Que Taboada conociese esta condición impuesta por Casado apunta claramente a que tenía información fresca facilitada por el SIPM sobre los avances de la principal línea de negociación abierta por Franco con Casado. Al parecer, se le dijo que no habría problema en conseguir esta carta. De nuevo, como en otras ocasiones, el delegado del SIE intima a los miembros del Consejo Asesor para que no se informe a la Junta Política de FET sobre estos extremos tan concretos (esto es: el acta, igual que apunta a que el SIE estaba adecuadamente informado de la marcha de los contactos, apunta a que la estructura política de Falange no sólo no lo estaba, sino que no se quería que lo estuviese). El Consejo Asesor coincide al concluir que es mejor que lo que saben ellos no lo sepa nadie más.

viernes, enero 21, 2022

El fin (10: Primeros contactos)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over 

Entre los días 20 y 23 de enero de 1939, se celebró en Valencia un pleno nacional de regionales de la CNT, aunque con la obvia ausencia de las regionales de Cataluña, que andaban a otras cosas. En dicho pleno se trató la cuestión de la movilización general decretada por el gobierno el día 12, a la que se oponían muchas de las regionales anarquistas, puesto que lo veían como una forma de desmantelar las ya escasas unidades anarquistas en el ejército republicano (que, con la que estaba cayendo, no me digáis que la posición no tiene tela).

El fin (9: All the Caudillo's men)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over 

Con fecha 13 de septiembre de 1938, el coronel Ungría, en su capacidad como jefe del SIPM, le concede a Taboada Lago la categoría de jefe superior del SIE. El siguiente paso fue el nombramiento de un Consejo Asesor. El 22 de diciembre se constituyó dicho Consejo, en la calle Antonio Maura, 14, sede del despacho notarial de Eduardo López Palop. Además de Taboada como número 1, fueron nombrados consejeros: Ángel García de Vinuesa, Eduardo López Palop, Fernando del Pino y Pino, Mariano Tráver Gómez y, como secretario general, Vicente Mayor Gimeno. López Palop, ya lo sabemos, era notario. García de Vinuesa y Del Pino eran ingenieros. Mariano Tráver era abogado del Estado. Mientras que Mayor Gimeno era capellán castrense de la Marina y abogado.

El 22 de diciembre se produce la primera reunión del Consejo Asesor.

Esta reunión se ocupó, sobre todo, de la distribución de competencias entre los consejeros. El delegado (Taboada) se reservó los elementos de alta política fundamentalmente; Ángel García de Vinuesa se responsabilizó de temas industriales y de abastecimientos; López Palop asumió justicia, prisiones y espionaje; Del Pino asumió los temas de transportes y comunicaciones; Tráver asumió la relación con los representantes de FET y de las JONS.

Asimismo, con bastante coherencia respecto de las fechas en las que estaba el tema, el Consejo se ocupó no tanto de la labor que habitualmente se le adjudica a la Quinta Columna, esto es, sabotear el bando republicano, como a empezar a organizar el futuro que ya se toca con la punta de los dedos; la Quinta Columna, por lo tanto, y bastante lejos de lo comúnmente se cree, en realidad se ocupó más de la llegada de los nacionales que del sabotaje. 

Los miembros del Consejo, en este sentido, se otorgaron a sí mismos la función de tomar los resortes del poder en Madrid una vez que la ciudad cayese; algo que, cuando menos en mi opinión, viene a reflejar que tal vez no tenían muy claras ni su función real ni la forma de pensar de Franco. Cierto es que asumen esa labor hasta que el Generalísimo nombrare a las personas definitivas; pero hay en su acta un tufo de convicción en el sentido de que esos hombres se sienten con derecho de controlar Madrid, incluso con la guerra terminada. En las últimas actas del Consejo dirán precisamente lo contrario: cuando Valdés les intime a constituirse en órgano asesor permanente de FET y de las JONS, los consejeros del SIE retrucarán que consideran que su labor debe terminar “horas o días” después de entrar los nacionales en Madrid; cabe, pues, sospechar, que por medio, aunque en realidad las actas no lo aclaran, es probable que alguien, desde Burgos, les aclarase las cosas, es decir, les aclarase que en el Madrid de posguerra mandaría quien dijese Franco, y punto pelota. Por otra parte, en la actitud paralela de las gentes de Falange (en realidad, creo que es más preciso llamarlos falangistas que miembros de FET y de las JONS, que si era un constructo en la España nacional, en el Madrid republicano ya ni os cuento, firmando como habían firmado la fusión todos arrastrando el escroto); en la actitud de los falangistas, digo, hay, incluso pasada por el tamiz del relato de Taboada, bastantes elementos que hacen sospechar que ellos hicieron exactamente lo mismo, y que tenían la ambición de hacer Madrid suyo una vez que la República bajase los brazos. Es, por otra parte, una actitud sicológicamente comprensible: llevaban tres años tragando mierda y sangre, y se la querían cobrar.

El Consejo, ya en esa primera reunión, constata que dispone de medios económicos suficientes e, incluso, cita el dato de que tiene varias imprentas a su disposición; esto viene a sugerir que, ya entonces, la porosidad del frente es muy elevada; que, ítem más, los elementos pro franquistas están empezando a actuar en la ciudad con cierto descaro; y que, todavía más aún, tal vez empezaba a haber gentes de mayor o menor significación republicana, más los templados e indefinidos, que habían empezado a buscar a los quintacolumnistas con pasión para hacerse sus amiguetes y ganar puntos para cuando el Caudillo entrase por la puerta con el cuchillo de capar gorrinos entre los dientes.

Mariano Tráver plantea la necesidad de acabar con la Prensa en Madrid. Argumenta que es imposible conseguir periodistas que se pongan al servicio de los nacionales “por la fuerte presión de las Confederales” (frase que insinúa que ha han intentado captar a varios, y que éstos, aunque no les han hecho caso, tampoco les han denunciado), por lo que considera que la mejor política posible es acabar con las ya escasas reservas de papel que existen en la ciudad. Muerto el perro, se acabó la rabia. En Madrid hay una fábrica (de Papelera Española) en Carabanchel que, según se informa en el acta, ha venido incautando libros de bibliotecas particulares para fabricar papel. El Consejo constata que ya se han enviado mensajes solicitando el bombardeo de la factoría, pero decide repetir las apelaciones. No será el único bombardeo que se solicite en dicho Consejo; también se acordó solicitar el de la línea de ferrocarril de nueva construcción sobre el Tajo, en Fuentidueña, buscando así cortocircuitar el transporte de víveres y material de guerra hacia la capital.

Eduardo López Palop se ocupa de una exposición sobre el ambiente social en Madrid. Su tesis, más que probablemente cierta, es que la escasez está provocando que el personal esté cada vez más hasta las pelotas; desmoralización y cabreo que, según él, “ha llegado hasta las mismas filas de los incondicionales del gobierno y se ha exteriorizado en manifestaciones callejeras estos días”. Es muy difícil, por no decir imposible, que López Palop mintiese en un tema tan fácilmente comprobable, por lo que hemos de asumir que, a piques de las Navidades de 1938, en las calles de Madrid había ya protestas, más o menos espontáneas, más o menos masivas, contra la escasez; lo que sabemos, por cosas como el aniversario de la muerte de Pablo Iglesias, es que los actos políticos del Frente Popular apenas concitaban audiencia.

La propuesta del Consejo es, obviamente, cebar ese proceso, alimentando el descontento. Y añaden: “hay que procurar que las octavillas que se están lanzando sobre Madrid no tengan el carácter de alguna de ellas, de tono nacionalista, sino que sean de marcado espíritu revolucionario para que así las mismas masas adictas a la causa gubernamental vean la incitación al motín como promovida o dirigida por sus propios elementos directivos”. Da la impresión, pues, de que una de las opciones con que trabaja el SIE es descojonar Madrid por la vía de una especie de rebelión social dentro de la República, aunque en realidad incitada por los franquistas. Es importante destacar que esta propaganda no estaba previsto lanzarla desde los aviones, en cuyo caso el origen quedaría claro, sino entregarla a FET y de las JONS para que la distribuyese. Asimismo, el Consejo decidió crear la fake new de que el SIM, el servicio de inteligencia republicano, iba a repartir alimentos sólo entre sus miembros, para así generar más cabreo y división.

Mayor Gimeno apunta la necesidad de “un nuevo bombardeo de panecillos”. Taboada, sin embargo, fue de la opinión de que volver a dejar caer alimento sobre el Madrid hambriento podría ser contraproducente, porque podría volver a aglutinar a los republicanos; sinceramente, se me escapa el retruécano del argumento. Consideró el delegado que el bombardeo de pan sólo debería repetirse cuando en Madrid dejase de fabricarse dicho alimento. El acta, por lo demás, deja claro que la opción preferida de los espías franquistas en Madrid es el estímulo negativo. Por ejemplo, consideran pertinente que la aviación nacional bombardee la capital de España con bombas de cartón que lleven octavillas diciendo: lo mismo que caen éstas, pueden caer las de 300 o 1.000 kilos cargadas de explosivos. No era la primera vez que se hacía, puesto que el Consejo se felicita de los excelentes resultados en forma de desmoralización conseguidos por esta medida.

El Consejo de 22 de diciembre también decidió solicitar del ejército nacional que multiplicase las escaramuzas en el frente madrileño, porque eran las mejores oportunidades para pasarse de un lado a otro.

El dato, creo yo, más importante del acta de 22 de diciembre es que se ocupa ya de las disensiones en el ámbito militar republicano. Sin dar más datos, los miembros del Consejo conocen que se han producido “algunas detenciones” y que las relaciones entre el SIM y el Estado Mayor son muy tirantes (puede que se estén refiriendo al cese de Piñuela; aunque no lo citan); situación que abre la posibilidad de trabajar para incrementar el desánimo de los militares. Mayor Gimeno va mucho más allá: puesto que el SIM es, en ese momento, el backbone de la resistencia republicana, es fundamental desmoralizarlo; y, para conseguirlo, propone cargarse a alguno de sus miembros. Mayor Gimeno afirma que el propio SIM empieza a estar preocupado ante el futuro, puesto que las últimas personas a las que ha detenido podrían vengarse una vez terminada la guerra.

Del acta se deduce que probablemente se llegó incluso a proponer el atentado sobre la vida de Ángel Pedrero, el jefe del SIM; Taboada, sin embargo, esta vez con buen criterio, opinó que un atentado de este tipo podría incrementar la represión republicana. Los miembros del Consejo quedan en reflexionarlo.

Como ya os he dicho, mi tesis, muy difícil de comprobar en los momentos actuales en los que ya no se puede contar con testimonios contemporáneos, es que la orden de Franco respecto del SIE fue mantenerlo y, de alguna manera, alimentarlo; pero, al mismo tiempo, da la impresión de que el teniente coronel Ungría recibió también la orden de no darles mucho cuartelillo y, sobre todo, no hacer girar las negociaciones con Casado en ellos. Franco no sólo decidió que el SIPM llevase directamente el peso de la negociación, sino que, de hecho, parece que confió en otras personas diferentes para los primeros contactos. José Manuel Martínez Bande, muy bien informado, cita a dos catedráticos madrileños, Julio Palacios y Antonio Luna, especialmente este último, como las personas que, verdaderamente, se acercaron a Casado. De las actas del SIE, sin embargo, cabe sospechar que no fueron los únicos; aunque otros que contactaron lo hicieron más “por libre”.

La cosa tiene su lógica. El teniente coronel Bonel, en una de sus comunicaciones con su jefe (Ungría) llega a hablar de una especie de furor por parte de Casado, a finales de enero, a la hora de contactar con Falange; o sea, que Casado, falangista que veía, falangista al que invitaba a tomar café. Continúa Bonel: “toparon con la Junta Política de FE, algunos de cuyos miembros estaban ya al acecho, y éstos recurrieron, como siempre, al SIPM”. Esto cuadra bastante con lo que iremos leyendo en las actas del Consejo Asesor del SIE; eso sí, con la matización de que del libro de Taboada Lago se desprende, o creo yo que se puede desprender, que algunos de esos “miembros de la Junta Política de Falange”, en realidad, tal vez no actuaban como tales, sino buscando una gloria personal o un mérito particular.

Según dejó escrito Julio Palacios, en esas fechas de finales de enero o, tal vez, contemporáneas de las Cortes de Figueras y la salida del gobierno republicano de España, fechas que, como ya os he dicho, son también aquéllas en las que Casado comunica su placet a contactar con los franquistas, el SIPM decidió avanzar un paso más y transmitirle a Casado la oferta de Franco a los militares que se rindiesen y no tuviesen las manos manchadas de sangre. Comenzaron a utilizar a Radio Nacional, que emitía mensajes cifrados de acuerdo con claves diseñadas por Casado.

El principal problema de la República, en cualquier caso, no eran los espías pro falangistas. El principal problema de los republicanos, como acabaría de ser bien claro, era el cansancio de guerra de algunos militares o, incluso, de la mayoría de ellos.

Tomás Bilbao, ministro sin cartera del gobierno de la República, estuvo en la zona Centro en el otoño de 1938. Al regresar a Cataluña, se fue escopetado a ver a Negrín para decirle que tenía que fijarse un poco más en lo que estaba pasando en Madrid. Bilbao, quien tal vez pulsó la misma o parecida impopularidad de la República entre los madrileños que se refleja en las actas del SIE, consideraba que se podían dar los elementos para que en la ciudad se montase una autoridad paralela y diferente a la del gobierno (lo que sugiere que los planes del SIE en el sentido de crear una rebelión revolucionaria dentro de la República, tal vez, no estaban tan mal tirados). Bilbao consideraba ya que el centro político de aquella actitud era Besteiro, pero la verdad es que no aportaba pruebas.

Lo que muy probablemente pulsó Bilbao era algo que, en ese momento, estaba, o por lo menos yo así lo creo, muy lejos de ser lo que luego fue. Lo más probable es que en el último mes de 1938 y las primeras semanas del 39, el estado de opinión entre los militares destinados en Madrid tuviese más que ver con la sensación de abandono. Los responsables de defender la zona Centro eran conscientes de que su perdición quedaría totalmente labrada en el momento en que Franco controlase Cataluña. Con Cataluña en sus manos, los nacionales comenzarían, literalmente, a pescar en un barril; y ellos eran los pececitos. Dado que la comunicación del gobierno con la zona Centro era muy escasa, todas estas inquietudes se producían en el marco de un diálogo de sordos; lo cual abonaba la tesis de quienes consideraban que el gobierno los había abandonado. De hecho, yo creo que es para contraprogramar esta sensación por lo que Negrín, el 9 de febrero, una vez perdida Cataluña, reúne a sus ministros en Toulouse y, al día siguiente, 10 de febrero, acompañado por Álvarez del Vayo, aterriza en Alicante.

miércoles, enero 19, 2022

El fin (8: a Franco no le da una orden ni Dios)

El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over 



La planimetría, aparentemente, se consiguió, por lo que se fijó una cita en la cual le sería entregada a un correo del ejército nacional que se desplazaría a Bustarviejo. El viaje lo hicieron Vicente Mayor Gimeno y un coronel de Intendencia, Jacobo Boza, quien sin embargo estaba sin destino ni actividad en el ejército republicano, más un conductor y el propio Taboada. Todos ellos iban documentados como miembros del Juzgado de Alta Traición y Espionaje, una identidad que les pareció propicia para poder llevar grandes legajos sin levantar sospechas, ya que la planimetría era voluminosa.

lunes, enero 17, 2022

El fin (7: Los tres puntos de Figueras)

  El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
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La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

Tan escaso quorum nunca ha sido óbice para que la historiografía considere esta sesión como válida y no simbólica, en una demostración más de lo dados que somos los españoles a considerar que las leyes están para adaptarse a nosotros, y no nosotros para adaptarnos a las leyes, y cumplirlas. Martínez Barrio, como presidente de la asamblea, comenzó la sesión diciendo que las Cortes se reunían “en un momento difícil”; siempre fue persona de mente preclara, capaz de ver lo que los demás no veían.

viernes, enero 14, 2022

El fin (6: A la naja)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

El 21 de enero, los representantes de partidos y sindicatos en Barcelona se reúnen para ponerse a las órdenes del gobierno, ellos y todo el personal de sus organizaciones. Es la declaración del 21 de enero una declaración curiosa, puesto que, sensu contrario, su contenido nos viene a decir que dichas organizaciones no habían puesto a las órdenes del gobierno a su gente con anterioridad. Curioso Frente Popular éste que, como el gato de Shrödinger, tan pronto estaba dentro de la disciplina gubernamental, que fuera. El Consejo de Economía de la Generalitat, en una humorada digna de mejor fin, decreta que la semana que viene se detenga la actividad comercial en la ciudad. O sea: no abrirán las tiendas bajo las bombas. Cráneos previlegiados. La razón del cierre mercantil es que todos los hombres de menos de cincuenta años “y aquellas mujeres que voluntariamente se apunten” (micromachismo), se presenten a la autoridad militar, que les dirá lo que tienen que hacer. Zugazagoitia es preclaro a la hora de juzgar el ambiente de esos días. La República, dice, se limita a acopiar gente sin saber muy bien qué hacer con ella; y el espíritu de los movilizados es nulo, como lo es de los propios combatientes, que desertan en masa. Con no poca sorna, se pregunta el político socialista: “¿Por qué no poner en juego los temas catalanistas, tan frecuentemente vueltos, con razón o sin ella, contra el gobierno?” En otras palabras: en las últimas horas, la retórica basada en defender la tierra catalana ha desaparecido. Hasta eso ha desaparecido.

miércoles, enero 12, 2022

El fin (5: El mes de enero de las chinchetas azules)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

Tercer discurso. El día de Año Viejo, Negrín pronuncia un segundo discurso en el mes, esta vez en inglés. Es un largo discurso que pretende convencer a los países del mundo, y muy particularmente a los Estados Unidos, de que no deben dejar pasar lo que está ocurriendo en España. Sí, claro. Los Estados Unidos, que necesitaron que les bombardeasen una base para entrar en una guerra aliado con unos ingleses que eran todavía más conservadores que ellos, iban, por mor de un discursito, a unirse a unos tipos que paseaban retratos de Stalin por las calles.


Los aviones franquistas comienzan a incluir Barcelona en sus trayectos turísticos, y lanzan bombas de recuerdo. En la capital catalana, la propaganda al uso no para de decir (y nadie escribe e imprime casi nada, pues no hay papel ni para los culos) que en Madrid fue igual, y que allí el fascismo no pasó. En la ciudad propiamente dicha no queda ni un solo arma de fuego; hace semanas que todas las pistolas de los polis han sido enviadas al frente (y se asume que los 25.000 fusiles con que se hicieron los anarquistas en Sant Andreu el 18 de julio, y que nunca aparecieron, ya tampoco están en la ciudad). Se anuncia la creación de dos divisiones nuevas, pero todo el mundo sabe que estarán formadas por chavalinos que lo más complicado que han hecho en toda su vida es abrirse una cuenta en Tik Tok. Se crean, eso sí, batallones de ametralladoras cuya misión no es ya detener el avance nacional, sino impedir las deserciones masivas.

Sacando medios de donde no los hay, se moviliza a las fuerzas de Defensa de Costas, a los carabineros de la frontera, así como a los guardias de asalto de la ciudad (que, como ya os he contado, para entonces disparan huesos de aceituna como García Egea). Pero ya no se sabe muy bien si toda esa gente se la moviliza para luchar contra el potente ejército franquista, o para impedir que la retaguardia entre en fase Woke el Último.

En algún momento de finales de diciembre, se produjo un incidente político que yo creo que tuvo su importancia, por marcar el primer punto de distanciamiento público entre el PSOE y el PCE. Fernando Piñuela, miembro del primero de estos partidos, diputado constituyente, catedrático y alcalde de Murcia, fue destituido por Bibiano Ossorio y Tafall, Comisario General del ejército republicano, como Comisario General del Ejército del Centro. Este cese provocó, como digo, una polémica muy agria por parte del PSOE, que quiso ver en el mismo una represalia de los comunistas que, según su percepción, querían el monopolio de la dirección política del ejército republicano. El gobierno Negrín trató de templar gaitas nombrando para el puesto a una persona formalmente miembro del PSOE (bueno, en realidad, de la UGT), Edmundo Domínguez Aragonés. Domínguez, sin embargo, deja bastante claro en su libro de memorias, Los vencedores de Negrín, que para entonces era uno de esos socialistas que, siguiendo por cierto el plan trazado en el 36 a pachas entre Largo Caballero y Santiago Carrillo, se habían ido comunistizando en el marco de una fusión partidaria (finalmente incompleta) en la que el PSOE quiso comerse al PCE, pero fue, en buena parte, el PCE quien se comió al PSOE.

Domínguez, de hecho, justifica plenamente el cese de Piñuela, de quien dice que “su actuación como comisario del ejército no la cumplió como exigía el deber de obediencia a sus superiores, puesto que incurrió en desacato al comisario del Grupo de Ejércitos y al comisario general”. Reconoce, eso sí, que la reacción de muchos comisarios socialistas al cese “llegó a quebrantar la disciplina”, y que “hubo reuniones en las que se propuso la dimisión colectiva de todos los comisarios socialistas”. Edmundo Domínguez afirma (claro que, como todos, lo hace a toro pasado) que fue consciente desde el primer momento de las resistencias que su propio nombramiento había presentado entre los socialistas. Y eso que eran correligionarios teóricos...

Domínguez alude a una reunión general de comisarios de ejército, que se tuvo que celebrar antes de que llegase el año 39 porque, apunta, se produjo antes de que él estuviese formalmente nombrado. No esconde que en dicha reunión, convocada por Ossorio, no se escatimaron críticas al gobierno Negrín y a los comunistas; además, dice que las intervenciones de éstos no fueron muy felices. Critica directamente a Jesús Hernández, comisario de la Agrupación de Ejércitos, por pronunciar un discurso largo, farragoso y sin contenido. Pero, claro, hay que tener en cuenta que cuando Domínguez escribía esto (que, al parecer, fue en Argelia, poco después del final de la guerra) se había convertido en un negrinista cerrado, procomunista por tanto; mientras que Hernández, oh casualidad, era el más significado de todos los comunistas en esa reunión que estaba comenzando el viaje en sentido contrario. Los recuerdos ideologizados están llenos de detalles así.

Un detalle tonto, pero no tan tonto, que nos cuenta Domínguez: en algún día de diciembre, obviamente el 9 o posterior, se celebró en Madrid un acto de conmemoración por la muerte de Pablo Iglesias; apenas fueron 300 personas. El detalle se le quedó grabado a muchos partidarios del Frente Popular, quienes comprobaban que tenían dificultades para seguir siendo un frente y, definitivamente, habían dejado de ser populares.

El 5 de enero de 1939, la Gaceta publica un decreto y una orden complementaria en la que se llama a filas a la totalidad del reemplazo de 1922, así como a todo ciudadano que cumpla los 18 en los tres primeros meses del año 39. Cada movilizado, dice la norma, deberá presentarse en su lugar de destino llevando desde casa: “manta, calzado y cubierto, todo en buen estado”. En otras palabras, en ese momento el ejército de la República es incapaz de dotar a sus reclutas con cuchara y tenedor.

En todo caso, no es sólo que no dará mucho tiempo para la leva; es que, para entonces, la desmoralización es tal en los hogares republicanos, a lo que hay que sumar los muchos, muchísimos, en los que la moralización nunca fue muy alta, que buena parte de los llamados nunca responderán a esa convocatoria.

La Prensa en Cataluña, o por lo menos la que sigue publicándose, se solaza en esos tiempos con los sonoros triunfos que las tropas republicanas, dice, están obteniendo en el área de Córdoba. Y no les faltaba cierta razón. Ciertamente, en el sector de Peñarroya del frente cordobés se ha producido una acción sorpresa que, el 5 de enero, había conseguido romper la línea nacional. Fue una acción sorpresa con determinados elementos de éxito. Pero la propaganda republicana se lo tomó por donde no era: el general Escobar, jefe del ejército de Extremadura, por fin realizaba la ofensiva esperada que, por lo visto, le iba a dar la vuelta a la guerra.

Los republicanos lograron realizar una bolsa en el sector de Peñarroya de respetable profundidad: hasta 34 kilómetros avanzaron. Sin embargo, su problema fue siempre que las fuerzas franquistas en sus flancos lograron resistir, con lo que la bolsa, que en una situación ideal debía ser como una mancha de tinta, en realidad era un pitillo. Haciendo uso de su principal ventaja: la capacidad de aprovisionarse, los nacionales se apuntaron a un enfrentamiento de desgaste, un intercambio de golpes en el que los republicanos no podían sino perder el resuello. El 4 de febrero, todo el pescado estaba vendido.

El 8 de enero, una vez hecha la primera digestión de la ofensiva republicana de Peñarroya, Franco envía una orden en la que ordena a sus generales que, si es necesario cambiando la estructura de los cuerpos de ejército, el Ejército del Norte deje en sus posiciones defensivas y consolidadas lo estrictamente necesario, y los efectivos sean desplazados a las posiciones de avanzada. El Generalísimo de las tropas nacionales ha olido el cansancio de su enemigo, y quiere tomar Cataluña a toda leche.

El Cuerpo de Ejército conocido como de Navarra será la gran espadaña del avance franquista. El día 11 conquista Montblanch, lo que significa que deja prácticamente sorda y ciega a la Tarragona republicana. El 14, cae Valls. El general José Solchaga Zala, comandante del Cuerpo de Navarra, comunica a sus mandos que las órdenes que tiene son cortar el acceso al mar de los republicanos y tomar Tarragona ciudad. Los nacionales, en efecto, llegan a la periferia de la ciudad aproximadamente a las tres de la tarde del 15 de enero. Reus cae ese mismo día.

Para entonces, el ejército republicano en Cataluña no tendría, cabe calcular, ni 80.000 efectivos; eso, más el hecho, que Vicente Rojo reconoce en sus memorias, de la absoluta falta de apoyo de la retaguardia. Una forma elegante de decir que los catalanes (aunque ahora sus bisnietos no se quieran ni acordar) estaban deseando que llegase Franco.

Este mismo día 15, el gobierno republicano publica en la Gaceta la movilización general. Llama a los reemplazos de 1917, 1918, 1919, 1920 para diversos ejércitos, 1915 y 1916 para trabajos de fortificación. Se decreta que todo español de menos de 50 años que no sea un inválido queda a disposición de la Inspección General de Ingenieros; y, lo que es un disgusto para muchos sindicatos y partidos del Frente Popular, que los ya declarados inútiles para el servicio militar (como digo, muchos de ellos militantes, hijos y amigos de militantes, que se habían librado de luchar porque yo lo valgo; el liberado de toda la vida, pues) habrán de presentarse en la Caja de Reclutas. Eso sí, la medida fue, ya, muy poco efectiva, y no sólo los militantes partidarios y sindicales, sino muchísimas de las familias de medio pelo pasaron de enviar a sus hijos a una guerra que sabían perdida.

El día 16, Franco envía una orden al ejército combatiente en la que viene a decir que se aproveche cualquier ocasión de combatir en la que se huela que el enemigo está débil; que no se espere, que no se planifique en exceso: si se ve la ocasión de golpear, hostia que va. El objetivo, dice, es obligar al ejército republicano a luchar lo más lejos posible de Barcelona y de la frontera pirenaica. Franco, por lo tanto, quiere crear cuantos más pockets mejor, donde embolsar tropas republicanas y obligarlas a bajar los brazos.

Así las cosas, avanza el mes de enero y todo son chinchetas verdes (bueno, mejor azules) en el calendario de Franco. El 16 cae Cervera. El 20, Pons. El 21, Igualada y Villafranca del Penedés. El 22, Sitges. El 24, se llega al Llobregat y, lo que es más importante, se sitúan piezas de artillería con rango de tiro suficiente como para hostigar el puerto de Barcelona. A partir de ese día, pues, por mar, de Barcelona, sale y entra sólo aquél a quien Franco le da permiso. De ahí que se produjese el éxodo masivo a pie y por la frontera que hemos visto en mil fotos. Cabe, lógicamente, preguntarse cuál habría sido la suerte de centenares, miles de españoles, si los estrategas de la República, en lugar de embarcarse en esa batalla del Ebro que, en realidad, sólo servía para la propaganda de resistencia de los comunistas, hubiesen guardado todos los importantes recursos que allí perdieron para proteger adecuadamente un éxodo desde el puerto de Barcelona. Es probable que las fosas que ahora se quieren abrir estuviesen bastante más aligeradas.

lunes, enero 10, 2022

El fin (4: La ofensiva de Cataluña)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

En Madrid, en efecto, se diseñó una ofensiva, al mando del coronel Casado. Esta ofensiva, sin embargo, como digo se cita poco; en parte porque, empezar, empezar, lo que se dice empezar, casi ni siquiera empezó. Para ser exactos, duró nueve horas, nada más. El first strike de la artillería nacional ante los primeros avances republicanos fue tan fuerte y, sobre todo, preciso, que Casado se dio la vuelta. Es importante lo de preciso: el capitán encargado de redactar la orden de la ofensiva escribió una copia y se la pasó a los nacionales. A finales de 1938, había un huevo de gente buscando ya su mero beneficio.

viernes, enero 07, 2022

El fin (3: Últimas esperanzas)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over



El último canto del cisne en materia de negociaciones de paz es el viaje de Indalecio Prieto el 27 de noviembre de 1938. A Prieto, a quien nadie quiere ya en Madrid, lo mandan a Chile. Negrín le dice que trabaje por una confluencia de países latinoamericanos en favor de la paz. Pero, vamos, lo mismo le pudo decir que le trajese la receta del pisco sauer porque, la verdad, perdida la batalla del Ebro, hubiera sido del género imbécil considerar que un tipo que no se había querido sentar en una mesa de negociación cuando apenas controlaba un tercio del territorio de España, lo iba a hacer ahora que iba 5-0 en el partido, quedaban tres minutos y a la República le habían expulsado a tres jugadores.

miércoles, enero 05, 2022

El fin (2: Los tenues proyectos de paz)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over


 

A nadie ha de extrañar que en muchos libros más o menos contemporáneos de los hechos en los que se habla, por ejemplo, de la batalla del Ebro, sus autores se refieran al ejército republicano utilizando la expresión “el ejército comunista” o “las tropas comunistas”. Para entonces, en la zona republicana había una quiebra básica, que permanecería en el exilio en medio de polémicas interminables y cada vez más agrias, entre los comunistas y todos los demás. Jacinto Thoryo, un combatiente y escritor anarquista, dejó escrito que en los campos de concentración franceses, si alguien se paseaba entre los exiliados españoles preguntando quién era responsable de la derrota de la guerra, rara vez encontraba alguien que citase a Franco, porque todo el mundo culpaba a los comunistas. Es un sentimiento importante.

lunes, enero 03, 2022

El fin (1: El Ebro fue un error)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over



En la parafernalia historiográfica sobre la Guerra Civil Española, habitualmente bastante pringadita de presentismos, teóricas subvencionadas y movidas diseñadas para ser consistentes con ideas presentes, suele haber una suerte de valoración épica de la batalla del Ebro. Son muchos los libros que tienden a considerar estas operaciones, lideradas y coordinadas por Juan Modesto, como algo así como ese momento, en un partido de fútbol, en el que el contrincante débil, ya desahuciado en las casas de apuestas, se reivindica mediante una jugada en el minuto 88, jugada en la que roza el gol o incluso lo mete; momento en el que el delantero anotador tiene el gesto inútil de agarrar la pelota y llevarla hasta el centro del campo, como esperando todavía empatar un partido que va 5-1. El Ebro, para la memoria histórica, viene a ser más o menos lo que fue en su momento para los comunistas, y sólo para los comunistas: un pretendido punto de inflexión en el que una guerra que ya se había perdido un año antes con la pérdida del Frente Norte iba a dar la vuelta, de la mano de una presunta superioridad militar, unida al proceso por el cual a Europa se le iba a caer el velo sobre Hitler y sus aliados y, consecuentemente, se iba a gastar en España lo que tenía, lo que no tenía y lo que no se quería gastar. Juan Negrín, primer ministro, esperaba que llegase una Úrsula von der Leyden Leyen que lo regase con dispositivos militares apenas desarrollados en alguno de los países que debería dárselos (es el caso de Reino Unido) por el bien de la resiliencia y la sostenibilidad republicana frente al fascismo con el que esas mismas potencias, Francia y UK, estuvieron negociando hasta el último minuto. Negrín es que era muy peliculero, y le ha legado esas visiones hollywoodienses a más de media historiografía española.