Mostrando las entradas con la etiqueta siglo V. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta siglo V. Mostrar todas las entradas

miércoles, julio 10, 2024

Calcedonia (y 6): La que has montado, Leoncito

Hablemos (de nuevo) de Arrio
Homooussios y homoioussios: Santísima Trinidad, calienta que sales
Apolinar de Laodicea la lía parda
Los conciliábulos de León, Pulcheria y Marciano
La rebelión egipcia
La que has montado, Leoncito  



Estos esfuerzos eran muy mal vistos en Roma. Roma, lógicamente, concebía Calcedonia como una victoria total por su parte, y no concebía otra cosa que un Imperio sometido a la labor de empoderarla adecuadamente en Oriente Medio. El resultado de esta actitud, muy poco realista, fue que Roma y Constantinopla comenzaron a estar cada vez más lejos la una de la otra; y los encabronados obispos que el Papa enviaba a la capital oriental de cuando en cuando para discutir con el emperador cada vez eran menos escuchados; muchos de ellos, ni siquiera recibidos.

martes, julio 09, 2024

Calcedonia (5): La rebelión egipcia

Hablemos (de nuevo) de Arrio
Homooussios y homoioussios: Santísima Trinidad, calienta que sales
Apolinar de Laodicea la lía parda
Los conciliábulos de León, Pulcheria y Marciano
La rebelión egipcia
La que has montado, Leoncito  


 



La primera idea de Marciano fue convocar el concilio en Nicea y, de hecho, así lo ordenó. El Papa León no estaba en condiciones de hacer el viaje, pero no por ello renunciaba a que fuese presidido por sus legados (Pascasino y Bonifacio, además de Lucencio y Basilio). De todos ellos, el principal era Pascasino. Fue a éste a quien León instruyó para que aceptase en el seno de la Iglesia a todos aquellos obispos que hubiesen estado en el error y se arrepintiesen; pero utilizase la misma determinación con los relapsos.

lunes, julio 08, 2024

Calcedonia (4): Los conciliábulos de León, Pulcheria y Marciano

Hablemos (de nuevo) de Arrio
Homooussios y homoioussios: Santísima Trinidad, calienta que sales
Apolinar de Laodicea la lía parda
Los conciliábulos de León, Pulcheria y Marciano
La rebelión egipcia
La que has montado, Leoncito  



Teológicamente hablando, las iglesias orientales, sobre todo Alejandría y Antioquía, estaban divididas. Después de mucha puta y mucha Ramoneta, se había conseguido establecer que el Cristo (ya no Jesús; de Jesús hombre cada vez quería hablar menos gente) y Dios tenían la misma esencia; pero, ahora, después de Apolinar y otros, ¿cómo encajar al Cristo-hombre en ese esquema?

viernes, abril 05, 2024

Curso de arriano upper-intermediate (4): Más Arrio

El sabelianismo
Samosatenses, fotinianos, patripasianos
Arrio
Más Arrio
Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos
Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi



En ese tiempo, además, Hilario de Poitiers, el campeón de la ortodoxia en occidente, trató de reaccionar a la pujanza semiarriana en su territorio mediante las negociaciones para alcanzar algún tipo de pacto en oriente que los debilitase; pacto que se basaba, sobre todo, en la aceptación por parte de los heréticos del principio de la homoousion. Desde ese momento hasta la muerte de Constancio, en el 361, se sucedieron los concilios, normalmente con diferentes propuestas de Credo adjuntas; algunas semiarrianas, otras homoeanas, otras anomoeanas. Es decir: el arrianismo se imponía, pero esa imposición se hacía desde la división, por lo que se puede decir que, cuando menos en parte, moría de éxito, pues no podía ofrecer algo que es fundamental para cualquier Iglesia, teniendo en cuenta que toda Iglesia es, por definición, un business model: unidad en la gestión.

lunes, septiembre 05, 2016

La herejía pauliciana

En el año 1717, una viajera inglesa, lady Mary Wortley Montagu, visitó la vieja Constantinopla y su, por así decirlo, zona de influencia histórica. Entre las ciudades que visitó estaba Filipópolis (actualmente Plovdiv, la segunda ciudad más poblada de Bulgaria). En una carta en la que refiere dicha visita, Mary Wortley cuenta que ha encontrado en la ciudad a una secta de cristianos que se hacen llamar a sí mismos paulinos; que poseían una iglesia en la que, según sus tradiciones, Pablo de Tarso había predicado. La viajera inglesa no lo sabía, pero acababa de encontrar los últimos (bastante romanizados ya) vestigios de una secta gnóstica, los paulicianos, que había tenido no poca importancia un milenio antes del momento en que ella visitó la actual Bulgaria. Lo suficientemente importante como para que en esta ventanita les dediquemos unos párrafos.

miércoles, julio 20, 2016

La caída del Imperio (y 14: el final)

Ojo, que con este post me piro de vacaciones. Dejo el imperio cautivo y desarmado, pero prometo volver en septiembre con la Historia de los Estados Unidos y, probablemente, también con la crónica de los concilios de Trento. A bientôt.

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.
  12. La (no muy triunfante) campaña occidental de Atila, y su muerte.
  13. La deriva hacia la nada del Imperio occidental.

Visto cómo se desarrollaron las cosas, no es nada aventurado decir que tal vez el emperador León, consciente de que no tenía muchos más méritos que Antemio para ser emperador oriental y que éste tenía un importante predicamento militar, no pactase con él la solución por la que se hizo emperador con sede en Rávena. Y no sería nada extraño considerar que, tal vez, una de las condiciones que puso Antemio para aceptar fue el apoyo de Constantinopla a sus operaciones africanas. Porque el hecho es que el Imperio Oriental se metió en la expedición de hoz y coz, financiándola con auténticos pastones.

miércoles, julio 13, 2016

La caída del Imperio (13: lo de los hunos se acaba, y los romanos de mal en peor)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.
  12. Su paso a la ofensiva en el oeste de Europa.

Si la suerte de Roma después del conjunto de invasiones y guerras a que se tuvo que enfrentar en los primeros años del siglo V no era como para tirar cohetes, el futuro que le esperaba a los hunos tras la muerte de Atila no era mejor. La Historia de los hunos, de hecho, es remarcable tanto desde el punto de vista de su ascensión como del de su caída. Si para la primera apenas necesitaron cuarenta años, para la segunda no se tomarían más allá de quince o dieciséis.

lunes, julio 11, 2016

La caída del Imperio (12: hacia Finis Terrae, y aun más allá)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.
  11. La guerra de Atila en Europa oriental, y su consolidación.

La decisión de Atila de ir hacia el oeste no tiene una exégesis fácil. La porción Sálvame de la Historia de la época que nos ha llegado, porción que no es en modo alguno despreciable, nos ha dejado el rumorcillo de que Atila decidió ir a por el Imperio ravenés porque tenía una oferta. Esa oferta provenía de la hermana del emperador Valentiniano III, una mujer muy echada para alante llamada Iusta Grata Honoria. Ambiciosa y por lo que se ve capaz de velar por sus propios intereses, Justa Gracia le habría ofrecido a Atila casarse con él, aportando más o menos la mitad del Imperio occidental como dote. Las tradiciones escritas dicen que le mandó un broche con su retrato, acompañado con una carta explicativa de la movida; y que Atila, cuando la leyó o se la leyeron, dijo ésta es la mía.

¿Qué parte de esta historia es cierta? Es evidente que no lo sabremos nunca pues, aunque con los años aparezcan nuevos testimonios que hoy no conocemos, con toda seguridad adolecerán de la parcialidad de los panegíricos y textos movidos por el odio que hoy forman nuestro corpus de conocimiento sobre el tema. Eso sí, hay cosas que nos permiten hacer alguna que otra especulación. Por ejemplo, no hay que olvidar que Honoria era hija de Gala Placidia, la del útero multifunción, vaginalmente preparada para servir tanto para un roto romano como para un descosido godo. De su madre bien pudo aprender Honoria que no importa demasiado el aspecto ni el olor de un guerrero si es capaz de acopiar y conservar poder. Gala le había dado un hijo al godo Ataúlfo; una buena demostración de que era capaz de llegar donde hiciese falta a cambio de poder jugar el intrincado juego de poder romano.

La cosa es que a Honoria las cosas no le habían ido bien. Se había dedicado a chuscar con uno de los altos funcionarios de la Corte, llamado Eugenio, que la dejó en estado de gravidez. Eugenio acabó ejecutado por esa tontería y Valentiniano, tal vez aprovechando la situación pues es evidente que su hermana era muy ambiciosa, decidió imponerle un matrimonio de conveniencia con un senador de tercera fila, un tal Herculiano. Fue ante la perspectiva de tal matrimonio que Honoria le escribió, al parecer, a Atila para excitarle sus ambiciones territoriales.

Cuando se descubrió lo que había hecho, Honoria fue sometida a arresto domiciliario bajo la atenta vigilancia de su madre; un arresto del que, en todo caso, parece bastante probable que se escapase varias veces.

Como historia no está mal y da para una peli de presupuesto medio; pero es difícil que ésta sea toda la verdad, ni siquiera la verdad más probable. Es un hecho, esto lo sabemos, que cuando Atila decidió atacar occidente lo que hizo fue entrar en la Galia; si realmente hubiese realizado ese ataque para encontrarse con Honoria, lo obvio habría sido marchar hacia Italia. Todo eso sin olvidar el pequeño detalle de que Atila y Honoria no se reencontraron, por lo que cabe estimar que el huno no tenía demasiadas ganas de conocerla.

En mi opinión, pero esto es bastante subjetivo, la forma de actuar de Atila, sus por así decirlo antecedentes estratégicos, hacen pensar que tenía un conocimiento geográfico bastante preciso de Europa y, sobre todo, estaba adecuadamente informado de la distribución de las diferentes fuerzas políticas que en ese momento la poblaban. No es en modo alguno aventurado considerar que Atila pudo tener contactos con Geiserico, el ahora rey vándalo de Túnez, quien por supuesto le pudo dar información muy precisa de dónde terminaba Europa y las posibilidades de avance que ofrecía. Por otro lado, las posibilidades de expansión de Atila hacia el este se concentraban en Persia, y eso ofrecía grandes problemas de toda índole, fundamentalmente logística porque en un área tan fuertemente dominada por el Imperio oriental, más fuerte que el occidental, resultaría difícil aprovisionarse y, en general, hacer gala de la movilidad que era una de los secretos de la armada huna.

Atila, además, conocía bien la posición que ocupaban los visigodos en el imperio occidental, y las posibilidades que ofrecían a la hora de dividir las fuerzas que se le opondrían. Dejó traslucir tanto que quería atacar a los visigodos como aliarse con ellos. Es de suponer, por ello, que tal vez pospuso la decisión final al momento en el que se encontrase en Galia. Además, ofreció generoso asilo a los reyezuelos que se oponían a las tropas de Aecio, en un intento claro de socavar a la oficialidad romana alimentando a sus pequeños enemigos.

Fuesen cuales fuesen las cosas que se cocieron en la mente de Atila, en la primavera del 451 ya estaban suficientemente cocinadas, pues éste fue el momento elegido por los hunos para cruzar el Danubio hacia el oeste, más o menos por los mismos sitios por los que lo hicieron, años antes, los inmigrantes germánicos. Desde el principio, diversos elementos godos estuvieron presentes en sus filas.

Llegados al Rhin, los hunos lo cruzaron más o menos a la altura de Coblenza, y siguieron avanzando. Tras someter a algunas ciudades de la zona, los hunos siguieron avanzando hacia la Galia. En junio, habían llegado a la ciudad de Orléans, que era el lugar de concentración de unas tropas alanas subcontratadas por los romanos, al mando de un alano llamado Sangibano; es probable que Atila contase con pasarlo a su bando, teniendo en cuenta su escaso nivel de vinculación con el poder ravenés. De aquellos tiempos data la tradición según la cual los hunos llegaron hasta las afueras de París, pero allí Santa Genoveva les dio una mano de hostias.

Frente a sus acciones, Atila tenía a Flavio Aecio, quien todavía era el commander in chief de las tropas romanas occidentales. Aecio, inmediatamente, trató de formar una coalición lo suficientemente fuerte como para parar lo que se venía encima. El entonces rey de los godos de Aquitania, Teoderico, aceptó aliarse con él, como hicieron los burgundios; y juntos se fueron a por Atila desde el sur de la Galia hacia el norte. El 14 de junio, en efecto, le obligaron a levantar el sitio de Orléans. A finales de mes, los romanos perseguían a los hunos a la altura de Troyes.

Entonces se produjo una batalla cuyo teatro no ha podido ser nunca definido con exactitud. La conocemos como la batalla de los Campos Catalaúnicos o campus Mauriacus (los franceses, muy suyos, la llaman batalla de Châlons). La batalla fue la pera limonera de las batallas y en la misma Teoderico perdió la vida. Pero los romanos habían ganado. Y era la primera vez. Atila había terminado el día retirándose y realizando un círculo defensivo, cosa a la que no estaba demasiado acostumbrado. Tan poco acostumbrado estaba, que su primera reacción fue formar su propia pira funeraria. Sus lugartenientes, sin embargo, parece ser le explicaron la diferencia entre una batalla y una guerra, y lo convencieron de que permaneciese en el mundo de los vivos. Y no les faltaba razón, porque los romanos, a pesar de ganar la batalla, no avanzaron. Pasaron días ambos ejércitos uno frente al otro, a prudente distancia, sin decidirse ninguno de ellos a atacar, hasta que los hunos comenzaron a retirarse. Aecio no les persiguió; si lo hubiera hecho, habría tenido que mantener la coalición de fuerzas que había formado, y eso era algo de lo que, en ese momento, no podía estar seguro. Los visigodos de Aquitania habían perdido a su rey, y eso significa que, en ese momento, lo principal para ellos era regresar a casa para elegir uno nuevo. Los hunos no pararon hasta llegar a Hungría, su cuartel general.

Atila, ya lo hemos dicho, no era ningún tonto. Y, como todas las personas inteligentes, aprendía de las adversidades. En la campaña del 451 aprendió que la Galia era un territorio demasiado amplio, y demasiado lleno de suficientes recursos militares, como para ser un terreno propicio para presentarle batalla al romano. Además, hechos como la fidelidad de Sangibano, probablemente, le enseñaron que había sobrevalorado su capacidad de inclinar a los galos y godos de su lado.

No. Si quería atacar a los italianos, debería ser en su casa.

Es por esto que, en la primavera del 452, Atila dirigió los trancos de su caballo hacia los Alpes.

Las cosas no empezaron bien. En la localidad udinesa de Aquileia encontró una resistencia tan resiliente que incluso llegó a pensar en desconvocar la invasión. El historiador Prisco nos cuenta que, en ese momento, vio a una cigüeña, que había anidado en una de las torres de la ciudad, que se estaba llevando, uno a uno, a sus retoños todavía incapaces de volar. Eso le convenció de que algo terrible iba a pasar en la ciudad (y, por lo visto, lo sabía una cigüeña, pero no sus habitantes), así pues decidió quedarse. Y lo que pasó es que los hunos acabaron por romper las defensas de la ciudad, y la tomaron.

Abierta la lata italiana por el Udine, los hunos se dirigieron a las llanuras del Po, donde fueron tomando ricas ciudades romanas una a una: Padua, Mantua, Vicentia, Verona, Brescia, Bergamo. De esta manera, se llegó a Milán, la sitió y, cuando consiguió someterla, la saqueó.

Tras el saqueo de Milán, Atila regresó a Hungría. La propaganda vaticana ha sostenido durante siglos que eso fue por la habilidad del Papa León, que le envió una embajada que lo convenció, formada por un prefecto llamado Trigetio y un antiguo cónsul llamado Avieno. La verdad es otra: Atila regreso a sus llanuras húngaras por la misma razón que también regresaban los germánicos décadas antes que él: por razones logísticas. Plenamente ingresado en un territorio hostil, el ejército huno tenía serios problemas para encontrar hamburguesas suficientes y, para colmo, parece ser que había sido pasto de algún tipo de epidemia. Quedarse habría sido suicida, y el general huno lo sabía. Además, hay algunos indicios de que el Imperio oriental les estaba atacando en sus cuarteles generales, y hubieron de regresar para defenderse.

Así que aquí tenemos la verdad de las cosas: Atila, el temible general de los hunos que ha pasado a la Historia como jefe de una horda invencible que se llevaba todo lo que encontraba a su paso, era, en el año 452, un general tenido por acabado. Por dos veces había atacado el imperio occidental, y por dos veces había tenido que volver grupas con el rabo entre las piernas. Si a cualquier ciudadano informado de la elite romana de aquel año le hubiésemos dicho que su Imperio estaba dando las últimas boqueadas, probablemente se habría carcajeado en nuestra cara. Las apuestas eran las contrarias. La apuesta era que el huno, cualquier día de ésos, se podía quedar hasta sin sus posesiones húngaras.

El origen de todo era la escasa capacidad de Atila a la hora de planificar campañas complejas. Sin embargo, el huno decidió seguir siendo fiel a sí mismo. En el año 453 preparó una nueva campaña de invasión europea. Sin embargo, cometió el error (dirán algunos) de casarse, probablemente una vez más pues es probable que tuviera varias esposas. En la noche de bodas se pilló un moco de la hostia y, de repente, escupió sangre, y murió. Su nueva esposa se quedó tan acojonada con el espectáculo que se quedó tumbada junto a él toda la noche, sin dar la alarma. En la mañana la encontraron así, durmiendo con un cadáver.

De esta forma tan poco edificante, con una borrachera, se acabó uno de los principales peligros que habían enfrentado al Imperio romano, tanto de oriente como de occidente. Una amenaza que había seguido a la de los visigodos y los vándalos, en un auténtico tren de problemas que, sin embargo, Flavio Aecio supo gestionar para dar al viejo sueño romano la oportunidad de vivir durante una generación más.

Los grandes ganadores de este proceso fueron los tipos que se quedaron más apartados de todo: los suevos.

Estos tipos rubios, altos y bigotudos habían tenido la inteligencia, o más bien se habían visto forzados, a escoger para establecerse el puñetero culo del mundo, un lugar hostil, frío, húmedo coo pocos, y que hoy llamamos Galicia. Entonces falto de autovías y del indudable atractivo que le aporta O Rei das Tartas, Galicia era entonces un lugar que ni por esfuerzo bélico, ni por expectativa de beneficio por la vía del cobro de tributos, ofrecía demasiados alicientes. Si los suevos se querían quedar allí, allá ellos.

Rekila sucedió a su padre como rey de los suevos en el año 438, esto es en el momento en el que Aecio dedicaba el 80% de su tiempo a pensar en el norte de África y el cabrón de Geiserico. Consciente de que eso dejaba España en un lugar de relativa poca importancia. En el año 439, guió a sus hombres por la ruta de la Plata hasta Mérida, que entonces era la metrópoli de la Lusitania. En el 440, vencieron y capturaron a Censorio, el principal comandante romano en la península. En el 441, tomaron Sevilla, pasando a controlar la Bética y la Cartaginense, en un punto de máxima expansión territorial que hace salivar a muchos nacionalistas gallegos, tanto de corazón como adecuadamente subvencionados, a la hora de hablar de un viejo imperio gallego, que tiene de gallego más o menos lo mismo que de imperio.

Tanto los suevos como otros grupos establecidos en la península ibérica se aprovecharon, claramente, del hecho de que Flavio Aecio no pudiese ni soñar con realizar una gran expedición al territorio para encenderles el pelo. El comandante romano envió varios generales a la zona con tropas: Asturio, Merobaudes, Vito. La mayoría de sus acciones se concentró en tratar de recuperar el control sobre la Tarraconense, aunque Vito, que contaba con tropas godas, intentó recuperar la Cartaginense y la Bética. Pero Vito fue derrotado por los suevos, e Hispania se perdió, como se había perdido el norte de África, como fuente de recursos para Rávena.

Britania no estaba mejor. Ya en una famosa carta, el entonces emperador Honorio le había escrito a los britanos en el 410 que fuesen pensando en lamerse ellos mismos los pies. El Imperio no estaba por la labor de intentar incrementar su poder y control sobre aquellas islas tan relapsas, por mucho que algunos obispos, como Germano de Auxerre, se dejaran caer por ahí para tratar de luchar contra el pelagianismo. En todo caso, el principal problema para la civilización romana británica era la presión que del oeste le llegaba de los gaélicos irlandeses, y del norte (Escocia) de los pictos, por no mencionar las expediciones sajonas del Mar del Norte.

Al parecer, las islas cayeron en poder de una especie de tirano llamado Vortigerno. Vortigerno decidió defenderse de los peligros que lo acechaban contratando mercenarios sajones. Pero los mercenarios pidieron más, y más, y más, hasta que se cansaron de pedir y saquearon todas o casi todas las ciudades del reino. Los romanos de Britania le escribieron una carta a Aecio en solicitud de ayuda; pero, que se sepa, ni les contestó.

Recapitulando: en el año 453, el Imperio había logrado repeler el peligro huno hasta que el propio Atila la palmó. Pero, por elcamino, había perdido: todas las Islas Británicas; la península ibérica hasta el Ebro; el norte de África, el área Aquitania que ahora formaba un reino visigodo avant la lettre, y la Galia sureste, que había sido cedida a los burgundios.


Más que un imperio, era una mierdilla.

lunes, julio 04, 2016

La caída del Imperio (11: Atila y Constantinopla)

  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.
  10. La entrada en acción de Atila el huno.

La tropa enviada desde el Imperio Oriental a Sicilia con la intención primera de participar en una expedición contra los vándalos no logró llegar a tiempo de contrarrestar la invasión de los hunos. Cuando Naisuus, o Nis, cayó en poder de los soldados de Atila, el Imperio tuvo que parlamentar y alcanzar un acuerdo de paz, porque sus tropas estaban todavía muy lejos de poder plantar batalla.

lunes, junio 27, 2016

La caída del Imperio (10: Atila)

Recuerda que esta serie se compone de:
  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 
  9. La política de recuperación del orgullo y el poder romanos llevada a cabo por Flavio Aecio.

En efecto, el formidable ejército acopiado por Flavio Aecio con ayuda de Bizancio en Sicilia nunca pudo salvar el charco hacia la vieja Cartago, para poner a los vándalos en su sitio. Las fuentes disponibles, muy escasas, nos hablan de una amenaza producida en el continente que se concretaría en la llegada de hordas desde Escitia disparando flechas de fuego. Esta cita se considera mayoritariamente como relacionada con algún tipo de invasión por parte de los hunos.

jueves, junio 16, 2016

La caída del Imperio (9: Flavio Aecio)

Recuerda que esta serie se compone de:
  1. Las envidias entre Valente y Graciano y el desastre de Adrianópolis.
  2. El camino hacia la primera paz con los godos.
  3. La llegada en masa, y desde diversos puntos, de inmigrantes al Imperio.
  4. La entrada en escena de Alarico y su extraño pacto con Flavio Stilicho.
  5. Los hechos que condujeron al saco de Roma propiamente dicho.
  6. La importante labor de rearme del Imperio llevada a cabo por Flavio Constancio.
  7. Las movidas de Gala Placidia hasta conseguir nombrar emperador a Valentiniano III.
  8. La movida de los suevos, vándalos y alanos en Spain. 

La llegada de los vándalos y alanos de Geiserico a Hipona y la provincia de Proconsularis sí que fue una desgracia para el Imperio, y no el saqueo de Alarico como sostienen los poco informados. El saqueo de Roma, ya lo hemos escrito varias veces, no fue sino una prueba de fuerza sobre una ciudad de gran valor simbólico e histórico pero escaso significado estratégico; viene a equivaler, para que nos entendamos, a que un ejército que ataque España empiece por Toledo. El Imperio no se vio menoscabado por aquel saqueo, aunque muchas familias ricas residentes en la ciudad, sí. Lo que realmente daba y quitaba riqueza en aquella Roma eran las posesiones africanas, y su capacidad de allegar con regularidad a la metrópoli tanto hombres como dinero.

martes, junio 14, 2016

La caída del Imperio (8: suevos, vándalos y alanos)

Recuerda que esta serie se compone de:

El historiador romano Olimpiodoro refiere el acceso al trono de Valentiniano, acompañado de su unión con la hija de Teodosio, Licinia Eudoxia, y escoge ese momento para dar fin a su obra histórica. Este hecho debe servir para darnos la medida de hasta qué punto los romanos llegaron a concebir el acceso a la púrpura por Valentiniano como el fin positivo de una época. Por fin, en su cabeza, tras un periodo de grandes problemas (que daban por resueltos y fagocitados en el estómago de ese poderoso Sharlak que era el Imperio), Roma volvía por sus fueros, unificado bajo una dinastía, la teodosia.

jueves, junio 02, 2016

La caída del Imperio (7: Gala Placidia mueve ficha)

Recuerda que esta serie se compone de:

En el punto en que Flavio Constancio desaparece del mundo y de la Historia, bien podemos hacer balance de los tiempos cercanos, para percatarnos de que el mandato del emperador Honorio venía caracterizado por la inestabilidad en la cúpula del poder. En apenas unos años, de hecho, se habían sucedido a su derecha: Stilicho, Olimpio, Jovio, Atalo... más algunos personajes algo menores de los que no hemos tenido tiempo de hablar, como el eunuco Eusebio, traicionado y ejecutado por el general Alobico.

miércoles, mayo 25, 2016

La caída del Imperio (6: La ingente labor de Flavio Constancio)

Recuerda que esta serie se compone de:

En el verano del 410, Roma más bien parecía el calcetín sucio de un carbonero. El ejército del Imperio occidental, localizado en la península italiana, no podía marchar sobre Alarico porque sabía que, haciéndolo, dejaba abierta la puerta del garaje, por la que con seguridad se colarían los romanos de Constantino III, tal vez implantando una nueva dinastía. Los vándalos, suevos y alanos ya habían descubierto para entonces las delicias de hacer turismo en España, y se habían enseñoreado de la península. En resumen: el otrora orgulloso Imperio de los tiempos de Augusto y Tiberio se debatía entre el control de dos grupos de godos, y dos de romanos.

lunes, mayo 16, 2016

La caída del Imperio (5: y me llevo Roma por delante)

Recuerda que esta serie se compone de:


En realidad, si Olimpio estuviese leyendo este blog, podría protestar y aducir que diciendo que con eso de llamar a la guerra contra los godos hizo una mala decisión, me estoy pasando. Es cierto que hay algunos elementos que podrían justificar este movimiento, muy especialmente el hecho palmario de que los godos estaban ahora en una situación peor que en el 406, puesto que estaban establecidos en territorios que no eran los suyos tradicionales y, por lo tanto, carecían de una relación estable con los habitantes locales que les garantizase el acceso a los pertrechos que necesitaban (cualquiera que haya intentado operarse una apendicitis en una comunidad autónoma que no es la suya sabe de qué estoy hablando). Además, Olimpio no hacía sino cabalgar una ola generalizada contra los godos, una reacción social que diríamos hoy, disparada por la muerte de Stilicho. Muy especialmente en el ejército romano de Italia, en el cual se inició una matanza sistemática de los militares un día encuadrados en las divisiones de Radagausio y sus familias.

jueves, mayo 05, 2016

La caída del Imperio (4: Alarico is on the road)

Recuerda que esta serie se compone de:

En efecto, de toda esta mixtura de pueblos que se dirigían hacia el interior del Imperio, todavía no hemos hablado de los godos de Alarico. Estos godos eran los descendientes directos de los tervingios y greutungos que habían negociado la paz del 382 con Teodosio. Una paz, ya lo hemos sugerido, extremadamente frágil y que Teodosio hizo todo lo que pudo por conservar, llegando a realizar acciones como multar a la ciudad de Constantinopla después de que un godo fuese linchado allí.

miércoles, abril 13, 2016

La caída del Imperio (3: los emigrantes llegan en masa)

Recuerda que esta serie se compone de:

La paz del 382 devolvió relativa paz a los territorios balcánicos del Imperio durante años. Sin embargo, ya en el 405, y otra vez en el 408, las cosas volvieron a complicarse, a causa de cuatro grandes incursiones que complicaron enormemente las cosas. En realidad, fue en estos primeros años del siglo V cuando para el Imperio se hizo evidente la que sería, en verdad, la principal amenaza hacia su caída: la invasión demográfica. En el mundo antiguo no había propiamente fronteras. Eran escasos los muros y no se habían inventado las concertinas. Contra lo que habitualmente se suele pensar, muchas de las invasiones de los tiempos antiguos no fueron lo que nosotros imaginamos: tipos a la carrera, voceando consignas guerreras. Buena parte de las invasiones antiguas fueron realizadas por gentes que, simplemente, cambiaron de lugar donde vivir, y cambiando modificaron el equilibrio demográfico de los lugares a los que llegaron. Entre las invasiones de principios del siglo V hay, desde luego, ejemplos de actitud guerrera, como es el caso de Radagausio. Pero también hay, y mucho, simple y puro desplazamiento de masas de gente. La diferencia entre las gentes de entonces y las de hoy es que las presentes se encuentran con la policía.

lunes, julio 21, 2014

La aventura veneciana

A los ojos de este simple lector de historias pasadas, resulta sorprendente lo poco, por no decir poquísimo, que habitualmente se habla de la república veneciana cuando se tratan los ejemplos del pasado, digamos, meritorios. Quien no encuentra interesante la historia de la aventura veneciana está dando de lado un experimento que consiguió, entre otras cosas, mantener un monopolio económico durante un milenio; esto es algo que está fuera del alcance de la mayoría de los mortales que viven fuera de El Vaticano.

jueves, diciembre 05, 2013

Dos imperios

Hoy os dejo con Tiburcio Samsa, que también publica en su blog una interesante reflexión sobre los destinos coincidentes, pero finalmente divergentes, de los imperios chino y romano.

-------

La dinastía han unificó China en el 206 a.C. 200 años más tarde, Augusto unificó el mundo mediterráneo. Ambos imperios conocieron un momento de intensa crisis en su segundo siglo de vida. En el caso de los han, la crisis se debió a una combinación de divisiones dentro de la élite gobernante y rebeliones campesinas ocasionadas por la excesiva fiscalidad y una serie de desastres naturales que asolaron China a comienzos del siglo I d.C. La crisis duró algo más de dos décadas, tras las cuales comenzó el denominado período de los han posteriores. 

miércoles, octubre 02, 2013

Píldoras (3): qué importante es conocer los ritos

Es importante conocer bien los ritos en los que uno se mete. Conocida es la anécdota de Michael Robinson quien, en su época de jugador del Osasuna, acabó yendo un día a una iglesia porque era tradición en el equipo colocarse bajo la protección de una virgen local. También era costumbre que los jugadores, uno a uno, besaran la imagen, pero eso Robinson no lo sabía. El cura le presentó a él la imagen el primero y, como quiera que él no supiera que hacer, el sacerdote le hizo un gesto con los labios indicando que debía besarla. Robinson entendió, se levantó y... le dio dos besos al cura.

Algo parecido, pero bastante más doloroso, le ocurrió a Aengus, hijo de Natfraich, rey de la corte irlandesa de Cashel. Por su ciudadela, allá por el cuatrocientos y pico, fue a parar el hoy célebre San Patricio bajo cuya invocación tantas cervezas se beben, con la intención de convertirlos. Para entonces, Patrick había superado bastantes de las dificultades iniciales con los paganos y estaba encarrilando el catolicismo irlandés. Aengus, de hecho, ya había oído hablar del cristianismo y había decidido que le molaba bastante, así pues recibió al futuro santo con toda pompa y alharaca.

Le anunció al obispo que deseaba bautizarse, ante lo cual Patricio dijo ésta es la mía, así pues allá que vamos. 

Llevaba el santo entonces, dicen las crónicas, un grueso báculo que terminaba en punta, para poder ser clavado en la tierra al recorrer las trochas que en Irlanda no son pocas, ni planas. Para proceder al bautismo de Aengus tuvo que soltarla, o sea clavarla en el suelo, con tan mala suerte que no se dio cuenta de que entre el báculo y la placa continental se encontraba el pie del rey; el cual, lógicamente, penetró con el consiguiente dolor.

Aengus, sin embargo, permaneció firme y no dejó que su rostro reflejase que estaba más jodido que Felipe Juan Froilán después de una cacería. Pero no lo hizo por ser machote ni irlandés ni leches. Lo hizo porque, simplemente, asumió que aquello era una parte del bautismo cristiano. Debió de pensar que el bautismo es una ceremonia parecida a la que tienen muchas culturas en las que los adolescentes tienen que demostrar ser suficientemente bravos como para ser hombres, y se dijo: si grito, el Patricio éste no me bautiza. 

Bautizos a la irlandesa es lo que hacía falta en esta sociedad dada a la molicie y la blandura.