viernes, febrero 09, 2024

Cruzadas (10): Decidiendo una corona

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 



Lo que los cruzados perpetraron en Jerusalén será calificado por unos de matanza y por otros de genocidio; los matices, sin embargo, en poco cambian el tono general de una actuación que, incluso liberándonos del presentismo, tiene muy poca justificación. Los tiempos medievales, con su pretendida brutalidad, no justifican, en efecto, cosas como las que pasaron en Jerusalén los días 15 y 16 de julio del 1099.

jueves, febrero 08, 2024

Cruzadas (9): Jerusalén es nuestra

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 



Como hemos podido ver en estas notas, para los cruzados, cada vez más, la razón, más que fundamental, teóricamente única por la que se habían lanzado a la aventura oriental era, cada vez más, un argumento teórico e incluso difuso que competía con la ambición terrenal, mucho más concreta y palpable. De hecho, puesto que en realidad los hombres medievales no se distinguían de los actuales y, por lo tanto, aplicaban su criterio, entre las tropas cruzadas comenzaba a haber mucha gente, sobre todo en las mesnadas de Godofredo y de Roberto de Flandes, que decía abiertamente que Pedro Bartolomé era un estafador, que lo de la lancita de los huevos era una ful, esas cosas. Sin embargo, los provenzales de Raimondo de Saint-Gilles, que tanto le debían a aquella reliquia, la defendían a muerte. Este enfrentamiento se hizo tan enconado que llegó a producirse el caso de que, estando los cruzados asediando alguna ciudad musulmana, la operación quedase en nada porque el ejército atacante se perdiera en discusiones internas interminables, no acerca de la estrategia de lucha, sino acerca de la autenticidad de la lanza.

miércoles, febrero 07, 2024

Cruzadas (8): Una expedición con freno y marcha atrás

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 



La animadversión entre Balduino y Tancredo no hizo sino agudizarse. Ambos ejércitos acabaron encontrándose a campo abierto, en Mamistra, y, ante los atónitos ojos de los musulmanes, se liaron a hostia limpia. El 15 de octubre del 1097, Balduino marchó hacia Marash, donde se encontraba la gran armada cruzada. No es que hubiese decidido terminar sus días de aventurero; pero su mujer estaba a punto de morir y su hermano Godofredo guardaba cama tras un accidente de caza. Balduino quería despedirse de su esposa; que no de sus hijos, que ya habían muerto para entonces. Apenas estuvo dos días en Marash, y la principal razón de ello es que el resto de los barones, que conocían ya perfectamente la historia de los normandos asesinados, le dejaron bien claro que no lo querían allí. Así pues, Balduino partió de nuevo, tomando una ruta que sabía no se cruzaría con Tancredo.

martes, febrero 06, 2024

Cruzadas (7): Balduino y Tancredo

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano   


Kerbogha, lógicamente, apenas tenía información del milagro de la iglesia de San Miguel y, además, como musulmán estaba pobremente armado para poder entender algo así y sus consecuencias. Por lo tanto, cuando vio que los cruzados tentaban la salida de la ciudad a campo abierto, en lugar de hacer lo que sus emires le aconsejaron, es decir, comenzar la batalla inmediatamente y hostigarlos para dificultar la salida, les dejó hacerlo, convencido de que en el enfrentamiento directo a campo abierto les iba a dar hasta en el DNI.

lunes, febrero 05, 2024

Cruzadas (6): El milagro de la lanza

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano  



En efecto, los cruzados se encontraron con un invierno en Antioquía totalmente inesperado. Faltos de la información que hoy dan los satélites meteorológicos, los europeos habían pensado que no se enfrentarían a temporadas frías peores que las que estaban acostumbrados a sufrir. Pero, claro, no fue así. Metidos además en tiendas inhábiles para aquel clima, hubieron, sobre todo, de acostumbrarse a la incómoda realidad de no estar nunca secos. Mientras tanto Yaghi-Siyan, el defensor de la ciudad, pasados unos primeros momentos en los que, la verdad, se cagó las calzas, comenzó a pensar. Fruto de estos pensamientos decidió enviar a pedir refuerzos; pero, sobre todo, hizo la jugada maestra de expulsar de la ciudad a aquellos ciudadanos que no eran aptos para la defensa. En la mayoría, esos expulsados eran cristianos, así pues no sólo los musulmanes pudieron dejar de preocuparse de alimentarlos, sino que cargaron con esa responsabilidad a sus sitiadores.