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miércoles, julio 10, 2024

Calcedonia (y 6): La que has montado, Leoncito

Hablemos (de nuevo) de Arrio
Homooussios y homoioussios: Santísima Trinidad, calienta que sales
Apolinar de Laodicea la lía parda
Los conciliábulos de León, Pulcheria y Marciano
La rebelión egipcia
La que has montado, Leoncito  



Estos esfuerzos eran muy mal vistos en Roma. Roma, lógicamente, concebía Calcedonia como una victoria total por su parte, y no concebía otra cosa que un Imperio sometido a la labor de empoderarla adecuadamente en Oriente Medio. El resultado de esta actitud, muy poco realista, fue que Roma y Constantinopla comenzaron a estar cada vez más lejos la una de la otra; y los encabronados obispos que el Papa enviaba a la capital oriental de cuando en cuando para discutir con el emperador cada vez eran menos escuchados; muchos de ellos, ni siquiera recibidos.

martes, junio 04, 2024

La primera Inglaterra (8): Una sociedad más estructurada de lo que parece

 

El nacimiento de una identidad
Mi señor Bretwalda, por ahí vienen los paganos
El tema vikingo se pone serio
Alfred, el rey inglés
Vikingos a la defensiva
Un rey contestado
El rey de la superación
Una sociedad más estructurada de lo que parece
Con la Iglesia hemos topado
La apoteosis de Edward y Aethelflaed
El fin de los vascos de Northumbria
Tres cuartos de siglo sistémicos
Aethelshit
Las tristes consecuencias de que un gobernante gobierne “sea como sea”
El regreso de la línea dinástica 

  


Las leyes concebidas en suelo inglés más antiguas de que disponemos son las que desarrolló el reinado de Aethelberht de Kent, quien murió en el 616. Tres de los reyes que lo sucedieron en dicho reino: Hlothere, Eadric y Withred, impulsaron sus propios códigos. Y, en ese mismo siglo VII, se les unió el rey Ine de Wessex. En todos estos casos, sin embargo, la información de que disponemos es en realidad posterior, dado que las leyes kentish se copiaron en el siglo XII, y es de esas copias que las conocemos; mientras que las de Ine fueron incorporadas al código del rey Alfred.

viernes, mayo 24, 2024

La primera Inglaterra (1): El nacimiento de una identidad

El nacimiento de una identidad
Mi señor Bretwalda, por ahí vienen los paganos
El tema vikingo se pone serio
Alfred, el rey inglés
Vikingos a la defensiva
Un rey contestado
El rey de la superación
Una sociedad más estructurada de lo que parece
Con la Iglesia hemos topado
La apoteosis de Edward y Aethelflaed
El fin de los vascos de Northumbria
Tres cuartos de siglo sistémicos
Aethelshit
Las tristes consecuencias de que un gobernante gobierne “sea como sea”
El regreso de la línea dinástica 



Estamos a finales del siglo VIII de nuestra era; y es un tiempo en el que eso que terminaríamos por llamar Inglaterra estaba bastante lejos de parecerse a eso mismo. El terreno de la mitad meridional de la isla estaba dividido en varios reinos diferentes. Como Dumnonia, en el suroeste, una orgullosa pequeña nación que estaba allí desde antes que los romanos hubiesen cruzado el charco, y que, como todo reino de aquella época, había experimentado momentos de mayor y menos expansión, extendiéndose hasta Cornualles o Devon.

viernes, marzo 12, 2021

Islam (23: la mañana que Hulegu cambió la Historia; o no...)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro


Aunque en los párrafos anteriores ya hemos agotado la descripción de las diferentes facciones fundamentales en que se ha ido dividiendo el shiismo, todavía quedan algunas otras realidades que pueden considerarse seudo shiíes, de alguna manera. Por ejemplo, remontándonos a la conquista musulmana de Iraq, en el primer tercio del siglo VII, encontramos a los ghulat, es decir, los exagerados o extremistas; mote éste que no se pusieron ellos, sino que se lo pusieron sus enemigos, lógicamente.

viernes, febrero 19, 2021

Islam (14: los abásidas)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 


El reinado de Marwan, yo creo que afortunadamente para la Historia del Islam, no duró mucho. La cascó en el 685, año en el que fue sustituido por su hijo, Abdul Malik. Fue este Abdul, mucho más dotado para el mando, el que terminó la pelea contra los grupos pro Zubair y pacificó el Imperio.

miércoles, febrero 17, 2021

Islam (13: el martirio de Husein bin Ali)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 


A la llegada de la demanda califal de sumisión, Husein se hizo el orejas, dijo que sí tenía que pedir el comodín del público, que si esto, que si lo otro, y se hizo un anti-Mahoma, puesto que, si su abuelo había huido de La Meca a Medina, él huyó de Medina a La Meca. Allí recibió mensajes de Kufa invitándole a ir a la ciudad, lo cual tiene su lógica pues, para entonces, Kufa se había convertido en la ciudad del Islam donde más fuerza tenía la idea de que la grey musulmana debía ser gobernada por descendientes directos de El Profeta. Husein envió a su primo Muslim bin Aqeel para  explorar el terreno. El musulmán al que un día cantó Raphael (ya sabéis: yo soy Aqeel) regresó a La Meca diciendo que en Kufa todo Cristo (bueno, es un decir...) era partidario de Husein. Pero, claro, eso no eran ellos los únicos que lo sabían. También lo sabía Yazid, quien se apresuró a enviar a Kufa al gobernador de Basora, Ubaydullah bin Ziyad. Ziyad, por supuesto, se dedicó a pasearse por Kufa como los matones de Don Tomassino la villa de Corleone tras la huida de Vito Andolini.

lunes, febrero 15, 2021

Islam (12: la monarquía omeya)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 



Cuando los árbitros se reunieron, Abu Musa, el representante de Alí al cual, al parecer, éste había nombrado no demasiado convencido, resultó, como de alguna manera habían temido los partidarios del yerno del Profeta, tangado por sus negociadores. La negociación fue tan difícil, y permaneció tan embarrada, que finalmente sólo se llegó a un acuerdo definitivo: definir la muerte de Osmán como una muerte ilegal. Conscientes de esta conclusión sería muy problemática, habiendo en la nación musulmana grupos que habían tenido fuertes razones para oponerse a Osmán e incluso matarlo, se trató de mantener este acuerdo en secreto; pero Radio Macuto lo distribuyó rápidamente.

viernes, febrero 12, 2021

Islam: 11: ¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro

 

En efecto, la piedad de Alí, o más bien la de la mayoría de sus tenientes, alguno de los cuales llegó a decirle en Siffin que, si seguía atacando a los sirios, se haría acreedor del destino de Osmán, hizo que ocurriese lo que casi nunca ocurre, y es que el jefe militar que claramente va ganando la batalla aceptase negociar con su enemigo. Para que nos entendamos, lo de Alí en Raqa viene a ser como si Francisco Franco se hubiese sentado a negociar con Negrín en el invierno del 38 por el bien de la unidad entre españoles. Tal vez este símil nos ayude a entender hasta qué punto Alí colocaba los elementos de unidad religiosa por encima de todo lo demás, incluso su interés personal por el poder. Muawiya, ya más tranquilo, propuso que cada una de las partes designase un negociador. Estos dos hombres arbitrarían todos los conflictos existentes, siempre en base a la doctrina del Corán. Por su parte, el gobernador de Siria nominó a Amr bin al-As, el conquistador de Egipto. Alí, por su parte, fue obligado por la vertiente devota de su gente a nominar a alguien situado en un punto medio entre sus posiciones y las del sirio (Abu Musa al-Ashari, el de Kufa). Abu Musa había permanecido neutral durante el enfrentamiento de Alí con el trío de la bencina Talha-Zubair-Aisha; no era, desde luego, un hombre que se batiese el cobre por Alí, por mucho que éste hubiera sido su mentor.

miércoles, febrero 10, 2021

Islam (10: al fin y a la postre, perro no come perro)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 

La muerte de Osmán llevó la violencia al mismo centro del imperio musulmán. Paradójicamente, muchas de las críticas por la nueva situación recayeron sobre los hombros de Alí. Verdaderamente, Alí era el máximo responsable de haber mantenido la seguridad de Osmán, califa al que debía obediencia, obediencia que muchas veces demostró de forma neta. Pero, por otra parte, también era evidente que el yerno de Mahoma consideraba que el califa ahora muerto no gobernaba de acuerdo con las mejores reglas del Islam.

lunes, febrero 08, 2021

Islam (9: Osmán, el candidato del establishment)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 

En la asamblea en la que habían irrumpido, Bakr y Omar se encontraron con otro compañero del Profeta, Said bin Ubadah, un ansar de gran importancia por ser líder de una de sus tribus fundamentales, los khazraj. Era el más que probable líder resultante de la votación de los ansar si ésta no se hubiera visto interrumpida. Aunque Said estaba enfermo, todo parece indicar que no tragó con la oferta de los dos compañeros del Profeta. Es posible incluso que Omar tratase de intimidarlo; pero el hecho es que Said no juró fidelidad a ninguno de los dos; ni a Abu Bakr aquel día, ni a Omar cuando, dos años después, Bakr falleciese y él adquiriese el liderazgo.

viernes, febrero 05, 2021

Islam (8: Abu Bakr y los musulmanes catalanes)

 El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 

La muerte de Mahoma, cuya calidad como líder indiscutible de la grey musulmana nadie,  obviamente, osó discutir nunca, marca el inicio de las divisiones entre los musulmanes. Como acabamos de contar, el Profeta la cascó en el año 632 y, prácticamente sin solución de continuidad, desaparecer él y comenzar una guerra civil entre musulmanes fue todo uno. Las tribus islamizadas debían elegir un nuevo líder, partiendo desde luego de la base de que la elección se produciría, sí o sí, entre los compañeros del Profeta durante la vida de éste; es decir, el Islam se planteó una lógica, y estricta, estrategia continuista. Por otra parte, y puesto que entre los primeros musulmanes el elemento tribal tenía una gran importancia, la segunda gran condición fue que el nuevo lider fuese un coraichita, esto es, la tribu a la que el propio Mahoma había pertenecido.

miércoles, febrero 03, 2021

Islam (7: La consolidación)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger

Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 



En todo caso, a pesar de estas acciones problemáticas, llegado el año 630 se puede decir que ya todo el mundo en La Meca, y muy particularmente su clase alta comerciante, está ya convencido de que El Profeta controla las rutas de las caravanas y que, por lo tanto, es necesario parlamentar con él. Al Abbas y Abu Sufyan, ambos antepasados de las futuras dinastías musulmanas, serán los principales valedores de un acuerdo. El acuerdo que pasa por la conversión y por el control total de la ciudad por parte de Mahoma, quien se apresta a prohibir la venta de vino, de carne muerta, de ídolos, así como de dar dinero a los adivinos.

viernes, enero 29, 2021

Islam (5: Ohod)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger
Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 

Una de las tribus judías de Medina, los banu qainuqa, fue finalmente el objetivo principal del Profeta. Mahoma, en efecto, planificó y llevó a efecto una operación en el curso de la cual los asedió durante quince días en su judería, hasta que los judíos decidieron rendirse sin plantar batalla. Los banu qainuqa, sin embargo, eran tradicionales aliados de los jazrach, esto es una de las dos tribus árabes del Yatrib; así, pues, aunque Mahoma al parecer había pensado en realizar una matanza, fue disuadido de ello por Abdalá ben Ubay, sayid de los jazrach. Y resultaría un tanto sarcástico que precisamente nosotros, los españoles, fuésemos a pensar que las intenciones de Mahoma demuestran su pretendida brutalidad; nosotros que nueve siglos después de estos hechos (abril del 624), nos estábamos portando tan cojonudamente con los hebreos hispanos... En fin, los qainuqa acabaron marchándose, en muchos casos, a Siria; y los mahometanos obtuvieron un más que jugoso botín.

miércoles, enero 27, 2021

Islam (4: El Profeta desmiente las apuestas en Badr)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger
Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 


Los intentos de Mahoma por acercarse a los judíos se concretaron, sobre todo, en su decisión de mantener la qibla o dirección de la oración hacia Jerusalén. Además, todos los sabbath acudía a la cercana mezquita de Qoba para dirigir una plegaria de mediodía, y ordenaba ayunos alineados con las tradiciones hebreas. Cuando nada de esto le sirvió, lo intentó con una movida que conocemos como la Constitución del año I. Esta regulación preveía la formación de un conglomerado de tribus que se sometían a la autoridad de Mahoma, pero conservando la autonomía de que siempre habían disfrutado. Mediante un tratado así, esto es lo importante, los árabes mediníes conservaban todos los pactos allegados entre ellos y, sobre todo, con los judíos; era una medida claramente diseñada para no despertar la renuencia de los hebreos. Mahoma quedaba designado juez hakim de todas las disputas y, asimismo, general o caid de las tropas. Se trata, por lo tanto, de una gobernación del oasis de Yatrib que no entra a definir prelación religiosa alguna y que, por lo tanto, orilla todos los temas espinosos, conservando los niveles de autonomía que tenían todas las partes con anterioridad.

lunes, enero 25, 2021

Islam (3: ¡Vente p'a Medina, tío!)

 

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger
Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 




Entre los primeros adeptos a la causa de El Profeta también cabe contar a Zaid ben Haritha; esclavo de Jadicha, fue manumitido por Mahoma. Asimismo, también se cuentan en la primera hora Said ben Abi Waqas, sobrino de Amina, la madre de Mahoma; Osmán ben Afan, nieto de al-Mutalib, yerno del propio Mahoma y a quien la Historia verá llegar a califa, aunque no termine de la mejor manera posible; Az Zubair ben al-Awam, sobrino de Jadicha y primo de Mahoma, otro del que también volveremos a hablar en estas notas. Y otros. No hay que olvidar, porque de nuevo establece la tradición estrechos contactos con el cristianismo, a conversos como Bilal ben Rabah, un esclavo abisinio liberado por Abu Bakr, cristiano, que acabaría siendo el primer muecín del Islam.

viernes, enero 22, 2021

Islam (2: Los otros sólo están equivocados)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger
Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro 



Mahoma permanece velado para la Historia durante los primeros cuarenta años de su vida, puesto que son también los menos interesantes, o no interesantes en lo absoluto, para su misión religiosa. Se casó con una mujer, Jadicha, que tenía veinte años más que él y que aportó una generosa dote que probablemente, a juzgar por los hechos posteriores, Mahoma no sólo supo administrar sino que acreció; de donde se ha colegido, muy a menudo, que debía de ser una persona muy avispada para los negocios, esto es una persona de fuerte mentalidad estratégica, un árabe Ibex; un emprendedor capaz de crear start-ups camélidas exitosas. Jadicha y Mahoma, por lo demás, se profesaron un amor muy sincero, tanto que hay quien piensa que de no haber muerto ella antes que él, tal vez el Islam sería hoy una religión monógama (cosa que, en cualquier caso, considerando las costumbres preinstaladas en una sociedad tribal como la árabe, es bastante difícil de creer).

miércoles, enero 20, 2021

Islam (1: el modesto mequí que tenía the eye of the tiger)

El modesto mequí que tenía the eye of the tiger
Los otros sólo están equivocados
¡Vente p’a Medina, tío!
El Profeta desmiente las apuestas en Badr
Ohod
El Foso
La consolidación
Abu Bakr y los musulmanes catalanes
Osmán, el candidato del establishment
Al fin y a la postre, perro no come perro
¿Es que los hombres pueden arbitrar las decisiones de Dios?
La monarquía omeya
El martirio de Husein bin Alí
Los abásidas
De cómo el poder bagdadí se fue yendo a la mierda
Yo por aquí, tú por Alí
Suníes
Shiíes
Un califato y dos creencias bien diferenciadas
Las tribulaciones de ser un shií duodecimano
Los otros shiíes
Drusos y assasin
La mañana que Hulegu cambió la Historia; o no
El shiismo y la ijtihad
Sha Abbas, la cumbre safavid; y Nadir, el torpe mediador
Otomanos y mughales
Wahabismo
Musulmanes, pero no de la misma manera
La Gran Guerra deja el sudoku musulmán hecho unos zorros
Ibn Saud, el primo de Zumosol islámico
A los beatos se les ponen las cosas de cara
Iraq, Siria, Arabia
Jomeini y el jomeinismo
La guerra Irán-Iraq
Las aureolas de una revolución
El factor talibán
Iraq, ese caos
Presente, y futuro


Mal que nos pese a quienes creemos en más bien poca cosa, la Humanidad actual, tal y como la conocemos, se la debemos, para bien o para mal, a dos hombres cuyo oficio fue ser líderes religiosos: Pablo de Tarso, y Mahoma. Sobre el auténtico teórico e inventor del cristianismo ya he escrito en este blog largo y tendido (como comprobarás visitando la Biblioteca); será sobre Mahoma que despliegue ahora algunas notas que permitan al lector conocerlo. Aquí no se discute quién porta la verdad, sino algo relativamente distinto, como es el nacimiento y desarrollo del Islam; un proyecto religioso, moral, político y militar que, por la rapidez y la extensión de sus éxitos, puede con justicia compararse con las más ambiciosas extensiones que ha conocido la Historia. 

domingo, octubre 16, 2016

Bogomilos

De alguna manera, o de muchas, estas notas has de contemplarlas en relación con algo que ya hemos escritoaquí sobre los paulicianos.

Si en el Alta Edad Media europea había un lugar que estaba fértil para la crianza de las herejías y, muy notablemente, del maniqueísmo, ése lugar era la península de los Balcanes. Aquellos territorios que, no hacía mucho, habían provisto al Imperio Romano de sus mejores soldados, había visto cómo su estrella declinaba con la derrota de Adrianópolis. Los Balcanes fueron sucesivamente invadidos por los godos, los hunos y los avaros, todos ellos con bastante malas intenciones respecto de la población local, que por ello abandonó su incipiente existencia urbana y prefirió irse a vivir al culo del mundo, en la altura de las muchas montañas de la zona. Allí, sobre todo en los Cárpatos, el balcánico de toda la vida habría de resurgir con nombres como valaquio o rumano. Pero, sobre todo, los amplios espacios que dejaron libres en la región estos balcánicos de origen fueron ocupados por los eslavos.

lunes, septiembre 05, 2016

La herejía pauliciana

En el año 1717, una viajera inglesa, lady Mary Wortley Montagu, visitó la vieja Constantinopla y su, por así decirlo, zona de influencia histórica. Entre las ciudades que visitó estaba Filipópolis (actualmente Plovdiv, la segunda ciudad más poblada de Bulgaria). En una carta en la que refiere dicha visita, Mary Wortley cuenta que ha encontrado en la ciudad a una secta de cristianos que se hacen llamar a sí mismos paulinos; que poseían una iglesia en la que, según sus tradiciones, Pablo de Tarso había predicado. La viajera inglesa no lo sabía, pero acababa de encontrar los últimos (bastante romanizados ya) vestigios de una secta gnóstica, los paulicianos, que había tenido no poca importancia un milenio antes del momento en que ella visitó la actual Bulgaria. Lo suficientemente importante como para que en esta ventanita les dediquemos unos párrafos.

lunes, mayo 07, 2012

Mahoma


En el año 570 de nuestra era, con bastante probabilidad, nació Mahoma, en el seno de un clan árabe, los Banu Haxim, que, en el tiempo de la pujanza omeya, había perdido bastante de su fuerza pretérita. Los primeros cuarenta años de su vida son apenas conocidos, aunque se sabe que se casó con una mujer unos veinte años mayor que él, Jadicha, a la cual Mahoma amó tan intensamente que algunos islamistas han llegado a decir que, de haberle sobrevivido, quizás el Islam hoy sería monógamo como el cristianismo. Jadicha tenía una pequeña fortuna que más que probablemente administraría su marido, por lo que podemos estimar que Mahoma, si no era comerciante, debía de conocer algunos de los trucos de esa profesión.

No conocemos información esencial sobre qué pudo pasar en el 610 para que, repentinamente, Mahoma se creyese llamado por Dios. Se ha dicho, desde el descubrimiento de los famosos rollos del Mar Muerto, que pudo ser el contacto con estas comunidades esenias las que lo llevaron por ese camino; también puede ser, por qué no, que el arcángel Gabriel se le apareciese en el monte Hira, le entregase un libro y le invitase a leerlo, como afirma la tradición.

Es importante entender que la revelación que recibe Mahoma no proviene de un Dios distinto del Dios de los cristianos. Para los árabes, hablar de Alá es como para un hispanoparlante hablar de Dios. El Alá que provocó, por así decirlo, la iluminación de Mahoma es el mismo Dios de Abraham, y de Jacob; el Dios padre del Nuevo Testamento. Un musulmán que se precie de serlo no encontrará problema en rezar el Padre Nuestro.

Tras la revelación del monte Hira, Mahoma acopió una estrecha corte de creyentes: además de él mismo, contó con Jadicha, su mujer; su primo Alí abi Talib, que se había casado con su hija Fátima; y que será quien, a través de sus hijos y nietos de Mahoma, Hasán y Husayn, hará nacer las diferentes ramas del mahometanismo.

Desde el 610, año de la revelación, hasta el 622, es decir la primera etapa prosélita de Mahoma, éste parece haber encontrado importantes niveles de aquiescencia entre las personas de más baja clase social de su entorno, por lo que podemos entender que su mensaje se produjo, probablemente, con un importante contenido de orden social, reivindicativo incluso. Esto pudo granjearle la enemiga de los ricos y comerciantes, quienes podrían haberse planteado acabar con él, de no ser Mahoma miembro del clan hashimí, quien lo protegió de facto.

Tras unos años de existencia azarosa y poco relevante, se produjo en el entorno del oasis de Yatrib, es decir en las inmediaciones de Medina, un largo enfrentamiento entre tribus al que nadie parecía encontrarle solución. Por ello, los contendientes buscaron la figura de un mediador, y escogieron a Mahoma porque para entonces ya tenía fama de equilibrado y, además, había, al parecer, pasado algunos años de su infancia en la zona de Medina. Mahoma aceptó la labor y, por ello, burló la vigilancia de sus guardianes mequíes para huir a Medina. Esto ocurrió el 15 de julio del 622, fecha utilizada por los musulmanes para iniciar la cuenta del tiempo. 

En Medina continuó con su labor profetizadora, y esto es algo que muchos islamólogos ven claramente en el Corán, porque Medina, entonces, tenía una importante población de creencia judía, a la cual Mahoma habría intentado atraerse. Y lo hizo de la misma manera que el cristianismo, siglos antes, se atrajo a mitraístas, creyentes en Cibeles y en otros cultos: adaptando su propia teología con elementos que le fuesen familiares a esos creyentes. Como digo, esta es la razón, a decir de muchos expertos, de que existan en el Corán decretos como el ayuno en el día de Ashura (fecha de celebración mosaica; conmemora el ayuno que hizo Moisés después de salir los judíos de Egipto) o la santidad musulmana de la ciudad de Jerusalén (aunque ésta se la podía haber ahorrado, porque con los siglos ha acabado por dar unos problemas de la hueva). Es muy probable que fuese la escasa audiencia de los judíos hacia estas estipulaciones lo que acabase provocando que Mahoma decidiese girar la liturgia hacia elementos puramente árabes, tales como la oración mirando a La Meca o el, por así decirlo, sistema de ayuno propio (que conocemos como Ramadán). Cabe recordar, en este sentido, que también los primeros padres de nuestra iglesia hicieron todo lo posible por distinguir su Pascua de la judía.

En todo caso, la difícil conexión entre musulmanes y judíos plantó la semilla de la fuerte procura monopolística de los musulmanes, absolutamente patente aun a día de hoy, pues son los islámicos los países confesionales donde más difícil, cuando no directamente prohibido, es la profesión de cualquier otra fe.

En todo caso, consolidado ya su gobierno mediní, a partir del 622, Mahoma pudo comenzar con el que, probablemente, era su objetivo desde el principio, pues Mahoma comparte con el otro gran creador de religiones, Saulo de Tarso, la innegable característica de ser un excelente estratega, sobre todo en el largo plazo. Para mí, por lo tanto, lo más probable es que Mahoma no soñara nunca con consolidar una simple creencia local, sino con construir una religión universal, capaz de cautivar (o de invadir) a gentes del mundo entero.

Sin embargo, en su expansión, que era al tiempo religiosa y política, chocó con los coraixíes o coraixitas, es decir los habitantes de la zona de La Meca. En Badr los derrotó, pero en la batalla de Uhud, los mequíes le dieron a su ejército hasta en los bosones de las ingles. Por cierto, que se tiene por bastante probable que esta derrota fuese el origen de la prohibición musulmana de beber vino. Al parecer, en las tabernas de Medina se largó de la leche contra Mahoma por aquella derrota, motivo por el cual, dicen algunos estudiosos, éste incluyó en el Corán suras contra el vino. No obstante, hay que tener en cuenta que el Corán no prohíbe, en realidad, la ingesta de vino; previene a los creyentes contra el efecto de mamarse, porque hace que las personas no sepan ni lo que dicen ni lo que piensan (la más clara, la sura denominada de Las Abejas (43, si no he contado mal), que ordena al creyente no rezar bebido). La sura conocida como de la mesa servida asegura que el vino es abominación del demonio, pero recomienda evitarlo. La prohibición estricta del consumo de vino es, más que probablemente, posterior a Mahoma (y en modo alguno total, ni en la Historia, ni en el mundo musulmán).

El general mequí, al-Jalid ben al-Walid, decidió, tras Uhud, marchar hacia Medina para acabar con Mahoma de una vez.  Sin embargo Mahoma realizó una serie de obras en Medina, mediante la construcción de tapias y fosos, que hicieron la ciudad inexpugnable. Asimismo, secó el oasis de provisiones, con lo que los sitiadores comenzaron pronto a experimentar serios problemas con la alimentación, y tuvieron que retirarse.

El desprestigio sufrido por las tropas mequíes cambió las cosas en la que terminaría siendo ciudad santa de los musulmanes. Las familias de dinero, ante la sospecha de que tal vez no sería posible oponer a las tropas de Mahoma una oposición eficiente, comenzaron a pensar en abrazar su religión como forma de pacto. De esta manera, en el 628 las fuertes oposiciones iniciales a la  organización de peregrinaciones hacia La Meca fueron vencidas, marcando el auténtico punto de inflexión del poder de Mahoma. Al año siguiente, Mahoma peregrinó a la Kaaba por primera vez, peregrinación que duró tres días durante los cuales los coraixíes abandonaron la ciudad. Al año siguiente, los coraixíes se rebelaron, pero fue una lucha desigual, entre otras cosas porque los conversos entre sus filas se contaban por centenares.

En marzo del 632, Mahoma peregrinó de nuevo a La Meca, peregrinación durante la cual promulgó un número muy elevado de disposiciones destinadas a estructurar el nuevo Estado musulmán y su moral pública, y que aún hoy son la base del Derecho en la mayoría de los países musulmanes. Es probable que él mismo se sintiese morir de su malaria crónica. El 8 de junio, pocos días después de una ceremonia en la que se echó a los pies de sus fieles y les pidió perdón por todas las ofensas que les pudiera haber causado, falleció en los brazos de su esposa Aixa.

Terminaba un proceso de gran interés, y comenzaba otro de mayor interés aún, del que hablaremos pronto.

Pour en savoir plus, no podrás hacer nada mejor que leerte el, para mí, monumental, Mahoma, de Maurice Gaudefroy-Demombynes, editado en España por Akal. Menos densa, la biografía de mismo nombre de Juan Vernet.