sábado, diciembre 27, 2014

Sir John (9: la batalla de La Coruña)

Fin de año, fin de serie. Aunque os destroce el final, os diré que al terminar este texto veréis morir a sir John Moore.

[Antes de nada: para los muy friquis, paso de rayadas. He colocado las fuerzas en el mapa de acuerdo con algunos disposiciones publicadas en los libros y con grabados antiguos. Sé que no son del todo exactas, pero entiendo que dan una ligera impresión.]













[Aquí tenéis una versión más contemporánea, que sitúa a Paget más cerca de la batalla.]

















martes, diciembre 23, 2014

Sir John (8: de Lugo a La Coruña)

Sir John Moore decidió que sus tropas se detuviesen en Lugo. Esto, él lo sabía bien, suponía exponerse a ser alcanzado por las tropas francesas y obligado a luchar. Perspectiva que al general no acababa de gustarle aunque, como ya hemos dicho, era lo que muchos de sus oficiales e incluso soldados deseaban, después de haberse visto abocados a un trekking de semanas, aparentemente sin sentido, por una meseta de los cojones. Eso sí, le dejó muy claro a su estado mayor que, en el caso de vencer a los franceses, no se quedaría para perseguirlos. I have had enough of Galicia, contestó, por toda razón, sir John Moore; el mismo militar al que la tradición adjudica un amor y una admiración casi sin sin límites hacia la comunidad autónoma.

jueves, diciembre 18, 2014

Esperar y ver

De tanto repetirse, por parte de los protagonistas y los comentaristas, que el anuncio realizado ayer a capella y por colleras por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el jefe de todo en Cuba, Raúl Castro, es un anuncio histórico, he dado en pensar en que tenía que soltar algo en este blog sobre el temita. Cuestiones de la especialización.

Bromas aparte, una cosa como la que pasó ayer, como es probablemente inevitable, ha tenido dos grandes tipos de reacciones: la de aquéllos a los que el tema les ha gustado de la muerte, y las de los que consideran que han sido traicionados. Entre los primeros hay de todo; los segundos son, fundamentalmente, la oposición cubana y sus tentáculos, o fuentes, en Estados Unidos y sus movimientos de corte más republicano conservador, que es donde se refugia buena parte del voto cubano exiliado.

¿Cuál de los dos tiene razón? Esa pregunta sólo tiene una respuesta:

miércoles, diciembre 17, 2014

Sir John (7: el Infierno se llama Pedrafita)

Recuerda que ya te hemos contado:

La extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

Las opiniones no demasiado buenas que los ingleses se llevaron en su primer contacto con La Coruña.

Los miedos de sir John Moore de que en España estallase la burbuja.

Los cambios de planes de los ingleses, después de que un cartero vallisoletano se cargase a un francés pollas.

El momento en el que Napoleón se puso en la boca el cuchillo de capar.

El pedazo resacón que se pillaron los ingleses en el Bierzo.

Los cerca de cien kilómetros que tuvieron que atravesar las tropas inglesas para superar el puerto de Pedrafita fueron, a decir de quienes los recorrieron y conservaron fuerzas para escribir sobre ello, el peor de los tramos de aquella expedición casi maldita. Según dejó escrito un oficial, el capitán Gordon, «todos los problemas que habían ocurrido en algún momento anterior serían considerados como la perfecta disciplina comparados con la retirada desde Villafranca del Bierzo, que más parecía la huida de una chusma que el movimiento de una tropa organizada. Cualquier comparación entre las tropas inglesas en ese momento y cualquiera de las unidades españolas del marqués de la Romana no le habría hecho ningún favor a éstas últimas».

lunes, diciembre 15, 2014

Sir John: (6: Resacón en el Bierzo)

Recuerda que ya te hemos contado:

La extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

Las opiniones no demasiado buenas que los ingleses se llevaron en su primer contacto con La Coruña.

Los miedos de sir John Moore de que en España estallase la burbuja.

Los cambios de planes de los ingleses, después de que un cartero vallisoletano se cargase a un francés pollas.

El momento en el que Napoleón se puso en la boca el cuchillo de capar.


Napoleón Bonaparte, en Benavente, perdía a marchas forzadas interés en la caza de los ingleses. Es como si se creyese, como un lector más de las sátiras que publicaba con fruición la prensa francesa, todas las historias que contaban los papeles sobre la vergonzante retirada de los británicos, de cómo habían dejado a los españoles en la estacada mientras se arrastraban por la piel de toro bebiendo vino y metiéndole mano a las monjas.

jueves, diciembre 11, 2014

No tiene remedio




Hace muchos, muchos años, escuché una historia en los pasillos de Prado del Rey, en el curso de una visita breve. Una de esas cosas que no sabes si creerte, pero que de puro absurda y gilipollas piensas que debe de ser verdad, porque es difícil que alguien pueda ser tan demente como para inventársela de la nada. Según esta historia, la más famosa sintonía de Radio Nacional de España, una especie de firulí-firulá con la que se anunciaba el comienzo de El Parte (o sea, el informativo horario) era, en realidad, una retreta militar compuesta por un coronel del Ejército, asimismo trabajador de La Casa que, décadas después de la primera emisión, seguía cobrando derechos de autor cada vez que comenzaba un informativo.

martes, diciembre 09, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (26)

En los días finales del año 1971, Leónidas Breznev envió a todos los miembros de la cúpula soviética a darse de barrigazos por cualquier esquina de la ancha geografía de la Unión, con el objetivo de vender las muchas virtudes de su nueva política de entendimiento con occidente. Aquella política, sin embargo, despertó también a los, bien que escasos, opositores de peso hacia la nueva estrategia; de entre los cuales destacaba, sobre todo, Pyotr Shelest. Shelest, ucraniano, había hablado en el Politburó contra el acercamiento a la RFA y, de hecho, en el otoño de 1971 había hecho una visita a la RDA, donde se explayó totalmente en este sentido. La línea oficialista no tuvo más remedio que silenciar a este comunista ucraniano durante los actos celebrados en Kiev, presididos por Podgorny.

miércoles, diciembre 03, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (25)

En 1970, Leónidas Breznev estaba en la cumbre de su poder. Pero pronto iba a aprender, aunque en realidad ya lo sabía, que eso, muchas veces, lejos de ser un chollo, es una putada. Las gravísimas dificultades de abastecimiento que, en las Navidades de aquel año, vivió Polonia, provocaron una nueva movilización, centrada en los astilleros de Gdansk; movilización que provocó la caída casi inmediata de Vladislav Gomulka. Los disturbios polacos afectaron, y mucho, al ánimo del secretario general del PCUS, quien decidió dar marcha atrás en los planes de austeridad que había anunciado para enderezar la economía. Con esa capacidad que sólo tiene un dictador para decir digo donde dijo Diego mientras se rasca un testículo, Breznev cambió en horas el rostro del plan quinquenal 1971-75, que ya estaba para la imprenta; y donde se habían redactado medidas para la austeridad se redactó un programa centrado en el consumidor, y su bienestar.

lunes, diciembre 01, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (24)

Como es sabido de todos o de casi todos, con la década de los sesenta periclitó en el mundo un periodo relativamente sostenido de crecimiento, aparentemente sin desequilibrios; y la URSS no fue una excepción a este movimiento. Para que nos hagamos una idea, en aquel entonces el país gobernado por Breznev crecía, cuando menos teóricamente, a tasas chinas (en el 69 se había previsto un aumento del 6,1%); y, sin embargo, lo que hizo fue decrecer un 3%, en la producción agrícola; y en la industrial, aunque la expansión fue del 7%, era la más reducida desde el final de la guerra mundial.

jueves, noviembre 27, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (23)

Con todos los problemas pequeños, medianos y grandes que tuvo que enfrentar Leónidas Breznev durante su mandato como secretario general del PCUS, ninguno se parece ni de lejos al problema de China. En primer lugar porque, como estratega, Mao Zedong le daba cien mil vueltas al ruso reciclado en ucraniano. Y, en segundo lugar, porque, desacompasados en el tiempo como iban los desarrollos del comunismo en ambos países (en la segunda mitad de los sesenta, China estaba en su momento estalinista), este decalaje le daba cierta ventaja a Beijing, por cuanto el país estaba en un momento más productivo que la URSS, país en el que el comunismo híperburocratizado causaba un cansancio enorme; excepción hecha de Dolores Ibárruri, claro.

lunes, noviembre 24, 2014

Sir John (5: Napoleón se mosquea, mientras brota el hooligan que todo británico lleva dentro)

Recuerda que ya te hemos contado:

La extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

Las opiniones no demasiado buenas que los ingleses se llevaron en su primer contacto con La Coruña.

Los miedos de sir John Moore de que en España estallase la burbuja.

Los cambios de planes de los ingleses, después de que un cartero vallisoletano se cargase a un francés pollas.




A la salida de Sahagún, Moore comenzó a recibir informes repetidos de que tropas francesas habían salido de Madrid con la intención de tomar contacto con las de Soult, a las que él quería enfrentarse. Sin embargo, el escocés consideraba que tenía tiempo suficiente como para dar su golpe antes de que Napoleón llegase al Duero. Su plan era atacar más o menos el día de Navidad y, después, avanzar rápidamente hacia el mar. Sin embargo, a las seis de la tarde del primer día de marcha, le fue llevado a su presencia un campesino que portaba una carta del marqués de la Romana. El informe del español venía a decirle que las tropas de Madrid estaban casi ya en la zona. Horas después, un oficial inglés que había sido enviado de batida confirmó esos temores. Moore se dio cuenta de que no llegaría a tiempo de atacar a Soult antes de que recibiese refuerzos críticos, capaces de cambiar el signo de la pelea; o, en cualquier caso, bloqueando su retirada.

miércoles, noviembre 19, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (22)

Leónidas Breznev era, en el fondo de su corazón y también en la superficie de su dermis, un estalinista. Sin embargo, sus años como protegido de Nikita Kruschev le habían dejado, tal vez incluso a su pesar, un importante eco: el eco de los tiempos. Kruschev no fue ningún demócrata; simplemente, fue un mandatario soviético consciente de que había accedido al puesto en plena Guerra Fría, con todas las consecuencias que ello suponía, sobre todo en términos de cambio de uso.

lunes, noviembre 17, 2014

Sir John (4: el escocés cambia de táctica, gracias a un cartero con mala hostia antigabacha)

Recuerda que ya te hemos contado:

La extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

Las opiniones no demasiado buenas que los ingleses se llevaron en su primer contacto con La Coruña.

Los miedos de sir John Moore de que en España estallase la burbuja.

El 4 de diciembre, Napoleón Bonaparte entraba en Madrid. Sir John Moore lo supo el día 10 cuando, a su llegada a Salamanca, se lo contó el coronel Graham. Es evidente que al general inglés la noticia no le gustó, pero tampoco se puede decir que le sorprendiese. En buena parte, se la esperaba.

viernes, noviembre 14, 2014

I am Pilgrim



Quién: Terry Hayes
Qué: I am Pilgrim
Con quién: Atria, 3 de diciembre 2014
En qué: en inglés. As far as I know, no hay edición en español, ni sé si alguien la está preparando.



La novela tiene algo que quien no es novelista rara vez llega a dominar. Quiere esto decir que cuando alguien llega a la novela desde el periodismo o, como es el caso, desde la profesión de guionista para el espectáculo audiovisual, siempre se le quedan a uno pegadas algunas lapas de lo que es su profesión habitual que, sin saber muy bien por qué, le estorban al lector. Los periodistas, por ejemplo, tienden a empezar lo más cerca que pueden del final (éste es, de hecho, el primer mandamiento del periodista); y, a menudo, cuando escriben ficción, como son conscientes del problema, lo dilatan en exceso (verbigracia, Pérez Reverte). Los guionistas de televisión y cine tienden a pensar que lo que no es visual, no es.

miércoles, noviembre 12, 2014

Sir John (3: malas noticias, los británicos temen que estalle la burbuja, y un francesito pollas)

Recuerda que ya te hemos contado:
La extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

Las opiniones no demasiado buenas que los ingleses se llevaron en su primer contacto con La Coruña.

El 23 de octubre, sir David Baird recibió, finalmente, permiso para desembarcar en La Coruña, no sin que un miembro de la Junta de Galicia hubiese tenido que viajar, a pelo puta, en una diligencia exprés, desde Aranjuez, para entregar el nihil obstat de la Junta Suprema. Eso sí, nada más pisar los ingleses la ciudad donde nadie es forastero (dicen), Baird fue conminado por la Junta gallega para hacer marchar a sus tropas a algún lugar distinto de la ciudad; incluso le sugirieron que hiciese esos traslados en paquetes de 2.000 soldados, movilizados en días distintos y a lugares distintos. Dicho de otra forma: los españoles les venían a decir que no había en la península una sola esquina que pudiese soñar con mantenerlos a todos ellos; mucho menos la ciudad de La Coruña. Estos detalles, por supuesto, han sido enterrados por el mito, mucho más conveniente, según el cual coruñeses e ingleses confraternizaron como buenos amigos para siempre means you'll always be my friend, na naino naino naino naino naino ná...

lunes, noviembre 10, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (21)

En julio de aquel mismo año, las resistencias respecto del flamante secretario general comenzaron a hacerse aparentes. La primera pista que recibieron de ello los kremlinólogos fue un extraño artículo publicado por Pravda, titulado Colegialidad y responsabilidad. «El espíritu colegiado», decía, «se hace patente cuando no se permite llegar demasiado lejos en el ejercicio del poder». Frase grandilocuente ésta que, es de suponer provocaría, una amarga sonrisa en los labios de muchos opositores al régimen soviético, algunos de los cuales, si leyeron el artículo, lo hicieron en los siquiátricos donde estaban ingresados como si estuviesen locos.

martes, noviembre 04, 2014

Receso obligado

Hola, buenas.

Vosotros no los sabéis, pero el blog está de sequía. Mi ordenador particular tiene problemas bipolares y ha entrado en una fase de autolesión grave, que me ha aconsejado llevarlo al siquiatra. Estoy esperando que me diga cuándo lo da de alta, si es que lo da.

La cosa es que como apenas puedo escribir unas líneas, me asomo para plantearos una cosa, sobre la que podéis opinar en el capítulo de comentarios.

La cosa es que a veces (la verdad es que ocurre bastante a menudo) uno se encuentra con episodios históricos que no pueden calificarse sino de novelescos. Son historias intrincadas que parecen inventadas por un buen guionista de la HBO. Últimamente me ha pasado, por ejemplo, revisando material sobre lo que podíamos denominar «el affaire Hitler-Röhm», que fue reclamado por semiaclamación popular recientemente, y donde hay mucha tela que cortar.

Cuando un episodio es rico en detalles y acciones se plantean dos maneras de contarlo. Una es la profesional, que es la que usamos en este blog para casi todo. La otra es la novelada, esto es convirtiendo la historia en un relato con su acción, su reacción, su nudo, su desenlace, y esas movidas.

La pregunta es: ¿apetece, de cuando en cuando, este segundo modelo?

Hay que pensarse un poco la respuesta; los textos novelados son más trabajosos de elaborar, así pues abordar uno tendería a ralentizar el blog, aunque también es verdad que, como suelo combinar series distintas, siempre puedo acudir a otros temas para ir alimentando el blog. Pero es obvio que una serie novelada iría más lenta que otras.

La otra duda que me asalta es el nivel de purismo de mis lectores. La mayoría de los historiofriquis que conozco aborrecen la literatura histórica; y yo, desde luego, no les afeo el sentimiento, porque buena parte de ella es bastante mala. Pero aparte de todo, hay un sentimiento entre la gente que gusta de la Historia, en el sentido de que no es bueno mezclar cosas; la Historia es Historia y el relato, relato.

Bueno, ahí lo dejo. Leeré las opiniones con fruición e interés.

viernes, octubre 31, 2014

Menos, y más; pero será más, y menos

Vaya por delante que la gran verdad, en el terreno que vamos a tratar aquí, la dijo Winston Churchill: «la democracia es el peor de los sistemas posibles, exclusión hecha de todos los demás».

miércoles, octubre 29, 2014

Sir John: 2, o sea, en España

Recuerda que ya te hemos contado la extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

El día11 de octubre, las primeras tropas inglesas salieron de Queluz bordeando el Tajo. Por orden de su general, llevaban unos sombreros en los que, en letras de oro, se podía leer: «Viva Ferdinando Settimo»; que debe de ser la idea que aquellos británicos tenían del perfecto español.

lunes, octubre 27, 2014

Pedro Maceiras, mosquetero

Escribí este texto hace algún tiempo, cuando un joven educando de la escuela española me comentó los muchos sudores que sufría estudiándose lo que denominó El Coñazo de Oro. Yo le apostillé que, por extraño que le pareciese leyendo algunos trozos de aquel teatro barroco, era la diversión de la época, y no precisamente de gentes notables y encopetadas. Recordando la conversación, me salieron los párrafos que abajo se leen.

jueves, octubre 23, 2014

La España de nueva planta



Quién: Antonio Morales Moya et alia
Qué: 1714. Cataluña en la España del siglo XVIII.
Con quién: Cátedra.
Cuánto: 488 páginas.

martes, octubre 21, 2014

«Novedad» editorial

Hola.

Me asomo un momento sólo para informaros de que en la biblioteca del blog he colocado una nueva serie larga que fue publicada por tomas hace ya bastantes meses: la vida y muerte de Girolamo Savonarola, el monje revolucionario y reformador de la Florencia medicea. Quienes lo leísteis en su momento podréis releer una versión algo más compactada y fluida; y quienes no habéis leído en su día la serie, os la podéis apretar ahora de una tacada. La versión está en pdf.

Ya que estaba, y visto que la biblioteca va estando nutrida, he elaborado una encuesta en línea en la que puedes calificar las distintas «series largas» que se han publicado en la biblioteca (además hay dos libros en Kindle, pero eso es otra historia porque hay que pagar grandes fortunas para poder leerlos. Uno está aquí y el otro aquí). He marcado el ticker para que las propias personas que entren en la encuesta puedan ver los resultados. Lo que no sé es si funcionará.

Hasta más ver.


lunes, octubre 20, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (20)

Antes hemos dicho que Breznev se guardó de no designar un sucesor como un medio para evitar que así surgiese una figura que le hiciese sombra, amén de la competencia. Sin embargo, sus intenciones personales tampoco cuadraban necesariamente con la realidad, puesto que los «segundos» la gente los busca. Nikolai Podgorny, tras la caída de Kruschev, se había convertido en una especie de segundo secretario del Partido o, si se prefiere, el segundo en la línea de poder en la URSS. Esto era así, se pusiera Breznev en el decúbito que le cupiese, porque una estructura burocrática tan grande como el Partido Comunista de la Unión Soviética, con tantas esquinas de poder y una interrelación tan extraña y cambiante con las estructuras de gobierno propiamente dichas, no podía ser dominada por un solo hombre. Bueno, en realidad, sí; esta fue la gran lección histórica de Iosif Stalin: con una policía secreta a tu servicio, un ejército acojonado por tus purgas, y una clase política acostumbrada a la idea de que el que se mueva acaba en Siberia, se puede llegar a dominar una estructura así. Yo, personalmente, no albergo ni la menor duda de que Breznev, si hubiese podido, habría aplicado las enseñanzas de su maestro real (Kruschev fue más su mentor, y luego su enemigo). Pero los tiempos habían cambiado.

jueves, octubre 16, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (19)

Teóricamente, esto es algo que los portavoces y diversos lenguaraces del Kremlin le repetían entonces a los corresponsales extranjeros en Moscú, el nombramiento de Leónidas Breznev como secretario general del PCUS había abierto una nueva época. Tras la errónea y narcisista era de Kruschev (en los nuevos tiempos, obviamente, les estaba vedado a estos transmisores de mensajes recordar que Stalin había sido aun peor en lo que se refiere al culto personal), se había llegado a una etapa de verdadero socialismo en el que quien mandaba era la colectividad; esto es, el viejo sueño de Lenin de una elite consciente dirigiendo el país.

lunes, octubre 13, 2014

Sir John, 1: La incompetencia, las envidias y una enamorada fabrican un comandante en jefe



La Ciudad Vieja de La Coruña es uno de los lugares más pacíficos que existen. En la Ciudad Vieja hay un pequeño parque, y en el centro de ese pequeño parque, una tumba vacía. La tumba en la que una vez, ya no, estuvo el cuerpo del hombre a quien cabe el honor de ser el no coruñés históricamente más amado por los coruñeses. Bueno, hoy en día es posible que muchos coruñeses le otorguen ese entorchado a Bebeto, o a Juan Carlos Valerón; pero digamos que, durante mucho tiempo, ha sido sir John Moore quien ha merecido ese privilegio.

Los coruñeses, siempre proclives a desenfundar esa condición cosmopolita que, cuando menos ellos así lo piensan, los matiza, más que los diferencia, respecto del resto de los gallegos, han guardado como oro en paño esta figura, la figura de un general inglés a quien el destino había llamado para alcanzar la gloria venciendo a Napoleón, pero que hubo de morir en La Coruña. En una pared del parque donde lo enterraron, las autoridades, hemos de suponer que municipales coruñesas, grabaron unas elogiosas palabras, cuidadosamente seleccionadas, escritas por Moore sobre los gallegos; sellando con ello un pacto de fama, una mutua fidelidad, que se mantiene a su manera (manera ignorante, quiero decir; porque toda vida moderna desdibuja los mitos antiguos).

Me gustaría contaros, a lo largo de algunos capítulos, la historia de la presencia de Moore en España, de su triste fin, de su legado. Debéis sentaros cómodamente y tener una paciencia de días, porque la jornada es larga. Moore no bajó del cielo en La Coruña para morir como un Jesucristo moderno. En realidad, recorrió media península para llegar al puerto gallego, en unas condiciones que se adivinan, digamos, comprometidas. Si nos limitásemos a contar su batalla final y su muerte, no le haríamos justicia. Y perderíamos matices. Como éste que os quiero contar en este primer post, dedicado al porqué, a la razón última de que sir John Moore acabase en España. Que no es otra que las envidias, la rigidez y, al fin y a la postre, la incompetencia. Sin olvidar el papel jugado por una mujer.

jueves, octubre 09, 2014

Noticia de la zapatilla

La zapatilla y el zapato son las dos soluciones que tradicionalmente ha encontrado el hombre, y la mujer, para cubrirse los pies. El zapato, y la bota, han gozado siempre de la publicidad de ser calzado de exterior, mientras que la zapatilla, que siempre ha sido adminículo propio de la vida privada, ha de ser rastreada en la Historia con algo más de trabajo. Sin embargo, siempre ha estado ahí.

martes, octubre 07, 2014

Los cinco errores de la ministra Mato

Ayer por la tarde me vi, desde la ceca hasta La Meca, la rueda de prensa de la ministra de Sanidad, Ana Mato, con el tema de la infección por ébola de una enfermera. Lo que siguen son algunas reflexiones personales sobre lo que vi, aunque diré, así, de entrada, que difícilmente se puede preparar peor una comparecencia pública como aquélla.

Creo que la ministra, o su equipo, cometió ayer por la tarde muchos errores. Sin embargo, para no aburrir, he intentado resumirlos al máximo y, finalmente, se me han quedado en cinco. Los cinco errores de la ministra Mato. Aquí están, después de la publicidad:

lunes, octubre 06, 2014

Un caballo marcado con un cáliz

Hay un principio general del Derecho según el cual los muertos, puesto que están ya fallecidos y no son personas, no pueden poseer cosas; la posesión, como hecho generador de derechos y deberes, le queda reservada a las personas. Pero también es cierto que en el mundo hay una tierra en la que los principios generales no siempre se cumplen. Me refiero a Galicia, el lugar en el que yo crecí.

viernes, octubre 03, 2014

The Euzkadi Armada (y 3) Versión 2.0

Hoy ocurre por primera vez en este blog algo que ya me vengo suponiendo desde hace mucho tiempo que acabaría ocurriendo: el recauchutado de un post ya publicado. Éste de hoy, que hace el tercero de la serie The Euzkadi Armada (la primera toma está aquí, y la segunda aquí), fue publicado originalmente el 31 de mayo del 2010. Cuando lo escribí, era ya consciente de que el relato de la rendición de los batallones de gudaris en Santoña era muy esquemática y que, por lo tanto, tal vez algún día habría que revisitar el texto para completarlo. Pasados cuatro años, hace unos días, me puse a escribir un post específico sobre Santoña, y eso me hizo asaltar la duda de qué hacer. Podía, por una parte, escribir ese post independiente, y publicarlo como tal, tal vez haciendo alguna referencia a los posts anteriores. Pero esta posibilidad acabó por no gustarme; al fin y al cabo, convertiría el blog en un compendio de materiales dispersos, difícilmente acumulables por el lector, lo cual no es muy honrado con él.

A ello hay que unir que la investigación en las fichas sobre Santoña me movía a matizar algunas de las cosas que decía en el post original. Así pues, resolví tomar dicho post original, incluirle el relato de Santoña, modificar el texto original donde fuese necesario; y convertirlo, por lo tanto, en un texto refundido nuevo. Una ventaja que le veo a esta estrategia es que centraliza los comentarios de los lectores, en lugar de dispersarlos. Eso sí, el post original tenía tres comentarios que, lamentablemente, en el proceso de edición, me he cargado. Lo siento, aunque la buena noticia es que creo que ya sé por qué, así pues espero que no vuelva a pasar.

Me he dado cuenta, haciendo esto, por cierto, de que tendré que repetir la jugada muy pronto: en cuando el relato de la vida de Leónidas Breznev llegue a la primavera de Praga. 

Si a alguien esta forma de hacer las cosas le parece molesta o abstrusa, lo lamento, pero es lo que hay. No tendría ningún reparo en fabricar el post de manera que fuesen transparentes al lector los cambios realizados pero, la verdad, no veo forma de hacerlo sin que me cueste un trabajo ímprobo.

A la lectura, pues.

lunes, septiembre 29, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (18)

El reformismo económico de Kosygin estaba basado en las obras y teorías de un economista polaco que, por entonces, era lo más de lo más entre los responsables económicos soviéticos, amén de mesmerizar a mucho economista occidental alternativo. Se trataba de Oskar Lange. Yevsei Liberman, un economista de la universidad de Kharkov en la URSS, puso de moda a Lange en un artículo publicado en el Pravda en 1962; publicación que contó con la expresa aprobación de Nikita Kruschev, que para entonces andaba más que preocupado por la tendencia irresistible que mostraba la economía soviética hacia eso que llamamos griparse. Desde entonces, el reformismo económico propugnado inicialmente por Lange pasó a llamarse libermanismo.

viernes, septiembre 26, 2014

Anschluss: el texto completo

Hola.

Sólo os dejo unas líneas para significaros que en la biblioteca de este blog he colocado un enlace a una versión completa de las notas sobre la Anschluss y su desarrollo. El texto ocupa unas 140 páginas a doble espacio, qué le vamos a hacer.

Como una pequeña recompensa para quienes se molesten en ir hasta ahí, dicho texto incluye un epílogo que no ha sido publicado como post, así pues sólo se encuentra en el pdf.

A disfrutar.

miércoles, septiembre 24, 2014

Anschluss (y 17: el fin)

Un referendo nacional, junto con una altamente improbable reacción de Italia que incluyese movimiento significativo de tropas en el Brennero, eran las dos únicas cosas que Hitler podía temer de su plan de anexión de Austria. La segunda, ya lo he dicho, la tenía razonablemente atada, aunque él sabía, casi mejor que nadie, que el Duce era una persona muy difícil de prever en sus reacciones. La primera no la esperaba, porque confiaba en sus terminales no formalmente nazis en el gobierno austríaco, fundamentalmente Guido Schmidt. Sin embargo Schmidt, y esto es una opinión personal más que el fruto de una investigación con conclusiones, también tenía unos límites como conspirador. Al contrario que Seyss-Ynquart, Leopoldo y el resto de los nacionalsocialistas austríacos, que tenían, por así decirlo, descontada la posibilidad de perder sus vidas en el caso de un enfrentamiento de Austria con Hitler que ganase la primera (lo que pasa es que reputaban esa posibilidad muy remota); al contrario que esta gente, digo, Schmidt aspiraba a no morir, en el caso de una reacción antinazi, fusilado en las tapias de un cuartel en el caso de vencer los legitimistas, o linchado en los alrededores de su ministerio y de su casa, caso de producirse una incontrolable reacción obrera. Fue ésta la razón, como digo à mon avis, que justifica que Kurt von Schuschnigg, al fin y a la postre, acabase manejando la hipótesis de un referendo, sin haber sido frenado con anterioridad.

lunes, septiembre 22, 2014

Anschluss: (16: el NSDAP comienza a hacer de las suyas, y Von Schuschnigg camina hacia La Luz)

El 15 de febrero, a las siete de la tarde, en el café Luitpold de Munich, comenzó la celebración de la victoria por parte de los nacionalsocialistas emigrados en Alemania. La verdad es que no todas las personas que se dejaron ver por allí estaban muy felices. Los viejos miembros del grupo de la Teinfaltstrasse, prácticamente todos ellos acogidos en Alemania, habían leído adecuadamente la noticia de que Seyss-Ynquart iba a entrar en el gobierno austríaco, y entendido que era muy probable que ni siquiera regresasen a Viena. Leopoldo, Tavs e Inder Mauer sabían que, a poco que Austria se pusiera de canto, Berlín cedería a la hora de permitir que no regresasen a Viena. De aquel primer grupo sólo quedaban en Austria Jury, protegido por Menghin y Globotschnigg. Hitler nunca les perdonó que permitiesen que la policía vienesa se hiciese tan fácilmente con una documentación muy comprometedora que podría haber dado al traste con la Anschluss si el gobierno austríaco la hubiese manejado de otra manera (lo cual equivale, más o menos, a decir si se no se hubiese dejado manipular por Guido Schmidt, valedor real de que dichos papeles nunca viesen la luz).

jueves, septiembre 18, 2014

Anschluss (15: la ¿respuesta? de Europa)

Una vez que los dos responsables de política exterior se encontraron dentro del gabinete de Hitler comenzaron, como decíamos, las negociaciones propiamente dichas. La principal dificultad de las negociaciones, en realidad, fue la total indiferencia que mostró Hitler hacia los detalles de la misma. Él ya había dicho lo que tenía que decir, y ya había anunciado lo que iba a hacer. En realidad, todo lo que se estaba hablando en ese momento se la pelaba.

lunes, septiembre 15, 2014

Cannae

A estas alturas de la película, ya es para mí evidente que a una parte nada irrelevante de los lectores de este blog les va la marcha de la guerra clásica. Es por esto que le voy a dedicar algunas líneas a Cannae, la gran victoria de Aníbal.

miércoles, septiembre 10, 2014

Anchsluss (14: Berchtesgaden)

El 12 de febrero de 1938 fue sábado. Los periódicos del domingo, en Viena, se publicaron a base de generalidades, sin ofrecer ningún detalle realmente preciso de la jornada histórica del día 12. Por su parte, los diarios franceses e ingleses iban incluso más allá, sugiriendo una imposición de las tesis austríacas. Todos los funcionarios exteriores austríacos habían recibido la instrucción de referirse al encuentro casi con displicencia, otorgándole el trato de encuentro de trámite dentro del lógico devenir de los acuerdos de julio. A la hora del crepúsculo dominical, en las oficinas del poder en Viena se estaba a la expectativa de conocer exactamente el minuto y resultado del encuentro, pero en una ausencia total de inquietud. Sin embargo, entre las personas más finamente agudas en su capacidad de análisis, la zozobra por la excesiva tardanza que se tomaban las noticias en llegar fue acreciéndose.

Al final de la tarde, poco a poco, fue sabiéndose la verdad.

lunes, septiembre 08, 2014

La guerra griega

El hombre guerrea en todos los rincones del mundo prácticamente desde el principio de los tiempos. Así pues, la guerra es un hecho total, global decimos hoy, que pertenece a todas las culturas y que, por lo tanto, a la vez ha moldeado y sido moldeada por ellas. Para nosotros, occidentales (pido perdón a mis lectores asiáticos), los principios de nuestra forma de hacer la guerra son también los principios de nuestra civilización: y es por eso que tal vez convenga escribiros unas notas sobre la guerra griega, que podemos considerar, un poco, nuestra primera forma de hacer la guerra.

viernes, septiembre 05, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (17)

Leónidas Breznev era un producto genuino de la forma de hacer política en la URSS, entre moderna, medieval y florentina; y por eso sabía bien algo que, en realidad, saben todos los políticos del mundo mundial, y es que el sillón del poder donde se sientan cuando llegan al mismo no tiene respaldo.

miércoles, septiembre 03, 2014

Interludio veneciano

Me asomo un breve momento en la ventana recordando que, en los comentarios a mi reciente post sobre la Historia de Venecia hubo un corresponsal que, en los comentarios, solicitó algo de bibliografía. También asumía (indicio de que me conoce) que soy renuente a hacer esas cosas porque tengo la costumbre de alimentarme con referencias no muy fáciles de encontrar. Esa asunción me libera a mí de tener que dar explicaciones.

Hecha esta apreciación, con gusto informo a ése y cualquier otro lector que, ni opinión, el mejor libro que se puede leer sobre la Historia de Venecia es la Historia de la República de Venecia de León Galibert. La edición española de 1857, que es la que referencia Google Books y que yo, lamentablemente, no poseo, es una delicia. La edición francesa de diez años antes la venden a través de Amazon por 380 euritos de nada. El libro se ha reeditado en español hace unos cinco años, pero aun así no es barato (unos 50 napos). Tengo la impresión de que, por ese precio, hay que ser un poco friqui veneciano para que compense, a pesar de su indudable calidad.

Más allá, también es recomendable el libro de Carlos Diehl Una república de patricios: Venecia. Fue editado en 1943 e ignoro si hoy es difícil o no encontrarlo.

Si lees italiano (no es mi caso), siempre tienes la oportunidad, para conocer los mejores tiempos de Venecia, de buscar en la red algún recurso digitalizado de la monumental Historia de Italia de Francesco Giuciardini. En español se hicieron ediciones, pero tengo por mí que son difíciles de encontrar. Es rarísimo encontrar incluso artículos breves sobre Venecia que no lo citen.

Algo dice sobre Venecia, muy poco, la excelentérrima obra de Auguste Bailly, Bizance. Yo tengo una edición de 1948, en francés (París, Librerie Arthème Fayard); por lo que veo en Uniliber, nunca se ha publicado una traducción al español de la obra. La verdad, recomendar aquí este libro no pega mucho; pero es tan bueno que quien me haga caso y lo lea no me lo va a reprochar.

Que se dé bien.

martes, septiembre 02, 2014

Imprescindible




Qué: La financiación de la guerra civil española.
Quién: José Ángel Sánchez Asiaín.
Con quién: Editorial Crítica.
Cuánto: 1.328 páginas.

He pasado una parte no desdeñable de estas vacaciones de verano leyendo este libro. No me arrepiento ni del más mísero minuto de todo ese tiempo.

lunes, julio 21, 2014

La aventura veneciana

A los ojos de este simple lector de historias pasadas, resulta sorprendente lo poco, por no decir poquísimo, que habitualmente se habla de la república veneciana cuando se tratan los ejemplos del pasado, digamos, meritorios. Quien no encuentra interesante la historia de la aventura veneciana está dando de lado un experimento que consiguió, entre otras cosas, mantener un monopolio económico durante un milenio; esto es algo que está fuera del alcance de la mayoría de los mortales que viven fuera de El Vaticano.

lunes, julio 14, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (16)

Hablando en plata, los enemigos de Nikita Kruschev en el aparato administrativo soviético intentaron llevárselo por delante en 1957, pero no lo consiguieron. De aquella derrota aprendieron muchas personas, entre ellas, Leónidas Breznev; y, por eso, cuando llegó el momento no cometieron los mismos errores.

viernes, julio 11, 2014

Anschluss (13: la conspiración)

El 4 de febrero de 1938, el canciller Adolf Hitler procedió a realizar en el ejército alemán la purga de generales demasiado poco nazis u obedientes que le había anunciado días antes a Rudolf Hess. La operación siguió con la jubilación anticipada de muchos de los miembros de la escala diplomática con mayor experiencia, aunque también con más criterio. De una forma indirecta, esta purga fue también contra algunos de los representantes de la gran industria que, como siempre ocurre con el sector del dinero, no estaban muy tranquilos con la perspectiva de una guerra; pues una guerra es una cosa que lo mismo la ganas que la pierdes, y ése es un entorno vital en el que el gran capital no está acostumbrado a moverse.

miércoles, julio 09, 2014

Anschluss (12: un complot descubierto, y un cambio de planes)

1938, que por supuesto es el año que sigue a este tan interesante de 1937, es, para el Gobierno austríaco, el año en el que ya se tiene que tomar absolutamente en serio todos los rumores y noticias en el sentido de que los nacionalsocialistas están pensando en complotar contra su autoridad.

Uno de los miembros de Los Siete, el doctor Tavs, aportará casi inocentemente el motivo.

lunes, julio 07, 2014

History Quiz #2 respuestas

... bueno, pues aquí estamos otra vez, haciendo notaría de las 88 respuestas, que más que bien está muy bien, al cuestionario que planteé hace unas horas.

Vayamos allá con las soluciones.

jueves, julio 03, 2014

History Quiz #2

Sólo los más viejos del lugar lo recordarán, pero hace siete años me dio un día por colocar un breve Trivial histórico diseñado para entretener ese break en la oficina, que otrora era el del mojicón o la bayonesa y hoy se ha quedado en engullir esas tortas de arroz desecado que son la mejor demostración de que el concepto de evolución es discutido y discutible.

El presente cuestionario me lo fui sacando de la cabeza en un avión el pasado lunes, por ver de evitar la pregunta de qué coño hacía yo allí. Casi como lo pensé lo coloco aquí. Muchas de las preguntas, o todas, pueden ser contestadas por un lector avezado que sepa goglear; hoy en día, los secretos eruditos son imposibles de mantener. El truco está en tratar de hacer las cosas sin ayudas. Pero cada uno se lo puede montar como quiera.

Como es un formulario de Google Drive, tendré estadísticas de frecuencias, que ya comentaré junto con las respuestas. Sobre este tema, por cierto: sólo rechazo comentarios que sean insultantes o denigratorios hacia personas vivas (la mayoría de los cuales se dirigen a una persona viva que soy yo, claro); así pues, dejo al albur de mis corresponsales que sean lo suficientemente elegantes para, si comentan, no hacerlo destripando respuestas.

Cinco minutos de relativo entretenimiento aquí.



lunes, junio 30, 2014

Anschluss (11: Hitler da la orden)

El elemento fundamental que había dado vía libre a los alemanes en Austria fue el progresivo desinflamiento de Italia en la cuestión checoslovaca. La colaboración en España y el progresivo alejamiento de Roma respecto de las potencias democráticas hacía cada vez más difícil para Mussolini oponerse a los deseos de Hitler de entrar en Praga. Por lo demás, entre los países de la zona que albergaban menos esperanzas en el reparto del país, Yugoslavia y Rumania, el sentir era claro, y Berlín lo percibía con nitidez, de que no estaban dispuestas a jugarse nada por defender a Praga. Por lo que se refiere a Hungría y Polonia, ambos países, atraídos por las posibilidades de expansión territorial que ofrecía la operación, es obvio que no pondrían problema alguno. Ciertamente Hitler había perdido la partida inicialmente jugada de conseguir que Polonia se aviniese a realizar una campaña militar conjunta de invasión. Pero, sin embargo, había conseguido lo que necesitaba al fin y al cabo, que no era otra cosa que la negativa de polacos y rumanos para que tropas rusas, eventualmente, cruzasen su territorio. Todo esto, sin tener en cuenta que, en realidad, Rusia, o mejor deberíamos decir la URSS, estaba en aquel momento básicamente preocupada por Japón, así pues no tenía mucho tiempo para pensar en esos asuntos. La relativa neutralidad soviética anulaba cualquier posibilidad de actuación por parte de Francia, que no la aventuraría sin la ayuda de Moscú. Y, en lo concerniente a Inglaterra, todo el mundo en Europa conocía bien la escasa proclividad del Foreign Office a la hora de mancharse las manos (hasta que llegó Tony Blair, claro).

viernes, junio 27, 2014

Anschluss (10: ¡Italia!)

En diciembre de aquel año, Delbos regresó de su viaje por la Europa de Este y, unos pocos días después, compareció ante la comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional. En unas pocas semanas, el espíritu del ministro francés había cambiado radicalmente. En noviembre se había mostrado, como hemos explicado, totalmente implicado en la garantía de la independencia austríaca. Esta vez, sin embargo, declamó, con una voz monocorde, como si fuese la voz de un robot telefónico de atención al cliente, que en Varsovia el coronel Beck le había dicho que no albergaba ningún tipo de esperanza sobre el futuro de Austria. El coronel polaco decía estar convencido de que la Anschluss era un hecho que ya nadie podría parar y, de hecho, apostaba por la primavera de 1938 para su producción.

martes, junio 24, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (15)

Entre 1960 y 1963, aunque en ese momento no se supiese, Nikita Kruschev estuvo varias veces a punto de ser echado del poder en la URSS. Lo cual quiere decir que aquéllos que habían medrado a sus pechos y le eran teóricamente fieles, como Leónidas Breznev, estaban también en el punto de mira.

viernes, junio 20, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (14)

En relativamente poco tiempo, Nikita Kruscher perdió pie en el poder soviético. Y esto, como acabamos de insinuar, tiene razones muy precisas.

miércoles, junio 18, 2014

Anschluss (9: Aquel año 37.2)

Tras una visita de lord Halifax a Berlín, el año 1937 comenzó a dar sus últimas boqueadas en medio de una sensación generalizada en el continente de que Hitler había decidido ya terminar con los temas austríaco y checoslovaco, a cambio de lo cual había ofrecido a Inglaterra aparcar la cuestión colonial, y a Francia renovar las declaraciones formales de paz. Los hombres del gobierno nacionalsocialista hicieron llegar con claridad al Ejecutivo francés su reivindicación de que una paz duradera sólo sería posible si Francia permanecía detrás de la Línea Maginot y, consecuentemente, renunciaba a tener una política activa en Europa Central.

lunes, junio 16, 2014

Anschluss (8: aquel año 37.1)

En noviembre de 1937, el Partido Radical francés celebró su congreso y en él su miembro, y ministro de Asuntos Exteriores, Yvon Delbos, hizo su famosa declaración afirmando que Francia cumpliría sus compromisos respecto de Checoslovaquia. Aquel congreso, de alguna manera, clavó el penúltimo clavo en el ataúd donde fue enterrada la intervención en favor de la República por parte de las potencias democráticas. Quedaba prístinamente claro para todo el mundo lo que ya lo era para cualquier persona medianamente informada desde el mismo día que se había firmado el pacto germanoaustríaco: lo que realmente importaba en las cancillerías europeas era el Este de Europa, y a esto era a lo que estaban dispuestos a dedicar sus esfuerzos, entre otras cosas porque era la última ocasión que les quedaba para hacer de Mussolini un líder alejado del nazismo.

Días después del congreso, el propio ministerio francés le aclaró al gobierno austríaco, que para ello había hecho las oportunas consultas, que su planteamiento era honrar sus compromisos con Checoslovaquia cualquiera que fuese la forma de la agresión que sufriese el país. Con estas ideas en la cabeza, Guido Schmidt, en su calidad de responsable de los asuntos extranjeros, escribió en diciembre una carta a Göring, que había sido demanda por éste, tomando posición en el tema de la posible invasión de Checoslovaquia con ayuda de los austríacos. La respuesta fue: no. Y, con casi total seguridad, cuando Göring se presentó en el despacho de su jefe con aquella cara, Hitler decidió invadir Austria algún día.

viernes, junio 13, 2014

Anschluss (7): ¿Por qué no invadir Checoslovaquia?

Releo las notas ya escritas en tomas pasadas de esta serie, querido lector, y, la verdad, no estoy nada seguro de estar transmitiéndote con eficiencia la importancia que jugó en la Anschluss la persona de Guido Schmidt. En cuestiones de relaciones exteriores, y muy especialmente en cuestiones de relaciones con Berlín, el canciller Kurt von Schuschnigg fue, siempre, un reo de Schmidt, que primero fue quien sabía, después fue quien además tenía los contactos, para acabar siendo quien, en realidad, sabía lo que estaba pasando.

miércoles, junio 11, 2014

Anschluss (6): Informes, porqués, y cambios de opiniones

En enero de 1937, el canciller Kurt von Schuschnigg recibió el primer informe serio que le colocó en la convicción de que Hitler no se iba a parar en el acuerdo de julio de 1936. Se trataba de un memorando de la industria westfalo-renania; un informe que, por otra parte, tanto Schacht como Von Papen habían conocido antes de ser enviado a Viena (así estaba el tema).

lunes, junio 09, 2014

Anschluss (5): debilidad

Tras aquel acuerdo, el denominado Comité de los Siete se establece en el centro de Viena, en un inmueble de la Teinfalstrasse. No se puede decir que los nazis austríacos se escondan. En su sede, todos portan libremente el uniforme pardo del partido nacionalsocialista y, muy cerca de la misma, en una trastienda de la Helferstorferstrasse, establecen un verdadero comité ejecutivo del NSDAP alemán del que forman parte nazis destacados como los doctores Jury y Menghin, In de Mauer, el ex presiente del Senado Manlicher; un tipo llamado Wolfsegger que era Gauleiter de Carintia; un ingeniero llamado Erich Kaltenbrunner, paisano de Hitler, jefe de las SS local; y un viejo oficial del ejército, el mayor Jäger, que organiza tanto las SA como las SS en Austria, por segunda vez tras las que existieron antes de 1934. En la Teinfalstrasse se instaló una imprenta, de la que salía el Österreichische Beobachter, órgano oficial del partido.

martes, junio 03, 2014

Un rey irresponsable

Históricamente hablando, la dinastía Borbón ha adolecido de dos grandes defectos. El primero de ellos ha sido la distancia. El segundo de ellos ha sido la escasa, en ocasiones, nula capacidad de comprender el paso del tiempo. Ambos errores son de raíz francesa, pues los capetos, de los cuales los Borbón son una copia en papel carbón, ya estaban bien definidos por estas dos características; y sus alternativas (los propios borbones, los Orleans, los napoleones) no les fueron a la zaga. El concepto francés de monarquía, centralista e inmanente, se adaptó como un guante a periodos en la vida de las sociedades humanas que pasaron hace mucho tiempo. Desde entonces, los reyes y príncipes procedentes de este tronco, de ese ADN dinástico, son como gordos mórbidos que se ven obligados a ponerse todos los días una faja con las medidas de Shakira.

lunes, junio 02, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (13)

Digámoslo claro: de todos los líderes que tuvo la Unión Soviética, con la única excepción de Mijail Gorvachov que es, por muchas razones, especial, Leónidas Breznev es el único que fue consciente de las oportunidades que la modernidad le ofrecía para realzar su liderazgo y salir del pozo en el que había caído por segunda vez.

viernes, mayo 30, 2014

El hombre que sabía hacer buen las cosas (12)

La ascensión de Breznev a la sombra de Kruschev fue semiautomática. En 1958, fue nombrado vicepresidente de la oficina del Partido encargada de la Federación Rusa. Un cargo que merece una explicación. Al contrario que el resto de repúblicas soviéticas, Rusia no tenía en la URSS un partido propio. La expresión «Partido Comunista Ruso», por lo tanto, no tiene demasiado sentido desde un punto de vista formal. Los temas de afección a la Federación Rusa se ventilaban en una oficina especial encuadrada en el secretariado del PCUS, y allí fue donde Breznev fue designado número dos. Esto le dio un gran poder a la hora, sobre todo, de repartir canonjías.


De hecho, los miembros de la Mafia del Dnieper y otros amigos de Leónidas comenzaron a prosperar. Georgy Yenyutin, que lo había sucedido al frente del distrito de Zaporozhe, fue nombrado presidente de una nueva Comisión de Control Soviética creada dentro del consejo de ministros. Asimismo, Konstantin Chernenko se integró en el aparato del Comité Central. Georgy Tsukanov fue directamente nombrado como asesor del propio Breznev, mientras Pavel Alferov era promovido como miembro de la Comisión de Control del Partido.

En abril de 1959, Leónidas Breznev recibió el honor, verdaderamente muy poco habitual, de ser la persona que intervendría en la celebración anual de la onomástica de Lenin, en el Bolshoi. De forma poco sospechosa, su discurso, de unas dos horas de duración, se dedicó a cantar las alabanzas de la persona de Nikita Kruschev (que ni siquiera se molestó en ir, por cierto). Breznev, por cierto, tampoco olvidó a Stalin, en cuya defensa cerrada salió en su discurso, adjudicándole la creación de la sociedad socialista, y destacando su labor en la lucha contra los agentes interiores del partido, trotskistas, bujarinistas y zinozievistas. Tres años después del famoso discurso secreto de Kruschev, Breznev dejaba claro hasta qué punto seguía creyendo en la dialéctica creada por el estalinismo.

Tres meses después se produjo el primer encuentro entre Breznev y Richard Nixon. Las cosas parecían irle muy bien, aunque a finales de aquel año tuvo que irse a toda prisa a Alma Ata, porque los temas de Kazajstán habían comenzado a ir como el culo.

Breznev había elegido personalmente a Iván Yakolev como su sucesor como secretario general del Partido Comunista de Kazajstán, quien, en 1957, había respondido a tanta confianza con un pequeño descenso, del 75% en la cosecha. Consecuentemente, Kruschev lo purgó en diciembre de aquel año y lo sustituyó por su primer asesor en temas agrícolas, Nikolai Belyayev. Belyayev era miembro del Presidium, lo cual da una buena medida de la importancia que el líder soviético concedió a la necesidad de arreglar las cosas en Kazajstán. La primera cosecha de Belyayev, 1958, fue buena; pero la siguiente fue un desastre. En enero de 1960, Breznev viajó a Alma Ata, cesó a Belyayev, y nombró a un amigo suyo, el hasta entonces primer ministro Dinmohamed Kunayev.

El gesto de Breznev de tomar cartas directas en el asunto se interpretó muy rápidamente como el signo de que había decidido librar la batalla para ser el número dos de la URSS, detrás de Kruschev. Puesto en el que tenía que enfrentarse con Andrei Kirichenko, que había sido líder del partido comunista ucraniano hasta 1957, año en el que su compatriota lo llamó a Moscú y lo hizo miembro del Presidium y secretario del Comité Central. Sin embargo, en enero de 1960, coincidiendo con el viaje de Breznev, había sido despedido, y enviado como secretario del partido en el oscuro distrito de Rostov-on-Don.

Parece ser, aunque es muy difícil de saber, que Kirichenko se había buscado, con unas maneras que tenía un tanto dictadoras y displicentes, muchos enemigos en la cúpula soviética, y muy especialmente Anastas Mikoyan. Sea como sea, la caída de Kirichenko dejó bien libre el espacio para Breznev.

Pero, en realidad, el año 1960 acabaría relevándose como una auténtica putada para él.

En mayo de 1960, Breznev pareció alcanzar la cumbre de su carrera, si las cosas se leen con ojos occidentales. En efecto, con dicha fecha fue nombrado sucesor de Yakov Sverdlov, Mijail Kalinin, Nikolai Shvernik y Kliment Voroshilov como jefe del Estadol soviético o Presidente de la URSS.

Leónidas Breznev era, pues, el jefe del Estado. Pero eso, en la URSS, apenas significaba nada. En un sistema político donde el Partido era mucho más importante que el gobierno, el presidente de la URSS era poco más que una figura cosmética que no servía para nada. Juzgue el lector, sin ir más lejos, cuánta gente puede recitar, casi sin errores, la lista de los líderes del Partido Comunista de la URSS desde Lenin hasta Gorvachov, y cuántos habían siquiera oído hablar de los antecitados como presidentes de la Unión.

Aquella elección era una putada para Leónidas. Un paso atrás, un gran paso atrás. Pero, entonces… ¿qué había pasado?

Aquel año de 1960, un avión espía U2 estadounidense, pilotado por Gary Powers, había sido derribado cerca de Sverdlovsk. Todo el escándalo que supuso aquel suceso acabó, rápidamente, en volverse contra Kruschev y, por simpatía, contra Breznev.

Desde septiembre de 1959, en la prensa soviética, lo cual quiere decir en sus centros de poder, se podía adivinar una cierta tendencia crítica hacia la política de Kruschev hacia Occidente. En aquel mes, el líder soviético había visitado EEUU y había tenido las cordiales y famosas conversaciones de Camp David con el presidente Eisenhower. Los comunistas acérrimos y grupos de las fuerzas armadas soviéticas se aliaron rápidamente en contra de estas tentativas de entendimiento. Mijail Suslov y Frol Kozlov eran los dos arietes de esa oposición, que había forzado no pocos gestos de endurecimiento de las posiciones soviéticas. El derribo del U2 no hizo sino llevar este debate a una temperatura mucho más elevada que en el pasado.

Kruschev había basado su estrategia en política exterior en el principio general de que los estadounidenses eran de fiar. Obviamente, para su oposición el incidente del U2 demostraba exactamente lo contrario, y más todavía cuando Eisenhower, presionado por los hechos, acabó por reconocer que había ordenado personalmente espiar a la Unión Soviética.

El 4 de mayo, apenas tres días después del derribo, había reunión del Comité Central, y en la misma Kruschev tuvo la oportunidad de comprobar hasta qué punto las cosas se le habían complicado. Todas las propuestas de calado que se presentaron en la reunión estaban encaminadas a mitigar el poder del secretario general. El secretariado del Comité fue reducido en su tamaño y colocado bajo el control de Frol Kozlov. Y, además, tres personas no especialmente ligadas a Kruschev fueron elevadas al Presidium: Aleksei Kosigyn, nombrado también primer viceprimer ministro; Nikolai Podgorny; y Dimitri Poliansky. Anastas Mikoyan, el gran apoyo de Kruschev, fue severamente derrotado. Y a Breznev le dieron la patada hacia arriba, haciéndole presidente de la Unión.

Breznev luchó como gato panza arriba. El 6 de mayoi, el Soviet Supremo confirmó su nombramiento, aunque aun seguía siendo miembro del secretariado del Partido. Del 11 al 14 de dicho mes, se celebraba en el Kremlin una gran conferencia de contenido político dirigida a los militares. La conferencia estaba dirigida por el ministro de Defensa, mariscal Rodion Malinovsky, y el jefe del comisariado político, general F. Golikov. Pero lo realmente importante es que de los tres ponentes civiles (Suslov, Nikolai Ignatov, otro kruschevista caído en desgracia, y Breznev), el tercero fue el único que habló. Detalle con el que Leónidas consiguió escenificar el apoyo que recibía del Ejército; apoyo que, como sabemos, se había trabajado duramente a lo largo de aquellos años.

Hizo lo que pudo. Pero, aun así, en julio, Leónidas Illich Breznev dejó de ser miembro del secretariado del Partido Comunista de la Unión Soviética. Otra vez en la mierda.


Jamás un presidente de la URSS había logrado regresar a la primera línea de la política tras haber sido nombrado. Jamás, claro, hasta que llegó Breznev.

jueves, mayo 29, 2014

Un kilo

He sido yo mismo, según el Google Analytics.

Hace tres minutos, se ha producido la visita 1.000.000 a este blog.

miércoles, mayo 28, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (11)

La pregunta de si el Plan de las Tierras Vírgenes fue una gran idea o una cagada permanecerá siempre en la agenda de debate de los fiquis sovietólogos. Mi friquiopinión es que Breznev, en parte por suerte y tal vez en parte por su bien entrenado ojo agrícola, saltó de Kazajstán en el momento adecuado. Yo no sé gran cosa de agricultura; de hecho, si por mi fuera no habría por mi casa ni una sola de las plantas de interior que riega mi costilla. Pero, aun así, tengo leído que plantar, plantar y plantar todo el suelo disponible, todos los años, es muy mala estrategia a la larga, porque el suelo se erosiona, se agosta y produce menos. A partir de 1958, la cosecha kazaja comenzó a decaer, sobre todo en términos medios de producción por hectárea. Pero eso ya no era responsabilidad de Leo.

lunes, mayo 26, 2014

Anschluss (4: el Grupo de Leopoldo)

La prensa austríaca del 12 de julio destacaba unánimemente, tras haber sido adecuadamente «trabajada» por la Cancillería, que el acuerdo suponía que el movimiento nacionalsocialista ilegal de Austria estaba condenado. En un efecto parecido al que podría haber introducido en el bando republicano de la guerra civil española el pacto Molotov-Ribentropp de haber continuado la guerra entonces, la prensa austríaca se jactaba del hecho de que, manteniendo planes insurreccionales contra el Estado, el nacionalsocialismo local no sólo se convertía en un traidor a su país, sino al propio Hitler. Esta interpretación de la opinión publicada era incluso más ciegamente optimista entre las elites gobernantes, que de hecho estaban convencidas de que el nacionalsocialismo alpino, tras el acuerdo, se despoblaría.

viernes, mayo 23, 2014

Por qué me meto contigo

En el hilo de comentarios del último post que he escrito, un amable lector (asiduo, por el contenido de su crítica) me afeaba la conducta de «meterme siempre con los de menos de 30 años». Ya tuvo una respuesta por mi parte, escueta que, por lo tanto, no parece mía (porque yo la última vez que fui escueto fue el día que le expliqué a mi primera novia qué quería hacer esa tarde). Es obvio que no me pude quedar contento con las dos o tres líneas que le dediqué, así pues me fueron rodando algunas ideas en la cabeza que espero destilar aquí, en este post-aftermath sobre la cuestión de la educación y por qué «me meto» tanto con los que la la han recibido en los últimos diez o veinte años.

Y lo primero que hay que decir que hay algo en la argumentación de mi anónimo corresponsal que no es del todo correcto: la idea de que yo establezco una dicotomía estricta entre la educación actual y la que yo recibí, en el sentido de que la mía fue cojonuda y ésta es una mierda. Si ésa es la expresión, me expreso mal. Es cierto que echo de menos cosas que hoy se han desechado, creo yo que por inútiles, como es la educación en torno al mundo clásico. Pero, aun así, aquel león no era tan fiero como algunos creen que lo pinto. Porque, de hecho, el problema, el problema esencial que yo veo en la educación actual, comenzó incluso cuando yo no había nacido, y comenzó a hervir cuando yo sólo tenía seis años.

Si los educandos de hoy en día o que lo han sido hace poco se pueden sentir víctimas de la LODE o de la LOGSE, sólo nosotros, los que hoy tenemos cincuenta tacos o así, sabemos lo que la política ha jugado con nosotros. En tiempos anteriores a mi entrada en las aulas hubo un ministro de Educación, quiero recordar que Gual Villalbí aunque no estoy seguro, que parió el aborto de hacer coincidir el calendario escolar con el natural; para cuando se dio cuenta de la estupidez que había cometido, había jodido a los educandos españoles por dos años: el de la medida, y el de la corrección. Luego vino el famoso Villar Palasí, que hizo con nosotros lo que quiso, inventando una Educación General Básica de longitud variable, un bachillerato mutante que acabó siendo el BUP, también de extensión variable. Por el camino, hay que recordar aquella famosa frase de La Sonrisa del Régimen, el ministro José Solís Ruiz (quien luego negó haberlo dicho), juzgando cuál habría de ser el futuro del sistema educativo español: «menos latín, y más deporte». Esta frase, por cierto, generó una de las réplicas parlamentarias más elegantes de la Historia del caserón de San Jerónimo, la del falangista Alejandro Muñoz Alonso, quien se limitó a recordarle a Solís que «el latín es el responsable de que Su Señoría, natural de Cabra, Córdoba, sea llamado egabrense, y no otra cosa».

Así pues, ya sabéis los jóvenes que en el pasado no todo el monte es orgasmo. Es más: el monte es, básicamente, virginal.

Y esto es así porque el proceso es un proceso de largo plazo. Veamos.

El siglo XX es un siglo en el que han pasado muchas cosas novedosas. Y una de ellas es la muerte de la fatalidad. Al hombre, hasta el siglo XX, le ocurrían desgracias porque sí, porque, como dicen los angloparlantes, shit happens. A este principio ayudaba mucho la visión cristiana de la vida, Dios lo quiere y bla; pero, la verdad, si uno se sale de los ámbitos dominados por la Iglesia, tampoco se encuentra puntos de vista muy diferentes. El hombre anterior a nosotros, pues, crecía y se desarrollaba con la idea de que la desgracia era algo que le podía ocurrir, sin que pudiera hacer responsable de eso a nadie.

El siglo pasado, sin embargo, este concepto fue cambiando y, muy intensamente en la segunda mitad del siglo, la mala suerte fue muerta y enterrada en algún lugar que desconozco, y fue sustituida por el concepto de negligencia. Así, las desgracias ya no ocurrían por fatalidad; ocurrían por la negligencia de alguien, un tercero ajeno a nosotros, quien, por no haber hecho las cosas como debía, nos había causado el daño que sufríamos. Con el surgimiento de los Estados acogedores y responsables absolutamente de todos los ámbitos de la vida diaria (que son apelados por algunos de (neo)liberales, lo cual no deja de ser un chiste de mal gusto), se nos enseña que todo lo malo que nos puede pasar en la vida nos puede no pasar; basta con que quien tiene encomendada la labor de que no pase sepa hacer su trabajo.

Con la fatalidad fue enterrada, en ataúd contiguo, la responsabilidad. Ese hombre anterior que crecía sabiendo que la desgracia podía ocurrir adquiría, de consuno, el compromiso, consigo mismo y con los demás, de prevenir, en la medida de sus posibilidades, las consecuencias de esa desgracia. Pero es obvio que en un sistema en el que la desgracia desaparece y se convierte en labor de un tercero, la responsabilidad también es trasladada: desde el individuo que antes la tenía, hacia ese tercero.

A partir, más o menos, de 1950, cada desgracia, cada mala noticia que se le ha presentado a las sociedades desarrolladas, se ha venido seguida de un proceso, en ocasiones largo y tedioso, de búsqueda y calificación del responsable de la misma. Si un barco sucumbe a las olas de una tormenta perfecta, habrá alguien que sea responsable de no haberle avisado de que la ciclogénesis se aproximaba; o de no haber iniciado el rescate a tiempo para poder salvar vivo a algún marinero; o, o... Toda desgracia tiene detrás alguien que corre con la responsabilidad, y ese alguien nunca es quienes sufren dicha desgracia.

Este concepto, en educación, ha tenido consecuencias catastróficas. La primera es que el educando ya no es responsable de su educación; su educación es algo que es provisto por un tercero (el Estado, a través de la escolarización obligatoria y la organización del sistema educativo en general), que aparece como el único responsable de que dicha educación sea de calidad. Esta teoría nace de Mayo del 68, que es donde asimismo nace la idea de que el sistema educativo es, en realidad, un instrumento ideológico, de ingeniería social. Los chicos que seguían a Daniel Cohn-Bendit y sus adláteres en Nanterre se alzaron siguiendo la bandera de que en dicha universidad estaban siendo educados para ser obreros obedientes, esto es estaban siendo diseñados como epsilones huxleianos. Cuando, en los años setenta, esta generación de Mayo del 68, que ha perdido la revolución, gana el gobierno de los Estados que le ganaron dicha revolución, ocurre algo que pragmáticamente puede ser muy lógico, pero epistemológicamente no hay quien lo entienda: ellos, que rechazaron la educación como elemento de ingeniería social, adoptan esa misma metodología, diciéndose que lo hacen por una buena causa. En otras palabras: lo malo no es que la educación intente diseñar personas; lo malo es que intente diseñar personas que piensen cosas distintas de las que pienso yo. Si se diseñan personas que piensan lo que yo pienso, entonces está guay.

La educación, a través de este prisma, adquiere apellidos (educación fascista, educación progresista, educación vasca, educación menchevique, jacobina...) y sella su naturaleza planificadora: ya no se ocupará de darle al educando las herramientas para ser persona (idea inicial de Mayo del 68, de corte procedente, por así decirlo, del «buen anarquismo»); buscará que sea una persona en concreto (corolario de Mayo del 68, enraizado en el «mal marxismo»). En ese momento, la educación, lejos de ser una experiencia personal de la que cada persona (y sus padres) se responsabiliza, pasa a ser un servicio más, como la recogida de basuras o el asfaltado de las calles.

En el caso del franquismo, y fíjese que hablamos de un régimen fuertemente conservador y reaccionario que no era precisamente admirador de Cohn-Bendit, en realidad tiene sentido que se abrazasen todas estas teorías. Franco, estoy seguro, se sintió encantado de apoyar la idea de que la escuela debe verse como una institución de formación planificada con objetivos de ingeniería social. De hecho, venía practicando todas estas teorías de tiempo atrás de Mayo del 68, ardorosamente asistido por la Iglesia católica nacional. ¡Cómo no vamos a tener que reconocer aquéllos que nos educamos entonces que nuestra educación era dirigista y estrecha en gran medida! Lo era, ciertamente. Pero es que el franquismo era una dictadura.

Y la democracia que vino después, no.

Ahí es donde reside la diferencia. Ahí es donde se asienta la puta manía de este amanuense de «meterse con los de menos de 30 años». Los diferentes gobiernos democráticos españoles hicieron otra vez la jugada trilera de Mayo del 68: enfrentándose a una forma de hacer las cosas en educación propias de un régimen dictatorial, en lugar de cambiarlas, que hubiera sido lo lógico (es lo que hizo, sin ir más lejos, la II República española), las reprodujeron... aunque las repintaron. El monolito educativo español, pintado de azul, fue pintado de rojo; pero siguió siendo el mismo marmolillo. Nadie, en realidad, se planteó seriamente que lo que había que hacer era cambiar el esquema, el dibujo, el cimiento.

Es mi idea que la democracia española pactó con la clase pedagogo-profesoral como pactó con la militar, o la policial, o la económica. Probablemente, pensó que sólo era cuestión de tiempo: que los miembros de aquellas instituciones educativas con las que pactaba un cambio lampedusiano acabarían por jubilarse y, a la hora de renovar sus puestos, llegaría su hora de poner al frente de las aulas a sus campeones de la libertad, de la mente abierta, del sentido crítico. De la responsabilidad personal. Fue un error de cálculo mayúsculo porque, como bien saben quienes trabajan dando clase aunque a menudo lo callen, hay muchas razones, desde las personales hasta las sindicales pasando por la casualidad o las consecuencias de la arquitectura de la enseñanza de los magisteri hispanos, que acaban provocando que la teoría según la cual los que ocupan cátedra frente a los alumnos son los aristoi del magisterio sea un cuento con las mismas dosis de veracidad que los experimentos del doctor Kabuto, inventor de Mazinger Z.

La democracia española no hizo nada, absolutamente nada, por recuperar la responsabilidad personal del complejo formado por el educando y sus próceres. Es más: viajó en la dirección contraria. Los maestros, conscientes de que les iba mucho en intensificar la idea de que la educación es un servicio puesto que sostiene mucho mejor sus reivindicaciones de ganar más (y no seré yo quien les afee la estrategia, que a mí también me gusta ganar más), cebaron la máquina de la irresponsabilidad del estudiante, mientras pedagogos, expertos y consultores de variada laya convencían a los políticos de una larga ristra de chorradas; la primera de las cuales se produce el día en el que un ministro de Educación que individualmente era persona de potísima calidad intelectual, José Antonio Maravall, anunció ampulosamente que la LOE (creo que fue la LOE) había acabado con la institución de los deberes en casa.

La conspiración ha continuado durante tres décadas, lo cual quiere decir que esas personas «de menos de treinta años» que por lo visto me caen tan mal (no hay tal, lo juro) son el primer, por así decirlo, «producto integral» de este momio. Han sido sumergidos en él por completo, como hizo Tetis Pelea con su hijo en la Estigia, de modo que apenas les queda el taloncito de su conciencia personal. Y pienso, así lo dije en el comentario, que tienen todo el derecho a llevar a sus ministros de Educación ante un tribunal, por denuncia de negligencia, como poco. Como poco porque, como digo, a mí no me parece que este proceso sea ni casual ni espontáneo. Es algo muy medido.

Forma parte de la retórica revolucionaria de izquierdas el estar constantemente enviando a la gente a la escuela. Los anarquistas españoles de principios del siglo XX se desgañitaban en sus ateneos tratando de convencer a los obreros de que leyesen, de que se culturizasen, de que estudiasen, porque, les decían, el conocimiento les haría libres. Lo mismo decía el Che Guevara, y lo mismo dice el actual presidente de Uruguay, José Múgica, quien, tras oportuna entrevista celebrada con un cardenal de la modernidad, se ha convertido en el nuevo hombre-mantra de lo progresivo.

Siendo así, sorprende cómo esa misma izquierda, y digo izquierda porque es la que ha gobernado España con más poder y más tiempo estos últimos treinta años, traiciona estos mismos principios que sus creyentes dicen tener en el altar de lo irrenunciable, de lo que debe ser. La Conspiración les ha convencido de una cosa que es una gilipollez como un piano: que la inversión en educación garantiza su efectividad. En realidad, gastar más en educación sólo garantiza que hay más escuelas, que en éstas hay más ordenadores, y que se contratan más maestros. Pero, ¿qué es lo que pasa si no se sabe usar el ordenador para educar o, en general, el maestro es un gañán? Y, sobre todo, ¿qué es lo que pasa cuando se mantiene el objetivo de que la educación se perciba como un servicio en el que educando y padres no ejercen otra función que ser receptores del mismo? ¿Qué tiene eso que ver con que se gasten 10, 100 o 1.000? De hecho, cuando el objetivo es erróneo, en realidad no es que no se deba pedir que se invierta más. Es que habría que exigir que se invirtiera menos.

Lo que yo reprocho al actual sistema educativo es, pues, que haya mantenido una tendencia que heredó de una dictadura hacia la disolución de la responsabilidad personal del educando (entiéndase extendida a los padres). En realidad, que ya no enseñe a Esquilo es accesorio. Hasta podríamos estar de acuerdo en que lo mismo está bien tomada la medida porque, al fin y al cabo, es posible que ya no queden muchos profesores en España que le sepan sacar el tuétano a Los persas. Como digo, eso es accesorio.

Lo realmente importante es que el proceso del conocimiento es, por utilizar una expresión borgiana, un jardín con senderos que se bifurcan. Y que una educación democrática no se preocupa de generar un temario de Educación para la Ciudadanía; se preocupa de describir ese jardín, y de convencer al educando de que es su elección tomar los senderos que quiera, que le llevarán a lugares totalmente diferentes a los de sus compañeros de pupitre, puesto que éstos, haciendo uso de su libertad, tomarán otros senderos.

LOE, LODE, LOGSE, son, para mí, mojones de un camino en el cual ese tercero proveedor del servicio educativo ha ido cegando senderos, cavando zanjas infranqueables en el jardín, para finalmente diseñar un camino, un solo camino, que lleva donde él quiere que vaya el caminante.

Y es por esto, amigo mío; es porque tienes menos de 30 años, porque has transitado un solo sendero y tal vez incluso piensas que ese sendero es el mundo todo; es por eso, digo, que te parece que me caes tan mal.

Pero no eres tú. Es la república.

martes, mayo 20, 2014

Padres, maestros y tuits: ¡Es la educación, estúpidos!

Anda el mundo hispano muy revuelto con el tema de la criminalidad de palabra en las redes sociales. Lo que parece haberlo disparado todo ha sido la cascada de comentarios provocada por el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, pero la cosa viene de antiguo. Hoy mismo he visto la noticia de que un dirigente de Nuevas Generaciones del PP ha amenazado de muerte al diputado gatoclarinete Alberto Garzón; y, al tiempo, un amigo mío, gallego, me ha informado de que incluso el accidente del tren de Angrois provocó ya algunos tuits despectivos hacia los muertos por su condición galaica. Aquí mismo se puede comprobar el tipo de apelaciones que tiene que soportar en Twitter la periodista Ana Pastor. Y qué decir de cuando la delegada del Gobierno en Madrid se arreó el toñazo en la moto...

lunes, mayo 19, 2014

Anschluss (3: el acuerdo)

Los primeros contactos entre Von Papen y Von Schuschnigg habían comenzado, realmente, apenas un poco antes del famoso concierto en el que se sacó por primera vez la idea de un pacto sólido entre ambas naciones. En realidad, Von Papen conoció al canciller austríaco el 1 de mayo de 1935, durante la fiesta de la Constitución. Viejo y hábil diplomático, Papen supo excitar, a un tiempo, el germanismo de Von Schuschnigg y sus enormes ganas de deshacer su pacto de gobierno con el príncipe Starhemberg.

jueves, mayo 15, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (10)

El joven y prometedor burócrata comunista Leónidas Breznev heredó una tierra teóricamente independiente situada donde Cristo perdió la tarjeta sanitaria de la Comunidad de Madrid y que puede considerarse un buen ejemplo del tipo de panachés humanos creados por el estalinismo. Porque uno podrá pensar que Kazajstán estaba formada de kazajos. Error. En realidad, aquella república, además de por locales, estaba poblada, en bastante proporción, por alemanes residentes en las riberas de Volga que habían sido desterrados allí durante la segunda guerra mundial, chechenos (ésos que luego volvieron a casa para poner bombas), polacos, e incluso descendientes de los ucranianos que utilizara el zar en el siglo XIX para colonizar aquellas tierras, y que todavía se sentían ucranianos en mayor medida de que kazajos. Por no citar las miles y miles de personas de otros variados destinos que habían sido deportados, ellos o sus familias, por la policía zarista, o por la comunista.

lunes, mayo 12, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (9)

El imperio dictatorial de Iosif Stalin desapareció dejando tres herederos, cada uno de ellos poseedor de uno de los tres pilares de la URSS: Kruschev controlaba el partido, Beria la policía, y Malenkov la maquinaria estatal.

Beria fue, de los tres, el que estuvo menos ágil y más torpón. Da la impresión de que al georgiano, que probablemente temía ser purgado por Stalin, le bastó con la muerte de aquél a quien consideraba el origen de todos los peligros contra su persona; y, consecuentemente, no se dio cuenta de que había una lucha por el poder que realizar, una lucha en la que sus dos contrincantes no tardaron en aliarse.

viernes, mayo 09, 2014

miércoles, mayo 07, 2014

Anchluss (2: por qué Von Schusschnigg llegó a creerse sus propios lereles)

El año 1936, que tan resonantes recuerdos nos presenta a los españoles, fue también muy importante para Austria. Los primeros tres o cuatro primeros meses de esta anualidad marcan el punto en el cual el conservadurismo en el poder en Austria, nominalmente en el marco de un sistema democrático parlamentario pero en la realidad en un sistema semiautoritario, llega a la conclusión de que puede llegar a un pacto con Hitler que le permita preservar su identidad. dos factores fundamentales colaboraron para construir esta errónea convicción. Los siguientes párrafos están destinados a apuntarlos.

lunes, mayo 05, 2014

Anchluss (1: aquel concierto de la Filarmónica)

En el otoño de 1935, mientras los gobiernos españoles de derechas naufragaban bajo el peso de los escándalos y la huida hacia adelante del tándem Alcalá Zamora-Portela, un canciller volvía al trabajo. Se trataba de Kurt von Shuschnigg, primer mandatario austríaco, que había pasado las semanas anteriores confinado y como alelado.

lunes, abril 28, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (8)

Iosif Stalin murió, oficiamente, hablando, un poquito más tarde de las 10 de la noche del día 5 de marzo de 1953. Si no fue una circunstancia plantificada y ejecutada, que esto es algo difícil de establecer, entonces fue algo bastante sorprendente para todos los hombres del poder soviético, muchos de los cuales no es que esperaran la muerte de su jefe, sino que más bien temían la suya propia a manos de él.

viernes, abril 25, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (7)

Verdaderamente, hablar en un congreso del PCUS era una gran cosa. Pero también era un encargo amenazante.

En 1952, cuando Leónidas Breznev estaba en su momento dulce en Moldavia, Iosif Stalin estaba bastante cerca de su muerte, aunque esto es algo que no sabía nadie, salvo él, si tuvo controles médicos y esas cosas; y, por supuesto, si es que se lo cargó alguien, ese alguien.

miércoles, abril 23, 2014

Mis libros: de cómo le encendimos el pelo a los gabachos

En el día del libro, se me ha ocurrido poner este post con fotos de alguno de los libros que he ido atesorando en mi vida de crápula buquinista.

Éste que os coloco hoy es una edición Ad Maiorem Kaiseri Gloriam, de 1910, sobre la guerra francoprusiana de 1870, en la cual los teutones, al grito de ¡ya era hora, coño!, le arrearon a los gabachos más hostias que merengues hacen falta para romper una campana. Tiene todo el sabor de los libros decimonónicos y su gusto inmarcesible por el grabado.

(Quede claro que esto no debe ser interpretado en modo simbólico a unas pocas horas del Madrid-Bayern.)

Auf viedersehen.







El hombre que sabía hacer las cosas bien (6)

El trabajito que le dieron a Breznev en Moldavia no era ninguna panacea. Porque Moldavía presentaba el problema de ser, en el seno de la URSS, una especie de entelequia. Se trataba de una de las repúblicas soviéticas más pequeñas, con una identidad más que discutible, hasta el punto que su pertenencia a la URSS, si hacemos abstracción del argumento estalinista o te unes o te fostio, que es el que realmente imperaba, no se entiende muy bien.

lunes, abril 21, 2014

Historia de la vieja escuela




1914, de Margaret MacMillan, no sólo es el mejor libro que sobre la primera guerra  mundial se ha publicado en este año aniversario del inicio de las hostilidades, sino que es, probablemente, el mejor libro de Historia que se ha publicado en el 2013. Así de claro. Lo es por lo menos para mí, probablemente por la forma directa y sin complejos con que converge MacMillan con mi opinión de cómo se debe de hacer Historia.

La historiografía siempre ha sido, cuando menos en mi opinión, una cueva en la que han hibernado muchos mediocres. Es muy fácil ser historiador y esconder la estulta condición propia. Basta con realizar una de tres acciones, o las tres a la vez, o cualquiera de sus combinaciones. Los tres elementos que permiten al tonto contemporáneo dárselas de experto en Historia son:

Ceñirse mucho. El historiador que dedica toda su vida al estudio único de los dolores prepuciales de Luis XIV, o a la represión de la guerra civil en las cuatro calles que van de Núñez de Balboa a Ortega y Gasset en Madrid, acaba, aunque no se aplique mucho, en ser un experto. Acaba sabiendo cosas que los demás no saben sobre los sufrimientos debidos a la hipersensibilidad del bálano del rey francés, o  cualquier otro tema particular, que de éstos, en la Historia, como en la vida, los hay a millares. Así, nos encontramos con que nuestro experto, en realidad, es un cabestro incapaz de distinguir a la guardia civil de una partida de tártaros de Tamerlán pero, a cambio, como sabe la hostia sobre la circulación fiduciaria en el Cádiz de 1848 durante una epidemia de golondrinos, da la impresión de maestría.

Este primer elemento tiene el problema de que si el asunto al que uno dedica sus investigaciones es una mierda que no le interesa a nadie, es probable que el investigador no pueda salir adelante como tal. Aquí entra en juego el segundo factor.

Este segundo factor es dedicarse a algo que sea de interés político. Normalmente, los departamentos universitarios tienen muy buen olfato para estas cosas; además, el Estado de las Autonomías ha acabado por teñir la intelectualidad académica española de un localismo aldeanista que hace bastante fácil nadar a favor de esta corriente subvencionadora. Al calor del dinero público, aquel Maestro Ciruela, que no sabía escribir y puso escuela, puede llegar a publicar docenas de libros y ser ponente habitual de esos simposios cuyos coffee break pagamos todos.

El tercer elemento, que es el que nos interesa a efectos de esta recensión, es mutar la Historia en una especie de cóctel de saberes a medio camino entre la sociología y la economía. Hace algunas décadas, para sostener esta forma de ver las cosas había que ser marxista, porque fue el marxismo el que introdujo la interpretación de que la Historia no es sino la dinámica de la lucha de clases; pero, la verdad, hoy ya ni siquiera es necesario tener ideología para creer en  esto.  Para el historiador mediocre, basta con tener fe en la idea de que los protagonistas de la Historia son las dinámicas socioeconómicas. A partir de ahí, sus investigaciones se harán mucho más fáciles porque, como sabe cualquier economista y cualquier sociólogo, una serie de datos ordenados en una tabla sirve lo mismo para demostrar que la guerra civil española la provocaron las derechas, que las izquierdas, o incluso los romulianos del doctor Spock.

Hay, sí, una Historia de la vieja escuela que, sin negar que las sociedades, sus percepciones, sus elementos culturales e ideológicos, y el modo en que los hechos económicos los hacen evolucionar, son protagonistas de la Historia, ésta no se acaba ahí. Ésta es la Historia de la vieja escuela, la Historia de los hombres y de los nombres, de los hechos, incluso de las ucronías contrafactuales, tendentes a introducir en nuestras cabezas una idea que es herética a los ojos de los historiadores mediocres y sus libros fatalistas: la idea de que las cosas pudieron ser de otra manera.

Todo el mundo sabe que la primera guerra mundial estalló cuando los serbios se cargaron al heredero de la corona dual austro-húngara, Francisco Fernando. Pero, en realidad, y esto es algo que las 800 páginas de MacMillan describen puntillosamente, esto es una convención de la misma naturaleza que ésa que dice que la Edad Media terminó en 1453. La entrada de los turcos en Constantinopla, se dice, acabó con el Medievo; y no deja de tener gracia que se diga eso, cuando, en realidad, lo que los bizantinos recordarían por mucho tiempo como algo fatal, y que de hecho fue mucho más cruel, fue la razzia de los europeos caminos de las cruzadas, algunos años antes. O sea, siempre han pasado cosas, siempre han ocurrido cosas, antes de lo que señalamos en la convención, que han sido incluso más importantes que el hecho que inocentemente consideramos como el fulminante de todo.

La primera guerra mundial pudo estallar varias veces antes del mentado asesinato. Muy específicamente, cuando Austria-Hungría se anexionó Bosnia, acción que equivalió a meter un bastón cargado de electricidad en un avispero; tras el órdago a juego del káiser alemán en Marruecos con su visita a Tánger; o en el curso de las dos guerras balcánicas previas a la propia guerra global. La médula espinal del belicismo europeo de aquella época, esto es la carrera armamentista naval entre Alemania y Gran Bretaña, llevaba desarrollándose casi dos décadas en 1914 y, a pesar de conversaciones y correveidiles, sus dos protagonistas no habían conseguido solucionarla.

El proceso de generación de las hostilidades, pues, es un proceso muy lento, de varias décadas, durante el cual las sociedades europeas van a abrazando la idea de darse de hostias. Dos de los contendientes, Austria-Hungría y Rusia, probablemente no tenían más remedio que ir a la guerra por razón de las muy complejas circunstancias en las que se encontraban; y trabajaban para ella porque tenían la sensación de que dilatar el estallido en el tiempo les jugaba en contra.

Pero lo realmente importante del libro de MacMillan es su afirmación, que repite en varios puntos del texto, de que sorprende mucho comprobar cómo un proceso que embarcó en un titilimundi de  muerte a Europa entera e incluso a los EEUU, fue, en realidad, un proceso gestionado y decidido por un número muy escaso de seres humanos; no más allá de cincuenta. Es en este punto en el que el análisis de MacMillan abraza la vieja escuela historiográfica que concede a las personas la importancia que en sí tienen. Alabado sea Dios.

Porque la primera guerra mundial no es el choque de las placas tectónicas sociales de una serie de nacionalidades y clases sociales que entran en conflicto. No. La primera guerra mundial es el torpe error de una lista muy corta de monarcas, políticos y militares. Personas que podían haber hecho las cosas de otra manera. No sabemos con exactitud qué habría pasado si hubieran hecho las cosas de un modo distinto; pero sí sabemos que podían haberlas hechos de ese otro modo.

Que los países los gobierne gente estúpida. fútil, ambiciosa o directamente retrasada mental, tiene consecuencias. La presunta sabiduría del pueblo llano tampoco ayuda mucho, porque los pueblos, por lo general, están también surcados por arroyos de estulticia, que la demagogia, además, consigue, muy a menudo, que bajen anchurosos y preñados de caudal; como tsunamis de imbecilidad colectiva. Ésta es, en mi opinión, la gran enseñanza de la primera guerra mundial, el primer gran enfrentamiento bélico global que tenemos bien documentado; enseñanza que el libro de MacMillan transmite de forma prístina, casi sin ruido. Tal vez tenga algo que ver, dicho sea con admiración, el hecho de que la autora sea mujer, porque es muy femenino el gusto que demuestra por los detalles aparentemente nimios sobre las personas; piececitas sin importancia que, sin embargo, ensambladas todas acaban otorgando lógica a eso que llamamos decisiones de alta política.

En consecuencia, no os recomiendo; en realidad, os pido que leáis este libro. A mí, la verdad, el centenario de las narices me la pela. Lo doy por bueno si ha provocado publicaciones como ésta. Si os pido que leáis este libro es porque es un texto de plena actualidad. Si tuviese razón Engels y la Historia la hiciesen los momentos estratégicos del proletariado y la burguesía en su dialéctica histórica, cabría preguntarse para qué leches leer hoy un libro sobre 1914, si al fin y al cabo la sociedad ha cambiado, y mucho, así pues poco podremos aprender. Pero la cosa es que Fede se equivocaba. Mucho. Proletariado y burguesía podrán seguir ad calendas graecas peleándose por la puta plusvalía pero, la verdad, los hechos que luego son Historia los construyen otras cosas, y los construyen también las ambiciones, envidias, cortedades y pies forzados ideológicos de las personas que en cada momento están erguidos en los puteales del poder, tomando decisiones.

Es importante leer este libro para comprender esto. Y luego mirar a Ucrania. O a China. O