No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
En los años de la conferencia de Versalles estaba entrando en la política un japonés de alcurnia, miembro nada menos que del poderosísimo clan Fujiwara, y que se llamaba Fumimaro Konoe, aunque normalmente lo conocemos como el príncipe Konoe. Era muy joven entonces, apenas comenzaba la veintena; pero los no-resultados de la conferencia de Versalles lo marcarían para el resto de su vida. Por eso, cuando fue primer ministro, cosa que pasó varias veces, siempre se destacó por tener una posición abiertamente anti occidental; algo que colaboraría mucho en la deriva de Japón en aquellos años críticos.