Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion
En busca de un acuerdo
La oportunidad ratisbonense
Si esto no se apaña, caña, caña, caña
Mühlberg
Horas bajas
El turco
Turcos y franceses, franceses y turcos
Los franceses, como siempre, macroneando
Las vicisitudes de una alianza contra natura
La sucesión imperial
El divorcio del rey inglés
El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo
De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide
El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar
Yuste
En el momento de la temeridad, hay que buscar planes que sean audaces. Carlos tenía de su lado a uno de los tipos más audaces de su tiempo, Andrea Doria. Doria tenía una capacidad interesante de combinar acciones terrestres y navales, y esto fue lo que le propuso a su emperador; una acción combinada que golpease Marsella de forma sincronizada. A decir verdad, el plan tuvo desde el primer momento sus enemigos; Antonio de Leyva, príncipe de Ascoli, marqués de Atela y conde de Monza, otro de los grandes capitanes del Imperio en Italia, dijo que el tema era una ful. Sin embargo, en julio de 1536, Carlos salió de Asti con un importante ejército de unos 50.000 efectivos al mando de Ferrante Gonzaga y el duque de Alba.