viernes, enero 14, 2022

El fin (6: A la naja)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

El 21 de enero, los representantes de partidos y sindicatos en Barcelona se reúnen para ponerse a las órdenes del gobierno, ellos y todo el personal de sus organizaciones. Es la declaración del 21 de enero una declaración curiosa, puesto que, sensu contrario, su contenido nos viene a decir que dichas organizaciones no habían puesto a las órdenes del gobierno a su gente con anterioridad. Curioso Frente Popular éste que, como el gato de Shrödinger, tan pronto estaba dentro de la disciplina gubernamental, que fuera. El Consejo de Economía de la Generalitat, en una humorada digna de mejor fin, decreta que la semana que viene se detenga la actividad comercial en la ciudad. O sea: no abrirán las tiendas bajo las bombas. Cráneos previlegiados. La razón del cierre mercantil es que todos los hombres de menos de cincuenta años “y aquellas mujeres que voluntariamente se apunten” (micromachismo), se presenten a la autoridad militar, que les dirá lo que tienen que hacer. Zugazagoitia es preclaro a la hora de juzgar el ambiente de esos días. La República, dice, se limita a acopiar gente sin saber muy bien qué hacer con ella; y el espíritu de los movilizados es nulo, como lo es de los propios combatientes, que desertan en masa. Con no poca sorna, se pregunta el político socialista: “¿Por qué no poner en juego los temas catalanistas, tan frecuentemente vueltos, con razón o sin ella, contra el gobierno?” En otras palabras: en las últimas horas, la retórica basada en defender la tierra catalana ha desaparecido. Hasta eso ha desaparecido.

miércoles, enero 12, 2022

El fin (5: El mes de enero de las chinchetas azules)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

Tercer discurso. El día de Año Viejo, Negrín pronuncia un segundo discurso en el mes, esta vez en inglés. Es un largo discurso que pretende convencer a los países del mundo, y muy particularmente a los Estados Unidos, de que no deben dejar pasar lo que está ocurriendo en España. Sí, claro. Los Estados Unidos, que necesitaron que les bombardeasen una base para entrar en una guerra aliado con unos ingleses que eran todavía más conservadores que ellos, iban, por mor de un discursito, a unirse a unos tipos que paseaban retratos de Stalin por las calles.


Los aviones franquistas comienzan a incluir Barcelona en sus trayectos turísticos, y lanzan bombas de recuerdo. En la capital catalana, la propaganda al uso no para de decir (y nadie escribe e imprime casi nada, pues no hay papel ni para los culos) que en Madrid fue igual, y que allí el fascismo no pasó. En la ciudad propiamente dicha no queda ni un solo arma de fuego; hace semanas que todas las pistolas de los polis han sido enviadas al frente (y se asume que los 25.000 fusiles con que se hicieron los anarquistas en Sant Andreu el 18 de julio, y que nunca aparecieron, ya tampoco están en la ciudad). Se anuncia la creación de dos divisiones nuevas, pero todo el mundo sabe que estarán formadas por chavalinos que lo más complicado que han hecho en toda su vida es abrirse una cuenta en Tik Tok. Se crean, eso sí, batallones de ametralladoras cuya misión no es ya detener el avance nacional, sino impedir las deserciones masivas.

Sacando medios de donde no los hay, se moviliza a las fuerzas de Defensa de Costas, a los carabineros de la frontera, así como a los guardias de asalto de la ciudad (que, como ya os he contado, para entonces disparan huesos de aceituna como García Egea). Pero ya no se sabe muy bien si toda esa gente se la moviliza para luchar contra el potente ejército franquista, o para impedir que la retaguardia entre en fase Woke el Último.

En algún momento de finales de diciembre, se produjo un incidente político que yo creo que tuvo su importancia, por marcar el primer punto de distanciamiento público entre el PSOE y el PCE. Fernando Piñuela, miembro del primero de estos partidos, diputado constituyente, catedrático y alcalde de Murcia, fue destituido por Bibiano Ossorio y Tafall, Comisario General del ejército republicano, como Comisario General del Ejército del Centro. Este cese provocó, como digo, una polémica muy agria por parte del PSOE, que quiso ver en el mismo una represalia de los comunistas que, según su percepción, querían el monopolio de la dirección política del ejército republicano. El gobierno Negrín trató de templar gaitas nombrando para el puesto a una persona formalmente miembro del PSOE (bueno, en realidad, de la UGT), Edmundo Domínguez Aragonés. Domínguez, sin embargo, deja bastante claro en su libro de memorias, Los vencedores de Negrín, que para entonces era uno de esos socialistas que, siguiendo por cierto el plan trazado en el 36 a pachas entre Largo Caballero y Santiago Carrillo, se habían ido comunistizando en el marco de una fusión partidaria (finalmente incompleta) en la que el PSOE quiso comerse al PCE, pero fue, en buena parte, el PCE quien se comió al PSOE.

Domínguez, de hecho, justifica plenamente el cese de Piñuela, de quien dice que “su actuación como comisario del ejército no la cumplió como exigía el deber de obediencia a sus superiores, puesto que incurrió en desacato al comisario del Grupo de Ejércitos y al comisario general”. Reconoce, eso sí, que la reacción de muchos comisarios socialistas al cese “llegó a quebrantar la disciplina”, y que “hubo reuniones en las que se propuso la dimisión colectiva de todos los comisarios socialistas”. Edmundo Domínguez afirma (claro que, como todos, lo hace a toro pasado) que fue consciente desde el primer momento de las resistencias que su propio nombramiento había presentado entre los socialistas. Y eso que eran correligionarios teóricos...

Domínguez alude a una reunión general de comisarios de ejército, que se tuvo que celebrar antes de que llegase el año 39 porque, apunta, se produjo antes de que él estuviese formalmente nombrado. No esconde que en dicha reunión, convocada por Ossorio, no se escatimaron críticas al gobierno Negrín y a los comunistas; además, dice que las intervenciones de éstos no fueron muy felices. Critica directamente a Jesús Hernández, comisario de la Agrupación de Ejércitos, por pronunciar un discurso largo, farragoso y sin contenido. Pero, claro, hay que tener en cuenta que cuando Domínguez escribía esto (que, al parecer, fue en Argelia, poco después del final de la guerra) se había convertido en un negrinista cerrado, procomunista por tanto; mientras que Hernández, oh casualidad, era el más significado de todos los comunistas en esa reunión que estaba comenzando el viaje en sentido contrario. Los recuerdos ideologizados están llenos de detalles así.

Un detalle tonto, pero no tan tonto, que nos cuenta Domínguez: en algún día de diciembre, obviamente el 9 o posterior, se celebró en Madrid un acto de conmemoración por la muerte de Pablo Iglesias; apenas fueron 300 personas. El detalle se le quedó grabado a muchos partidarios del Frente Popular, quienes comprobaban que tenían dificultades para seguir siendo un frente y, definitivamente, habían dejado de ser populares.

El 5 de enero de 1939, la Gaceta publica un decreto y una orden complementaria en la que se llama a filas a la totalidad del reemplazo de 1922, así como a todo ciudadano que cumpla los 18 en los tres primeros meses del año 39. Cada movilizado, dice la norma, deberá presentarse en su lugar de destino llevando desde casa: “manta, calzado y cubierto, todo en buen estado”. En otras palabras, en ese momento el ejército de la República es incapaz de dotar a sus reclutas con cuchara y tenedor.

En todo caso, no es sólo que no dará mucho tiempo para la leva; es que, para entonces, la desmoralización es tal en los hogares republicanos, a lo que hay que sumar los muchos, muchísimos, en los que la moralización nunca fue muy alta, que buena parte de los llamados nunca responderán a esa convocatoria.

La Prensa en Cataluña, o por lo menos la que sigue publicándose, se solaza en esos tiempos con los sonoros triunfos que las tropas republicanas, dice, están obteniendo en el área de Córdoba. Y no les faltaba cierta razón. Ciertamente, en el sector de Peñarroya del frente cordobés se ha producido una acción sorpresa que, el 5 de enero, había conseguido romper la línea nacional. Fue una acción sorpresa con determinados elementos de éxito. Pero la propaganda republicana se lo tomó por donde no era: el general Escobar, jefe del ejército de Extremadura, por fin realizaba la ofensiva esperada que, por lo visto, le iba a dar la vuelta a la guerra.

Los republicanos lograron realizar una bolsa en el sector de Peñarroya de respetable profundidad: hasta 34 kilómetros avanzaron. Sin embargo, su problema fue siempre que las fuerzas franquistas en sus flancos lograron resistir, con lo que la bolsa, que en una situación ideal debía ser como una mancha de tinta, en realidad era un pitillo. Haciendo uso de su principal ventaja: la capacidad de aprovisionarse, los nacionales se apuntaron a un enfrentamiento de desgaste, un intercambio de golpes en el que los republicanos no podían sino perder el resuello. El 4 de febrero, todo el pescado estaba vendido.

El 8 de enero, una vez hecha la primera digestión de la ofensiva republicana de Peñarroya, Franco envía una orden en la que ordena a sus generales que, si es necesario cambiando la estructura de los cuerpos de ejército, el Ejército del Norte deje en sus posiciones defensivas y consolidadas lo estrictamente necesario, y los efectivos sean desplazados a las posiciones de avanzada. El Generalísimo de las tropas nacionales ha olido el cansancio de su enemigo, y quiere tomar Cataluña a toda leche.

El Cuerpo de Ejército conocido como de Navarra será la gran espadaña del avance franquista. El día 11 conquista Montblanch, lo que significa que deja prácticamente sorda y ciega a la Tarragona republicana. El 14, cae Valls. El general José Solchaga Zala, comandante del Cuerpo de Navarra, comunica a sus mandos que las órdenes que tiene son cortar el acceso al mar de los republicanos y tomar Tarragona ciudad. Los nacionales, en efecto, llegan a la periferia de la ciudad aproximadamente a las tres de la tarde del 15 de enero. Reus cae ese mismo día.

Para entonces, el ejército republicano en Cataluña no tendría, cabe calcular, ni 80.000 efectivos; eso, más el hecho, que Vicente Rojo reconoce en sus memorias, de la absoluta falta de apoyo de la retaguardia. Una forma elegante de decir que los catalanes (aunque ahora sus bisnietos no se quieran ni acordar) estaban deseando que llegase Franco.

Este mismo día 15, el gobierno republicano publica en la Gaceta la movilización general. Llama a los reemplazos de 1917, 1918, 1919, 1920 para diversos ejércitos, 1915 y 1916 para trabajos de fortificación. Se decreta que todo español de menos de 50 años que no sea un inválido queda a disposición de la Inspección General de Ingenieros; y, lo que es un disgusto para muchos sindicatos y partidos del Frente Popular, que los ya declarados inútiles para el servicio militar (como digo, muchos de ellos militantes, hijos y amigos de militantes, que se habían librado de luchar porque yo lo valgo; el liberado de toda la vida, pues) habrán de presentarse en la Caja de Reclutas. Eso sí, la medida fue, ya, muy poco efectiva, y no sólo los militantes partidarios y sindicales, sino muchísimas de las familias de medio pelo pasaron de enviar a sus hijos a una guerra que sabían perdida.

El día 16, Franco envía una orden al ejército combatiente en la que viene a decir que se aproveche cualquier ocasión de combatir en la que se huela que el enemigo está débil; que no se espere, que no se planifique en exceso: si se ve la ocasión de golpear, hostia que va. El objetivo, dice, es obligar al ejército republicano a luchar lo más lejos posible de Barcelona y de la frontera pirenaica. Franco, por lo tanto, quiere crear cuantos más pockets mejor, donde embolsar tropas republicanas y obligarlas a bajar los brazos.

Así las cosas, avanza el mes de enero y todo son chinchetas verdes (bueno, mejor azules) en el calendario de Franco. El 16 cae Cervera. El 20, Pons. El 21, Igualada y Villafranca del Penedés. El 22, Sitges. El 24, se llega al Llobregat y, lo que es más importante, se sitúan piezas de artillería con rango de tiro suficiente como para hostigar el puerto de Barcelona. A partir de ese día, pues, por mar, de Barcelona, sale y entra sólo aquél a quien Franco le da permiso. De ahí que se produjese el éxodo masivo a pie y por la frontera que hemos visto en mil fotos. Cabe, lógicamente, preguntarse cuál habría sido la suerte de centenares, miles de españoles, si los estrategas de la República, en lugar de embarcarse en esa batalla del Ebro que, en realidad, sólo servía para la propaganda de resistencia de los comunistas, hubiesen guardado todos los importantes recursos que allí perdieron para proteger adecuadamente un éxodo desde el puerto de Barcelona. Es probable que las fosas que ahora se quieren abrir estuviesen bastante más aligeradas.

lunes, enero 10, 2022

El fin (4: La ofensiva de Cataluña)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over

En Madrid, en efecto, se diseñó una ofensiva, al mando del coronel Casado. Esta ofensiva, sin embargo, como digo se cita poco; en parte porque, empezar, empezar, lo que se dice empezar, casi ni siquiera empezó. Para ser exactos, duró nueve horas, nada más. El first strike de la artillería nacional ante los primeros avances republicanos fue tan fuerte y, sobre todo, preciso, que Casado se dio la vuelta. Es importante lo de preciso: el capitán encargado de redactar la orden de la ofensiva escribió una copia y se la pasó a los nacionales. A finales de 1938, había un huevo de gente buscando ya su mero beneficio.

viernes, enero 07, 2022

El fin (3: Últimas esperanzas)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over



El último canto del cisne en materia de negociaciones de paz es el viaje de Indalecio Prieto el 27 de noviembre de 1938. A Prieto, a quien nadie quiere ya en Madrid, lo mandan a Chile. Negrín le dice que trabaje por una confluencia de países latinoamericanos en favor de la paz. Pero, vamos, lo mismo le pudo decir que le trajese la receta del pisco sauer porque, la verdad, perdida la batalla del Ebro, hubiera sido del género imbécil considerar que un tipo que no se había querido sentar en una mesa de negociación cuando apenas controlaba un tercio del territorio de España, lo iba a hacer ahora que iba 5-0 en el partido, quedaban tres minutos y a la República le habían expulsado a tres jugadores.

miércoles, enero 05, 2022

El fin (2: Los tenues proyectos de paz)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over


 

A nadie ha de extrañar que en muchos libros más o menos contemporáneos de los hechos en los que se habla, por ejemplo, de la batalla del Ebro, sus autores se refieran al ejército republicano utilizando la expresión “el ejército comunista” o “las tropas comunistas”. Para entonces, en la zona republicana había una quiebra básica, que permanecería en el exilio en medio de polémicas interminables y cada vez más agrias, entre los comunistas y todos los demás. Jacinto Thoryo, un combatiente y escritor anarquista, dejó escrito que en los campos de concentración franceses, si alguien se paseaba entre los exiliados españoles preguntando quién era responsable de la derrota de la guerra, rara vez encontraba alguien que citase a Franco, porque todo el mundo culpaba a los comunistas. Es un sentimiento importante.

lunes, enero 03, 2022

El fin (1: El Ebro fue un error)

El Ebro fue un error
Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquen, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over



En la parafernalia historiográfica sobre la Guerra Civil Española, habitualmente bastante pringadita de presentismos, teóricas subvencionadas y movidas diseñadas para ser consistentes con ideas presentes, suele haber una suerte de valoración épica de la batalla del Ebro. Son muchos los libros que tienden a considerar estas operaciones, lideradas y coordinadas por Juan Modesto, como algo así como ese momento, en un partido de fútbol, en el que el contrincante débil, ya desahuciado en las casas de apuestas, se reivindica mediante una jugada en el minuto 88, jugada en la que roza el gol o incluso lo mete; momento en el que el delantero anotador tiene el gesto inútil de agarrar la pelota y llevarla hasta el centro del campo, como esperando todavía empatar un partido que va 5-1. El Ebro, para la memoria histórica, viene a ser más o menos lo que fue en su momento para los comunistas, y sólo para los comunistas: un pretendido punto de inflexión en el que una guerra que ya se había perdido un año antes con la pérdida del Frente Norte iba a dar la vuelta, de la mano de una presunta superioridad militar, unida al proceso por el cual a Europa se le iba a caer el velo sobre Hitler y sus aliados y, consecuentemente, se iba a gastar en España lo que tenía, lo que no tenía y lo que no se quería gastar. Juan Negrín, primer ministro, esperaba que llegase una Úrsula von der Leyden Leyen que lo regase con dispositivos militares apenas desarrollados en alguno de los países que debería dárselos (es el caso de Reino Unido) por el bien de la resiliencia y la sostenibilidad republicana frente al fascismo con el que esas mismas potencias, Francia y UK, estuvieron negociando hasta el último minuto. Negrín es que era muy peliculero, y le ha legado esas visiones hollywoodienses a más de media historiografía española.

miércoles, diciembre 22, 2021

Carlos (y 29): Yuste

    El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar

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Esta toma, casualmente, termina la serie sobre Carlos I y, de paso, acaba justo en el momento en el que me voy de vacas. Así pues, que paséis buenos días, que salgáis bien del año y, nada más se os pase la curda, ya estaremos aquí con más posts.

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Carlos de Habsburgo le confesó una vez a un embajador portugués, Lorenzo Pérez, que la idea de retirarse del poder en vida le había surgido regresando de Túnez, en 1535; allí, durante las operaciones militares, se había percatado de sus primeras canas. A pesar de ello, entre el día de su epifanía confesada y el día de su abdicación habrían de pasar tantos años como llevaba reinando cuando regresó de África. Muchos historiadores, y el propio Carlos, han considerado que, puestos a retirarse, lo debería haber hecho después de Mühlberg. Pero su hijo Felipe, quien finalmente no se revelaría como un parvenu en el oficio real, fue sin embargo un gobernante de maduración lenta y, por lo demás, durante la estancia filipina en los Países Bajos, en 1549, el padre se dio cuenta de que estaba muy verde en los asuntos concernientes a sus Estados no españoles.

lunes, diciembre 20, 2021

Carlos (28): Papá, yo no me quiero casar

   El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar

Dado que los ingleses habían aceptado en lo esencial los términos del matrimonio, éste comenzó a ponerse en marcha. La delegación oficial formada, formada por más de 400 personas, desembarcó en Douvres en las primeras jornadas de diciembre de 1553 y se llegó a Londres el 2 de enero de 1554. Venían a concluir el contrato de matrimonio per verba de praesenti. Así firmado se enviaría a Felipe el cual, una vez recibidas en Valladolid las dispensas papales oportunas, saldría en el avión de la British. Ni siquiera se celebraron esponsales por poderes. Siendo el procedimiento per verba de futuro el finalmente impuesto por el Consejo Privado, las ceremonias deberían celebrarlas los esposos algún día. Todo se hizo para poder concluirse a toda leche.

viernes, diciembre 17, 2021

Carlos (27): El largo camino hacia el altar

  El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar Yuste    



Por una vez, y sin que sirva de precedente, los horóscopos tenían razón: el rey Eduardo, al contrario de lo que suele ser el patrón entre los monarcas ingleses, no iba a vivir mucho. Enfermizo y esas cosas, el chavalote comenzó a dar muestras de estar pidiendo pista; y esto hizo saltar todas las alarmas en la cabeza del emperador Carlos. Visto cómo estaba evolucionando la política inglesa y siendo tan consciente como lo era el Habsburgo de que los protestantes tenían (tienen) un punto talibán de la hostia morena, Carlos dio en pensar que, con Eduardo al borde del gua, María estaba en real peligro de palmarla de alguna forma más o menos elegante. Así las cosas, envió a Londres a un pequeño ejército de embajadores a parlamentar con John Dudley, duque de Northumberland, para asegurarle, entre otras cosas, que no pensaba en nada que no fuera un casorio de María con un inglés.

miércoles, diciembre 15, 2021

Carlos (26): De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide

  El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar  Yuste   

Al contrario de lo que mucha gente piensa, Enrique VIII nunca fue protestante. Siendo rey de Inglaterra había elaborado y firmado una especie de manifiesto contra Lutero, un escrito que había hecho que León X lo saludase como defensor de la fe católica; y no hay indicios de que, a su muerte, el rey se hubiese bajado siquiera de una de las comas del escrito. El anglicanismo, de hecho, mantuvo la esencialidad de la creencia católica y, sobre todo, de su liturgia; algo que se hace bastante evidente cuando vemos en la tele una boda o un funeral real, en la que el obispo de Canterbury aparece vestido exactamente igual que un sacerdote en una misa mayor en Tapa de Casariego. Ciertamente, el enriquismo, en mayor medida que el anglicanismo, practicó una violencia contra los monasterios católicos; pero eso, en todo caso, no respondió a otra cosa que al hecho de que Enrique necesitaba pasta, pues se le habían terminado los recursos heredados de Enrique VII; así pues, le encargó a Thomas Cronwell un proyecto para incrementar sustancialmente sus recursos, y Cronwell se fue, como los políticos liberales decimonónicos españoles, a por donde estaba la riqueza.

lunes, diciembre 13, 2021

Carlos (25): El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo

 El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar  Yuste   


Cuando el Papa demostró claramente que no le daban ni la fuerza ni las ganas para oponerse a Carlos en el asunto del divorcio del rey de Inglaterra, Enrique tomó la decisión de todo político anglosajón que se precie: rodearse de abogados. Aquel ejército de Rudi Giulianis se lo dejó bien claro: a los ojos del canon e incluso de las diferentes teologías (hasta rabinos contrató), el matrimonio del rey con la infanta española no había sido un verdadero matrimonio.

viernes, diciembre 10, 2021

Carlos (24): El divorcio del rey inglés

El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar  Yuste   


El rey español, en cuanto tuvo claro que sus posibilidades de ser rey de Romanos nunca habían existido, consideró finiquitado el compromiso de casarse con una hija de su tío Fernando, y prefirió negociar su matrimonio con otra prima, la infanta María de Portugal; proyecto que, asimismo, sería abandonado cuando María La Pilas se sentó en el trono inglés. Sin embargo, de alguna manera el pacto de familia de 1551 habría de cumplirse: la cuarta mujer de Felipe, madre de hecho de su sucesor, habría de ser Ana, la hermana mayor de Maximiliano.

jueves, diciembre 09, 2021

Carlos (23): La sucesión imperial

 El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar Yuste  


Con cincuenta años, que para la época era una edad provecta pero no necesariamente preocupante en el caso de un monarca, Carlos de Habsburgo era un anciano acabado. En enero de 1548, Carlos comenzó a redactar su célebre testamento político; un documento que está presidido por la que en ese momento era su gran preocupación, ahora que se sentía en sus últimas horas: alcanzar un acuerdo entre su hijo español, por así decirlo, Felipe; y los hijos imperiales de su hermano Fernando.

miércoles, diciembre 08, 2021

Carlos (22): Las vicisitudes de una alianza contra natura

El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar
Papá, yo no me quiero casar Yuste  


En Nagyszombat (Tyrnau), Eslovaquia, los Estados húngaros celebraron una reunión, en la que se escucharon fuertes reproches hacia el emperador Carlos. Los húngaros que ambicionaban resistir frente al turco se sentían engañados por él, dado que no había cumplido su promesa de presentarse personalmente con una armada cristiana en el teatro húngaro. Aquella propuesta era la que le había granjeado a Carlos la ayuda de la Dieta; pero lo que había hecho con ella había sido negociar la paz.

viernes, diciembre 03, 2021

Carlos (21): Los franceses, como siempre, macroenando

 El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar Papá, yo no me quiero casar Yuste 

El nick Barbarroja se convirtió rápidamente en un amplio proveedor de angustia en el Mediterráneo. En realidad, Barbarroja eran dos y hermanos, Arudj y Keir Haradin. El primero de ellos murió en 1518 para ser heredado por uno de sus hijos. Como he dicho, la caída de Rodas sirvió para fortalecer a los piratas, lo que colocaba al Imperio en una situación de gran debilidad, sobre todo mientras Andrea Doria siguió siendo fiel al pérfido gabacho. Ese cambio estratégico, en 1528, cambió las cosas, y fue paralelo a un cierto cambio de actitud por parte de los venecianos, hasta entonces cerrados partidarios de las coaliciones anti austriacas y, desde entonces, más moderados.

miércoles, diciembre 01, 2021

Carlos (20): Turcos y franceses, franceses y turcos

El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar Papá, yo no me quiero casar Yuste 

A lo largo de 1541, los turcos se hicieron con el control de la planicie húngara y de la joya de la corona: Buda. Fernando, a duras penas, mantuvo el control de las provincias montañosas del norte, lo que normalmente conocemos como Eslovaquia. Tampoco pudo el imperio musulmán anexionarse Transilvania, que siguió en poder de la familia Zapolyai, concretamente de Isabel de Portugal, la viuda del rey como veremos fallecido en 1540, que reinaba guardándole el sitio a su hijo, Juan II, hijo póstumo de su padre.

lunes, noviembre 29, 2021

Carlos (19): El turco

 El rey de crianza borgoñona

Borgoña, esa Historia que a menudo no se estudia
Un proyecto acabado
El rey de España
Un imperio por 850.000 florines
La coalición que paró el Espíritu Santo
El rey francés como problema
El éxtasis boloñés
El avispero milanés
El largo camino hacia Crépy-en-Lannois
La movida trentina
El avispero alemán
Las condiciones del obispo Stadion En busca de un acuerdo La oportunidad ratisbonense Si esto no se apaña, caña, caña, caña Mühlberg Horas bajas El Turco Turcos y franceses, franceses y turcos Los franceses, como siempre, macroneando Las vicisitudes de una alianza contra natura La sucesión imperial El divorcio del rey inglés El rey quiere un heredero, el Papa es gilipollas y el emperador, a lo suyo De cómo los ingleses demostraron, por primera vez, que con un grano de arena levantan una pirámide El largo camino hacia el altar Papá, yo no me quiero casar Yuste 

La no victoria de Metz tuvo el efecto casi inmediato de que un rey y emperador Carlos crecientemente acosado por la enfermedad y por los sinsabores creados por los suyos, pues tanto los príncipes alemanes como el Papa lo eran, terminase por declamar un ominoso ¡a mama'la a Pa'la! De forma automática, Fernando de Habsburgo se convirtió en el único responsable de los asuntos imperiales; de repente, estos temas, al titular del momio le aburrían y ponían de muy mala hostia. En 1555, Carlos ni siquiera tuvo el gesto de presentarse en la Dieta de Ausburgo, hasta ese punto concebía los problemas de los putos alemanes como de otro. Para él, además, habría sido una terrible humillación personal tener que haber asistido personalmente a la reunión constitucional que dio carta de naturaleza a los acuerdos de Passau que, como sabemos, hasta habían sido cerrados entre dos interlocutores a los que él no concedía vitola de tales.