El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La varienta inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto
En aquel entorno cebado por el general Serrano para que la pregunta de quién podría ser el nuevo rey de una monarquía española restaurada quedase permanentemente en paso, los que se sentían como principales candidatos a dicha candidatura, sin embargo, estaban en situación de debilidad. Los borbónicos (cuya primera victoria de opinión pública es que todo el mundo, historiadores e historiatrices incluidos, los llame alfonsinos) tenían un candidato muy poco potente. El hombre que debía racionalizar el avispero español, cerrar heridas y promover una especie de Era Meiji castiza, apenas tenía pelos en los cojones y gastaba el típico rostro de atontolinao que provee la genética leonorita. En un entorno en el que los que aceptaban que el experimento republicano había sido un puto programa de Carlos Latre, éstos también tenían, mayoritariamente, la sensación de que lo que necesitaba España era un rey Chuck Norris. Por ello, las diferencias entre Alfonsitín y Federico Carlos se hacían evidentes. Cánovas y su gente tenían un problema de candidato; y no podían cambiarlo porque la otra alternativa: la Gorda, era totalmente inplanteable. Incluso borbónicos convencidos como el general Concha dudaban de Alfonso por estar demasiado verde.