viernes, marzo 04, 2022

El fin (28: El Día D)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquean, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over



El Consejo Asesor del SIE, que no se reunía desde el 27 de febrero, lo hizo aquel 4 de marzo, mientras Cartagena hervía. En dicha reunión, Mariano Tráver, que seguía conduciendo la misma porque Taboada seguía en zona nacional, dio cuenta de que se había visto con Serrano, y que lo había encontrado con un bajón de la hostia. Serrano le contó a Tráver que Franco había roto las negociaciones con las personas del bando republicano dispuestas a las mismas, afirmando que sólo había la opción de rendirse o sufrir el ataque final de las tropas nacionales. Serrano quería tener una reunión con “los representantes de los partidos políticos” para ver si hacían algo; también dijo estar esperando a un emisario del general Miaja. Negrín, contó, venía a Madrid para asumir sus plenos poderes. Como vemos por este testimonio, la información que tenía la Junta Política de FET y de las JONS sobre la marcha real de los contactos era muy imprecisa. Da la impresión que, tras la marcha de Taboada de Madrid, incluso el SIE quedó fuera de juego.

Serrano le dijo a Tráver que FET y de las JONS estaba pensando en lanzar un manifiesto público; algo que Tráver, con muy buen criterio en mi opinión, consideraba una conachada.

El fondo de todo el tema, según relata Tráver, es que el Servicio de Información de la Falange madrileña ha fracasado estrepitosamente con sus entrevistas y contactos, algo que Serrano reconoce ahora sin ambages; pero que, más que probablemente, en las semanas anteriores ha estado muy lejos de admitir, sobre todo, por la vía de los hechos, coordinando la acción de dicho Servicio con la Junta Política y el SIE.

Bueno, y hemos llegado al 5 de marzo, que es el día. Son muchas las cosas que pasan en esa jornada y en diferentes lugares. A ver si soy capaz de contarlas todas.

En primer lugar, en las primeras horas del 5 de marzo, con el megafollón en Cartagena en plena ebullición y tal y tal, ya nadie duda de que Casado está preparando algo muy gordo en Madrid. De hecho, si hemos de creer a Tagüeña, Domingo Girón, que recordemos era el secretario del PCE en Madrid, lo despertó de primerísima hora para informarle de que se estaba creando una especie de comisión formada por jefes militares comunistas con mando en tropa en Madrid, con la intención de tomar medidas “en caso de sublevación”. Quizá éste fue el gran problema de las fuerzas comunistas en Madrid: puesto que no contaban con la aquiescencia de Negrín para dar un golpe de mano, puesto que el primer ministro temía las consecuencias, sobre todo internacionales, de que se produjese un golpe de Estado de signo comunista en la República terminal, no podían hacer lo que querían, que era cesar a Casado; tenían que esperar a que éste moviese ficha. Los sucesos posteriores, por otra parte, vienen a sugerir que la dicha comisión no debió de estar muy bien formada o coordinada.

Si los comunistas tenían ese nivel de información y de inquietud, es imposible, a pesar de las dificultades que presentaban las comunicaciones en zona republicana, que Negrín no estuviese en la misma situación. El jefe del gobierno tenia que estar, si no puntualmente, sí suficientemente informado de los contactos que mantenía el jefe de la defensa de Madrid, y los porqués de dichos contactos. Es un hecho que es así, y más que probable que Negrín conocía el valor estratégico fundamental del día 5, porque en esa jornada y en la anterior hará todo lo posible por conseguir que Casado se presente en Elda, como sabemos.

El golpe de Casado, de hecho, llega tarde, según el criterio de muchos historiadores y del propio Casado. El coronel, en efecto, confiesa la relativa precipitación de los movimientos del día 5 en una de las varias comunicaciones que se intercambiará con el ejército nacional tras la consolidación del Consejo Nacional de Defensa, aseverando, concretamente, que, de haberse retrasado su movimiento 48 horas, se habría producido un golpe de Estado comunista de facto en el área republicana. A esto hay que unir los testimonios que ya hemos visto, en el sentido de que Casado se había pavoneado ante Centaño y Guitián, en el sentido de que podía montar la tangana a finales de febrero.

Otra tesis, posible, es que el golpe comunista, en realidad, ya se hubiese producido. Es una posibilidad que sugiere, por ejemplo, el escritor Luis Romero. Romero, al analizar en su libro los decretos del día 3 de marzo, recuerda que el Boletín del Ministerio de Defensa era para entonces una publicación irregular, que de hecho se había dejado de hacer con la caída de Barcelona y Negrín habría resucitado para el 3 de marzo, de la que se tiraban muy pocas copias. Por lo tanto, insinúa Romero que podría existir un segundo boletín, del 4 de marzo, que sería el que completaría el círculo: si el 3 se diluyen los poderes de Casado y la Triple M, en el 4 serían, ya, formalmente sustituidos por mandos comunistas; probablemente Modesto, Líster, quizás Ciutat, u otros. Este boletín, dada su escasez, no habría sobrevivido a la guerra.

La tesis es atractiva pero, sinceramente, yo no la veo. Aun no existiendo copia de dicho boletín ni para los inquisitivos ojos de Salas Larrazábal, Aznar, Martínez Bande u otros investigadores que, en tiempos de Franco, tenían los archivos abiertos, yo creo que su traza en la memorabilia, sobre todo comunista, debería de existir. Más bien me inclino a pensar que el que tiene razón en esto es Casado; que, tal vez, el propio día 5, o el 6, quizá el 7, eran las fechas señaladas para ese aldabonazo; y que, en ese sentido, la proclamación del Consejo llegó a tiempo, aunque por un cortacabeza. (Aunque lo mismo Romero tenía razón y está en los archivos digitales; yo es que para esas cosas soy muy torpe).

En todo caso, antes de meternos en el follón de Madrid, vayámonos a Cartagena. Avanzada ya la madrugada del 5 de marzo, y aprovechando el caos ya comentado generado por la llamada de Miguel Buiza, Galán estuvo hablando con Ramírez, sabedor ya para entonces de que era uno de los elementos de la sublevación más republicano, por así decirlo, y llegó a ciertos acuerdos con él. Ramírez, sin embargo, le puso una condición fundamental a Galán: la brigada enviada por el gobierno y que estaba en las afueras de la ciudad debía permanecer ahí y no implicarse en nada. Galán, aparentemente, lo aceptó, y por ello él y Ramírez pactaron enviarle un emisario a Armentia en el Parque de Artillería, sobre todo para que, manteniendo el control básico sobre la ciudad (o, más bien, ser quien más nivel de control tenía sobre la misma) le otorgase a Galán el salvoconducto para poder salir de la ciudad a parlamentar con los de la 206.

Los emisarios que llegaron al Parque, sin embargo, se encontraron allí la situación que ya he descrito. En las dependencias patrullan militares, pero también paisanos que nadie se sabe de dónde salen; y, sobre todo, militares en su día expulsados de las Fuerzas Armadas por sus tendencias golpistas. De hecho, no consiguieron hablar con Armentia. Algunas de las personas con las que pudieron hablar les dieron la consigna de los artilleros, Por España y por la Paz; pero esas mismas fuentes les recomendaron que, si lo veían jodido, cambiasen a Viva Franco y Arriba España. A la vuelta de los emisarios, Galán abandonó el proyecto de contactar con la 206, puesto que no tenía ninguna garantía de conseguirlo si lo intentaba.

La situación, sin embargo, hay que enderezarla. Norberto Morell, haciendo valer su categoría de jefe, siquiera nominal, del Arenal, es encomendado para ir al Parque de Artillería. Morell y su gente sí que conseguirán ver al coronel Armentia, quien les recibe al frente de un extraño gazpacho de militares y paisanos.

Morell les conminó al cese de las patrullas que controlaban la ciudad y la liberación de todos los republicanos que se encontraban detenidos o retenidos; y les ofreció como zanahoria la promesa de Galán de dimitir como jefe de la Base si regresaba el orden. Armentia, en ese momento, lo que está es obsesionado con el hecho de que la pieza más importante de la sublevación: la salida de los barcos de la Flota, no se haya producido. Por lo tanto, le dice a Morell que conditio sine qua non para llegar a ningún acuerdo es que, conforme lo que estaba convenido desde las horas de la entrevista de Los Llanos, los barcos salgan del puerto (es decir, dejen al bando republicano sin Marina); o, caso contrario, puesto que tiene el control de las baterías de costa, comenzará a dispararles.

En esas condiciones, el acuerdo era dificilísimo, yo diría que imposible. En primer lugar, porque las condiciones puestas por cada uno eran muy difíciles de cumplir por el otro. Pero yo creo que el principal problema que orbitaba alrededor de aquella negociación era el hecho palmario de que ninguna de las dos partes tenía un control total de “los suyos” y, por lo tanto, aun aceptando formalmente tal o cual condición, estaba por ver que luego pudiera cumplirla. Además, da la impresión de que Armentia y los suyos no consideran que Morell sea la persona con la que deben negociar, porque es un hecho que Morell contacta por teléfono con Capitanía y convence a Ramírez de que sea él quien se pase por el Parque de Artillería.

La llegada de Vicente Ramírez, sin embargo, no es que arregle las cosas; las pone peor. En mi opinión, es decir mi interpretación de los hechos, en las horas que habían pasado desde que a Galán lo habían metido en un despacho semidetenido, el jefe la Base designado por el gobierno había hecho una importante labor de zapa fajándole los bajos al teórico líder de la sublevación. Siempre en mi opinión, pues estas cosas son difíciles de adverar, Galán había jugado con eficiencia frente a su interlocutor la baza de la brigada 206. Es posible que exagerase algo las intenciones y medios de esta unidad, sobre lo que los sublevados no podían saber nada. Siendo como eran los alzados mayoritariamente anticomunistas y proclives a pensar en la posibilidad de que los comunistas provocasen una masacre en Cartagena sin pestañear, Galán creo yo que consiguió convencer a Ramírez de que lo más importante era evitar que la 206 provocase un baño de sangre murciana. Así pues, si al inicio de la mañana Ramírez había sido un sublevado de libro, el hombre que llegó al Parque de Artillería de madrugada parecía más bien el jefe de gabinete de Galán. Le propuso a Armentia y su gente que la sublevación se suspendiese y aplazase (como si fuera un concierto de Justin Bieber) y que cesase también la amenaza sobre los barcos de la Flota. Sin embargo, estas propuestas, si quizás Armentia, como militar con mando, podía llegar a comprenderlas, eran incomprensibles, inasumibles, para el abigarrado Estado Mayor de urgencia que lo acompañaba. Armentia, por su parte, sigue insistiendo en que la Flota debe zarpar ya; y entre su gente, sobre todo, Calixto Molina se muestra especialmente excitado. Ramírez no recibió ninguna buena impresión de todo aquello, así pues, pretextando que tiene que volver a contactar con la Flota, trata de regresar a Capitanía. Norberto Morell quedó en el Parque en calidad de rehén y, de hecho, dos personas de entre los sublevados del parque se fueron con Ramírez, para controlarlo.

Vicente Ramírez, ya en Capitanía, se mete en el despacho en el que está Galán, dice que para comunicar con Buiza; pero no deja que ninguno de sus nuevos acompañantes esté dentro con ellos. Al rato sale, le dice al capitán Meca (uno de sus “escoltas”) que ha hablado con Buiza, y le entrega un mensaje de éste a Armentia en el que dice que la Flota está dispuesta a hacerse inmediatamente a la mar y conminar al gobierno a negociar una paz.

Cuando leyó este mensaje, Armentia decidió que tenía que trasladarse a la Base, adonde se traslada con Meca y otros de la partida. Para entonces, el coronel ya no se fía de Ramírez. Considera que su otrora compañero de sublevación es más proclive a ponerse del lado del gobierno que de la sublevación misma y, por lo tanto, ya sólo se fía de Buiza, a cuyas garantías de seguridad de hecho se acoge para ir al edificio,

Al llegar a la Base, Armentia se reúne con Ramírez, Galán, Semitiel y Morell, que ha vuelto al edificio. En dicha reunión, todas las sospechas sobre el cambio estratégico de Ramírez se hacen evidentes. En realidad, la propia selección de participantes en el encuentro, limpia de falangistas, ya lo dice todo. Esta situación es la que estaba esperando Galán, quien decide comunicar por cablegrama con Negrín; le recomienda que nombre jefe de la Base a alguien que pueda ser aceptado por todos los mandos de sensibilidad republicana: más o menos, los que están reunidos, más Buiza. Negrín responde diciendo que ya ha nombrado a Antonio Ruiz. Ruiz, de hecho, había sido jefe de la Base al principio de la guerra, y el día anterior había viajado a Elda. Allí, en la posición donde se encontraba el gobierno, hizo un poco las veces de transmisor de los puntos de vista de los republicanos más templados. Ruiz convenció a Negrín, o quizás Negrín ya estaba convencido él solito, de que la solución Galán no había funcionado. La Base se había sublevado, de una forma u otra, y, por lo que lograban saber, ni siquiera los sublevados eran capaces de controlar las veleidades franquistas de mucha gente; lo que abría la posibilidad de que los nacionales pudiesen llegar a controlar un puesto militar de importancia fundamental a espaldas del ya acorralado ejército de la República. Por lo demás, a esas horas el gobierno no sabía nada de la 206 pues, al fin y al cabo, a esas horas Artemio Precioso todavía estaba arreándose unas hostias como panes tropezando en la oscuridad.

7 comentarios:

  1. Anónimo9:38 a. m.

    "Este boletín [el del 4 de marzo], dada su escasez, no habría sobrevivido a la guerra."

    La tesis de De la Cierva siempre ha sido que Casado permitió que se imprimiera el boletín de ese día, para tener las pruebas en la mano, pero no permitió sus distribución el día 5, como correspondía. Para ello contó con la ayuda del comisario de la imprenta, que terminó sus días fusilado por los comunistas precisamente por esta razón. De los ejemplares impresos (que tampoco debieron ser muchos) ni él ni nadie había encontrado rastro alguno allá para el cambio de siglo.

    Tirando de memoria, todos los testigos coinciden en que relevaban a Casado y le sustituían por Modesto o Líster. El Ejército de Levante cambiaba también de jefe, que pasaría a ser Líster o Tagüeña. Se creaba un nuevo Ejército de Maniobra a las órdenes de Modesto o Líster con las tropas de reserva de Guadalajara, Albacete y Murcia, incluyendo el "Cuerpo de Guerrilleros" de Alcalá y la División de Ingenios Blindados. Esta gran unidad sería la responsable de mantener la resistencia a ultranza en torno a Cartagena y/o (no está claro) Alicante.

    Y unos cuantos otros cambios en la cúpula militar que bailan según sea uno u otro el testigo.

    En general el esquema es coherente en casi todos los testimonios, y no coinciden en los nombres y en los detalles.

    Eborense, estrategos

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    1. La tesis de La Cierva es atractiva y además abre, para mi gusto, la posibilidad de que ese boletín aparezca algún día.

      Hay una anécdota curiosa, que nos dice que bien entrados los años sesenta, la DG de Cine franquista montó una especie de congreso sobre el cine español y, en los preparativos y por pura casualidad, encontraron una copia de El Acorazado Potemkin. Aparentemente, el Ministerio ocupaba una sede que en la GCE había sido usada por los comunistas, quienes habrían traído varias copias de la peli para proyectarlas. Una de ellas se quedó en un cajón y nadie reparó en ella en un cuarto de siglo.

      Esta anécdota apunta a que podría haber todavía muchos cajones sin abrir.

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    2. Anónimo1:27 p. m.

      A ese respecto, sé de buena tinta que en el IHyCM hay metros y metros y metros de documentación sobre la GdI que nadie hasta ahora ha mirado, y quizá allí nos encontremos los órdenes de batalla y lo diarios de operaciones que los frikis llevamos años ansiando.

      ¿He dicho frikis? Quería decir aficionados.

      Volviendo a mi comentario anterior, De la Cierva contaba con el testimonio de Casado y otros (Mera uno de ellos, creo recordar) de que el boletín se imprimió, y él (y otros) han dado por cierto estos testimonios.

      Eborense, estrategos

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    3. El boletín se edito, helo aquí:
      https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=54073

      E incluso, el del 5 (ya que estamos):
      https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=77205

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    4. Diez puntos para ti, Daniel!!!

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    5. No, para Google, y la política de datos abiertos de la UE.
      Por cierto, en el boletín del día 4 no cesan a Casado, pero sí a Miaja, asumiendo el mando directo el Minstro de Defensa (que era el propio Negrín), y también a Ricardo Burillo como jefe de policía de la zona centro. Por cierto, hurgando he encontrado un pequeño opúsculo (valga la redundancia, soy madrileño) de los que encontraron el boletín del día 5:
      http://www3.uah.es/jmc/an40.pdf

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    6. Anónimo8:25 p. m.

      Muchas gracias por estos aportes, Daniel.

      Pues está claro que hay una diferencia notable entre lo que dicen los documentos enlazados y lo que los testigos dijeron que decían dichos documentos.

      Eborense, estrategos

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