viernes, febrero 04, 2022

El fin (16: Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos)

 El Ebro fue un error

Los tenues proyectos de paz
Últimas esperanzas
La ofensiva de Cataluña
El mes de enero de las chinchetas azules
A la naja
Los tres puntos de Figueras
A Franco no le da una orden ni Dios
All the Caudillo's men
Primeros contactos
Casado, la Triple M, Besteiro y los espías de Franco
Negrín bracea, los anarquistas se mosquean, y Miaja hace el imbécil (como de costumbre)
Falange no se aclara
La entrevista de Negrín y Casado
El follón franquista en medio del cual llegó la carta del general Barrón
Negrín da la callada en Londres y se la juega en Los Llanos
Miaja el nenaza
Las condiciones de Franco
El silencio (nunca explicado) de Juan Negrín
Azaña se abre
El último zasca de Cipriano Mera
Negrín dijo “no” y Buiza dijo “a la mierda”
El decretazo
Casado pone la quinta
Buiza se queda solo
Las muchas sublevaciones de Cartagena
Si ves una bandera roja, dispara
El Día D
La oportunidad del militar retirado
Llega a Cartagena el mando que no manda
La salida de la Flota
Qué mala cosa es la procrastinación
Segis cogió su fusil
La sublevación
Una madrugada ardiente
El tigre rojo se despierta
La huida
La llegada del Segundo Cobarde de España
Últimas boqueadas en Cartagena I
Últimas boqueadas en Cartagena II
Diga lo que diga Miaja, no somos amigos ni hostias
Madrid es comunista, y en Cartagena pasa lo que no tenía que haber pasado
La tortilla se da la vuelta, y se produce el hecho más increíble del final de la guerra
Organizar la paz
Franco no negocia
Gamonal
Game over    

Seguimos en el 15. Este día tan prolífico en hechos importantes para el final de la guerra civil, el doctor Negrín recibió una visita: la de Enrique Líster. Líster había llegado a Madrid el día anterior, el 14, y se había establecido en el número 23 de la calle Lista (hoy Ortega y Gasset, metro Lista; Madrid siempre ha sido una ciudad enigmática), que había sido la comandancia del 5 Regimiento; un lugar muy cómodo por lo cerca que quedaba del VIPS, ya que la afición de Líster por el sandwich Vip's Club es legendaria. El militar comunista le dice a Negrín que hay que reorganizar el ejército y, según dice en sus memorias, sacó la conclusión de que Negrín era de su misma idea. Negrín le anunció a Líster que a partir de ese momento quedaba a sus órdenes directas, y que la orden fundamental que le daba era que visitara a cuantos mandos militares pudiera. Este día 15, pues, parece que Negrín le encargó a Líster que comenzase a diseñar la purga del ejército republicano cuyo primer, y finalmente último, paso, fueron los decretos del 3 de marzo. Cabe, por lo tanto, sospechar que en la cercana entrevista que tuvo con Casado, o bien ya tenía información fehaciente de que el coronel pretendía tangarlo, o bien lo caló durante el coloquio. El caso es que, si el testimonio de Líster es preciso (porque, tenedlo en cuenta, Líster es un memorialista parchís, que come una y cuenta veinte), sería racional considerar que Negrín regresó a España tras pasar la frontera bien consciente de que los comunistas eran, ya, los únicos dispuestos a seguirle en su estrategia de resistir a toda costa; y, convencido de que los no comunistas (sobre todo la triple M y Casado) estaban dispuestos a hacerle la cama, había resuelto cambiar la cúpula militar de un plumazo para colocar a los que ya eran sus conmilitones.

En los siguientes días, Líster cumplió con lo ordenado y se entrevistó con diversos mandos del ejército del Centro. Muchos afectos a su ideología, o cuando menos cercanos, por lo que cabe concluir que estaba buscando los nombres adecuados para asumir los puestos de mando en los que pensaba desalojar a los tibios. Se ve con el coronel Ortega y con los tenientes coroneles Barceló y Bueno, la doble B que acabará en un consejo de guerra por oponerse al Consejo Nacional de Defensa. Se vio con Toribio Martínez Cabrera y con Casado, pero evitó entrevistarse con Cipriano Mera; dice en sus memorias que notó cómo tanto a Martínez Cabrera como a Casado no les hacía ninguna gracia el regreso desde Francia de los mandos comunistas del Ebro. Tiene su lógica que ambos militares repugnasen de ello si se olían que los comunistas habían vuelto para hacerse con la cúpula militar; pero lo que tiene muy poco sentido es que eso se lo trasparentasen a Líster. Así pues, esta confesión, cuando menos a mí, me suena a fabricación a toro pasado.

Asimismo, el presidente del gobierno celebró un nuevo consejo de ministros. En dicha reunión, Negrín hace un resumen optimista de las entrevistas que ha tenido con diversos mandos militares aunque, al mismo tiempo, admite que ha decidido hacerle caso a Casado, y celebrar una reunión conjunta con los más significados.

Ese mismo día 15 de febrero es probable, aunque no necesariamente cierto, que Pablo de Azcárate viajase a París para verse con Julio Álvarez del Vayo en la embajada española en la capital francesa, donde también estaba Azaña en ese momento, y cuyos pasillos eran un constante ir y venir de republicanos que ya no querían regresar a España: Diego Martínez Barrio, Manuel Casares Quiroga, Antonio Lara, Agustín Barcia…

El día 16, ya en Londres si es que cruzó el Canal el día anterior, Azcárate le envía un telegrama a su jefe en el que le dice que “he informado Halifax gobierno español concentra interés punto represalias”. Esto es: Azcárate se habría entrevistado con Edward Frederick Lindley Wood Halifax, primer conde de Halifax y secretario de Estado de Asuntos Exteriores británico, para decirle que la España republicana se conformaba con uno de los tres puntos de Figueras (el relativo a que el personal pudiera abandonar el país sin represalias). En ese punto, pues, ya, ni la injerencia extranjera, ni el derecho del pueblo español a dirimir su destino estaban sobre la mesa; a los políticos republicanos, los de resistid a toda costa, los de dad la vida por la sagrada tierra catalana o por las esencias de la revolución, ya sólo les importa lo suyo

Claramente, pues, entre el 14 y el 16 de febrero, algo pasó, probablemente la entrevista del 15 en París, en que tanto Álvarez del Vayo como Negrín se convencieron de que no podían sustentar una negociación de paz sobre los tres puntos (notablemente, el segundo). Halifax, si seguimos el texto del telegrama del embajador, retrucó preguntando si le podía asegurar a Franco que la República se rendiría si aceptaba una propuesta británica basada en: ausencia de represalias en general, aunque los responsables de crímenes comunes serían juzgados por los tribunales ordinarios; más las consabidas garantías de huida para los “elementos directivos” (pues en toda circunstancia, aquéllos que llaman a los demás a resistir son siempre los que menos resisten).

Azcárate y Halifax se vieron a las 10 de la mañana del día 16; allí acordaron volver a verse ese mismo día con la respuesta que llegase del gobierno español. En la primera entrevista, Halifax le mostró a Azcárate el texto del cablegrama que estaba dispuesto a enviarse a Sir Richard Hogson, representante oficioso de Reino Unido en Burgos. Todo, pues, estaba ya preparado, esperando simplemente el placet que Azcárate debería comunicar en la postrera reunión.

La segunda reunión, sin embargo, se retrasó muchísimo. No se produjo hasta las siete de la tarde (trasnoche para un británico); y, para colmo, a esa hora Azcárate no disponía de respuesta alguna de su gobierno. Este largo silencio de Negrín/Vayo siempre dejará abierta a la interpretación de la Historia si Negrín quería, o podía, realmente plantearse una paz con los nacionales basada en su derrota sin paliativos y la mera garantía de que no habría represalias. Habrá quien piense que era lo que Negrín quería, habrá quien piense que no lo quería y habrá quien piense que, aunque lo quería, no podía llevarlo a cabo porque quien manejaba al GERC eran los comunistas y éstos se habrían vuelto contra él y contra todo aquél que hubiera intentado una paz. Lo cierto es que la lectura del libro de Edmundo Domínguez Aragonés, Los vencedores de Negrín, lleva a la conclusión de que o bien este comisario del GERC tenía sus propias ideas, o bien las que le inculcaba Negrín no iban mucho en la senda de una rendición. Aragonés se desgañita en las páginas de su libro recordando reuniones con Casado en las que afirma que se le dijo al coronel, por activa y por pasiva, que las tropas del Centro tenían medios suficientes para resistir. Incluso cita varias veces a mandos que, en una afirmación increíble para las primera semanas de 1939, afirmaban, o Domínguez dice que afirmaban, que nunca habían tenido tantos medios como hasta ese momento (claro, por eso estaban haciendo levas en las que trataban de movilizar hasta a las ratas adultas).

Halifax, y esto quiere decir el gobierno de Su Simpática Majestad, estaba dispuesto a pedirle a Franco que diera facilidades para que saliese de España todo republicano de nota; que no se represaliase a personas cuyo único debe era la identificación con la República; y que los culpables de delitos de sangre fuesen ágil y equilibradamente juzgados por los tribunales ordinarios. Finalmente, como el 16 no recibió respuesta, Azcárate voló a París el 17 de febrero, porque sabía que allí estaba Álvarez del Vayo. El ministro, sin embargo, dijo aquello de aparta de mí esa clámide, y le dijo a su embajador que él no le ponía el cascabel al gato él solo. El 17 por la mañana le mandan un telegrama a Negrín reclamándole respuesta urgente.

El telegrama del 17 fue reiterado varios días, to no avail. Se ve que Negrín tenía otras cosas más importantes que hacer.

Por lo demás, puesto que me imagino que este tema podría salir en el hilo de comentarios a estos post, está la cuestión, muy interesante, de qué habría pasado si Negrín hubiere contestado. O sea, la pregunta es ésta: supongamos que Negrín le contesta a Azcárate que vale, que aceptaría rendir al ejército republicano sobre la base del plan inglés. En ese caso, Halifax le habría enviado al Hijo de Cerdo, o sea Hogson, que estaba en Burgos, el cablegrama ordenándole transmitir el plan a Franco. La pregunta es: ¿habría aceptado Franco el plan inglés? Mi teoría es que no. Inglaterra no estaba en condiciones de imponer sus condiciones a Franco, porque Franco no vivía de Inglaterra en aquella guerra y, además, ya la tenía ganada. Para poder imponer su plan, Londres habría tenido que amenazar con entrar en la guerra de alguna manera, y eso es algo que no iba a hacer. Después del pacto de Munich, habría sido del género tonto, y eso Franco lo sabía. El Plan Halifax nunca habría salido adelante, anyway.

El día 16, en zona nacional, se recibe una comunicación del SIPM asegurando que Casado lo tiene todo controlado; que se formará un gobierno en el que Besteiro será ministro de la Guerra. Y que señala como plazo máximo para la entrada de los nacionales en Madrid el de 15 días. Asegura que ya tiene en su cabeza el plan de rendición, y que éste hará que no se pierda ni un solo cartucho y que las tropas nacionales puedan realizar entradas triunfales. Como concluiremos más adelante, esto es un farol de Casado. No tiene plan ninguno, porque lo elaborará Matallana semanas después. Y, además, será un plan de rendición de 20 días mínimo.

Un elemento importantísimo para este relato es el de la reunión de Los Llanos. En realidad, no se sabe en qué día se celebró. La principal pista con la que cuando menos yo cuento es que, el día 17 de febrero, el SIPM recibe un informe sobre dicha reunión. Por una parte, hay que considerar que el SIPM estaba, para entonces, perfectamente informado de todo lo que ocurría en zona republicana. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la reunión de Los Llanos fue larga (mañana y tarde); por lo que tengo dudas de que pudiera producirse ese mismo día 17. Pudo, por lo tanto, ser el 16.

La reunión de Negrín en Los Llanos, Albacete, fue con los principales jefes de su ejército. Esta reunión, se produjese cuando se produjese, es el momento en el que Negrín se encuentra ante un muro de militares profesionales que le viene a decir que la resistencia es imposible y que no cuente con ellos para inmolarse como el combatiente de El hombre que pudo reinar.

¿Quiénes fueron esos militares que le dijeron que no se sobrase? Pues estaba, lógicamente, el general José Miaja Menant, jefe supremo; el general Manuel Matallana Gómez, jefe del Grupo de Ejércitos de la Región Centro; el coronel Segismundo Casado López, jefe del Ejército del Centro; el general Leopoldo Menéndez López, jefe del ejército de Levante; el general Antonio Escobar Huertas, jefe del ejército de Extremadura; el coronel Domingo Moriones, jefe del ejército de Andalucía; general Carlos Bernal García, jefe de la base naval de Cartagena; el capitán de navío Miguel Buiza Fernández-Palacio, almirante de la Flota; y el coronel Antonio Camacho Benítez, jefe de la zona aérea Centro-Sur. Por qué no fue convocado Hidalgo de Cisneros, que era el único de significación puramente comunista, es algo que pertenece al misterio.

La reunión comenzó alrededor de las doce de la mañana. Negrín explicó diversos intentos de lograr la paz que había realizado en los días anteriores, fundamentalmente frente a París y Londres, sin lograr éxito alguno (una afirmación un tanto cínica la del primer ministro, pues sabemos que a la probablemente intentona más seria de todas, la de Halifax, no había contestado porque no le había salido de los huevos). Dicho esto, siguió con la matraca, el mantra más bien, de que Francia estaba a puntito, pero a puntito a puntito, de aprobar el paso de armas por su territorio para la República (afirmación que parecía obviar el pequeño detalle de que la República carecía ya de frontera con Francia, por cierto). En fin, dijo lo que dijo para sustentar su idea clara en el sentido de que no quedaba sino resistir. Total, como el que iba a morir no era él…

Del dato de que, terminado el discurso de Negrín, pasaron al almuerzo, cabe deducir que el discurso fue largo (unas dos horas). La comida, sin embargo, parece ser que se montó para que el networking entre los militares no fuese posible. Negrín quería que el intercambio de opiniones de la tarde se produjese sin que los militares pudieran haber hablado entre ellos muy a fondo.

Toda la patota se reunió de nuevo a las cuatro, momento en el que Negrín fue concediendo la palabra, uno a uno, a los presentes.

6 comentarios:

  1. ¿Hubo algún importante (o destacado) militar republicano no comunista ni anarquista que, tras la contienda, continuase en el ejército español y desempeñando un cargo militar de cierto renombre? ¿O fueron todos depurados y a partir de 1939 sólo mandaron quienes lucharon en el bando franquista?

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  2. Jajaja, si te cuento lo que me han enseñado a mí sobre Franco…

    Me imagino que no quedó ninguno. Mi pregunta era por si el ejército español quizás hubiera podido aprovechar los posibles mejores conocimientos en el arte de luchar que algún militar republicano (no comunista ni con crímenes de guerra) pudiera tener, asimilándolo y aprendiendo de él, y mejorando así la capacidad de lucha del ejército de España tras la contienda.

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    1. Anónimo12:30 p. m.

      Ponte en el lugar de un general de un ejército vencedor en una guerra y pregúntate: ¿qué lecciones militares puede enseñar un ejército derrotado a un ejército vencedor?
      Eborense, strategos

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    2. Entendido. Gracias por la respuesta.

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  3. Anónimo12:15 p. m.

    "...que nunca habían tenido tantos medios como hasta ese momento..."
    Si cuentas balas y fusiles, es quizá cierto. Ahora bien, Casado (y otros muchos testigos) hablan del hambre atroz que había en Madrid. Un soldado con hambre, por bien equipado que esté, no vale de mucho.
    Por otro lado, estamos hablando de un ejército con la moral muy baja porque llevaba muchos meses encadenando derrotas, y la de Cataluña todo el mundo sabía que era decisiva.
    En muchas memorias se insiste en el apartado del material militar porque es la única evidencia de que la resistencia era posible. Todas las demás evidencias apuntan en sentido contrario.

    "...a la probablemente intentona más seria de todas, la de Halifax, no había contestado..."
    Yo tengo para mí que la conclusión que sacó el Foreign Office es que Negrín no respondió porque ya no había gobierno que estuviera en condiciones de responder. Y eso inclinó decisivamente la balanza hacia el reconocimiento del gobierno de Franco.

    Eborense, strategos

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