Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over
En esas circunstancias, el 13 de abril, el Decreto de Emergencia sobre la Protección de la Autoridad del Estado se publicó, prohibiendo a las SA y las SS en todo el territorio de Alemania, y prohibiendo a los miembros de dichas organizaciones portar sus uniformes. El ministro Groener, además, circuló la orden a las fuerzas policiales de que debían confiscar todo el equipamiento de las SA, incluyendo camiones, cocinas de campaña, tiendas de campaña; incluso las banderas. Una de las personas en el entorno gubernamental que menos estuvo convencida de esta medida fue Oskar Hindenburg, quien le dijo a su padre que la decisión sería interpretada por las derechas como una decisión estratégica por parte del presidente en apoyo de un gobierno con el apoyo socialdemócrata.
Mucho más sutil fue Von Schleicher. El general también creía
que Hindenburg había firmado en un momento poco reflexionado; pero en lugar de
poner la proa, se decidió por una estrategia PTP (pequeñas tocaditas de
pelotas). Lo primero que hizo fue activar sus terminales con Hitler y otros
líderes del NSDAP, a los que dejó claro que él no había tenido nada que ver con
aquella medida. Lo segundo que hizo fue irse a ver al general Kurt Gebhard
Adolf Philipp Freiherr von Hammerstein-Equord, el jefe de la comandancia del
ejército alemán, para que elaborase un informe para Hindenburg demostrando que
la Reichsbanner, una organización
paramilitar fundada por los
socialdemócratas, también debía ser ilegalizada.
Sea como sea, con tanta oposición en casa y sus propias
ideas en la cabeza, la ilegalización de las SA y las SS emponzoñó todavía más
las relaciones entre Hindenburg y la pareja Brüning-Groener. El 16 de abril,
Hindenburg intimó a Groener un informe sobre otras organizaciones que deberían
ser disueltas. Groener se negó a disolver la Reichsbanner. El 3 de mayo, Hindenburg impulsó otro decreto de
emergencia en el que establecía una serie de buenas prácticas relacionadas con
las organizaciones paramilitares, que buscaban un trato igualitario. Los
socialdemócratas reaccionaron disolviendo voluntariamente las unidades armadas
de la Reichsbanner.
La prohibición de las SA no fue una medida muy inteligente
en el tiempo. Se produjo tan sólo unos días antes de una serie de elecciones
locales muy importantes: Prusia, Baviera, Würtemberg y Anhalt, más el
ayuntamiento de Hamburgo. En suma, en aquellas elecciones, tacita a tacita,
estaban convocados el 80% de los alemanes. Hitler entendió perfectamente la
importancia del tema, con lo que se montó otra serie de vuelos en Falcon por
todo el país, dando 25 grandes mítines en ocho días.
Por lo demás, si se esperaba que la disolución de las SA
tuviese algún efecto desincentivador en el voto nacionalsocialista,
prácticamente no pudo existir tal por el poco tiempo que había pasado desde el
decreto; es por eso que digo que el decreto se diseñó con una muy mala lectura
del calendario. El resultado fue que el NSDAP se forró. En Prusia, donde los
nacionalsocialistas habían sacado el 1,3% de los votos en 1928, ahora se fueron
al 36,3%, pasando de 9 a 162 escaños en el parlamento regional y, sobre todo,
convirtiéndose en primera fuerza política, aunque no podían formar gobierno a
menos que Zentrum les hiciese ojitos. Los socialdemócratas cayeron del 29% al
21%, perdiendo 43 diputados hasta 94.
Justo antes de las elecciones, el parlamento prusiano,
oliéndose la tostada, había modificado sus reglas, exigiendo una mayoría
absoluta para la elección del primer ministro. Mientras se cabildeaba para
conseguir esta mayoría, Otto Braun, el primer ministro saliente, permaneció en
el machito.
Desde el gobierno del Reich llegaron mensajes claros:
Brüning no quería que un miembro del NSDAP recibiese la oferta de gobierno.
Incluso elaboró planes específicos para poder pasar la policía y los tribunales
prusianos al control del Reich. El 28 de abril, Hitler rompió los contactos que
estaba estableciendo con los centristas.
En Baviera, donde los nacionalsocialistas habían sido
votados un 6,1% en 1928, se fueron al 32,6%, lo que los convirtió en segunda
fuerza política tras el BVP. En Würtemberg, el NSDAP se llevó el 26,4%,
primera fuerza política En Hamburgo, un auténtico vivero de voto
socialdemócrata, el NSDAP se marcó un 31,2%, porcentaje que, para depresión
general, incluso quedó por encima del 30,2% del SPD (pero, queridos niños, el
voto no es nada poroso, no...) Con todo, el paseo militar fue en Anhalt, donde
el NSDAP se fue al 40,9%, lo que lógicamente le permitió formar gobierno.
¿Flor de un día? Juzgad vosotros mismos: semanas después, ya
en mayo, el NSDAP se fue al 48% de los votos en Oldenburgo, en lo que fue su
primera mayoría absoluta. En Hesse, otra demarcación electoral en la que dabas
una patada al suelo y te salían veinte amigos de Antonio Maestre, sacaron el 44%.
Los resultados de las elecciones regionales, algunos de los
cuales se produjeron, ojo, en momentos en los que se suponía que la prohibición
de las SA tenía que haber debilitado al nazismo (la teoría era que la gente les
votaba porque les presionaban los camisas pardas con amenazas; o sea, lo que ha
sido un “piquete informativo” de toda la vida), no hizo otra cosa que
encabronar a Hindenburg, quien en su mansión no hacía sino escuchar los “te lo
dije” de su hijo Oskar y del sneaky Von
Schleicher. Esto lo apartó cada vez más de Brüning. Y no era el único. Lo
cierto es que la gran empresa alemana había albergado la ilusión de que, con
los decretos de emergencia, el canciller se hubiese cargado los derechos
sociales; como no lo había hecho, también se distanciaron. Las críticas hacia
la “senda socialista” adoptada por Brüning eran tan fuertes que el 6 de mayo
dimitió el ministro de Economía, Hermann Warmbold.
El 28 de abril, con la autorización de Hindenburg, Von
Schleicher se reunió con Hitler. El general quería saber en qué condiciones
participaría el NSDAP en un gobierno de coalición o, cuando menos, lo
toleraría. Hitler y Schleicher se vieron de nuevo el 7 de mayo, en la presencia
de Otto Meissner, el secretario del presidente; y de su hijo Oskar. En esa
reunión, las partes llegaron a un acuerdo por el cual Hitler prometió que no
impulsaría un nuevo gobierno de corte derechista, bajo las condiciones de que las
SA y la SS volviesen a las calles y que se celebrasen nuevas elecciones.
El Reichstag se reunió el 10 de mayo para escuchar a un
desganado Groener defender el decreto de emergencia. Fue un desastre. El
ministro cayó víctima del filibusterismo nacionalsocialista, que lo interrumpía
a cada momento en plan Sarah Santaolalla. Entre eso y que no parecía muy convencido, la impresión que
dejó fue muy pobre. Schleicher y Hindenburg presionaron a Groener para que se
fuera, pero Brüning les contestó que, con la conferencia mundial sobre desarme
a punto de comenzar (16 de junio) no era prudente cesar al ministro de Defensa.
El 12 de mayo, el gobierno sobrevivió casi sin despeinarse a una moción de
censura (287 a 257), lo que fue una prueba evidente de que la garantía
socialdemócrata seguía ahí. Sin embargo, horas después Groener anunció su
dimisión como ministro de Defensa, aunque quería seguir al frente de los polis.
Brüning, un tanto desesperado, le ofreció al puesto a la única persona que
consideraba que lo podía ocupar en ese momento: Von Schleicher. El general le
dijo que no y, desde el momento en que esto se supo (él ya se preocupó de que
los “periodistas de investigación” estuviesen puntualmente informados) todo el
mundo comenzó a pensar que la estrella de Brüning se estaba comenzando a apagar
definitivamente.
Efectivamente, Brüning, a partir de ahí, cayó con diríase
que inusitada rapidez. El 29 de mayo, Hindenburg tuvo un encuentro con él. El
canciller le dijo al presidente que se venían una serie de victorias
diplomáticas que recuperarían el prestigio del gobierno; la típica carta de
Gaza de toda la vida. Eso sí, Brüning le exigió a su jefe que cesasen
inmediatamente los movimientos orquestales en la oscuridad del “gobierno en la
sombra” que formaban los asesores del presidente.
La impresión que yo siempre he tenido es que Brüning acudió
a la reunión con el presidente muy mal informado. Es decir: quizás, o sin
quizás, la gran victoria estrategia de Von Schleicher fue dejar al canciller
seco de espías eficientes, de gente que de verdad supiera lo que pasaba en la
residencia de Hindenburg. De manera que se creía más fuerte de lo que era.
Hindenburg, efectivamente, respondió al discurso de Brüning
en plan “o aceptas barco como animal acuático, o me llevo el Scatergories” con
un gesto frío. Le dio la vuelta a un papel que tenía sobre la mesa, y comenzó a
leer una declaración previamente escrita. Punto uno: el presidente no
permitiría al gobierno Brüning más decretos de emergencia. Es decir: ahora
gobiernas con el parlamento, nena, porque de mi artículo 48 te vas olvidando. Punto dos: el presidente no
permitiría ninguna reorganización gubernamental. Si quieres cambiar las cosas,
te vas, y punto.
Brüning, que podía ser tonto pero no gilipollas, respondió
algo así como: “Me está quedando claro, señor presidente, que quieres que
dimita”. Y Hindenburg contestó: “¡Ahí le has dao, pescao!” Al día siguiente, 30
de mayo, desde primera hora de la tarde, los miembros del gobierno Brüning
comenzaron a pagarse las putas de su propio bolsillo.
Dos días antes de esta entrevista, el siempre clarividente
Kurt von Schleicher le había dicho a Franz-von-Joseph-Bono-Papen que calentase,
pues iba a ser el próximo canciller del Reich. Aquella decisión, las cosas como
son, yo creo que en la historiografía no la defiende casi nadie. Von Papen,
aparte de arrastrar el papo por recepciones de alta sociedad alemana, decir
gilipolleces modelo La Sexta Xplica a toda hora, y tener mucha, pero mucha
ambición, no valía para gobernar un país.
La poca neurona que tenía Papen le daba, eso sí, para
identificar el problema central de la república de Weimar: crear una democracia
en la que los gobiernos monocolores eran completamente imposibles. Por eso
propugnaba la creación de un Estado nuevo, alejado de los partidos políticos,
basado en la provisión de bienestar para la gente. O sea, la monarquía
preconstitucional de toda la vida. Estas ideas, pese a ser bastante básicas, ni
siquiera eran suyas, sino de sus dos particulares asesores: Friedich Wilhelm
Walter Schotte, periodista e historiador; y Edgar Jung, abogado; éste último
tendría un pequeño
encontronazo con Hitler que le costaría la vida; eso sí, después de que Von Papen lo dejase tirado. Estos asesores,
y el propio Von Papen, todo lo fiaban a la reinstauración a largo plazo de la
monarquía alemana.
Von Schleicher contactó con Von Papen y le comentó que el
gobierno estaba a punto de caer. Que en el palacio presidencial habían llegado
a la conclusión de que no había aritmética de gobierno sin Hitler; cosa que era plenamente cierta para cualquiera que supiese sumar. Así que le
ofreció al Von Mierden ser canciller; pero, vamos, que el general estaba tan
convencido de la estupidez eutrapélica de su candidato que incluso le ofreció
una lista de ministros posibles. También le dijo que el NSDAP daría un “apoyo
tácito” a aquel gobierno. Eso sí: para que Hitler no diese por culo, Von Papen tenía que
legalizar las SA, y convocar elecciones.
El 30 de mayo, es decir el día que Brüning estaba cantando
el Bye, bye, Fräulein, Papen y
Schleicher se vieron de cara. Papen, que había estudiado los parámetros de
aquello, había decidido que no sabía si sería marioneta de Hindenburg o de
Hitler pero que, en cualquier caso, polichinela iba a ser sí o sí; así que le
dijo a Kurt que pasaba. Lo vistió con argumentos parlamentarios: los centristas
le darían la espalda y el SPD, no digamos. Schleicher le contestó que si el
gobierno conseguía reducir rápidamente el desempleo, todo eso daría igual.
Además, le vino a decir que era la última bala de Hindenburg, y que tenía una
responsabilidad histórica. Así que Papen dijo que lo hablaría con Ludwig Kaas,
el líder de Zentrum.
Al día siguiente, 31, Papen se entrevistó con Hindenburg. El
presidente le dijo que todo a lo que aspiraba era a un gobierno de hombres en
los que confiase personalmente; pero Papen le bajó el suflé informándole de que
los centristas le habían negado el apoyo. En sus memorias, Papen viene a decir
que Hindenburg repitió los argumentos en plan encrucijada histórica y tal, y
que eso lo llevó a aceptar. Personalmente, yo creo que en las líneas que acabo
de escribir, basadas en gran medida en los “recuerdos” de Papen, hay mucha
farfolla. Mi impresión personal es que Franz von Papen prefería arrancarse un
huevo con una cucharilla de café antes que dejar pasar la oportunidad de ser
canciller. Que, aficionado como era a los análisis de todo a cien para las
cosas, en realidad no veía tantos problemas como decía ver; sólo quería ganar
espacios de respeto, porque sabía que Von Schleicher era un tiburón con dos
penes que, en el momento en que notase que el canciller le sobraba, lo tiraría
al contenedor de orgánicos sin siquiera despeinarse. Y, por sobre todas las
cosas: como es una máxima de la vida de cualquier persona que, cuando más
imbécil es, más listo se cree, Franz von Papen, quien apenas tres años
después del tiempo que ahora relatamos estaría en la embajada de Viena
temblando por las noches y preguntándose si algún día Hitler decidiría
asesinarlo; Von Papen, digo, sabía que cualquier candidatura a la cancillería
pasaba por manejar a ese tipo de Munich, Adolf Hitler. Pero, obviamente, se
consideraba absolutamente dotado para el puesto. Otrosí: estaba convencido de
que engañaría al bigotitos, y se lo comería con patatas.
Ufano y, sobre todo, no queriendo chapotear más de lo
necesario, Von Papen aceptó la lista de ministros de Schleicher. Este gobierno
comenzó a currar el 1 de junio de 1932. Era un gobierno teóricamente no de
partido. Pero tenía tres miembros del DNVP: Wilhelm von Gayl (Interior); Franz
Gürtner (Justicia); y Magnus von Braun (Agricultura y Comisionado del Reich
para la Ayuda en el Este). Además estaban: El Neuras, es decir Konstantin von
Neurath, en Exteriores; Lutz von Krosigk (Finanzas); Hugo Schäffer (Trabajo); y
Paul von Eltz-Rübenach (Transporte y Correos). Además, el recientemente
dimisionario Hermann Warmbold regresó como ministro de Economía. Y, lo más
importante de todo: Kurt von Schleicher decidió salir del armario y ser
ministro de Defensa.
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