martes, mayo 26, 2026

Cómo conocí a vuestro Führer (47): Brüning se desinfla

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Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over


El principal dato negativo para  Brüning era la actitud que, cada vez más, estaba desarrollando Kurt von Schleicher hacia él. El principal asesor del presidente, en efecto, cada vez estaba más desanimado con la gestión del canciller. A finales de agosto, Von Schleicher prácticamente había convencido a su jefe de que tenía que echarlo.

El 6 de septiembre, Schleicher le dio a Brüning un toque serio: debía hacer una crisis de gobierno y nombrar un ejecutivo de corte decididamente nacionalista de derechas. El centro de aquella exigencia era la evolución del pensamiento del general, quien había llegado a la conclusión de que Hitler no era un político serio y, consecuentemente, pensaba que se le podría, de alguna manera, tener contento con dejarle pisar moqueta gubernamental. En otras palabras: Von Schleicher creía que Adolf Hitler era, mutatis mutandis, Yolanda Díaz. Schleicher pensaba, además, que un gobierno de derechas podría empedrar el camino hacia su objetivo más querido, que era una reforma de la Constitución que hiciese de Alemania un país más autoritario de lo que ya era.

Estas intenciones, sin embargo, se encontraron con Brüning quien, incluso, consideraba que una estrategia así era inconstitucional; y que, desde luego, era una traición hacia los socialdemócratas, que habían apoyado indirectamente a su gobierno bloqueando hasta entonces las mociones de censura.

La estrategia de “domar a Hitler”, que era como llamaban a la oferta gubernamental para el líder del NSDAP, tenía otro importante creyente: Franz von Papen, conspicuo miembro de la nobleza católica de Westfalia. Von Papen es, de todos los personajes de aquella Alemania, el que más aproximaréis si pensáis en una figura contemporánea como la del socialista español José Bono. Maniobrero en esencia, extremadamente ambicioso, convencido de poseer una inteligencia política por encima de la media, cometía, efectivamente, el error azañesco de considerar que siempre iba tres o cuatro pasos por delante de absolutamente todo el mundo. El braguetazo que pegó casándose con Martha von Boch-Gathau lo había convertido en un hombre rico, lo cual terminó por convencerlo de que era la polla de Montoya. Asimismo, era muy amigo de Von Schleicher y de Oskar Hindenburg. Tras la guerra, Von Papen se había convertido en parlamentario de la asamblea prusiana y en accionista de Germania, el periódico que operaba de portavoz de Zentrum. Allí expresó muchas veces una posición antirrepublicana y antisocialista.

La pasión con la que Von Papen decía en sus discursos que Alemania tenía que volver a tener un káiser hizo pensar a Von Schleicher que era el sustituto perfecto para Brüning en la cancillería, para así iniciar el plan que tenía en la cabeza de evolucionar el régimen en dicha dirección.

El primer paso de esta estrategia era que Von Papen convenciese a Brüning de nombrar ministro a Hitler. En septiembre de aquel 1931, Von Papen y el más rico donante del partido centrista, Peter Klöckner, se fueron a ver a su conmilitón y le presionaron para que llegase a un acuerdo con Hitler para que apoyase una extensión del mandato del presidente, que constitucionalmente hablando, debía pasar por las urnas en la primavera de 1932. Brüning mostró poco entusiasmo; pero, bueno, eso no sorprendió a nadie, porque la verdad es que aquel tipo no mostraba entusiasmo casi nunca por algo.

El 3 de octubre, Schleicher se encontró cara a cara con Hitler. Lo primero que hizo fue preguntarle si en algún escenario el NSDAP podría apoyar con sus votos a un gobierno Brüning. A lo que Hitler le contestó que antes se pegaría un tiro en cada cojón. El austríaco dijo: por supuesto que el NSDAP formaría parte de un gobierno; pero sería después de unas nuevas elecciones (que estaba convencido de ganar) y en solitario. Sin embargo, en todo momento Hitler se mostró ante Schleicher como una persona que no se planteaba otro medio de alcanzar el poder que los vericuetos democráticos. Esto le hizo pensar a Schleicher que todavía  había margen para negociar, por lo que le recomendó a Hindenburg que se entrevistase con el nacionalsocialista aquel mismo mes.

Días antes de esta entrevista, el 24 de noviembre, Von Schleicher le había dicho a Brüning que, tal y como estaban las cosas, la mejor forma de gobernar era disolver el parlamento; estaba buscando, claramente, dejar al canciller sin su alianza indirecta con los socialdemócratas, para sostener la idea de que la única alternativa viable era la que él propugnaba. En estos días, de todas maneras, Brüning, presionado por Hindenburg, acabó por realizar una mini crisis de gobierno. Antes de eso, el 6 de octubre publicó el tercer decreto de emergencia económica que, además de medidas económicas (como la reducción del periodo de cobertura del seguro de desempleo) incluía medidas de interior, incrementando los poderes de la policía. También se rebajó el salario neto que recibían los funcionarios, que ya llevaban para entonces un rosario de recortes.

El 6 de octubre de 1931, el canciller y su gobierno dimitieron, aunque Hidenburg lo llamó inmediatamente a consultas y le encargó formar uno nuevo, “exento”, le dijo, “de compromiso con partido alguno”. Era, pues, un nuevo caso de gobierno presidencial.

Brüning hizo cambios un tanto lampedusianos, que dejaron las cosas muy cerca de donde habían estado. Eso sí, Julius Curtius, seriamente tocado por el fracaso de la unión aduanera con Austria, no repitió como ministro de Exteriores; puesto que decidió ocupar Brüning personalmente. El independiente Wilhelm Groener reemplazó a Joseph Wirth, de Zentrum, como titular de Interior, aunque retuvo la cartera de Defensa. El independiente conservador Hermann Warmbold sustituyó a Ernst Trendenburg (DStP) como ministro de Economía. Gottfried Treviranus (KVP) reemplazó al Zentrum Theodor von Guérard en Transportes, reteniendo la cartera de Territorios Ocupados. El 9 de noviembre, Hans Schlange-Schöningen (CNBL) fue nombrado al frente del Comisariado del Reich para la Ayuda de los Territorios Orientales, un órgano de contenido fundamentalmente agrícola. El nuevo gobierno, por lo tanto, tenía incluso menos base que el anterior, pues no tenía miembro del DVP.

El 10 de octubre, Brüning se entrevistó con Hitler. El canciller le preguntó si el NSDAP apoyaría una propuesta de enmienda constitucional que mantendría a Hindenburg en la presidencia sin nuevas elecciones. Hitler le dijo que no. Ese mismo día, Hitler, acompañado de Göring, se entrevistó con el propio Hindenburg. El presidente quedó muy negativamente impresionado por aquel “cabo bohemio”, como lo llamó; una persona, le dijo a Schleicher, que desde luego no era adecuada para la cancillería.

Al día siguiente, 11 de octubre, comenzó en la ciudad balneario de Bad Harzburg una reunión de lo que se llamó La Oposición Nacional. Allí estuvieron los nacionalsocialistas, el DNVP, el Casco de Hierro, la Liga Pangermánica y otras organizaciones parecidas. Estuvieron Hitler, Hugenberg, Fritz Thyssen, Franz Seldte y Hjalmar Schacht. El proyecto de la reunión era crear el que se conoció como Frente de Harzburgo, o unión de las derechas.

En ese momento procesal, Hitler estaba ya totalmente convencido de que estaba a punto de alcanzar el poder. De hecho, había abordado una serie de cambios estructurales en el NSDAP preparando ese momento. En junio de aquel año, había abierto en Munich la Escuela de Líderes Imperiales para preparar líderes que fueran capaces de asumir puestos de gobierno tanto en Berlín como en los territorios. El 1 de agosto, había nombrado a Otto Dietrich su jefe de prensa y, a finales de octubre, nombró a Baldur von Schirach jefe de las Juventudes Hitlerianas. Expandió su consejo económico, presidido por Gottfried Feder; y nombró a Walter Darré director de la nueva Oficina sobre la Raza y el Asentamiento.

El 13 de octubre, el Reichstag se reunió por primera vez desde marzo. Inmediatamente, NSDAP y DNVP presentaron una moción para que el Reichstag le retirase la confianza al gobierno; otras mociones conjuntas proponían la revocación de los decretos de emergencia y la convocatoria de nuevas elecciones. Hubo tres días de debates, tras los cuales la moción de censura fue derrotada por un margen corto (295 contra 270). Inmediatamente después, el Reichstag votó cerrar sus sesiones hasta febrero de 1932. Brüning prometió que una vez que la situación económica se hubiese recuperado, él volvería a traer la vida parlamentaria normal.

El gobierno, sin embargo, no sólo tenía problemas económicos. En la calle, la violencia entre nacionalsocialistas y comunistas era cada vez peor. Esto es cierto; lo de que Alemania vivía un ambiente de preguerra civil, eso se discute más. Según se publicó en aquellos días, desde principios de 1923 hasta el verano de 1931, la violencia política en Alemania había causado 457 muertos y 1.154 heridos. Sin embargo, entre la mitad y un tercio de todas estas bajas se habían producido en el primer año de 1923. Las bajas por la violencia eran muchas más entre los comunistas; en relación de 1 a 3 respecto de los nacionalsocialistas. Lo que sí es cierto es que, en 1932, la violencia escaló muy, muy deprisa. Sólo en Prusia se contabilizaron 155 muertas (de las que 55 fuero nacionalsocialistas y 54 comunistas). Es una violencia muy fuerte; pero algunos historiadores consideran que estaba totalmente dentro del rango de lo que la policía podía controlar (cosa que yo no tengo tan claro).

La eclosión de la violencia generó inmediatamente una cultura del martirio, con las formaciones políticas organizando funerales multitudinarios en favor de sus víctimas. Quizás el mártir más famoso del nacionalsocialismo fue Horst Wessel, un Stormtropper de 22 años, que fue tiroteado cuando abrió la puerta de su apartamento en Berlín el 14 de febrero de 1930. Su verdugo fue Albrecht Höhler, un miembro del Roter Frontkämpferbund o Liga de Combatientes Comunistas del Frente Rojo. Nunca ha quedado del todo claro si aquel asesinato fue político, puesto que había otros temas de por medio. Wessel, entre otras cosas, era el chulo de una prostituta, Erna Jänicke.

Wessel, sin embargo, había compuesto algunas canciones guerreras y, cuando Göbels supo eso, decidió encumbrarlo a la posición de mito. Una de esas canciones es Die Fahne Hoch, o sea, alcemos la bandera, que normalmente se conoce como la canción de Host Wessel, y se convirtió en el himno oficioso del NSDAP.

El optimismo político de Hitler, en todo caso, tenía mucha base. En las elecciones que se celebraron en 1931 en Schaumburg-Lippe, el NSDAP se fue al 27% del voto. En Oldenburgo sacaron un brutal 37%, con lo que el NSDAP se convirtió, por primera vez, en el partido mayoritario en un parlamento. Ya en noviembre, en Hesse, se fueron al 37% otra vez, de nuevo primera fuerza política.

El 25 de noviembre, en medio de un ambiente general de “que viene la ultraderecha” entre las izquierdas y el centro, Carl Severing, el jefe de los Mossos de Prusia, anunció que un tal “doctor Schäfer”, parlamentario en Hesse del NSDAP, había sido conminado a entregar su acta por haber dicho en el currículo que era doctor cuando no lo era. Pues sí, queridos niños; en aquel entonces, incluso con los barbarians at the gate, se dimitía por esas cosas. Severin dijo que, también, el tal Schäfer, conforme se iba, le había entregado a la UCO prusiana unos papeles muy comprometedores sobre el NSDAP. Estos papeles, redactados por un abogado del partido, Werner Best, eran las actas de un encuentro de líderes regionales que había tenido lugar en Boxheimer Hof, cerca de Lampertheim, y describían el plan de acción del NSDAP en el caso de que hubiese un levantamiento comunista en Hesse. Entre otras cosas, se decía que todo aquél que se resistiese “sería ejecutado en el sitio, sin juicio”.

Los papeles de Boxheim, como se conocieron, eran muy comprometedores para Hitler y su política basada en aparecer como un hombre totalmente respetuoso de los métodos democráticos. El 26 de noviembre, Göring reaccionó con una nota de prensa, en la que decía que la dirección del partido no tenía nada que ver con su elaboración. La publicación, por lo demás, movió a Hitler a realizar una serie de entrevistas periodísticas en diciembre de 1931, en las que apareció como especialmente moderado. Incluso celebró una conferencia de prensa el 4 de diciembre en el hotel Kaiserhof de Berlín.

Cuatro días después, el 8 de diciembre, Heinrich Brüning dio un discurso radiado en el que anunció la aprobación de un cuarto decreto de emergencia económica. Era una norma de 48 páginas que reduciría los salarios de los funcionarios todavía más (9%), reducía los precios de los productos cartelizados un 10%, recortaba los tipos un punto hasta el 7%, incrementaba los impuestos sobre las ventas del 1% al 2%, y ponía fin a los subsidios gubernamentales a la vivienda. Se nombraba un comisionado del control de precios (Carl Goerdeler); y se creaba un “impuesto de los desertores” del 25% sobre los activos vendidos por alemanes fuera del país.

En ese mismo discurso, Brüning fue a ful contra Hitler, acusándolo de tener un doble lenguaje y de haber abandonado en secreto la legalidad constitucional.

El día de Año Viejo de 1931, fue el presidente Hindenburg el que se acercó por los micrófonos de la radio para dar por culo. Su discurso se centró en describir los muchos agradecimientos y recompensas que merecía el pueblo alemán por estar aguantando todos aquellos tiempos de recortes y de putadas. Un sacrificio tan meritorio que, dijo, “los otros países no deberían oponerse a la recuperación de Alemania mediante la imposición de condiciones imposibles”; sugerencia que, lógicamente, puso de los nervios a los alemanes con receptor de radio.

El discurso de Hindenburg fue interrumpido por un grupo de comunistas que entró en el estudio gritando “¡Atención, Alemania, los combatientes rojos están aquí!”

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