Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over
El principal dato negativo para Brüning era la actitud que, cada vez más, estaba desarrollando Kurt von Schleicher hacia él. El principal asesor del presidente, en efecto, cada vez estaba más desanimado con la gestión del canciller. A finales de agosto, Von Schleicher prácticamente había convencido a su jefe de que tenía que echarlo.
El 6 de septiembre, Schleicher le dio a Brüning un toque
serio: debía hacer una crisis de gobierno y nombrar un ejecutivo de corte
decididamente nacionalista de derechas. El centro de aquella exigencia era la
evolución del pensamiento del general, quien había llegado a la conclusión de
que Hitler no era un político serio y, consecuentemente, pensaba que se le
podría, de alguna manera, tener contento con dejarle pisar moqueta
gubernamental. En otras palabras: Von Schleicher creía que Adolf Hitler era, mutatis mutandis, Yolanda Díaz.
Schleicher pensaba, además, que un gobierno de derechas podría empedrar el
camino hacia su objetivo más querido, que era una reforma de la Constitución
que hiciese de Alemania un país más autoritario de lo que ya era.
Estas intenciones, sin embargo, se encontraron con Brüning
quien, incluso, consideraba que una estrategia así era inconstitucional; y que,
desde luego, era una traición hacia los socialdemócratas, que habían apoyado
indirectamente a su gobierno bloqueando hasta entonces las mociones de censura.
La estrategia de “domar a Hitler”, que era como llamaban a
la oferta gubernamental para el líder del NSDAP, tenía otro importante
creyente: Franz von Papen, conspicuo miembro de la nobleza católica de
Westfalia. Von Papen es, de todos los personajes de aquella Alemania, el que
más aproximaréis si pensáis en una figura contemporánea como la del socialista
español José Bono. Maniobrero en esencia, extremadamente ambicioso, convencido
de poseer una inteligencia política por encima de la media, cometía, efectivamente,
el error azañesco de considerar que siempre iba tres o cuatro pasos por delante
de absolutamente todo el mundo. El braguetazo que pegó casándose con Martha von
Boch-Gathau lo había convertido en un hombre rico, lo cual terminó por
convencerlo de que era la polla de Montoya. Asimismo, era muy amigo de Von
Schleicher y de Oskar Hindenburg. Tras la guerra, Von Papen se había convertido
en parlamentario de la asamblea prusiana y en accionista de Germania, el periódico que operaba de
portavoz de Zentrum. Allí expresó muchas veces una posición antirrepublicana y
antisocialista.
La pasión con la que Von Papen decía en sus discursos que
Alemania tenía que volver a tener un káiser hizo pensar a Von Schleicher que
era el sustituto perfecto para Brüning en la cancillería, para así iniciar el
plan que tenía en la cabeza de evolucionar el régimen en dicha dirección.
El primer paso de esta estrategia era que Von Papen
convenciese a Brüning de nombrar ministro a Hitler. En septiembre de aquel
1931, Von Papen y el más rico donante del partido centrista, Peter Klöckner, se
fueron a ver a su conmilitón y le presionaron para que llegase a un acuerdo con
Hitler para que apoyase una extensión del mandato del presidente, que
constitucionalmente hablando, debía pasar por las urnas en la primavera de 1932.
Brüning mostró poco entusiasmo; pero, bueno, eso no sorprendió a nadie, porque
la verdad es que aquel tipo no mostraba entusiasmo casi nunca por algo.
El 3 de octubre, Schleicher se encontró cara a cara con
Hitler. Lo primero que hizo fue preguntarle si en algún escenario el NSDAP
podría apoyar con sus votos a un gobierno Brüning. A lo que Hitler le contestó
que antes se pegaría un tiro en cada cojón. El austríaco dijo: por supuesto que
el NSDAP formaría parte de un gobierno; pero sería después de unas nuevas
elecciones (que estaba convencido de ganar) y en solitario. Sin embargo, en
todo momento Hitler se mostró ante Schleicher como una persona que no se
planteaba otro medio de alcanzar el poder que los vericuetos democráticos. Esto
le hizo pensar a Schleicher que todavía
había margen para negociar, por lo que le recomendó a Hindenburg que se
entrevistase con el nacionalsocialista aquel mismo mes.
Días antes de esta entrevista, el 24 de noviembre, Von
Schleicher le había dicho a Brüning que, tal y como estaban las cosas, la mejor
forma de gobernar era disolver el parlamento; estaba buscando, claramente,
dejar al canciller sin su alianza indirecta con los socialdemócratas, para
sostener la idea de que la única alternativa viable era la que él propugnaba.
En estos días, de todas maneras, Brüning, presionado por Hindenburg, acabó por
realizar una mini crisis de gobierno. Antes de eso, el 6 de octubre publicó el
tercer decreto de emergencia económica que, además de medidas económicas (como
la reducción del periodo de cobertura del seguro de desempleo) incluía medidas
de interior, incrementando los poderes de la policía. También se rebajó el
salario neto que recibían los funcionarios, que ya llevaban para entonces un rosario de recortes.
El 6 de octubre de 1931, el canciller y su gobierno
dimitieron, aunque Hidenburg lo llamó inmediatamente a consultas y le encargó
formar uno nuevo, “exento”, le dijo, “de compromiso con partido alguno”. Era,
pues, un nuevo caso de gobierno presidencial.
Brüning hizo cambios un tanto lampedusianos, que dejaron las
cosas muy cerca de donde habían estado. Eso sí, Julius Curtius, seriamente
tocado por el fracaso de la unión aduanera con Austria, no repitió como
ministro de Exteriores; puesto que decidió ocupar Brüning personalmente. El
independiente Wilhelm Groener reemplazó a Joseph Wirth, de Zentrum, como
titular de Interior, aunque retuvo la cartera de Defensa. El independiente
conservador Hermann Warmbold sustituyó a Ernst Trendenburg (DStP) como ministro
de Economía. Gottfried Treviranus (KVP) reemplazó al Zentrum Theodor von
Guérard en Transportes, reteniendo la cartera de Territorios Ocupados. El 9 de
noviembre, Hans Schlange-Schöningen (CNBL) fue nombrado al frente del
Comisariado del Reich para la Ayuda de los Territorios Orientales, un órgano de
contenido fundamentalmente agrícola. El nuevo gobierno, por lo tanto, tenía
incluso menos base que el anterior, pues no tenía miembro del DVP.
El 10 de octubre, Brüning se entrevistó con Hitler. El
canciller le preguntó si el NSDAP apoyaría una propuesta de enmienda
constitucional que mantendría a Hindenburg en la presidencia sin nuevas
elecciones. Hitler le dijo que no. Ese mismo día, Hitler, acompañado de Göring,
se entrevistó con el propio Hindenburg. El presidente quedó muy negativamente
impresionado por aquel “cabo bohemio”, como lo llamó; una persona, le dijo a
Schleicher, que desde luego no era adecuada para la cancillería.
Al día siguiente, 11 de octubre, comenzó en la ciudad
balneario de Bad Harzburg una reunión de lo que se llamó La Oposición Nacional.
Allí estuvieron los nacionalsocialistas, el DNVP, el Casco de Hierro, la Liga
Pangermánica y otras organizaciones parecidas. Estuvieron Hitler, Hugenberg,
Fritz Thyssen, Franz Seldte y Hjalmar Schacht. El proyecto de la reunión era
crear el que se conoció como Frente de Harzburgo, o unión de las derechas.
En ese momento procesal, Hitler estaba ya totalmente
convencido de que estaba a punto de alcanzar el poder. De hecho, había abordado
una serie de cambios estructurales en el NSDAP preparando ese momento. En junio
de aquel año, había abierto en Munich la Escuela de Líderes Imperiales para
preparar líderes que fueran capaces de asumir puestos de gobierno tanto en
Berlín como en los territorios. El 1 de agosto, había nombrado a Otto Dietrich
su jefe de prensa y, a finales de octubre, nombró a Baldur von Schirach jefe de
las Juventudes Hitlerianas. Expandió su consejo económico, presidido por
Gottfried Feder; y nombró a Walter Darré director de la nueva Oficina sobre la
Raza y el Asentamiento.
El 13 de octubre, el Reichstag se reunió por primera vez
desde marzo. Inmediatamente, NSDAP y DNVP presentaron una moción para que el
Reichstag le retirase la confianza al gobierno; otras mociones conjuntas
proponían la revocación de los decretos de emergencia y la convocatoria de
nuevas elecciones. Hubo tres días de debates, tras los cuales la moción de
censura fue derrotada por un margen corto (295 contra 270). Inmediatamente
después, el Reichstag votó cerrar sus sesiones hasta febrero de 1932. Brüning
prometió que una vez que la situación económica se hubiese recuperado, él
volvería a traer la vida parlamentaria normal.
El gobierno, sin embargo, no sólo tenía problemas económicos. En la calle, la violencia entre nacionalsocialistas y comunistas era cada vez peor. Esto es cierto; lo de que Alemania vivía un ambiente de preguerra civil, eso se discute más. Según se publicó en aquellos días, desde principios de 1923 hasta el verano de 1931, la violencia política en Alemania había causado 457 muertos y 1.154 heridos. Sin embargo, entre la mitad y un tercio de todas estas bajas se habían producido en el primer año de 1923. Las bajas por la violencia eran muchas más entre los comunistas; en relación de 1 a 3 respecto de los nacionalsocialistas. Lo que sí es cierto es que, en 1932, la violencia escaló muy, muy deprisa. Sólo en Prusia se contabilizaron 155 muertas (de las que 55 fuero nacionalsocialistas y 54 comunistas). Es una violencia muy fuerte; pero algunos historiadores consideran que estaba totalmente dentro del rango de lo que la policía podía controlar (cosa que yo no tengo tan claro).
La eclosión de la violencia generó inmediatamente una cultura del martirio, con
las formaciones políticas organizando funerales multitudinarios en favor de sus
víctimas. Quizás el mártir más famoso del nacionalsocialismo fue Horst Wessel,
un Stormtropper de 22 años, que fue tiroteado cuando abrió la puerta de su
apartamento en Berlín el 14 de febrero de 1930. Su verdugo fue Albrecht Höhler,
un miembro del Roter Frontkämpferbund
o Liga de Combatientes Comunistas del Frente Rojo. Nunca ha quedado del todo
claro si aquel asesinato fue político, puesto que había otros temas de por
medio. Wessel, entre otras cosas, era el chulo de una prostituta, Erna Jänicke.
Wessel, sin embargo, había compuesto algunas canciones
guerreras y, cuando Göbels supo eso, decidió encumbrarlo a la posición de mito.
Una de esas canciones es Die Fahne Hoch,
o sea, alcemos la bandera, que normalmente se conoce como la canción de Host
Wessel, y se convirtió en el himno oficioso del NSDAP.
El optimismo político de Hitler, en todo caso, tenía mucha
base. En las elecciones que se celebraron en 1931 en Schaumburg-Lippe, el NSDAP
se fue al 27% del voto. En Oldenburgo sacaron un brutal 37%, con lo que el NSDAP se convirtió,
por primera vez, en el partido mayoritario en un parlamento. Ya en noviembre,
en Hesse, se fueron al 37% otra vez, de nuevo primera fuerza política.
El 25 de noviembre, en medio de un ambiente general de “que
viene la ultraderecha” entre las izquierdas y el centro, Carl Severing, el jefe
de los Mossos de Prusia, anunció que un tal “doctor Schäfer”, parlamentario en
Hesse del NSDAP, había sido conminado a entregar su acta por haber dicho en el
currículo que era doctor cuando no lo era. Pues sí, queridos niños; en aquel
entonces, incluso con los barbarians at
the gate, se dimitía por esas cosas. Severin dijo que, también, el tal
Schäfer, conforme se iba, le había entregado a la UCO prusiana unos papeles muy
comprometedores sobre el NSDAP. Estos papeles, redactados por un abogado del
partido, Werner Best, eran las actas de un encuentro de líderes regionales que
había tenido lugar en Boxheimer Hof, cerca de Lampertheim, y describían el plan
de acción del NSDAP en el caso de que hubiese un levantamiento comunista en
Hesse. Entre otras cosas, se decía que todo aquél que se resistiese “sería
ejecutado en el sitio, sin juicio”.
Los papeles de Boxheim, como se conocieron, eran muy comprometedores para Hitler y su política basada en aparecer como un hombre totalmente respetuoso de los métodos democráticos. El 26 de noviembre, Göring reaccionó con una nota de prensa, en la que decía que la dirección del partido no tenía nada que ver con su elaboración. La publicación, por lo demás, movió a Hitler a realizar una serie de entrevistas periodísticas en diciembre de 1931, en las que apareció como especialmente moderado. Incluso celebró una conferencia de prensa el 4 de diciembre en el hotel Kaiserhof de Berlín.
Cuatro días después, el 8 de diciembre, Heinrich Brüning dio un discurso
radiado en el que anunció la aprobación de un cuarto decreto de emergencia
económica. Era una norma de 48 páginas que reduciría los salarios de los
funcionarios todavía más (9%), reducía los precios de los productos
cartelizados un 10%, recortaba los tipos un punto hasta el 7%, incrementaba los
impuestos sobre las ventas del 1% al 2%, y ponía fin a los subsidios
gubernamentales a la vivienda. Se nombraba un comisionado del control de
precios (Carl Goerdeler); y se creaba un “impuesto de los desertores” del 25%
sobre los activos vendidos por alemanes fuera del país.
En ese mismo discurso, Brüning fue a ful contra Hitler,
acusándolo de tener un doble lenguaje y de haber abandonado en secreto la
legalidad constitucional.
El día de Año Viejo de 1931, fue el presidente Hindenburg el
que se acercó por los micrófonos de la radio para dar por culo. Su discurso se
centró en describir los muchos agradecimientos y recompensas que merecía el
pueblo alemán por estar aguantando todos aquellos tiempos de recortes y de
putadas. Un sacrificio tan meritorio que, dijo, “los otros países no deberían
oponerse a la recuperación de Alemania mediante la imposición de condiciones
imposibles”; sugerencia que, lógicamente, puso de los nervios a los alemanes con receptor de
radio.
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