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miércoles, septiembre 18, 2019

Partos (3: Fraates y su hermano)

Otras partes sobre los partos

Los súbditos de Seleuco
Tirídates y Artabano


Los partos vieron cómo Antíoco se hacía con su capital sin siquiera presentarle batalla seria. Pero en eso no hicieron otra cosa que demostrar que eran un pueblo de las montañas. En efecto, las gentes que viven en lugares de complicada orografía suelen tener siempre la misma táctica cuando son atacados por un enemigo numeroso. Le dejan hacer, le dejan avanzar, buscando dos cosas: primera, que se aleje de sus recursos, esto es que se implique en una guerra que lógísticamente sea cada vez más complicada; y, segundo, que se deba adentrar en el complicado perfil del terreno, lugares donde las emboscadas son fáciles, donde con relativamente pocos efectivos se puede tener la perspectiva de obtener victorias contra ejércitos bien dotados.

lunes, septiembre 09, 2019

Partos (2: Tirídates y Artabano)

Otras partes sobre los partos

Los súbditos de Seleuco


Como suele ocurrir en estas circunstancias, cuando a Antíoco las cosas se le complicaron, se le complicaron bien y a tope. El principal de los problemas que tuvo fue que un sátrapa sirio, a base de ejercer el poder como le daba la gana, acabó por ambicionar la idea de ser él su propio rey, sin sometimientos ni leches. Hablamos del griego Diodoto, gobernador todopoderoso de Bactria. Diodoto tuvo el gesto que hoy, principalmente, nos sirve para conocer las veleidades monarquistas de alguien, esto es, la acuñación de monedas con su esfigie y, de hecho, estableció casi sin problemas su propio poder sobre Bactria, ya que en las satrapías apenas había, por así decirlo, estructuras de poder federal. En el fondo, es bastante lógico que la disgregación de aquella gran Siria, por llamarla de alguna manera, comenzase por Bactria, pues era ésta una satrapía que había sido tratada con mano dulce por los persas, siempre conocedores de las ínfulas independentistas de los bactrianos.

miércoles, septiembre 04, 2019

Partos (1: los súbditos de Seleuco)


Todo el mundo que está algo versado en la Historia de Roma sabe que cuando la vieja tocahuevos interrumpió el paso de Julio hacia el Senado y le advirtió sobre los peligros derivados de los ictus de cuarzo, advertencia que Julio, que ya estaba algo teniente, entendió se refería a los idus de marzo, el valiente general y dictador avant la lettre estaba a punto de dejar Roma. Se iba en una expedición militar muy ambiciosa. El día que Marco Bruto y los de Palacagüina se cargaron al general al que habían dado una categoría con nombre de ensalada, varias legiones habían cruzado ya el Adriático y le esperaban en Asia Menor, convencidas de su victoria. Las crónicas nos dicen que el objetivo de César era someter, de una vez por todas, a los partos.

Varias veces le he preguntado a gente de mi entorno cómo imaginan a esos enemigos del romano. He podido comprobar que la visión general tiende a ver a los partos como probablemente eran entonces los miembros y miembras de otro pueblo que empezaba por p, los pictos. Esto es: tipos en taparrabo, infraevolucionados, brutales, montaraces y sucios. Los partos, sin embargo, estaban lejos de ser así. Eran, en buena parte, los herederos de las civilizaciones mesopotámicas que, no lo olvidamos, ya tenían cagaderos con chorrito cuando los romanos todavía se limpiaban el ojete con hojas de morera. La tradición nos dice que cuando el rey parto Orodes recibió la cabeza de su enemigo romano, Marco Licinio Craso, estaba en el teatro, asistiendo a la representación de una tragedia griega. Por mucho que la anécdota sea más que probablemente espuria, denota que a nadie extrañaba en el mundo antiguo que los partos estuviesen al cabo de la calle de los éxitos del Broadway ateniense. Por eso, porque los partos eran bastante más de lo que habitualmente pensamos, vamos a dedicarles algunos puntitos. Espero que os gusten.