miércoles, mayo 22, 2019

El canto del cisne de la aristocracia española (o cómo echar a un rey a base de bailar)

En el Madrid del siglo XIX, además de algún que otro espectáculo notable como el teatro, la zarzuela o los toros, lo que se podía hacer, y se hacía, era visitar. Los españoles, y muy particularmente los madrileños, de aquella época, tenían una agenda establecida de días y horarios durante los cuales abrían los salones de sus casas para la visita de sus parciales, amigos y socios. En Madrid, las personas visitaban a las familias Fulano o Mengano, y visitar, esto es, ser admitido en según qué tertulias, almuerzos o cenas, era signo de estatus. De hecho, a finales del siglo XIX, lo más de lo más del reconocimiento social era comer en casa de Emilio Castelar. El político republicano no estaba casado y vivía en una casa amplia, creo que en la calle Serrano, con un extenso comedor en el que había una mesa imperial con capacidad exacta para doce cubiertos. Por lo demás, Castelar, hombre muy querido en toda España, tenía corresponsales por todo el país que no paraban de enviarle las mejores viandas, así pues su casa estaba siempre repleta de chorizos, cecinas, arroz, lentejas, la mejor fruta. Comer en casa de Castelar era comer bien y, además, poder contar que uno había sido visto en la mesa del prohombre. Así pues, las mañanas, sobre todo de diario, se consumían en un tira y afloja constante, una competición entre pivotes debajo de la canasta, donde se buscaba conseguir, a codazos o como fuera, uno de los once puestos de oro.

Casi todo lo bueno y lo malo que ocurrió en el país durante aquel tiempo se fraguó en aquellos conciliábulos en los que, si se celebraban en la tarde como era habitual, el chocolate a la taza era el rey, el chisme la materia prima, y los negocios y apaños, matrimonios incluidos, el resultado.

lunes, mayo 20, 2019

Pericles (4: Cimón)

Ya hemos estado en:
Un proyecto imperialista
Por qué ser un alcmeónida no era ningún chollo
Xántipo, Micala y el coleguita Leotícides

En torno al año 470, estos son los hechos que más o menos conocemos, los griegos tomaron finalmente la decisión de exiliar a Temístocles y, posteriormente, lo llamaron para responder por sus cargos.

miércoles, mayo 15, 2019

Pericles (3: Xántipo, Micala, y el coleguita Leotícides)

Ya hemos estado en:
Un proyecto imperialista
Por qué ser un alcmeónida no era ningún chollo

Clístenes, mediante sus reformas, se convirtió en el campeón, por así decirlo, del pueblo de Atenas. Sin embargo, este gesto habría de provocar la oposición cerril del otro gran poder naciente dentro de la Hélade, que era Esparta.

lunes, mayo 13, 2019

El cisma (10: los preparativos de Constanza)

Sermones ya pasados

La declaración de Salamanca
El tablero ibérico
Castilla cambia de rey, y el Papado de papas
Via cessionis, via iustitiae y sustracción de obediencia
La embajada de los tres reyes
La vuelta al redil
Para ambos papas, el año 1408 se había convertido en una tormenta perfecta, dado que prácticamente en todas las monarquías que contaban algo en Europa se había instalado la idea de que había que solucionar el problema de la Iglesia sin su concurso. El colegio cardenalicio de Gregorio XII se reunió en Pisa, mientras que el de Benedicto XIII lo hizo en Livorno; y ambos partidos comenzaron a negociar a la vista de todos para acordar la celebración de un concilio unificado. De Luna, a través de sus terminales, inició negociaciones con los conciliares de Livorno y descubrió, desalentado, que allí todo el mundo contaba con su cese. Como sabemos, su reacción fue refugiarse en Aragón y convocar un concilio con sus partidario en Perpiñán.

miércoles, mayo 08, 2019

Pericles (2: por qué ser un alcmeónida no era ningún chollo)


En la Grecia clásica no faltaban personas con criterio suficiente como para entender que la Ilíada es un cuento poético. Que Troya, tal vez, fue asediada y tomada por los griegos; pero en esa pelea, definitivamente, no participaron pollos que eran inmortales por todos los lugares de su cuerpo menos uno llamado talón. Sin embargo, la mayoría de los griegos creían esas versiones, las daban por perfectamente ciertas; y no sólo eso, sino que su existencia colectiva se identificaba, en muy buena parte, con el objetivo de alcanzar de nuevo esos momentos pretéritos.

lunes, mayo 06, 2019

Usureros


Una de las cosas que más nos sorprende a los ciudadanos occidentales de hoy en día es el hecho de que en los países musulmanes aún se aplique la sharia, el viejo derecho religioso surgido del Islam. Una de las consecuencias de esta regulación dictada por Dios es que, en los países más estrictamente musulmanes, las instituciones financieras se las ven y se las desean porque, formalmente, tienen prohibido prestar con interés. Es algo, digo, que puede extrañarnos, pero no sorprendernos; pues la verdad es que nosotros, en tanto que descendientes de una sociedad con raíces cristianas, venimos precisamente de ahí. De hecho, en ese tema pocas diferencias hay entre un islamista y un cristiano, pues ambos, en buena teoría, rechazan la usura o, si se prefiere, el préstamo con interés en términos generales.

miércoles, mayo 01, 2019

El cisma (9: la vía conciliar se abre camino)

Sermones ya pasados

La declaración de Salamanca
El tablero ibérico
Castilla cambia de rey, y el Papado de papas
Via cessionis, via iustitiae y sustracción de obediencia
La embajada de los tres reyes
La vuelta al redil
No todo, sin embargo, habría de ponerse en contra de los intereses del Papa cismático. El 25 de diciembre de 1406, sin haber podido completar sus diseños de alta política hacia la paz en la cristiandad, el rey castellano Enrique falleció. Detrás de él quedó Juan II, que entonces era un niño, y que por lo tanto tuvo que apoyarse en una regencia, formada por dos personajes de la Corte ajenos y enfrentados prácticamente en todo: Catalina de Lancaster y Fernando de Antequera. Sin embargo, si en algo la Alencastre y Antequera estaban de acuerdo era en su aviñonismo acérrimo. Esto convirtió a Alfonso Egea, el flamante arzobispo de Sevilla, en el gran muñidor de la política religiosa castellana.