miércoles, octubre 29, 2014

Sir John: 2, o sea, en España

Recuerda que ya te hemos contado la extraña combinación de circunstancias que puso a John Moore al mando de las tropas británicas en España.

El día11 de octubre, las primeras tropas inglesas salieron de Queluz bordeando el Tajo. Por orden de su general, llevaban unos sombreros en los que, en letras de oro, se podía leer: «Viva Ferdinando Settimo»; que debe de ser la idea que aquellos británicos tenían del perfecto español.

lunes, octubre 27, 2014

Pedro Maceiras, mosquetero

Escribí este texto hace algún tiempo, cuando un joven educando de la escuela española me comentó los muchos sudores que sufría estudiándose lo que denominó El Coñazo de Oro. Yo le apostillé que, por extraño que le pareciese leyendo algunos trozos de aquel teatro barroco, era la diversión de la época, y no precisamente de gentes notables y encopetadas. Recordando la conversación, me salieron los párrafos que abajo se leen.

jueves, octubre 23, 2014

La España de nueva planta



Quién: Antonio Morales Moya et alia
Qué: 1714. Cataluña en la España del siglo XVIII.
Con quién: Cátedra.
Cuánto: 488 páginas.

martes, octubre 21, 2014

«Novedad» editorial

Hola.

Me asomo un momento sólo para informaros de que en la biblioteca del blog he colocado una nueva serie larga que fue publicada por tomas hace ya bastantes meses: la vida y muerte de Girolamo Savonarola, el monje revolucionario y reformador de la Florencia medicea. Quienes lo leísteis en su momento podréis releer una versión algo más compactada y fluida; y quienes no habéis leído en su día la serie, os la podéis apretar ahora de una tacada. La versión está en pdf.

Ya que estaba, y visto que la biblioteca va estando nutrida, he elaborado una encuesta en línea en la que puedes calificar las distintas «series largas» que se han publicado en la biblioteca (además hay dos libros en Kindle, pero eso es otra historia porque hay que pagar grandes fortunas para poder leerlos. Uno está aquí y el otro aquí). He marcado el ticker para que las propias personas que entren en la encuesta puedan ver los resultados. Lo que no sé es si funcionará.

Hasta más ver.


lunes, octubre 20, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (20)

Antes hemos dicho que Breznev se guardó de no designar un sucesor como un medio para evitar que así surgiese una figura que le hiciese sombra, amén de la competencia. Sin embargo, sus intenciones personales tampoco cuadraban necesariamente con la realidad, puesto que los «segundos» la gente los busca. Nikolai Podgorny, tras la caída de Kruschev, se había convertido en una especie de segundo secretario del Partido o, si se prefiere, el segundo en la línea de poder en la URSS. Esto era así, se pusiera Breznev en el decúbito que le cupiese, porque una estructura burocrática tan grande como el Partido Comunista de la Unión Soviética, con tantas esquinas de poder y una interrelación tan extraña y cambiante con las estructuras de gobierno propiamente dichas, no podía ser dominada por un solo hombre. Bueno, en realidad, sí; esta fue la gran lección histórica de Iosif Stalin: con una policía secreta a tu servicio, un ejército acojonado por tus purgas, y una clase política acostumbrada a la idea de que el que se mueva acaba en Siberia, se puede llegar a dominar una estructura así. Yo, personalmente, no albergo ni la menor duda de que Breznev, si hubiese podido, habría aplicado las enseñanzas de su maestro real (Kruschev fue más su mentor, y luego su enemigo). Pero los tiempos habían cambiado.

jueves, octubre 16, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (19)

Teóricamente, esto es algo que los portavoces y diversos lenguaraces del Kremlin le repetían entonces a los corresponsales extranjeros en Moscú, el nombramiento de Leónidas Breznev como secretario general del PCUS había abierto una nueva época. Tras la errónea y narcisista era de Kruschev (en los nuevos tiempos, obviamente, les estaba vedado a estos transmisores de mensajes recordar que Stalin había sido aun peor en lo que se refiere al culto personal), se había llegado a una etapa de verdadero socialismo en el que quien mandaba era la colectividad; esto es, el viejo sueño de Lenin de una elite consciente dirigiendo el país.

lunes, octubre 13, 2014

Sir John, 1: La incompetencia, las envidias y una enamorada fabrican un comandante en jefe



La Ciudad Vieja de La Coruña es uno de los lugares más pacíficos que existen. En la Ciudad Vieja hay un pequeño parque, y en el centro de ese pequeño parque, una tumba vacía. La tumba en la que una vez, ya no, estuvo el cuerpo del hombre a quien cabe el honor de ser el no coruñés históricamente más amado por los coruñeses. Bueno, hoy en día es posible que muchos coruñeses le otorguen ese entorchado a Bebeto, o a Juan Carlos Valerón; pero digamos que, durante mucho tiempo, ha sido sir John Moore quien ha merecido ese privilegio.

Los coruñeses, siempre proclives a desenfundar esa condición cosmopolita que, cuando menos ellos así lo piensan, los matiza, más que los diferencia, respecto del resto de los gallegos, han guardado como oro en paño esta figura, la figura de un general inglés a quien el destino había llamado para alcanzar la gloria venciendo a Napoleón, pero que hubo de morir en La Coruña. En una pared del parque donde lo enterraron, las autoridades, hemos de suponer que municipales coruñesas, grabaron unas elogiosas palabras, cuidadosamente seleccionadas, escritas por Moore sobre los gallegos; sellando con ello un pacto de fama, una mutua fidelidad, que se mantiene a su manera (manera ignorante, quiero decir; porque toda vida moderna desdibuja los mitos antiguos).

Me gustaría contaros, a lo largo de algunos capítulos, la historia de la presencia de Moore en España, de su triste fin, de su legado. Debéis sentaros cómodamente y tener una paciencia de días, porque la jornada es larga. Moore no bajó del cielo en La Coruña para morir como un Jesucristo moderno. En realidad, recorrió media península para llegar al puerto gallego, en unas condiciones que se adivinan, digamos, comprometidas. Si nos limitásemos a contar su batalla final y su muerte, no le haríamos justicia. Y perderíamos matices. Como éste que os quiero contar en este primer post, dedicado al porqué, a la razón última de que sir John Moore acabase en España. Que no es otra que las envidias, la rigidez y, al fin y a la postre, la incompetencia. Sin olvidar el papel jugado por una mujer.