viernes, abril 12, 2024

Stalin-Beria. 2: Las purgas y el Terror (3): La Constitución más democrática del mundo

 El día que Leónidas Nikolayev fue el centro del mundo
Los dos decretos que nadie aprobó
La Constitución más democrática del mundo
El Terror a cámara lenta
La progresiva decepción respecto de Francia e Inglaterra
Stalin y la Guerra Civil Española
Gorky, ese pánfilo
El juicio de Los Dieciséis
Las réplicas del primer terremoto
El juicio Piatakov
El suicidio de Sergo Ordzonikhidze
El calvario de Nikolai Bukharin
Delaciones en masa
La purga Tukhachevsky
Un macabro balance
Esperando a Hitler desesperadamente
La URSS no soporta a los asesinos de simios
El Gran Proyecto Ruso
El juicio de Los Veintiuno
El problema checoslovaco
Los toros desde la barrera
De la purga al mando
Los poderes de Lavrentii
El XVIII Congreso
El pacto Molotov-Ribentropp
Los fascistas son ahora alemanes nacionalsocialistas
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Que no, que no y que no


Por supuesto, la muerte de Kirov y el correspondiente lanzamiento de las purgas también tuvo su réplica en la Georgia de Lavrentii Beria. En primer lugar, hay que decir que la historiografía no descarta ni de coña que Beria tuviese algo que ver en el asesinato. En primer lugar, durante todo el año 1934 las visitas de Beria a Yagoda en Moscú se hicieron inusitadamente frecuentes. El segundo detalle que inquieta a los historiadores es que quien quizás era el mejor amigo de Kirov en la cúpula comunista, el georgiano Sergo Ordzonikhidze, visitó su tierra en noviembre de 1934, y adquirió una extraña enfermedad que lo sacó del circuito justo en las jornadas en las que Kirov la espichó. El 6 de noviembre, Ordzonikhidze, Beria y Bagirov cenaron en el apartamento de éste último en Bakú. 48 horas después, estaba sufriendo de graves hemorragias estomacales. Así las cosas, teniendo previsto regresar a Moscú a mediados de noviembre, tuvo que quedarse en Tibilisi, por orden de Stalin, hasta finales de mes. Ordzonikhidze no formó parte del grupo de dirigentes comunistas que viajó a Leningrado para esclarecer el asesinato de Kirov. Los doctores nunca supieron explicar qué le había pasado.

jueves, abril 11, 2024

Stalin-Beria. 2: Las purgas y el Terror (2): Los dos decretos que nadie aprobó

El día que Leónidas Nikolayev fue el centro del mundo
Los dos decretos que nadie aprobó
La Constitución más democrática del mundo
El Terror a cámara lenta
La progresiva decepción respecto de Francia e Inglaterra
Stalin y la Guerra Civil Española
Gorky, ese pánfilo
El juicio de Los Dieciséis
Las réplicas del primer terremoto
El juicio Piatakov
El suicidio de Sergo Ordzonikhidze
El calvario de Nikolai Bukharin
Delaciones en masa
La purga Tukhachevsky
Un macabro balance
Esperando a Hitler desesperadamente
La URSS no soporta a los asesinos de simios
El Gran Proyecto Ruso
El juicio de Los Veintiuno
El problema checoslovaco
Los toros desde la barrera
De la purga al mando
Los poderes de Lavrentii
El XVIII Congreso
El pacto Molotov-Ribentropp
Los fascistas son ahora alemanes nacionalsocialistas
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Que no, que no y que no


El 2 de diciembre, llegaron a Moscú, en el mismo tren, Stalin, Zhdanov, Molotov, Voroshilov, Yezhov, Yagoda, Vyshinsky y otros de parecido jaez. Stalin se bajó del tren en silencio, se plantó delante de Medved, y lo abofeteó en público. Luego se volvió hacia Formin para que le informase. El equipo de dirigentes fue al hospital donde a Kirov le habían hecho la autopsia la noche anterior, y luego al Smolny. Allí, Stalin interrogó a Medved, a Nikolaev y a su mujer. Nikolaev, aparentemente, no reconoció a Stalin inicialmente; pero cuando lo hizo se puso histérico. Según la Shvernik, cuando Stalin le preguntó por qué había hecho lo que había hecho, Nikoaev cayó de hinojos y juró que había sido por orden del Partido. Algunas versiones sostienen que dijo: vy zhe sami mne..., o sea, algo así como: “pero, tú me dijiste...”; y que los agentes de la NKVD lo callaron de una hostia.

miércoles, abril 10, 2024

Stalin-Beria. 2: Las purgas y el Terror (1): El día que Leónidas Nikolayev fue el centro del mundo

El día que Leónidas Nikolayev fue el centro del mundo
Los dos decretos que nadie aprobó
La Constitución más democrática del mundo
El Terror a cámara lenta
La progresiva decepción respecto de Francia e Inglaterra
Stalin y la Guerra Civil Española
Gorky, ese pánfilo
El juicio de Los Dieciséis
Las réplicas del primer terremoto
El juicio Piatakov
El suicidio de Sergo Ordzonikhidze
El calvario de Nikolai Bukharin
Delaciones en masa
La purga Tukhachevsky
Un macabro balance
Esperando a Hitler desesperadamente
La URSS no soporta a los asesinos de simios
El Gran Proyecto Ruso
El juicio de Los Veintiuno
El problema checoslovaco
Los toros desde la barrera
De la purga al mando
Los poderes de Lavrentii
El XVIII Congreso
El pacto Molotov-Ribentropp
Los fascistas son ahora alemanes nacionalsocialistas
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Que no, que no y que no


[Recordad que venimos de una primera serie sobre el tema, que terminaba, precisamente, en la muerte de Sergei Kirov]


La terquedad de Sergei Kirov hizo que su asesinato, muy probablemente diseñado para producirse en Moscú, hubiera de producirse en Leningrado. Esto obligó a Stalin, o más precisamente a Yagoda, a buscar a alguien en la ciudad rusa que pudiera encargarse del trabajo. Ese alguien sería Iván Vasilievitch Zaporozhets.

martes, abril 09, 2024

Curso de arriano upper-intermediate (y 6): Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi

El sabelianismo
Samosatenses, fotinianos, patripasianos
Arrio
Más Arrio
Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos
Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi




Ya estamos prácticamente al final del curso de arriano upper-intermediate. En este punto, acaricias ya el diploma que, desde luego, te estás ganando con la paciencia que derrochas leyendo estas mierdas. Aún, sin embargo, nos queda alguna que otra cosita que tratar para terminar de apuntalar conocimientos.

lunes, abril 08, 2024

Curso de arriano upper-intermediate (5): Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos

El sabelianismo
Samosatenses, fotinianos, patripasianos
Arrio
Más Arrio
Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos
Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi



El principal problema para los semiarrianos no fueron, o no fueron en ese momento, los ortodoxos. Fueron los arrianos puros, por así llamarlos. En el tiempo de Constancio, en Antioquía se produjo un movimiento conservador, defensor de las esencias de Arrio, que generó los movimientos del aecianismo y el eunomianismo. La aparición de los CDR arrianos no hizo mucho en favor del movimiento, que acusó el golpe, en realidad, para siempre.

viernes, abril 05, 2024

Curso de arriano upper-intermediate (4): Más Arrio

El sabelianismo
Samosatenses, fotinianos, patripasianos
Arrio
Más Arrio
Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos
Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi



En ese tiempo, además, Hilario de Poitiers, el campeón de la ortodoxia en occidente, trató de reaccionar a la pujanza semiarriana en su territorio mediante las negociaciones para alcanzar algún tipo de pacto en oriente que los debilitase; pacto que se basaba, sobre todo, en la aceptación por parte de los heréticos del principio de la homoousion. Desde ese momento hasta la muerte de Constancio, en el 361, se sucedieron los concilios, normalmente con diferentes propuestas de Credo adjuntas; algunas semiarrianas, otras homoeanas, otras anomoeanas. Es decir: el arrianismo se imponía, pero esa imposición se hacía desde la división, por lo que se puede decir que, cuando menos en parte, moría de éxito, pues no podía ofrecer algo que es fundamental para cualquier Iglesia, teniendo en cuenta que toda Iglesia es, por definición, un business model: unidad en la gestión.

jueves, abril 04, 2024

Curso de arriano upper-intermediate (3): Arrio

El sabelianismo
Samosatenses, fotinianos, patripasianos
Arrio
Más Arrio
Semiarrianos, anomoeanos, aecianos, eunomianos y acacianos
Eudoxianos, apolinarianos y pneumatomachi



Arrio, según escribieron sus oponentes, comenzó a difundir sus canciones levemente eróticas, pero cargadas de sentido teológico, entre marineros y mineros. Gente de baja estofa, pues. Pero no fueron los únicos que le siguieron. Los obispos Teodoto de Laodicea y Patrófilo de Escitópolis se apuntaron a su arrianismo. De hecho, Arrio salió a hombros de un sínodo de obispos bitinios. Arrio, por lo demás, trataba de convencer a quien le escuchaba de que sus diferencias con Alejandro de Alejandría eran meramente de matiz; defendiendo estas ideas fue como consiguió ser aceptado en muchas iglesias.