jueves, marzo 08, 2012

Hace cuarenta años



Este librito, un tanto mareado, cayó en mis manos hace algunas semanas en el Rastro. Lo pesqué de una de esas cajas de libros a 20 céntimos y me hizo gracia. Básicamente, es un compendio de las preguntas planteadas en los exámenes de grado de Bachillerato (a partir de los 13 años, si no recuerdo mal) para la preparación de los mismos.

Hay bastantes materiales curiosos en el interior, pero hoy sólo me voy a ocupar de unos pocos, especialmente de los más blogueros: las preguntas de Geografía e Historia.

Aquí os dejo, por lo tanto, un florilegio de las preguntas que los adolescentes tenían que desarrollar en sus exámenes hace cuarenta años. Las escribiré en redonda y, en su caso, propondré, en itálica, alternativas sobre la misma materia para los exámenes actuales.

Vamos allá.

1.- Hacer una breve descripción del Brasil, señalando sus límites y e indicando cuáles son sus principales regiones. ¿Cuál es la principal riqueza del Brasil: la agricultura, o la industria? Razonar la respuesta.

Ronaldo, Dani Alves y Marcelo tienen dos cosas en común. Una es que los tres son futbolistas. ¿Cuál es la otra?


[Nota: como todo el mundo sabe, la respuesta correcta es: los tres se han rapado la cabeza alguna vez]


2.- Después de la Revolución de 1868, los principales acontecimientos de la política española durante el último tercio del siglo XIX fueron: el Gobierno Provisional, el reinado de Amadeo I, la Primera República, la Restauración y reinado de Alfonso XII y la regencia de María Cristina. Señalar los hechos más importantes de este proceso histórico.

 ¿Sabrías decir en qué siglo se produjo la revolución de 1868?


3.- El concilio ecuménico de Trento; sus decretos y consecuencias. Participación de los teólogos españoles. La Compañía de Jesús y la difusión del espíritu de la Contrarreforma.

Explica brevemente cómo deben distribuirse los distintos residuos en los diferentes recipientes de reciclaje.


4.- ¿Por qué fueron tan importantes en la Roma antigua las figuras de Mario, Sila, Julio César, Octavio Augusto y Constantino el Grande?

Tras la desaparición de la República romana, los máximos mandatarios pasaron a llamarse:


a) Emperadores.
b) Consejeros-delegados.
c) Obispos.
d) Coordinadores.


5.- ¿Cuáles fueron las causas de las Cruzadas? ¿Qué te recuerdan las figuras de Urbano II, Godofredo de Bouillon, Ricardo Corazón de León e Inocencio III? ¿Qué importancia y consecuencias tuvieron las Cruzadas?

Señala si es verdadera o falsa la siguiente afirmación: Los caballeros cruzados luchaban con fusiles de asalto AK-47.


6.- ¿Quiénes fueron Ganelón, Oliveros y Roldán? Lo expresado debe servirte de punto de partida para que resumas el argumento de la Canción de Roldán.

¿Cuántos libros has leído de Harry Potter? ¿Sabrías explicar dónde tienen lugar, y en qué contexto?


7.- ¿A mediados del siglo XIV, se inicia entre Inglaterra y Francia la llamada guerra de los Cien Años. En relación con esta contienda, exponer sus causas, periodos en que se divide y principales acontecimientos. ¿Qué importancia tiene la figura de Santa Juana de Arco?

¿Cuántos siglos crees que pudo durar, aproximadamente, la guerra de los Cien Años?


8.- Dibuja el contorno de nuestra península y dentro de él señala la cuenca del Ebro, distinguiendo la orografía que la forma, el río y sus principales afluentes. Localiza las comarcas de La Rioja y Los Monegros.

¿Cuántos ríos sabes que pasen por tu Comunidad Autónoma?




9.- Explica los testamentos de Sancho III el Mayor de Navarra y de Fernando I de Castilla.

¿Quién crees tú que pudo ser el primer rey de Castilla: Fernando I o Fernando II?


10.- Escribe lo que es el Camino de Santiago y sobre las influencias que por él recibe España de Europa. ¿Recuerdas quién fue el rey de Asturias que promovió el culto al apóstol Santiago?

¿Sabrías decir cómo se llama el conjunto escultórico de la principal puerta de la catedral de Santiago?


a) Puerta de embarque. 
b) Familia Telerín.
c) O Apalpador e os seus amigos.
d) Pórtico de la Gloria.


11.- ¿En qué época vivió el emperador Carlomagno en Francia, y cuál fue su obra política, militar y cultural?

¿Qué sabes de Carla Bruni?




Otro aspecto interesante de estos exámenes es que todos comienzan con una lectura. La lista de lecturas de primer grado es:


  • Cuentos extranjeros (Andersen, Perrault o Grimm).
  • Cuentos españoles antiguos (Calila e Dimna, El Conde Lucanor, Timoneda).
  • Cuentos españoles modernos (Fernán Caballero, Valera, Palacio Valdés).
  • Cuentos populares de tradición local [aquí, el franquismo, anticipando la enseñanza autonómica].
  • Juan Ramón Jiménez: Platero y yo  [inevitable].
  • Rabindranath Tagore: La luna nueva.
  • Romances (sic).
  • Lope de Vega: Villancicos.
  • Villancicos populares de tradición local.
  • Rubén Darío: A Margarita Debayle.

La lista de cuarto curso mueve a la risa: Homero, Sófocles, Plauto, Virgilio, Canción de Roldán, Cantar de Mío Cid, Berceo, el Auto de los Reyes Magos, don Juan Manuel, el marqués de Santillana, Jorge Manrique, Garcilaso, Fray Luis, Cervantes, Góngora, Quevedo, Lope, Calderón, Moratín, Meléndez Valdés, duque de Rivas, Zorrilla, Bécquer, Pereda, Palacio Valdés, Rubén Darío, JRJ, Benavente, Salvador Rueda, Gerardo Diego y José María Pemán.

Los alumnos, según advierte el libro, deben aprender diversas figuras y tropos de la lengua, entre ellas: antítesis, enumeración, comparación, concesión, corrección, amplificación, graduación, preterición, reticencia, epifonema, paradoja, sentencia, comunicación, lítote, interrogación retórica, exclamación, apóstrofe, prosopopeya, hipérbole, perífrasis, anáfora, conversión, complexión, reduplicación, conduplicación, concatenación, epanadiplosis, polisíndeton, asíndeton, paranomasia, aliteración, onomatopeya, silepsis, juego de palabras, epíteto, similicadencia, paradístole, ironía, sinécdoque, metonimia y metáfora.

Otro elemento que encuentro de cierta curiosa importancia es que los exámenes comienzan siempre con un texto (de estas lecturas) y, sistemáticamente, la primera pregunta se refiere al significado o los sinónimos/antónimos de determinadas palabras del texto. Las palabras que los alumnos, por lo tanto, debían conocer sin diccionario son, entre otras:


  • Vigilia.
  • Otear.
  • Hueste.
  • Torbellino.
  • Collado.
  • Coraza.
  • Rapto.
  • Copiosa.
  • Redor.
  • Porfía.
  • Aqueos.
  • Sinónimo de oculto.
  • Antónimo de valeroso.
  • Antónimo de cortés.
  • Evangelio.
  • Enmendar.
  • Etimología de prado.
  • Etimología de bien.
  • Morar.
  • Tez.
  • Maña.
  • Graveza (todo se torna graveza/cuando llega el arrabal/de senectud... de Manrique).
  • Arrabal.
  • Sinónimo de eternal.
  • Celemín.
  • Fanega.
  • Sinónimo de ladera.
  • Sinónimo de orear.
  • Sinónimo de manso.
  • Jaspes (Que no le enturbia el pecho/de los soberbios grandes el estado,/ni del dorado techo/se admira, fabricado/del sabio moro, en jaspes sustentado... o sea, Fray Luis).
  • Lisonjera.
  • Anegar,
  • Atribular.
  • Acrecentar.
  • Postreros.
  • Balumba (Llegaron también de los postreros, dos bravos y bizarros mozos, de bigotes largos, sobreros de grande falda, cuellos a la valona, medias de color, ligas de gran balumba, espadas de más de marca (...) Es de Rinconete y Cortadillo).
  • Broqueles.
  • Cofradía.


En fin. En uno de los exámenes con texto de Calderón, de La cena de Baltasar para ser más exactos, se hace esta pregunta de sintaxis:

Análisis sintáctico del siguiente punto: "¡Oh, suma Sabiduría, tú sabes los castigos que procuras!"



... pues eso. Que se acabaron los castigos.

miércoles, marzo 07, 2012

De pollados y polladas

Espero que mis amables lectores me perdonen la digresión de este post, bastante más actual que de costumbre, pero no puedo evitar recomendaros el demoledor informe del profesor y académico Ignacio Bosque sobre una serie de guías contra el lenguaje sexista. No sé, la verdad, qué es lo que más me gusta  del excelente documento del profesor Bosque: si lo categórico de sus argumentaciones o la elegancia con la que reparte soplamocos, a partes desiguales, para los expertos (y expertas) de salón que han parido este monstruito sociolingüístico que es el lenguaje no sexista, para el sistema educativo y, de forma connotada, para los políticos que permiten la persistencia de este espectáculo.

Ni qué decir tiene que coincido plenamente con casi todos los planteamientos del documento académico. Es cierto que se puede ser sexista a la hora de usar el lenguaje. Se puede decir, por ejemplo, que los más inteligentes de los lectores de este blog quizá comenten su contenido con sus mujeres y novias; momento en el cual, obviamente, el autor que dicha cosa escribe estará asumiendo que aquéllos de sus corresponsales que se encuentran en el areópago de la inteligencia tienen cojoncillos. Pero hay un tramo larguísimo entre sostener esto y sostener que, al tiempo, frases como los lectores de este blog son muy inteligentes resultan sexistas o discriminatorias porque niegan la visibilidad de la mujer, o le niegan la condición de lectora inteligente.

Como acertadamente recuerda el profesor Bosque en sus 18 folios, preñados de sentido común, son legión (en realidad, son inmensa mayoría) las mujeres que no sienten discriminación alguna en frases como España siempre ha tenido buenos cirujanos. A lo que añado yo, aunque él no lo diga, que más legión son, aún, los hombres que, en utilizando el masculino no marcado, no tienen pretensión alguna de denigrar u ocultar a la mujer. Y es cierto que los defensores de las guías de lenguaje no sexista nunca han resuelto adecuadamente la cuestión de qué hacer, o cómo actuar, frente a mujeres que, siéndolo, no reclaman, sin embargo, lo que según la teoría deberían reclamar.

Por otra parte, personalmente yo tengo la misma experiencia que el académico confiesa en sus folios. Conozco muchas mujeres brillantes, exitosas en sus campos, incluso cuando son campos de ésos que hace años sólo hollaban los hombres. Y no sé de un solo caso de entre éstas que esté a favor de, por ejemplo, las cuotas femeninas. Es más: tienden a verlas como un insulto. La mujer que vale quiere sentarse en un consejo de administración porque la empresa valore sus habilidades como gestora; no porque un decreto diga que uno de cada x consejeros tiene que ser palomi, porque en el dicho caso le entrará un síndrome de florero que lo flipas.

Pero, vaya, la valoración académica me ha hecho pensar mucho porque, en el fondo, creo forma parte de toda una tendencia histórica, que no sabría decir a ciencia cierta cuando comenzó pero, posiblemente, está ahora en su ápex.

Ciertamente, el lenguaje, las palabras, siempre han servido para servir al poder y para humillar al enemigo. Los castellanos viejos que arrancaron la costumbre de llamar marranos a los conversos sabían muy bien lo que estaban haciendo. Exactamente igual que aquéllos que comenzaron a llamar a la traición o la zancadilla miserable con el vocablo judiada. Quien tiene malos presagios y temor al presente y al futuro, no por casualidad, tiene el alma negra. Moro es vocablo despectivo generalizado entre los españoles cristianos cuando comenzaron a odiar de verdad a los musulmanes, a los que hasta entonces llamaban islamitas u otras cosas. Se usa el lenguaje para zaherir y para colocar las cosas en su sitio, ciertamente. Pero también hay que tener en cuenta que éste es un fenómeno que muchas veces las víctimas han revertido a su favor. Así, a no pocos latinoamericanos residentes en España les gusta referirse a sí mismos con el vocablo sudaca y, de hecho, tanto han porfiado en el empeño que han acabado, en mi opinión, por desbastar claramente la palabra de sus significados peyorativos. Lo mismo han hecho los homosexuales a base de llamarse maricón o maricona entre ellos; o los negros apelándose de nigger.

Lo que nadie, sin embargo, había intentado, hasta el siglo XX, es subirse a la grupa de una cosa llamada sociolingüística y pretender cambiar las cosas desde arriba. El hombre habla desde hace unos 12.000 años, más o menos, y hasta ahora la evolución de eso que llamamos lenguaje la ha dictado, siempre, el uso. La masa. La mayoría de hablantes. Son los hablantes, moviéndose más o menos al unísono, los que, por ejemplo, deciden retorcer las reglas del latín y a una cosa que se llama ómnibus (literalmente, para todos, ablativo de omnis, todos) empiezan a llamarla bus (o sea, odos). Bus no significa nada; es sólo parte de la desinencia del ablativo [todavía no ha llegado ningún erudito comentario, y yo ya me estoy preguntando si no será genitivo, en realidad], -ibus. Pero en el momento en que para la mayoría de hablantes bus pasó a significar ómnibus, luchar contra ello habría sido estúpido. Y así, cuando los primeros transportes públicos de las ciudades dejaron de ir a caballo y pasaron a ser todos automotores, los ómnibus de antaño pasaron a llamarse auto por automotor, y bus por ómnibus, igual a autobús; palabra que, en sí, es un fistro que te cagas. Pero funciona, la gente la entiende, la usa. Hoy, evidentemente, ya nadie la cuestiona.

El siglo XX, sin embargo, en lo que al lenguaje se refiere, se plantea cambiar cosas así. Es como si alguien fuese y dijese ahora que usar bus en solitario es ofensivo para los latinistas, que son los únicos friquis que se coscan del error (y son , no creo que haga falta demostrarlo, estricta minoría en la Humanidad) y, en consecuencia, se dedicase a escribir artículos y guías en las que, de una forma más o menos velada, pusiese de fachas para arriba a todos los que digan bus en lugar de ómnibus. Así las cosas, los teóricos del lenguaje no sexista inventan la arroba epícena, que es una carallada que no tiene cabida en ningún idioma serio, y se permiten el lujo de recomendar su uso. Ya lo dijo Valle: cráneos previlegiados. Se refería también, por supuesto, a las cráneas.

El elemento definidor del siglo XX en el terreno del lenguaje es que es el siglo en el que se decide que el poder político tiene legitimidad para cambiarlo. Esto es: que una serie de personas, por el hecho de pertenecer al partido político mayoritariamente votado por los ciudadanos para gobernar los hospitales, las escuelas y el ejército, o aupados a dicha condición mediante procedimientos menos legales, también adquiere el derecho a gobernar el lenguaje. Durante 12.000 años, como decía antes, nadie le ha dicho a los hablantes cómo tienen que hablar; ni siquiera en los países que, como el nuestro, tienen un enfoque académico, pues la Academia fija el registro culto y hace notaría de los usos mayoritarios; pero no tiene Fuerzas Armadas que puedan imponer dichos usos, al modo de la policía religiosa que en algunos países islamitas impone la visita a la mezquita los viernes. Los gobiernos, y sobre todo los dictadores, han impuesto muchas veces, ciertamente, la prohibición de hablar tal o cual idioma. Pero lo que nunca habían establecido, hasta hace bien poco, era que la forma correcta de decir "polisíndeton" en tal o cual idioma sea ésta o aquélla.

Casi siempre que hablamos de una novedad a peor relacionada con el siglo XX acabamos hablando del mismo tipo: Adolf Hitler. Efectivamente, es el canciller austroalemán el primer gran ejemplo que tenemos en el siglo de manipulación del lenguaje como elemento fundamental de un estro ideológico; aunque, la verdad, justo es reconocer que este dudoso mérito es, más bien, de su cojo y rijoso ministro de Propaganda, Josef Göbels.

El nazismo, no creo que haya que descubrirlo ahora, es una ideología de pureza ariogermana. Ser blanquito, rubiete y con ojos azules, en plan Sigrid, la novia del capitán Trueno (no por casualidad, reina de Thule), mola. Ser bajito, más bien morenete, chaparro y de ojos achinados, puaj. En algún momento, como digo de la mano de ese renovador de la publicidad llamado Göbels, los gauleiter de la vida se dan cuenta de que esa filosofía de pureza se puede llevar al ámbito del lenguaje, lo que supone la invención de lo que hoy muchos investigadores conocen como Nazi Deutsch, o sea el alemán nazi. El ND elimina todas las influencias extranjeras que puede, especialmente las francesas. Incluso germaniza el nombre de los grandes platos habituales de la cocina francesa, como la omelette; gesto que fue, por cierto, copiado en España por los falangistas; como bien recuerda Dionisio Ridruejo en sus rememoraciones (Casi unas memorias, editadas por Planeta), a los falansios, recién terminada la guerra, les gustaba llamar ensalada imperial a la ensaladilla rusa. Otro ejemplo que se suele citar de la nazificación del lenguaje es que eliminó el uso del hertz o hertzio como medida, creo que de longitud de onda, por el hecho de que el físico que da nombre a la tal medida tenía en las venas, al parecer, sangre de una o más de una de las doce tribus de Israel.

Tipográficamente, además, el ND recupera la escritura en carácteres góticos, motivo por el cual los métodos de alemán de aquella época (yo tengo un par) son doblemente complejos para el estudiante. Lo que no sé si se planteó alguna vez Horny Josef fue si eliminar las reminiscencias del latín en el idioma pues, al fin y al cabo, el arianismo se compadece bastante mal con el maridaje del alemán con la parla del Mare Nostrum. Pero eso, en todo caso, tratándose de un idioma que se declina, habría sido bastante complejo. En todo caso, en mi opinión la mejor descripción de este proceso, de largo, está en un recomendabilísimo libro de Víctor Klemperer.

El fondo de todos estos cambios es ideológico, y por eso el nazismo marca una impostura en el tiempo en lo que a este asunto se refiere: la imposición masiva de una forma de pensar por la vía de manipular el lenguaje. En la Historia de la Humanidad ha habido gente que ha mandado un huevo y, consecuentemente, ha ostentado la exclusividad de muchas cosas; por ejemplo, uno de los temas que vivamente recuerda Pu Yi en sus memorias de emperador de la China venido a menos es que, en su infancia autocrática, era el propietario monopolístico de un determinado tono amarillo, que sólo podía ser vestido y, en general, usado, por el emperador. La deriva dictatorial del ser humano ha llegado, por lo tanto, al paroxismo de otorgar a una persona la propiedad de un color; pero rara vez le ha permitido poseer el lenguaje. Porque el lenguaje es de todos, y todos lo hacemos.

Después de desbrozado este sendero, la metodología ha sobrevivido a sus explotadores, por mucho que el mundo los denueste. Sólo que mutó, rápidamente, hacia la reivindicación de la pureza idiomática, que es una forma de hablar de pureza racial sin que se note. Esto ocurre mucho en los países francófonos, en mi opinión porque a Francia, a lo largo de los últimos 150 años, le está costando digerir el lento pero imparable proceso por el cual su lengua está dejando de convertirse en una lingua franca. para pasar a convertirse en el simple, modesto, modo de comunicación de franceses, belgas, la mitad de los africanos, y poco más; en ningún sitio es más perceptible este efecto que en la Unión Europea, institución que ha sido mayoritariamente francófona hasta antesdeayer a las cuatro y media, pero que, aun y a pesar de que de Margaret Thatcher para acá el UK está de canto con la estrategia europeísta, se ha rendido al saxon tsunami. Consecuentemente, en Francia la pelea por la pureza del lenguaje es cosa continuada, y se nutre de batallas tan difícilmente destinadas al triunfo como llamarle logiciel al software (aunque es peor en gallego, donde se propuso, y la verdad no sé si se usa a día de hoy, denominarlo pensalla, en oposición a ferralla, o sea hardware).

En España, la moderna historia de los cambios en el lenguaje top-down (en oposición a la evolución lógica del lenguaje, que es bottom-up) empezó por los topónimos. Yo viví 13 años del pérfido franquismo y lo que llegó detrás; y a pesar de ser observador tan provecto juro que jamás he oído a nadie, procedente de ningún lugar de España, hablar de San Cucufato del Valle. Fue muy pronto, hace muchos años, que Televisión Española estableció en la dicha villa satélite del Gran Barcelona sus estudios, así pues era bastante común oír en la tele aquello de "desde nuestros estudios de Sant Cugat". Todo el mundo lo decía, incluso los devotos del búnker falangista (que antes de ser la trampa de arena del juego del golf fue así, españolizado, con tilde). Así pues, la realidad de que, en lo tocante a los lugares de Cataluña, unos fuesen traducidos al español y otros no, era innegable. El uso lo definía.

Entonces, los políticos decidieron. Hágase la luz. Todo el mundo, esté o no acostumbrado a ello, deberá decir, y sobre todo escribir, A Coruña, Ourense, Lleida, Girona. La cosa dio para mucho. Para cierto tipo de asturianos, por ejemplo, fue oro molido: un auto matriculado en Girona circulando por Gijón evitaba tener que portar la humillante O de la vieja villa de Ovetao. Para los castellanos de Castilla, permitió el surgimiento del chiste tonto: "Si los carteles de la autopista dicen A Coruña, ¿por qué no dicen también A Murcia?"

Esto de los topónimos fue y es una demostración bastante clara de cómo los políticos, y la atmósfera de expertoides, expertoidos y expertoidas que los rodea, desarrolla la habilidad de crear problemas donde no los hay. Yo soy castellanoparlante, y hago mis pinitos en gallego cuando me dejan y lo necesito. En castellano, yo soy de La Coruña. En galego, eu son de A Coruña. Nunca he apreciado problema, nunca las neuronas se me han ligado, tratando de encontrar el registro necesario, cual trompas de Falopio en búsqueda de la esterilidad.

El siguiente paso fue el lenguaje no sexista. Los vascos y vascas. Las trabajadoras y trabajadores. La sustitución del masculino no marcado por expresiones tipo "las personas que blablabla". Y el fondo del problema, como digo, no es la utilidad o la solidez de la propuesta. El problema es el poso que lleva detrás de que hay gentes que se creen con derecho a definir el habla, en aras de unos beneficios sociales.

En mi opinión, sin embargo, eso de sentirse con derecho a decirle a la gente cómo tiene que hablar y escribir, es de totalitarios. La tal vez más acertada frase del documento del profesor Bosque está en la página 10 y es ésta: "las normas gramaticales no tienen extremos". Aunque parezca un sofisma idiota, es una frase de una extremada importancia. La norma es una. En cada momento de la vida de la lengua, esa norma puede ser distinta, pero siempre es una, y es ésa y no otra por razones que los expertos en lingüística, en morfología, en sintaxis, en lexicología, en etimología, manejan. No existe ninguna razón normativa, por ejemplo, para definir el género no marcado usando la arroba epícena. No existe. Sólo hay dos formas de imponer ese uso en el lenguaje: uno, que todo el personal se ponga, en un proceso espontáneo, a usarla, y al correr de las décadas el academicismo haya de reconocer que es evolución consolidada en la lengua. La otra, que unos señores que se consideran con poder suficiente para hacerlo decreten el uso del simbolito de marras. Como digo, sólo hay dos vías; pero sólo una es lingüísticamente lícita.


La otra cheira a fascista que tumba.

Para muestra, el delirante botón que Bosque aporta en su documento, copiado de la constitución bolivariana de Venezuela:

Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.

Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley.

domingo, marzo 04, 2012

Geli





Ésta es, sin duda, la imagen de una mujer enamorada. Un tanto moñas la pose, todo hay que decirlo. Pero la mirada, y la sonrisa entre tímida y ambiciosa, no deja lugar a dudas. A todas luces queda claro, al ver esta foto, que está retratando a una mujer que bebe los vientos por el ser al que está mirando. Como se mira a las personas sensibles, sinceras y dulces de las que las mujeres se enamoran. 

¿Quién sería el afortunado?







... pues era Adolf Hitler. 

Y ella, Geli Raubal.





Todo empezó con los derechos de autor de Mein Kampf, el ensayo político de Adolf Hitler, escrito mientras estaba en la cárcel tras el putsch de 1923 en compañía de Ruldof Hess, y que sería, hasta el día de la muerte del dictador alemán, su única, y millonaria, fuente de ingresos (Hitler, de hecho, jamás cobró sueldo por su trabajo como canciller). Tanto dinero, además de las finanzas, cada día más saneadas, del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) le permitieron a Hitler soñar con volver a sus adorados Alpes. Así, Hitler pudo contactar con la viuda de un industrial de Hamburgo y alquilar, por una cantidad inicial de 100 marcos mensuales, un chalé en el Obersaltzberg, cerca de Berchtesgaden, que todo el mundo acabaría conociendo como el Berghof (la casa de la montaña, creo). Allí Hitler comenzó a descansar a menudo.

Todo empezó ahí porque poner en marcha aquel chalé obligó al líder del ultranacionalismo alemán a buscar servicio. Desconfiado como era, no quería que el servicio estuviese formado por perfectos desconocidos, razón por la cual decidió telefonear a Viena, para ofrecerle el puesto de ama de llaves a su medio hermana, Angela Raubal.

Durante los años duros de la vida de Hitler, cuando el futuro dictador de media Europa era una especie de inadaptado social que vivía en Viena de la caridad y la venta de sus dibujos, solía recalar en casa de los Raubal cuando regresaba a Linz, su ciudad natal. Allí siempre fue bien recibido, a pesar de que el marido de Ángela, León Raubal, no tenía, al parecer, demasiado buena opinión de él. Pero León había muerto y Ángela,  la verdad, era la única persona del entourage familiar de Hitler por la cual éste había sentido y expresado algo que pudiésemos considerar afecto.

Ángela Raubal dejó Viena sin grandes problemas, pues nada la retenía allí. Pero arrastró consigo a su joven hija, Geli, quien parecía querer desarrollar una carrera en la ciudad musical como cantante lírica. ¿Fue conditio sine qua non de la oferta que Geli subiese a la Casa Wachenfeld (como Hitler llamaba al Berghof) con su madre? No es seguro; pero sí es probable. Para entonces Hitler, que tenía 40 años, muy posiblemente había desarrollado ya cierta querencia por esa medio sobrina suya, de belleza un tanto extraña y, dicen quienes la conocieron, extraordinariamente vital.

Hitler había tratado a Geli cuando era una niña. Pero cuando se reencontró con ella, ya hecha una adolescente con todas sus cosas en su sitio, se quedó con la boca abierta. De hecho, la llegada de Geli al Berghof supone, a juzgar por los testimonios que nos han llegado, un cambio radical en la vida de Hitler. El político nazi, que en los años duros de Viena apenas ha conseguido tener un amigo, y para eso no muy estrecho, de repente no se separa de su sobrina. Incluso, sorpresa de sorpresas, el tío Adi acompañará a su joven sobrina a los almacenes de Munich y esperará, pacientemente, mientras ella hace compras; algo que, verdaderamente, los hombres sólo hacemos cuando queremos, que si no...

Pero esa relación armoniosa y enamorisca dura poco. Adolf Hitler, ya lo hemos dicho, es entonces un hombre mayor (40 años de los de entonces); y no se olvide que hay algunos historiadores que siempre han sostenido que una de las razones por las cuales adelantó el estallido de la guerra, a pesar de saber que su ejército no estaría plenamente dispuesto hasta 1942, fue que sabía que estaba enfermo, lo cual le haría tener mucha prisa. Hitler tenía, quizá, mucha prisa y, seguro, la sensación de llevar un pibón del brazo. Era mucho mayor que ella (de hecho, era su tutor legal). Un caldo de cultivo evidente para esa enfermedad llamada celos.

De los deseos de Hitler por controlar la vida de todos los que le rodeaban acabó por enterarse toda Europa y el mundo entero. Pero, por entonces, era Geli Raubal quien se comía el marrón. El tío Adi siempre quería saber dónde estaba, y le quería dictar lo que podría hacer y no hacer. Geli, joven y fogosa, no soportaba aquel estado de cosas. Sin embargo, es el criterio del tutor el que se impone, Hitler le prohíbe a su sobrina que jamás vaya por ahí con otros hombres que no sean él, y le prohíbe regresar a Viena a proseguir sus estudios de canto.

En 1929, Hitler adquiere un espacioso apartamento en Munich, 19 habitaciones, en la segunda planta del número 16 de Prinz-Regentenstrasse. Uno de los dormitorios es inmediatamente ocupado por Geli Raubal. Un ejemplo de lo maniático que era Hitler con no tener a su alrededor extraños es que para llevar el servicio de aquella casa contrata a Anny Winter, que había sido su casera durante su etapa de arrastrado en una pieza de Thierschstrasse. Pero ni Anny ni el resto de las personas que pululan por aquel piso se quedan nunca a dormir. Las dos únicas personas que quedan dentro de la casa al caer el sol son Adolf Hitler y su sobrina Geli Raubal. En aquel Munich de la Gran Depresión, todo el mundo asumía que eran amantes.

En el NSDAP nadie se atrevía a poner a Hitler delante de la realidad del escándalo que se estaba organizando a su alrededor. Bueno, una sola persona que se sepa: el gaulaiter de Würtemberg, quien, más o menos, le vino a preguntar si era consciente de lo que decía la gente. La respuesta de Hitler fue caer en un estallido de ira de los suyos (quienes hayan visto la película El Hundimiento no tienen más que ver la escena cuando da la guerra por perdida, que está sacada, creo yo, y punto por punto, de las memorias de Albert Speer), y desposeer al alto mando nazi de todos sus galones. Fueron tantas las toneladas de olvido bajo las cuales sepultó a aquel bocas, que la Historia apenas recuerda su nombre.

Sin embargo, Hitler acabará por confesarse. Será con el fotógrafo Henrich Hoffman, gran amigo suyo. A él le confiesa que ama profundamente a su sobrina, pero que sabe que no puede ni pensar en casarse con ella. Motivo por el cual, le dice, lo que ha decidido hacer es "disfrutar de Geli hasta que le encuentre un marido que me guste" (sic). Las pruebas del machismo exacerbado de Hitler son muchas; no olvidemos que luchó contra el paro subvencionando a las mujeres trabajadoras para que se casaran y dejasen libre su puesto de trabajo. Así pues, la frase no tiene por qué extrañar.

Con un tono sexista aún más claro, Hitler le confesó una vez a Hess: "No tengo intención de complicarme la vida; ni con Geli, ni con ninguna otra". Y lo cumplió: para cuando se casó con Eva Braun, las complicaciones eran ya otras.

La felicidad de Geli Raubal y la fama de Hitler son vasos comunicantes. En la primera mitad de los treinta, por lo tanto, tanto baja la primera como sube la segunda. Hitler es cada día más popular, motivo por el cual esconde a Geli en el fondo de su dormitorio en un piso donde sobran por lo menos cuatro o cinco habitaciones de dormir que no ocupa nadie; y, puesto es que es poderoso, puede hacer las cosas a su manera: finalmente, accede a que su sobrina reciba clases de canto en el mismo Munich; pero la manda a clase fuertemente custodiada por guardaespaldas del partido.

En esas circunstancias, casi como una conclusión lógica, pudo eclosionar un triángulo. Y decimos "pudo" porque. en verdad, tras la llegada de Hitler al poder todo registro escrito, oficial u oficioso, relacionado con la vida de Geli Raubal, despareció; razón por la cual, el relato de su vida es un relato supuesto a partir de testimonios contemporáneos.

El caso es que, de entre las personas sin mando, aquella en la que Hitler confiaba más era su chófer, Emil Maurice. Era a Maurice a quien le había dictado, ya detenido, los primeros capítulos de Mein Kampf. Maurice estaba siempre con Hitler, y Hitler nunca dejaba sola a Geli. Así pues, las cosas acabaron, probablemente, por terminar con el futuro canciller sintiendo un extraño peso en las sienes.

A partir de ahí existen, que yo sepa, dos grandes versiones.

Una señalaría que Hitler llegó un día al apartamento y se encontró a Geli en los brazos de Emil. La otra, que fue la expuesta por el propio Maurice terminada la guerra, se basa en que Hitler le habría confesado a su chófer su intención de casarse con Geli, ante lo cual Maurice, movido por su amor, le confesaría que se la pinchaba. Sinceramente, esta segunda versión tiene poco pase. Primero, porque es una versión a toro pasado (a Hitler muerto, quiero decir). Segundo, porque contradice todos los demás testimonios de la actitud de Hitler frente al matrimonio. Y tercero, porque Maurice, puesto que vivía con Hitler horas y horas al día, tenía que saber muy bien que alguien capaz de desatar la Noche de los Cuchillos Largos era bien capaz de meterle al chófer el neumático de repuesto por el culo; así pues, confesión tal, más que una machada, habría sido un suicidio. 

En todo  caso, dejemos aquí constatado que, según Maurice, Hitler lo llenó de improperios y le echó de su lado, no sin haberle pagado 20.000 marcos para comprar su silencio... otra chorrada. ¿Por qué comprar el silencio de alguien a quien te puedes cargar?

En todo caso, el hecho de que Maurice fuese el primer jefe de las fuerzas de choque del Partido Nazi, después de todos estos sucesos, hace pensar que, quizá, toda la historia de su noviazgo con Raubal fuese una mentira que se inventó después de la guerra para darse pote.

Para el verano de 1931, según han podido establecer los historiadores, Hitler conoce ya y, digamos, aprecia, a la joven Eva Braun. Lo que no sabemos, exactamente, es hasta qué punto y, sobre todo, qué sabe Geli Raubal.

Sea como sea, el 17 de septiembre de dicho año, Hitler sale, acompañado por Hoffman, de Munich camino de Hamburgo. Eso sí, ya no conduce Maurice, sino un tal (no es coña) Schreck. Geli Raubal les despide desde el amplio balcón de la casa.

Justo antes, en la despedida cara a cara, Hoffman ha escuchado a Geli preguntar:

- Tío Adi, ¿de verdad que no me dejas ir a Viena?

Pregunta a la que Hitler ha contestado con un seco nein.

En las afueras de Munich, siempre segun Hoffman, Hitler se vuelve hacia él y le dice que tiene un mal presentimiento.

Al día siguiente, tras haber hecho noche en Nuremberg, un taxi alcanza el Mercedes descapotable de Hitler, tocando el claxon y con alguien en su interior agitando un brazo. Quien hace esos aspavientos es un empleado de la Deutscher Hof, que trae un mensaje para Herrn Adolf Hitler. Ha llamado al hotel Nuremberg Rudolf Hess. El señor Hitler debe regresar al mismo. Es urgente...

Hitler se para junto a una cabina y llama a Munich. Cuando sale de ella, según Hoffman, está lívido. Extrañamente para él, habla con un hilo de voz.

- Han encontrado a Geli en su cama, con mi revólver en la mano... está muy grave. La policía está en el apartamento.

Para cuando Hitler llega a Munich, Geli Raubal ya está en la mesa de la Morgue, el pecho abierto de par en par por el forense. Se ha matado de un tiro al corazón, efectivamente, con la Walther 6,35 propiedad de su tío. Según algunas versiones, sobre una mesa, y creen que situada allí a propósito, los policías han encontrado una de las esquelas escritas a Hitler por Eva Braun...

Ella fue nuestro rayo de sol. Ésta es la inscripción esculpida en la lápida de Geli Raubal, en el cementerio de Viena; y, conociendo a Hitler, es difícil que dejase que otro la decidiese.

Contra lo que se ha dicho y escrito muchas veces, Hitler nunca borró a Geli Raubal de su vida. Primero a la Berghof, luego al edificio de la Cancillería en Berlín, el líder nazi se llevó fotos enmarcadas de su sobrina e, incluso, un retrato que le hizo Adolf Ziegler.

Se dijo por entonces que un sacerdote, Bernhard Stempfle, persona que gozó de cierta confianza por parte de Geli, poseía cartas entre ésta y Hitler. Es posible que sea así. Pero no lo podemos saber, porque Stempfle fue una de las víctimas de la Noche de los Cuchillos Largos, cuando Hitler aplastó la rivalidad de Röhm y sus SA. Tras aquella jornada, Stempfle apareció en el bosque de Harlaching, con tres balas en el corazón y el cuello degollado.



La vida y, sobre todo, la muerte de Geli Raubal son un misterio. Las tesis que explicarían el deceso son muchas.

Geli Raubal pudo suicidarse por amor. Es una teoría bastante lógica, que tendría que ver con el ambiente asfixiante a que la sometía su tío, rodeada de guardaespaldas; ambiente en el que pudieron operar como agravantes su separación de Emil Maurice (si es que verdaderamente fueron amantes), la decisión de Hitler de no casarse con ella (si es que la tomó, y si es que se la comunicó o ella se enteró); y, finalmente, la competencia de Eva Braun (si bien, aunque se sabe que Eva y Hitler se conocían ya, no está claro que fuesen amantes).

Geli Raubal pudo ser asesinada por miembros del Partido Nazi, a espaldas de Hitler, preocupados por el problema que le podría crear aquella relación tan escandalosa. De hecho, en los meses posteriores a la muerte de Raubal, el rumor más fuerte es que había sido asesinada por un grupo de las SS enviado allí por Heinrich Himmler. A favor de esta teoría está el interés objetivo de quitar a Geli Raubal de enmedio. En contra, que no es tónica del NSDAP actuar a espaldas de Hitler. Todos los hombres a su alrededor lo temían y, de hecho, es probable que de haber llegado él al conocimiento o la sospecha de que su sobrina había sido asesinada en esas circunstancias, hubiera tenido una reacción brutal. Una vez más, la Noche de los Cuchillos Largos demuestra, con total claridad, que a Hitler le daba igual ocho que ochenta.

Geli Raubal pudo ser asesinada por orden de Hitler. Su sobrina podría saber cosas; sabemos, por multitud de testimonios, que a Hitler le gustaba hablar y hablar y hablar durante las largas horas de la madrugada (razón por la cual, ni en medio de la guerra, nunca se levantaba pronto) de lo divino y de lo humano, embarcado en una especie de monólogo automesiánico. Si se zumbaba a su sobrina, es de esperar que, tras el polvo, su capacidad de largar se multiplicase. Así las cosas, Geli pudo amenazarlo con contar cosas o, simplemente, convertirse en un incordio por su manía de presionarlo para que se casaran; sabemos, positivamente, que su madre Ángela le comía la oreja a su medio hermano con la milonga del matrimonio, y sería lógico que lo hiciese instigada por la hija. Es posible, por lo tanto, que Hitler llegase a la conclusión de que Geli era un estorbo y, consecuentemente, decidiese ordenar su asesinato. No obstante, son bastantes los testimonios que sugieren que su amor por Geli era sincero. Si tenía una relación posesiva con ella, que la tenía, parece que para cuando ella se mató había conseguido espantarle los moscones; así pues, no tenía mucho sentido matarla en ese momento.

Y aún quedan otras posibilidades descabelladas: ¿le pediría Eva Braun la cabeza de Geli a Hitler? Hay quien lo piensa. Pero lo cierto es que, tras obtener, presuntamente, tan alta prenda de su enamorado, esperaría años para casarse, y no en las mejores condiciones posibles...

Yo, personalmente, siempre he pensado que la teoría más lógica es la primera. Sobre todo por ese gesto, tan desgarrado, de pegarse un tiro en el corazón. No soy sicólogo, pero me da la impresión de que algo así aúna el gesto de matarse y, al tiempo, destrozar la fuente del dolor que, según la simbología humana, en cuestiones de amor, es el corazón.

Sea como sea, con el suicidio de Geli Raubal, su sobrina, en su casa, en la casa en la que vivían los dos, Adolf Hitler lo pasó mal. Muy mal. Aquella muerte pudo acabar con su carrera política de haber sido los muniqueses más proclives al escándalo.

Ella fue nuestro rayo de sol... Tal vez, si verdaderamente la amaba, con la muerte de Geli Raubal, la vida de Adolf Hitler terminó por sumirse en las tinieblas. Con las tristísimas consecuencias que todos conocemos.