viernes, febrero 02, 2024

Cruzadas (5): Raimondo, Godofredo y Bohemondo

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano  


Antioquía era el paso obligado para cualquiera que quisiera controlar Siria. Esto lo sabían tanto quienes querían controlarla, es decir los cruzados; como quienes querían impedirlo, es decir los islamitas. Por esa razón, se trataba, a finales del siglo XI, de una ciudad fuertemente amurallada y defendida, nada sencilla de debelar. Antioquía era, además, el principal objetivo de los griegos bizantinos, poco inclinados a la expedición hierosolimitana pero que, sin embargo, consideraban que Antioquía les pertenecía y debía regresar a sus manos.

jueves, febrero 01, 2024

Cruzadas (4): Nicea y Dorylaeum

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano  




En realidad, Emich de Leisingen no fue una excepción. En su mismo tiempo, en la actual República Checa, un capitán llamado Volkmar estaba montando un pequeño ejército con el que atacó a los judíos de Praga y alrededores. Todos estos ejemplos lo son de aventureros y simples ladrones, los pandilleros medievales, que decidieron subirse al celo generalizado que generó la noticia de las cruzadas en torno a la imagen de Jerusalén, su necesaria y justa recuperación y el tema que lo había empezado todo: la muerte de Jesús; de la que, obviamente, los culpables eran los judíos. A la Europa cristiana latina siempre le costó mucho entender eso que los teólogos llaman el misterio de la Pasión. O sea, en el fondo, el cristianismo católico tiene una dificultad esencial a la hora de entender la resurrección. Al católico, históricamente, le cuesta comprender que el verdadero objetivo de la llegada de Jesús a la Tierra (supuestamente) era resucitar; pero que para resucitar tenía que morir, y no de un ictus precisamente, sino de forma violenta (entre otras cosas, porque así lo anuncia el Antiguo Testamento). Así las cosas, cuando menos en mi opinión, en pura teología dogmática católica, a Jesús no lo mataron los judíos; lo mató Dios. Lo mató su Padre, pues sin dicha muerte, violenta, sacrificial y pública, no podría existir resurrección, ni mensaje a los apóstoles, id y difundid mi palabra; ni, en esencia, existiría cristianismo, pues el cristianismo se basa en la resurrección de Jesús mucho más que en su vida. La piedad popular, que es la piedad del cachoburro, trató, inmediatamente, de buscar culpables en la Tierra de la muerte de su líder, de su Maestro; y esta voluntad fue inteligentemente excitada por los francisquitos, archifrancisquitos y todo lo demás; y eso, sin que se hubiese inventado todavía el progresismo. Poco se habla, en verdad, de los miles (porque fueron miles; pero la mala fue la Inquisición española, claro) de vidas de hombres, mujeres y niños que costó el celo hierosolimitano que despertó en todo el continente el clarinazo del PasPas Urban.

miércoles, enero 31, 2024

Cruzadas (3): Peregrinos en patota

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorulaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 


Aunque Raimondo de Saint-Gilles fue el único jefe de la guerra que se negó a realizar un juramento de fidelidad al emperador Commeno, en realidad fue el único que logró tener eso que podemos denominar un buen rollo con él. Saint-Gilles era un hombre mucho más cultivado que sus compañeros de aventura, y eso parece ser que coadyudó a la hora de labrar su cercanía con el basileus, cercanía que éste aceptó y que comenzó a concretarse en una serie de encuentros entre ambos en los que el tema fundamental era poner a parir a Bohemondo de Toulouse.

martes, enero 30, 2024

Cruzadas (2): Unos comienzos difíciles

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorulaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano

En el momento de la primera cruzada,Alejo Commeno llevaba quince años siendo basileus bizantino. Diez años de guerra civil habían dejado el imperio en una situación comprometida, pero Commeno, que era un tipo hábil, había conseguido mantener aquel pequeño imperio en pie. Sin embargo, lo que no había conseguido impedir es que su territorio se convirtiese en un territorio discontinuo, en el que las posesiones tanto normandas como musulmanas hacían difícil la conexión entre las diferentes provincias.

lunes, enero 29, 2024

Cruzadas (1): Deus vult

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorulaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 



Se ha exagerado un poco, un poco bastante, alrededor del concepto del fraile soldado, o soldado fraile, de la Edad Media. Es una exageración que ha terminado por dibujar a una Iglesia básicamente belicista cuando, en realidad, es más cierto decir que la inmensa mayoría de las formulaciones de la Iglesia medieval europea tienden a ser pacifistas. La reforma cluniacense, por ejemplo; una reforma sin la cual la revolución religiosa medieval no se entiende, no propugnó la consecución de la salvación a base de practicar la milicia, sino que fomentó la figura del ex soldado que abandonaba las armas para hacerse monje. De hecho, del soldado que abrazase el entorno moral y teológico de Cluny se esperaba que no levantase su espada contra nadie; ya sé que es una idea bastante difícil de asimilar hablando de la Edad Media pero, bueno, si lo que tienes son falsas ideas preconcebidas sobre esa etapa histórica, el problema lo tienes tú, no la Historia. Tanto los caballeros templarios como, sobre todo, los hospitalarios, eran monjes antes que soldados, aunque compaginasen ambas actividades.