viernes, febrero 16, 2024

Cruzadas (15): Bohemondo pilla la condicional

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga

La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 



La segunda cruzada había terminado casi antes de empezar, y lo había hecho, aparentemente, con un sobradismo total por parte de los musulmanes, que habían conseguido unas victorias definitivas casi sin bajarse del avión. Algo así tenía que tener consecuencias una vez conocido en Europa, y las tuvo. El fervor cruzado, simple y llanamente, se disolvió. El personal, en el continente, comenzó a pretextar que tenía mucha plancha, y a quitarse de en medio cada vez que alguien hablaba de tirar para Oriente. Esto, a pesar de que, en aquel momento, en la Europa occidental había un claro excedente de soldados para un continente que estaba racionalizando, por así decirlo, su carga bélica, bien por el número de guerras que se planteaban, bien por las características de éstas.

jueves, febrero 15, 2024

Cruzadas (14): Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga

La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano
 


Los cuatro ejércitos que conformaron la segunda ola de la cruzada presentan problemas de valoración. Probablemente, si lo que hacemos es una mera suma de soldados y pertrechos, podríamos llegar a la conclusión de que esta segunda cruzada fue incluso mayor que la primera. Pero, en realidad, hay que decir que no lo fue, pues tuvo muchos problemas, en realidad insalvables, para ser una cruzada unida como tal. Esta desunión e incapacidad de coordinación queda evidenciada en el hecho de que los cuatro ejércitos cruzaron el Bósforo cada uno por su cuenta: los lombardos en abril del 1101, los franceses unos días más tarde, y los otros dos más tarde aún. El conde de Nevers estaba en Constantinopla a mediados de aquel año, y el ejército de los duques de Aquitania y Bavaria todavía llegó más tarde. Lombardos y franceses, ciertamente, consiguieron marchar juntos, una vez en Asia Menor.

miércoles, febrero 14, 2024

Cruzadas (13): La cruzada 2.0

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga

La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano


Con sus primeras actuaciones como soberano de Jerusalén, Balduino se hizo un Nayim Bukele; demostró tener muy claro que la principal aspiración de sus súbditos era tener más seguridad. Así pues, organizó una serie de expediciones en los alrededores para reducir la presión musulmana sobre sus territorios. Por lo que se refiere a su gran enemigo interior, Dagoberto se había retirado a la iglesia del Monte Sion, donde pretendió tener una actitud conciliadora que, en realidad, era más bien miedo de que Balduino se vengase de él. Le sirvió pues, a pesar de que Arnulfo Malecorne pensaba que con Balduino había llegado su oportunidad de ser de nuevo patriarca, fue Dagoberto quien finalmente coronó a Balduino.

martes, febrero 13, 2024

Cruzadas (12): Jerusalén será para quien la tenga más larga

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga

La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano 


Los dos señores de la guerra cruzados llegaron a la ciudad escoltados por una nutrida tropa de caballeros y soldados infantes, así como una compañía de soldados pisanos que se les había unido tras haber desembarcado en Laodicea. Para Godofredo y Tancredo la llegada de todas aquellas tropas, que podían ser unos 20.000 efectivos, causó gran alegría. Sin embargo, estuvieron diez días postrándose ante todas las cruces de todas las iglesias y, después, volvieron a marcharse. Su misión en Oriente ya no tenía demasiado que ver con Jerusalén.

lunes, febrero 12, 2024

Cruzadas (11): La difícil labor de Godofredo de Bouillon

Deus vult
Unos comienzos difíciles
Peregrinos en patota
Nicea y Dorylaeum
Raimondo, Godofredo y Bohemondo
El milagro de la lanza
Balduino y Tancredo
Una expedición con freno y marcha atrás
Jerusalén es nuestra
Decidiendo una corona
La difícil labor de Godofredo de Bouillon
Jerusalén será para quien la tenga más larga
La cruzada 2.0
Hat trick del sultán selyúcida y el rey danisménida
Bohemondo pilla la condicional
Las últimas jornadas del gran cruzado
La muerte de Raimondo y el regreso del otro Balduino
Relevo generacional
La muerte de Balduino I de Jerusalén
Peligro y consolidación
Bohemondo II, el chavalote sanguíneo que se hizo un James Dean
El rey ha muerto, viva el rey
Turismundo, toca las campanas, que comenzó el sermón del Patriarca
The bitch is back
Las ambiciones incumplidas de Juan Commeno
La pérdida de Edesa
Antioquía (casi) perdida
Reinaldo el cachoburro
Bailando con griegos
Amalrico en Egipto
El rey leproso
La desgraciada muerte de Guillermo Espada Larga
Un senescal y un condestable enfrentados, dos mujeres que se odian y un patriarca de la Iglesia que no para de follar y robar
La reina coronada a pelo puta por un vividor follador
Hattin
La caída de Jerusalén
De Federico Barbarroja a Conrado de Montferrat
Game over
El repugnante episodio constantinopolitano  


Godofredo, de todas formas, quiso dejar meridianamente claro que el estatus que aceptaba no era propiamente el de un rey. Quiso llamarse algo así como guardián del Santo Sepulcro y dejó claro que no pretendía ejercer un poder omnímodo. Pero ni eso le sirvió. El conde de Toulouse retuvo el control de la ciudadela de la ciudad; Godofredo se la demandó, pero el obstinado provenzal prestó oídos sordos hasta que, finalmente, acorralado por la realidad, aceptó a regañadientes cederle la torre a un tercero, el obispo de Albara, Pedro de Narbona. Probablemente lo hizo imaginando que podría montar algún tipo de celada, pues el obispo era provenzal como él. Sin embargo, días después el clérigo le entregó la ciudad a Godofredo, lo que provocó que Raimondo abandonase teatralmente Jerusalén, acompañado por sus mesnadas, anunciando su presunta intención de regresar a sus tierras europeas.