No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
Para Sukarno, la llegada del gobierno Sjahrir sí tenía algo de bueno: nombrando a una figura totalmente ajena al poder japonés en las islas, la República estaba despegándose de esa gomosa influencia, que tendía a contaminarlo todo en un mundo que avanzaba en clave antifascista. Sin embargo, los hechos no se podían esconder. Cuando accedió al gobierno, Sjahrir publicó un documento que venía a ser como su declaración programática, Perjuangan kita, nuestra lucha, en la que atacaba a Sukarno despiadadamente, afirmando sin ambages que todos aquéllos que habían colaborado con los japoneses deberían ser apartados del poder. Sjahrir condenaba la violencia pemuda, pero al mismo tiempo abogaba por cortar de raíz a “nuestros propios fascistas”.