sábado, septiembre 03, 2011

Franco y el poder (12: el gallinero se revoluciona)

Todas las tomas de esta serie:

En mayo de 1956 queda claro el dominio falangista sobre el diseño de lo que tendría que ser el orden constitucional franquista. El 17 de aquel mes, la Junta Política del partido, presidida por el propio Franco, acordó la formación de la ponencia que redactaría esas leyes. La ponencia tenía dos representantes del Gobierno de corte claramente no falangista: el almirante Carrero y el ministro tradicionalista de Justicia Antonio Iturmendi. Pero, más allá, por el Consejo Nacional fueron designado Tomás Gistau Mazzantini y Luis González Vicent; Raimundo Fermández Cuesta y Rafael Sánchez Mazas por la propia Junta Política; dos representantes de la Secretaría General del Movimiento (Diego Salas Pombo y Joaquín Reguera Sevilla); y, por último, representando al think tank franquista, el Instituto de Estudios Políticos, Javier Conde y Emilio Lamo de Espinosa. Todas estas personas trabajarían, además, sobre un texto de ley del gobierno preparado en noviembre del 55 por una ponencia presidida por Jorge Jordana de Pozas y donde estaban Antonio Castro Villacañas, Mario Hernández Sánchez-Barba, Manuel Galea, César García Sánchez y Gabriel Elorriaga.
Además, Luis González Vicent, conspicuo miembro del ala más «auténtica» del falangismo, presentó por su cuenta un documento de bases en que atribuía al Consejo Nacional de FET y de las JONS la propuesta de candidatos a Jefe del Estado, posteriormente votado por plebiscito. El jefe del Estado debería, además, consultar con el Consejo Nacional la disolución de las Cortes.

viernes, septiembre 02, 2011

Aviso

Que ya he conseguido encontrar tiempo para refundir las tomas sobre la Normalidad del 36. Están en la biblioteca, a la que se accede por un enlace que aparece en la columna de la izquierda.

Franco y el poder (11: Las cosas se tuercen... un poquito)

Todas las tomas de esta serie:


Tres días después de la gran manifestación de la plaza de Oriente, el 12 de diciembre de 1947, la ONU, reunida en Flushing Meadows, aprobaba una resolución contra el gobierno español. Se suele decir que este punto, junto con la declaración de San Francisco, marcan el punto más bajo del prestigio internacional del franquismo. Y es cierto. Pero, sin embargo, tan cierto como eso lo es el hecho de que, aguas adentro de España, las iniciativas de la ONU, en realidad, le vinieron de perlas al dictador.