miércoles, abril 19, 2023

El otro Napoleón (22: La entrevista de Plombières)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica

Apoyándose en el escándalo de la violencia política contra su persona, Luis Napoleón está preparado para lanzar la violencia estatal contra las calles. Toda una señal de lo que quería hacer fue su gesto de sustituir al frente de la represión a Billaut, un general considerado demasiado blando por la derecha imperial, por Espinasse, uno de los fautores del golpe de Estado imperial. El emperador fijó unas cuotas de detenidos por distrito, hasta un total de 400; las detenciones se centraron en los reprimidos ya en 1848 y 1851; fueron mayoritariamente enviados a Argelia. Un juramento de fidelidad especial le fue exigido a todos los candidatos electorales. El emperador, además, se hizo acompañar desde entonces por un Consejo Privado, formado por el emérito Jerónimo, el príncipe Napoleón y los principales ministros y dignatarios. En las sesiones de este Consejo Privado no faltará la Euge, a quienes todos asumen un papel de regente en el caso de que al Empe le pase algo.

lunes, abril 17, 2023

El otro Napoleón (21: Italia)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Tras los grandes movimientos que se produjeron en la península italiana en 1848, el ambiente había quedado muy tranquilo. En toda la península sólo se podían contar dos Estados independientes: la casa de Saboya, dinastía reinante en el Piamonte, Saboya, Niza, Génova y Cerdeña; y la mansión de Borbón, señora de Nápoles y Sicilia. En medio de estos dos Estados, el patrimonio de la Iglesia, ocupado al norte por Austria; y al sur, Roma incluida, por los franceses. El gran duque de Toscana, el duque de Parma, el duque de Módena, todos ellos reminiscencias de la vieja nobleza italiana, eran vasallos de Austria, Imperio que tenía el poder sobre la Italia más pujante, la que va de Milán a Venecia, entonces conocido como Reino Lombardo-Veneciano.

viernes, abril 14, 2023

El otro Napoleón (20: La ruptura del eje franco inglés)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Económicamente hablando, hay que decir que la flor en el culo de Napoleón se marchitó muy deprisa. El país sufrió tres cosechas desastrosas casi seguidas. Además, las regiones ribereñas del Garona y del Ródano sufrieron inundaciones muy graves y, entre 1853 y 1855, el cólera se cobró 200.000 vidas en el país, que se dice pronto. En gran parte, la Exposición Universal de 1855 fue un proyecto diseñado para dar carta de naturaleza a la superación de estas dificultades. Tuvo cinco millones de visitantes, entre ellos los reyes de Portugal y de Cerdeña, así como los soberanos ingleses y un montón de príncipes alemanes. Aquella exposición fue la puesta de largo de la ingeniería del metal, de la electricidad, y de la química aplicada a la industria.

miércoles, abril 12, 2023

El otro Napoleón (19: Haussmann, el orgulloso lacayo)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El 16 de marzo, grandes noticias para el emperador. Después de tres años de matrimonio y de varias intentonas fallidas, por fin tenía un heredero. Una noticia que puso contentos a todos menos al rocapollas del príncipe Napoleón, repentina y lógicamente desplazado en la línea dinástica, quien de hecho se negó durante semanas a firmar el acta oficial del nacimiento, a ver si había suerte y el queco la diñaba pronto.

lunes, abril 10, 2023

El otro Napoleón (18. ¡Chúpate esa, Congreso de Viena!)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El plan de Pélissier era, básicamente, hacer lo que le saliese del culo. Muchos de sus generales, y el tocahuevos del emperador desde París, seguían dale que dale con el temita de la invasión desde el interior. Pélissier, sin embargo, era un buen estratega, y sabía perfectamente que sus posibilidades atacando por el norte eran absolutamente menores. Así que decidió que lo único que podía hacer era atacar las defensas de Sebastopol por el sur: el llamado Mamelon Verde, las Obras Blancas y, en general, todo el conjunto de protecciones que tenía por centro la Torre Malakov. Ranglan se mostró de acuerdo con la táctica. Juntos diseñaron una acción de la flota en el Kertch que logró destruir los aprovisionamientos rusos. Ante este éxito, Pélissier juzgó que ya era momento de atacar las posiciones enemigas. Las operaciones le fueron encargadas al general Forey, a quien ya hemos visto en estas notas repartiendo hostias por las calles de París.

miércoles, abril 05, 2023

El otro Napoleón (17: La insoportable levedad austríaca)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


El primero que se mostró cada vez más jodido con el tema de la hibernación fue el príncipe Napoleón. Este chavalote pijopera, tercera generación ya de la rama de generales y políticos franceses, se había portado bastante bien en la riveras del Alma. Pero al comenzar el largo asedio de Sebastopol, atacado por la disentería y por las naturales privaciones de la vida militar de verdad, comenzó a protestar por todo como el tonto'los'huevos que era. Por supuesto, puesto que su Tito estaba al mando de todo, inmediatamente reclamó su repatriación. En París, sin embargo, el emperador, consciente del golpe reputacional que supondría eso, se negó, aunque sí le permitió trasladarse a Constantinopla.

lunes, abril 03, 2023

El otro Napoleón (16: Empantanados en Sebastopol)

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El antiguo Quersoneso Táurico y las extensiones al sur del mismo que eran el objetivo de todas aquellas acciones militares conformaban entonces, que todavía no había llegado Stalin, un territorio enormemente variado. Estaba poblado de tártaros, de armenios, de judíos, de griegos y de rusos. El teatro crimeo carecía, por lo demás, de grandes concentraciones urbanas, con la única excepción de Sebastopol, una creación de Catalina la Grande, con un activo fundamental que era su puerto. Mal defendido desde la tierra pero, sin embargo, bastante inexpugnable por mar.

viernes, marzo 31, 2023

El otro Napoleón (15: La precipitación)

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Más o menos desde que Menshikov había llegado a Constantinopla, Napoleón había dado una orden que había sido desaconsejada por todo su gobierno salvo Persigny, y muy particularmente por Drouyn de Llhuys, que la reputaba muy peligrosa: sacar a la flota francesa de Tulón y ordenarle que se fuese a patrullar en el Egeo. Sin embargo, este gesto no detuvo al zar. El autócrata ruso estaba espoleado por la situación en Inglaterra, donde había un gobierno de coalición dirigido por George Hamilton-Gordon, cuarto conde de Aberdeen y normalmente conocido como Lord Aberdeen. Como todo gobierno de coalición, le costaba tomar decisiones de gran relevancia, y esa inanidad era un acicate para Nico. Las posibilidades de Francia a la hora de concertarse con Inglaterra eran pocas; con el I Imperio muy fresco en la memoria, la mayoría de la sociedad inglesa era abiertamente hostil a los franceses, y no digamos si los comandaba un tipo llamado Napoleón. Así las cosas, el gobierno anunció en los Comunes que la reina, de acuerdo con el emperador vienés, sostendría la integridad del Imperio turco. El gobierno inglés presentó una protesta en Moscú por la actitud rusa. La flota del almirante Sir James Whitney Deans Dundas, surta en Malta, puso proa hacia los Dardanelos, donde ya estaban los de Tulón.

miércoles, marzo 29, 2023

El otro Napoleón (14: Los Santos Lugares)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



En contra de la austeridad que parecía dictar el boicot monarquista, Luis Napoleón se planteó devolverle a la Corte imperial francesa sus pasados oropeles. Y, a juzgar por la imagen social que nos han dejado sus años, sobre todo los primeros del II Imperio, lo consiguió. Aquellos tiempos en las Tullerías, en efecto, han quedado impresos en la retina de la Historia como algunos de los más brillantes en lo que a oropeles y brillantez se refiere.

lunes, marzo 27, 2023

El otro Napoleón (13): Todo por una entrepierna

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 

La inquietud primaria que presentaba en Europa la restauración imperial tenía que ver con el Congreso de Viena. Exactamente que, algunos años más tarde, en España sería un exitoso (y finalmente fallido) motto político el concepto de “nunca más un Borbón en el trono de España”, el Congreso de Viena había establecido con claridad que nunca se permitiría que Francia estuviese al mando de un Bonaparte. Por lo tanto, para los países europeos el primer problema que se planteaba era realizar, o no, la plena aceptación del régimen francés pues, como hemos visto, en estricta obediencia de los pactos vieneses, no sólo no podían hacerlo sino que debían combatirlo.

viernes, marzo 24, 2023

El otro Napoleón (12): Emperador, como mi tito

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Exactamente igual que los diputados, todo funcionario público tenía la obligación de jurar fidelidad al presidente. Esta norma causó una cascada de protestas en la universidad, donde fueron muchos los catedráticos, decanos y rectores que dimitieron para no tener que prestar dicho juramento. Pero eso no parará a Fortoul, el ministro de Instrucción Pública. Mediante decreto, obliga a los profesores de facultad a someter a aprobación sus planes de estudio y de clase. De hecho, el ministro, que tenía un porte y una filosofía híper conservadora, llegó al punto de prohibirle a los profesores llevar barba, por considerarlo propio de personas revolucionarias.

miércoles, marzo 22, 2023

El otro Napoleón (11): Consulado 2.0

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Mientras estos sucesos luctuosos están ocurriendo, en otras zonas no muy lejanas de la ciudad están pasando otras cosas. En el barrio del Templo, uno de los bastiones de la izquierda en París, los diputados republicanos están tratando de unirse y tomar contacto entre ellos; de la partida es, por ejemplo, Víctor Hugo. Al principio apenas consiguen movilizar a la gente; pero conforme se va conociendo la noticia de la muerte de Baudin bajo las balas del Ejército, los ánimos se encrespan y se produce el ya tradicional, e inquietante, traslado, en realidad invasión, de las personas vestidas con blusa (los obreros) hacia el centro de la ciudad. En los bulevares se grita en favor de la República y en contra de Napoleón. Diversas tropas tratan de dispersar a los manifestantes.

lunes, marzo 20, 2023

El otro Napoleón (10): La promesa incumplida

 Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


El presidente Luis Napoleón acudió aquella tarde a la ópera cómica, pero a las diez de la noche, cuando todavía el espectáculo estaba produciéndose, lo abandonó para reunirse con su gobierno y con Maupas. A estos dos actores se les unieron rápidamente Mocquard, Morny, Persigny, Saint-Arnaud y el oficial de día, Charles Alphonse Aimé Alexandre Yvelin de Béville. Napoleón abre una carpeta donde ha escrito la palabra “Rubicón”. Ahí guarda el texto del decreto de disolución de la Asamblea y las llamadas al Ejército y al pueblo. De la discusión que se sigue, el presidente saca probablemente la conclusión de que quien tiene la cabeza más fría en ese momento es De Morny, así pues le encarga la coordinación del movimiento que, le asegura Morny, se producirá sin violencia ni derramamiento de sangre. Morny debe empezar por dar un golpe dentro del golpe, puesto que tiene que tomar el control del Ministerio del Interior y sustituir a Thorigny, a quien todos consideran demasiado blando para la misión. Por su parte, a Béville se le encarga llevar los textos de las proclamas a la Imprenta Nacional, donde deberá supervisar su impresión con el mayor de los secretos. Por último, responsabilidad de Maupas será detener, con las primeras luces del día, a 16 miembros de la Asamblea que son los considerados como principales elementos de la misma: Thiers; Édouard-Léon Roger du Nord, conde de Roger du Nord; Baze, uno de los firmantes de la petición del 17 de noviembre; siete diputados montagnards; y los generales Changarnier, Lamoricière, Cavaignac, Le Flô y Bedeau, más el coronel Charras. Hay que decir que Saint-Arnaud se declaró contrario a estos arrestos, pero Morny los consideraba fundamentales para el éxito de un movimiento sin violencia. También hay que decir que, cuando la policía se despliegue, habrá más de sesenta detenciones más, entre periodistas y miembros de clubs revolucionarios y sociedades más o menos secretas.

viernes, marzo 17, 2023

El otro Napoleón (9): Camino del 2 de diciembre

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



La salida de pata de banco de Luis Napoleón habría de darle una oportunidad a alguien que llevaba tiempo esperando para saborear su venganza: el general Changarnier.

miércoles, marzo 15, 2023

El otro Napoleón (8): El Parlamento, mi peor enemigo

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



De 15 de marzo de 1850 lleva fecha la que probablemente podríamos, incluso deberíamos, llamar Ley Falloux, formalmente conocida como ley de la libertad de enseñanza. Una ley consagrada a un principio fundamental: la ruptura del monopolio educativo del Estado. Ésta era una vieja reivindicación de las derechas. El momento más lógico para haberle devuelto competencias educativas a la Iglesia, obviamente, fue la Restauración. En ese momento político, sin embargo, las fuertes raíces sociales del napoleonismo habían aconsejado a los ministros no dar ese paso. Durante la monarquía de Luis Felipe, Charles de Montalembert había reivindicado el tema repetidas veces, sin conseguir nada apreciable.

lunes, marzo 13, 2023

El otro Napoleón (7): La cuestión romana

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Tras los primeros éxitos evidentes, se hará bien claro que en el partido independentista hay muchas tendencias. A esta relativa desunión se une el hecho de que Austria es mucha Austria y que, por lo tanto, tras las primeras derrotas, Viena decide plantar batalla. Radetzki reconquista Venecia y pone a los nacionalistas italianos a la fuga. Carlos Alberto es vencido en Custozza, huye a Lombardía y, desde allí, se ve obligado a firmar un armisticio en condiciones muy humillantes.

viernes, marzo 10, 2023

El otro Napoleón (6): Un presidente solo

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



A las intenciones de Lamartine en el sentido de convencer a la Asamblea de que no había problema en tener un presidente votado por sufragio universal ayudó mucho el propio Luis Napoleón. El sobrino del emperador se había ido a Londres a vivir, pero ya había vuelto e intervino en sesiones de la Asamblea; intervenciones durante las cuales, creo que sinceramente, apareció como un tipo muy torpe. Quiero decir: no creo que Napoleón se vistiese de cordero estúpido para engañar a los franceses. Probablemente, era tan torpe verdaderamente como pareció.

miércoles, marzo 08, 2023

El otro Napoleón (5): Necesitamos un presidente

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El sábado por la mañana, sin embargo, los manifestantes se han hecho fuertes. Han tomado barriles de zinc de las bodegas, cobre y plomo de los talleres ferroviarios; han fabricado pólvora en el comercio del artificiero Désiré François Ruggieri (los Ruggieri fueron una famosísima saga de artificieros de origen italiano) e, incluso, han encontrado un cañón y lo han emplazado en la calle. Al alba, los enfrentamientos con el Ejército se harán muy duros. Y el empuje de los manifestantes es difícil de parar. Toman el Panteón, y amenazan el Hotel de Ville.

lunes, marzo 06, 2023

El otro Napoléon (4): Qué cosa más jodida es el Ejército

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Mientras el protagonista de esta serie regresaba a Londres, eso sí, muy lejos de tener el rabo entre las piernas, en Francia las cosas cogían momento entre moderados y radicales. El tema del día: los talleres nacionales.

viernes, marzo 03, 2023

El otro Napoleón (3): Trump no fue el primero

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 

La revolución de febrero de 1848 ha sido un ejemplo para todas las fuerzas más progresistas en los países europeos, no sólo Francia. Y muy particularmente entre aquellas sociedades que, además de la injusticia social, acumulan el problema de una dominación extranjera. Hablamos, por ello, de Italia, en relación con Austria-Hungría; y de Polonia, plenamente dominada por Rusia. Sin embargo, el encargado de los asuntos exteriores de la Francia republicana, Lamartine, fue extremadamente cauteloso al mostrar solidaridad con estos movimientos. Muy imbuido de la Historia reciente de Francia, es decir la deriva de la revolución a través del napoleonismo imperialista, Lamartine quiso dejarle muy claro a todos los movimientos europeos que no podían encontrar en Francia ningún apoyo logístico real a sus ideas de rebelión. Evidentemente, Francia no era el único elemento de la ecuación; así pues, su prudencia no evitó que la revolución estallase en la propia Viena, en Berlín, en Milán o en Venecia.

miércoles, marzo 01, 2023

El otro Napoleón (2): Elecciones

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


El conflicto surgió a raíz de un proceso electoral parcial: el de oficiales de la Guardia Nacional. La Guardia Nacional, en efecto, elegía a sus jefes, con excepción de generales y coroneles que, con buen criterio, no debían ser quienes quisieran los soldados, sino gentes que conocieran su oficio. Los socialistas repitieron en estas elecciones el mismo argumento que utilizaban para el conjunto de la sociedad: si los miembros de la GN de origen obrero, muchos de ellos recién admitidos, votaban ahora, elegirían a sus “viejos jefes burgueses”. Como podéis ver, cosas como “los jueces tienen que ser aleccionados en conciencia feminista” son cosas que parecen modernas, pero no lo son.

domingo, febrero 26, 2023

El otro Napoleón (1): Introducción/1848

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Había pensado escribir una especie de conclusión a esta serie al final de la misma, pero finalmente he pensado que tendría algo más de efectividad escrita como introducción. Así pues, este post es un poco más largo de lo que suelen ser los míos. Vamos allá, pues.

viernes, febrero 24, 2023

Anarcos (22): El caos de mayo

La primera CNT
Las primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo  



El 4 de marzo de 1937, el gobierno catalán movió ficha. Un decreto emitido dicho día reorganizaba el departamento de Orden Público. Formalmente cuando menos, las patrullas obreras fueron disueltas, suplantadas por el cuerpo anteriormente creado desde Madrid. Además, en una medida que era incluso más importante, prohibía los miembros de esta policía unificada pertenecer a sindicato o partido alguno; se trataba de evitar, pues, que la nueva policía fuese el vino viejo en odres nuevos. La Junta de Seguridad que debía desaparecer estaba al mando de un faísta, Aurelio Fernández; se creaba un nuevo consejo presidido por un esquerrista.

miércoles, febrero 22, 2023

Anarcos (21): El cerco se estrecha

La primera CNT
Las primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo 


Entrado el mes de diciembre de 1936, el PSUC, cada vez más incómodo en compañía de la CNT como le ocurría a los comunistas en el resto de España, forzó una crisis de gobierno en Cataluña. En realidad, lo que hicieron los comunistas fue darle a la CNT una patada en el culo del POUM, puesto que su órdago, que incluía la salida de la Generalitat, con extrañamiento de la ayuda soviética incluido, tuvo por disculpa formal, por así decirlo, que habían llegado a la conclusión de que eran incompatibles con Andreu Nin y su gestión en la Consejería de Justicia. Una vez más, nos encontramos con la insoportable levedad del comunismo, pues unos tipos que estaban, en esos momentos, desatando una ola de represión en la URSS absolutamente antijurídica, resulta que en Cataluña se quejaban de que si los tribunales populares no otorgaban garantías, y que si tal. Pero, bueno, quien hace bisnes con comunistas tiene que acostumbrarse a esta forma habitual de, como dicen ellos, cabalgar contradicciones.8

lunes, febrero 20, 2023

Anarcos (20): En el gobierno

 La primera CNT
Las primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo

Un pleno de federaciones comarcales y locales catalanas acabó por acordar el paso final hacia la gobernación. Las oposiciones fueron casi testimoniales. El nuevo gobierno quedó conformado bajo la presidencia de Tarradellas con tres esquerristas (Tarradellas, Ventura Gassol y Artemi Aiguadé), tres cenetistas (Joan Fábregas, Joan Domenech y Antonio García Birlán), dos pesuqueros (Joan Comorera y Miguel Valdés), un rabassaire (Calvet), un poumista (Nin), un no adscrito (Felipe Díaz Sandino, en Defensa), y un ministro de Acció Catalana (Rafael Closas).

viernes, febrero 17, 2023

Anarcos (19): Donde dije digo...

 La primera CNT
Las primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo 

Las cosas como son, como ya he dicho el sistema de comités obreros diseñado por los anarquistas sería todo lo ácrata que ellos dijesen, pero se parecía bastante al sistema de los soviet (aunque lo que un anarquista inteligente retrucará es que, en realidad, es el sistema de los soviet el que se parece al control obrero anarcosindicalista). Los comités fabriles de cada fábrica respondían ante un consejo general de industria, que eran órganos con capacidad de dictar reglamentos y regulaciones de obligado cumplimiento para los consejos fabriles; obligatoriedad que, hemos de entender, era una cesión del anarquismo más estricto hacia el hecho de que la situación era una situación de guerra. Los consejos de industria reportaban al Consejo de Economía, órgano consultivo del consejero de Economía de la Generalitat, que entonces era Joan Fábregas. Los comités obreros en las empresas privadas tenían amplias competencias fiscalizadoras.

miércoles, febrero 15, 2023

Anarcos (18): Las colectivizaciones

 La primera CNTLas primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo políticoLa República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo 

A pesar de que, exteriormente, los signos parecían claros de que Cataluña estaba en las manos efectivas de quienes teóricamente la habían salvado del zarpazo golpista, es decir los anarquistas, en realidad, antes de que terminase el año 1936, y sobre todo cuando los asesores enviados por la URSS comenzaron a tener peso en las decisiones estratégico-políticas de la guerra, la operación de recentralización, por así decirlo, del poder catalán, comenzó a desarrollarse. Ya en octubre de 1935 se creó una Junta de Seguridad Interior que, de forma no muy pública, asumió, entre otras, a la Junta de Seguridad, es decir, el control sobre la disidencia golpista real o inventada. Al frente de la Junta de Seguridad estaba un esquerrista, Artemi Aiguadé; por lo tanto, un elemento relativamente importante, sobre todo en la retaguardia, pasaba a estar controlado por alguien procedente de la estructura de gobierno en su día democráticamente elegida por los catalanes. Era un movimiento necesario, dado que, al entrar la CNT en la gobernación catalana como veremos, se hacía necesario mejorar el control institucional para poder evitar que la estrategia de revolución total que defendían anarquistas y poumistas se convirtiese en algo imposible de regatear. El decreto de octubre también adscribió amplias competencias en la Consejería de Justicia, con lo que también se trataba de conseguir un mayor control de los tribunales populares que, la verdad, eran lo que eran (y, en parte cuando menos, siguieron siéndolo).

lunes, febrero 13, 2023

Anarcos (17): ¡Viva la revolución, carajo!

La primera CNTLas primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo 



La CNT y la FAI se echó a la calle en Barcelona el 19 de julio. En realidad, diversos testimonios y análisis históricos ponen en duda la afirmación de que los anarquistas salvaron la capital catalana y la rindieron del lado republicano de la Historia. Hoy por hoy, parece bastante claro que fue más bien la cabeza fría de la Guardia Civil, los errores tácticos (muchos) de los sublevados, y otros factores, los que labraron la derrota del golpe en Barcelona. Pero aquí lo importante no es lo que pasó, sino lo que se decía que había pasado en las primeras horas tras el golpe; y lo que se decía era que la CNT había salvado el momio. A todo esto hay que añadir que, dado que el Estado republicano era tan débil y desestructurado de tiempo atrás, en muchas zonas de Cataluña y de Aragón, lo que produjo el golpe de Estado fue un enorme vacío de poder, que fue aprovechado por los anarquistas para quedarse con el machito.

viernes, febrero 10, 2023

Anarcos (16): Hacia la Guerra Civil

La primera CNTLas primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo

El comienzo del gobierno del Frente Popular, en efecto, pronto se caracterizó por un modelo social muy claro, definido como un anarcosindicalismo que iba a por todas en la calle, mientras que la UGT, a menudo, se veía arrastrada muy a su pesar a hacer hilo con esas tentativas para no perder comba. A finales de marzo se declaró una huelga en el metal barcelonés, ante la negativa de varios empresarios a asumir la jornada de 44 horas semanales que había sido reimpuesta por las autoridades. El 17 de abril, como respuesta a algunos actos violentos de los que se responsabilizó a Falange, la CNT convocó una huelga general en Madrid; a pesar de que los dirigentes socialistas y comunistas consideraron esta convocatoria como innecesaria y prematura, la UGT tuvo que secundarla.

miércoles, febrero 08, 2023

Anarcos (15): Tú me debes tu victoria

 La primera CNT

Las primeras disensiones
Triunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo  



El primer paso serio en la dirección que, en el fondo, todos esperaban, aunque de formas diferentes, salió de Valencia los días 21 y 22 de diciembre de 1935; apenas estrenado, pues, el gobierno Portela. Allí se celebró un congreso de los sindicatos de oposición, en el que Juan López fue nombrado secretario general de dichos sindicatos en Levante.

lunes, febrero 06, 2023

Anarcos (14): Trauma y (posible) reconciliación

 La primera CNT

Las primeras disensionesTriunfo popular, triunfo político
La República como problema
La división de 1931
¿Necesitamos más jerarquía?
El trentismo
El Alto Llobregat
Barcelona, 8 de enero de 1933
8 de diciembre, 1933
La alianza obrera asturiana
La polémica de las alianzas obreras
El golpe de Estado del PSOE y la Esquerra
Trauma y (posible) reconciliación
Tú me debes tu victoria
Hacia la Guerra Civil
¡Viva la revolución, carajo!
Las colectivizaciones
Donde dije digo...
En el gobierno
El cerco se estrecha
El caos de mayo 

Bueno, y después de haber repasado Barcelona y Madrid, llegamos a ese punto en el que, supuestamente, todo pasó: Asturias. El único lugar donde la revolución social y la huelga revolucionaria triunfaron de verdad; y, por eso mismo, el único lugar en el que la historiografía rampante actual quiere entender que pasó algo o se quiso que pasara algo. Vincular octubre del 34 con Asturias es una operación ideológica cuidadosamente diseñada, cuyo objetivo es que no veas dos cosas: una, que el movimiento fracasó; otra, que el movimiento no fue tal, sino que fue un golpe de Estado que buscaba subvertir un orden político democráticamente definido en las urnas. A la Esquerra, cada día, la importa menos que la imputen de golpista, porque, cuando menos en el momento de redactar estas notas, está ya a lo que está: lo volveremos a hacer y todo eso. En realidad, yo creo que incluso les da un poco de brillo recordar el 34; si no lo hacen más es por la personalidad de Dencàs y el asquito que da. En todo caso, a quien no le interesa nada que se diga que, en sus ciento y pico años de honradez y eficacia, cuenta un golpe de Estado contra el gobierno legalmente constituido, es al PSOE. Por eso lo llamamos revolución de Asturias; porque quieren que pienses que sólo pasó en Asturias.