[Mis disculpas. Este post ha quedado muy largo. De hecho, es diez veces más largo de lo que deben ser los textos de lectura electrónica, según los expertos. Pero he juzgado que sería mejor publicarlo al completo].
Aquí os dejo otros post que he ido escribiendo sobre el crimen organizado.
El nacimiento del Sindicato del Crimen
Creo que todavía no lo he escrito nunca; pero habéis de
saber que si queréis conocer historias chulas del deporte, debéis aficionaros
al blog de Historias del Atletismo
que escribe Luis Montes, un mecánico de neuronas gallego que me hace el honor
de pasearse por aquí de vez en cuando. A mí el deporte, la verdad, no me ha
puesto demasiado en la vida; mi único contacto serio con él fue un profe de
gimnasia que tuve en cole, que se llamaba Gayoso y que el año que me aprobó por
los pelos recuerdo que ganó una final en los Juegos del Mediterráneo. En este
blog, sin embargo, lo hemos tratado alguna que otra vez, por ejemplo al hablar
del doping,
o del fútbol
patrio y la política; o el episodio en el que el gigante Jack
Johnson se
paseó por Madrid. Pero no es nuestra línea fundamental de negocio;
aquí no vendemos aguacates sino patatas, que es, diría Podemos, con lo que nos
forramos.
De vez en cuando, sin embargo, es un tema que me apetece tocar. Sobre todo, cuando toca uno de los aspectos por el que sabéis que tengo debilidad, debilidad que comparto con alguno de mis lectores: la Mafia. Hoy es un día de ésos. Hoy es un día en el que quiero contaros una de las más grandes marcianadas mafiosas jamás perpetrada: la manipulación de las Series Mundiales de 1919.