Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over
El año 1927 empezó movidito para el gobierno. Otto Gessler, el ambicioso ministro de Defensa que incluso había llegado a abandonar la militancia de su partido para poder seguir pillando moqueta, dimitió el 14 de enero. Como de costumbre en estos casos, lo hizo por motivos personales relacionados con su salud; pero la verdad de las cosas es que ya no podía esconder los indicios de que su ministerio estaba financiando un rearme. Esto es lo que se acabó conociendo como el escándalo Febus.
En el centro de todo estaba un capitán llamado Walter
Lohmann, que era el jefe de la división de transporte marítimo. Lohmann había
recibido importantes fondos para diversos proyectos, que incluían ventas de
armas, el desarrollo de un submarino, o la construcción de depósitos de
combustible. Lo que hizo el capitán fue fibrilar importantes sumas de dinero
hacia una empresa de producción de cine llamada Phoebus o Febus, que estaba
secretamente dedicada a crear campañas de opinión pública proclives al rearme. Lohmann
se convirtió en accionista de esta compañía y, algunos meses después, operó,
junto con Gessler, de garante de un importante préstamo. Entre unas cosas y
otras, capitán y ministro, ministro y capitán, le habían chutado en vena a la
compañía unos 10 millones de Reichsmarks.
La idea de Lohmann era que el dinero llamase al dinero. Que
aquellas campañas tuviesen como resultado que personajes interesados en
financiar el rearme pusieran dinero, y así el asunto se multiplicase. El pobre
militar alemán, por lo tanto, no era consciente de que, la mayoría de las veces
que confías en gentes del cine para que te echen una mano, el resultado final
es que ellos terminan forrados, y tú, como el gallo de Morón. En los últimos
meses de 1927, las chulísimas inversiones de Lohmann daban 200 millones de
pérdidas. Gessler, político al fin y al cabo, le dijo a Lohmann que, si aquello
salía a la luz, se comería el marrón él solo. Para entonces alboreaba el
invierno de 1927, y la Febus había entrado en bancarrota. Lógicamente, como la
UCO no es tonta, en cuanto puso sus manos por orden del juez en la contabilidad
de los hombres de la cultura, se encontró los préstamos recibidos desde el
Ministerio de Defensa; y, por supuesto, se coscó de la movida Servinaboide que
había allí dentro, con un capitán del ejército convertido en accionista de la
compañía a la que estaba financiando con pasta pública. Así que el 14 de enero,
juzgando que la poltrona ministerial ya no le servía de nada, Gessler dijo que
tenía un bultito en la rodilla y que se iba. El 19, dimitió Lohmann. Conforme
el escándalo fuese cogiendo momento, se cobraría otra víctima, ya a finales de
septiembre de aquel año, en la persona de Hans Zenker, el jefe de la Marina
alemana.
Gessler era caza mayor. Entre una cosa y otra, llevaba como
ocho años de ministro de Defensa. La decisión de quién lo sustituiría, en unos
momentos además en los que el ministerio olía a mierda, no era fácil. En
realidad, quien tomó esa decisión fue Von Schleicher, que fue quien le sugirió
al presidente Hindenburg el nombre de Karl Eduard Wilhelm Groener o Gröner, que
había sido primer intendente del ejército imperial al final de la guerra.
En medio de este ambiente tan interesante, el cuarto
gobierno Marx, aunque en realidad no lo supiera, se acercaba al colapso. El
tema fue la ley de educación. Os la había dejado, párrafos atrás, aparcada en
una comisión del Reichstag, puesto que el gobierno, aunque tenía votos
suficientes para sacarla adelante, consideraba necesario obtener un mayor
consenso sobre la misma. El 15 de febrero de 1928, Karl Theodor von Guérard,
miembro conspicuo de Zentrum, anunció que su partido había decidido abandonar la
coalición de gobierno, cuando tuvo claro que la ley de educación, que había
empezado a capotar, tenía un serio riesgo de no pasar la votación del
Reichstag. ¿Qué había pasado? Pues, básicamente, que el DVP, es decir el
partido de Stresemann, había cambiado de idea y ahora quería bloquear la ley.
En esa situación, Hindenburg cosió un acuerdo con Marx, y
con todos los partidos parlamentarios, para que el gobierno del canciller
siguiese en el machito para poder abordar una serie de asuntos urgentes que
fueron definidos en una lista que se conoció el 27 de febrero.
Una de esas cuestiones inaplazables concernía a la Marina.
El tratado de Versalles había dejado a Alemania únicamente con sólo seis
grandes buques de guerra que, además, sólo podían ser sustituidos por buques
que no sobrepasaran las 10.000 toneladas largas o imperiales (una tonelada
larga venían a ser 1,016 toneladas métricas). Esto dejaba abierta la
posibilidad de construir buques blindados o Panzershiffe,
es decir, cruceros armados hasta los dientes que eran por lo tanto capaces de
combinar armamento pesado y velocidad. Este tipo de barcos fueron conocidos por
los británicos como Pocket Battleships.
El plan alemán era gastarse 100 millones de Reichsmarks en construir cuatro en
los años por venir.
Pero el plan tenía enemigos. El SPD, el DDP y el KPD
consideraban que aquello era un gasto superfluo. El 25 de marzo, la mayoría de
los votos en el Reichstag apoyó la construcción del Panzerkreuzer A; pero seis días después el Reichsrat, votó una
llamada al gobierno para no comenzar la construcción hasta el 1 de septiembre
de 1928; en la práctica, pues, estaba buscando que un nuevo gobierno decidiese
desechar la idea.
En paralelo, Alemania se preparaba para unas nuevas
elecciones. Las elecciones de 1928 fueron una convocatoria en la que se hizo
bastante patente que algunos, muchos incluso, alemanes, comenzaban a estar un
poco hasta los huevos de las formaciones políticas de Weimar. La durísima
crisis económica de años atrás había tenido sus víctimas especiales; y ahora
estas víctimas, considerando que los políticos no habían hecho lo suficiente en
su favor, comenzaban a sentirse atraídos hacia soluciones modelo Soria Existe.
Fruto de esta tendencia fueron formaciones como el WP, Wirtsschaftspartei des Deutschen Mittlestandes, partido de las
clases medias; el CNBL o Christslich-Nationale
Bauern und Landvolkpartei, el Partido Nacional Cristiano de los
Agricultores y Ganaderos (que se escindió del DNVP); o el VPR, Volksrechtspartei o Partido de la
Justicia del Pueblo. Pero había muchos más, hasta 41. La mayoría, reivindicando
los derechos de las clases medias, que se consideraban las grandes paganas de
la crisis.
El DNVP fue a las elecciones mostrando las reformas que
había conseguido impulsar en el gobierno, sobre todo en el ámbito agrario.
Zentrum hizo una campaña furiosamente anti DVP, por haberse cargado la ley de
educación; este partido reaccionó haciendo una cerrada defensa de las escuelas
públicas, y centrando sus mensajes en su principal activo, que obviamente era
Stresemann. El DDP centró su
campaña en la defensa de la república y en la promesa de que, con ellos en el
ejecutivo, Renania quedaría liberada en un plis plas. El SPD hizo campaña sobre
todo en las áreas industriales de las ciudades, su principal stronghold. Algo que lógicamente hizo
también el KPD, que, con Thälmann al frente, se había convertido en una
organización estalinista sin fisuras.
Había uno que se estrenaba. Adolf Hitler estaba en prisión
en las elecciones de 1924, así que era la primera vez que se presentaba como
líder del NSDAP. Hubo de lidiar con el hecho de que en Prusia tenía prohibido
hablar en público, prohibición que de hecho no fue levantada hasta septiembre
de 1928. Asimismo, tampoco le ayudaba nada que el tono económico general fuese
bueno, con cierto optimismo en los hogares, lo que dificultaba el voto
follonero.
El principal elemento de debilidad de los
nacionalsocialistas, sin embargo, era su división estratégica en torno al
segundo de sus apellidos (el socialismo). Los nazis del norte de Alemania, que
eran los socialistas de la partida, habían convencido a un renuente Hitler a
adoptar una cosa que se llamó Plan Urbano; en corto, el Plan Urbano era una
serie de medidas y mensajes diseñados para incrementar el voto
nacionalsocialista en las grandes ciudades industriales. De alguna manera, los
socialistas del NSDAP le vinieron a decir a su líder: tú intentaste en
convertir el partido en una formación sostenida por el dinero de los grandes
empresarios, y fracasaste; así que ahora nos toca a nosotros ensayar un partido
asentado en el apoyo de las masas obreras.
Por esta razón, la campaña de 1928 es, en mi opinión, la más
socialista de las campañas del nacionalsocialismo alemán. El discurso estuvo
presidido por las críticas violentas hacia “el capitalismo judío” y los
partidos de las clases medias, responsables, en esta tesis, de haber traído, la
corrupta, ineficiente, traidora y cobarde república de Weimar.
Aquello, sin embargo, y como Hitler ya había imaginado, no
funcionó. Las masas obreras de las ciudades industriales, que tenían más que
suficientes mensajes, y mucho más claros, en los partidos de izquierda
tradicional, por lo general le dieron la espalda al NSDAP. Sin embargo, fueron
bastante más exitosos entre la población rural, que estaba literalmente hasta
los cojones de todo.
Como orador, Hitler se centró en sus mítines en atacar la
política de Stresemann. El 17 de abril, en Munich, él, que en realidad como
canciller nunca haría nada para hacer pensar que quería romper los términos de
Locarno, calificó ese acuerdo de “deuda monstruosa”.
Una semana más tarde, en la Bürgerbräukeller muniquesa, fue
Stresemann quien dio un mitin. Fue su último gran acto electoral. El 9 de mayo,
colapsó a causa de una infección tiroidea, que le generó un serio desarreglo
renal. Aquel verano, incluso tuvo un pequeño infarto.
Las elecciones se celebraron el 20 de mayo. El ganador fue
el SPD, que sacó un 29,76% de los votos, 9,15 millones, lo que le garantizó 153
escaños, es decir 22 más que en las elecciones anteriores. Era el mayor triunfo
electoral socialista desde 1919. Para regocijo de la izquierda, el único otro
partido que subió en votos fue el KPD, con un 10,62%, 3,26 millones de votos y
54 escaños.
El DNVP fue el gran perdedor de aquellas elecciones.
Consiguió un 14,3% de los votos, 4,38 millones, pasando de 103 escaños a 73.
Sus pérdidas fueron especialmente fuertes en aquellas regiones alemanas
dominadas por los, por así decirlo, autónomos del sector primario. Claramente,
los beneficios que el partido decía haber fibrilado al campo con su presencia
en el gobierno no habían sido considerados suficientes.
Zentrum se llevó el 12,1% del voto popular, 3,71 millones de
votos, con 61 escaños, pagando las consecuencias de su desunión en el tema
educativo. El DVP consiguió el 8,7%, 45 escaños; es decir, ni siquiera el gran
éxito de Stresemann en Locarno había servido. El DDP, que había permanecido
fuera del gabinete Marx, no por ello dejó de perder votos, con un 4,8% de los
votos, 1,47 millones, y 25 escaños.
Los partidos tradicionales de clase media habían perdido
votos por el auge de los partidos especializados. En total, el WP, el CNBL y el
VPR capturaron el 12% del voto, con 34 escaños.
En lo que toca al NSDAP, tampoco le fue lo que se dice de
coña. Con 810.127 votos, 2,37% del voto popular, sacaron 12 escaños. Entre
otros, estos escaños fueron para Göbels, Strasser y Göring. Como ya os he
dicho, el gran talón de Aquiles del partido habían sido las grandes zonas
industriales. Sus mejores caladeros de votos eran Franconia, donde había sacado
un 8,1%, Suabia, con el 6,2% y el Palatinado (5,7%). Hitler, personalmente,
perdió apoyos en áreas alemanas fronterizas con Austria, a causa de haber apoyado
las reivindicaciones de Mussolini sobre el Tirol meridional, que había sido
cedido a Italia tras la guerra y que ahora el líder italiano se quería quedar
para siempre.
En suma, las elecciones de 1928, cuando nadie lo sabía pero
quedaban apenas cinco años para que el tipo que había sacado el 2,3% de los
sufragios se convirtiese en canciller, habían sido una victoria sin paliativos
para las izquierdas. Éstas, de hecho, recuperaban el umbral sicológico del 40%
de los votos que habían perdido en 1924; y, por medio, las fuerzas del centro
habían perdido el soporte del 30% y las derechas el del 20%. Todo esto, claro,
porque había más de un 10% del voto que ahora estaba en una nebulosa, entre
derechista y centrista, formada por los llamados partidos especializados u
oportunistas. En mi opinión, nadie supo ver lo verdaderamente importante: la
porosidad del voto, ante una situación incierta, ante la sensación de que la
grave crisis económica había tenido paganos y gente que se había ido de
rositas, ante la evidencia de un entorno político fuertemente inestable; ante
esa situación, la porosidad del voto avanzaba a marchas forzadas.
Ante estas elecciones, el gabinete Marx dimitió el 12 de
junio. Por pura lógica electoral, Hindenburg le encargó la formación de
gobierno a Hermann Müller, líder del SPD. La situación tras las elecciones
apuntaba a una auténtica Gran Coalición de amplio espectro con el SPD, Zentrum,
el DVP y el DDP. El DVP anunció que sólo entraría en el gobierno de Alemania si
el SPD le daba boleta en el gobierno de Prusia; algo que Otto Braun, el primer
ministro prusiano, no quería hacer ni en pintura. En todo caso, la formación
que tenía diputados suficientes para ser bisagra era Zentrum; pero los
católicos eran muy renuentes a participar en el gobierno. Dijeron que se lo
podrían plantear si Joseph Wirth era nombrado vicecanciller, pero los
socialdemócratas se negaron en redondo; hubieron de conformarse con un
ministerio. El DDP y el BVP estuvieron de acuerdo en participar.
Todo eso, sin embargo, era mucho más frágil de lo que
parece. Las negociaciones, obviamente, eran con los líderes de los partidos;
pero éstos dejaban bien claro que no podían garantizar que, en votaciones
cruciales, sus diputados fueran a respetar ninguna disciplina de voto. Así las
cosas, Müller decidió abandonar la idea de una gran coalición, y se decidió por
el Plan B, es decir, el gobierno de personas más que de partidos. De hecho, al
primero que tentó fue a Stresemann, que estaba ingresado en un sanatorio en
Baden-Baden; y que de hecho negoció con Müller sin contarle nada a su partido,
por lo que fue gravemente censurado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario