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La ultraizquierda en la Casa Blanca, y el tenaz grupo de pecadores en el exilio
Ya no somos tan amigos
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… Y Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España, espada de Trento, se bajó los pantalones
En 1960 hubo elecciones presidenciales en Estados Unidos. El Pardo, por mucho que no lo hiciese con mucho ruido, apostaba claramente por la presidencia de Richard Nixon, que consideraba continuista respecto de Eisenhower. Muchos estrategas en los pasillos enmoquetados del franquismo consideraban que Eisenhower estaba a punto de reblandecerse definitivamente; y que Nixon, visto como un hombre sin grandes ambiciones en la política exterior (lo que demuestra que no lo conocían) todo lo que haría sería llevar esa dinámica a sus últimas consecuencias. En un sentido contrario, Franco, que se había sentido razonablemente cómodo con los republicanos, temía que una Administración demócrata adoptase una postura más crítica respecto del régimen.
Como sabemos bien, en aquellas elecciones un político amortizado,
que de hecho había sorprendido a sus enemigos presentándose a las primarias pues
existía el rumor de que moriría pronto (de muerte natural, se entiende) supo entender
la fuerza de los nuevos medios, sobre todo de la televisión, y se llevó por delante
las elecciones. John Fitzgerald Kennedy llegó a la Casa Blanca acompañado de una
nueva generación de políticos jóvenes, y muy pronto dejó claro que en su Administración
habría poco continuismo. De hecho, para terror de la embajada española en Washington,
uno de los primeros departamentos donde hizo una limpia brutal fue el de Estado.
Franco, sin embargo, había jugado sus cartas mucho mejor de lo
que parecía. No tuvo que esperar mucho para encontrarse con que Estados Unidos,
cada vez más embarcado en la Guerra Fría, no podía permitirse el lujo de perder
aliados. Franco era caca, cierto; pero no tenía alternativa. Los intereses estratégicos
de Estados Unidos en el Mediterráneo, unidos a la enorme endeblez de la oposición
antifranquista, sobre todo la del exilio, que sólo aparece como un actor con importancia
y capacidad en los delirios de la historiografía de izquierdas; todo ello, digo,
hizo imposible en la práctica que la Administración Kennedy, pese a estar petada
de funcionarios que, en lo personal, abominaban del régimen español, pudiera ponérsele
en frente.
Pero vayamos por partes. Cuando estaba terminándose la sexta
década del siglo XX, es decir, al llegar al año 1960, muchas personas en el ámbito
internacional se preguntaban si Estados Unidos podría seguir mucho tiempo haciendo
como que no veía que algunos de sus aliados eran dictaduras puras y duras. Los disturbios
y cambios de gobierno que se produjeron por entonces en Turquía y en Corea del Sur
alimentaron esas dudas. Encima de la mesa estaba la pregunta de si aquel presidente
tan novedoso, tan parecido a absolutamente nadie en el pasado de su nación, mantendría
la misma actitud hacia las dictaduras con las que tenía relaciones más o menos amistosas.
Este tipo de cuestiones eran contemporáneas de un cambio de marea
en el Congreso de los Estados Unidos. Los años del macartismo, cuando todo parecía
valer con tal de que ayudase en la lucha contra los comunistas, habían pasado. Cada
vez más, el grupo de congresistas sólida y abiertamente juramentados en contra del
régimen franquista era más grande. En ese bando militaban políticos de mucho peso,
como el congresista por Oregón Charles Orlando Porter, el senador por Idaho Frank
Forrester Church III y, sobre todo, James William Fullbright (el de las becas),
representante por Arkansas, y que llegó a presidir el Comité de Exteriores de la
cámara. Church estuvo en España a finales de 1960 acompañado por otro senador (el
titular por Utah Frank Edward Moss); y a ambos se les bloqueó la posibilidad de
entrevistarse con Franco o con Castiella.
Con esos mimbres, resulta lógico que el señor Iglesia de Idaho se convirtiese
en un durísimo crítico de la dictadura española, además de soltarle unos cebollazos
de la hostia a su embajada por andarle todo el día lamiendo el pene al general.
Church, por cierto, utilizó su discurso en la convención demócrata que entronizó
a Kenney como candidato para poner a Franco de puta para arriba (lo que siempre
se ha tomado como la razón directa de que el general no quisiera recibirlo). Pero
la peor noticia para el régimen, y que éste conocía bien, era que las notas de aquel discurso
habían sido compartidas con el propio Kennedy.
En consecuencia, a nadie puede extrañar que cuando se iniciara,
en septiembre de 1960, la discusión en torno al nuevo documento estratégico respecto
de España, denominado NSC 6016,
comenzasen a aparecer partidarios de colocar en dicho documento contenidos apuntando
a una política activa de los Estados Unidos a favor de una transición política en
España. Según el documento firmado por Marion W. Boggs, director del secretariado
del Consejo de Seguridad, existía una mayoría suficiente en el departamento a favor
de acciones por parte de los Estados Unidos en las que, sin perjudicar los objetivos primarios
del país en España (los militares), se pudieran aprovechar las oportunidades que
pudieran presentarse por sí mismas para potenciar una evolución democrática
en España. En el Departamento de Defensa eran partidarios de que Estados Unidos
hiciese algo por sí mismo, no que simplemente esperase a que otros lo hicieran.
Estas tendencias, sin embargo, fueron severamente contestadas
por el embajador Lodge en Madrid. Según Lodge, el modelo político liberal estaba
de retirada en medio mundo, por mucho que Estados Unidos y Reino Unido permaneciesen
como sus dos grandes luminarias; y, consecuentemente, existían ciertas tendencias
hacia el autoritarismo que, a su modo de ver, lo hacían más tragable y aceptable.
En la práctica, lo que venía a decirle Lodge a sus superiores en Washington era
que se anduviesen con mucho cuidado con los cambios que impulsaban en España, que
lo mismo se podían encontrar con un problema gordo. Sin negar que cada vez eran
más los españoles que querían gozar de libertades propias de una democracia liberal,
Lodge argumentaba que no existían alternativas reales y viables al régimen (y yo
creo que no se equivocaba).
Había que tener en cuenta, además, la actitud de Franco; sobre
todo si triunfaren las propuestas más liberales y, consecuentemente, Estados Unidos
se aplicase a fomentar activamente una democratización del país. El titular de la
embajada de la calle Serrano, por lo demás, no entendía cómo se podía plantear esto
ahora, cuando la estrategia de mejorar la presencia internacional de España, defendiendo
su ingreso en los organismos multilaterales, todavía no se había completado.
Este planteamiento era, básicamente, el de los republicanos;
que, no se olvide, todavía mandaban en el país cuando se empezó a orear el NSC 6016.
La derecha estadounidense consideraba, y en esto yo cuando menos les tengo que dar
la razón, que las fuerzas antifranquistas no habían aportado, durante todos aquellos
años transcurridos desde el final de la guerra civil, garantías ciertas de que,
de perderse Franco por así decirlo, lo que iba a llegar no iba a ser un proceso
revolucionario. Los observadores estadounidenses constataban la enorme división
de la oposición: primero, entre oposición interna y externa, pues apenas se hablaban;
y, después, entre las diferentes sensibilidades. Los hombres del Departamento de
Estado temían, en este sentido, que, al fin y a la postre, quien se mostrase más
efectivo y organizado fuese el Partido Comunista.
El rechazo de la mayor, por así decirlo, no escondía el hecho
de que, como digo incluso en los últimos meses de la Administración Eisenhower,
el tono de la política estadounidense respecto de España estaba cambiando. Ahora,
la Administración se mostraba dispuesta a hablar con todos los grupos políticos
españoles, con la única excepción de los comunistas. Pero lo que sí estaba claro,
también, para los estrategas estadounidenses, era de que no se trataba de echar
a Franco. Se trataba de sucederlo. Éste fue el plan desde el principio, y el que, al fin y a la postre, se llevó a cabo.
En los años anteriores, los estadounidenses con responsabilidades
en el dosier español habían terminado por aprender que lo que había en España no
era un régimen, sino un líder. La forma más inteligente de actuar contra un líder
es encaminarlo hacia una sucesión en el poder que sea adecuada para los intereses
de todos; si Maduro cayó fue por la única razón de que, más que probablemente, se negó a ello (y Delcy no). La prioridad de los Estados Unidos era, y siguió siendo durante los años
posteriores, evitar la producción en España de un proceso caótico o revolucionario
que acabase por impedir el acceso a las bases de utilización conjunta. Por ello,
desde el final de la década de los cincuenta Estados Unidos tuvo muy claro que lo
que tenía que promover era un proceso inteligente y discreto de sucesión del dictador,
pero no un proceso destinado a destituirlo. Y, desde luego, no se puede otorgar
a la casualidad el hecho de que eso, justamente eso, fuese lo que terminase por
pasar.
Aquí tenéis mi versión de NSC 6016:
Memorando de debate de la 461ª reunión del Consejo de Seguridad
Nacional
29 de septiembre de 1960.
Política de EE. UU. hacia España
El Sr. Gray [entiendo que será Robert Keith Gray, jefe de
Gabinete del presidente Eisenhower] presentó al Consejo el borrador de la declaración
de la Política de Estados Unidos hacia España que figura en el documento NSC 6016.
En el transcurso de su informe, el Sr. Gray se refirió a la división
en el párrafo 23-c. La mayoría de la Junta de Planificación está a favor de una
disposición según la cual los EEUU aprovecharán discretamente las oportunidades
que se presenten para fomentar la evolución democrática en España; mientras que
el miembro de Defensa de la Junta de Planificación desea, en la medida de lo posible
y sin parecer interferir en los asuntos internos españoles, alentar al régimen de
Franco a que emprenda medidas hacia la evolución democrática en España.
El secretario Gates [Thomas Sovereign Gates, secretario de
Defensa] afirmó que el Departamento de Defensa consideraba que Estados Unidos estaría
en una posición más sólida de cara al futuro en España si contara con un plan para
trabajar en la evolución de los procesos democráticos en el país, en lugar de limitarse
a hacer declaraciones de apoyo a la democracia "aprovechando discretamente
las oportunidades que se presenten".
El Presidente expresó su preocupación con respecto al párrafo
23-c. Dijo que parecía permitir que los funcionarios estadounidenses en España alentaran
a la intelectualidad española, al personal académico, etc., a trabajar por una evolución
del gobierno español en la dirección de la democracia. Sin embargo, tales esfuerzos
podrían adquirir el carácter de esfuerzos revolucionarios. El Presidente afirmó
que, por supuesto, favorecía los procesos democráticos, pero se mostraba bastante
reacio a autorizar a nuestros funcionarios en España a trabajar con ese fin.
El secretario Dillon [Clarence Douglas Dillon, secretario
del Tesoro y miembro del Comité Ejecutivo del Comité de Seguridad Nacional] expresó
su escepticismo sobre la posibilidad de que, en la situación actual de España, se
pudiera hacer algo significativo para impulsar la democracia. Las fuerzas democráticas
existentes en España están divididas en numerosas facciones. Antes de la llegada
de Franco al poder, existían, por ejemplo, dieciocho partidos políticos en las Cortes.
Cualquier avance rápido hacia la democracia en España parecía, a juicio del secretario
Dillon, impensable en este momento. De hecho, tal avance podría conducir a la toma
del poder por los comunistas. El Departamento de Estado no se opondría a la eliminación
de ambas versiones del párrafo 23-c del documento. El Departamento de Estado había
aceptado la versión mayoritaria del párrafo por estar en consonancia con nuestra
política general. Sin embargo, la versión mayoritaria presentaba el defecto de incluir
la frase “sin perjuicio del logro de los objetivos primordiales de Estados Unidos
en España”. Dado que el objetivo primordial de Estados Unidos se establecía en el
párrafo 12 como el acceso a instalaciones militares en España, en realidad no se
podía lograr nada con el párrafo 23-c. El Sr. Dillon también consideró que la versión
del párrafo 23-c del Departamento de Defensa presentaba ciertas dificultades. La
propuesta de Defensa hablaba de alentar al régimen de Franco a emprender pasos hacia
la evolución democrática. En opinión del Sr. Dillon , en España no existe un régimen
de Franco; solo existe el propio Franco. Si deseamos impulsar medidas democráticas
en España, nos veremos obligados a hablar con Franco personalmente. El Sr. Dillon
consideraba que esto sería un ejercicio muy contraproducente.
El secretario Gates afirmó que, al proponer su versión del párrafo
23-c, el Departamento de Defensa solo buscaba realizar una planificación anticipada.
La situación en España podría cambiar en cualquier momento, y sería conveniente
que Estados Unidos adoptara medidas de planificación para prever dichos cambios.
El secretario Dillon dijo que el párrafo 24 trataba el problema
al que aludía el secretario Gates, es decir, el proceso de sucesión en España. Nuestra
Embajada en España, al ser consultada sobre el párrafo 23-c, manifestó que creía
que ambas versiones del párrafo eran poco realistas, pero que la versión mayoritaria
era la menos irreal.
El gobernador Hoegh [Leo Arthur Hoegh, entonces ya ex
gobernador de Iowa y director de la Oficina de Movilización Civil y de Defensa]
consideró que Estados Unidos debía necesariamente lidiar con la facción dominante
entre los elementos democráticos si deseaba fomentar la democracia en España. Estados
Unidos no podía lidiar con elementos intangibles. El secretario Dillon afirmó que Estados Unidos no tenía intención,
en España, de hablar únicamente con profesores, en intentos por fomentar la democracia
en el país.
El Sr. Gray se preguntó si las verdaderas cuestiones a decidir
en relación con este subpárrafo no eran (1) si deberíamos intentar fomentar la democracia
en España tratando directamente con Franco, y (2) si el documento debería contener
una base para planificar futuras contingencias en España.
El Presidente sugirió que se eliminaran ambas versiones del párrafo
23-c y que el párrafo 24 incluyera una expresión de nuestra esperanza de que, tras
el proceso de sucesión, España cuente con un gobierno más democrático. [aquí
hay dos líneas del texto original que no han sido desclasificadas] Sin embargo,
en un país estable que no adoptó a Khruschev como su dios, pensó que quizás lo más
sensato era dejar las cosas como estaban. El párrafo 24 podría referirse a nuestra
esperanza de que el proceso de sucesión evolucione hacia la democracia en España.
[1 párrafo (3 líneas de texto original) no desclasificado
]
El Presidente recordó que, durante su conversación con Franco
en su viaje a España ,
le comentó que muchos baptistas en Estados Unidos lo presionaban para que les permitiera
abrir una iglesia en España. El Presidente dijo que le comentó a Franco que en Estados
Unidos había muchos baptistas, pero Franco respondió que el 98% de la población
española era católica y añadió: «Seamos razonables».
El Sr. Gray reanudó su informe. Tras referirse a los apartados
militares y al apéndice financiero del NSC 6016, el Secretario Gates comentó que
teníamos previsto equipar dos divisiones de infantería españolas y una o dos divisiones
de montaña, así como modernizar el ejército español. El Secretario Gates opinó que
sería necesario continuar nuestro programa militar en España de forma indefinida.
En respuesta a una pregunta del Sr. Gray, el general Twining
dijo que el ejército español era una fuerza bien disciplinada, pero que no tenía
capacidad para realizar operaciones militares efectivas fuera de España.
Después de que el Sr. Gray concluyera su informe y se refiriera
a la estimación de que las conversaciones para la extensión del acuerdo sobre los
derechos de las bases probablemente comenzarían en 1962, el Secretario Gates comentó
que en esas conversaciones probablemente descubriríamos que tendríamos que volver
a pagar por las bases.
El secretario Dillon informó que el programa de estabilización
español había sido un éxito rotundo. España había incrementado sus reservas de prácticamente
cero a 500 millones de dólares en el transcurso de un año, la mayor reserva que
había tenido desde la guerra civil. La actividad económica española se estaba reactivando.
España no necesitaba ayuda financiera, salvo la proporcionada en relación con las
bases. Sin embargo, cada año el Congreso exige a la Administración que proporcione
a España más ayuda financiera de la que considera necesaria. Este año, la Administración
solicitó 25 millones de dólares para ayudar a España y el Congreso dictaminó que
se debían proporcionar 35 millones. El próximo año, la Administración probablemente
sugerirá 15 millones de dólares y el Congreso probablemente aumentará esa cantidad
a 25 millones.
En el Consejo de Seguridad Nacional:
a. Se debatió el borrador de la declaración de política sobre
el tema que figura en el documento NSC 6016, a la luz de las opiniones del Estado
Mayor Conjunto al respecto, transmitidas mediante el memorando de referencia del
28 de septiembre de 1960.
b. Se adoptó la declaración de política contenida en el documento
NSC 6016, sujeta a las siguientes modificaciones:
(1) Página 11, subpárrafo 23-c: Eliminar ambas versiones
de este subpárrafo.
(2) Página 11, párrafo 24: Modifíquese para que quede
como sigue:
24. Fomentar discretamente el establecimiento en España de una
sucesión práctica y aceptable que:
- a. Ayude a mantener la estabilidad interna.
- b. Evite una crisis posterior a Franco que pueda poner en peligro nuestro acceso a las
instalaciones militares y el logro de los objetivos estadounidenses relacionados.
- c. Ojalá
que España evolucione hacia procesos más democráticos.
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