miércoles, febrero 27, 2019

Después de Hitler (11: Ike resiste la tentación)

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Patton

La figura fundamental de la revuelta checoslovaca fue, sin duda, el general Karel Kulvast. Era un veterano militar de la primera guerra mundial que, además, había sido condecorado con la Cruz de San Jorge por una acción militar durante la misma. Tras la ocupación del país por los alemanes se había implicado en la resistencia y, el 5 de mayo, estaba en el edificio del viejo Ayuntamiento de Praga, coordinando la lucha. La persistencia de la resistencia durante toda la mañana del día 5 provocó que, en la tarde, las fuerzas que quedaban de la policía municipal y de los Guardias del Protectorado se les uniesen. Esta ayuda fue de gran ídem, pues con estas fuerzas sumadas los rebeldes pasaron a ser activos en lugar de pasivos, y tomaron la sede central de Correos, la central telefónica y la estación de tren. Los alemanes contratacaron para reconquistar alguno de estos puestos, pero no fueron capaces.

A las cuatro de la tarde se luchaba en toda la ciudad. Kulvast tuvo que ocupar una atención especial al edificio de Radio Praga, al que los alemanes habían sometido a un asedio importante, conscientes de la importancia que tenía la propaganda en ese momento. Los germanos destacaron soldados en el tejado del edificio que pretendían tomarlo de arriba a abajo, pero los checos consiguieron repelerlos.

Las cosas, sin embargo, iban peor para los checos de lo que parecía. En los lugares donde estaban mejor pertrechados, apenas lograban tener un rifle para cada cinco; por no mencionar que carecían totalmente de tanques o de artillería pesada, algo que sí tenían las unidades de las SS que se encontraban muy cerca de la ciudad. El comandante de las fuerzas de las SS en Bohemia y Moravia era el general Carl von Pückler-Burghaus. Consciente de que los rebeldes estaban luchando con más eficiencia de la esperada, aquel día 5 comenzó a concentrar tropas al norte y al sur de la ciudad. Asimismo, quería enviar a los checos el mensaje indiscutido de que la actuación de las unidades de elite nazis no se iba a parar en barras; a ese espíritu responde la acción de esa misma tarde en el puente Mendel, donde decenas de civiles fueron masacrados sin alternativa. Fue el primero de varios fusilamientos masivos.

Pückler-Burghaus, además, tenía la intención de incrementar la fuerza militar presente en la zona pues, de hecho, había hecho llamar a parte de la división Das Reich, que se encontraba en el norte del país. Desde Milovice hizo venir una fuerza importante formada por 60 tanques y vehículos blindados, más la división Wallestein de las SS, situada en Benesov, que también fue llamada a la capital. Una columna de tanques penetró en la ciudad en la madrugada del 5 al 6. Las órdenes de Püclker-Burghaus fueron comenzar el ataque en el amanecer, de forma que en los edificios recuperados deberían ser inmediatamente colocadas banderas esvásticas. Esto habría de servir de pista para la artillería pesada a la hora de dejar en paz esos emplazamientos, puesto que todos los demás serían bombardeados con bombas incendiarias.

A las 8.50 de la mañana, el Estado Mayor, por así decirlo, de los rebeldes, ordenó realizar más barricadas en el centro de Praga para impedir el paso. La cosa iba mejor porque los combatientes cada vez eran más y las municiones iban llegando (tuvieron incluso panzerfausten). Los enfrentamientos comenzaron a las 10,30 de la mañana, y pronto se hizo evidente para los checos que carecían de fuerza de ataque para repeler la fuerza de los tanques. Estuvieron retrocediendo todo el día, de modo que con las últimas luces del 6 de mayo sus posiciones apenas alcanzaban a una pequeña almendra en el centro de la ciudad.

En paralelo, mientras los rebeldes checos defendían las últimas posiciones que les quedaban, entre los altos mandos estadounidenses cada vez quedaba más claro que las fuerzas de Patton no avanzarían hacia la capital. Para entonces, el general Omar Bradley ya sabía, o más que sospechaba, que su sanguíneo mando inferior se había miccionado sobre sus instrucciones y estaba avanzando más allá de la línea de cinco millas pasado Pilsen que se le había marcado. Así pues, tomó el teléfono, logró hablar con Patton y le conminó en términos bien claros: You hear me, George, goddammit, halt! Algo que podríamos traducir, más o menos, como un ¡Que te pares ya, hostias!

Patton, sin embargo, estaba en otro rollo. “Nunca tendremos la ocasión de hacer algo como esto”, le dijo a su Estado Mayor; y no mentía. A su edad y con sus antecedentes, en cuanto se posase el polvo de la guerra, él lo sabía, el tema de Sicilia, y otros tantos, acabarían meándose en su expediente; todo lo que le quedaría sería la dirección alguna escuelita militar con caballos y galones. Daba igual que los alemanes, o los vallecanos, acabasen por provocar una tercera guerra mundial; él ya no estaría en ella, y lo sabía. Aún así, dio la orden de volver a Pilsen a unas unidades que se encontraban ya en uno de los puentes sobre el Vlatva.

Patton, pues, no se implicó en la lucha de Praga el 5 de mayo, cosa que podría haber llegado a hacer. Pero la verdad es que el gesto de Eisenhower frenándolo fue más lógico y productivo de lo que podría haber parecido en un primer momento. Con las primeras horas de aquel día 5, Karl Frank, Protector del Reich en Bohemia y Moravia, esto es virrey de Checoslovaquia si así lo preferís, había volado hacia Praga después de haber hablado por teléfono con el almirante Dönitz en Flensburgo. Obviamente, el moribundo gobierno alemán apreció otra posibilidad de abrir una cuña entre sus enemigos. Frank consideró, y así se lo cablegrafió a Dönitz (una comunicación que escucharon los aliados occidentales, por cierto) que Praga era susceptible de crear entre soviéticos y anglonorteamericanos una disensión todavía más profunda que la que ya tenían sobre Polonia. Los alemanes, pues, veían la posibilidad de hacer saltar en Praga el buen rollito de Yalta, ahora que el Oso Amoroso Franklin ya no estaba.

Karl Frank era un nazi radical, y el último responsable de la tremenda represión que se siguió al asesinato de Heydrich, su antecesor; pero no era totalmente gilipollas. Sabía leer los cambios de marea y, por mucho que arengase a los suyos diciéndoles que el Reich estaba a punto de obtener una victoria que duraría siglos, sabía que eso ya no iba a pasar y que era el momento de pensar en el culo propio, y tratar de protegerlo. Así pues, le propuso a Dönitz, quien lo aprobó nunca sabremos si porque lo vio bien o porque se dio cuenta de que no tenía otra, una estrategia sorprendente: la primera medida propuesta por Frank era disolver el Protectorado de Bohemia y Moravia (que, recuérdese, fue una de las primeras medidas que anunciaron los propios rebeldes); después, se le otorgaría a las unidades armadas de la resistencia el control de la ciudad; para, en tercer lugar, invitar a las fuerzas de Patton a que entrasen en la ciudad. A las 11 de la mañana del día 5, de hecho, en una reunión celebrada en el Palacio Cernin, Frank ya le había explicado este plan a una delegación checa presidida por el ministro del Interior, Richard Bienert.

Estos planes, que como vemos por las fechas estaban en marcha ya antes de que la rebelión en Praga llegase a todo lo gordo, se vieron precisamente detenidos por el recrudecimiento de la lucha. De hecho, los resistentes arrestaron a Bienert. Pero a las nueve de la noche de aquel día 6 en el que las SS habían conseguido que los rebeldes perdiesen casi todas sus posiciones, la negociación volvió a comenzar, con la mediación de la Cruz Roja Internacional. La verdad es que dichas negociaciones no llegaron a buen puerto; pero digamos que Frank, para entonces, consideraba que quien partía el bacalao en aquella mesa no eran los checos, al fin y al cabo vencidos.

Así las cosas, en la mañana siguiente, y por su cuenta, Frank le envió un mensaje a Patton, en el que decía que si el III Ejército decidía entrar en la ciudad, nadie se resistiría. A las 2.40 horas de la tarde, desde Flensburgo, Dönitz y Keitel emitieron una orden general a todas las tropas alemanas prohibiéndoles hostigar a las tropas estadounidenses si decidían avanzar hacia Praga, mucho menos oponérseles.

Eisenhower, ahora mismo, estaba en una posición abiertamente desabrida. El último gran objetivo en la guerra contra los alemanes se le ofrecía envuelto con un lacito, garantizándosele la ausencia total de bajas, por lo que su gran argumento en contra de una mayor implicación estadounidense en las acciones bélicas europeas dejaba de sostenerse. Asimismo, se le presentaba la oportunidad de crear un centro de poder en la capital de Checoslovaquia de índole parlamentario liberal, colocando una cuña en el cordón sanitario que para entonces ya era evidente que estaba contruyendo Stalin. Pero para hacer todo eso tendría que romper un pacto alcanzado con sus aliados y, lo que es más, romperlo mediando un acuerdo con el enemigo.

Así las cosas, Ike contestó no, thanks.

La decisión del SHAEF, a que la no podemos considerar que fuese ajena la Casa Blanca, dejó Praga a su suerte hasta la llegada de los soviéticos. Sin embargo, al final la ayuda para los rebeldes llegaría desde un ángulo inesperado.

Hemos de recordar a la unidad de rusos antibolcheviques formada dentro del ejército alemán por el general Andrei Vlasov. Los vlasovitas estaban en la misma situación que Karl Frank: aunque eran unos devotos y fanatizados enemigos del bolchevismo, tenían ojos en la cara para ver que la guerra se estaba terminando, y no precisamente bien para ellos. En su caso, además, era casi irrelevante el enemigo ante el cual se rindiesen, pues sabían bien que, aunque fuese una unidad occidental la que los tomase prisioneros, Stalin acabaría por reclamarlos; y no había ninguna razón de peso para que los aliados occidentales decidiesen no retornarlos. Para ellos, pues, aparecía delante de sus narices un futuro sin futuro en campos de concentración de ésos de los que nadie se sabe el nombre porque, claro, en el siglo XX los únicos que levantaron campos de concentración fueron los nazis, y ya se ocupan de convencernos de ello los sedicentes intelectuales comunistas y actores varios.

Para Vlasov, pues, había llegado el momento de jugar la mano de otra forma. La I División de su ejército estaba situada muy cerca de Praga. Estaba excelentemente bien dotada: 35.000 efectivos y mucho material. Comenzaron los rusos negociaciones secretas con los checos, en las que se ofrecieron para cambiar de bando y defender sus posiciones.

El Ejército Vlasov había nacido el 14 de noviembre de 1944, precisamente en Praga. Los alemanes, la verdad, acogieron la novedad con total desprecio: Himmler se excusó para no estar presente en la inauguración, y Hitler no se molestó ni en eso. Pero era su unidad un ejército muy motivado, empezando por el propio Vlasov, que se había rendido a los alemanes en 1942 y luego se había pasado dos años intentando convencerlos de crear esa unidad contra el bolchevismo. Para cuando los alemanes aceptaron, la guerra estaba ya perdida; y, sin embargo, al ruso no le importó, y siguió hacia delante.

Vlasov formó su ejército, con grandes dificultades, entre prisioneros de guerra rusos y otros nacionales que habían sido enviados a Alemania como trabajo forzado. Por eso, realmente, no le costaba gran cosa cambiar de bando, porque si bien es verdad que había soldados en su ejército que tenían auténticas convicciones anticomunistas, la mayoría simplemente se había apuntado para mejorar su posición.

8 comentarios:

  1. Llevaba tiempo con ganas de encontrar este video que viene de perlas para esta serie,aunque hubiera estado mejor hace cinco o seis entradas:

    https://www.youtube.com/watch?v=BYz1ADttI1g

    Reproduce con una ligera licencia artística el nombramiento de Donizt como nuevo Fuhrer. Disfrutadlo!

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    1. Obviamente no pasó así, pero es probable que sí ocurriese de una forma parecida en la mente de Dönitz.

      En cualquier caso, recuerda: Hitler lo nombró su sucesor; pero no lo nombró Führer :-)

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  2. Bueno, el «In your face, Goebbels» puede que hasta sí que lo soltase, no? ;)

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  3. UPs! Goering, no goebbels!

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  4. Anónimo1:05 p.m.

    Me parece una estupenda serie sobre el final de la guerra en Europa. Ansío conocer más.

    En esos días de mayo de 1945, suponiendo (sé que es mucho suponer) que tanto Bradley como Eisenhower hubiesen permitido a Patton continuar avanzando sobre Checoslovaquia, ¿cómo crees que habrían podido desarrollarse los acontecimientos en cuanto a un conflicto entre aliados y soviéticos?

    Muchas gracias. Un saludo.

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    1. Las ucronías son difíciles. Creo que los soviéticos no habrían hecho gran cosa, aunque tampoco tengo claro que la liberación de Praga por Patton hubiera supuesto que Checoslovaquia hubiera dejado de estar en el bloque soviético al fin y a la postre.

      Pero creo que la hipótesis es imposible. Eisenhower no estaba dispuesto a tener ni una sola baja más en Europa, pues era buen conocedor de que en Pacífico todavía quedaba una guerra muy cruenta por librar. La orden de avanzar para Patton nunca habría llegado.

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  5. Anónimo5:45 p.m.

    Gracias por la rápida respuesta.

    En cuanto al bando soviético, ¿se contempló en algún momento atacar a los aliados con la idea de conquistar Europa Occidental también?

    Suponiendo que hubieran atacado, ¿qué podría haber sucedido?

    Un saludo.

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    1. Stalin siempre tuvo claras las esferas de influencia. Él tenía, además, que construir la suya, que no estaba hecha. En esas circunstancias, el centro de la pelea fue Polonia, que cayó del lado de la URSS. Lógicamente, también lo logró en los otros países que acabaron siendo satélites suyos, y no lo logró ni con Austria ni con Dinamarca, aunque lo intentó. En la posguerr también trató de hacer caer a Grecia de su lado, pero ya sin enfrentamiento bélico frontal.

      Difícilmente habría pasado de ahí, puesto que la potencia bélica soviética dependía en gran medida del programa lend-lease de ayuda estadounidense. Stalin no podría enfrentarse directamente con EEUU.

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