El principal problema de la tercera parte de El Padrino, en su momento, ahora y yo creo que para siempre, es lo bien que salieron las dos partes anteriores. Era difícil mantener el nivel, y son muchos los que consideran que Coppola no lo consiguió. Realmente, El Padrino III es, de todas las películas de la saga, la que más enemigos ha concitado, no pocos de ellos entre los mitómanos de la serie. Por citar las críticas más habituales, se dice que Coppola la cagó al darle a su hija Sofía un papel complicado como el de su hija Mary (aunque la jugada no le salió tan mal con su hermana y el papel de Connie); o que Andy García no daba la talla para hacer de italiano; o que la dirección de Coppola no fue lo suficientemente dura y disciplinada como para impedir que, en algunas escenas, Al Pacino caiga en su vicio más habitual, que es la sobreactuación. Sea como sea, lo cierto es que El Padrino III es a la saga de El Padrino lo que las tres precuelas de Star Wars a Star Wars.
Hay indicios claros de que el principal problema de esta tercera parte fue precisamente haber muerto de éxito. Y estos indicios tienen que ver con el propio argumento de la película. La lista y breve descripción de las alternativas que se llegaron a manejar deja claro que la Paramount alcanzó muy altas cotas masturbatorias buscando un argumento que estuviese a la altura de los dos anteriores. Sucintamente, las alternativas manejadas fueron:
1.- La finalmente filmada. Un crepuscular Michael Corleone, enfermo de diabetes, realiza el intento de integrar a su familia en el mundo de los negocios legales entrando en el capital de un consorcio, Inmobilare, controlado por el Vaticano. Tras dicho intento, los hombres de negocios de la órbita vaticana intentan robarle y acabar con él, lo cual provocará una venganza final de los Corleone que se parece de la hostia a los nunca esclarecidos hechos que ocurrieron alrededor de Roberto Calvi, Paul Marcinkus y las finanzas del ya casi santo Juan Pablo I, negras como los frailes que dan nombre al puente en el que apareció muerto Calvi. Los hijos de Michael no quieren ser mafiosos, motivo por el cual éste acaba prohijando como su heredero a un hijo bastardo de su hermano Sonny, Vincenzo Corleone, Vincent. Los mafiosos conspirados junto con los vaticanistas consiguen, al final de la película, matar a Mary. Este script fue escrito en mitades por Coppola y Puzo, y del mismo hicieron hasta doce versiones diferentes.
2.- La versión de Michael Eisner, que acabaría siendo el número uno de la Disney, pero de aquella trabajaba en la Paramount. Partiendo de la base, muy posible, de que Coppola no dirigiese esta tercera parte, Eisner diseñó un argumento completamente nuevo, con personajes nuevos, en los cuales la Mafia y la CIA llegaban a una entente cordiale por la cual los mafiosos asesinaban a líderes latinoamericanos poco amigos de los EEUU, y la CIA, a cambio, les ayudaba en el tráfico de drogas. No se entiende por qué este argumento tendría que englobarse dentro de la saga de El Padrino. Por lo demás, no tiene nada de original, pues se ha repetido hasta la saciedad. Sin ir más lejos, en la genial novela América de James Ellrroy, se elabora la tesis de que los asesinos de Kennedy fueron precisamente mafiosos y agentes de la CIA que habían montado una conspiración contra Castro que se financiaba con tráfico de drogas, y que fue presuntamente desmontada por el presidente.
3.- En el script elaborado por Alexander Jacob, Michael muere de cáncer, tras lo cual su hijo Anthony trata de integrar a la familia en negocios limpios, mientras que el hijo de Sonny la sigue empujando hacia el mundo del hampa. Al final del argumento, Tom Hagen es asesinado en un tiroteo (en la película definitivamente filmada, Hagen ha muerto años atrás a causa de las desmedidas peticiones salariales de Robert Duvall).
4.- La versión de Mario Puzo. En ella, el FBI y la Mafia están en guerra. Michael es un personaje a lo Howard Hughes, recluido en el lago Tahoe y con la pinza medio ida. Anthony, que se ha graduado en la Marina, es reclutado por la CIA para matar a un líder comunista cubano. Entonces Anthony se lía con una periodista (este miniargumento sobrevivió en la versión final: es el polvete que echan Bridget Fonda y Andy García en la fiesta del principio), viaja a Sudamérica, y mata al líder. Pero algo sale mal, así pues la CIA va a por Anthony para matarlo, momento en el que Michael despierta de las brumas de la locura y lanza a la familia contra la CIA, con una escena final con muertos a tutiplén que debería haber ocurrido durante el desfile del bicentenario de los Estados Unidos (4 de julio de 1976).
5.- La versión de Dean Reisner, que es una reversión de Puzo. En este caso, Michael sigue estando tolili, pero Anthony, que sigue siendo de la Armada, va a Vietman. Una bomba mata a Michael. Anthony promete venganza y es convencido por Santino, hijo natural de Sonny, para que se alíe con la CIA. Pero Anthony descubrirá que, en realidad, el asesino fue Santino, y se lo apiola.
6.- La versión de Vince Patrick. En la primera escena de la película, Michael y Tom Hagen vuelan por los aires. Kay, la mujer de Michael, se ha suicidado. Sonny Jr es ahora el padrino. Pero es demasiado joven para ello, por lo que las familias Corleone y Clemenza se fijan en un hijo ilegítimo de Vito, Gaetano Corleone, que vive en Sicilia. Gaetano accede a irse a Nueva York, donde no lo hace mal, pero aflora la rivalidad con sus dos medio sobrinos. Así que intenta matar a Santino y a Anthony. Anthony acaba matando a Gaetano de la misma forma que Michael mató a Sollozzo en la primera parte.
7.- La versión de Thomas Lee Wright y Nick Marino. En esta versión, Anthony no quiere seguir los pasos de su padre y, además, Michael sufre la amenaza de Victor, el hijo de su hermana Connie, que quiere vengar la muerte de su padre. Connie, además, hace uso de un secreto que Fredo le habría contado antes de morir: quien abrió las cortinas del dormitorio de Michael la noche que se atentó contra su vida fue Al Neri. Así pues, chantajea a Neri para que mate a su padrino. Neri envenena a su jefe pero muere en el intento. Entonces Anthony toma el mando de la familia, como su padre había hecho años atrás. Este script tiene también la curiosa característica de incluir el personaje de un mafioso de la droga negro, basado en el personaje real de Nicky Barnes, papel para el que se pensó en Eddie Murphy (shit you, little parrot).
8.- La segunda versión de Mario Puzo, escrita ocho años después de la primera (1986). Puzo trabajó en un argumento basado en la guerra contra el crimen organizado, con un personaje central en un fiscal inspirado en la figura de Rudolf Giuliani.
9.- La versión de Nicholas Gage (no confundir con el actor Nicolas Cage, AKA El Capitán Sobreactuaciones, que se autopostuló para estar en la película), que reelaboraba la que acabamos de describir de Puzo. Este argumento comienza con un ataque de la familia Rosato contra Michael en el que muere Tom Hagen. Anthony es ahora un abogado. En su venganza, Michael se apoya en su sobrino Vincenzo. Lo malo es que Anthony acaba descubriendo que su padre mató a Fredo, y pasa de él. Esta versión contenía un flashback como el de la segunda parte, dedicado a los primeros pasos de Sonny como heredero de su padre; flashback en el que, entre otras cosas, se revela que el Sonny niño fue testigo del asesinato de don Fanucci por su padre.
Tenemos, pues, nueve argumentos, cada uno casi de su padre y de su madre. Una vez que el argumento elegido fue el definitivo, aún se manejaron hasta cinco finales distintos para el mismo:
1.- Michael toma, en las escaleras del palacio de la ópera, una pistola de uno de sus guardaespaldas, y se pega un tiro.
2.- Michael es asesinado y muere en los brazos de Vincent.
3.- Michael muere de muerte natural (diabetes).
4.- La definitiva. En lugar de Michael, es Mary la que muere, su padre se retira y muere de viejo.
5.- Michael se queda ciego y solo y reflexiona sobre sus crímenes.
En medio de todo este follón, hay que tener en cuenta la negativa de Coppola a abordar el proyecto. Pero finalmente lo filmó. Y lo que mucha gente no sabe es que la razón para hacerlo fue exactamente la misma que le llevó a hacer la primera parte. En aquel caso, fue la fuerte deuda de Zoetrope, su productora, con la Warner Bros, la que le llevó a plantearse el trabajo. En la tercera parte, fue la demanda que el industrial canadiense Jack Singer había puesto sobre la misma Zoetrope a causa de un préstamo que le dio; demanda en la se reclamaban 12 millones de dólares y que el demandante tenía toda la pinta de ir a ganar.
El primer escollo que se encontró esa tercera parte de El Padrino fue Pacino. Consciente de su importancia en la película, el actor pidió 7 millones de dólares (en aquel entonces, una cantidad desorbitada) más una serie de participaciones en beneficios y gavelas varias. La reacción de Coppola fue anunciar que la película empezaría con el funeral de Michael Corleone; lo cual fue un auténtico ¡zas!, en toda la boca, para Pacino, quien acabó aceptando 5 millones de dólares. Diane Keaton también dio problemas, pues pidió 3 millones de dólares, aunque acabó conformándose con uno menos.
El primer candidato para el nuevo papel de Vincent Mancini fue, lo creamos o no, Robert de Niro. Finalmente, éste y Coppola se convencieron de que el actor, ya maduro, daría muy mal en el papel de un joven impulsivo; aparte de lo repulsivo que para los padrinófilos sería ver a un actor interpretar al abuelo y su nieto. En la lista de candidatos subsiguiente figuró muy bien situado Alec Baldwin, así como Matt Dillon, Vincent Spano, Kevin Anderson, Val Kilmer, Nicolas Cage, Charlie Sheen y Billy Zane. Finalmente, fue Andy García. Personalmente considero que en la lista hay no menos de tres actores, y muy esepcialmente dos (Kilmer y Cage) capaces de destrozar el papel hasta hacer que Vincent Corleone era una especie de Torrentini dramático. Es acojonante pensar que en una película tan importante y con un peso tan enorme de mitología y seguimiento por el público hayan podido manejarse seriamente candidatos con tan pocos registros interpretativos en papeles tan fundamentales.
Con todo, no es el de Vincent el ejemplo peor. En el caso de Mary, la hija de Michael, Coppola quería a Julia Roberts, lo cual me parece no habría sido mala elección, pero no estaba disponible. Se autopostuló para el papel Madonna, pero era demasiado mayor para interpretarlo (por llamar de alguna manera a lo que hace Madonna delante de las cámaras). Después de eso llegó la consabida lista interminable de candidatas, entre las cuales estuvieron Laura San Giacomo o Trini Alvarado. Finalmente, Coppola se decidió por Winona Ryder.
Pero la Ryder no llegó a interpretar a Mary Corleone. Cuando llegó a Roma para filmar estaba al límite de sus fuerzas por pesetera, eurera, dolarera o como se la quiera llamar, pues había filmado tres películas seguidas. Además, su novio, el absorbente Johnny Deep, le daba la brasa constantemente con que dejase Italia para irse a Estados Unidos a estar con él. Así que, finalmente, se marchó. Un gran negocio para la Ryder. Roxy Carmichael y Mermaids, las dos películas que había hecho justo antes de El Padrino III son, como todo el mundo sabe, películas de culto que cada vez que se reestrenan provocan que multitudes de centenares de miles de fans se agolpen en los cines para verlas. Y, cuando uno abre las enciclopedias de cine, se da cuenta de que las páginas dedicadas a la saga de El Padrino no pueden competir con los pliegos y pliegos dedicados a Roxy Carmichael.
Todas las opciones de Coppola eran Laura San Giacomo y Anabella Sciorra; pero, inexplicablemente se decidió por su hija Sofía, sobre cuya inteligencia fílmica no cabe dudar, pero de capacidades interpretativas muy limitadas. Mi opinión personal es que la Sciorra habría bordado el papel, cenefas de bolillos incluidas. Hay que tener en cuenta, a la hora de juzgar este juicio mío, que en el script inicial de la película, Mary era algo más mayor, menos tontita e inocente, y era un personaje, por así decirlo, más sexual. El cambio del personaje hacia la flácida niñita teletubbie que aparece en la pantalla, siempre a punto de ponerse a cantar aquello de Soy una taza..., se tuvo que hacer precisamente para adaptarlo a las condiciones interpretativas (por llamarlas de alguna manera) de la Coppola.
Dentro de las cagadas interpretativas de la película aún hay que anotar otra más en grado de tentativa. Una vez desechada para el papel de Mary Corleone, y aunque cueste creerlo, Madonna fue considerada para un papel más, en este caso la periodista que se liga a Vincent Mancini en la fiesta del inicio de la historia. Este papel fue finalmente hecho por Bridget Fonda a causa de las desmedidas demandas salariales de la cantante y, al parecer, actriz.
El personaje de Joey Zasa, el mafiosillo que reta a los Corleone, fue bastante claro para Joe Mantegna, actorazo. Su único contrincante serio fue Mickey Rourke, actorcito. John Turturro también sonó, pero sólo en el caso de que Mantegna fallase.
El personaje de don Altobello, el viejo mafioso que traiciona a los Corleone y que fue interpretado por Eli Wallach, fue pretendido por Frank Sinatra.
La película, en cualquier caso, trata de ser totalmente respetuosa con la línea argumental, repitiendo actores. Así, Jeannie Linero, que había interpretado a la amante de Sonny en la primera parte, fue sacada de su consulta de acupuntora para intepretar de nuevo el papel como madre de Vicent. Gabriel Torrei interpreta en la tercera parte, como lo hizo en la primera, a Enzo el pastelero. Don Costello fue uno de los mafiosos de la reunión de la primera parte, y estaba también presente en la de la tercera parte. Las hermanas Savaino, gemelas, interpretaron a las hijas gemelas de Sonny, como lo habían hecho en la segunda parte. Eso sí, hay algún error para puristas: Carmine Caridi, uno de los dones que están en la reunión de Atlantic City, interpretó en la segunda parte a uno de los hermanos Rosato.
Asimismo, también hay en la película algunos retos verdaderamente difíciles para los mitómanos. El ejemplo más claro es el de Mosca, el asesino profesional que trata de acabar con Michael y dispara sobre su hija. Hay que ser muy padrinólogo para recordar que uno de los dos soldados mafiosos que, en el flashback de la segunda parte, persiguen a Vito Andolini, amenazando a quien lo oculte, se llama Mosca. Ambos Moscas, sin embargo, no son el mismo Mosca, porque a aquel pretérito perseguidor lo mató Vito Corleone años después, según una escena de la segunda parte que se llegó a filmar pero luego se quitó en el montaje para quitarle minutos a la película. El Mosca de la tercera parte, por lo tanto, sería un pariente de aquel primer Mosca y tendría, consecuentemente, motivos particulares para intentar el asesinato.
Entre otras anécdotas del rodaje, cabe citar que la puerta del Vaticano que Michael traspasa con su coche no es en realidad la puerta del Vaticano. El equipo de filmación recibió autorización para filmar en Roma, pero no en el Vaticano. Así pues, el equipo tuvo que construir una réplica de la entrada algunos metros antes de su situación real para poder filmar la escena. Las escenas supuestamente filmadas en el Banco del Vaticano (en realidad llamado Instituto para las Obras de Religión, IOR) están filmadas en el Palacio de Justicia italiano. Michael y el cardenal Lamberto se entrevistan en Santa Maria della Quercia, una iglesia barroca situada en Viterba, al norte de Roma. La oficina del arzobispo Liam Francis Gilday está situada en la Villa Farnese en Caprarola, también al norte de Roma. Esta villa del seiscientos fue alguna vez pensada para residencia veraniega del Papa (aunque finalmente se decidió por Castelgandolfo).
Y hasta aquí hemos llegado. Se acaban las tomas, porque, a día de hoy, no ha habido cuarta parte de El Padrino. Aunque debéis saber que los rumores sobre que si Coppola estaría tal y tal, y bla bla bla, se repiten cada cierto tiempo.
Mi opinión personal es que lo mejor que le puede pasar a la saga es que se quede donde está. La intrahistoria de la tercera parte demuestra bien a las claras que esta saga se ha convertido en un proyecto de tanto éxito que cualquiera quiere trabajar en él a cualquier precio. Dicen muchas lenguas que cuando Eddie Murphy se enteró de que pensaban en él para un papel se puso palote y dijo poco menos que lo haría por lo que fuese. Afortunadamente, Hollywood es sabio y, cuando se ha planteado en serio la figura del mafioso negro, ha echado mano de actores bastante más dotados para un papel así, como Lawrence Fishburne o Denzel Washington.
El hecho de que profesionales de la farándula como Frank Sinatra, Nicolas Cage o Madonna hayan tocado con los dedos la posibilidad de mojar en El Padrino es un buen indicador de que el barco no lleva una singladura muy adecuada. Con la muerte de Michael Corleone se cierra un círculo y, tal vez, lo más juicioso sea hacerle caso a Juan Ramón Jíménez cuando escribía aquello de que no la toques más, que así es la rosa.
jueves, septiembre 03, 2009
martes, septiembre 01, 2009
The Godfather (2)
Casi todo el mundo está de acuerdo en que Francis Ford Coppola consiguió con la segunda parte de El Padrino el más difícil todavía de rodar una segunda parte de un relato que resultó ser mejor que la primera. Pero no fue la ilusión la que movió eso, porque Coppola no tenía ningunas ganas de hacer aquella segunda parte. De hecho, se negó seis veces a rodarla, hasta obligar a la Paramount a reconocer en público que no lo iba a hacer. Casi descartado Coppola, el candidato más cercano fue Martin Scorsese; excelente elección, desde luego, pues Scorsese es el otro gran director de películas sobre la Mafia, aunque con un estilo bien distinto al de Coppola. Finalmente, Coppola aceptó a cambio de una condición que luego no ejecutaría: exigió la potestad de poder destruir a los Corleone a lo largo del argumento de aquella segunda parte que, para él, además, tenía que ser complementaria a la primera, pero en modo alguno una continuación. Tanto es así que una de las cosas que Coppola quería era que Brando repitiese en el film, lo cual lo convertía en una precuela (y se nota en la versión final, pues hay casi una hora de flashback a los orígenes de Vito Corleone en Nueva York; escenas que Brando no pudo filmar por ser ya demasiado mayor).
Otro que tampoco quería rodar una segunda parte era Pacino, que temía quedar encasillado en el papel. Aceptó con la condición de que Michael Corleone fuese un personaje de unos setenta años; cosa que tampoco ocurrió finalmente.
Para el papel de Hyman Roth se pensó en Elia Kazan, aunque finalmente hubo que echar mano del maestro de actores Lee Strassberg. Por cierto que Coppola visitó a Kazan en un día muy caluroso, motivo por el cual lo encontró escribiendo desnudo de cintura para arriba. Esa visión de un hombre mayor desnudo de cintura para arriba se le quedó grabada y de hecho la utilizó en la película, pues hay una escena en la que Strassberg interpreta a un Hyman Roth que recibe a Michael semidesnudo.
Otro caso curioso del casting de esta segunda parte es Bruno Kirby, que interpreta al joven Clemenza en las escenas en las que conoce a Vito Corleone. Kirby tuvo que engordar un montón para el papel (como Renée Zellweger para interpretar a Bridget Jones) y estudiar siciliano, pues no lo hablaba. Es un pequeño misterio cómo un actor en principio tan poco dotado para hacer el papel pudo llevárselo; quizá le gustó a Coppola en un papel de hijo de Richard Castellano (el intérprete de Clemenza en la primera parte) que hizo en la televisión. El trabajo que realizó, en todo caso, fue de primera.
Asimismo, cabe destacar a Michael V. Gazzo, que entró en la película haciendo el papel de Frankie Pentangeli, a causa de la cabezonería de Castellano, quien empezó a darle la brasa a Coppola con que había que desarrollar la historia de Clemenza, darle, por así decirlo, un argumento propio dentro del argumento. Coppola entonces decidió matar a Clemenza y hacer aparecer a Pentangeli como el heredero de sus negocios.
Asimismo, cabe destacar a Michael V. Gazzo, que entró en la película haciendo el papel de Frankie Pentangeli, a causa de la cabezonería de Castellano, quien empezó a darle la brasa a Coppola con que había que desarrollar la historia de Clemenza, darle, por así decirlo, un argumento propio dentro del argumento. Coppola entonces decidió matar a Clemenza y hacer aparecer a Pentangeli como el heredero de sus negocios.
En la escena inicial, la fiesta de comunión de Anthony Corleone en Lago Tahoe, se supone que ocurre en verano. Pero hacía un frío de cojones, motivo por el cual todos los actores que vemos en la pantalla llevan toneladas de ropa interior de franela por debajo de su ropas de verano. No fue la única desgracia del rodaje. En Santo Domingo, donde se rodaron las escenas cubanas, llovió casi todo el rato y Pacino enfermó de neumonía.
Las escenas neoyorkinas protagonizadas por De Niro, por cierto, están rodadas en la calle Sexta de la ciudad, entre las avenidas A y B. La isla Ellis donde Vito Andolini es dejado en cuarentena tras llegar a Estados Unidos es en realidad un mercado de pescado en Trieste, Italia. El cuartel militar donde el FBI retiene a Pentangeli era un correccional de Chino, California. Asimismo, la escena en la que Vito llega a Nueva York y ve la estatua de la libertad desde el barco fue rodada en Roma. La estatua se colocó después.
En el rodaje de esta segunda parte de El Padrino hay elementos que son puro Coppola. Por ejemplo, quizá recordéis la escena en la que el joven Vito Corleone, ya convertido un mafioso de cierto peso, trata de ayudar a una amiga de su mujer a la que su casero calabrés quiere echar por culpa de un perro. Corleone se dirige al casero con una oferta conciliatoria y el otro le manda a la mierda. Pero algunos días después, cuando descubre quién es Corleone, va a verle para darle todas las facilidades. Al final de la visita, Corleone le invita a un café pero el casero, acojonado, declina la invitación y hace todo lo posible por marcharse.
Pues bien: Coppola estropeó a propósito el mecanismo de la puerta, pero no se lo dijo al actor. Así pues, el casero calabrés de la escena está luchando verdaderamente por abrir una puerta que no se abre, por lo que la escena tiene un realismo total. De hecho, el actor, al finalizar la toma, estaba convencido de que la había cagado.
Otra interpretación convincente es la de Gazzo /Pentangeli en su declaración ante el comité del Senado. Aunque esta autenticidad tiene otros orígenes. Gazzo se presentó al rodaje completamente mamado, tanto que hubo que esperar una hora a que se despejase un poco. Su actitud en la escena se debe, por lo tanto, a que la rodó con un resacón de puta madre.
Aún y a pesar de lo meticuloso que es Coppola, la película no puede evitar tener cagadas jodidas. Por ejemplo, Hyman Roth le dice a Michael Corleone en Cuba que su instinto le dice que ha recibido dos millones de dólares. Pero esa información sólo puede tenerla Roth por intermedio de Fredo, y en dicha escena Michael aún no sabe que su hermano le ha traicionado. Asimismo, cuando De Niro mata a don Fanucci, se reencuentra con su familia, coge al bebé Michael y le dice que le quiere mucho. Pero si al inicio del flashback hemos visto a un Fredo recién nacido y la mujer de Vito nunca aparece embarazada, ¿cómo es posible que en ese momento haya nacido ya Michael? Como tercera cagada, citaría la escena del robo de la alfombra por parte de Vito y Clemenza. Para poder enrollarla, mueven una mesa sobre la cual hay una lámpara. Pero la lámpara ni tiene cable ni, en consecuencia, está conectada a enchufe alguno.
En una característica propia de la moral americana, una película tan violenta como El Padrino no deja de evitar elementos escabrosos, sobre todo sexuales. El caso más claro es el de Deanna Dunn, la mujer de Fredo que se emborracha en la fiesta de la comunión. En la película es su única, fugaz, aparición, y no se nos dice nada de ella (salvo el malicioso comentario de la mujer de Vito Corleone en el sentido de que hace buena pareja con el jeta con el que se ha ennoviado su hija Connie). La novela de Puzo nos cuenta más cosas. Nos cuenta que es una actriz venida a menos que entra en contacto con los Corleone después de hacerle unas cuantas mamadas a un amigo de Johnny Fontane. Detalle que, obviamente, no aparece en la película.
Por cierto que, el vividor novio de Connie se llama en la película Merle Johnson. El papel fue interpretado por el actor Troy Donahue, cuyo nombre real resulta ser... Merle Johnson.
Por supuesto, en esta segunda parte siguió el uso por parte de Coppola de su propia familia. Por ejemplo, el dibujo que Anthony deja en la almohada de su padre Michael fue realizado por Gian Carlo Coppola para su padre. Asimismo, cuando Morgana King puso objeciones a meterse en un ataúd para la escena del funeral de mamá Corleone, Coppola le amenazó con usar a su propia madre para ello.
viernes, julio 31, 2009
Agostados
Ayer, como de costumbre en estas fechas; en la entrada de la FNAC de Preciados, también como de costumbre, me cité con Tiburcio Samsa, que llegó algo tarde por culpa, al parecer, de ciertas ordenanzas, cuya existencia desconocía, sobre el tamaño máximo que pueden tener los seres vivos que viajan en metro.
Hablamos del sudeste asiático. Me explicó que Singapur es una nación sin nacionales, o sea un ente independiente formado por personas que no tienen en excesivo cariño su independencia. Hablamos sobre hasta qué punto el sistema político actual español no es, en el fondo, el canovismo reinventado. Hablamos sobre los problemas del primer franquismo a la hora de inventar una nueva clase política.
La cita con Tiburcio, este año como otros, marca el inicio de las vacaciones blogueras. Agosto es mes para otros menesteres. Seguiré editando comentarios cuando encienda el ordenador, cosa que haré con cierta habitualidad porque este mes debería dar los últimos retoques a una novela que, de forma más o menos dedicada, llevo cuatro años escribiendo. Pero no creo que escriba ningún post y, si lo escribo, para qué negarlo, le pondré fecha de publicación en septiembre, para así garantizarme eso que los sajones llaman un soft landing.
Hermosas y provechosas vacaciones para todos los que las tengáis. Coherentemente con mis aficiones, os deseo que leais muchos libros, estrenéis muchos videojuegos y veais mucho cine o, mejor, televisión (es mi opinión que hoy en día las series de televisión son mucho mejores que las películas).
Por lo que a mí se refiere, lo que está en la agenda es lo siguiente:
- La lectura del libro que editó la Generalitat de Cataluña en 1934 analizando el conflicto de la Ley de Contratos de Cultivo y que es (a día de hoy) el mayor enfrentamiento (no armado) entre Barcelona y Madrid que registra la Historia.
- La lectura del libro escrito por los asesinos del almirante Carrero Blanco.
- La lectura de las memorias de Harold MacMillan.
- La lectura de una biografía del general Gutiérrez Mellado.
- Continuaré con el PES 2009. Sigo en el Athletic de Bilbao donde, a pesar de no ser vasco, ya me pasan el balón. Por alguna extraña razón que los programadores japoneses conocerán bien, siendo el máximo goleador de la liga a unos 30 goles de diferencia de Eto'o, el puesto que me han dado en la roja es el de Xavi (sic). Así pues, mi destino es pasarle balones a Tamudo (sic) para que los remate. Me hicieron una oferta en el Madrid pero, la verdad, siendo el máximo goleador y habiendo llevado al Athletic a ganar el triplete, me toca los cojones ganar menos que Guti.
- Tele: segunda temporada de Los Soprano, segunda de The Wire y quinta de Curb your enthusiasm.
Que disfrutéis estas semanas.
Hablamos del sudeste asiático. Me explicó que Singapur es una nación sin nacionales, o sea un ente independiente formado por personas que no tienen en excesivo cariño su independencia. Hablamos sobre hasta qué punto el sistema político actual español no es, en el fondo, el canovismo reinventado. Hablamos sobre los problemas del primer franquismo a la hora de inventar una nueva clase política.
La cita con Tiburcio, este año como otros, marca el inicio de las vacaciones blogueras. Agosto es mes para otros menesteres. Seguiré editando comentarios cuando encienda el ordenador, cosa que haré con cierta habitualidad porque este mes debería dar los últimos retoques a una novela que, de forma más o menos dedicada, llevo cuatro años escribiendo. Pero no creo que escriba ningún post y, si lo escribo, para qué negarlo, le pondré fecha de publicación en septiembre, para así garantizarme eso que los sajones llaman un soft landing.
Hermosas y provechosas vacaciones para todos los que las tengáis. Coherentemente con mis aficiones, os deseo que leais muchos libros, estrenéis muchos videojuegos y veais mucho cine o, mejor, televisión (es mi opinión que hoy en día las series de televisión son mucho mejores que las películas).
Por lo que a mí se refiere, lo que está en la agenda es lo siguiente:
- La lectura del libro que editó la Generalitat de Cataluña en 1934 analizando el conflicto de la Ley de Contratos de Cultivo y que es (a día de hoy) el mayor enfrentamiento (no armado) entre Barcelona y Madrid que registra la Historia.
- La lectura del libro escrito por los asesinos del almirante Carrero Blanco.
- La lectura de las memorias de Harold MacMillan.
- La lectura de una biografía del general Gutiérrez Mellado.
- Continuaré con el PES 2009. Sigo en el Athletic de Bilbao donde, a pesar de no ser vasco, ya me pasan el balón. Por alguna extraña razón que los programadores japoneses conocerán bien, siendo el máximo goleador de la liga a unos 30 goles de diferencia de Eto'o, el puesto que me han dado en la roja es el de Xavi (sic). Así pues, mi destino es pasarle balones a Tamudo (sic) para que los remate. Me hicieron una oferta en el Madrid pero, la verdad, siendo el máximo goleador y habiendo llevado al Athletic a ganar el triplete, me toca los cojones ganar menos que Guti.
- Tele: segunda temporada de Los Soprano, segunda de The Wire y quinta de Curb your enthusiasm.
Que disfrutéis estas semanas.
miércoles, julio 29, 2009
The Godfather (1)
Bueno, pues ya estoy aquí. Las cuestiones, una a una.
1.- Francis Ford Coppola dudó entre dos actores para el papel de Vito Corleone. Uno, lógicamente, era Brando. ¿Cuál era el otro?
Sir Lawrence Olivier. Para Coppola, decidirse entre Brando y Olivier era la única cuestión importante en lo que al personaje de Vito Corleone se refiere. Pero eso no quiere decir exactamente que fueran los únicos actores manejados para el papel.
Empecemos por el propio Coppola. Aunque ahora nos parezca increíble, lo cierto es que la Paramount pensó para dirigir El Padrino en ¡doce! directores antes que él. Se pensó en Arthur Penn, que estaba liado; Franklin Shaffner y Fred Zinnermann, que rechazaron la novela de Puzo por ser excesivamente comprensiva con la Mafia; Costa-Gavras, que encontró el argumento demasiado americano; Peter Yates, Richard Brooks y Sidney J. Furie, entre otros.
De hecho, Coppola no tenía demasiadas ganas de aceptar. Si lo hizo era por la deuda enorme, de 600.000 dólares, que tenía con la Warner. En parte, le ayudó a decidirse su amigo Georges Lucas, quien, por cierto, según un comentario recibido de un anónimo montó una escena de la película, pero no sé cual. Pero, hablando del montaje: durante todo el tiempo que duró dicho montaje, Coppola se vistió con una camiseta... de la Warner.
Pasando al papel de Vito Corleone, entre los candidatos que fueron seriamente considerados figuran Ernest Borgnine, Richard Conte, Anthony Quinn, Ralph Valone, Vittorio de Sica o George C. Scott. Olivier, finalmente, resultó estar enfermo.
2.- La Paramount prefería que Brando se quedara fuera. Para cuando se rodó la película, ya tenía fama de actor caprichoso y difícil de gobernar. Decidieron ponerle tres condiciones para poder hacer el papel. Dos de ellas eran de contenido económico y, aunque duras, eran aceptables por parte de Brando. Pero la tercera fue pensada para que se negase en redondo. ¿Cuál fue esa condición?
Como ha expresado un mensaje anónimo, esa condición fue, efectivamente, que Brando hiciese un casting previo, algo a lo que todo el mundo esperaba que se negase. En realidad, lo hizo. Pero lo hizo porque Coppola lo engañó. Se presentó en su casa con el script de la primera escena de la película; el encuentro entre Corleone y el enterrador Bonasera. Coppola se hizo acompañar por un actor para que hiciese de Bonasera, y lo dejó cerca de la entrada. Discutió la escena con Brando durante un rato y, finalmente, cuando éste empezó a tener ideas en torno al personaje, le propuso grabarlo. Brando, entusiasmado, dijo que sí. Entonces Coppola hizo venir al actor, y grabó el a modo de casting.
3.- James Caan no es italiano de origen. Sin embargo, no sólo se llevó el papel de Santino Sonny Corleone, sino que Coppola incluso pensó en él para el papel de Michael. ¿Por qué era tan convincente en el papel un descendiente de alemanes?
Porque se había criado en Nueva York, muy cerca de Little Italy, y conocía bien cómo eran los italonorteamericanos.
Hablando de los papeles de los hijos de Vito, la Paramount quería que Michael Corleone fuese interpretado por Robert Redford, pero Puzo se negó en redondo, en mi opinión con razón, porque Redford puede parecer muchas cosas; pero hijo de sicilianos no es una de ellas. Aún y a pesar de eso, Redford recibió una oferta, pero la rechazó. Lo mismo hizo Warren Beatty. Rod Steiger quería hacer el papel, pero para entonces era demasiado mayor para él. También se pensó en Ryan O'Neal, que lo acababa de petar con Love Story, Jack Nicholson y, como decía, el propio Caan. El actor de origen alemán hizo un casting putomiérdico; por cierto, en las pruebas coincidió con David Carradine. Otros actores que asimismo fueron probados fueron Martin Sheen, Dean Stockwell y Tony lo Bianco.
Otro que hizo el casting de cagarla fue el propio Pacino, al cual, después de la prueba, Coppola motejó de self-destructive bastard (hijoputa autodestructivo).
Ante la falta de decisión, se llegó a pensar en Charles Bronson, lo cual, a mi modo de ver, habría sido una tragedia (pero Bronson no es el único duro que ha podido mojar en El Padrino; Silvester Stallone se postuló, años después, para la tercera parte). La cosa quedó entre Pacino y Caan. Finalmente, lo que pudo fue el criterio de Coppola (Puzo prefería a Caan).
Por cierto. A De Niro le dieron un papel: el de Paulie Gatto, así pues su destino era morir en la escena en la que Clemenza sale a mear del coche. No pudo hacerlo porque tenía otro compromiso. Un golpe de suerte: si hubiera hecho ese papel, no habría podido interpretar a Vito Corleone en el largo flashback de la segunda parte.
Un casting especialmente convincente fue el de Gianni Russo, que interpretaría a Carlo Rizzi, el marido de Connie Corleone. La escena del casting es aquélla en la que le da una paliza a su mujer. Por cosas que pasan, lo tuvieron dos horas esperando. Para cuando se puso a filmar, estaba tan encabronado de esperar que bordó la escena, y tuvieron que decirle que dejase de repartir hostias.
4.- Ya puestos: ¿por qué el segundo nombre de Coppola es Ford?
Pues porque es un hombre que, de alguna manera, le persigue. Cuando Coppola nació, su padre Carmine estaba trabajando en un programa musical de radio llamado The Ford Evening Hour, esponsorizado por la marca automovilística. Por otro lado, su alumbramiento se realizó en el hospital Henry Ford de Detroit.
5.- ¿En qué escena de la película trabajan juntos de extras Italia y Carmine Coppola, padres del director?
Ambos están cenando en Louis's, el restaurante italiano en el que Michael dispara a Sollozzo y al jefe de policía McCluskey.
En las tres películas de la saga los cameos y actuaciones familiares son legión. Connie Corleone, sin ir más lejos, es interpretada por Talia Shire, hermana de Coppola. Pero la pregunta para listillos, de ésas para pillar al que se chulee de ser cinéfilo, es ésta: ¿en cuántas películas de la saga participa Sofía Coppola, la hija del director? El enteradillo responderá: en una, la tercera, donde interpreta a Mary Corleone, hija de Michael Corleone y Kay Adams. Pero esa respuesta es errónea. La correcta es: las tres. En la primera parte, el bebé que hace de hijo de Connie Corleone y que es bautizado es, en realidad, Sofía Coppola. Y la misma Sofía Coppola, siendo una niña más crecidita, está en la cubierta del barco italiano que llega a Nueva York en la segunda parte, y donde viaja Antonio Andolini.
6.- ¿Qué actor de la película tuvo antes de hacerla el absurdo nombre artístico de Chief Chikawicky?
Lenny Montana, que interpretó a Luca Brassi. Antes de ser actor, había sido campeón de lucha libre, donde había tenido ese estúpido nombre artístico, junto con otros igual de escatológicos como Zebra Kid.
Montana era bastante cachondo mental. En la escena de la boda, cuando Luca da un sobre con dinero a don Vito, le sacó la lengua a Brando; en la punta llevaba pegado un mensaje que decía «Jódete». Otro cachondo mental es Caan, el cual, al parecer, incluso le hizo un calvo de coche a coche a Coppola.
7.- ¿Qué profesión tenía Morgana King antes de interpretar a la mujer de Vito Corleone? Y, ya para nota, ¿quién la recomendó para la película?
Maria Grazia Morgana Messina de Berardinis era cantante de jazz, y se impuso en los casting a Anne Brancroft y Allida Valli. La recomendó Al Lettieri, el actor escogido para interpretar al Turco Sollozzo, quien en la vida real era padrino de su hija.
8.- Coppola dudó mucho antes de darle a Diane Keaton el papel de Kay Adams. Una de las razones era que Keaton sólo había hecho comedia hasta entonces y se desconocía su registro dramático. Pero la segunda razón tiene que ver con su relación con Al Pacino en el film. ¿Cuál era esa otra razón?
Porque era sustancialmente más alta que Pacino. De hecho, los dos grandes hándicaps de Pacino ante los ejecutivos de la Paramount eran su enanez y que parecía excesivamente italiano.
Keaton, en todo caso, no lo tuvo nada fácil. Para su papel se probó a Jill Clayburgh (en mi opinión, muchísimo mejor actriz, de lejos, que Keaton), a Susan Blakely y a Michelle Phillips. Se pensó, asimismo, en Anne Archer, Trish van Devere, Jennifer O'Neill, Geneviève Bujold, Jennifer Salt, Veronica Hamel, Karen Black, Blythe Danner, Ali MacGraw... ¡e incluso Cybill Shepherd (horror)!
Para Sonny, el papel fue a Caan nada más descartarlo para Michael, aunque también se probó a Robert de Niro y John Saxon.
John Cazale fue reclutado directamente para el papel de Fredo.
Para el papel de Tom Hagen, además de Robert Duvall, se pensó en Peter Donat y Martin Sheen, además del eterno James Caan.
9.- ¿Cuántas personas resultan disparadas en la película?
Un total de 19: Sonny, Paulie, Sollozzo, McCluskey, dos mafiosos en el ascensor del St Regis (los mata Clemenza), un mafioso atrapado en una puerta giratoria, otro que está en la cama con una tía, la tía, Moe Greene, Barzini, su guardaespaldas, su chófer, Bruno Tataglia, Tessio y cuatro muertos en la guerra entre bandas que aparecen en los periódicos.
A todos éstos hay que unir a Luca Brassi y Carlo Rizzi, ambos estrangulados; Apollonia, la mujer de Michael que muere de un bombazo; y don Vito, que la palma de un infarto.
A modo de escaso equilibrio, en la película se ven 8 abrazos y 7 besos. A pesar de tanta parquedad, muchos americanos, especialmente los mafiosos, encontraron los mafiosos de Coppola excesivamente abrazadores. Al parecer, a los mafiosos también les hizo mucha gracia que los soldados de la película besasen la mano de su Don. Es una costumbre que parece ya para entonces había desaparecido en la Cosa Nostra.
10.- En la escena en la que Michael se mete en una cabina telefónica y llama a su casa para enterarse de que su padre ha sido herido, hay un detalle de mala ambientación que, de hecho, hace imposible que dicha escena esté ocurriendo en el año en que se supone que ocurre. ¿Cuál es ese detalle?
Al fondo de la escena se ve un Volkswagen. Pero es 1945, y los Volkswagen no llegaron a EEUU hasta los años cincuenta.
No es el único error de la película. En la escena en que la todos están esperando a saber dónde se va a reunir Michael con Sollozzo y McCluskey, los mafiosos están comiendo comida china, lo cual no es muy lógico en ellos. Asimismo, en el periódico de 1945 se ve incluida la lista de programas de televisión, cuando en aquel entonces no había. Otro error es que en el hospital donde está Vito Corleone se ve, en la escena de la visita de Michael, un cartel de prohibido fumar. En los años cuarenta se fumaba casi hasta en los quirófanos.
11.- ¿Por qué, en la primera escena de la película, Vito Corleone tiene un gato en el regazo, gato que no vuelve a aparecer en otras escenas?
Porque no estaba previsto. Brando de lo encontró por ahí justo antes de empezar a rodar y decidió cogerlo. Por esta razón, la escena que hoy vemos en la peli no tiene el sonido original. Fue doblada. En el sonido original se oían demasiado los ronroneos del gato.
12.- ¿Cuál fue la razón que puso Brando para meterse, antes del primer ensayo de su papel, unos kleenex en los carrillos, dando a su rostro el aspecto de la película?
En el falso casting que Coppola logró hacer, Brando, que entonces era relativamente joven (cuarenta y tantos) se puso betún en el pelo para parecer más mayor y unos kleenex en los carrillos. «Quiero parecer un bulldog», le dijo a Coppola.
13.- Se da la circunstancia de que en esta primera película hay un judío que hace de italiano, y un italiano que hace de judío. ¿Qué dos actores/personajes son?
Coppola quería que italianos hiciesen de italianos. Abe Vigoda nunca dijo que fuese italiano, pero los ejecutivos asumieron que lo era, así que le dieron el papel de Tessio. Pero no era italiano, sino judío. Pero un actor italiano, Alex Rocco, terminó haciendo el papel de Moe Greene, el gerente de casino asesinado por los Corleone, que en la película es judío.
14.- ¿Qué es en realidad la impresionante mansión donde vive Wolf, el productor de Hollywood?
Es la residencia de los Guggenheim en Sands Point, Long Island. Sólo se permitió a un equipo muy pequeño trabajar dentro, rodeados de detectives de la agencia Pinkerton que protegían las obras de arte.
15.- En la escena en la que Clemenza enseña a Michael a cocinar, hay una discrepancia entre la receta que Mario Puzo escribió en el libro y la que Ford Coppola reescribió en el script. Los gastrónomos suelen decir que el cambio hecho por Coppola, lejos de mejorar el plato, lo destroza. ¿Cuál es ese ingrediente?
En el libro, añade vino y dice que ése es su secreto. En la película, añade vino y azúcar. Echar vino (no azúcar) a la salsa de los spaghetti es típico del norte de Italia. Es normal que los hombres de los Corleone no estuviesen acostumbrados, puesto que son silicianos.
16.- ¿Quién y por qué decidió que Vito Corleone tuviese la voz susurrante que se hizo archifamosa?
Coppola le facilitó a Brando grabaciones de la voz del mafioso Frank Costello. Pero Brando decidió interpretar una voz más aguda y dificultosa. Al parecer, pretendía hacer ver que Vito Corleone había recibido alguna vez un tiro en la garganta. Eso no se dice nunca en el film, pero el dato debió de quedársele en la cabeza a Coppola, porque hay que recordar que Michael Corleone le pega un tiro en la tráquea al jefe McCluskey.
1.- Francis Ford Coppola dudó entre dos actores para el papel de Vito Corleone. Uno, lógicamente, era Brando. ¿Cuál era el otro?
Sir Lawrence Olivier. Para Coppola, decidirse entre Brando y Olivier era la única cuestión importante en lo que al personaje de Vito Corleone se refiere. Pero eso no quiere decir exactamente que fueran los únicos actores manejados para el papel.
Empecemos por el propio Coppola. Aunque ahora nos parezca increíble, lo cierto es que la Paramount pensó para dirigir El Padrino en ¡doce! directores antes que él. Se pensó en Arthur Penn, que estaba liado; Franklin Shaffner y Fred Zinnermann, que rechazaron la novela de Puzo por ser excesivamente comprensiva con la Mafia; Costa-Gavras, que encontró el argumento demasiado americano; Peter Yates, Richard Brooks y Sidney J. Furie, entre otros.
De hecho, Coppola no tenía demasiadas ganas de aceptar. Si lo hizo era por la deuda enorme, de 600.000 dólares, que tenía con la Warner. En parte, le ayudó a decidirse su amigo Georges Lucas, quien, por cierto, según un comentario recibido de un anónimo montó una escena de la película, pero no sé cual. Pero, hablando del montaje: durante todo el tiempo que duró dicho montaje, Coppola se vistió con una camiseta... de la Warner.
Pasando al papel de Vito Corleone, entre los candidatos que fueron seriamente considerados figuran Ernest Borgnine, Richard Conte, Anthony Quinn, Ralph Valone, Vittorio de Sica o George C. Scott. Olivier, finalmente, resultó estar enfermo.
2.- La Paramount prefería que Brando se quedara fuera. Para cuando se rodó la película, ya tenía fama de actor caprichoso y difícil de gobernar. Decidieron ponerle tres condiciones para poder hacer el papel. Dos de ellas eran de contenido económico y, aunque duras, eran aceptables por parte de Brando. Pero la tercera fue pensada para que se negase en redondo. ¿Cuál fue esa condición?
Como ha expresado un mensaje anónimo, esa condición fue, efectivamente, que Brando hiciese un casting previo, algo a lo que todo el mundo esperaba que se negase. En realidad, lo hizo. Pero lo hizo porque Coppola lo engañó. Se presentó en su casa con el script de la primera escena de la película; el encuentro entre Corleone y el enterrador Bonasera. Coppola se hizo acompañar por un actor para que hiciese de Bonasera, y lo dejó cerca de la entrada. Discutió la escena con Brando durante un rato y, finalmente, cuando éste empezó a tener ideas en torno al personaje, le propuso grabarlo. Brando, entusiasmado, dijo que sí. Entonces Coppola hizo venir al actor, y grabó el a modo de casting.
3.- James Caan no es italiano de origen. Sin embargo, no sólo se llevó el papel de Santino Sonny Corleone, sino que Coppola incluso pensó en él para el papel de Michael. ¿Por qué era tan convincente en el papel un descendiente de alemanes?
Porque se había criado en Nueva York, muy cerca de Little Italy, y conocía bien cómo eran los italonorteamericanos.
Hablando de los papeles de los hijos de Vito, la Paramount quería que Michael Corleone fuese interpretado por Robert Redford, pero Puzo se negó en redondo, en mi opinión con razón, porque Redford puede parecer muchas cosas; pero hijo de sicilianos no es una de ellas. Aún y a pesar de eso, Redford recibió una oferta, pero la rechazó. Lo mismo hizo Warren Beatty. Rod Steiger quería hacer el papel, pero para entonces era demasiado mayor para él. También se pensó en Ryan O'Neal, que lo acababa de petar con Love Story, Jack Nicholson y, como decía, el propio Caan. El actor de origen alemán hizo un casting putomiérdico; por cierto, en las pruebas coincidió con David Carradine. Otros actores que asimismo fueron probados fueron Martin Sheen, Dean Stockwell y Tony lo Bianco.
Otro que hizo el casting de cagarla fue el propio Pacino, al cual, después de la prueba, Coppola motejó de self-destructive bastard (hijoputa autodestructivo).
Ante la falta de decisión, se llegó a pensar en Charles Bronson, lo cual, a mi modo de ver, habría sido una tragedia (pero Bronson no es el único duro que ha podido mojar en El Padrino; Silvester Stallone se postuló, años después, para la tercera parte). La cosa quedó entre Pacino y Caan. Finalmente, lo que pudo fue el criterio de Coppola (Puzo prefería a Caan).
Por cierto. A De Niro le dieron un papel: el de Paulie Gatto, así pues su destino era morir en la escena en la que Clemenza sale a mear del coche. No pudo hacerlo porque tenía otro compromiso. Un golpe de suerte: si hubiera hecho ese papel, no habría podido interpretar a Vito Corleone en el largo flashback de la segunda parte.
Un casting especialmente convincente fue el de Gianni Russo, que interpretaría a Carlo Rizzi, el marido de Connie Corleone. La escena del casting es aquélla en la que le da una paliza a su mujer. Por cosas que pasan, lo tuvieron dos horas esperando. Para cuando se puso a filmar, estaba tan encabronado de esperar que bordó la escena, y tuvieron que decirle que dejase de repartir hostias.
4.- Ya puestos: ¿por qué el segundo nombre de Coppola es Ford?
Pues porque es un hombre que, de alguna manera, le persigue. Cuando Coppola nació, su padre Carmine estaba trabajando en un programa musical de radio llamado The Ford Evening Hour, esponsorizado por la marca automovilística. Por otro lado, su alumbramiento se realizó en el hospital Henry Ford de Detroit.
5.- ¿En qué escena de la película trabajan juntos de extras Italia y Carmine Coppola, padres del director?
Ambos están cenando en Louis's, el restaurante italiano en el que Michael dispara a Sollozzo y al jefe de policía McCluskey.
En las tres películas de la saga los cameos y actuaciones familiares son legión. Connie Corleone, sin ir más lejos, es interpretada por Talia Shire, hermana de Coppola. Pero la pregunta para listillos, de ésas para pillar al que se chulee de ser cinéfilo, es ésta: ¿en cuántas películas de la saga participa Sofía Coppola, la hija del director? El enteradillo responderá: en una, la tercera, donde interpreta a Mary Corleone, hija de Michael Corleone y Kay Adams. Pero esa respuesta es errónea. La correcta es: las tres. En la primera parte, el bebé que hace de hijo de Connie Corleone y que es bautizado es, en realidad, Sofía Coppola. Y la misma Sofía Coppola, siendo una niña más crecidita, está en la cubierta del barco italiano que llega a Nueva York en la segunda parte, y donde viaja Antonio Andolini.
6.- ¿Qué actor de la película tuvo antes de hacerla el absurdo nombre artístico de Chief Chikawicky?
Lenny Montana, que interpretó a Luca Brassi. Antes de ser actor, había sido campeón de lucha libre, donde había tenido ese estúpido nombre artístico, junto con otros igual de escatológicos como Zebra Kid.
Montana era bastante cachondo mental. En la escena de la boda, cuando Luca da un sobre con dinero a don Vito, le sacó la lengua a Brando; en la punta llevaba pegado un mensaje que decía «Jódete». Otro cachondo mental es Caan, el cual, al parecer, incluso le hizo un calvo de coche a coche a Coppola.
7.- ¿Qué profesión tenía Morgana King antes de interpretar a la mujer de Vito Corleone? Y, ya para nota, ¿quién la recomendó para la película?
Maria Grazia Morgana Messina de Berardinis era cantante de jazz, y se impuso en los casting a Anne Brancroft y Allida Valli. La recomendó Al Lettieri, el actor escogido para interpretar al Turco Sollozzo, quien en la vida real era padrino de su hija.
8.- Coppola dudó mucho antes de darle a Diane Keaton el papel de Kay Adams. Una de las razones era que Keaton sólo había hecho comedia hasta entonces y se desconocía su registro dramático. Pero la segunda razón tiene que ver con su relación con Al Pacino en el film. ¿Cuál era esa otra razón?
Porque era sustancialmente más alta que Pacino. De hecho, los dos grandes hándicaps de Pacino ante los ejecutivos de la Paramount eran su enanez y que parecía excesivamente italiano.
Keaton, en todo caso, no lo tuvo nada fácil. Para su papel se probó a Jill Clayburgh (en mi opinión, muchísimo mejor actriz, de lejos, que Keaton), a Susan Blakely y a Michelle Phillips. Se pensó, asimismo, en Anne Archer, Trish van Devere, Jennifer O'Neill, Geneviève Bujold, Jennifer Salt, Veronica Hamel, Karen Black, Blythe Danner, Ali MacGraw... ¡e incluso Cybill Shepherd (horror)!
Para Sonny, el papel fue a Caan nada más descartarlo para Michael, aunque también se probó a Robert de Niro y John Saxon.
John Cazale fue reclutado directamente para el papel de Fredo.
Para el papel de Tom Hagen, además de Robert Duvall, se pensó en Peter Donat y Martin Sheen, además del eterno James Caan.
9.- ¿Cuántas personas resultan disparadas en la película?
Un total de 19: Sonny, Paulie, Sollozzo, McCluskey, dos mafiosos en el ascensor del St Regis (los mata Clemenza), un mafioso atrapado en una puerta giratoria, otro que está en la cama con una tía, la tía, Moe Greene, Barzini, su guardaespaldas, su chófer, Bruno Tataglia, Tessio y cuatro muertos en la guerra entre bandas que aparecen en los periódicos.
A todos éstos hay que unir a Luca Brassi y Carlo Rizzi, ambos estrangulados; Apollonia, la mujer de Michael que muere de un bombazo; y don Vito, que la palma de un infarto.
A modo de escaso equilibrio, en la película se ven 8 abrazos y 7 besos. A pesar de tanta parquedad, muchos americanos, especialmente los mafiosos, encontraron los mafiosos de Coppola excesivamente abrazadores. Al parecer, a los mafiosos también les hizo mucha gracia que los soldados de la película besasen la mano de su Don. Es una costumbre que parece ya para entonces había desaparecido en la Cosa Nostra.
10.- En la escena en la que Michael se mete en una cabina telefónica y llama a su casa para enterarse de que su padre ha sido herido, hay un detalle de mala ambientación que, de hecho, hace imposible que dicha escena esté ocurriendo en el año en que se supone que ocurre. ¿Cuál es ese detalle?
Al fondo de la escena se ve un Volkswagen. Pero es 1945, y los Volkswagen no llegaron a EEUU hasta los años cincuenta.
No es el único error de la película. En la escena en que la todos están esperando a saber dónde se va a reunir Michael con Sollozzo y McCluskey, los mafiosos están comiendo comida china, lo cual no es muy lógico en ellos. Asimismo, en el periódico de 1945 se ve incluida la lista de programas de televisión, cuando en aquel entonces no había. Otro error es que en el hospital donde está Vito Corleone se ve, en la escena de la visita de Michael, un cartel de prohibido fumar. En los años cuarenta se fumaba casi hasta en los quirófanos.
11.- ¿Por qué, en la primera escena de la película, Vito Corleone tiene un gato en el regazo, gato que no vuelve a aparecer en otras escenas?
Porque no estaba previsto. Brando de lo encontró por ahí justo antes de empezar a rodar y decidió cogerlo. Por esta razón, la escena que hoy vemos en la peli no tiene el sonido original. Fue doblada. En el sonido original se oían demasiado los ronroneos del gato.
12.- ¿Cuál fue la razón que puso Brando para meterse, antes del primer ensayo de su papel, unos kleenex en los carrillos, dando a su rostro el aspecto de la película?
En el falso casting que Coppola logró hacer, Brando, que entonces era relativamente joven (cuarenta y tantos) se puso betún en el pelo para parecer más mayor y unos kleenex en los carrillos. «Quiero parecer un bulldog», le dijo a Coppola.
13.- Se da la circunstancia de que en esta primera película hay un judío que hace de italiano, y un italiano que hace de judío. ¿Qué dos actores/personajes son?
Coppola quería que italianos hiciesen de italianos. Abe Vigoda nunca dijo que fuese italiano, pero los ejecutivos asumieron que lo era, así que le dieron el papel de Tessio. Pero no era italiano, sino judío. Pero un actor italiano, Alex Rocco, terminó haciendo el papel de Moe Greene, el gerente de casino asesinado por los Corleone, que en la película es judío.
14.- ¿Qué es en realidad la impresionante mansión donde vive Wolf, el productor de Hollywood?
Es la residencia de los Guggenheim en Sands Point, Long Island. Sólo se permitió a un equipo muy pequeño trabajar dentro, rodeados de detectives de la agencia Pinkerton que protegían las obras de arte.
15.- En la escena en la que Clemenza enseña a Michael a cocinar, hay una discrepancia entre la receta que Mario Puzo escribió en el libro y la que Ford Coppola reescribió en el script. Los gastrónomos suelen decir que el cambio hecho por Coppola, lejos de mejorar el plato, lo destroza. ¿Cuál es ese ingrediente?
En el libro, añade vino y dice que ése es su secreto. En la película, añade vino y azúcar. Echar vino (no azúcar) a la salsa de los spaghetti es típico del norte de Italia. Es normal que los hombres de los Corleone no estuviesen acostumbrados, puesto que son silicianos.
16.- ¿Quién y por qué decidió que Vito Corleone tuviese la voz susurrante que se hizo archifamosa?
Coppola le facilitó a Brando grabaciones de la voz del mafioso Frank Costello. Pero Brando decidió interpretar una voz más aguda y dificultosa. Al parecer, pretendía hacer ver que Vito Corleone había recibido alguna vez un tiro en la garganta. Eso no se dice nunca en el film, pero el dato debió de quedársele en la cabeza a Coppola, porque hay que recordar que Michael Corleone le pega un tiro en la tráquea al jefe McCluskey.
lunes, julio 27, 2009
El oro (y3)
La adopción por parte de la primera potencia mundial, Inglaterra, de un patrón de cambio basado en el valor del oro, unido al desarrollo de los instrumentos financieros para hacer líquidos los flujos derivados del comercio internacional, cambiaron la faz del mundo para convertirlo en el sitio en el que nosotros hemos nacido, hemos crecido y comemos, de vez en cuando, hamburguesas o nos compramos sudaderas de moda.
Sé que mucha gente piensa, entre otras cosas porque lo ha leído o incluso así se lo han explicado en la escuela, que la prosperidad de la Revolución Industrial se produjo fundamentalmente gracias a la explotación de la masa obrera. Y es innegable que las elevadas tasas de crecimiento de la economía mundial tienen mucho que ver con la elevadísima productividad del obrero decimonónico, que trabajaba doce y trece horas seis días a la semana; y sus salarios de mera subsistencia. Pero esta visión es simplista. A los obreros del mundo los podían haber aplastado con la bota mil veces que, si no hubiera existido este entorno monetario estable y los nuevos instrumentos de liquidez, la economía no se habría desarrollado como lo hizo.
Otra cosa que nos dejó aquella época fue el definitivo liderazgo de Londres como centro financiero, primero mundial y luego europeo, puesto que hasta entonces se había disputado con París y con Amsterdam.
En el comercio mundial, unas BoE se compensaban con otras. Pero, conforme pasó el tiempo, se fue haciendo claro que esta compensación nunca era un juego de suma cero. Los países que exportaban más que importaban acababan por ser superavitarios (es decir, acumulaban derechos de cobro de otros países no compensables con obligaciones de pago hacia dichos países, por lo que al final tenía que haber un pago en oro); mientras que los que importaban más que exportaban tendían a ser deficitarios. Entre los primeros se colocaron cuatro países: Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica. Estos cuatro países operaron como sumidero, pues tendían a acumular el oro mundial por la vía de los pagos no compensados con cobros del resto de los países. En el caso de la Inglaterra, su liderazgo, también incuestionable, en todos los servicios ligados al propio comercio (banca y seguros) acentuaba la situación.
Y aún había un tercer elemento que coadyudaba para ello: el proteccionismo. Como ya hemos contado aquí, aquí y aquí, la industria catalana fue la gran defensora en España del proteccionismo, para lo cual echó mano de un montón de argumentos, el principal de ellos que la libertad de comercio destruía actividad y empleo interior. Los propagandistas catalanes nunca entendieron bien, sin embargo, que el proteccionismo era seriamente lesivo desde el punto de vista del comercio internacional. Al permitir a las economías no competir (por la vía de imponer elevadas tasas aduaneras a las mercancías extranjeras que pudieran haber competido), impulsaba a la economía a seguir produciendo lo que ya producía y no diversificarse. Generando eso que ahora llamamos modelos de producción rígidos, una economía como la española, que era comercialmente deficitaria frente a Inglaterra, tendía a consolidar dicha situación ad eternum. En consecuencia, se generaba un flujo lento pero persistente de oro desde España hacia Inglaterra.
Aún hay que hablar de otro factor más que explica la enorme y neta tendencia natural mostrada por Inglaterra durante el siglo XIX para mantener el oro dentro de sus fronteras: el elevado nivel de inversiones interiores que abordó. La Revolución Industrial fue, también, una revolución de infraestructuras que, en el caso de Inglaterra, se demostró claramente en la construcción, en relativamente pocos años, de una impresionante red ferroviaria. A principios del siglo XX, cada vez que Sherlock Holmes tenía que salir de Londres para resolver cualquier caso, Watson le informa de no menos de tres o cuatro trenes diarios que van a la localidad de destino; signo éste de que el país apostó a tope por el tren, para lo cual hizo falta mucho dinero que en el siglo anterior había salido del país en forma de préstamos. Pero, al mismo tiempo, el país necesitaba, para mantener la estabilidad necesaria para que el comercio rulase, sostener el valor oro de la libra, es decir las famosas tres libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. Mantener el valor de la libra en oro, además, era la única manera de que esa tendencia a acumular oro se volviese tóxica para Inglaterra, por la vía de empobrecer en exceso a sus países clientes. Para poder llevar a cabo esto, el Banco de Inglaterra acabó por inventar un mecanismo al que ahora estamos más que acostumbrados: la política de tipos de interés.
Si el Banco de Inglaterra intervenía para reducir la retribución del dinero, la inversión interior se convertía en un destino menos atractivo para el dinero y, por lo tanto, ganaba en atractivo la operativa económica en el exterior. Si el tipo se elevaba, ocurría exactamente lo contrario. Por lo tanto, el Banco de Inglaterra empezó a usar los tipos de interés para equilibrar flujos de salida o de entrada de dinero que pusieran en peligro la paridad oro de la libra.
En 1872 Alemania, que vivía un momento dulce tras haber ingresado reparaciones de guerra, se adhirió al patrón internacional de cambios ideado por Inglaterra. Francia hizo lo propio en 1890. El primero de los movimientos no dio ni frío ni calor en Londres. El segundo acojonó. Al revés que Alemania, Francia era un país superavitario, acreedor y, por lo tanto, con su actuación era susceptible de poner en peligro los movimientos de control realizados por Inglaterra. De hecho, aunque en los primeros años tras la entrada de Francia en el patrón oro pareció que su actuación no tenía efecto, esto fue así tan sólo porque los franceses acumulaban oro, pero eso no afectaba al precio del metal porque había comenzado la producción en masa en el Transvaal surafricano y, por lo tanto, la mayor oferta compensaba la demanda. Pero, con el tiempo, se vería que las tensiones, en realidad, existían.
Tres de los cuatro líderes del comercio mundial estuvieron implicados en la primera guerra mundial. Lo cual hizo que la estabilidad de dicho comercio mundial no fuese un objetivo para nadie mientras duró la guerra. Terminada ésta, Inglaterra había perdido de vista la paridad oro de la libra, así que tuvo que buscar otro elemento de referencia, y lo encontró en el dólar. El día que el gobierno británico dio orden a los banqueros americanos JP Morgan & Co. para que trabajasen en la estabilización de la libra esterlina en 4,77 dólares, comenzó a quedar claro que la moneda americana era el nuevo jefe del patio.
Pero esta decisión inglesa tuvo una consecuencia colateral: el valor oro de la libra cambió. Ahora pasó a ser de 3 libras, 17 chelines y 4 peniques por onza. Se mantenía el patrón oro, pero en un valor distinto. Y es difícil que nos podamos hacer una idea de lo que supuso eso. De repente, todos los valores incluidos en contratos, en cartas de pago, en obligaciones, en hipotecas, habían cambiado.
El elemento más importante que trajo la posguerra fue, como decimos, la eclosión definitiva de Estados Unidos como poder mundial, y del dólar como su expresión monetaria. Y esto tiene muchísima importancia porque la concepción que tenían británicos y estadounidenses de la política cambiaria era radicalmente distinta. El patrón oro inventado por Inglaterra en 1816, y que había durado 90 años, tenía como prioridad mantener el equilibrio del comercio mundial; crear un estándar de valor estable que garantizase las condiciones de las operaciones de importación y exportación. La política monetaria y de cambio americana, como suele ocurrir con la de las naciones sobradamente superiores a las demás, era distinta. Para la administración Wilson y las que vinieron detrás, lo importante no es que los cambios fueran estables en el comercio mundial; lo importante es que las condiciones económicas fuesen estables dentro de los Estados Unidos. O, dicho de otra manera, para los americanos, el dólar debería valer lo que tuviese que valer para poder garantizar estabilidad interna de precios.
Consecuentemente, si el patrón esterlino había protegido a los países deficitarios (compraban más de lo que vendían) de quedarse sin oro y sin recursos, el estándar del dólar pasó de dicha garantía, y se aplicó a la succión de oro. Además, Estados Unidos comenzó a aplicar su política monetaria o de crédito pensando en sus precios interiores: cuando los precios subían, restringía el crédito para que la demanda se agostase y tuviesen que bajar; y lo contrario si bajaban. Como hemos visto antes, la primera política de tipos y crédito, la inglesa se hacía no pensando tanto en estabilizar los precios interiores como en animar el comercio o desinentivarlo, en orden a mantener así la relación de cambios internacional.
A mediados de los años veinte Inglaterra, consciente de que ya no era el jugador líder que había sido, se alineó con el patrón oro basado en el valor del dólar, y lo hizo a una paridad un 10% superior a la real. Esta decisión generó, a partir de julio de 1924, una fuerte situación de deflación, así como una fuerte crisis industrial en el país, creada por la necesidad de los industriales de reducir los salarios en ese 10% artificialmente fijado (puesto que fuera del país nada había cambiado, un exportador que quisiera ser competitivo, tanto como lo era el día antes de la revaluación, tenía ahora que reducir un 10% el valor de su mercancía), lo que generó una gran conflictividad. Los mineros del carbón, tradicionalmente la clase obrera más organizada, fueron los primeros en ir a la huelga en contra de su rebaja de salario. En términos muy gruesos, la decisión tomada por Inglaterra fue colocar la prosperidad productiva del país en manos de un país para el cual la prioridad en materia de política cambiaria era mantener su propio sistema de precios y que, por lo tanto, evitaría cualquier medida que los pusiera en peligro.
En agosto de 1928, la situación grave creada ya por el sumidero de oro americano, pues Estados Unidos absorbía reservas de los países deficitarios a una gran velocidad, se agravó con la entrada en juego de Francia. El país vecino se adhirió al patrón oro, con lo que introdujo en dicho sistema su moneda, intensamente devaluada y, sobre todo, eso que los ingleses denominaron «un complejo nacional de acaparamiento», que llevaba al francés medio a desechar cualquier otra forma de ahorro que no fuese acumular monedas y billetes y monedas y billetes. Ahora, pues, ya no había un sumidero de oro. Había dos.
Finalmente, lo que pasó es que el ticket Estados Unidos-Francia (y otros países gustosos de su política; nosotros los españoles, sin ir más lejos, teníamos en tiempos de la república unas superreservas de oro, que conformaron el famoso oro de Moscú) secó de oro a los países deficitarios, debilitándolos. Además, esta política agostó el mundo financiero, pues generó todo un movimiento a la francesa, en el que la gente dejó de ahorrar a través de instrumentos financieros y comenzó a acaparar numerario, agravando el sistema.
Así pues, la visión del crack del 29 como algo que llegó de la nada queda bien para películas de serie B, pero no casa con la realidad. La crisis del 29 estalla en un mundo que tiene serios problemas de liquidez, serios problemas de relación de cambio. Un mundo cuyo líder, Estados Unidos, ha olvidado desde hace cosa de diez años que toda política monetaria debe ser global; que, por decirlo coloquialmente, para poder seguir siendo fuerte hace falta que las naciones que comercian contigo sean lo suficientemente fuertes como para poder comprarte. Cuando en 1929 Estados Unidos entra en una crisis de superproducción, así pues no encuentra en su mercado interior clientes suficientes para su producción, mira al exterior. Pero todo lo que encuentra en el exterior es un montón de países que hace tiempo que le han pagado el último mango que tenían, así pues poco le pueden comprar. Esto es lo que convierte a la crisis del 29 en una crisis global de las proporciones que tuvo.
Podríamos pensar que, con aquella gravísima crisis, el mundo aprendió la lección. Pero no es verdad. Ejemplos de países ingresados en sistemas monetarios a paridades artificialmente altas, generando con ello serias crisis a medio plazo, ha seguido habiéndolos. Y, si queremos buscar ejemplos de países líderes desempeñándose en el mercado cambiario internacional con notable egoísmo y arrastrando con ello a todos los demás a una seria crisis, no tenemos más que mirar a la actitud de Alemania y el Bundesbank en los primeros años noventa, cuando el Sistema Monetario Europeo se fue a tomar por culo.
El patrón oro, pues, terminó sus días alimentando los gérmenes de la crisis económica más profunda de que tenemos noticia. Después de eso, no se ha vuelto a levantar. Ni ganas.
Sé que mucha gente piensa, entre otras cosas porque lo ha leído o incluso así se lo han explicado en la escuela, que la prosperidad de la Revolución Industrial se produjo fundamentalmente gracias a la explotación de la masa obrera. Y es innegable que las elevadas tasas de crecimiento de la economía mundial tienen mucho que ver con la elevadísima productividad del obrero decimonónico, que trabajaba doce y trece horas seis días a la semana; y sus salarios de mera subsistencia. Pero esta visión es simplista. A los obreros del mundo los podían haber aplastado con la bota mil veces que, si no hubiera existido este entorno monetario estable y los nuevos instrumentos de liquidez, la economía no se habría desarrollado como lo hizo.
Otra cosa que nos dejó aquella época fue el definitivo liderazgo de Londres como centro financiero, primero mundial y luego europeo, puesto que hasta entonces se había disputado con París y con Amsterdam.
En el comercio mundial, unas BoE se compensaban con otras. Pero, conforme pasó el tiempo, se fue haciendo claro que esta compensación nunca era un juego de suma cero. Los países que exportaban más que importaban acababan por ser superavitarios (es decir, acumulaban derechos de cobro de otros países no compensables con obligaciones de pago hacia dichos países, por lo que al final tenía que haber un pago en oro); mientras que los que importaban más que exportaban tendían a ser deficitarios. Entre los primeros se colocaron cuatro países: Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica. Estos cuatro países operaron como sumidero, pues tendían a acumular el oro mundial por la vía de los pagos no compensados con cobros del resto de los países. En el caso de la Inglaterra, su liderazgo, también incuestionable, en todos los servicios ligados al propio comercio (banca y seguros) acentuaba la situación.
Y aún había un tercer elemento que coadyudaba para ello: el proteccionismo. Como ya hemos contado aquí, aquí y aquí, la industria catalana fue la gran defensora en España del proteccionismo, para lo cual echó mano de un montón de argumentos, el principal de ellos que la libertad de comercio destruía actividad y empleo interior. Los propagandistas catalanes nunca entendieron bien, sin embargo, que el proteccionismo era seriamente lesivo desde el punto de vista del comercio internacional. Al permitir a las economías no competir (por la vía de imponer elevadas tasas aduaneras a las mercancías extranjeras que pudieran haber competido), impulsaba a la economía a seguir produciendo lo que ya producía y no diversificarse. Generando eso que ahora llamamos modelos de producción rígidos, una economía como la española, que era comercialmente deficitaria frente a Inglaterra, tendía a consolidar dicha situación ad eternum. En consecuencia, se generaba un flujo lento pero persistente de oro desde España hacia Inglaterra.
Aún hay que hablar de otro factor más que explica la enorme y neta tendencia natural mostrada por Inglaterra durante el siglo XIX para mantener el oro dentro de sus fronteras: el elevado nivel de inversiones interiores que abordó. La Revolución Industrial fue, también, una revolución de infraestructuras que, en el caso de Inglaterra, se demostró claramente en la construcción, en relativamente pocos años, de una impresionante red ferroviaria. A principios del siglo XX, cada vez que Sherlock Holmes tenía que salir de Londres para resolver cualquier caso, Watson le informa de no menos de tres o cuatro trenes diarios que van a la localidad de destino; signo éste de que el país apostó a tope por el tren, para lo cual hizo falta mucho dinero que en el siglo anterior había salido del país en forma de préstamos. Pero, al mismo tiempo, el país necesitaba, para mantener la estabilidad necesaria para que el comercio rulase, sostener el valor oro de la libra, es decir las famosas tres libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. Mantener el valor de la libra en oro, además, era la única manera de que esa tendencia a acumular oro se volviese tóxica para Inglaterra, por la vía de empobrecer en exceso a sus países clientes. Para poder llevar a cabo esto, el Banco de Inglaterra acabó por inventar un mecanismo al que ahora estamos más que acostumbrados: la política de tipos de interés.
Si el Banco de Inglaterra intervenía para reducir la retribución del dinero, la inversión interior se convertía en un destino menos atractivo para el dinero y, por lo tanto, ganaba en atractivo la operativa económica en el exterior. Si el tipo se elevaba, ocurría exactamente lo contrario. Por lo tanto, el Banco de Inglaterra empezó a usar los tipos de interés para equilibrar flujos de salida o de entrada de dinero que pusieran en peligro la paridad oro de la libra.
En 1872 Alemania, que vivía un momento dulce tras haber ingresado reparaciones de guerra, se adhirió al patrón internacional de cambios ideado por Inglaterra. Francia hizo lo propio en 1890. El primero de los movimientos no dio ni frío ni calor en Londres. El segundo acojonó. Al revés que Alemania, Francia era un país superavitario, acreedor y, por lo tanto, con su actuación era susceptible de poner en peligro los movimientos de control realizados por Inglaterra. De hecho, aunque en los primeros años tras la entrada de Francia en el patrón oro pareció que su actuación no tenía efecto, esto fue así tan sólo porque los franceses acumulaban oro, pero eso no afectaba al precio del metal porque había comenzado la producción en masa en el Transvaal surafricano y, por lo tanto, la mayor oferta compensaba la demanda. Pero, con el tiempo, se vería que las tensiones, en realidad, existían.
Tres de los cuatro líderes del comercio mundial estuvieron implicados en la primera guerra mundial. Lo cual hizo que la estabilidad de dicho comercio mundial no fuese un objetivo para nadie mientras duró la guerra. Terminada ésta, Inglaterra había perdido de vista la paridad oro de la libra, así que tuvo que buscar otro elemento de referencia, y lo encontró en el dólar. El día que el gobierno británico dio orden a los banqueros americanos JP Morgan & Co. para que trabajasen en la estabilización de la libra esterlina en 4,77 dólares, comenzó a quedar claro que la moneda americana era el nuevo jefe del patio.
Pero esta decisión inglesa tuvo una consecuencia colateral: el valor oro de la libra cambió. Ahora pasó a ser de 3 libras, 17 chelines y 4 peniques por onza. Se mantenía el patrón oro, pero en un valor distinto. Y es difícil que nos podamos hacer una idea de lo que supuso eso. De repente, todos los valores incluidos en contratos, en cartas de pago, en obligaciones, en hipotecas, habían cambiado.
El elemento más importante que trajo la posguerra fue, como decimos, la eclosión definitiva de Estados Unidos como poder mundial, y del dólar como su expresión monetaria. Y esto tiene muchísima importancia porque la concepción que tenían británicos y estadounidenses de la política cambiaria era radicalmente distinta. El patrón oro inventado por Inglaterra en 1816, y que había durado 90 años, tenía como prioridad mantener el equilibrio del comercio mundial; crear un estándar de valor estable que garantizase las condiciones de las operaciones de importación y exportación. La política monetaria y de cambio americana, como suele ocurrir con la de las naciones sobradamente superiores a las demás, era distinta. Para la administración Wilson y las que vinieron detrás, lo importante no es que los cambios fueran estables en el comercio mundial; lo importante es que las condiciones económicas fuesen estables dentro de los Estados Unidos. O, dicho de otra manera, para los americanos, el dólar debería valer lo que tuviese que valer para poder garantizar estabilidad interna de precios.
Consecuentemente, si el patrón esterlino había protegido a los países deficitarios (compraban más de lo que vendían) de quedarse sin oro y sin recursos, el estándar del dólar pasó de dicha garantía, y se aplicó a la succión de oro. Además, Estados Unidos comenzó a aplicar su política monetaria o de crédito pensando en sus precios interiores: cuando los precios subían, restringía el crédito para que la demanda se agostase y tuviesen que bajar; y lo contrario si bajaban. Como hemos visto antes, la primera política de tipos y crédito, la inglesa se hacía no pensando tanto en estabilizar los precios interiores como en animar el comercio o desinentivarlo, en orden a mantener así la relación de cambios internacional.
A mediados de los años veinte Inglaterra, consciente de que ya no era el jugador líder que había sido, se alineó con el patrón oro basado en el valor del dólar, y lo hizo a una paridad un 10% superior a la real. Esta decisión generó, a partir de julio de 1924, una fuerte situación de deflación, así como una fuerte crisis industrial en el país, creada por la necesidad de los industriales de reducir los salarios en ese 10% artificialmente fijado (puesto que fuera del país nada había cambiado, un exportador que quisiera ser competitivo, tanto como lo era el día antes de la revaluación, tenía ahora que reducir un 10% el valor de su mercancía), lo que generó una gran conflictividad. Los mineros del carbón, tradicionalmente la clase obrera más organizada, fueron los primeros en ir a la huelga en contra de su rebaja de salario. En términos muy gruesos, la decisión tomada por Inglaterra fue colocar la prosperidad productiva del país en manos de un país para el cual la prioridad en materia de política cambiaria era mantener su propio sistema de precios y que, por lo tanto, evitaría cualquier medida que los pusiera en peligro.
En agosto de 1928, la situación grave creada ya por el sumidero de oro americano, pues Estados Unidos absorbía reservas de los países deficitarios a una gran velocidad, se agravó con la entrada en juego de Francia. El país vecino se adhirió al patrón oro, con lo que introdujo en dicho sistema su moneda, intensamente devaluada y, sobre todo, eso que los ingleses denominaron «un complejo nacional de acaparamiento», que llevaba al francés medio a desechar cualquier otra forma de ahorro que no fuese acumular monedas y billetes y monedas y billetes. Ahora, pues, ya no había un sumidero de oro. Había dos.
Finalmente, lo que pasó es que el ticket Estados Unidos-Francia (y otros países gustosos de su política; nosotros los españoles, sin ir más lejos, teníamos en tiempos de la república unas superreservas de oro, que conformaron el famoso oro de Moscú) secó de oro a los países deficitarios, debilitándolos. Además, esta política agostó el mundo financiero, pues generó todo un movimiento a la francesa, en el que la gente dejó de ahorrar a través de instrumentos financieros y comenzó a acaparar numerario, agravando el sistema.
Así pues, la visión del crack del 29 como algo que llegó de la nada queda bien para películas de serie B, pero no casa con la realidad. La crisis del 29 estalla en un mundo que tiene serios problemas de liquidez, serios problemas de relación de cambio. Un mundo cuyo líder, Estados Unidos, ha olvidado desde hace cosa de diez años que toda política monetaria debe ser global; que, por decirlo coloquialmente, para poder seguir siendo fuerte hace falta que las naciones que comercian contigo sean lo suficientemente fuertes como para poder comprarte. Cuando en 1929 Estados Unidos entra en una crisis de superproducción, así pues no encuentra en su mercado interior clientes suficientes para su producción, mira al exterior. Pero todo lo que encuentra en el exterior es un montón de países que hace tiempo que le han pagado el último mango que tenían, así pues poco le pueden comprar. Esto es lo que convierte a la crisis del 29 en una crisis global de las proporciones que tuvo.
Podríamos pensar que, con aquella gravísima crisis, el mundo aprendió la lección. Pero no es verdad. Ejemplos de países ingresados en sistemas monetarios a paridades artificialmente altas, generando con ello serias crisis a medio plazo, ha seguido habiéndolos. Y, si queremos buscar ejemplos de países líderes desempeñándose en el mercado cambiario internacional con notable egoísmo y arrastrando con ello a todos los demás a una seria crisis, no tenemos más que mirar a la actitud de Alemania y el Bundesbank en los primeros años noventa, cuando el Sistema Monetario Europeo se fue a tomar por culo.
El patrón oro, pues, terminó sus días alimentando los gérmenes de la crisis económica más profunda de que tenemos noticia. Después de eso, no se ha vuelto a levantar. Ni ganas.
viernes, julio 24, 2009
Little quiz: El padrino (I parte)
¿Tiene sentido hablar de una serie de películas en un blog sobre Historia? En mi opinión, sí. El cine es cultura. Bueno, vale, el cine bien hecho es cultura. Y la trilogía de The Godfather, además de estar bien hecha, está íntimamente vinculada a la historia de América. Y, desde luego, tampoco podemos olvidar la importancia creciente que el cine ha adquirido dentro del panorama cultura de este siglo y el pasado. Hoy en día, en realidad, tan importante y relevante sería que los maestros hagan a sus alumnos leer según qué libros como que les hagan ver según qué películas.
La saga de la familia Corleone conjunta muchos elementos de gran interés. En primer lugar está la historia en sí, que es un trasunto, un tanto truculento cierto es, de hechos muy reales que condicionaron la Historia de los Estados Unidos durante el siglo XX. Luego está la personalidad arrolladora de su director, Francis Ford Coppola, que, entre otras cosas, ha hecho que algunos de los mejores actores masculinos de las últimas décadas hayan trabajado para él (Brando, Pacino, De Niro, Duvall... lo cierto es que The Godfather no es un sitio pensando para que brillasen las actrices). En tercer lugar, debemos tener en cuenta el hondo impacto social que generaron las películas, especialmente la primera y la segunda, que convirtieron la saga en un fenómeno de masas. A mi modo de ver, de hecho, la mitomanía cinéfila tiene dos grandes atractores, que son la saga de los Corleone y la saga de los Skywalker (Star Wars). ¿Tendrá algo que ver que Coppola y George Lucas sean amigos íntimos desde hace muchos años?
Así que he pensado en escribir un poco sobre el asunto... no sin antes provocaros un poco. Aquí tenéis, para el fin de semana, un pequeño quiz en torno a The Godfather, la primera película de la saga. Si no habéis visto la peli o la visteis una vez y no la recordais, este post no es para vosotros. Pero si habeis visto la peli con atención, tal vez pilleis alguna ;-P Y luego siempre queda internet, claro.
Vamos allá con las preguntas. Por delante digo que me parecen dificilillas.
1.- Francis Ford Coppola dudó entre dos actores para el papel de Vito Corleone. Uno, lógicamente, era Brando. ¿Cuál era el otro?
2.- La Paramount prefería que Brando se quedara fuera. Para cuando se rodó la película, ya tenía fama de actor caprichoso y difícil de gobernar. Decidieron ponerle tres condiciones para poder hacer el papel. Dos de ellas eran de contenido económico y, aunque duras, eran aceptables por parte de Brando. Pero la tercera fue pensada para que se negase en redondo. ¿Cuál fue esa condición?
3.- James Caan no es italiano de origen. Sin embargo, no sólo se llevó el papel de Santino Sonny Corleone, sino que Coppola incluso pensó en él para el papel de Michael. ¿Por qué era tan convincente en el papel un descendiente de alemanes?
4.- Ya puestos: ¿por qué el segundo nombre de Coppola es Ford?
5.- ¿En qué escena de la película trabajan juntos de extras Italia y Carmine Coppola, padres del director?
6.- ¿Qué actor de la película tuvo antes de hacerla el absurdo nombre artístico de Chief Chikawicky?
7.- ¿Qué profesión tenía Morgana King antes de interpretar a la mujer de Vito Corleone? Y, ya para nota, ¿quién la recomendó para la película?
8.- Coppola dudó mucho antes de darle a Diane Keaton el papel de Kay Adams. Una de las razones era que Keaton sólo había hecho comedia hasta entonces y se desconocía su registro dramático. Pero la segunda razón tiene que ver con su relación con Al Pacino en el film. ¿Cuál era esa otra razón?
9.- ¿Cuántas personas resultan disparadas en la película?
10.- En la escena en la que Michael se mete en una cabina telefónica y llama a su casa para enterarse de que su padre ha sido herido, hay un detalle de mala ambientación que, de hecho, hace imposible que dicha escena esté ocurriendo en el año en que se supone que ocurre. ¿Cuál es ese detalle?
11.- ¿Por qué, en la primera escena de la película, Vito Corleone tiene un gato en el regazo, gato que no vuelve a aparecer en otras escenas?
12.- ¿Cuál fue la razón que puso Brando para meterse, antes del primer ensayo de su papel, unos kleenex en los carrillos, dando a su rostro el aspecto de la película?
13.- Se da la circunstancia de que en esta primera película hay un judío que hace de italiano, y un italiano que hace de judío. ¿Qué dos actores/personajes son?
14.- ¿Qué es en realidad la impresionante mansión donde vive Wolf, el productor de Hollywood?
15.- En la escena en la que Clemenza enseña a Michael a cocinar, hay una discrepancia entre la receta que Mario Puzo escribió en el libro y la que Ford Coppola reescribió en el script. Los gastrónomos suelen decir que el cambio hecho por Coppola, lejos de mejorar el plato, lo destroza. ¿Cuál es ese ingrediente?
16.- ¿Quién y por qué decidió que Vito Corleone tuviese la voz susurrante que se hizo archifamosa?
El lunes tendréis el último post del oro. Y, luego, atacaremos con esto.
La saga de la familia Corleone conjunta muchos elementos de gran interés. En primer lugar está la historia en sí, que es un trasunto, un tanto truculento cierto es, de hechos muy reales que condicionaron la Historia de los Estados Unidos durante el siglo XX. Luego está la personalidad arrolladora de su director, Francis Ford Coppola, que, entre otras cosas, ha hecho que algunos de los mejores actores masculinos de las últimas décadas hayan trabajado para él (Brando, Pacino, De Niro, Duvall... lo cierto es que The Godfather no es un sitio pensando para que brillasen las actrices). En tercer lugar, debemos tener en cuenta el hondo impacto social que generaron las películas, especialmente la primera y la segunda, que convirtieron la saga en un fenómeno de masas. A mi modo de ver, de hecho, la mitomanía cinéfila tiene dos grandes atractores, que son la saga de los Corleone y la saga de los Skywalker (Star Wars). ¿Tendrá algo que ver que Coppola y George Lucas sean amigos íntimos desde hace muchos años?
Así que he pensado en escribir un poco sobre el asunto... no sin antes provocaros un poco. Aquí tenéis, para el fin de semana, un pequeño quiz en torno a The Godfather, la primera película de la saga. Si no habéis visto la peli o la visteis una vez y no la recordais, este post no es para vosotros. Pero si habeis visto la peli con atención, tal vez pilleis alguna ;-P Y luego siempre queda internet, claro.
Vamos allá con las preguntas. Por delante digo que me parecen dificilillas.
1.- Francis Ford Coppola dudó entre dos actores para el papel de Vito Corleone. Uno, lógicamente, era Brando. ¿Cuál era el otro?
2.- La Paramount prefería que Brando se quedara fuera. Para cuando se rodó la película, ya tenía fama de actor caprichoso y difícil de gobernar. Decidieron ponerle tres condiciones para poder hacer el papel. Dos de ellas eran de contenido económico y, aunque duras, eran aceptables por parte de Brando. Pero la tercera fue pensada para que se negase en redondo. ¿Cuál fue esa condición?
3.- James Caan no es italiano de origen. Sin embargo, no sólo se llevó el papel de Santino Sonny Corleone, sino que Coppola incluso pensó en él para el papel de Michael. ¿Por qué era tan convincente en el papel un descendiente de alemanes?
4.- Ya puestos: ¿por qué el segundo nombre de Coppola es Ford?
5.- ¿En qué escena de la película trabajan juntos de extras Italia y Carmine Coppola, padres del director?
6.- ¿Qué actor de la película tuvo antes de hacerla el absurdo nombre artístico de Chief Chikawicky?
7.- ¿Qué profesión tenía Morgana King antes de interpretar a la mujer de Vito Corleone? Y, ya para nota, ¿quién la recomendó para la película?
8.- Coppola dudó mucho antes de darle a Diane Keaton el papel de Kay Adams. Una de las razones era que Keaton sólo había hecho comedia hasta entonces y se desconocía su registro dramático. Pero la segunda razón tiene que ver con su relación con Al Pacino en el film. ¿Cuál era esa otra razón?
9.- ¿Cuántas personas resultan disparadas en la película?
10.- En la escena en la que Michael se mete en una cabina telefónica y llama a su casa para enterarse de que su padre ha sido herido, hay un detalle de mala ambientación que, de hecho, hace imposible que dicha escena esté ocurriendo en el año en que se supone que ocurre. ¿Cuál es ese detalle?
11.- ¿Por qué, en la primera escena de la película, Vito Corleone tiene un gato en el regazo, gato que no vuelve a aparecer en otras escenas?
12.- ¿Cuál fue la razón que puso Brando para meterse, antes del primer ensayo de su papel, unos kleenex en los carrillos, dando a su rostro el aspecto de la película?
13.- Se da la circunstancia de que en esta primera película hay un judío que hace de italiano, y un italiano que hace de judío. ¿Qué dos actores/personajes son?
14.- ¿Qué es en realidad la impresionante mansión donde vive Wolf, el productor de Hollywood?
15.- En la escena en la que Clemenza enseña a Michael a cocinar, hay una discrepancia entre la receta que Mario Puzo escribió en el libro y la que Ford Coppola reescribió en el script. Los gastrónomos suelen decir que el cambio hecho por Coppola, lejos de mejorar el plato, lo destroza. ¿Cuál es ese ingrediente?
16.- ¿Quién y por qué decidió que Vito Corleone tuviese la voz susurrante que se hizo archifamosa?
El lunes tendréis el último post del oro. Y, luego, atacaremos con esto.
miércoles, julio 22, 2009
El oro (2)
Al comienzo del siglo XVIII, cualquier economista se hubiese descojonado si le hubiesen planteado la posibilidad de la desaparición del patrón plata. Sin embargo, el vídeo estaba a punto de comenzar a matar a la estrella de la radio, y a hacerlo desde un flanco totalmente desconocido: la prosperidad.
La entrada en juego en serio de Inglaterra como potencia colonial, unida a los muchos avances que trajo el siglo XVIII, el último de los cuales sería el estallido de la Revolución Industrial, cambiaría totalmente la faz de la economía mundial. Para las metrópolis, hasta entonces, las colonias habían sido tierras de explotación. Pero en el siglo XVIII, Inglaterra y, en menor medida, Holanda, comenzaron a verlas como tierras de comercio. Tierras a las que no sólo se les podía comprar, sino también vender. Por otra parte, la mejora de las comunicaciones y el transporte permitió mejores y más frecuentes flujos comerciales entre las propias naciones europeas.
El siglo XVIII es el siglo de las compañías británicas coloniales, como la Compañía de Indias, que suponen el primer ejemplo serio de inversión extranjera. Las presencias británicas en el exterior invertían fuertes sumas en factorías, plantaciones, etc., y todo eso había que financiarlo. Lo cual quiere decir que toda esa actividad comenzó a demandar dinero. Si de un solo grifo se llenaba antes una piscina (Europa) y ahora se llenan dos (Europa y el resto del mundo), está claro que o abrimos más o durante más tiempo el grifo o, con la misma agua, la primera piscina no podrá estar igual de llena. Esto exactamente es lo que le pasó a las monedas de plata inglesas: comenzaron a viajar fuera del país, en tales cantidades que ya en 1774 se consideraba imposible mantener un sistema monetario basado en la plata.
No fue el oro el que mató a la plata. Fue la prosperidad, sus consecuencias, y la invención del papel. Los billetes de banco se inventan o reinventan (y digo reinventan porque al parecer los chinos ya los tuvieron) en Suecia, en 1658. En 1694, el Banco de Inglaterra fue autorizado a emitir compromisos de pago en papel (no otra cosa es un billete; los antiguos de pela decían: «El Banco de España pagará al portador...») contra los intereses de la deuda pública británica. Incluso aparecieron otro tipo de billetes, los llamados Exchequer Bills, que eran, por lo que he podido saber, un híbrido entre billete y pagaré, pues tenían plazo de vigencia y devengaban intereses durante el mismo.
Ya sé que lo que mola es escribir posts antiglobi y tal. Pero lo cierto es que lo más parecido a la globalización que tuvo el mundo en el siglo XVIII, que fue el desarrollo del papel moneda y los créditos bancarios, salvó a ese mismo mundo de seguir siendo el mismo mundo que había sido hasta entonces, con crecimientos lentorros y una inmensa mayoría de personal viviendo igual, incluso peor que los cerdos y las vacas. Estas innovaciones financieras hicieron posible que la inversión creadora de riqueza superase las fronteras del puto pueblo de cada uno y llegase a cualquier rincón de la Tierra conocida. Pero, claro, también había una ley de oro: en algún momento, todos esos papeles debían ser abonados en lo que los británicos llaman hard cash. Nosotros decimos en pasta gansa. Como Inglaterra no exportaba lo suficiente como para recibir pasta de otros países en suficiente magnitud para financiar esas inversiones, necesitaba acopiar dinero para dichos pagos. Lo cual tenía a secar el sistema. Para colmo, las constantes entradas de oro en el mercado, pues en aquellos tiempos se intensificó su extracción en las minas brasileñas, tendió a poner el valor en la calle de la guinea por debajo de su valor real.
Mientras la política monetaria inglesa estuvo inspirada en la estrategia diseñada por Newton en 1717, la plata fue sin duda el estándar. Newton creía hasta el fondo en el patrón plata, pero, en los años tras su muerte, la situación evolucionó de una forma tan rápida y angustiosa que Conduitt, su sucesor al frente de la Casa de la Moneda, ya no estaba tan seguro de que se pudiese defender un patrón basado en el valor plata de la libra esterlina. De hecho, Conduitt puso en marcha una nueva política, que ha sido muy a menudo resumida con la frase «dejemos que sea el metal más fuerte el que gane». En el marco de esta política, se abandonó la estrategia newtoniana, basada en modificar el valor en plata de las monedas de oro (o sea, su peso) para así defender la plata, y se permitió la libre circulación internacional de las monedas de este último metal, a sabiendas de que en muchos países, como Francia, las monedas de plata eran el medio más usado para los pagos de comercio y, consecuentemente, la masa monetaria en plata se reduciría rápida y drásticamente. Como no tenía sentido llenar ese agujero con más plata (todo lo que haría sería salir por la puerta), se llenaba con emisiones de guineas. En unas pocas décadas, todas las monedas de plata de calidad habían desaparecido de la circulación.
A finales del siglo XVIII, por lo tanto, Inglaterra estaba, de hecho, en un patrón oro, pues su sistema monetario estaba petado de guineas. Y, además, las monedas de este tipo mostraban una mayor estabilidad en su precio de lo que lo habían hecho las de plata. A partir de 1770, además, la última esperanza de la plata se desvaneció. Hasta entonces, la plata había sido necesaria para pagar la inversión exterior porque Inglaterra, como hemos dicho, no exportaba lo suficiente como para obtener recursos y compromisos de pagos que equilibrasen las necesidades de esas inversiones. Pero en 1770, más o menos, comienza la Revolución Industrial. Inglaterra comienza a producir más que nadie, y a mejor calidad que nadie. Lo cual quiere decir que empieza a ponerse las botas a base de vender. A partir de ese momento, Inglaterra ya no necesita la plata para nada.
Como hemos dicho antes, la guinea era una moneda de oro que, a causa de la producción de oro relativamente fuerte que ya había en el mundo (y la demanda relativamente pequeña, pues la mayoría de los países seguían en el patrón plata), tenía un valor facial superior a su valor de mercado. Eso, sin embargo, cambió con la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, pues distorsionaron la producción y dispararon el precio del oro (el oro tiene cierta tendencia a disparar su precio siempre que hay guerras gordas, o no tan gordas). El hecho de que la guinea fuese el referente más estable del mundo monetario, mucho más que las monedas de plata, hizo que fuese acaparada y, de hecho, prácticamente desapareció en poquísimo tiempo. En 1790, se estimaba en Inglaterra una masa monetaria en guineas de oro de unos 25 millones de libras. Siete años después, el Banco de Inglaterra suspendía pagos, pues no le quedaban monedas con que pagar.
La suspensión de pagos de 1797 fue traumática para Inglaterra pero, en el fondo, le vino de coña, porque le dio la ocasión y el momento para reformar su sistema monetario. Hasta entonces, las dos experiencias positivas que se habían vivido eran: la consolidación de un estándar de valor, la libra esterlina; y la relativa estabilidad del precio de la guinea, o sea del oro. Se trataba de combinarlas las dos. La reforma fue profundísima, quizá la reforma monetaria más profunda en la Historia del mundo, de momento. La plata fue definitivamente abandonada como metal utilizado para definir la unidad de cuenta y para la acuñación. La libra esterlina, cuyo valor hasta entonces se había definido en plata, pasó a definirse en oro, concretamente 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. La guinea, que no tenía este valor exacto, fue abolida. En su lugar, se emitió una nueva moneda, el soberano. El soberano equivalía a una libra esterlina.
Quizá resulte difícil, pero es importante captar lo intensamente revolucionario del cambio. El nuevo estándar de medición de valor y riqueza, la libra esterlina, ya no se definía según un determinado peso en plata, como antiguamente. Ahora se definía con oro. Pero no se definía con el peso de una determinada cantidad de oro, sino con su valor. De esta manera, la política monetaria pasaba a estar directamente conectada con el mantenimiento de dicho valor. Se sustituyó un valor enormemente volátil (el de la plata) por otro que se suponía estable, que debía permanecer estable. Por eso, en 1816, que es cuando se produce este cambio de enormes proporciones, la primera medida que se toma es reiniciar los pagos del Banco de Inglaterra. El Banco comienza a pagar los efectos que debe pagar pero, como está ya en un patrón oro, paga con oro. Las monedas de oro empiezan a circular; se corrige su escasez. De esta manera, el oro, cuyo valor de mercado estaba por encima del estándar de la libra, se iguala con éste rápidamente.
La reforma de 1816 inventa también otra cosa que hoy es fundamental para el funcionamiento económico: la intervención de los bancos centrales. En el marco de la reforma, se decreta la libre exportación e importación de oro a y desde Inglaterra, para evitar la formación de niveles de precio ficticios. Y, lo que es más importante, se establece que el Banco de Inglaterra comprará todas las cantidades de oro que se le ofrezcan al precio de 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. De esta manera, si el oro se separaba del estándar por arriba, el Banco de Inglaterra enchufaría en el mercado contingentes de oro a su valor oficial, bajando el precio; y si bajaba, los poseedores de oro lo venderían al Banco de Inglaterra el cual, obligado a pagar el estándar, les procuraría un beneficio, pero también acabaría forzando la subida de precio del metal.
Los desarrollos financieros, además, sirvieron para que esta novedad histórica (nunca, hasta 1816, conoció el mundo la estabilidad en las relaciones de cambio de las monedas) se extendiese a todo el mundo. El gran instrumento difusor fue lo que lo ingleses llaman Sterling Bill of Exchange.
La BoE es un instrumento financiero que transfiere la responsabilidad de financiar el valor de una mercancía exportada o importada durante el periodo en que dicha mercancía estaba en tránsito, así pues no ha sido abonada por el comprador. Quienes aceptan dicha responsabilidad son bancos o casas financieras especializadas. El exportador, en el momento de la venta, recibe una BoE pagadera en el futuro, por ejemplo 90 días. Nada más salir el barco, va a su banco y la descuenta, es decir cobra su importe menos una comisión. El banco toma el título y lo coloca en el mercado secundario, en el que, habitualmente, es adquirido por el agente del importador de la mercancía a cambio de pagar una determinada cantidad de oro en algún momento prefijado. Como puede verse, estamos ante la invención del instrumento financiero que permite hacer líquidos los ingresos y pagos de una operación antes de que la operación misma se perfeccione, incrementando de esta manera la velocidad de circulación del dinero y, por lo tanto, su capacidad de financiación.
Pero como el pago último se hacía en oro, para que esta operación, que tardaba meses en perfeccionarse, fuese posible, era necesario que el valor oro permaneciese estable. Con la generalización de las BoE, por lo tanto, no fue Inglaterra, sino el mundo entero quien adquirió interés en la estabilidad del patrón oro.
A principios del siglo XVIII, los economistas se hubieran descojonado ante la posibilidad de la desaparición del patrón plata. A mediados del XIX, sus bisnietos economistas también se descojonaban, pero esta vez si alguien les decía que algún día desaparecería el patrón oro. En su percepción, el oro era la referencia eternamente estable que el mercado monetario mundial necesitaba. Si sus bisabuelos se equivocaron, ellos no.
Pero se equivocaban.
La entrada en juego en serio de Inglaterra como potencia colonial, unida a los muchos avances que trajo el siglo XVIII, el último de los cuales sería el estallido de la Revolución Industrial, cambiaría totalmente la faz de la economía mundial. Para las metrópolis, hasta entonces, las colonias habían sido tierras de explotación. Pero en el siglo XVIII, Inglaterra y, en menor medida, Holanda, comenzaron a verlas como tierras de comercio. Tierras a las que no sólo se les podía comprar, sino también vender. Por otra parte, la mejora de las comunicaciones y el transporte permitió mejores y más frecuentes flujos comerciales entre las propias naciones europeas.
El siglo XVIII es el siglo de las compañías británicas coloniales, como la Compañía de Indias, que suponen el primer ejemplo serio de inversión extranjera. Las presencias británicas en el exterior invertían fuertes sumas en factorías, plantaciones, etc., y todo eso había que financiarlo. Lo cual quiere decir que toda esa actividad comenzó a demandar dinero. Si de un solo grifo se llenaba antes una piscina (Europa) y ahora se llenan dos (Europa y el resto del mundo), está claro que o abrimos más o durante más tiempo el grifo o, con la misma agua, la primera piscina no podrá estar igual de llena. Esto exactamente es lo que le pasó a las monedas de plata inglesas: comenzaron a viajar fuera del país, en tales cantidades que ya en 1774 se consideraba imposible mantener un sistema monetario basado en la plata.
No fue el oro el que mató a la plata. Fue la prosperidad, sus consecuencias, y la invención del papel. Los billetes de banco se inventan o reinventan (y digo reinventan porque al parecer los chinos ya los tuvieron) en Suecia, en 1658. En 1694, el Banco de Inglaterra fue autorizado a emitir compromisos de pago en papel (no otra cosa es un billete; los antiguos de pela decían: «El Banco de España pagará al portador...») contra los intereses de la deuda pública británica. Incluso aparecieron otro tipo de billetes, los llamados Exchequer Bills, que eran, por lo que he podido saber, un híbrido entre billete y pagaré, pues tenían plazo de vigencia y devengaban intereses durante el mismo.
Ya sé que lo que mola es escribir posts antiglobi y tal. Pero lo cierto es que lo más parecido a la globalización que tuvo el mundo en el siglo XVIII, que fue el desarrollo del papel moneda y los créditos bancarios, salvó a ese mismo mundo de seguir siendo el mismo mundo que había sido hasta entonces, con crecimientos lentorros y una inmensa mayoría de personal viviendo igual, incluso peor que los cerdos y las vacas. Estas innovaciones financieras hicieron posible que la inversión creadora de riqueza superase las fronteras del puto pueblo de cada uno y llegase a cualquier rincón de la Tierra conocida. Pero, claro, también había una ley de oro: en algún momento, todos esos papeles debían ser abonados en lo que los británicos llaman hard cash. Nosotros decimos en pasta gansa. Como Inglaterra no exportaba lo suficiente como para recibir pasta de otros países en suficiente magnitud para financiar esas inversiones, necesitaba acopiar dinero para dichos pagos. Lo cual tenía a secar el sistema. Para colmo, las constantes entradas de oro en el mercado, pues en aquellos tiempos se intensificó su extracción en las minas brasileñas, tendió a poner el valor en la calle de la guinea por debajo de su valor real.
Mientras la política monetaria inglesa estuvo inspirada en la estrategia diseñada por Newton en 1717, la plata fue sin duda el estándar. Newton creía hasta el fondo en el patrón plata, pero, en los años tras su muerte, la situación evolucionó de una forma tan rápida y angustiosa que Conduitt, su sucesor al frente de la Casa de la Moneda, ya no estaba tan seguro de que se pudiese defender un patrón basado en el valor plata de la libra esterlina. De hecho, Conduitt puso en marcha una nueva política, que ha sido muy a menudo resumida con la frase «dejemos que sea el metal más fuerte el que gane». En el marco de esta política, se abandonó la estrategia newtoniana, basada en modificar el valor en plata de las monedas de oro (o sea, su peso) para así defender la plata, y se permitió la libre circulación internacional de las monedas de este último metal, a sabiendas de que en muchos países, como Francia, las monedas de plata eran el medio más usado para los pagos de comercio y, consecuentemente, la masa monetaria en plata se reduciría rápida y drásticamente. Como no tenía sentido llenar ese agujero con más plata (todo lo que haría sería salir por la puerta), se llenaba con emisiones de guineas. En unas pocas décadas, todas las monedas de plata de calidad habían desaparecido de la circulación.
A finales del siglo XVIII, por lo tanto, Inglaterra estaba, de hecho, en un patrón oro, pues su sistema monetario estaba petado de guineas. Y, además, las monedas de este tipo mostraban una mayor estabilidad en su precio de lo que lo habían hecho las de plata. A partir de 1770, además, la última esperanza de la plata se desvaneció. Hasta entonces, la plata había sido necesaria para pagar la inversión exterior porque Inglaterra, como hemos dicho, no exportaba lo suficiente como para obtener recursos y compromisos de pagos que equilibrasen las necesidades de esas inversiones. Pero en 1770, más o menos, comienza la Revolución Industrial. Inglaterra comienza a producir más que nadie, y a mejor calidad que nadie. Lo cual quiere decir que empieza a ponerse las botas a base de vender. A partir de ese momento, Inglaterra ya no necesita la plata para nada.
Como hemos dicho antes, la guinea era una moneda de oro que, a causa de la producción de oro relativamente fuerte que ya había en el mundo (y la demanda relativamente pequeña, pues la mayoría de los países seguían en el patrón plata), tenía un valor facial superior a su valor de mercado. Eso, sin embargo, cambió con la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, pues distorsionaron la producción y dispararon el precio del oro (el oro tiene cierta tendencia a disparar su precio siempre que hay guerras gordas, o no tan gordas). El hecho de que la guinea fuese el referente más estable del mundo monetario, mucho más que las monedas de plata, hizo que fuese acaparada y, de hecho, prácticamente desapareció en poquísimo tiempo. En 1790, se estimaba en Inglaterra una masa monetaria en guineas de oro de unos 25 millones de libras. Siete años después, el Banco de Inglaterra suspendía pagos, pues no le quedaban monedas con que pagar.
La suspensión de pagos de 1797 fue traumática para Inglaterra pero, en el fondo, le vino de coña, porque le dio la ocasión y el momento para reformar su sistema monetario. Hasta entonces, las dos experiencias positivas que se habían vivido eran: la consolidación de un estándar de valor, la libra esterlina; y la relativa estabilidad del precio de la guinea, o sea del oro. Se trataba de combinarlas las dos. La reforma fue profundísima, quizá la reforma monetaria más profunda en la Historia del mundo, de momento. La plata fue definitivamente abandonada como metal utilizado para definir la unidad de cuenta y para la acuñación. La libra esterlina, cuyo valor hasta entonces se había definido en plata, pasó a definirse en oro, concretamente 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. La guinea, que no tenía este valor exacto, fue abolida. En su lugar, se emitió una nueva moneda, el soberano. El soberano equivalía a una libra esterlina.
Quizá resulte difícil, pero es importante captar lo intensamente revolucionario del cambio. El nuevo estándar de medición de valor y riqueza, la libra esterlina, ya no se definía según un determinado peso en plata, como antiguamente. Ahora se definía con oro. Pero no se definía con el peso de una determinada cantidad de oro, sino con su valor. De esta manera, la política monetaria pasaba a estar directamente conectada con el mantenimiento de dicho valor. Se sustituyó un valor enormemente volátil (el de la plata) por otro que se suponía estable, que debía permanecer estable. Por eso, en 1816, que es cuando se produce este cambio de enormes proporciones, la primera medida que se toma es reiniciar los pagos del Banco de Inglaterra. El Banco comienza a pagar los efectos que debe pagar pero, como está ya en un patrón oro, paga con oro. Las monedas de oro empiezan a circular; se corrige su escasez. De esta manera, el oro, cuyo valor de mercado estaba por encima del estándar de la libra, se iguala con éste rápidamente.
La reforma de 1816 inventa también otra cosa que hoy es fundamental para el funcionamiento económico: la intervención de los bancos centrales. En el marco de la reforma, se decreta la libre exportación e importación de oro a y desde Inglaterra, para evitar la formación de niveles de precio ficticios. Y, lo que es más importante, se establece que el Banco de Inglaterra comprará todas las cantidades de oro que se le ofrezcan al precio de 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio por onza. De esta manera, si el oro se separaba del estándar por arriba, el Banco de Inglaterra enchufaría en el mercado contingentes de oro a su valor oficial, bajando el precio; y si bajaba, los poseedores de oro lo venderían al Banco de Inglaterra el cual, obligado a pagar el estándar, les procuraría un beneficio, pero también acabaría forzando la subida de precio del metal.
Los desarrollos financieros, además, sirvieron para que esta novedad histórica (nunca, hasta 1816, conoció el mundo la estabilidad en las relaciones de cambio de las monedas) se extendiese a todo el mundo. El gran instrumento difusor fue lo que lo ingleses llaman Sterling Bill of Exchange.
La BoE es un instrumento financiero que transfiere la responsabilidad de financiar el valor de una mercancía exportada o importada durante el periodo en que dicha mercancía estaba en tránsito, así pues no ha sido abonada por el comprador. Quienes aceptan dicha responsabilidad son bancos o casas financieras especializadas. El exportador, en el momento de la venta, recibe una BoE pagadera en el futuro, por ejemplo 90 días. Nada más salir el barco, va a su banco y la descuenta, es decir cobra su importe menos una comisión. El banco toma el título y lo coloca en el mercado secundario, en el que, habitualmente, es adquirido por el agente del importador de la mercancía a cambio de pagar una determinada cantidad de oro en algún momento prefijado. Como puede verse, estamos ante la invención del instrumento financiero que permite hacer líquidos los ingresos y pagos de una operación antes de que la operación misma se perfeccione, incrementando de esta manera la velocidad de circulación del dinero y, por lo tanto, su capacidad de financiación.
Pero como el pago último se hacía en oro, para que esta operación, que tardaba meses en perfeccionarse, fuese posible, era necesario que el valor oro permaneciese estable. Con la generalización de las BoE, por lo tanto, no fue Inglaterra, sino el mundo entero quien adquirió interés en la estabilidad del patrón oro.
A principios del siglo XVIII, los economistas se hubieran descojonado ante la posibilidad de la desaparición del patrón plata. A mediados del XIX, sus bisnietos economistas también se descojonaban, pero esta vez si alguien les decía que algún día desaparecería el patrón oro. En su percepción, el oro era la referencia eternamente estable que el mercado monetario mundial necesitaba. Si sus bisabuelos se equivocaron, ellos no.
Pero se equivocaban.
martes, julio 21, 2009
La vida de Chorlito
Just a respite...
La vida de Chorlito comienza cuando tenía 8 años. Ese día, sus padres tenían que ir a visitar a un tedioso pariente al que Chorlito odiaba: su tía Abigail. Él dijo que no quería ir. Sus padres dijeron que tenía que ir. Chorlito se puso a berrear, a llorar y a gritar. Entonces comenzó la negociación. Primero, sus padres intentaron razonar con él: tu tía te quiere mucho, hay cosas que hay que hacer, etc. Pero Chorlito no se movió ni un ápice. Entonces su padre le ofreció un trato: si les acompañaba sin rechistar, ese fin de semana le llevaría a Faunia. Chorlito aceptó.
Ese día, Chorlito aprendió dos cosas. Una, que todo es negociable. Otra, que hasta la mayor de las gilipolleces del mundo tiene valor, y en ocasiones un valor inusitadamente elevado. Porque una entrada en Faunia, que lleva anexos un helado de fresa, pipas, una comilona de pizza y algún que otro regalito, sale por una pasta.
Un día, cuando Chorlito tenía diez años, un compañero de clase le cogió de la taquilla unos cromos de futbolistas. Cuando Chorlito los quiso recuperar, el amigo pretendió hacer valer que ésos no eran los de Chorlito, sino suyos. La respuesta de Chorlito fue arrearle una hostia a su compañero y saltarle sangre en la nariz.
Los profesores anunciaron a Chorlito que iban a llamar a su madre. En ese momento, Chorlito aprendió otra lección importante: en la vida, cuando das una hostia, te contestan inmovilizándote. Pero no te contestan como en el mundo infantil del que él provenía, es decir: devolviéndote la hostia.
Cuando llegó la madre de Chorlito le echó una bronca de la leche en el pasillo. Pero no le arreó ninguna hostia, con lo que Chorlito siguió considerando que, en la transacción, había un beneficio para él; tenía los cromos y además había arreado una buena hostia. Además, como la puerta del jefe de estudios se quedó entornada, escuchó con claridad a su madre preguntar, con malos modos, cómo era posible que las taquillas de los alumnos no tuviesen candados para impedir los robos.
Así pues, Chorlito acabó aprendiendo de aquella anécdota que él era un justiciero que había reclamado lo suyo, y su compañero, el de la nariz escachiforciada, un ladrón que con toda probabilidad se merecía lo que le pasó.
Cuando Chorlito aún tenía 11 años, sus padres se separaron. Eso cambió su ritmo de vida y también cambió a sus padres. Su padre siempre había sido sanguíneo y visceral; desde que Chorlito tiene memoria, lo recuerda al volante de su coche, motejando a todo aquél que no circulaba como es debido de gilipollas, hijo de puta, cabronazo, y otras expresiones de parecido jaez. Pero ahora ya no se trataba de la gente que se saltaba un ceda el paso. Se trataba de su madre, y de su padre. A todas luces, sus padres trataban de mantenerlo aislado de las cosas que decían. Pero es que sus padres, como todos los padres, no eran conscientes de las cosas de las que se entera un niño pequeño; que es pequeño, pero no gilipollas.
Así pues, Chorlito, que de alguna manera aún estaba en la edad en la que se adora a los padres, comenzó a escuchar cómo esos mismos padres se ponían de vuelta y media entre ellos. El gran clásico era la llamada al móvil de la madre en las últimas horas que le tocaban a su padre de estar con él; esa típica llamada de cuándo lo vas a traer, viene cenado, viene bañado, qué. El tono de su padre en la conversación lo decía todo. Y luego, los comentarios en voz baja al colgar. Al principio, sólo suspiros. Con el tiempo, palabras cada vez más gruesas. Hasta que, con el tiempo, su padre acabó por utilizar al colgar los mismos epítetos que siempre había dedicado al resto de conductores.
Por su parte, su madre, en los momentos en que estaba en casa tomando café y fumando con sus hermanas o sus amigas, solía hablar del padre de Chorlito. Delante del niño nunca lo citaba, pero a Chorlito le costaba medio segundo decodificar las miradas de presunta inteligencia que las contertulias se lanzaban al referirse a él para darse cuenta de que estaban hablando de su padre. Con apelativos bien parecidos a los que él utilizaba tras colgar el móvil.
Esto le sirvió a Chorlito para darse cuenta de que la violencia es una forma de relación, incluso entre quienes se aman, o se amaron. También aprendió que insultar no puede ser algo deplorable, pues las personas menos deplorables del mundo, sus padres, lo hacían constantemente, y refiriéndose el uno al otro.
Con trece años, le llegó a Chorlito la hora de estudiar medio en serio. Hasta entonces, la escuela le había dado la impresión de ser un sitio donde siempre se estaban repasando conocimientos ya conocidos, con alguna que otra novedad. Ahora, sin embargo, las novedades comenzaron a multiplicarse. El colegio compró los libros con que Chorlito tenía que estudiar. Los recibió nuevos el primer día de clase y, automáticamente, se aplicó a pintarrajearlos y dibujar imágenes, normalmente obscenas, por las esquinas en blanco del libro. Un profesor que le vio un día le regañó por guarrear el libro. Pero para entonces Chorlito ya había aprendido, a base sobre todo de centenares de negociaciones varias con sus padres, que al final, si aguantas un poco la brasa y la moralina de los cojones, acabas haciendo lo que te sale de los huevos. Aquella vez no fue una excepción: cuando el profesor se cansó de argumentar con él o simplemente se fijó en otra cosa, lo dejó en paz, y él siguió pintando en su libro.
Ese mismo profesor, en clase, les iba explicando la materia y, en cada momento, les señalaba la frase exacta del libro donde se describían las explicaciones. Chorlito aprendió pronto que estudiar consistía en demostrar que se habían leído esos subrayados. Demostrar que se habían leído, no que se hubieran comprendido o asimilado. Así, en el examen de lengua, repetía por escrito la frase de la página 76, según la cual la poesía del Movimiento Tal era «lírica y centrada en los problemas morales del hombre»; frase de la que entender, entender, lo que se dice entender, entendía más o menos un 30% de las palabras. Pero para él, examinarse era demostrar que se había leído la tal frase y se recordaba. Un día, la profesora de literatura les hizo leer en voz alta un poema del Movimiento Tal y trató de que los chicos explicasen qué quería decir la frase de la página 76 del libro aplicada a aquel poema concreto. No lo consiguió. A la semana siguiente lo intentó de nuevo, otra vez sin éxito. A la semana siguiente, ya estaban dando otra unidad.
Con trece años, Chorlito tenía sólo dos obsesiones: follar y pillarse una buena curda. En su mundo, las clases sociales se dividían prácticamente así: los vírgenes y abstemios, prácticamente personajes de ficción; los vírgenes bebedores, normalmente chicos poco agraciados o directamente guarros; los abstemios folladores, una estricta élite de chicos deportistas que cuidaban el cuerpo; y los bebedores folladores, la inmensa mayoría de creer sus relatos.
Cada vez que Chorlito se sentaba en casa frente al televisor a ver alguna de sus series de adolescentes preferida, aprendía que para triunfar en la vida hay que conseguir ser un bebedor follador. Factor común tabaco, obviamente, porque, desde luego, con trece años Chorlito había empezado a fumar, porque lo de no fumar es para deportistas, venusianos y algunos, no todos, ni siquiera la mayoría de los asmáticos. El día que su madre descubrió que Chorlito fumaba le quitó el tabaco y el mechero y los tiró a la basura; pero la segunda vez que se lo encontró, comenzó la negociación. Tal y como Chorlito había previsto, el resultado final del pacto fue, básicamente, que no fumase en aquellos lugares donde estaba su madre o estaba con su madre.
Chorlito sigue viendo la tele. En la tele, los bebedores folladores consumen más minutos de pantalla que nadie. Argumentalmente hablando, son los personajes más netos, los interpretados por los actores más populares o atractivos. Además, los bebedores folladores de la tele pueden ser malos, pero siempre el argumento se preocupa de dejar claro que hay alguna buena razón para que lo sean; son cabrones, pero cabrones con corazoncito. Y, a estas alturas de la vida, Chorlito ya ha aprendido que si tienes una razón de peso para ser un hijo de puta, estás perdonado. El malo no eres tú, sino tu pasado, o la sociedad que no te entiende, o sabe Dios quién; cualquiera, menos tú.
Así pues, Chorlito aprende con rapidez que hay que ser bebedor follador para estar en la casta adecuada. Todo eso requiere tiempo. Como el que tienen los personajes de la tele, a los que Chorlito ve pasar aventuras por la mañana, por la tarde, por la noche y en la madrugada, sin que exista la menor apariencia de que su vida esté constreñida por la más mínima regla. En la vida real, todo ese asunto de los horarios es, en realidad, muy fácil. Igual que lo de la visita a la tía coñazo aquélla de cuanto tenía ocho años. Todo consiste en dar la barrila hasta que la figura de autoridad, en el caso de Chorlito su madre, entra en la dinámica de negociar. Negociar, ya de por sí, supone establecer un mismo nivel para dos personas que antes estaban a distinto nivel. Chorlito, además, tiene la ventaja de tenerlo mucho más claro: para él, el beneficio alternativo tiene que superar a la putada de no dejarle salir. La que da la orden es su madre pero, de alguna manera, es él quien decide. Entre otras cosas, porque ahora es él quien domina los tiempos. En una orden, el que manda dice cuándo se ha acabado la discusión. Pero una negociación no termina hasta que los dos negociadores están de acuerdo en que termine. Así pues, todo consiste en prolongar las conversaciones hasta que la otra parte se canse.
En un viaje del colegio, a Chorlito y un grupo de amigos los pillan haciendo un botelloncito en una habitación del hotel. A la vuelta del viaje, los echan tres días. Chorlito no puede creerlo. Es como castigar a un asesino regalándole un Cadillac.
Con 16 años, Chorlito se enfrenta un día a su profesor en plena clase. El maestro les ha dicho que son todos unos vagos y Chorlito, que está opositando a líder de la manada, se levanta y le dice que a él no le insulta un puto reprimido de mierda. El maestro le dice que no le consiente que le hable así. Chorlito abre los brazos y le dice que qué va a hacerle, provocándolo. Y no le falta razón. Haciendo uso del derecho comparado, si un botellón en un viaje de paso del Ecuador vale tres días, llamarle a un profesor reprimido de mierda tiene que valer más o menos salir de clase y dar una vuelta a la manzana. Eso Chorlito lo sabe y, además, sabe otra cosa: que su profesor también lo sabe.
En consecuencia, se vuelve hacia sus compañeros y los solivianta. Todos se ponen contra el maestro. A duras penas, el profesor los acalla. Se marcha y vuelve con el jefe de Estudios. Tras veinte minutos de caótica explicación por parte de los alumnos de lo que ha pasado, explicación liderada por Chorlito, el jefe de estudios entra en la fase de negociación. Chorlito se frota las manos metafóricamente. Ya está en su terreno. Lleva la mitad de su vida negociando, y ganando las negociaciones a la postre. Ésta no es una excepción. El gran argumento de Chorlito es obvio: el profesor insultó primero. Siguiendo una técnica que tiene ampliamente depurada, de esta forma Chorlito consolida una doble argumentación: en primer lugar, establecer la relación entre el maestro y los alumnos como lo que es, es decir una relación entre iguales; en segundo lugar, colocar el hecho de que un maestro diga que sus alumnos son unos vagos y el hecho de que un alumno apele a un profesor de puto reprimido de mierda al mismo nivel de gravedad.
Chorlito sabe bien que la mejor forma de que un menor gane una negociación es conseguir que todos los argumentos se igualen. Y no se equivoca. El jefe de estudios no desautoriza a su compañero profesor; pero tampoco desmiente con efectividad el argumento de que fue el primero en insultar. Finalmente, la solución es hacer como que nada de esto ha pasado. Pero sí ha pasado para uno, que es el maestro: ya no puede volver a llamar vagos a sus alumnos, pues eso sería reincidir en un error. Por lo que se refiere a los alumnos, saben que, si vuelven a llamarle puto reprimido de mierda, pasarán una de dos cosas: o un castigo leve (recuérdese el derecho comparado); o una nueva negociación.
Este Chorlito es el Chorlito que cualquier noche de su vida se va a un botellón a cualquier parque, observa a una titi que le hace tilín, se le acerca y, cuando ella lo manda a la mierda, se dedica a beber más, ponerse al borde del coma etílico, seguirla cuando se marcha a su casa de madrugada, trincarla en un rincón solitario del parque y violarla. ¿Por qué? Pues por razones cuatro:
1) Porque lo que quiere es follársela. Y a Chorlito lo que le ha enseñado la vida es a hacer lo que quiere.
2) Porque no tiene sensación de proporcionalidad de las acciones. Para él, violar a una tía es hacerla suya. Goger un polvo. Como ha cogido y hecho suyas un montón de cosas en los últimos diez años de vida, empezando por los cromos, siguiendo por el derecho a ver la tele hasta las doce, siguiendo por el derecho a fumar, siguiendo por el derecho a salir hasta la madrugada, etc., etc., etc. Si nunca ha tenido problemas para tomar todo eso, ¿por qué va a ser problemático echarle un cañete a una tía que no quiere follar con él?
3) Porque no tiene sensación de que sus acciones tengan consecuencias. Ni para él, ni para los demás. El día que insultó al maestro, Chorlito reflexionó exactamente dos nanosegundos sobre la posibilidad de que al maestro aquel insulto pudiera afectarle de alguna manera. Chorlito es un bebedor follador; el resto del mundo, los que no lo son, son pringaos. Y nadie piensa en los sentimientos de los pringaos.
4) Porque no se siente responsable. La vida le ha enseñado que todos los problemas terminan en negociaciones. Ha negociado tanto a lo largo de su vida que sabe ganarlas hasta dormido. No problemo. Si alguien se mosquea por la violación, ya negociará.
Eso sí: que nadie se altere, porque a Chorlito le han explicado, mil veces mil veces, tres cosas:
1) La importancia de no ser racista.
2) La importancia de respetar las opciones sexuales.
3) La importancia de conservar el medio ambiente.
Sic transit gloria mundi.
La vida de Chorlito comienza cuando tenía 8 años. Ese día, sus padres tenían que ir a visitar a un tedioso pariente al que Chorlito odiaba: su tía Abigail. Él dijo que no quería ir. Sus padres dijeron que tenía que ir. Chorlito se puso a berrear, a llorar y a gritar. Entonces comenzó la negociación. Primero, sus padres intentaron razonar con él: tu tía te quiere mucho, hay cosas que hay que hacer, etc. Pero Chorlito no se movió ni un ápice. Entonces su padre le ofreció un trato: si les acompañaba sin rechistar, ese fin de semana le llevaría a Faunia. Chorlito aceptó.
Ese día, Chorlito aprendió dos cosas. Una, que todo es negociable. Otra, que hasta la mayor de las gilipolleces del mundo tiene valor, y en ocasiones un valor inusitadamente elevado. Porque una entrada en Faunia, que lleva anexos un helado de fresa, pipas, una comilona de pizza y algún que otro regalito, sale por una pasta.
Un día, cuando Chorlito tenía diez años, un compañero de clase le cogió de la taquilla unos cromos de futbolistas. Cuando Chorlito los quiso recuperar, el amigo pretendió hacer valer que ésos no eran los de Chorlito, sino suyos. La respuesta de Chorlito fue arrearle una hostia a su compañero y saltarle sangre en la nariz.
Los profesores anunciaron a Chorlito que iban a llamar a su madre. En ese momento, Chorlito aprendió otra lección importante: en la vida, cuando das una hostia, te contestan inmovilizándote. Pero no te contestan como en el mundo infantil del que él provenía, es decir: devolviéndote la hostia.
Cuando llegó la madre de Chorlito le echó una bronca de la leche en el pasillo. Pero no le arreó ninguna hostia, con lo que Chorlito siguió considerando que, en la transacción, había un beneficio para él; tenía los cromos y además había arreado una buena hostia. Además, como la puerta del jefe de estudios se quedó entornada, escuchó con claridad a su madre preguntar, con malos modos, cómo era posible que las taquillas de los alumnos no tuviesen candados para impedir los robos.
Así pues, Chorlito acabó aprendiendo de aquella anécdota que él era un justiciero que había reclamado lo suyo, y su compañero, el de la nariz escachiforciada, un ladrón que con toda probabilidad se merecía lo que le pasó.
Cuando Chorlito aún tenía 11 años, sus padres se separaron. Eso cambió su ritmo de vida y también cambió a sus padres. Su padre siempre había sido sanguíneo y visceral; desde que Chorlito tiene memoria, lo recuerda al volante de su coche, motejando a todo aquél que no circulaba como es debido de gilipollas, hijo de puta, cabronazo, y otras expresiones de parecido jaez. Pero ahora ya no se trataba de la gente que se saltaba un ceda el paso. Se trataba de su madre, y de su padre. A todas luces, sus padres trataban de mantenerlo aislado de las cosas que decían. Pero es que sus padres, como todos los padres, no eran conscientes de las cosas de las que se entera un niño pequeño; que es pequeño, pero no gilipollas.
Así pues, Chorlito, que de alguna manera aún estaba en la edad en la que se adora a los padres, comenzó a escuchar cómo esos mismos padres se ponían de vuelta y media entre ellos. El gran clásico era la llamada al móvil de la madre en las últimas horas que le tocaban a su padre de estar con él; esa típica llamada de cuándo lo vas a traer, viene cenado, viene bañado, qué. El tono de su padre en la conversación lo decía todo. Y luego, los comentarios en voz baja al colgar. Al principio, sólo suspiros. Con el tiempo, palabras cada vez más gruesas. Hasta que, con el tiempo, su padre acabó por utilizar al colgar los mismos epítetos que siempre había dedicado al resto de conductores.
Por su parte, su madre, en los momentos en que estaba en casa tomando café y fumando con sus hermanas o sus amigas, solía hablar del padre de Chorlito. Delante del niño nunca lo citaba, pero a Chorlito le costaba medio segundo decodificar las miradas de presunta inteligencia que las contertulias se lanzaban al referirse a él para darse cuenta de que estaban hablando de su padre. Con apelativos bien parecidos a los que él utilizaba tras colgar el móvil.
Esto le sirvió a Chorlito para darse cuenta de que la violencia es una forma de relación, incluso entre quienes se aman, o se amaron. También aprendió que insultar no puede ser algo deplorable, pues las personas menos deplorables del mundo, sus padres, lo hacían constantemente, y refiriéndose el uno al otro.
Con trece años, le llegó a Chorlito la hora de estudiar medio en serio. Hasta entonces, la escuela le había dado la impresión de ser un sitio donde siempre se estaban repasando conocimientos ya conocidos, con alguna que otra novedad. Ahora, sin embargo, las novedades comenzaron a multiplicarse. El colegio compró los libros con que Chorlito tenía que estudiar. Los recibió nuevos el primer día de clase y, automáticamente, se aplicó a pintarrajearlos y dibujar imágenes, normalmente obscenas, por las esquinas en blanco del libro. Un profesor que le vio un día le regañó por guarrear el libro. Pero para entonces Chorlito ya había aprendido, a base sobre todo de centenares de negociaciones varias con sus padres, que al final, si aguantas un poco la brasa y la moralina de los cojones, acabas haciendo lo que te sale de los huevos. Aquella vez no fue una excepción: cuando el profesor se cansó de argumentar con él o simplemente se fijó en otra cosa, lo dejó en paz, y él siguió pintando en su libro.
Ese mismo profesor, en clase, les iba explicando la materia y, en cada momento, les señalaba la frase exacta del libro donde se describían las explicaciones. Chorlito aprendió pronto que estudiar consistía en demostrar que se habían leído esos subrayados. Demostrar que se habían leído, no que se hubieran comprendido o asimilado. Así, en el examen de lengua, repetía por escrito la frase de la página 76, según la cual la poesía del Movimiento Tal era «lírica y centrada en los problemas morales del hombre»; frase de la que entender, entender, lo que se dice entender, entendía más o menos un 30% de las palabras. Pero para él, examinarse era demostrar que se había leído la tal frase y se recordaba. Un día, la profesora de literatura les hizo leer en voz alta un poema del Movimiento Tal y trató de que los chicos explicasen qué quería decir la frase de la página 76 del libro aplicada a aquel poema concreto. No lo consiguió. A la semana siguiente lo intentó de nuevo, otra vez sin éxito. A la semana siguiente, ya estaban dando otra unidad.
Con trece años, Chorlito tenía sólo dos obsesiones: follar y pillarse una buena curda. En su mundo, las clases sociales se dividían prácticamente así: los vírgenes y abstemios, prácticamente personajes de ficción; los vírgenes bebedores, normalmente chicos poco agraciados o directamente guarros; los abstemios folladores, una estricta élite de chicos deportistas que cuidaban el cuerpo; y los bebedores folladores, la inmensa mayoría de creer sus relatos.
Cada vez que Chorlito se sentaba en casa frente al televisor a ver alguna de sus series de adolescentes preferida, aprendía que para triunfar en la vida hay que conseguir ser un bebedor follador. Factor común tabaco, obviamente, porque, desde luego, con trece años Chorlito había empezado a fumar, porque lo de no fumar es para deportistas, venusianos y algunos, no todos, ni siquiera la mayoría de los asmáticos. El día que su madre descubrió que Chorlito fumaba le quitó el tabaco y el mechero y los tiró a la basura; pero la segunda vez que se lo encontró, comenzó la negociación. Tal y como Chorlito había previsto, el resultado final del pacto fue, básicamente, que no fumase en aquellos lugares donde estaba su madre o estaba con su madre.
Chorlito sigue viendo la tele. En la tele, los bebedores folladores consumen más minutos de pantalla que nadie. Argumentalmente hablando, son los personajes más netos, los interpretados por los actores más populares o atractivos. Además, los bebedores folladores de la tele pueden ser malos, pero siempre el argumento se preocupa de dejar claro que hay alguna buena razón para que lo sean; son cabrones, pero cabrones con corazoncito. Y, a estas alturas de la vida, Chorlito ya ha aprendido que si tienes una razón de peso para ser un hijo de puta, estás perdonado. El malo no eres tú, sino tu pasado, o la sociedad que no te entiende, o sabe Dios quién; cualquiera, menos tú.
Así pues, Chorlito aprende con rapidez que hay que ser bebedor follador para estar en la casta adecuada. Todo eso requiere tiempo. Como el que tienen los personajes de la tele, a los que Chorlito ve pasar aventuras por la mañana, por la tarde, por la noche y en la madrugada, sin que exista la menor apariencia de que su vida esté constreñida por la más mínima regla. En la vida real, todo ese asunto de los horarios es, en realidad, muy fácil. Igual que lo de la visita a la tía coñazo aquélla de cuanto tenía ocho años. Todo consiste en dar la barrila hasta que la figura de autoridad, en el caso de Chorlito su madre, entra en la dinámica de negociar. Negociar, ya de por sí, supone establecer un mismo nivel para dos personas que antes estaban a distinto nivel. Chorlito, además, tiene la ventaja de tenerlo mucho más claro: para él, el beneficio alternativo tiene que superar a la putada de no dejarle salir. La que da la orden es su madre pero, de alguna manera, es él quien decide. Entre otras cosas, porque ahora es él quien domina los tiempos. En una orden, el que manda dice cuándo se ha acabado la discusión. Pero una negociación no termina hasta que los dos negociadores están de acuerdo en que termine. Así pues, todo consiste en prolongar las conversaciones hasta que la otra parte se canse.
En un viaje del colegio, a Chorlito y un grupo de amigos los pillan haciendo un botelloncito en una habitación del hotel. A la vuelta del viaje, los echan tres días. Chorlito no puede creerlo. Es como castigar a un asesino regalándole un Cadillac.
Con 16 años, Chorlito se enfrenta un día a su profesor en plena clase. El maestro les ha dicho que son todos unos vagos y Chorlito, que está opositando a líder de la manada, se levanta y le dice que a él no le insulta un puto reprimido de mierda. El maestro le dice que no le consiente que le hable así. Chorlito abre los brazos y le dice que qué va a hacerle, provocándolo. Y no le falta razón. Haciendo uso del derecho comparado, si un botellón en un viaje de paso del Ecuador vale tres días, llamarle a un profesor reprimido de mierda tiene que valer más o menos salir de clase y dar una vuelta a la manzana. Eso Chorlito lo sabe y, además, sabe otra cosa: que su profesor también lo sabe.
En consecuencia, se vuelve hacia sus compañeros y los solivianta. Todos se ponen contra el maestro. A duras penas, el profesor los acalla. Se marcha y vuelve con el jefe de Estudios. Tras veinte minutos de caótica explicación por parte de los alumnos de lo que ha pasado, explicación liderada por Chorlito, el jefe de estudios entra en la fase de negociación. Chorlito se frota las manos metafóricamente. Ya está en su terreno. Lleva la mitad de su vida negociando, y ganando las negociaciones a la postre. Ésta no es una excepción. El gran argumento de Chorlito es obvio: el profesor insultó primero. Siguiendo una técnica que tiene ampliamente depurada, de esta forma Chorlito consolida una doble argumentación: en primer lugar, establecer la relación entre el maestro y los alumnos como lo que es, es decir una relación entre iguales; en segundo lugar, colocar el hecho de que un maestro diga que sus alumnos son unos vagos y el hecho de que un alumno apele a un profesor de puto reprimido de mierda al mismo nivel de gravedad.
Chorlito sabe bien que la mejor forma de que un menor gane una negociación es conseguir que todos los argumentos se igualen. Y no se equivoca. El jefe de estudios no desautoriza a su compañero profesor; pero tampoco desmiente con efectividad el argumento de que fue el primero en insultar. Finalmente, la solución es hacer como que nada de esto ha pasado. Pero sí ha pasado para uno, que es el maestro: ya no puede volver a llamar vagos a sus alumnos, pues eso sería reincidir en un error. Por lo que se refiere a los alumnos, saben que, si vuelven a llamarle puto reprimido de mierda, pasarán una de dos cosas: o un castigo leve (recuérdese el derecho comparado); o una nueva negociación.
Este Chorlito es el Chorlito que cualquier noche de su vida se va a un botellón a cualquier parque, observa a una titi que le hace tilín, se le acerca y, cuando ella lo manda a la mierda, se dedica a beber más, ponerse al borde del coma etílico, seguirla cuando se marcha a su casa de madrugada, trincarla en un rincón solitario del parque y violarla. ¿Por qué? Pues por razones cuatro:
1) Porque lo que quiere es follársela. Y a Chorlito lo que le ha enseñado la vida es a hacer lo que quiere.
2) Porque no tiene sensación de proporcionalidad de las acciones. Para él, violar a una tía es hacerla suya. Goger un polvo. Como ha cogido y hecho suyas un montón de cosas en los últimos diez años de vida, empezando por los cromos, siguiendo por el derecho a ver la tele hasta las doce, siguiendo por el derecho a fumar, siguiendo por el derecho a salir hasta la madrugada, etc., etc., etc. Si nunca ha tenido problemas para tomar todo eso, ¿por qué va a ser problemático echarle un cañete a una tía que no quiere follar con él?
3) Porque no tiene sensación de que sus acciones tengan consecuencias. Ni para él, ni para los demás. El día que insultó al maestro, Chorlito reflexionó exactamente dos nanosegundos sobre la posibilidad de que al maestro aquel insulto pudiera afectarle de alguna manera. Chorlito es un bebedor follador; el resto del mundo, los que no lo son, son pringaos. Y nadie piensa en los sentimientos de los pringaos.
4) Porque no se siente responsable. La vida le ha enseñado que todos los problemas terminan en negociaciones. Ha negociado tanto a lo largo de su vida que sabe ganarlas hasta dormido. No problemo. Si alguien se mosquea por la violación, ya negociará.
Eso sí: que nadie se altere, porque a Chorlito le han explicado, mil veces mil veces, tres cosas:
1) La importancia de no ser racista.
2) La importancia de respetar las opciones sexuales.
3) La importancia de conservar el medio ambiente.
Sic transit gloria mundi.
lunes, julio 20, 2009
El oro (1)
Una de las mamoneces más al uso últimamente es la comparación, o mejor dicho el pretendido paralelismo, entre la actual crisis económica y la denominada crisis del 29. Hay muchas razones para sostener que ambas crisis se parecen poco, o nada. Pero en este artículo, o pequeña serie de artículos que aquí voy a tratar de bosquejar antes de que llegue el mes de agosto y la hora del silencio, me voy a centrar en uno. Un aspecto en el que la situación de 1929 y la situación actual no se parecen demasiado, por decirlo elegantemente. Me refiero al aspecto monetario.
Algo hemos escrito ya sobre el tema, aunque quizá centrado en el momento inmediatamente posterior a la crisis del 29 y la segunda guerra mundial. Esto, de alguna manera, enmascara una historia muy interesante, o al menos a mí me lo parece, que es la historia del patrón oro. Para contar la historia del patrón oro tendremos que centrarnos en un país que no es el nuestro: Inglaterra. Nosotros los españoles, ciertamente, hemos nadado en metales preciosos; pero éstos eran plata y no oro fundamentalmente y, además, en la era en que la convertibilidad de las monedas comenzó a preocupar a los economistas ya no decíamos gran cosa en el mundo económico. No obstante, os aseguro que la historia monetaria de España, notablemente en el siglo XIX, también es en sí misma muy interesante, así pues prometo contárosla cualquier otro día que os pille despistados. Pero hoy os voy a empezar a contar la historia monetaria inglesa. Una historia interesante en la que intervienen personajes como sir Isaac Newton. Para los más viejos: el de la manzana. Para los más jóvenes: el del Código da Vinci.
Vayamos a por ello, pues.
En el principio no fue el oro, sino la plata. Al principio de los principios, cuando sólo existía el trueque, lo que hacían las personas eran cambiar su riqueza. Tomaban su riqueza, por ejemplo en maíz, y buscaban alguien que tuviese riqueza en muebles para cambiar el maiz por una mesa de comedor. Pero muy pronto, el hombre fue tan rico que no pudo ir con su riqueza a cuestas; y, al mismo tiempo, ambicionó conseguir cosas que valían suficiente riqueza como para que no pudiese ser transportada por facilidad. Es en ese momento cuando nace del dinero. El dinero es como la imagen en un espejo: no eres tú, pero se te parece lo suficiente como para que a tu abuela, con ver la imagen del espejo, le baste para saber que eres tú el que está ahí. El dinero representa riqueza y es riqueza en sí mismo; aunque hoy, en realidad, ya sólo la representa, pues el valor real de las moneditas que llevamos en el bolsillo es muy pequeño.
Para poder acuñar dinero, fabricar dinero, hacía falta algo que existiese en suficiente abundancia como para poder representar toda la riqueza pero que, al mismo tiempo, no fuese tan común como para que cualquiera lo pudiese tener. Una economía basada en monedas de mierda, dicho sea en sentido literal, sería hiperinflacionaria y colapsaría en la ineficiencia, puesto que todo el mundo suele producir unas cuantas decenas de gramos de mierda diarios, distribuidos en entre una y tres entregas como media. Así pues, todo el mundo sería rico o más exactamente, podría ser rico en cuanto quisiera: le bastaría con sentarse a cagar.
Muy pronto en la Historia del hombre se llegó a la clara conclusión de que los metales preciosos, el oro y la plata, eran ideales para esta movida. En un principio, como digo, la plata tuvo más importancia, por ser un mineral relativamente más común que el oro, sobre todo en las zonas del mundo más civilizadas en aquellos primeros siglos.
Los ingleses, desde los tiempos de los reyes normandos, habían adquirido la costumbre de denominar a su penique de plata con el calificativo de esterlino, en inglés sterling o, más antiguamente, easterling. El penique de plata era tan común en la vida monetaria inglesa que su plural, sterlings, pasó a denominar a las monedas de plata en general.
La libra, como sabréis también, es una medida de peso, que importa más o menos la mitad de un kilo; si crees estar gordo, espera a que te den tu peso en libras, y ya verás la depre que te pillas. La libra esterlina, por lo tanto, se corresponde con el término de una libra de esterlinas, esto es, una libra de peniques de plata o de monedas de plata en general. Éste es el origen de la moneda que aún hoy manejaréis si os vais a Londres a pasar el rato o a vivir. Originalmente, la libra esterlina era un peso: medio kilo de monedas de plata. Con los años, el valor en sí se divorció del peso, y libra esterlina pasó a denominar únicamente dicho valor.
La guerra de las Dos Rosas, auténtica guerra civil inglesa que dejó el país que daba pena, supuso un colapso económico de grandes proporciones. En realidad, sólo algunas monedas de plata y oro sobrevivieron a la catástrofe, debido a su amplia difusión previa; en el caso de la plata, el penique y la denominada groat, que equivalía a 4 peniques; y en el del oro, el noble y el ángel.
El séptimo de los reyes de Inglaterra llamado Henry, el primer rey Tudor, introdujo el chelín y el soberano. Era necesaria esta introducción para poder simplificar la contabilidad de las operaciones. Las personas se habían acostumbrado a tomar la libra esterlina como medida de valor; en ese momento, la libra, debéis entenderlo, no era una moneda, sino un determinado valor. Las monedas existentes eran fracciones incómodas de la libra, por lo que se hizo necesario introducir monedas que se adaptasen mejor a dicho estándar. Así, el chelín, que pesaba 144 gramos de plata exactamente, se introdujo con un valor de 12 peniques de plata; mientras que la libra se establecía en un valor exacto de 20 chelines. Esta relación de valor entre las tres subdivisiones (240 peniques una libra, 12 peniques un chelín, un penique) fue introducida; probablemente, los hombres del rey no podrían imaginar que sobreviviría siglos.
El soberano, por su parte, tenía un peso de 240 gramos y fue emitido en 1489, hace ahora 620 años pues, y al valor exacto de una libra esterlina. Lo cual en la época era una jodida pasta. No la llamaron libra porque, como decía, el estándar de aquel entonces era la plata, y la moneda era de oro.
Si el sistema con las monedas de plata funcionaba, en el caso de las monedas de oro no fue tan así. Siendo el patrón de plata, el valor de este metal se veía influido por los vaivenes económicos, cosa que no le pasaba al oro, que tendía a tener su propia oferta y su propia demanda. Con el tiempo, la plata tendió a depreciarse y, puesto que las monedas de oro eran de oro, tendieron a apreciarse. Si a finales del siglo XV se había fijado el valor del soberano en 20 chelines, para el momento en que accedió al trono la reina virgen, Isabel, valía treinta. Por esa razón, el Estado inglés emitió entonces una moneda, la libra de oro, que de nuevo valía una libra exacta, pero pesaba 40 gramos menos que el soberano. El objetivo de los economistas isabelinos es que aquella libra de oro valiese una libra esterlina de plata para toda la vida de Dios pero, sesenta años después, abrumados por la ley de la oferta y la demanda y la puñetera tendencia que siempre hemos tenido los agentes económicos de hacer lo que nos sale del pie y no lo que se espera que hagamos, tuvieron que abandonar el proyecto.
En esos sesenta años (1544-1604), para mantener el valor en plata de la libra de oro, fue necesario acuñarla en pesos cada vez menores, pasando de 200 a 171 gramos de oro; y, aún así, al final del periodo incluso esas monedas más ligeras valían un 50% más de lo que debían. Después de aquella cagada, ya nunca más una moneda de oro llevaría el nombre de libra.
Por cierto, uno de los factores fundamentales que forzaron esta apreciación del oro fueron los apresamientos por parte de los corsarios ingleses de los barcos españoles que volvían de las Américas cargados de plata. Esos apresamientos suponían inyecciones en el sistema económico inglés de contingentes de plata tan enormes que el precio descendía, apreciando el oro. Esta abundancia, además, generó un fuerte proceso inflacionario que depreció notablemente el valor de los metales preciosos en general.
En 1604, el rey Jaime I intenta un nuevo juego revuelto emitiendo una nueva moneda de oro, la unidad, llamada así porque conmemoraba la unión de las coronas inglesa y escocesa. Esa moneda pesaba 154 gramos y tenía, de nuevo, el valor exacto de una libra. Seis años más tarde, ya valía una libra y dos chelines.
Carlos II se enfrentó al mismo cachondeo monetario que sus predecesores. Y tomó la misma medida que ellos, es decir, intentarlo con una nueva moneda. Por eso, acuñó la guinea, llamada así porque el oro usado para su acuñación venía de dicha zona de África. No obstante, Inglaterra tenía delante de sí el problema de volver a restaurar la confianza del sistema en las monedas de plata, afectadas por las continuas depreciaciones y la inflación. La restauración de las monedas de plata al peso estándar fue encargada en 1696 al matemático sir Isaac Newton, más conocido por otro tipo de labores. La Casa de la Moneda, de la que Newton fue nombrado gobernador, recuperó unos siete millones de libras en monedas de plata, las cuales habían perdido peso respecto de su estándar por valor de unos dos millones. En consecuencia, fueron emitidos unos 7 millones de libras.
Todo este proceso había durado siglos, durante los cuales los ingleses, y de paso todos los enterados y enteradillos en economía desde entonces, habían aprendido que es mucho más importante una unidad de cuenta que una moneda física. En todos esos años, lo que había permanecido estable, impasible el ademán, había sido la libra esterlina, la cual, lo recordaremos otra vez, aún no era una moneda, sino una simple relación de peso o de valor. La otra cosa de lo que parecían seguros los ingleses, especialmente después de que las reformas de Newton limpiaron, fijaron y dieron esplendor al sistema monetario basado en la plata, es que este metal había ganado la batalla al oro como patrón monetario. Sin embargo, en las siguientes décadas, los primeros años del siglo XVIII, el patrón plata se vería seriamente amenazado y vería cómo saltaban sus costuras. Y el agente de que esto ocurriese fue completamente inesperado. Hoy estamos muy acostumbrados a verlo, pero entonces nadie lo hubiera imaginado.
Pero esto lo contaremos el próximo día.
Algo hemos escrito ya sobre el tema, aunque quizá centrado en el momento inmediatamente posterior a la crisis del 29 y la segunda guerra mundial. Esto, de alguna manera, enmascara una historia muy interesante, o al menos a mí me lo parece, que es la historia del patrón oro. Para contar la historia del patrón oro tendremos que centrarnos en un país que no es el nuestro: Inglaterra. Nosotros los españoles, ciertamente, hemos nadado en metales preciosos; pero éstos eran plata y no oro fundamentalmente y, además, en la era en que la convertibilidad de las monedas comenzó a preocupar a los economistas ya no decíamos gran cosa en el mundo económico. No obstante, os aseguro que la historia monetaria de España, notablemente en el siglo XIX, también es en sí misma muy interesante, así pues prometo contárosla cualquier otro día que os pille despistados. Pero hoy os voy a empezar a contar la historia monetaria inglesa. Una historia interesante en la que intervienen personajes como sir Isaac Newton. Para los más viejos: el de la manzana. Para los más jóvenes: el del Código da Vinci.
Vayamos a por ello, pues.
En el principio no fue el oro, sino la plata. Al principio de los principios, cuando sólo existía el trueque, lo que hacían las personas eran cambiar su riqueza. Tomaban su riqueza, por ejemplo en maíz, y buscaban alguien que tuviese riqueza en muebles para cambiar el maiz por una mesa de comedor. Pero muy pronto, el hombre fue tan rico que no pudo ir con su riqueza a cuestas; y, al mismo tiempo, ambicionó conseguir cosas que valían suficiente riqueza como para que no pudiese ser transportada por facilidad. Es en ese momento cuando nace del dinero. El dinero es como la imagen en un espejo: no eres tú, pero se te parece lo suficiente como para que a tu abuela, con ver la imagen del espejo, le baste para saber que eres tú el que está ahí. El dinero representa riqueza y es riqueza en sí mismo; aunque hoy, en realidad, ya sólo la representa, pues el valor real de las moneditas que llevamos en el bolsillo es muy pequeño.
Para poder acuñar dinero, fabricar dinero, hacía falta algo que existiese en suficiente abundancia como para poder representar toda la riqueza pero que, al mismo tiempo, no fuese tan común como para que cualquiera lo pudiese tener. Una economía basada en monedas de mierda, dicho sea en sentido literal, sería hiperinflacionaria y colapsaría en la ineficiencia, puesto que todo el mundo suele producir unas cuantas decenas de gramos de mierda diarios, distribuidos en entre una y tres entregas como media. Así pues, todo el mundo sería rico o más exactamente, podría ser rico en cuanto quisiera: le bastaría con sentarse a cagar.
Muy pronto en la Historia del hombre se llegó a la clara conclusión de que los metales preciosos, el oro y la plata, eran ideales para esta movida. En un principio, como digo, la plata tuvo más importancia, por ser un mineral relativamente más común que el oro, sobre todo en las zonas del mundo más civilizadas en aquellos primeros siglos.
Los ingleses, desde los tiempos de los reyes normandos, habían adquirido la costumbre de denominar a su penique de plata con el calificativo de esterlino, en inglés sterling o, más antiguamente, easterling. El penique de plata era tan común en la vida monetaria inglesa que su plural, sterlings, pasó a denominar a las monedas de plata en general.
La libra, como sabréis también, es una medida de peso, que importa más o menos la mitad de un kilo; si crees estar gordo, espera a que te den tu peso en libras, y ya verás la depre que te pillas. La libra esterlina, por lo tanto, se corresponde con el término de una libra de esterlinas, esto es, una libra de peniques de plata o de monedas de plata en general. Éste es el origen de la moneda que aún hoy manejaréis si os vais a Londres a pasar el rato o a vivir. Originalmente, la libra esterlina era un peso: medio kilo de monedas de plata. Con los años, el valor en sí se divorció del peso, y libra esterlina pasó a denominar únicamente dicho valor.
La guerra de las Dos Rosas, auténtica guerra civil inglesa que dejó el país que daba pena, supuso un colapso económico de grandes proporciones. En realidad, sólo algunas monedas de plata y oro sobrevivieron a la catástrofe, debido a su amplia difusión previa; en el caso de la plata, el penique y la denominada groat, que equivalía a 4 peniques; y en el del oro, el noble y el ángel.
El séptimo de los reyes de Inglaterra llamado Henry, el primer rey Tudor, introdujo el chelín y el soberano. Era necesaria esta introducción para poder simplificar la contabilidad de las operaciones. Las personas se habían acostumbrado a tomar la libra esterlina como medida de valor; en ese momento, la libra, debéis entenderlo, no era una moneda, sino un determinado valor. Las monedas existentes eran fracciones incómodas de la libra, por lo que se hizo necesario introducir monedas que se adaptasen mejor a dicho estándar. Así, el chelín, que pesaba 144 gramos de plata exactamente, se introdujo con un valor de 12 peniques de plata; mientras que la libra se establecía en un valor exacto de 20 chelines. Esta relación de valor entre las tres subdivisiones (240 peniques una libra, 12 peniques un chelín, un penique) fue introducida; probablemente, los hombres del rey no podrían imaginar que sobreviviría siglos.
El soberano, por su parte, tenía un peso de 240 gramos y fue emitido en 1489, hace ahora 620 años pues, y al valor exacto de una libra esterlina. Lo cual en la época era una jodida pasta. No la llamaron libra porque, como decía, el estándar de aquel entonces era la plata, y la moneda era de oro.
Si el sistema con las monedas de plata funcionaba, en el caso de las monedas de oro no fue tan así. Siendo el patrón de plata, el valor de este metal se veía influido por los vaivenes económicos, cosa que no le pasaba al oro, que tendía a tener su propia oferta y su propia demanda. Con el tiempo, la plata tendió a depreciarse y, puesto que las monedas de oro eran de oro, tendieron a apreciarse. Si a finales del siglo XV se había fijado el valor del soberano en 20 chelines, para el momento en que accedió al trono la reina virgen, Isabel, valía treinta. Por esa razón, el Estado inglés emitió entonces una moneda, la libra de oro, que de nuevo valía una libra exacta, pero pesaba 40 gramos menos que el soberano. El objetivo de los economistas isabelinos es que aquella libra de oro valiese una libra esterlina de plata para toda la vida de Dios pero, sesenta años después, abrumados por la ley de la oferta y la demanda y la puñetera tendencia que siempre hemos tenido los agentes económicos de hacer lo que nos sale del pie y no lo que se espera que hagamos, tuvieron que abandonar el proyecto.
En esos sesenta años (1544-1604), para mantener el valor en plata de la libra de oro, fue necesario acuñarla en pesos cada vez menores, pasando de 200 a 171 gramos de oro; y, aún así, al final del periodo incluso esas monedas más ligeras valían un 50% más de lo que debían. Después de aquella cagada, ya nunca más una moneda de oro llevaría el nombre de libra.
Por cierto, uno de los factores fundamentales que forzaron esta apreciación del oro fueron los apresamientos por parte de los corsarios ingleses de los barcos españoles que volvían de las Américas cargados de plata. Esos apresamientos suponían inyecciones en el sistema económico inglés de contingentes de plata tan enormes que el precio descendía, apreciando el oro. Esta abundancia, además, generó un fuerte proceso inflacionario que depreció notablemente el valor de los metales preciosos en general.
En 1604, el rey Jaime I intenta un nuevo juego revuelto emitiendo una nueva moneda de oro, la unidad, llamada así porque conmemoraba la unión de las coronas inglesa y escocesa. Esa moneda pesaba 154 gramos y tenía, de nuevo, el valor exacto de una libra. Seis años más tarde, ya valía una libra y dos chelines.
Carlos II se enfrentó al mismo cachondeo monetario que sus predecesores. Y tomó la misma medida que ellos, es decir, intentarlo con una nueva moneda. Por eso, acuñó la guinea, llamada así porque el oro usado para su acuñación venía de dicha zona de África. No obstante, Inglaterra tenía delante de sí el problema de volver a restaurar la confianza del sistema en las monedas de plata, afectadas por las continuas depreciaciones y la inflación. La restauración de las monedas de plata al peso estándar fue encargada en 1696 al matemático sir Isaac Newton, más conocido por otro tipo de labores. La Casa de la Moneda, de la que Newton fue nombrado gobernador, recuperó unos siete millones de libras en monedas de plata, las cuales habían perdido peso respecto de su estándar por valor de unos dos millones. En consecuencia, fueron emitidos unos 7 millones de libras.
Todo este proceso había durado siglos, durante los cuales los ingleses, y de paso todos los enterados y enteradillos en economía desde entonces, habían aprendido que es mucho más importante una unidad de cuenta que una moneda física. En todos esos años, lo que había permanecido estable, impasible el ademán, había sido la libra esterlina, la cual, lo recordaremos otra vez, aún no era una moneda, sino una simple relación de peso o de valor. La otra cosa de lo que parecían seguros los ingleses, especialmente después de que las reformas de Newton limpiaron, fijaron y dieron esplendor al sistema monetario basado en la plata, es que este metal había ganado la batalla al oro como patrón monetario. Sin embargo, en las siguientes décadas, los primeros años del siglo XVIII, el patrón plata se vería seriamente amenazado y vería cómo saltaban sus costuras. Y el agente de que esto ocurriese fue completamente inesperado. Hoy estamos muy acostumbrados a verlo, pero entonces nadie lo hubiera imaginado.
Pero esto lo contaremos el próximo día.
viernes, julio 17, 2009
They boil beans everywhere
Contando con que es viernes, un día así como desestructurado, he pensado que voy a romper una pequeña lanza a favor de nuestro sistema educativo. Aprovechadlo, porque es más que probable que sea la única.
Sabido es que nuestros alumnos patrios están cada día peor preprarados y, consecuentemente, meten la gamba en los exámenes que es un gusto. Que haría falta mejorar la educación de los españolitos, es un hecho. Pero también es cierto que, en esta carrera a ver quién dice la burrada más fiera, no están solos.
He pasado un rato leyendo en la red sobre animaladas cometidas por alumnos angloparlantes. En la mayor parte de los casos, cosa que ocurre también en España, el rey del error es el uso incorrecto de una palabra que el estudiante cree designa lo que le han explicado o ha leído, cuando en realidad no es así. Aquí os dejo, para relajar el día, una pequeña antología de estas caralladas, obviamente centrada en la materia de Historia. Espero que la disfrutéis.
Los antiguos egipcios vivían en el desierto de Sara (Sarah por Sahara).
Asimismo, viajaban en camelots (camelot por camel, camello).
Los campos de Egipto se cultivaban mediante irritación (irritation por irrigation).
Las Pirámides son la cordillera que separa España de Francia (Pyramids por Pyrenees, Pirineos).
El primer libro de la Biblia tiene toda la pinta de haber sido patrocinado por una marca de cerveza, puesto que se llama Guinnesses, o sea, Libro de las Guinness (por Genesis).
Dios ordenó a Abraham que sacrificase a su hijo Isaac en el monte Moctezuma (¿ein?).
Moisés tuvo que luchar contra un pueblo aficionado a los sellos, los Filatélicos (Philatelists por Philistines, filisteos). Desgraciadamente para él, murió antes de llegar a Canadá (Canada por Canaan)
El rey Salomón tuvo 500 esposas y 500 puercoespines (porcupine, por concubine, concubina).
La doctrina por cual los cristianos creen que María dio a luz a Jesús sin intervención del hombre se conoce como El Inmaculado Chirimbolo (the Inmaculate Contraption por the Inmaculate Conception). Jesucristo, su hijo, dejó importantes mensajes a la Humanidad, tal como «no es bueno que el hombre sude solo» (Man doth not live by sweat alone). Uno de los grandes seguidores de Jesucristo fue San Mateo, que era taxista (en realidad, se trata de San Pablo; pero no era taxista, taximan, sino recaudador de impuestos, taxman). Según la doctrina cristiana, los hombres sólo pueden tener una esposa, lo cual se conoce como monotonía (monotony, por monogamy, monogamia).
Los antiguos griegos tenían mitos, es decir polillas de sexo femenino (polilla es moth, y mito es myth).
Sócrates murió por una sobredosis de himeneo (el estudiante usa la palabra wedlock, que es una forma anticuada de referirse al matrimonio. Confunde la palabra con hemlock, que es el nombre de la planta de cicuta, de donde se extrae el veneno que bebió Sócrates).
Los griegos guerrearon contra los parisinos (Parisians por Persians). Pero finalmente cayeron, como dice Radio Futura, enamorados de la moda juvenil, y fueron invadidos por Los Ramones (Ramons por Romans).
Martín Lutero fue clavado a las puertas de la iglesia de Wittenberg por vender bulas papales.
Juana de Arco fue encañonada por George Bernand Shaw. En realidad, la palabra usada por el estudiante, cannonized, no existe. Pero, al poner dos enes, hace que la palabra no proceda de canon (canonizar), sino de cannon, cañón. Lo de Shaw no me lo explico del todo, pues Juana de Arco fue canonizada por Benedicto XV. Quizá sea porque Shaw escribió un libro sobre ella.
La marina inglesa derrotó, en tiempos de la reina Isabel, a un armadillo español (Spanish Armadillo por Spanish Armada). En aquellos tiempos, sir Francis Drake circuncidó el mundo (este error lo cometen también los alumnos españoles, sólo que con Elcano).
El mayor escritor del Renacimiento es Agitalanzas (Shakespear), quien fue contemporáneo de Miguel de Cervantes, que escribió El Burro Hote (Donkey Hote).
Una de las razones por las que surgió la independencia de los EEUU fue porque los ingleses se empeñaron en poner tacos mezclados en el té que exportaban a las colonias (en realidad no fueron tacos, o sea tacks, lo que pusieron; sino impuestos, o sea taxes). Luego llegó Thomas Jefferson, que era virgen (Virgin por Virginian, virginiano o de Virginia).
Abraham Lincoln es considerado el mejor precedente de América (precedent por president). Su frase más famosa es: «La cebolla hace la fuerza» (In onion there’s strength, en lugar de In union there’s strength, o sea la unión hace la fuerza). Asimismo, propugnó la Proclamación de Castración (Emasculation Proclamation por Emancipation Proclamation).
Napoleón fue vencido en España por gorilas que bajaron de las montañas (gorrila por guerrilla).
La reina Victoria estuvo 63 años sentada encima de una espina (thorn por throne, trono).
Cyrus McCormick inventó el violador mecánico (Mechanical raper, que viene de rape, violar; por Mechanical reaper, cosechadora).
El Loco Curie descubrió el radio (Madman Curie por Madam Curie).
Sabido es que nuestros alumnos patrios están cada día peor preprarados y, consecuentemente, meten la gamba en los exámenes que es un gusto. Que haría falta mejorar la educación de los españolitos, es un hecho. Pero también es cierto que, en esta carrera a ver quién dice la burrada más fiera, no están solos.
He pasado un rato leyendo en la red sobre animaladas cometidas por alumnos angloparlantes. En la mayor parte de los casos, cosa que ocurre también en España, el rey del error es el uso incorrecto de una palabra que el estudiante cree designa lo que le han explicado o ha leído, cuando en realidad no es así. Aquí os dejo, para relajar el día, una pequeña antología de estas caralladas, obviamente centrada en la materia de Historia. Espero que la disfrutéis.
Los antiguos egipcios vivían en el desierto de Sara (Sarah por Sahara).
Asimismo, viajaban en camelots (camelot por camel, camello).
Los campos de Egipto se cultivaban mediante irritación (irritation por irrigation).
Las Pirámides son la cordillera que separa España de Francia (Pyramids por Pyrenees, Pirineos).
El primer libro de la Biblia tiene toda la pinta de haber sido patrocinado por una marca de cerveza, puesto que se llama Guinnesses, o sea, Libro de las Guinness (por Genesis).
Dios ordenó a Abraham que sacrificase a su hijo Isaac en el monte Moctezuma (¿ein?).
Moisés tuvo que luchar contra un pueblo aficionado a los sellos, los Filatélicos (Philatelists por Philistines, filisteos). Desgraciadamente para él, murió antes de llegar a Canadá (Canada por Canaan)
El rey Salomón tuvo 500 esposas y 500 puercoespines (porcupine, por concubine, concubina).
La doctrina por cual los cristianos creen que María dio a luz a Jesús sin intervención del hombre se conoce como El Inmaculado Chirimbolo (the Inmaculate Contraption por the Inmaculate Conception). Jesucristo, su hijo, dejó importantes mensajes a la Humanidad, tal como «no es bueno que el hombre sude solo» (Man doth not live by sweat alone). Uno de los grandes seguidores de Jesucristo fue San Mateo, que era taxista (en realidad, se trata de San Pablo; pero no era taxista, taximan, sino recaudador de impuestos, taxman). Según la doctrina cristiana, los hombres sólo pueden tener una esposa, lo cual se conoce como monotonía (monotony, por monogamy, monogamia).
Los antiguos griegos tenían mitos, es decir polillas de sexo femenino (polilla es moth, y mito es myth).
Sócrates murió por una sobredosis de himeneo (el estudiante usa la palabra wedlock, que es una forma anticuada de referirse al matrimonio. Confunde la palabra con hemlock, que es el nombre de la planta de cicuta, de donde se extrae el veneno que bebió Sócrates).
Los griegos guerrearon contra los parisinos (Parisians por Persians). Pero finalmente cayeron, como dice Radio Futura, enamorados de la moda juvenil, y fueron invadidos por Los Ramones (Ramons por Romans).
Martín Lutero fue clavado a las puertas de la iglesia de Wittenberg por vender bulas papales.
Juana de Arco fue encañonada por George Bernand Shaw. En realidad, la palabra usada por el estudiante, cannonized, no existe. Pero, al poner dos enes, hace que la palabra no proceda de canon (canonizar), sino de cannon, cañón. Lo de Shaw no me lo explico del todo, pues Juana de Arco fue canonizada por Benedicto XV. Quizá sea porque Shaw escribió un libro sobre ella.
La marina inglesa derrotó, en tiempos de la reina Isabel, a un armadillo español (Spanish Armadillo por Spanish Armada). En aquellos tiempos, sir Francis Drake circuncidó el mundo (este error lo cometen también los alumnos españoles, sólo que con Elcano).
El mayor escritor del Renacimiento es Agitalanzas (Shakespear), quien fue contemporáneo de Miguel de Cervantes, que escribió El Burro Hote (Donkey Hote).
Una de las razones por las que surgió la independencia de los EEUU fue porque los ingleses se empeñaron en poner tacos mezclados en el té que exportaban a las colonias (en realidad no fueron tacos, o sea tacks, lo que pusieron; sino impuestos, o sea taxes). Luego llegó Thomas Jefferson, que era virgen (Virgin por Virginian, virginiano o de Virginia).
Abraham Lincoln es considerado el mejor precedente de América (precedent por president). Su frase más famosa es: «La cebolla hace la fuerza» (In onion there’s strength, en lugar de In union there’s strength, o sea la unión hace la fuerza). Asimismo, propugnó la Proclamación de Castración (Emasculation Proclamation por Emancipation Proclamation).
Napoleón fue vencido en España por gorilas que bajaron de las montañas (gorrila por guerrilla).
La reina Victoria estuvo 63 años sentada encima de una espina (thorn por throne, trono).
Cyrus McCormick inventó el violador mecánico (Mechanical raper, que viene de rape, violar; por Mechanical reaper, cosechadora).
El Loco Curie descubrió el radio (Madman Curie por Madam Curie).
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