lunes, junio 07, 2010

Pistoleros de leyenda: Butch Cassidy

En 1902, durante su traslado a Sudamérica, Robert LeRoy Parker, alias William T. Philips, alias George Cassidy y alias, sobre todo, Butch Cassidy, pasó por las Islas Canarias. Con ello, Butch se convirtió, probablemente, en el único gran pistolero de leyenda del Lejano Oeste que alguna vez estuvo en España.

Robert nació el 13 de abril de 1866 en Beaver, Utah. Su familia paterna había emigrado a este Estado siguiendo la estela mormona. En 1879 la familia, que ya contaba 13 miembros, se mudó a un rancho en Circleville. Era aquella una zona donde deambulaban los rufianes de gatillo fácil, y Robert desarrolló una admiración sin límites por uno de ellos, Mike Cassidy, quien le regaló una silla de montar y un revólver. Así las cosas, con 16 años Parker dejó el hogar familiar y se alistó en la banda de Cassidy, donde llegó a ser el brazo derecho del jefe.

En 1887 lo encontramos participando en el asalto fallido a un tren en Colorado, y dos años después en atracos a bancos en Denver y Telluride, Colorado. Para evitar la persecución policial, quien entonces se hacía llamar George Cassidy se estableció pacíficamente durante un tiempo en Wyoming. Concretamente, trabajó en la tienda de un carnicero (butcher), de donde le procede el apodo que le haría inmortal. Trató de tener una vida honrada, pero en 1892 ya había regresado al robo y se encontraba retenido. En 1894, fue condenado a dos años de prisión gracias sobre todo al testimonio de un ranchero, Otto Franc, quien en 1903 murió en un extraño tiroteo que nunca se aclaró.

Es en 1896, cuando es liberado, cuando Butch Cassidy monta su famosa Pandilla Salvaje o Wild Bunch. Sus compañeros eran Harvey Logan, Harry Longabaugh, alias The Sundance Kid, Ben Kilpatrick, Elzy Lay, Harry Tracy and Big Nose George Curry. Con esta banda, Cassidy se dedicó a asaltar trenes y bancos. De cuando en cuando, la banda dejaba de «trabajar» para irse de vacaciones, que solían pasar juntos. De una de estas vacaciones es de donde data esta foto. Sentados y de izquierda a derecha, Longabaugh, Kilpatrick y Cassidy; y de pie, Will Carver y Harvey Logan.




Asimismo, tal y como se refleja en la famosa película de cine sobre su vida, durante estas pausas Butch visitaba a diversas amantes, entre ellas, fundamentalmente, Mary Boyd.

A pesar de que Cassidy trató de esconderse detrás de oficios legales, llegando a trabajar incluso en un barco fluvial, la policía le estrechaba el cerco y, por eso, en 1902, Butch, The Sundance Kid y la piba de éste, Etta Place, deciden irse a Suramérica, aunque Cassidy hizo aquel trayecto pasando por Liverpool y las Canarias.

En Argentina, el trío puso en marcha una granja de ovino y bovino, cuyos productos vendían en las minas de Chile. Etta comenzó a sufrir ataques de apendicitis, así que en 1907 Longabaugh se la llevó a Denver para que la operasen. Una vez que volvió, los dos amigos decidieron volver a delinquir, de donde cabe sospechar que la decisión de ser granjeros era, en realidad, una decisión de Etta. Se trasladaron a Bolivia, donde comenzaron a desarrollar el negocio del atraco de bancos y de convoyes con nóminas. En 1908, los soldados bolivianos los encontraron porque pararon en un pueblo a comer, y un chico de la calle reconoció la mula de uno de sus amigos, que los americanos habían robado. En el enfrentamiento, el Sundance Kid resultó muerto. Cassidy, sin embargo, logró escapar y regresar a Estados Unidos. Se estableció en Des Moines, Iowa, pretendiendo ser el ingeniero William Thadeus Philips. Se casó con Gertrude Livesay.

La pareja se trasladó a Globe, Arizona, donde Cassidy se alquiló como mercenario en la revolución mexicana. Sin embargo, en 1910, la vida de Cassidy había cambiado radicalmente. Se estableció en Spokane, Washington, y creó una compañía que fabricaba y vendía máquinas de calcular y otros equipos de negocios. El negocio le salió extraordinariamente próspero. Así pues, el hombre que de joven había robado los mejores caballos, ahora se compraba los mejores coches.

En los años siguientes, Cassidy visitaría los lugares donde había sido un bandido, buscando, sin éxito, trazas de su Pandilla Salvaje. También se volvió a ver con Mary Boyd, el verdadero amor de su vida, quizá porque fue la única mujer que no se empeñó en que dejara de ser un ladrón.

Con la Gran Depresión, el negocio de Cassidy quebró. En 1934, intentó publicar un manuscrito sobre su vida, sin éxito. Para entonces, sin embargo, ya estaba enfermo de cáncer, enfermedad que lo mató en 1937.