miércoles, junio 02, 2010

Pistoleros de leyenda: Billy the Kid

Tengo la sensación, pero obviamente sólo es eso, de que los pistoleros del Oeste ya no son lo que eran. Para las personas de mi generación y anteriores, el pistolero es, en buena medida, el gran héroe de la infancia. Como Felipe, el atormentado amigo de Mafalda, todos hemos soñado, no una, sino mil veces, con ser El Chico de Montana y apiolarnos a los malos a la salida del saloon con nuestra Colt 45 de seis tiros. Una pregunta para sociólogos es si eso, realmente, ha desaparecido. Puede pensarse que sí, o puede pensarse que no. Al fin y al cabo, los héroes de, un suponer, Gears of War, ¿qué son sino pistoleros modernos?

Más allá de estas technicalities, lo cierto es que el imaginario de los pistoleros del Oeste ha presidido las vidas de buena parte de niños y no tan niños, y desde luego no sólo en los Estados Unidos. Por lo cual ellos son parte de nuestra Historia. Pero, ¿hasta qué punto son Historia?

La respuesta, al menos por mi parte, es: lo son. Sin duda, hay una Historia de los pistoleros. Pero, sin embargo, esa Historia no es tal y como nosotros la imaginamos.

Lo primero que tenéis que hacer si queréis acercaros al fenómeno de los pistoleros del Far West es borrar de vuestra memoria la imagen de dos tipos de nervios de acero acercándose lentamente el uno al otro en una calle desierta, compitiendo a ver quién es el primero que saca el arma y dispara, o lo hace más rápido. Olvidaros de eso. La principal herramienta de un buen pistolero no era la rapidez, sino la puntería. El mejor pistolero era el que acertaba en el primer disparo en algún sitio, a ser posible definitivo, no el que sacaba antes. También deberéis olvidaros de las cartucheras. Si pudiéseis viajar en el tiempo y poder ver con vuestros propios ojos a Wyatt Earp, o a los hermanos Dalton, o a Billy the Kid, les veríais llevando sus armas en bolsillos o cinturones, rara vez en cartucheras; y, como le ocurre a William Manning, el pistolero encarnado por Clint Eastwood en Sin perdón, observaríais que la mayoría de ellos preferirían un rifle a un revólver. Y su principal preocupación no sería sacar primero, ni siquiera acertar en algún sitio importante; la función del primer tiro de un pistolero era, simple y llanamente, dar. Porque 999 de cada 1.000 veces que un humano, por muy campeón olímpico de tiro que quiera ser, saca su arma inopinadamente y dispara sin apenas poder pensar, le acierta a Venus, no, desde luego, a su objetivo. Por ello, lo importante era acertar, aunque fuese en un dedo del pie.

Otra cosa a la que deberéis acostumbraros es a restar o, mejor que mejor, a dividir. Vuestros amigos los pistoleros no fueron, en modo alguno, tan sanguinarios como pretenden los mitos que algún día leísteis en los tebeos que, por otra parte, no hacían sino eco de mitos que están bien consolidados en el inconsciente colectivo del Sur americano. A Guillermito el Niñato, por ejemplo, se le atribuyen 21 muertes sin contar mexicanos; pero, en realidad, apenas mató a cuatro personas. Hay ejemplos más radicales: Bat Masterson, por ejemplo, sólo mató a un hombre en toda su vida; y no sólo eso, es que apenas participó en tres tiroteos. Los pistoleros no se pasaban la vida disparando. Ni de coña. De hecho, el más sanguinario pistolero que reconocen las estadísticas históricas, Jim Miller, mató a doce personas, aproximadamente la mitad de lo que se le atribuye a Billy y casi la cuarta parte de los que se le señalan a Wes Hardin. A Pat Garret se le atribuyen dos muertes, y al Sundance Kid, ninguna.

Según los estudios que he podido consultar, algo más de la mitad de los pistoleros «censados» por los historiadores murieron en tiroteos, y un exiguo 5,5% murió ejecutado (aunque eso, obviamente, no cuenta a los que, como Billy the Kid, estuvieron en capilla para ser ahorcados). Uno de cada cuatro, como mínimo, murió de muerte natural e incluso alguno, como el peripatético George Coe, tuvieron largas vidas. Entre las profesiones conocidas por los pistoleros, la de agente de la autoridad es la más frecuente, seguida, cómo no, de cow boy o ranchero. En esto sí que el mito ha sido bastante preciso. Pero hay en la nómina de pistoleros conocidos oficios tan poco violentos, teóricamente, como los de director de escuela o maestro, ejecutivo de seguros, médico o pastelero. Tan sólo uno de cada diez pistoleros, más o menos, fue jugador de fortuna al estilo de Mel Gibson en Maverick.

Espero poder hacer unos cuantos retratos de pistoleros de leyenda. Y voy a empezar por Henry McCarty, alias William Booney, alias Henry Artrim, alias Kid Artrim, alias William Artrim o, como es más conocido, Billy the Kid. Nosotros le solemos llamar Billy el Niño.

Billy nació en Indiana, o tal vez en Nueva York en 1859, y moriría en Fort Sunner, Nuevo México, el 14 de julio de 1881. Durante la guerra civil, la familia McCarty se mudó a Kansas y luego, a la muerte del padre, a Nuevo México, donde la madre de Billy se casó con William Atrim. La familia se estableció en Silver City.

Después de verse envuelto en algunos pequeños robos, que le llevaron a la cárcel de la que logró escapar, la carrera de Billy el Niño comienza en 1877, con el asesinato, en el saloon de George Adkins en Fort Grant, de F. P. Cahill. Cahill era un herrero con el que Billy, que tenía 17 años, discutió. El herrero le empujó al suelo y una vez ahí, le arreó una hostia en la cara, motivo por el cual el niño sacó un revólver y le disparó a quemarropa. Acusado por el asesinato, escapó a Nuevo México, donde pasó un tiempo cazando con otro curioso pistolero, George Coe, que sería el gran instigador de la conocida como Guerra de Licoln Country (en la que se enfrentó a las autoridades, que le habían encarcelado y torturado injustamente) y que años después se convertiría al cristianismo y colgaría las pistolas; no sin compartir antes diversos tiroteos con Billy.

El ambiente del siempre inestable Lincoln Country le gustó a Billy, motivo por el cual se empleó en el rancho allí situado propiedad de John Tunstall. El asesinato de este ranchero inglés, que se produjo prácticamente delante del propio Billy, desencadenó una guerra a gran escala en el condado, en la que el Niño participó buscando venganza. Billy estaba en el pequeño comando pistolero dirigido por Dick Brewer, capataz de Tunstall, que se cargó a tres miembros del otro bando ranchero, y organizó y lideró la emboscada en la que murieron el sheriff William Brady y su adjunto George Hindman. Asimismo, participó en la que se conoce como batalla de Blazer's Mill. Estos hechos ocurrieron cuando una serie de pistoleros de Tunstall pararon a almorzar en Blazer's Mill y fueron descubiertos por un hombre del bando contrario, Buckshot Roberts. Charlie Bowdre, Henry Brown y el futuro creyente George Coe lo rodearon y le conminaron a rendirse. Pero Roberts contestó alzando su rifle y empezando a disparar. Consiguió herir a Coe y a otro miembro de la partida, John Middleton, que estaba cerca, pero fue asimismo herido por Bowdre. Así las cosas, se hizo fuerte dentro de un edificio. Dick Brewer, el capataz también presente, intentó buscar una posición elevada desde donde disparar, pero Roberts le descubrió y le disparó, acertándole en la cabeza. En ese momento, el resto de los compañeros de Brewer decidieron marcharse, dejándolo allí agonizar.

En julio de 1878, Billy the Kid y su gente huían desesperadamente de las autoridades que les perseguían y, finalmente, se rindieron a cambio de que el gobernador, Lew Wallace, les garantizase amnistía. Sin embargo, poco acostumbrado a las lentitudes y plazos de los trámites burocráticos, acabó desesperándose y huyendo del condado de Lincoln para formar una pequeña banda junto con conocidos forajidos de la época como Dave Rudabaugh, Charlie Bowdre y Tom O'Folliard, con la que realizó acciones que llegaron hasta Texas, entre las cuales se incluye el asesinato del jugador Joe Grant y su escapatoria de una emboscada que le montó Pat Garret, en Greathouse Ranch, White Oaks.

Lo de Grant fue en el saloon de Bob Hargrove en Fort Summer y lo cito porque tuvo elementos de película. Alguien contó a Billy que un tipo borracho, Joe Grant, se había propuesto matarlo. Entonces Billy se le acercó y le pidió el revólver para admirarlo. Cuando lo estaba mirando, observó que sólo tenía tres balas puestas en el tambor, así pues dejó el arma de manera que el siguiente disparo se produjese en una cámara vacía. Luego Grant le desafió, sacó su revólver, lo puso frente al rostro de un estólido Billy, y disparó. Pero no pasó nada. Bueno, sí pasó. Pasó que Billy ya tenía su revólver en la mano, y acabó con él.

No obstante, Garret le persiguió, por lo que Billy finalmente tuvo que rendirse y fue encarcelado en Lincoln, en 1880. Algunos meses después, mató a dos guardias, J.W. Bell y Bob Olinger, y se escapó. Pero, tras unos pocos meses de acción, Garret lo localizó y acabó con él.

Billy llevaba meses escondido en una granja de corderos, que abandonaba de vez en cuando para ir a ver a una amante llamada Celsa Gutiérrez. En una de esas visitas fue localizado por la partida formada por Pat Garret, John Poe y Tip McKinney. No obstante, en su inicio no lo reconocieron.

A medianoche, parcialmente desnudo después de haber pasado la tarde con Celsa y no precisamente jugando al scrabble, sintió hambre, así que cogió su rifle y un cuchillo carnicero y salió en calcetines camino de la casa de Pete Maxwell, para pedirle la llave de la despensa de carne. En el camino vio a Poe y a McKinney, que esperaban fuera de la casa mientras Garrett preguntaba a Maxwell si había visto al niño. En ese momento, Billy preguntó, en voz alta y en español, quién estaba ahí, y al no recibir respuesta amartilló su arma y entró en la casa, que estaba a oscuras. Garret lo esperó tumbado en la cama. Billy repitió la pregunta al tenue bulto que podía ver y, como no le contestara, comenzó a recular hacia la puerta. Pero, en ese momento, Garret le disparó dos veces y se escabulló. El primero de los tiros mató a McCarty en el acto, porque le acertó en el corazón.

Al día siguiente, se fabricó un modesto ataúd, en el que Billy fue enterrado en el cementerio local, entre sus dos antiguos compañeros Tom O'Folliard y Charlie Bowdre.

Y así terminaron los días reales de Billy el Niño.