lunes, mayo 11, 2009

Mr Martin "No Idea" Amis

Hay un dicho tradicional que sostiene que la ignorancia es atrevida. Es falso. No es cierto que quien no sabe de lo que está hablando se desempeñe con temeridad al hablar de la cierta cosa. El peligro no está ahí, porque el ignorante que lo es y lo sabe se refugia en medias palabras, conceptos hueros o, en general, rehúye la valoración, a sabiendas de que no va a poder defender sus tesis si son atacadas.

El problema está en el ignorante que desconoce su condición de tal. El tipo que ha estudiado un par de párrafos y piensa que ha descubierto las fuentes del Nilo en el patio de su casa porque el libro dice que en las tales fuentes del Nilo mana agua y ve salir el líquido elemento de su estrecha manguera amarilla. Un ejemplo muy habitual de ignorante, habitual en nuestra historiografía, es el ignorante extranjero. Foráneos que han hecho esfuerzos notables, en ocasiones ciclópeos, por conocer y absorber los hechos históricos de España, los hay a capazos. Son toda una escuela que es una delicia leer. Pero, entre tanto acierto, algún que otro errorcillo se tenía que colar.

El escritor británico Martín Amis acaba de perpetrar una de estas gilipolleces propia de conocedor más o menos parcial de las cosas. Ha dicho que habría que agradecerle a ETA el atentado contra Carrero Blanco porque con el mismo eliminó al sucesor del dictador. Y se ha quedado tan pancho. Cosa que no me extraña, porque la dicha declaración huele a valoración de alguien que se ha documentado probremente sobre la materia que juzga. Lo cual lo mismo no es cierto. Pero es que si ésta es una documentadísima opinión, es aún más preocupante su insoportable levedad.

Factores que operan, a mi modo de ver, en contra de la teoría de Amis.

1.- El franquismo puede verse o bien como un régimen unipersonal y por lo tanto vinculado a la persona de Franco, o bien como un régimen cuyo principal valedor fue el ejército. En el primero de los casos, entonces, lo que mató al franquismo fue la muerte de Franco, no la de Carrero; y a Franco, a menos que los terroristas vascos encontrasen la forma de inocular los fracasos orgánicos agudos por control remoto, no lo mató la ETA. En el caso de que veamos el franquismo como un régimen militar, entonces todos sabemos lo que pasa cuando en una trinchera muere el coronel: que lo sustituye el comandante. Y si el comandante vuela por los aires, lo sustituye el teniente coronel.

2.- En coherencia con el final del punto 1, Franco tuvo, tras la muerte de Carrero, tiempo sobrado para nombrar a un nuevo Carrero. De hecho, lo tuvo pensado en la persona del almirante Nieto Antúnez, cuyo perfil personal era muy parecido al de Carrero (en fidelidad al franquismo, me refiero); e incluso de José Antonio Girón. Quienes impidieron que nombrase a un nuevo Carrero no fueron los terroristas de la ETA. Fueron los azules, o franquistas partidarios de que el franquismo muriese con el Caudillo y evolucionase a una democracia plena, los cuales acabaron por imponerle a Carlos Arias, probablemente con el truqui de metener en el grupo de candidatos a Carlos Fraga, al que Franco no quería nombrar ni aunque le colgaran de los pulgares.

3.- Franco no llegó a su muerte en 1975 sin haber designado sucesor después de Carrero, por el simple hecho de que su sucesor no era Carrero. Su sucesor se llamaba Juan Carlos de Borbón y como tal había sido designado en 1969, después de un lento y trabajoso proceso de años en el que al Caudillo le fue quedando claro que la única forma de no forzar la desafección de los elementos más democráticos de su régimen era realizar dicha designación. En una hipotética convivencia entre el rey y un Carrero presidente del gobierno, evidentemente la maquinaria del poder habría estado con el primero. En lo que Franco confiaba (es la esencia de su famoso «atado y bien atado») era en dejar a Juan Carlos constreñido y condicionado por un entramado de instituciones franquistas, notablemente el Consejo del Reino, el del Movimiento y las Cortes, que le impedirían llegar lejos en las reformas democráticas. Lo que pasó, no ya entre 1973, año de la muerte de Carrero, y 1975, año de la de Franco, sino por lo menos desde 1970 si no antes, es que incluso en esas salas de máquinas del franquismo, los franquistas relapsos comenzaron a quedarse en minoría. Minoría que Carrero habría experimentado sin ningún lugar a dudas.

4.- En su único gobierno, Luis Carrero Blanco confió en elementos del régimen (faltaría más), pero algunos de los cuales, y muy especialmente Torcuato Fernández Miranda, acabarían guiando al rey en su camino hacia la democracia. El gobierno Carrero está muy lejos de ser un gobierno bunkerizado, irredento en el franquismo más cerril, que podría haber formado si hubiese querido pues tan sólo tenía que nombrar 20 ministros y en aquella España quedaban muchos, muchísimos más de 20 franquistas desde la f hasta la s. Que el propio Carrero tuviera que echar mano de los elementos aperturistas, cuando presuntamente (así, al menos, cabría deducir de las palabras de Amis) su gobierno fue formado para sostenella y no enmendalla, lo dice todo de las leches que había ya, para entonces, en el seno del Movimiento; y que pueden seguirse con cierta nitidez si se estudia, por ejemplo, el proceso de creación de las famosas asociaciones politicas consecuencia del Espíritu del 12 de febrero.

5.- En los libros está además la información de que el propio príncipe había hablado ya con Carrero, conminándole a que no fuese un obstáculo para la democratización de España, algo a lo que Carrero le había dicho que sí. Y tiene lógica que se lo dijera, porque si hay momentos para coger el canasto de las chufas y liarse a hostias, y si Carrero y quienes pensaban como él pudieron pensar en julio del 36 que ese momento estaba agraz, desde luego en la primera mitad de los años setenta del siglo XX tenían muy claro que eran otros tiempos.

6.- En consecuencia, la democracia a España la trae quien la trae, se ponga Mr. Amis decubito prono o decubito supino, eso da igual. La democracia la trae la combinación de dos movimientos: uno, interior, por el cual elementos nada anecdóticos del franquismo toman la conciencia, y la bandera, de que el franquismo ha de morir con Franco. Y, por otro, el posibilismo de la oposición antifranquista, cada vez más apoyada internacionalmente, cada día más poderosa en el exterior y también en el interior, sobre todo en la universidad y en la fábrica, la cual, en lugar de hacer eso que canta Llach de empujar para que caiga, lo que hace es aceptar el mismo principio de que Franco morirá en la cama de Jefe de Estado, a cambio de morir de verdad.

7.- Sostener que para que esta combinación resultase era necesario que Carrero muriese a manos de la ETA es desconocer las fuerzas de cada uno. De Carrero. De los franquistas partidarios de la evolución. Del antifranquismo democrático. De la ETA. Es lo que se dice oír campanas y no saber dónde leches es el incendio. La muerte de Carrero no aportó nada en la descomposición del franquismo. Franco llegó a ceder sus poderes en las manos del príncipe durante su tromboflebitis y no por ello dejó de ejercer el mando. El pacto era esperar. Las fuerzas democráticas esperaron y, a la muerte del Caudillo, se pusieron a lo suyo. Y lo habrían hecho con Carrero el cual, de vivir, habría tenido el destino que tuvo Arias.

Con mis disculpas a los lectores habituales, que ya sabrán que en este blog hay otro post con contenidos parecidos.