viernes, mayo 15, 2009

Los godos molan (1)

A los jóvenes, e incluso no tan jóvenes, que lean este blog, leer este post no les creará emoción alguna. Pero a los talluditos, probablemente, les va a causar un escalofrío. ¿Los godos? Pues sí, los godos. Que, además, molan.

La lista de los reyes godos, o visigodos, ha perseguido a generaciones de españoles durante años. Aunque los godos reinaron en España durante relativamente poco tiempo, lo intrincado de su historia, y sobre todo lo intricado de sus nombres, hizo que la puta lista pasara rápidamente a la categoría de coñazo superferolítico. Si a eso le añadimos que la Historia escolar siempre ha mostrado predilección, de entre los tiempos antiguos, por otros más modernos, tipo Reyes Católicos y tal, pues ahí tenemos, a la vuelta de la esquina, la discriminación en la persona de estos reyes que, sin embargo, tienen su importancia. Normalmente se tiende a creer que tuvieron poca, quizá por dos razones. La primera, obvia, es la gran escasez de testimonios que dejaron. De hecho, los historiadores de esas épocas se las ven y se las desean para encontrar fuentes que les digan algo de lo que pasó y, la verdad, yo creo que es más lo que no sabemos que lo que sabemos. Otro síntoma normalmente citado del insulso paso de los visigodos por España es el escaso rastro dejado en el idioma, pues el español tiene muy poquitas palabras de origen germánico-godo. La segunda razón es que como a los godos los árabes los pasaron por encima como, ejem, el Barça al Madrid, pues tampoco se los valora mucho como guerreros.

Los godos no son la leche en verso, para qué negarlo. Pero sí tienen importancia, sobre todo algunos de ellos. Y, lo que es más importante, su Historia tampoco es tan aburrida.

Voy a intentar demostrároslo.

Los godos son germánicos de origen y se asientan en la Europa occidental conforme el imperio romano va cediendo terreno y dejando de ser imperio. Los germánicos fueron varias veces invadidos y dominados por los romanos, lo cuales acabaron por romanizarlos en un tanto y, en los siglos posteriores al imperio propiamente dicho, transmitiéndoles la religión cristiana, que los pueblos godos tendieron a admitir como propia; aunque entre ellos tenía mucha fuerza el arrianismo, una creencia que daba al Padre preeminencia sobre el Hijo y que sería la principal alternativa al catolicismo en su época. Algunos de estos pueblos godos traspasaron los Pirineos y entraron en España al final del siglo V, dominándola completa salvo más o menos lo que hoy es Galicia, pues formaba parte del reino suevo (pueblo también germánico); y el País Vasco, contra el cual libraron frecuentes guerras defensivas.

Sin embargo, en ese momento la dominación goda no era propiamente una dominación hispánica, pues todo el territorio formaba parte del vasto imperio acumulado por Alarico II, que llegaba hasta el sur del Loira. Los amplios dominios de Alarico despertaron la codicia de otro pueblo godo llamado a tener mucho predicamento en la Historia de Europa: los francos. Su rey Clodoveo presentó batalla a Alarico y en el año 507 le dio una buena mano de hostias en Vouillé, cerca de Poitiers. Fruto de esa batalla, los visigodos perdieron sus territorios franceses, salvo la provincia Narbonense, que no por casualidad viene a coincidir con esa parte del país vecino donde gustan los toros y existen aficiones tan sospechosamente españolas.

La monarquía visigoda era electiva. No pocas veces en su devenir, como veremos, fue hereditaria, pero eso fue con notables dificultades, tan notables que es imposible hablar de dinastías entre los reyes godos. Pero que esto fuese así no quiere decir que los reyes, by default, ambicionasen dejarle el momio a sus crianzas. Alarico II soñaba con dejarle la corona a su hijo Amalarico, pero éste era tan sólo un niño cuando su padre murió en la batalla contra Clodoveo. Los nobles godos eligieron como rey en Narbona a un hijo ilegítimo de Alarico, de nombre Gesaleico (más vale que os vayáis acostumbrando a estos nombrecitos; apenas acabamos de empezar). Gesaleico reanudó la guerra contra los francos, pero perdía una final detrás de otra, y ya se había retirado a España esperando que los Pirineos parasen a los gabachos cuando la solución le vino de Italia, donde Teodorico, rey ostrogodo, decidió intervenir para bajarle los humos a los sarkozys en potencia.

Tenía Teorodico un gran general, Ibbas, que obligó a los francos a levantar el sitio de Arlés, que tenían prácticamente ganado; y que fue el mismo que, tiempo después (511) entró en España con órdenes de mandar a tomar por culo a Gesaleico, pues el bastardo, en un movimiento propio de la época (y de otras muchas, como la presente) había decidido aliarse con sus enemigos de antaño en contra de quien le había salvado el trasero. La batalla decisiva en la que Gesaleico fue derrotado se produjo muy cerquita de Barcelona, tras lo cual el rey huyó a Bizancio, aunque a un tercio de camino fue encontrado y convenientemente apiolado.

Teodorico, que era abuelo de Amalarico, actuó de regente de su corona hasta el 526, año en que murió. Tras heredar la corona, Amalarico firmó un tratado con Atalarico, sucesor de Teodorico (todo rico, rico) por el cual las fronteras de la corona visigoda quedaron básicamente fijadas. Además, en un intento por evitar las agresiones de los francos, decidió emparentar con ellos, así pues se casó con Clotilde, hija de Clodoveo.

Los francos eran católicos (algunos siglos después un franco, Carlomagno, se convertiría en campeón terrenal del papado). Pero Amalarico era arriano. El rey, probablemente, asumió que en situaciones así, la esposa toma las creencias del marido y se jode. Pero Clotilde debía ser de armas tomar, porque se negó a abjurar de su catolicismo. Amalarico, en un gesto un tanto bárbaro, la maltrató e incluso hizo que le lanzasen (a su mujer) bostas de vaca y de caballo cuando iba camino de misa. Según algunas versiones, como la de Gregorio de Tours (pero no hay que olvidar que es franchute), Amalarico probablemente pegaba a su mujer, de modo y forma que ésta acabó por enviarle a Childerberto, su hermano, una carta con un pañuelo suyo manchado de sangre. Algunos historiadores creen que la historia de la sangre es una invención a tiempo.

Childerberto reunió a su pandi, con la que derrotó a Amalarico en Narbona. El rey, además, murió poco después en extrañas circunstancias, más que probablemente asesinado, cuando intentaba encontrar refugio en una iglesia en Barcelona. Pero por alguna razón que desconocemos, los francos no entraron en España. Quizá es que es cierto que sólo pretendían rescatar a la princesa. En todo caso, un comandante nombrado por Teodorico durante su regencia, de nombre Teudis, sucedió a Amalarico, lo cual ha hecho pensar a muchos estudiosos que probablemente tuvo algo que ver en su tropiezo final; y, pienso yo, quizá estaba conchabado con Clodoveo, Clotilde y Childerberto, y es por eso que le dejaron en paz. Sabemos poco de cómo era este rey como tal (aunque sabemos que fue muy permisivo con los católicos, lo cual abona la tesis de su entendimiento inicial con los francos), aunque sabemos que era un buen militar, pues consiguió, a través de su principal general Teudigiselo que, cuando años después los francos decidieron por fin cruzar los Pirineos y llegaron a Zaragoza a sangre y fuego, tuviesen que terminar huyendo mientras expelían por sus anos paté de colon de forma incontinente.

Por el sur, sin embargo, Teudis fue vencido por los bizantinos, que llegaban por el norte de África y tomaron Ceuta (nótese el leve detalle de que visigodos y bizantinos ya peleaban por el dominio de Ceuta antes de que el Islam dijese esta boca es mía). Por cierto, que cuando los visigodos cruzaron el Estrecho y la retomaron, la volvieron a perder, y para siempre, por respetar el descanso dominical, durante el cual los bizantinos los encontraron desarmados y sesteando.

Teudis murió asesinado, aunque sabemos poco de los detalles, y fue brevemente sucedido por Teudigiselo; el cual, así mismo, fue asesinado en Sevilla en el curso de un banquete cuando, según las crónicas, estaba completamente mamado. En el 549 subió al trono Agila, que heredó una corona en retroceso, seriamente amenazada por los bizantinos. Tanto, que estos acabaron por saltar desde África y tomaron para sí el área de Málaga. Estando en situación tan débil, un nombre local, Atanagildo, se estableció en Sevilla, desde donde montó un golpe de Estado para mandar a Agila a amargar pepinos. En marzo del 555, los propios partidarios de Agila, viendo que no era capaz de vencer a la coalición entre Atanagildo y los bizantinos, lo asesinaron y aclamaron a aquél como nuevo rey.

En ese punto, la Hispania visigoda daba la impresión de estar a punto de convertirse, como ocurriría siglos después en la dominación musulmana, en un reino de taifas. Sin embargo, Atanagildo consiguió morir como Franco, o sea en la cama, lo cual en un rey godo es todo un récord. Fue sucedido por su mujer Goisvinda y, posteriormente, por un tal rey Liuva.

A Liuva le pasa lo mismo que a William Baldwin: toda su fama se la debe a su hermano. Durante su reinado, asoció en efecto a su hermano a la corona goda. Al morir en el 572, por lo tanto, le dejó el poder a él. Lo cual hizo rey de España a Leovigildo, a decir de muchos uno de los mejores reyes de España.

Confieso que yo soy más bien recaredista; pero, desde luego, admito que Leovigildo bien merece una pausa y un post para él solito.