lunes, mayo 11, 2009

El New Deal

Vivimos tiempos de crisis. Tiempos de actividad en recesión, desempleo y pesimismo. Las comparaciones son inevitables con la crisis del 29. Los cronistas de esos periódicos en los que, por lo visto, se opina que los bloggers escriben sin contrastar ni reflexionar demasiado, no pierden ocasión en realizar comparaciones entre la crisis actual y la que ocurrió hace ahora 80 años. Que la tasa de desempleo en Estados Unidos llegase a ser más del triple que la observada hasta el momento no parece ser un factor que afecte a sus altas reflexiones. Es lo que hay. También para ellos.

En no pocos países del mundo, y España es un ejemplo, hay una receta encima de la mesa. Básicamente, se pretende mejorar el tono de la economía mediante una expansión del gasto público. Se eleva, pues, el nivel de gasto del actor público, sobre todo mediante obras públicas destinadas a crear empleo y recuperar la economía. Y el ejemplo está también en la crisis del 29 y en la política entonces adoptada, el conocido como New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt, o FDR como es conocido entre los suyos. Y a mí me gustaría dejar aquí estas notas para reflexionar sobre ello. Porque, y es sólo mi opinión, creo que la confianza en el New Deal y en sus virtudes, que las tuvo, es excesiva. A mi modo de ver, tan cierto es que la expansión del gasto público mejora el tono del empleo como que es totalmente incapaz de darle salida a la crisis.

Desde el final de la primera guerra mundial, Estados Unidos había sido territorio abonado para el Partido Republicano. Los presidentes Harding, Coolidge y Hoover se habían sucedido sin que los demócratas hubieran encontrado la forma de darle la vuelta a la tortilla. Un periodo de republicanismo tan largo enervó algunos de los principales signos de identidad de esta tendencia, cuales son la aplicación de recetas rabiosamente capitalistas, combinadas con un gran proteccionismo destinado a enriquecer la industria interior, sobre todo teniendo en cuenta que no había sido golpeada por la guerra como le ocurría a media Europa. Las burbujas siempre se rompen por su lugar más débil. Si ahora ha sido el endeudamiento hipotecario de los particulares, entonces fue el desenfrenado juego bursátil de esos mismos particulares y de los propios negociantes especulativos lo que acabó culminando con la caída libre de la Bolsa.

Franklin Delano Roosevelt había ganado en 1928 las elecciones a gobernador de Nueva York. Cuando decide apuntarse a la carrera hacia la Casa Blanca monta una campaña electoral en el fondo muy parecida a la del actual presidente Obama. Ambas campañas, en efecto, se basan en la difusión de un mensaje optimista que promete acción, pero sin aclarar cuál va a ser ésta. Si Obama triunfó con su famoso Yes we can, FDR utilizó diversos mensajes entre los cuales el más fuerte, probablemente, sería Lo que el país necesita es intentar algo. Así las cosas, el partido demócrata gana de calle las elecciones de 1932, imponiéndose nada menos que en 42 de los estados de la Unión.

Tras comenzar su mandato el 4 de marzo de 1933, FDR llama a su lado a un grupo de expertos o brain trust que emite un informe con la lista de medidas que son necesarias para la salida de la crisis. Estos cambios venían a identificarse con un incremento de la intervención estatal en la economía, eliminando la libertad casi total existente hasta ese momento. Las primeras medidas que se ponen en marcha tienen como objetivo contener la inflación. Se aprueban medidas para establecer el subsidio asistencial a los parados, o la garantía de precios para los agricultores, servicios de empleo para jóvenes parados, financiación de hipotecas de escaso volumen y, por supuesto, los programas de obras públicas. Por lo tanto, un hecho que olvidan las visiones excesivamente simplistas del pasado es que el New Deal es un conjunto de medidas mucho más complejo que la mera expansión del gasto vía obras públicas, entre las que destacan, por cierto, las monetarias. El New Deal actuó sobre un entorno socioeconómico como el estadounidense de los años treinta, carente de mecanismos de gasto social a favor de los parados, y la sola instrumentación de rentas mínimas permitió sostener la economía.

Hasta 1936, el New Deal es una política rígidamente intervencionista, factor éste fundamentado en la necesidad de controlar la inflación y desarrollar los seguros sociales.

Especialmente importante es la legislación dedicada a la recuperación agrícola, destinada a evitar el problema claramente visible en los Estados Unidos de aquel tiempo, con un diferencial de nivel de vida entre las zonas rurales y las urbanas que en ocasiones alcanzaba proporciones siderales. Con esta legislación se intentó garantizar a los agricultores rentas mínimas que, sin embargo, están muy por debajo de los niveles hoy sostenidos por políticas como la agraria común de la Unión Europea. Dentro del capítulo que se ha hecho más famoso del New Deal, el de la obras públicas, quizá el elemento más visible sea la creación de la Autoridad del Valle de Tennessee.

El primer New Deal termina en 1936, año electoral. Ante el crecimiento elevadísimo del déficit público que se ha producido en los tres años anteriores, FDR y sus economistas deciden levantar el pistón y aplicar políticas de consolidación fiscal. El resultado inmediato es la entrada del país en la recesión, con tasas de caída de la producción que dan la sensación de haber perdido todo el camino recorrido. Esta recesión radicaliza notablemente las cosas, algo que se aprecia claramente en la campaña del 36, que Roosevelt gana de nuevo con la estrategia principal de presentarse como paladín contra los oligarcas que dominan la economía. El gasto público se incrementa de nuevo, produciendo una inmediata mejora del crecimiento económico, y se impulsan nuevas legislaciones sobre el paro, la seguridad social y los mercados laborales. Sin embargo, durante este segundo mandato de Roosevelt, tanto al presidente como a sus asesores comienza a hacérseles evidente que el recurso al déficit público se está agotando. De hecho, es necesario llevar a cabo medidas de recorte del déficit público, a causa del serio problema que está generando en la financiación de la economía. Pues el déficit público es poco recomendable por dos razones fundamentales. Una está en el futuro y que, como todo hay que acabar por pagarlo, déficit público hoy son impuestos mañana. Pero la segunda razón se produce en el mismo momento en que dicho déficit se genera. Pues si el déficit crece, lo hace el endeudamiento del Estado; y si el endeudamiento crece, entonces se produce en los mercados de capitales una mayor competencia por los recursos. Dicho de otra forma: para que el Estado se pueda financiar, empresas y particulares deben encontrar más dificultades para financiarse. En realidad, durante este segundo mandado a Roosevelt las cosas se le pusieron jodidas. Las elecciones al Congreso de 1938 dibujan claramente una cámara opositora al presidente, en un entorno de paro creciente de nuevo.

¿Por qué creo que la valoración del New Deal es excesivamente positiva? Pues por razones tres.

En primer lugar, el New Deal, en sus mejores años, que fueron los tres primeros, nunca consiguió reducir la tasa de paro por debajo del 8%. Ciertamente, dicho paro llegó a estar en el 25% aproximadamente; pero hemos de tener en cuenta que la mayor parte de las medidas que se aplicaron, tales como la puesta en marcha de subsidios al desempleo o la garantía de precios agrícolas, hoy son parte del sistema, así pues, aunque resulta difícil decir qué medidas crearon qué empleo, desde luego el que fue creado por éstas hoy no existe (o mejor sería decir que ya existe).

La segunda razón es la caída del 36. El regreso del país a la recesión demuestra, a mi modo de ver, que la salida de la crisis mediante déficit público crea una excesiva dependencia entre bonanza y gasto público. Y, si uno se frena, la otra también. Es evidente que el concepto que hay que tener de salida de la crisis es una salida sólida y duradera.

La tercera razón es que es un mecanismo que se agota en sí mismo. Por dos veces, una antes de su segundo mandato y otra avanzado el segundo, FDR tuvo que plantearse reduccciones del gasto público, ante la imposibilidad de mantener el ritmo del mismo que la crisis demandaba. Lo que pasa es que este efecto se nota menos porque, al final de esta historia, entra a jugar un factor distorsionador, que desde luego es deseable que no se produzca esta vez, y que es el que verdaderamente saca a la Estados Unidos de la depresión: la guerra mundial. Es, en efecto, la guerra la que multiplica la capacidad productiva estadounidense en por 1,5 en muy pocos años y, al fin y a la postre, acaba con el paro y con la recesión. La idea de que el New Deal sacó a Estados Unidos de la crisis es, a mi modo de ver, en excesivo exagerada.

Hay historiadores que piensan que FDR entró encantado en la segunda guerra mundial. Puede ser cierto, o puede que no. Que tenía razones para ello, eso está fuera de toda duda.