viernes, junio 16, 2023

El otro Napoleón (44: La reforma-no-reforma)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Uno de los perdedores de Compiègnes había sido el general Louis Jules Trochu, a quien casi nadie había escuchado. El buen general decidió ganar en las calles lo que no había ganado en los despachos y, por eso, fue el anónimo autor de un folletito que se vendió en esas semanas en Francia como rosquillas: L'Armée française en 1867. En dicho folleto, el general trazaba un relato muy preciso del Ejército francés en esa hora: soldados pasotas, oficiales venales, jornadas enteras sin nada que hacer, panzas excesivas, destacamentos muy pequeños y mal dotados; desorganización y desmoralización general. Según Trochu, no había que tocar el sistema de reclutamiento vigente y contentarse con una fuerza permanente de unos 100.000 hombres, con cinco años de servicio activo y cuatro en la reserva.

miércoles, junio 14, 2023

El otro Napoleón (43: Totus tuus)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


La otra baza que le quedaba al Imperio francés, como os he dicho, era Italia. En Italia, sin embargo, había problemas de difícil solución. Durante la visita de Fleury, que se hizo tratando de transmitir todo el buen rollo posible a los italianos, Luis Napoleón había tomado la decisión de lubricar las cosas con el gesto de llamar a casa al regimiento francés que permanecía en Roma (diciembre de 1866). Sólo quedaba en la ciudad un regimiento de voluntarios conocido popularmente como La Legión de Antibes. Habían pasado seis meses sin que nada de importancia ocurriese.

lunes, junio 12, 2023

El otro Napoleón (42: La Expo)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 


El Cuerpo Legislativo recibió las palabras de su emperador con extremada frialdad. Lo aplaudieron menos que la Salchipapa. Lo que siguieron, aquel día y los siguientes, fueron debates un tanto rudos que apenas eran cortados por Walewski, quien cada vez tenía más dificultades a la hora de esconder sus simpatías por la oposición. Finalmente, él mismo acabó por tener claro que debía dimitir. Luis Napoleón lo sustituyó por alguien más neutral, el industrial Eugène Schneider, creador del mayor grupo industrial de su tiempo en Francia, la factoría Creusot. El hombre coloquialmente conocido como le lapin blanc. Rouher, en todo caso, siguió haciendo de las suyas, e hizo votar una ley municipal que centralizaba todo el poder local en las manos de alcaldes y prefectos.

viernes, junio 09, 2023

El otro Napoleón (41: El emperador liberal y bocachancla)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

La gran consecuencia de Sadowa había sido que Europa, dando la espalda a la hegemonía francesa que venía produciéndose, de una manera u otra, durante décadas, le había dado la autorización a Prusia, por medio del llamado tratado de Praga, para organizar la confederación alemana a su criterio. Y eso hizo. Bismarck: creó el Bundesrat o consejo federal, y el Reichstag o parlamento elegido por sufragio universal, un poco al estilo de la Cámara de los Comunes británica. Los Estados del Norte fueron reunidos en una confederación, mientras que los Estados del Sur, los menos prusianos por así decirlo, firmaron una serie de tratados de amistad y cooperación que, en la práctica, los hacían dependientes del poder berlinés. En 1867, como acertadamente escribía el embajador francés en Viena, los primeros ministros de Baden, de Würtemberg o de Baviera, eran, en la práctica, corresponsales prusianos.

miércoles, junio 07, 2023

El otro Napoleón (40: El destino de Maximiliano)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

Maximiliano nunca se había llevado bien con los mandos de las tropas francesas desplazadas a América; pero esa mala relación había terminado por mutar en simple y puro desprecio mutuo. Por mucho que Maximiliano no lo habría deseado, Bazaine se había convertido en el reyezuelo de México. Maximiliano intentó mandar sobre las grandes decisiones militares y, sobre todo, realizar una política de contención del gasto, eliminando los que consideraba excesivos. Pero, claro, eso, ¿cuándo mierdas se ha llevado a cabo? Bazaine, por su parte, se dedicó, básicamente, a tratar de segar la hierba bajo los pies del emperador, a base de enviar cartas a París contando que era un mierda que no se enteraba de nada.

lunes, junio 05, 2023

El otro Napoleón (39: La filtración)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica



El 29 de julio, el almirante de la armada austríaca Freiherr Wilhelm von Tegetthoff, al mando de una flota de barcos de madera, se llevó por delante a la flota italiana en Lissa. Fue una victoria importante, pero nada suficiente como para poder contrapesar el elevado peso geopolítico que había adquirido Prusia, verdadero árbitro de la situación, sobre todo por incomparecencia de Francia. En consecuencia, el 26 de julio, en Nikolsburg, Bismarck dictó los términos del acuerdo entre los contendientes, teóricamente pactado con los franceses porque la honra y la imagen hay que salvarla siempre. Austria desaparecía definitivamente de los territorios alemanes, que de esta manera quedaban libres para la influencia y el control prusianos.

viernes, junio 02, 2023

El otro Napoleón (38: Macroneando)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

Hacerle justicia a los hechos es decir que el resto de Europa recibió la noticia de Sadowa con estupor. La imagen que entonces tenía el viejo Imperio Sacro Romano Germánico era el de una nación fuerte, disciplinada y capaz. La verdadera árbitra de Europa. La noticia de que había sido derrotada sin paliativos sorprendió a todos y galvanizó a algunos. En Francia, la izquierda política se declaró encantada con la noticia, saludando la victoria de la Alemania “protestante, nacionalista y progresista” sobre la “vieja cabeza católica de Alemania”. En Francia, por supuesto, la derrota de Austria tenía el valor añadido de comportar la entrega de Venecia a los italianos.

miércoles, mayo 31, 2023

El otro Napoleón (37: Sadowa)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica  



En ese momento, se produjo un hecho que vino a complicar todavía más las cosas. En el principado rumano, el príncipe Alejandro Couza se había enfrentado seriamente con los boyardos, su nobleza local, al haber decretado la abolición de la esclavitud; además, estaba en una situación presupuestaria terminal, con el agravante de que entonces todavía no se había inventado el Banco Central Europeo para echar colonia sobre el estiércol. Couza fue arrestado en su mismo palacio y forzado a abdicar. Los nuevos hombres de poder en Rumania exigieron que un príncipe extranjero tomase el poder. Tanto Italia como Francia vieron en esa oferta la oportunidad de obtener el Véneto para la primera: si Austria se convertía en ese nuevo gobernante rumano, podría obtener la compensación necesaria para equilibrar una posible pérdida del Véneto. Inglaterra se puso de canto, sin embargo, por lo que Luis Napoleón acabó por proponer a su sobrino, Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen. Carlos tenía entonces 27 años y era teniente en el segundo regimiento de la Guardia prusiana, acuartelada en Berlín.

lunes, mayo 29, 2023

El otro Napoleón (36: Los otros roces franco-germanos)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El emperador estaba malquisto por el fracaso de su proyecto de congreso para acabar con el status quo de 1815, y prefirió, por lo tanto, no apoyar a Inglaterra en sus deseos de regular el tema de Slesvig y Holstein de una forma que tratase de conservar la situación anterior. Fleury, de todas formas, incluyó Berlín en su viaje y, por lo tanto, se vio con Bismarck. Allí le planteó el tema de Polonia, un tema que casi de cualquier manera corría peligro de obligar a Prusia a perder parte de su territorio. El astuto canciller le lanzó un hueso. Le dijo que no; que Prusia nunca renunciaría a sus territorios en Posen (polacoparlantes); que preferiría mil veces deshacerse de sus territorios renanos.

viernes, mayo 26, 2023

El otro Napoleón (35: Las cuestiones polaca y de los duques)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Otto von Bismarck estudió en la universidad de Gotinga y se estableció en la campiña pomerania, el lugar donde pacían los junckers o grandes propietarios prusianos. En 1846 resultó elegido para la Dieta de Prusia. Allí ya se distinguió como un miembro bastante bien dotado intelectualmente del partido conservador. Entre sus ideas particulares, se hizo bastante obvia su abierta hostilidad hacia Francia, bastante criada en el seno de la alta nobleza prusiana en las décadas anteriores.

miércoles, mayo 24, 2023

El otro Napoleón (34: Argelia)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



El general Bazaine era tenido por el general más arrecho del ejército francés en su época. Era un chusquero que había aprovechado la guerra de España para hacer carrera militar, pues antes había tenido una corta vida civil como especiero. De España pasó a Argelia, teatro en el que de verdad fue ganándose sus galones. Sin embargo, la cagó en el cementerio de Solferino, donde su actuación no muy acertada hizo a los franceses perder muchos hombres.

lunes, mayo 22, 2023

El otro Napoleón (33: El largo camino a San Luis de Potosí)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


Una vez más y, la verdad, ya no sé cuántas van desde que llegó a ser emperador, Luis Napoleón firmó una cosa, pero buscaba otra. Sus intenciones en México eran muy distintas de las que le había dicho a los ingleses (y había firmado) que eran. Desde los lejanos tiempos de la prisión de Ham, donde las toneladas de tiempo libre que disfrutó le dieron para pensar en muchos temas, el emperador estaba convencido de que Francia tenía mucho que ganar si aprovechaba los problemas internos mexicanos para establecer en Centroamérica una monarquía católica y latina, que se opusiera como poder a los Estados Unidos protestantes y anglosajones. Enseguida pensó en que el soberano de esa monarquía podría ser Maximiliano, el hermano del emperador Francisco José de Austria.

viernes, mayo 19, 2023

El otro Napoleón (32: La oposición creciente)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


 

Una de las consecuencias de las elecciones de 1863 fue el surgimiento en el gobierno del Imperio de una nueva figura, como inspector general de Instrucción Pública: Jean Victor Duruy, normalmente conocido como Victor Duruy. En ese momento, Duruy era uno de los autores más respetados en materia de Historia de Roma; Luis Napoleón había hecho uso de su pluma varias veces para discursos y artículos.

miércoles, mayo 17, 2023

El otro Napoleón (31: La última oportunidad de no ser marxista

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



Como he dicho al final del post anterior, las posiciones políticas en las elecciones estaban muy enfrentadas. El conde de Chambord, líder de los legitimistas (o, por lo menos, de algunos de ellos), ordenó la abstención. Berryer y Falloux decidieron no presentarse. Los orleanistas parecían el movimiento palestino de liberación de Brian's Life. Entre los demócratas, Garnier-Pagès, Marie o Carnot, viejas guardias, apreciaban la competencia inmediata y directa de nuevos valores, como Charles Thomas Floquet, Jules Ferry o Leon Michel Gambetta.

viernes, mayo 12, 2023

El otro Napoleón (30: La Cuestión Romana)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

El ministro Thouvenel, como digo, era el único miembro de la elite francesa que no estaba dispuesto a ceder al fait accompli que le presentaban los piamonteses. Su jefe, el emperador, era mucho más blando. Le escribió una carta al rey Víctor en la que le decía que, siempre y cuando la entrada de las tropas del Piamonte en tierras papales se produjese “como resultado de una revolución y con la intención de mantener el orden”, él no tenía nada que decir. Eso sí, si mientras las tropas francesas seguían en Roma, si el Piamonte atacaba al PasPas, entonces Francia retiraría su embajador en Turín.

miércoles, mayo 10, 2023

El otro Napoleón (29: Fate, ma fate presto)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 



A la gente en Francia se le quedó cara de gilipollas con los sucesos de Siria. ¿Acaso no se había hecho, y ganado, la guerra de Crimea para regular la vida de los cristianos en el Imperio turco musulmán? Para el emperador, reglar esa situación era algo que tenía que hacer; y algo que también quería, porque le venía muy bien para congraciarse con el electorado católico. Sin embargo, sabía que se enfrentaba a los ingleses, siempre poco proclives a que Francia colocase una pica en alguno de los hitos de la ruta hacia la India.

lunes, mayo 08, 2023

El otro Napoleón (28: De chinos, y de libaneses)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


 

El emperador tenía todos los triunfos en la mano para poder negociar el tratado de comercio por sí solo. Un senadoconsulto de 1852, de hecho, le otorgaba legalmente esa capacidad de concluir tratados de comercio sin necesidad de obtener el nihil obstat parlamentario. De esta manera, el emperador y sus negociadores alcanzaron un acuerdo, válido por diez años, que suprimió una tupida red de importaciones prohibidas por una serie de aranceles bastante moderados ad valorem. De esta manera, Francia, por primera vez en su Historia, se desarmaba frente al pujante mercado inglés. Inglaterra, por su parte, otorgaba ventaja para productos textiles y de alimentación.

viernes, mayo 05, 2023

El otro Napoleón (27: Quién puede fiarse de un francés)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica  


Las cosas, sin embargo, no salieron como en el folleto se pensaba que ocurrirían. Las potencias europeas seguían distanciándose de la idea del congreso, especialmente Inglaterra; mientras que la oposición ultracatólica en francesa no hacía sino incrementarse. En medio de este ambiente, Luis Napoleón, tratando de resolver el problema rápidamente, le envía una carta a Pío Nono invitando a hacer el sacrificio de sus “provincias revueltas” y entregárselas al Piamonte.

miércoles, mayo 03, 2023

El otro Napoleón (26: Vuelta a casa)

Introducción/1848
Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica 


Las cosas estaban jodidas para Francia: amenazada de ser agredida en río-timbre; demasiado agotada como para sostener la guerra; de alguna manera engañada por su aliado piamontés que, por decirlo coloquialmente, había recibido el ofrecimiento de la mano pero había cogido el hombro, Napoleón cada vez estaba más convencido de que su proyecto italiano era una ful. Así las cosas, decidió pedir el comodín de la llamada y negociar directamente con su enemigo, Paco Pepe.

miércoles, abril 26, 2023

El otro Napoleón: (24bis: Magenta y Solferino)

 Introducción/1848

Elecciones
Trump no fue el primero
Qué cosa más jodida es el Ejército
Necesitamos un presidente
Un presidente solo
La cuestión romana
El Parlamento, mi peor enemigo
Camino del 2 de diciembre
La promesa incumplida
Consulado 2.0
Emperador, como mi tito
Todo por una entrepierna
Los Santos Lugares
La precipitación
Empantanados en Sebastopol
La insoportable levedad austríaca
¡Chúpate esa, Congreso de Viena!
Haussmann, el orgulloso lacayo
La ruptura del eje franco-inglés
Italia
La entrevista de Plombières
Pidiendo pista
Primero la paz, luego la guerra
Magenta y Solferino
Vuelta a casa
Quién puede fiarse de un francés
De chinos, y de libaneses
Fate, ma fate presto
La cuestión romana (again)
La última oportunidad de no ser marxista
La oposición creciente
El largo camino a San Luis de Potosí
Argelia
Las cuestiones polaca y de los duques
Los otros roces franco-germanos
Sadowa
Macroneando
La filtración
El destino de Maximiliano
El emperador liberal y bocachancla
La Expo
Totus tuus
La reforma-no-reforma
Acorralado
Liberal a duras penas
La muerte de Víctor Noir
El problemilla de Leopold Stephan Karl Anton Gustav Eduardo Tassilo Fürst von Hohenzollern.Sigmarinen
La guerra, la paz; la paz, la guerra
El poder de la Prensa, siempre manipulada
En guerra
La cumbre de la desorganización francesa
Horas tristes
El emperador ya no manda
Oportunidades perdidas
Medidas desesperadas
El fin
El final de un apellido histórico
Todo terminó en Sudáfrica


Luis Napoleón se estableció en un albergue en San Martino, desde donde se aprestó a la seguir la batalla que se le había ordenado a Mac-Mahon presentar en Magenta (o sea; no es que se le ordenase ir a la batalla de magenta, sino presentar batalla en la localidad de Magenta; hay que reconocer que la frase es polisémica). Así pues, las tropas recibieron la orden de pasar el Naviglio. Esto sólo se podía hacer por un puente, el Ponte Nuovo, que, lógicamente, estaba defendido por un fuerte fuego cruzado. Sin embargo, los zuavos al mando de su general, Jean Joseph Gustav Cler,  acabaron haciéndose con el paso. Este cambio de dueño, sin embargo, provocó una salida en tromba contra los franceses de las tropas austríacas, en la que, entre otros, el propio general Cler dio la vida. Los franceses tuvieron que recular.