jueves, marzo 15, 2012

Pregunta icónica

Escribo para dejaros aquí una pregunta sobre la que podáis, si queréis, opinar.

A día de hoy, con ésta, este blog acumula 802 entradas. Entre adivinanzas, artículos actuales, polladas y tonterías, yo calcula que suman unos 50 posts. Lo cual quiere decir que hay unos 750 artículos sobre Historia. La dimensión media del artículo, yo lo sé bien, son unas cuatro páginas en word, o unas 2.000 palabras.

Lo cual nos llevaría a concluir que dentro del blog hay ya unas 3.000 páginas escritas o, lo que es lo mismo, un millón y medio de palabras.

De un tiempo a esta parte, algún amigo me está dando la brasa de la hostia con que esto hay que evolucionarlo. Que debiera recopilar artículos con diversos criterios y ofrecerlos todos juntos. Me dicen algunos lectores que, especialmente, aquellos temas que he tratado seriados, en varias tomas distintas, se pierden un poco en el magma del blog; que a veces es un poco frustrante encontrar una toma y tener que ponerte a buscar las otras.

Bueno, el caso es que esas mismas voces braseras me hablaron de la edición de Kindle. Como yo soy consumidor compulsivo de Kindle, lo tenía cerca.

Bueno. La cosa es que, con bastante probabilidad, intentaré ver si logro superar mi vagancia natural y voy haciendo pequeños huevos Kindle, libros de unas 100 o 200 páginas o así, y los pongo a la venta en Amazon a medio euro, más o menos.

Voy a comenzar, como me han recomendado, por las series. Tengo la idea de irlas empaquetando, sin demasiado criterio de homogeneidad (esto es, tratando temas diversos) para crear archivos de lectura que sirvan para un rato de semi-relajación; el autobús, por ejemplo. Pero luego, quizás, me ponga con otras series. La Guerra Civil, por ejemplo. O el Crimen Organizado. Está, como digo, por ver.

La cosa es que ya me he fabricado en Word un primer ejemplar y, una vez terminado, cuando he visto la portada toda blancuzca, me ha venido una duda. Debería utilizar una imagen para la portada. ¿Una para cada libro, una para cada serie, una para todas? Y... ¿qué imagen? Algo que sea indicativo del contenido histórico, evidente; y que no tenga derechos, claro. Mi primera idea ha sido alguna de las varias, muchas fotos de la guerra civil que tengo escaneadas. Pero, claro, la guerra civil comenzó este blog, pero luego la cosa ha crecido lo suyo.

Así que he pensado que quién mejor que mis lectores para aconsejarme al respecto. ¿Alguna idea?

miércoles, marzo 14, 2012

La encrucijada sindical

Le leo a uno de nuestros pundits nacionales que la razón del importante papel político jugado en España por las centrales sindicales proviene de nuestra Transición. Sinceramente, creo que se queda corto. Muy corto. La hostia de corto, diría yo. La razón de que nuestros sindicatos mayoritarios, hoy, tengan reconocida una labor constitucional, (la mano); y ejerzan de hecho una influencia crucial en la política (el hombro), tiene una historia mucho más anterior.

La principal razón de que en España tengamos sindicatos tan poderosos, en el sentido de cercanos al poder o relevantemente enfrentados con el mismo, es el infradesarrollo de los partidos políticos. Desde Fernando VII, España ha tenido como dos docenas de grandes estrategas políticos que, desde el poder, han diseñado el futuro y el presente de la política patria; y casi ninguno, por no decir ninguno, pensó en una sana y variada formación de partidos políticos para estructurar el sistema.

Al gran líder liberal del siglo XX, el príncipe de Vergara, nunca le moló lo de los partidos políticos. Partidario y todo de recortar los poderes de la corona para mutarla de hecho en algo que no era (conflicto latente durante décadas que acabó dando con la reina en la frontera), a don Baldomero Espartero lo que realmente le iba era el cabildeo cortesano; a su alumno aventajado, el general Serrano, le dejó tan impresa esa afición que en el Palacio Real entró a menudo, no hasta la cocina, sino hasta la propia alcoba de Lizbeth Never Say No. Otros grandes políticos decimonónicos, desde Salustiano Olózaga al conde de Toreno, tenían, si acaso, capillas, que no partidos; ni los querían. Por lo que se refiere a los más conservadores, a los Narváez, conde de San Luis, etc., obviamente no les iba nada en crear una estructura razonable de alternancias modelo Disraeli/Gladstone, o similar.

El catalán don Juan Prim se fue a la tumba sin revelar el secreto de cómo salvar la monarquía española, que varias veces dijo poseer pero que se le fue por las heridas recibidas en la calle del Turco antes de poder ser revelado. De todas formas, visto cómo se las gastó con el partido autonomista cubano, no es nada aventurado avanzar que la suya no sería una solución de amplio espectro, una solución que a todos diese voz, que es lo que hubiera necesitado España para que las necesidades obreras no hubieran de desbordarse por el flanco sindical.

A la muerte de Prim, no pocos españoles tenían esa visión naïf, que también es bastante común hoy en día, según la cual, cuando gobernasen los buenos (cualesquiera que éstos sean), por el mero hecho de serlo, resolverían los problemas. El progresismo español tenía una confianza desmedida en progresistas y republicanos, pero la I República no es sino la historia de lo que pasó cuando estos políticos, en el fondo tan desestructurados como los conservadores, llegaron al poder. Estanislao Figueras, Pi i Margall, Salmerón o Castelar se fueron sucediendo en el frontispicio de la política española sin que ninguno de ellos fuese capaz de contrarrestar las tendencias centrífugas que afloraban al calor de la inexistencia de un poder estructurado. La enseñanza de aquel periodo fue la llamada Restauración, que tampoco buscó en lo absoluto la estructuración política de España, sino que se limitó a copiar el sistema inglés en su dermis y sostenerlo con un acromegálico fraude electoral.

La II República, que tantos cambios trajo, no puede contar la estructuración política como uno de ellos. En realidad, siguió siendo un régimen que desnortaba la representatividad parlamentaria día sí, día también; con la única excepción de las dos nacionalidades históricas, donde sí gobernaron y mandaron quienes tenían la fuerza de los votos (sobre todo en el País Vasco). La República tuvo tres grandes partidos: el Radical, el Socialista y la CEDA. El primero es el único que gobernó efectivamente, el segundo se auto-extrañó del proceso y al tercero no le dejaron. Por el camino, el régimen se convirtió en un régimen de políticos sin votos: Niceto Alcalá-Zamora, cacique electoral de Priego que sabe Dios dónde habría quedado de haberse celebrado unas elecciones limpias en su distrito; Manuel Azaña, que jamás tuvo mesnadas electorales y, por eso, para llenar sus mitines tuvo que aliarse con quien se alió; Miguel Maura, otro que tal baila; Ángel Pestaña, representante de sí mismo; Santiago Casares, representante de un republicanismo gallego tan evanescente como inaprehensible; y así mucho.

En estas condiciones, la clase obrera nunca encontró cauce para expresarse ni para defenderse por el flanco político; y para cuando la tuvo, como acabamos de decir, el PSOE, por motivos diversos no demasiado confesables, decidió no arrimar su ascua a la sardina gubernamental, nada más que lo estrictamente necesario. Si a eso unimos que, de una forma un tanto singular en la Historia europea, en España prenden pronto de forma muy profunda los puntos de vista anarcosindicalistas, acabamos teniendo lo que tuvimos, esto es un proletariado que no sólo no tenía acceso a las estructuras del poder y la participación, sino que además no lo quería. Doble sentimiento, de queja primero y de indiferencia después, que puede encontrarse con claridad en todos los discursos de Pablo Iglesias, quien, cada vez que era llamado a hablar ante el gobierno sobre mejoras de las condiciones del obrero, empezaba diciendo que a él esos encuentros se la pelaban, porque lo que él quería era acabar con los gobiernos burgueses.

Con estos planteamientos, era imposible que la izquierda política se relacionase con normalidad con el sistema político. Por eso, a principios del siglo XX llegó a meros acuerdos estratégicos con los republicanos para conseguir escaños en las Cortes, y sólo se apunta a una coalición política merecedora de tal calificativo con el gobierno Canalejas, es decir en el marco de la famosa campaña del ¡Maura, no!, que se parece al No a la guerra como una gota de agua a otra, y que tuvo iguales, yo diría que peores, consecuencias en términos de crispación.

Porque el recorrido de los partidos políticos es tremendamente limitado, es por lo que todos los anhelos de la numerosa clase obrera y campesina española se articulan a través del movimiento sindical. Entre otras cosas porque los patronos, de toda la vida de Dios, han tenido una visión distinta a la de los políticos, y siempre se han mostrado más proclives a entenderse con los obreros (sí, ya sé que el Catón del Buen Progresista dice lo contrario; pero esa teoría, simplemente, olvida hechos como que cuando el ámbito político todavía estaba digiriendo el fin de la Restauración y la transición hacia la democracia, el ámbito empresarial ya tenía jurados arbitrales de empresa).

España es, pues, un país, en el cual se obtenían muchos más éxitos a través de la acción sindical que de la acción política. Este hecho es el generador del efecto curioso de que a lo largo de buena parte del siglo XX hayamos tenido una central sindical mayoritaria que no respondía exactamente a la identificación con partido político alguno o, más bien, la rechazaba de plano. La CNT es el resultado de lo que pasa cuando aprietas fuerte una manga pastelera llena de crema; la crema sale a borbotones y por el primer agujero que encuentra. Nace oficialmente el anarcosindicalismo bebiendo de la decepción de décadas del obrerismo campesino del sur de España, salvajemente reprimido por las autoridades; y articulando a las masas obreras catalanas, que son muchas y no encuentran en la política forma de expresarse. Crecen, pues, antipolíticos, introduciendo en la ecuación del poder en España una variable inexistente en otros países.

Por lo que se refiere al otro gran sindicato español, la UGT, hay que entender que sería inexacto decir que el PSOE posee a la UGT; es, más bien, al revés. En la huelga general de 1917, es la UGT la que hace exhibición de músculo; por mucho que la huelga fracasase, para el socialismo español, 1917 viene a significar la absoluta prevalencia ideológica y estratégica del sindicato sobre el partido. Años después llega la dictadura de Primo de Rivera, general que derriba todo lo que hay menos, precisamente, la UGT, cuyo secretario general, Largo Caballero, pasa los duros años dictatoriales siendo consejero de Estado, episodio que los socialistas prefieren preterir de la biografía de su partido. Largo acepta aquel compromiso medio raro porque ve en ello la oportunidad, no de alzarse sobre el resto de los partidos políticos, sino de acabar con la CNT, que es la verdadera competencia que tiene.

En 1933, cuando en la izquierda marxista de la República se comience a hablar de tomar el poder mediante el golpe de Estado revolucionario, será en la UGT donde la idea nazca y crezca; y por no creer ya en la dictadura del proletariado es por lo que el histórico trío de la bencina ugetista (Besteiro, Anguiano y Saborit) es cesado.

Supongo que no habrá que gastar muchas líneas contando el poder sindical durante la guerra civil. En los tribunales populares, en los órganos de gobierno (véase Cataluña), etc., los sindicatos son admitidos como una parte más. Simple y llanamente, se asume, con total tranquilidad, que los puestos, prebendas o responsabilidades han de ser repartidos entre los republicanos burgueses, el PSOE, el PCE, UGT y CNT. Forman parte de la lista como si, verdaderamente, hubieran sido votados alguna vez. En la zona catalana, sobre todo Aragón, se produce uno de los episodios de la Historia de la Humanidad en el que el poder sindical se hace más elevado. Los anarquistas dominan la Generalitat (uy, perdón, quisimos decir el Comité de Milicias Antifascistas) durante meses (con la asténica colaboración de Lluis Companys, responsabilidad de la que sus biógrafos de parte le alivian elegantemente), hasta que los sociocomunistas los echen a hostia limpia; y en Aragón montan un edificante régimen egalitario que no invita precisamente a la ilusión por la Acracia.

Durante los años del franquismo, es una organización sindical, Comisiones Obreras, la que se convertirá en el principal, casi único, foco de oposición. Los partidos políticos, sí, se reunían dentro y fuera de España, charlaban con alemanes, franceses y británicos y todo eso; pero ninguno de ellos podía soñar, ni remotamente, con montarle a Franco un patín como el que le montaron los sindicatos en el 62 desde Asturias y luego todo hacia el sur. CCOO reedita parcialmente el esquema de la CNT; aunque de ideología más canónica, también es un sindicato de muy amplio espectro y con tenues identificaciones partidarias (es un error, a mi modo de ver, referirse a CCOO como el sindicato comunista; comunista era la OSO, y el PCE la tuvo que disolver por la fuerza de Comisiones). Está dentro del franquismo, lo utiliza, y cada vez es más peligroso para el régimen. Cuando en Suresnes el PSOE decida reinventarse en nuevos líderes jóvenes, el muñidor del proceso, su auténtico mentor, será Nicolás Redondo, secretario general de la UGT.

Como consecuencia, España lleva como 100 años acostumbrada a introducir a los sindicatos como un elemento más del entorno político, aceptando su representatividad como quien acepta barco como animal acuático, y asumiendo que un secretario general de un sindicato es un tipo que tiene que ir por ahí hablando de la ley del Aborto en lugar de la problemática de los asbestos entre los obreros de la construcción. En diversos ejemplos, desde la Comunidad de Madrid de Joaquín Leguina hasta los recientes gobiernos de Zapatero, los sindicatos han tenido un papel inusitado como iluminadores de la política económica y social.

La pregunta es si este proceso ha tocado a su fin. Y yo creo que no. Creo que no, por la simple y pura  razón de que el principal elemento que, según mi interpretación, genera el excesivo poder sindical, sigue ahí. Los partidos políticos españoles siguen siendo estructuras cerradas, clientelares, con escasísima calidad democrática y, además, al eterno asalto del centro político, lo que hace que, ideológicamente, tampoco resulten atractivos a muchos españoles, sobre todo los encuadrados en eso que un día llamamos la clase obrera. Su clientelismo hace que la forma de hacer carrera en el partido sea ser fiel al líder que resulta ganador; la brillantez está de más. Las listas cerradas y el voto borreguero en las cámaras hacen el resto. Ha pasado el 15-M, y bien se puede decir que no han aprendido nada. Nada.

En esas condiciones, ¿por qué habrán los sindicatos de pasar a un segundo plano nacional, si siguen siendo necesarios? No creo que sea exacto ya hablar de clase obrera. Pero los españoles, digamos, de ingresos modestos, ¿qué cauce participativo tienen? En realidad, se encuentran en una situación que, desde luego, es diferente; pero, en la esencia de su voluntad de presencia, se sigue pareciendo demasiado a la de los jornaleros de la Mano Negra.

Otra cosa es adónde se están llevando los sindicatos a sí mismos. Porque son ellos, no la situación, los que han negado la Historia. La Historia nos dice que los sindicatos han sido siempre una fuerza independiente que se distinguía de los partidos políticos y se negaba a someterse a ellos. Sin embargo, desde 1982, con la primera victoria del PSOE, se inicia un lento proceso, que a mí me parece es posible que fuese diseñado y ejecutado desde el partido, para darle la vuelta a esa situación. Felipe González quería, no sé si una UGT sometida al PSOE; pero sí, desde luego, un PSOE con vida propia que pudiera pasar de la UGT si fuese necesario. Sólo así podía abordar la reconversión industrial, que él sabía absolutamente necesaria. La situación hizo crisis en 1986, con la reforma de las pensiones. Nicolás Redondo renunció a su acta de diputado. El gobierno aguantó el tirón. Y pasó lo que en el poema de Cervantes: fuese... y no hubo nada.

El terreno de cuándo han ganado y perdido los sindicatos es un terreno totalmente opinable. Mi opinión particular es que el sindicalismo español muestra, históricamente, cierta torpeza a la hora de plantear las huelgas generales. Fracasó en 1917, aunque cabe decir que, muy probablemente, no era su objetivo ganar, sino quedarse donde se quedó, demostrando su fuerza. Fracasó en 1934, aunque es mal ejemplo, porque aquello no fue una huelga, sino un golpe de Estado, que son cosas distintas. Triunfó en el 62, movida que yo considero una huelga general encubierta de tomo y lomo, porque el franquismo hubo de doblar la cerviz, a su manera, ante el empuje sindical, y permitir la negociación colectiva, aunque fuese a la remanguillé. ¿Triunfó el 14-D? Vale, dejaron a toda España sin tele a las doce en punto y al día siguiente no fue a currar ni Peter, pero, exactamente, ¿qué pararon? ¿Pueden decir, como los estrategas del 62, que consiguiesen virar el rumbo que llevaba el gobierno? Más bien no; a medio plazo, no.

Repásese, de todas formas, la lista. La mayoría de huelgas generales sindicales han sido huelgas políticas, porque los sindicatos ni saben, ni quieren, renunciar a ese papel plus, como de movimiento de alta calidad, que la vida social española les otorga. Y se han emborrachado del dicho mecanismo. Desde 1982, en Alemania han gobernado: Helmut Kohl, Gerhard Schröder y Angela Merkel. Francia (primeros ministros): Pierre Mauroy, Laurent Fabius, Jacques Chirac, Michel Rocard, Édith Cresson, Pierre Bérégovoy, Édouard Baladour, Alain Juppé, Lionel Jospin, Jean-Pierre Rafarin, Dominique de Villepin y François Fillon. Italia: Giuliano Amato (2 veces), Carlo Azeglio Ciampi, Silvio Berlusconi (3 veces), Lamberto Dini, Romano Prodi (2 veces), Massimo D'Alema y Mario Monti. Son, pues, tres países en los que han gobernado, en treinta años: tres, doce y  siete primeros ministros diferentes.

¿Cuántos de ellos han sufrido huelgas generales?

En España son todos.

Jugando, jugandito, a ser un poder dentro del poder, era sólo cuestión de tiempo que alguien les hiciese caso. Si Felipe González fue el socialista que quiso poner terreno entre él y los sindicatos, José Luis Rodríguez Zapatero fue el socialista que se propuso gobernar con ellos. Los sindicatos, presa de esa ebriedad de lo inmanente, se dejaron querer y, para cuando el poder político se convirtió en eso que la sociedad española odiaba, ya no podían desligarse de él.

Es en este sentido en el que yo interpreto la enorme, casi exagerada violencia estructural con que quienes arremeten contra los sindicatos a su izquierda lo hacen. Lo que a los líderes sindicales les descoloca más, probablemente, es esta virulencia proveniente del bando indignado; y es así porque no entienden que es a ellos, a los indignados, no desde luego a las personas de clase alta, a las que el maridaje sindical con el poder político ha dejado huérfanos. Los otros rincones de la sociedad española que se sienten malquistos con los sindicatos tienen otros cauces para eclosionar; pero los que, teóricamente, se habían quedado sin ellos hasta el 15M famoso, son los seguidores de éste.

La huelga general del 29, por todo esto, podría ser histórica. Histórica, en el sentido de borrar del panorama la función que los sindicatos han venido cumpliendo hasta ahora en España, desde hace cosa de un siglo.

La cuestión es qué pinta tendrá lo que venga detrás.

lunes, marzo 12, 2012

Hanna Reitsch





El 29 de marzo próximo, supongo que sin alharaca ninguna, se cumplirán cien años del nacimiento de una mujer de elevado mérito: Hanna Reitsch, la primera mujer en la Historia que recibió la Cruz de Hierro de primera clase del ejército alemán, y el último aviador que aterrizó en Berlín antes de la definitiva caída de la ciudad a manos de los aliados.

Hanna Reitsch nació, efectivamente, el 29 de marzo de 1912, en la ciudad silesia de Hischberg. Era hija de un prusiano y una tirolesa. Su padre era médico oftalmólogo. En 1931, terminado el bachiller, su padre quiere que inicie sus estudios de medicina, con la intención de que se vaya a África a ejercer. Pero la hija quiere volar, lo cual genera bastantes discusiones en el seno familiar, por considerar los padres que eso de volar no es un oficio serio; menos aún cuando quien quiere ejercerlo es una mujer. Sin embargo, la hija se pone tan pesada que, finalmente, sus padres le autorizan a tomar cursos de vuelo a vela. A los 20 años, se saca la licencia de piloto de vuelo con y sin motor. A partir de ahí, durante dos años, compagina su afición a volar con los estudios de medicina. Sin embargo, en 1934 abandona los estudios y parte a Kiel, donde su hermano es oficial de marina. Es allí, en Kiel, donde comienza a hacerse famosa en el país por hacer la proeza de atravesar una tormenta con su avión sin sufrir daños. Acto seguido, y por iniciativa de unos productores cinematrográficos, ameriza un avión sin motor en la superficie de un lago. A partir de ahí, se convertirá en lo que hoy denominamos un personaje mediático. Tras sendas expediciones aéreas, en Latinoamérica y Alemania, se convierte en la primera mujer alemana que es autorizada a ingresar en la escuela oficial de navegación aérea.

En Lisboa, en 1935, se produce su primera demostración aérea internacional, después de que Reitsch haya sobrevolado Francia, Suiza y España. Sus proezas se convierten en hechos de conocimiento mundial. Ese mismo verano, es designada para realizar las pruebas de un nuevo planeador, el Seeadler (albatros), que ha de ser capaz de amerizar. Las pruebas se realizan con éxito en el lago Constanza. En mayo de 1937, toda la prensa europea publica la gesta de cinco aviadores alemanes que han atravesado los Alpes en planeador. Uno de ellos es Hanna Reitsch. El Salzburgo, durante los juegos aéreos internacionales, recibe el rango de capitana de aviación; es la primera mujer alemana es conseguir tal cosa.

Hanna Reitsch era, probablemente, el mejor aviador con que contaba el ejército alemán. De largo. Además, su escasa estatura, bajita y delgada como un jockey de carreras, le permitía meterse en cualquier parte y volar prácticamente en cualquier circunstancia. Sin embargo, el Estado nazi, siendo como era fuertemente sexista, nunca habría permitido que formase parte de los combates de la futura guerra; aunque al final, como veremos, tendrá que ser así. Por eso, en septiembre de 1937, es destinada a la base aérea de Rechlin, como piloto de pruebas. Allí pilotará, entre otros, diversos prototipos de los famosos Stukas y, también, comenzará a interesarse por los helicópteros, vehículos entonces menos desarrollados.

El 27 de marzo de 1941, la capitana Reitsch es presentada al jefe de la Luftwaffe, mariscal Hermann Göring, que ha de entregarle algunas condecoraciones que ha ganado como piloto de pruebas. El mariscal espera impaciente en su mansión, pero la invitada no llega, hasta el punto que Göring llega a preguntar, malquisto, si no se estará haciendo de rogar o será una maleducada. En realidad, lo que pasa es que Reitsch está esperando en la puerta de la casa, porque el servicio no se puede creer que alguien como ella sea la famosa aviadora. De hecho, cuando finalmente la entran a la presencia de Göring, éste apenas acierta a decir: “Pero… ¿es posible que algo tan pequeño pueda volar? ¡No lo puedo creer!”

Como se ve, el respeto a la mujer no era el fuerte de los nazis.  

Al día siguiente, se celebró una recepción, pero en la Cancillería, es decir frente a Hitler. En realidad, es la segunda vez que Reitsch ve a Hitler, pues también participó en la ceremonia de Salzburgo, cuando fue nombrada capitana. En esta ocasión, el Führer le impone la Cruz de Hierro de Segunda Clase, hasta entonces sólo concedida a una mujer en la Historia de Alemania.

Mientras la guerra continúa, Hanna Reitsch es designada como probadora de los distintos modelos de Messerschmitt. De hecho, probando el Me 163 se producirá un grave accidente, pero ella, en lugar de tratar de salvarse, decide pilotarlo, con el objeto de que el prototipo quede lo menos dañado posible. Finalmente, lo aterriza en un campo, no sin sufrir graves heridas: seis fracturas craneales, y la nariz rota. Pasa cinco meses entre la vida y la muerte, en el hospital de Ratisbona.

Algunos días más tarde del accidente, se le concede, oficialmente, la Cruz de Hierro de Primera Clase, una condecoración que jamás una mujer había obtenido antes.

Tras su estancia en el hospital, a Hanna Reitsch le queda una secuela bien jodida para un aviador: vértigo. Tiene vértigo incluso yendo en coche. Así pues, debe ejercitarse subiendo al tejado de la casa donde reside para lograr vencerlo.

En noviembre de 1943, Reitsch se desplaza a Orcha, en el frente oriental de la guerra, reclamada por el general Von Greim. El 28 de febrero de 1944, de nuevo es llamada a Berlín, a la presencia de Hitler, para recibir su Cruz de Hierro. En ese encuentro se habla de la probabilidad de construir aviones suicidas, al estilo de los kamikaze japonés; sin embargo, Hitler considera esa solución prematura e innecesaria, por considerar que la situación bélica de Alemania no es tan desesperada. Sin embargo, Reitsch acabará trabajando en el diseño de los famosos V1, que habrían sido, en realidad, aviones suicida (sobre todo la tercera versión, que por no tener, ya no tenía ni tren de aterrizaje). La guerra, sin embargo, terminó antes de que las pruebas se pudiesen hacer.

A finales de 1944, pasa de nuevo varias semanas en el hospital, herida tras un ataque aéreo.
El 25 de abril de 1945, Reitsch se encuentra de misión en Kitzbühel, localidad austriaca bien conocida de los aficionados al esquí. Su misión es localizar lugares susceptibles de ser usados como campos de aterrizaje para el traslado de heridos. Sin embargo, muy poco después de haber llegado recibe un telegrama del general Von Greim, quien le ordena presentarse en Munich para ejecutar una orden especial y excepcional.

El Führer ha llamado al general a su despacho. Lo ha hecho, previsiblemente, para nombrarlo jefe de las fuerzas aéreas en lugar de Hermann Göring, en quien Hitler ya no confía después de que el pígnico dirigente nazi haya intentado tomar las riendas del Reich medio a las espaldas de su jefe. Sin embargo, para entonces Berlín, en su mayoría, está ya tomado por los rusos, y las pocas aeronaves que conserva la Luftwaffe ni se atreven a acercarse. Sólo hay un aeropuerto, el de Gatow, en manos alemanas, y para eso está seriamente bombardeado por la artillería rusa, situada ya a un tiro de lapo.

El 26 de abril, a las cuatro de la madrugada, un Junker 188 aterriza en el campo de Rechlin, sede del Estado Mayor de la Luftwaffe-Norte. Hace 48 horas que ningún avión ha partido para Berlín. Para colmo, el vehículo más propio para la misión, un helicóptero, ha sido destruido en un bombardeo. Por ello, el viaje debe hacerse en un caza biplaza, el Focke-Wulf FW 190. Von Greim va delante pilotando y Hanna Reitsch detrás, de copiloto. El lugar reservado a ella es tan pequeño que no puede ni entrar ni salir de la carlinga sin ayuda de terceros.

Treinta minutos de vuelo, tras los cuales el avión baja el morro. El avión aterriza en Gatow sin heridos. Desde el aeropuerto, Von Greim habla con la cancillería, donde se le informa de que Hitler quiere hablarle como sea, en persona. El general se vuelve a su copiloto y le musita: “Befehl ist Befehl”. Órdenes son órdenes. Luego descarta acercarse por tierra, y decide hacerlo por el aire, aterrizando junto a la Puerta de Brandenburgo. Despegan en un Fieseler-Storch hostigado por la artillería soviética.

El general Von Greim, que va a los mandos, vuela a escasos metros del suelo, por lo que los soviéticos, a su paso, le disparan incluso con sus fusiles y pistolas. Repentinamente, el general deja escapar un grito y se encoje; le han alcanzado. Desde detrás, Hanna Reitsch se yergue como puede y, por encima de los hombros de su mando, agarra, con una mano el “palo de escoba” (el timón) y con la otra la llave del combustible. Así, llevando el avión un poco como míster Bean, lo aterriza en el lugar acordado, en la Puerta de Brandenburgo.



¿Era Hanna Reitsch una devota nazi? El biógrafo más documentado que yo he logrado encontrar, la francesa Patricia Lechevrel, asevera que no, con un tono casi de sentirse ofendida por la duda. Sin embargo, creo que ésta es una teoría difícil de sostener. Hanna Reitsch es, probablemente, uno de esos alemanes supervivientes de la segunda guerra mundial que han construido, o para los que se ha construido, un pasado algo más edulcorado que el real. Lo cierto es que alguien que abraza con la ausencia de reparos con que lo hizo ella el proyecto de pilotar aviones suicidas, difícilmente puede ser una persona de escasos perfiles ideológicos.

En todo caso, Hanna Reitsch estuvo presa del ejército americano poco más de un año. Siendo como era una persona cuyo único acto de guerra fue aterrizar un avión por encima de las espaldas de un anciano herido, era lógico que la soltaran, y eso hicieron en noviembre de 1946. Aunque no se volvió a subir a un avión hasta 1952, año en el que Alemania fue autorizada para volar de nuevo.

Ese año de 1952, Madrid es la sede de los campeonatos del mundo de vuelo sin motor, en los que participa Hanna Reitsch, que entonces tiene ya 40 años, y gana la medalla de bronce. En 1959, es huésped en India del presidente Pandit Nehru. De 1962 a 1966, participa en la construcción de una escuela de vuelo en el país africano de Ghana, proyecto que queda cercenado por la caída en desgracia de Kwame Kkumah. En 1968, parcipa en los campeonatos alemanes de helicóptero y en 1970 obtiene el récord de vuelo femenino en helicóptero, sobre los Alpes austríacos.

En septiembre de 1971, apenas dos años antes de morir, todavía obtuvo el campeonato mundial de vuelo en helicóptero.

jueves, marzo 08, 2012

Hace cuarenta años



Este librito, un tanto mareado, cayó en mis manos hace algunas semanas en el Rastro. Lo pesqué de una de esas cajas de libros a 20 céntimos y me hizo gracia. Básicamente, es un compendio de las preguntas planteadas en los exámenes de grado de Bachillerato (a partir de los 13 años, si no recuerdo mal) para la preparación de los mismos.

Hay bastantes materiales curiosos en el interior, pero hoy sólo me voy a ocupar de unos pocos, especialmente de los más blogueros: las preguntas de Geografía e Historia.

Aquí os dejo, por lo tanto, un florilegio de las preguntas que los adolescentes tenían que desarrollar en sus exámenes hace cuarenta años. Las escribiré en redonda y, en su caso, propondré, en itálica, alternativas sobre la misma materia para los exámenes actuales.

Vamos allá.

1.- Hacer una breve descripción del Brasil, señalando sus límites y e indicando cuáles son sus principales regiones. ¿Cuál es la principal riqueza del Brasil: la agricultura, o la industria? Razonar la respuesta.

Ronaldo, Dani Alves y Marcelo tienen dos cosas en común. Una es que los tres son futbolistas. ¿Cuál es la otra?


[Nota: como todo el mundo sabe, la respuesta correcta es: los tres se han rapado la cabeza alguna vez]


2.- Después de la Revolución de 1868, los principales acontecimientos de la política española durante el último tercio del siglo XIX fueron: el Gobierno Provisional, el reinado de Amadeo I, la Primera República, la Restauración y reinado de Alfonso XII y la regencia de María Cristina. Señalar los hechos más importantes de este proceso histórico.

 ¿Sabrías decir en qué siglo se produjo la revolución de 1868?


3.- El concilio ecuménico de Trento; sus decretos y consecuencias. Participación de los teólogos españoles. La Compañía de Jesús y la difusión del espíritu de la Contrarreforma.

Explica brevemente cómo deben distribuirse los distintos residuos en los diferentes recipientes de reciclaje.


4.- ¿Por qué fueron tan importantes en la Roma antigua las figuras de Mario, Sila, Julio César, Octavio Augusto y Constantino el Grande?

Tras la desaparición de la República romana, los máximos mandatarios pasaron a llamarse:


a) Emperadores.
b) Consejeros-delegados.
c) Obispos.
d) Coordinadores.


5.- ¿Cuáles fueron las causas de las Cruzadas? ¿Qué te recuerdan las figuras de Urbano II, Godofredo de Bouillon, Ricardo Corazón de León e Inocencio III? ¿Qué importancia y consecuencias tuvieron las Cruzadas?

Señala si es verdadera o falsa la siguiente afirmación: Los caballeros cruzados luchaban con fusiles de asalto AK-47.


6.- ¿Quiénes fueron Ganelón, Oliveros y Roldán? Lo expresado debe servirte de punto de partida para que resumas el argumento de la Canción de Roldán.

¿Cuántos libros has leído de Harry Potter? ¿Sabrías explicar dónde tienen lugar, y en qué contexto?


7.- ¿A mediados del siglo XIV, se inicia entre Inglaterra y Francia la llamada guerra de los Cien Años. En relación con esta contienda, exponer sus causas, periodos en que se divide y principales acontecimientos. ¿Qué importancia tiene la figura de Santa Juana de Arco?

¿Cuántos siglos crees que pudo durar, aproximadamente, la guerra de los Cien Años?


8.- Dibuja el contorno de nuestra península y dentro de él señala la cuenca del Ebro, distinguiendo la orografía que la forma, el río y sus principales afluentes. Localiza las comarcas de La Rioja y Los Monegros.

¿Cuántos ríos sabes que pasen por tu Comunidad Autónoma?




9.- Explica los testamentos de Sancho III el Mayor de Navarra y de Fernando I de Castilla.

¿Quién crees tú que pudo ser el primer rey de Castilla: Fernando I o Fernando II?


10.- Escribe lo que es el Camino de Santiago y sobre las influencias que por él recibe España de Europa. ¿Recuerdas quién fue el rey de Asturias que promovió el culto al apóstol Santiago?

¿Sabrías decir cómo se llama el conjunto escultórico de la principal puerta de la catedral de Santiago?


a) Puerta de embarque. 
b) Familia Telerín.
c) O Apalpador e os seus amigos.
d) Pórtico de la Gloria.


11.- ¿En qué época vivió el emperador Carlomagno en Francia, y cuál fue su obra política, militar y cultural?

¿Qué sabes de Carla Bruni?




Otro aspecto interesante de estos exámenes es que todos comienzan con una lectura. La lista de lecturas de primer grado es:


  • Cuentos extranjeros (Andersen, Perrault o Grimm).
  • Cuentos españoles antiguos (Calila e Dimna, El Conde Lucanor, Timoneda).
  • Cuentos españoles modernos (Fernán Caballero, Valera, Palacio Valdés).
  • Cuentos populares de tradición local [aquí, el franquismo, anticipando la enseñanza autonómica].
  • Juan Ramón Jiménez: Platero y yo  [inevitable].
  • Rabindranath Tagore: La luna nueva.
  • Romances (sic).
  • Lope de Vega: Villancicos.
  • Villancicos populares de tradición local.
  • Rubén Darío: A Margarita Debayle.

La lista de cuarto curso mueve a la risa: Homero, Sófocles, Plauto, Virgilio, Canción de Roldán, Cantar de Mío Cid, Berceo, el Auto de los Reyes Magos, don Juan Manuel, el marqués de Santillana, Jorge Manrique, Garcilaso, Fray Luis, Cervantes, Góngora, Quevedo, Lope, Calderón, Moratín, Meléndez Valdés, duque de Rivas, Zorrilla, Bécquer, Pereda, Palacio Valdés, Rubén Darío, JRJ, Benavente, Salvador Rueda, Gerardo Diego y José María Pemán.

Los alumnos, según advierte el libro, deben aprender diversas figuras y tropos de la lengua, entre ellas: antítesis, enumeración, comparación, concesión, corrección, amplificación, graduación, preterición, reticencia, epifonema, paradoja, sentencia, comunicación, lítote, interrogación retórica, exclamación, apóstrofe, prosopopeya, hipérbole, perífrasis, anáfora, conversión, complexión, reduplicación, conduplicación, concatenación, epanadiplosis, polisíndeton, asíndeton, paranomasia, aliteración, onomatopeya, silepsis, juego de palabras, epíteto, similicadencia, paradístole, ironía, sinécdoque, metonimia y metáfora.

Otro elemento que encuentro de cierta curiosa importancia es que los exámenes comienzan siempre con un texto (de estas lecturas) y, sistemáticamente, la primera pregunta se refiere al significado o los sinónimos/antónimos de determinadas palabras del texto. Las palabras que los alumnos, por lo tanto, debían conocer sin diccionario son, entre otras:


  • Vigilia.
  • Otear.
  • Hueste.
  • Torbellino.
  • Collado.
  • Coraza.
  • Rapto.
  • Copiosa.
  • Redor.
  • Porfía.
  • Aqueos.
  • Sinónimo de oculto.
  • Antónimo de valeroso.
  • Antónimo de cortés.
  • Evangelio.
  • Enmendar.
  • Etimología de prado.
  • Etimología de bien.
  • Morar.
  • Tez.
  • Maña.
  • Graveza (todo se torna graveza/cuando llega el arrabal/de senectud... de Manrique).
  • Arrabal.
  • Sinónimo de eternal.
  • Celemín.
  • Fanega.
  • Sinónimo de ladera.
  • Sinónimo de orear.
  • Sinónimo de manso.
  • Jaspes (Que no le enturbia el pecho/de los soberbios grandes el estado,/ni del dorado techo/se admira, fabricado/del sabio moro, en jaspes sustentado... o sea, Fray Luis).
  • Lisonjera.
  • Anegar,
  • Atribular.
  • Acrecentar.
  • Postreros.
  • Balumba (Llegaron también de los postreros, dos bravos y bizarros mozos, de bigotes largos, sobreros de grande falda, cuellos a la valona, medias de color, ligas de gran balumba, espadas de más de marca (...) Es de Rinconete y Cortadillo).
  • Broqueles.
  • Cofradía.


En fin. En uno de los exámenes con texto de Calderón, de La cena de Baltasar para ser más exactos, se hace esta pregunta de sintaxis:

Análisis sintáctico del siguiente punto: "¡Oh, suma Sabiduría, tú sabes los castigos que procuras!"



... pues eso. Que se acabaron los castigos.

miércoles, marzo 07, 2012

De pollados y polladas

Espero que mis amables lectores me perdonen la digresión de este post, bastante más actual que de costumbre, pero no puedo evitar recomendaros el demoledor informe del profesor y académico Ignacio Bosque sobre una serie de guías contra el lenguaje sexista. No sé, la verdad, qué es lo que más me gusta  del excelente documento del profesor Bosque: si lo categórico de sus argumentaciones o la elegancia con la que reparte soplamocos, a partes desiguales, para los expertos (y expertas) de salón que han parido este monstruito sociolingüístico que es el lenguaje no sexista, para el sistema educativo y, de forma connotada, para los políticos que permiten la persistencia de este espectáculo.

domingo, marzo 04, 2012

Geli





Ésta es, sin duda, la imagen de una mujer enamorada. Un tanto moñas la pose, todo hay que decirlo. Pero la mirada, y la sonrisa entre tímida y ambiciosa, no deja lugar a dudas. A todas luces queda claro, al ver esta foto, que está retratando a una mujer que bebe los vientos por el ser al que está mirando. Como se mira a las personas sensibles, sinceras y dulces de las que las mujeres se enamoran. 

¿Quién sería el afortunado?







... pues era Adolf Hitler. 

Y ella, Geli Raubal.





Todo empezó con los derechos de autor de Mein Kampf, el ensayo político de Adolf Hitler, escrito mientras estaba en la cárcel tras el putsch de 1923 en compañía de Ruldof Hess, y que sería, hasta el día de la muerte del dictador alemán, su única, y millonaria, fuente de ingresos (Hitler, de hecho, jamás cobró sueldo por su trabajo como canciller). Tanto dinero, además de las finanzas, cada día más saneadas, del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) le permitieron a Hitler soñar con volver a sus adorados Alpes. Así, Hitler pudo contactar con la viuda de un industrial de Hamburgo y alquilar, por una cantidad inicial de 100 marcos mensuales, un chalé en el Obersaltzberg, cerca de Berchtesgaden, que todo el mundo acabaría conociendo como el Berghof (la casa de la montaña, creo). Allí Hitler comenzó a descansar a menudo.

Todo empezó ahí porque poner en marcha aquel chalé obligó al líder del ultranacionalismo alemán a buscar servicio. Desconfiado como era, no quería que el servicio estuviese formado por perfectos desconocidos, razón por la cual decidió telefonear a Viena, para ofrecerle el puesto de ama de llaves a su medio hermana, Angela Raubal.

Durante los años duros de la vida de Hitler, cuando el futuro dictador de media Europa era una especie de inadaptado social que vivía en Viena de la caridad y la venta de sus dibujos, solía recalar en casa de los Raubal cuando regresaba a Linz, su ciudad natal. Allí siempre fue bien recibido, a pesar de que el marido de Ángela, León Raubal, no tenía, al parecer, demasiado buena opinión de él. Pero León había muerto y Ángela,  la verdad, era la única persona del entourage familiar de Hitler por la cual éste había sentido y expresado algo que pudiésemos considerar afecto.

Ángela Raubal dejó Viena sin grandes problemas, pues nada la retenía allí. Pero arrastró consigo a su joven hija, Geli, quien parecía querer desarrollar una carrera en la ciudad musical como cantante lírica. ¿Fue conditio sine qua non de la oferta que Geli subiese a la Casa Wachenfeld (como Hitler llamaba al Berghof) con su madre? No es seguro; pero sí es probable. Para entonces Hitler, que tenía 40 años, muy posiblemente había desarrollado ya cierta querencia por esa medio sobrina suya, de belleza un tanto extraña y, dicen quienes la conocieron, extraordinariamente vital.

Hitler había tratado a Geli cuando era una niña. Pero cuando se reencontró con ella, ya hecha una adolescente con todas sus cosas en su sitio, se quedó con la boca abierta. De hecho, la llegada de Geli al Berghof supone, a juzgar por los testimonios que nos han llegado, un cambio radical en la vida de Hitler. El político nazi, que en los años duros de Viena apenas ha conseguido tener un amigo, y para eso no muy estrecho, de repente no se separa de su sobrina. Incluso, sorpresa de sorpresas, el tío Adi acompañará a su joven sobrina a los almacenes de Munich y esperará, pacientemente, mientras ella hace compras; algo que, verdaderamente, los hombres sólo hacemos cuando queremos, que si no...

Pero esa relación armoniosa y enamorisca dura poco. Adolf Hitler, ya lo hemos dicho, es entonces un hombre mayor (40 años de los de entonces); y no se olvide que hay algunos historiadores que siempre han sostenido que una de las razones por las cuales adelantó el estallido de la guerra, a pesar de saber que su ejército no estaría plenamente dispuesto hasta 1942, fue que sabía que estaba enfermo, lo cual le haría tener mucha prisa. Hitler tenía, quizá, mucha prisa y, seguro, la sensación de llevar un pibón del brazo. Era mucho mayor que ella (de hecho, era su tutor legal). Un caldo de cultivo evidente para esa enfermedad llamada celos.

De los deseos de Hitler por controlar la vida de todos los que le rodeaban acabó por enterarse toda Europa y el mundo entero. Pero, por entonces, era Geli Raubal quien se comía el marrón. El tío Adi siempre quería saber dónde estaba, y le quería dictar lo que podría hacer y no hacer. Geli, joven y fogosa, no soportaba aquel estado de cosas. Sin embargo, es el criterio del tutor el que se impone, Hitler le prohíbe a su sobrina que jamás vaya por ahí con otros hombres que no sean él, y le prohíbe regresar a Viena a proseguir sus estudios de canto.

En 1929, Hitler adquiere un espacioso apartamento en Munich, 19 habitaciones, en la segunda planta del número 16 de Prinz-Regentenstrasse. Uno de los dormitorios es inmediatamente ocupado por Geli Raubal. Un ejemplo de lo maniático que era Hitler con no tener a su alrededor extraños es que para llevar el servicio de aquella casa contrata a Anny Winter, que había sido su casera durante su etapa de arrastrado en una pieza de Thierschstrasse. Pero ni Anny ni el resto de las personas que pululan por aquel piso se quedan nunca a dormir. Las dos únicas personas que quedan dentro de la casa al caer el sol son Adolf Hitler y su sobrina Geli Raubal. En aquel Munich de la Gran Depresión, todo el mundo asumía que eran amantes.

En el NSDAP nadie se atrevía a poner a Hitler delante de la realidad del escándalo que se estaba organizando a su alrededor. Bueno, una sola persona que se sepa: el gaulaiter de Würtemberg, quien, más o menos, le vino a preguntar si era consciente de lo que decía la gente. La respuesta de Hitler fue caer en un estallido de ira de los suyos (quienes hayan visto la película El Hundimiento no tienen más que ver la escena cuando da la guerra por perdida, que está sacada, creo yo, y punto por punto, de las memorias de Albert Speer), y desposeer al alto mando nazi de todos sus galones. Fueron tantas las toneladas de olvido bajo las cuales sepultó a aquel bocas, que la Historia apenas recuerda su nombre.

Sin embargo, Hitler acabará por confesarse. Será con el fotógrafo Henrich Hoffman, gran amigo suyo. A él le confiesa que ama profundamente a su sobrina, pero que sabe que no puede ni pensar en casarse con ella. Motivo por el cual, le dice, lo que ha decidido hacer es "disfrutar de Geli hasta que le encuentre un marido que me guste" (sic). Las pruebas del machismo exacerbado de Hitler son muchas; no olvidemos que luchó contra el paro subvencionando a las mujeres trabajadoras para que se casaran y dejasen libre su puesto de trabajo. Así pues, la frase no tiene por qué extrañar.

Con un tono sexista aún más claro, Hitler le confesó una vez a Hess: "No tengo intención de complicarme la vida; ni con Geli, ni con ninguna otra". Y lo cumplió: para cuando se casó con Eva Braun, las complicaciones eran ya otras.

La felicidad de Geli Raubal y la fama de Hitler son vasos comunicantes. En la primera mitad de los treinta, por lo tanto, tanto baja la primera como sube la segunda. Hitler es cada día más popular, motivo por el cual esconde a Geli en el fondo de su dormitorio en un piso donde sobran por lo menos cuatro o cinco habitaciones de dormir que no ocupa nadie; y, puesto es que es poderoso, puede hacer las cosas a su manera: finalmente, accede a que su sobrina reciba clases de canto en el mismo Munich; pero la manda a clase fuertemente custodiada por guardaespaldas del partido.

En esas circunstancias, casi como una conclusión lógica, pudo eclosionar un triángulo. Y decimos "pudo" porque. en verdad, tras la llegada de Hitler al poder todo registro escrito, oficial u oficioso, relacionado con la vida de Geli Raubal, despareció; razón por la cual, el relato de su vida es un relato supuesto a partir de testimonios contemporáneos.

El caso es que, de entre las personas sin mando, aquella en la que Hitler confiaba más era su chófer, Emil Maurice. Era a Maurice a quien le había dictado, ya detenido, los primeros capítulos de Mein Kampf. Maurice estaba siempre con Hitler, y Hitler nunca dejaba sola a Geli. Así pues, las cosas acabaron, probablemente, por terminar con el futuro canciller sintiendo un extraño peso en las sienes.

A partir de ahí existen, que yo sepa, dos grandes versiones.

Una señalaría que Hitler llegó un día al apartamento y se encontró a Geli en los brazos de Emil. La otra, que fue la expuesta por el propio Maurice terminada la guerra, se basa en que Hitler le habría confesado a su chófer su intención de casarse con Geli, ante lo cual Maurice, movido por su amor, le confesaría que se la pinchaba. Sinceramente, esta segunda versión tiene poco pase. Primero, porque es una versión a toro pasado (a Hitler muerto, quiero decir). Segundo, porque contradice todos los demás testimonios de la actitud de Hitler frente al matrimonio. Y tercero, porque Maurice, puesto que vivía con Hitler horas y horas al día, tenía que saber muy bien que alguien capaz de desatar la Noche de los Cuchillos Largos era bien capaz de meterle al chófer el neumático de repuesto por el culo; así pues, confesión tal, más que una machada, habría sido un suicidio. 

En todo  caso, dejemos aquí constatado que, según Maurice, Hitler lo llenó de improperios y le echó de su lado, no sin haberle pagado 20.000 marcos para comprar su silencio... otra chorrada. ¿Por qué comprar el silencio de alguien a quien te puedes cargar?

En todo caso, el hecho de que Maurice fuese el primer jefe de las fuerzas de choque del Partido Nazi, después de todos estos sucesos, hace pensar que, quizá, toda la historia de su noviazgo con Raubal fuese una mentira que se inventó después de la guerra para darse pote.

Para el verano de 1931, según han podido establecer los historiadores, Hitler conoce ya y, digamos, aprecia, a la joven Eva Braun. Lo que no sabemos, exactamente, es hasta qué punto y, sobre todo, qué sabe Geli Raubal.

Sea como sea, el 17 de septiembre de dicho año, Hitler sale, acompañado por Hoffman, de Munich camino de Hamburgo. Eso sí, ya no conduce Maurice, sino un tal (no es coña) Schreck. Geli Raubal les despide desde el amplio balcón de la casa.

Justo antes, en la despedida cara a cara, Hoffman ha escuchado a Geli preguntar:

- Tío Adi, ¿de verdad que no me dejas ir a Viena?

Pregunta a la que Hitler ha contestado con un seco nein.

En las afueras de Munich, siempre segun Hoffman, Hitler se vuelve hacia él y le dice que tiene un mal presentimiento.

Al día siguiente, tras haber hecho noche en Nuremberg, un taxi alcanza el Mercedes descapotable de Hitler, tocando el claxon y con alguien en su interior agitando un brazo. Quien hace esos aspavientos es un empleado de la Deutscher Hof, que trae un mensaje para Herrn Adolf Hitler. Ha llamado al hotel Nuremberg Rudolf Hess. El señor Hitler debe regresar al mismo. Es urgente...

Hitler se para junto a una cabina y llama a Munich. Cuando sale de ella, según Hoffman, está lívido. Extrañamente para él, habla con un hilo de voz.

- Han encontrado a Geli en su cama, con mi revólver en la mano... está muy grave. La policía está en el apartamento.

Para cuando Hitler llega a Munich, Geli Raubal ya está en la mesa de la Morgue, el pecho abierto de par en par por el forense. Se ha matado de un tiro al corazón, efectivamente, con la Walther 6,35 propiedad de su tío. Según algunas versiones, sobre una mesa, y creen que situada allí a propósito, los policías han encontrado una de las esquelas escritas a Hitler por Eva Braun...

Ella fue nuestro rayo de sol. Ésta es la inscripción esculpida en la lápida de Geli Raubal, en el cementerio de Viena; y, conociendo a Hitler, es difícil que dejase que otro la decidiese.

Contra lo que se ha dicho y escrito muchas veces, Hitler nunca borró a Geli Raubal de su vida. Primero a la Berghof, luego al edificio de la Cancillería en Berlín, el líder nazi se llevó fotos enmarcadas de su sobrina e, incluso, un retrato que le hizo Adolf Ziegler.

Se dijo por entonces que un sacerdote, Bernhard Stempfle, persona que gozó de cierta confianza por parte de Geli, poseía cartas entre ésta y Hitler. Es posible que sea así. Pero no lo podemos saber, porque Stempfle fue una de las víctimas de la Noche de los Cuchillos Largos, cuando Hitler aplastó la rivalidad de Röhm y sus SA. Tras aquella jornada, Stempfle apareció en el bosque de Harlaching, con tres balas en el corazón y el cuello degollado.



La vida y, sobre todo, la muerte de Geli Raubal son un misterio. Las tesis que explicarían el deceso son muchas.

Geli Raubal pudo suicidarse por amor. Es una teoría bastante lógica, que tendría que ver con el ambiente asfixiante a que la sometía su tío, rodeada de guardaespaldas; ambiente en el que pudieron operar como agravantes su separación de Emil Maurice (si es que verdaderamente fueron amantes), la decisión de Hitler de no casarse con ella (si es que la tomó, y si es que se la comunicó o ella se enteró); y, finalmente, la competencia de Eva Braun (si bien, aunque se sabe que Eva y Hitler se conocían ya, no está claro que fuesen amantes).

Geli Raubal pudo ser asesinada por miembros del Partido Nazi, a espaldas de Hitler, preocupados por el problema que le podría crear aquella relación tan escandalosa. De hecho, en los meses posteriores a la muerte de Raubal, el rumor más fuerte es que había sido asesinada por un grupo de las SS enviado allí por Heinrich Himmler. A favor de esta teoría está el interés objetivo de quitar a Geli Raubal de enmedio. En contra, que no es tónica del NSDAP actuar a espaldas de Hitler. Todos los hombres a su alrededor lo temían y, de hecho, es probable que de haber llegado él al conocimiento o la sospecha de que su sobrina había sido asesinada en esas circunstancias, hubiera tenido una reacción brutal. Una vez más, la Noche de los Cuchillos Largos demuestra, con total claridad, que a Hitler le daba igual ocho que ochenta.

Geli Raubal pudo ser asesinada por orden de Hitler. Su sobrina podría saber cosas; sabemos, por multitud de testimonios, que a Hitler le gustaba hablar y hablar y hablar durante las largas horas de la madrugada (razón por la cual, ni en medio de la guerra, nunca se levantaba pronto) de lo divino y de lo humano, embarcado en una especie de monólogo automesiánico. Si se zumbaba a su sobrina, es de esperar que, tras el polvo, su capacidad de largar se multiplicase. Así las cosas, Geli pudo amenazarlo con contar cosas o, simplemente, convertirse en un incordio por su manía de presionarlo para que se casaran; sabemos, positivamente, que su madre Ángela le comía la oreja a su medio hermano con la milonga del matrimonio, y sería lógico que lo hiciese instigada por la hija. Es posible, por lo tanto, que Hitler llegase a la conclusión de que Geli era un estorbo y, consecuentemente, decidiese ordenar su asesinato. No obstante, son bastantes los testimonios que sugieren que su amor por Geli era sincero. Si tenía una relación posesiva con ella, que la tenía, parece que para cuando ella se mató había conseguido espantarle los moscones; así pues, no tenía mucho sentido matarla en ese momento.

Y aún quedan otras posibilidades descabelladas: ¿le pediría Eva Braun la cabeza de Geli a Hitler? Hay quien lo piensa. Pero lo cierto es que, tras obtener, presuntamente, tan alta prenda de su enamorado, esperaría años para casarse, y no en las mejores condiciones posibles...

Yo, personalmente, siempre he pensado que la teoría más lógica es la primera. Sobre todo por ese gesto, tan desgarrado, de pegarse un tiro en el corazón. No soy sicólogo, pero me da la impresión de que algo así aúna el gesto de matarse y, al tiempo, destrozar la fuente del dolor que, según la simbología humana, en cuestiones de amor, es el corazón.

Sea como sea, con el suicidio de Geli Raubal, su sobrina, en su casa, en la casa en la que vivían los dos, Adolf Hitler lo pasó mal. Muy mal. Aquella muerte pudo acabar con su carrera política de haber sido los muniqueses más proclives al escándalo.

Ella fue nuestro rayo de sol... Tal vez, si verdaderamente la amaba, con la muerte de Geli Raubal, la vida de Adolf Hitler terminó por sumirse en las tinieblas. Con las tristísimas consecuencias que todos conocemos.






miércoles, febrero 29, 2012

The Irish aftermath


Esta imagen de la iglesia bruselense de Notre Mère du Grand Sablon está tomada a las seis de la mañana del martes desde la ventana de mi hotel. Algunos de los comentaristas del pasado post irlandés pueden haberse sentido un tanto contritos por la tardanza en publicar sus comentarios; pero el caso es que yo estaba allí, sin posibilidad de atenderles.

El caso es que ya cuando marchaba pensaba que, probablemente, el artículo sobre la falsa identificación entre el problema español y el problema irlandés acabaría generando comentarios en forma de pregunta. No me equivoqué. Pensé en contestarlas en los comentarios, para no molestar a aquellos de los lectores del blog a los cuales este tema en concreto no les haya interesado demasiado. Pero, finalmente, me di cuenta que la longitud que alguna respuesta demanda hacía aconsejable dedicarle un arttículo complementario a las consecuencias de ese anterior post.

Vayamos con ello, pues.

¿Por qué vascos y gallegos? ¿Por qué no catalanes, o navarros?

Son dos preguntas, y dos respuestas.

Los navarros tuvieron, cierto es, monarquía propia. El suyo es un caso especial porque, efectivamente, como yo creo que sugería el comentarista que planteaba la pregunta, la navarra es, probablemente, la identidad propia, de todas las identidades integradas en España, con mayores pilares históricos para reclamarse. También es absolutamente cierto que, finalmente, navarra fue invadida, por cierto, por tropas a cuyo frente se encontraba un tipo cuyo primer oficio en la vida fue ser rey de los catalanes (entre otros).

Pero, en primer lugar, el post iba con la identificación entre el conflicto navarro y el conflicto irlandés, que no es exactamente lo mismo que hablar de la identidad foral navarra. Segundo, esa identidad es, en mi opinión, previa la identidad euskaldún, no consecuencia de ella; Navarra, y el sentimiento de pertenencia a la misma, existen mucho antes que Euskal Herria. Más aún: Navarra no puede exhibir, ni de coña, ese pasado aislado de todo que la mitología vasca presupone para los vascos. Los Arista, de hecho, no sólo tenían contacto con los musulmanes dominadores de la península, sino que eran, mutatis mutandis, sus aliados, hasta el punto de no participar en la idea prenacional de la reconquista pelagiana. Pero eso no era porque, como vascos, no se sintiesen identificados con un objetivo español; era porque debían su poder al hecho de que los moros les dejasen en paz. Mientras eso pasaba, por cierto, los otros vascos, los de Vasconia, defendían de esos mismos musulamanes los pasos de Asturias codo con codo con el resto de los pueblos súbditos de Alfonso II. Caray con los que no tenían contacto con nadie...

No es hasta mediados del siglo IX que navarros y muladíes rompen su entente cordiale, momento en el que Navarra, por cierto, en lugar de construir una identidad propia y pasar de la idea prenacional antecitada, se alía con los soberanos asturcones. Sin embargo, todavía Fortún Arista, el último de los soberanos de la dicha rama, será bisabuelo, por parte de hija, del célebre Abderramán III (quien, por lo tanto, era, sí, un 25% pamplonica); así pues, para decantar finalmente la balanza, hace falta que Oviedo provoque en Pamplona, año 905, un golpe de Estado en toda regla.

Lo que hoy entendemos como País Vasco ya formaba parte, en su mayoría, del condado de Castilla en el siglo X; en tiempos preespañoles, pues, los vascos ya eran castellanos (o los castellanos vascos, pues no hay que olvidar que personas de escasa talla intelectual de Menéndez Pidal consideraban que la labor de Castilla había sido "meter una cuña vasca en Hispania"; y Sánchez Albornoz llamaba al País Vasco "la abuela cabreada de España"). La autoridad del señor Fernán González abarcaba buena parte de la actual comunidad autónoma. No es hasta las postrimerías del año 1000 que Navarra se anexiona Álava, y la incorporación de los territorios actualmente eúscaros a dicha corona, por ese gran rey que fue Sancho III El Mayor, data del 1029. Pero también hay que tener en cuenta que Castilla iba en el mismo paquete (tal vez por eso vayamos entendiendo por qué tantos topónimos españoles fuera del País Vasco y Navarra terminan, o terminaron en su día, en -ain o en -uri; este aspecto ha sido estudiado por españolistas peligrosos, falangistas apasionados, como Caro Baroja), que se separó en el 1035, y que poco a poco fue recuperando buena parte de los territorios un día suyos; Vizcaya, sin ir más lejos, volvió a ser castellana en 1076, a la muerte del rey Sancho, llamado El de Peñalén. Alfonso I, llamado El Batallador, vuelve a anexionar a Castilla-Vizcaya a su corona en 1109 pero, desde la muerte de este rey, 1134, Vizcaya es parte de Castilla, ya sin más cambios. A finales del siglo XII, se incorporaron a Castilla Álava y Guipúzcoa; la segunda de ellas, por cierto, voluntariamente.

Por lo tanto, la cuenta es: País Vasco castellano/español, unos ocho siglos; navarro euskaldún, menos de dos, y eso sumando retales.

Ya que estamos aquí, justo es recordar que la teoría de que los vascos nunca han querido ser españoles tiene el problemilla de demostrar por qué, cuando el rey castellano Pedro I, como recientemente hemos contado, llegó al acuerdo con el Príncipe Negro de obtener ayuda inglesa en su guerra contra el Trastámara a cambio de ceder a Londres el señorío de Vizcaya, los vascos se alzaron en protesta, exigiendo permanecer en la corona de Castilla. O por qué alzaron la misma reivindicación durante las negociaciones entre Enrique IV y Luis XI para casar a la famosa Beltraneja con el duque de Guiena, obligando al rey impotente a jurar solemnemente que las tierras vascas nunca serían separadas de Castilla. O por qué los vascos solicitaron, en 1506, su incorporación a las Cortes castellanas.


Tenemos, pues: una corona, una entidad nacional, que nunca existió, porque desde muy pronto estuvo integrada en el proyecto castellano. Y otra que, indubitadamente, existió, pero no como proyecto alternativo a la identidad prenacional que acabaría alumbrando el proyecto de España. Corona y entidad nacional que acabó por ser invadida, ciertamente; no siendo, sin embargo, menos cierto que las identidades con Irlanda acaban ahí, porque los castellanos primero; y los españoles, después, estuvieron muy lejos de practicar con los navarros el apartheid, la segregación, el empobrecimiento calculado, o la generación, dentro de Navarra, de enclaves españoles.

Pero es que además, last but not least, no hay que olvidar que Navarra, en el siglo XIX, al revés que el País Vasco, alcanza un acuerdo con España en la denominada Ley Paccionada; que es la razón de que hasta el general Franco, a su manera eso sí, respetase los fueros navarros. Y es lo que hace posible que Navarra se alzase mayoritariamente en julio del 36, y no precisamente en defensa de su separación respecto de España.

Cataluña nunca se ha identificado con Irlanda. Lo cual es lógico, porque de hacerlo, habría hecho el ridículo. Un elemento fundamental del conflicto irlandés es la pobreza relativa respecto de Inglaterra, mantenida e incluso multiplicada por los ingleses. Como decía el post anterior, España nunca ha diseñado y, consecuentemente, nunca ha llevado a cabo, estrategia alguna para reducir Cataluña a la pobreza. Por lo tanto, la identificación entre Cataluña e Irlanda es poco consistente, por decirlo de forma educada.

El primer post sobre esta materia ya decía que son los propios nacionalistas los que aducen el ejemplo. Las referencias actuales a una solución al conflicto vasco "como en Irlanda" no son pocas. Y, como ya apunté en el post, quien quiera explorar la explotación de los paralelismos entre las "tragedias" irlandesa y gallega, no tiene más que repasarse la obra de Benito Vicetto. 

España nunca ha invadido el País Vasco o Galicia, ni se los ha anexionado, los ha tratado de asimilar, que es peor.

Bueno, en primer lugar, eso de que "es peor" lo escribe alguien, supongo, que nunca ha sido invadido. Por eso, entiendo, escribe que "es peor" que a uno lo asimilen. Aquí tengo un primer punto de desacuerdo; si he de elegir, yo, al menos, prefiero que me asimilen a que me invadan.

Pero, por lo demás: para que se produzca un intento de asimilación, entiendo yo, tienen que darse dos cosas: una, la diferencia. La voluntad de ser otra cosa. Otra, la violencia, la imposición. Es evidente que en el pasado remoto hay una intención de asimilación; pero no la realizada por España. Galicia es, por utilizar la terminología del comentarista, "asimilada" por la corona astur; que tiene una identidad religiosa, pero difícilmente española. Lo mismo le pasa a los vascos que, como ya decía en mi anterior comentario, incluso dan mujeres de reyes y madres de reyes en tiempos en los que Hispania, lejos de ser una referencia estatal, política, cultural o histórica, es una referencia geográfica y religiosa.

Para poder sustantivar la afirmación que figura arriba en negrita, pues, es necesario demostrar, para el siglo VIII de la era actual: a) la existencia de una conciencia gallega y vasca; b) la existencia de una conciencia española con la voluntad de asimilar las conciencias descritas en a). Yo creo que ni a) ni b) son ciertas. Los hombres que se unen a Pelayo en Covadonga son gardingos que se apuntan a la hercúlea tarea de reconquistar la Iberia visigótica. En modo alguno se sienten españoles, si, sobre todo, por españoles entendemos señores de identidad distinta a la de los habitantes de Galicia, del País Vasco, de Cataluña, o de Portugal.

La religión en España es pro-unidad de la patria española.

El comentarista que ha escrito esto, que dice tener fondo de archivo para aburrir, es, en mi opinión, víctima de un síndrome que yo llamo Síndrome del Calentamiento Global. Le pasa a aquellas personas que dicen cosas como: "Estamos en enero y hace un calor de la hostia; qué duda cabe que el planeta se está calentando".

Puede que el planeta se esté calentando, sí. Pero hasta los meteorólogos que creen en el calentamiento global le explicarán a este imaginario comunicante que sostener que porque un día concreto de un año concreto hace calor, eso demuestra que hará más calor de aquí en adelante, es de aurora boreal. Con las mismas, si un solo día de junio va y hace un frío de la hostia, podremos concluir que el planeta se va a enfriar durante los próximos cien años.

El discurso religioso histórico español difícilmente podrá ser antivasco por cuanto, en buena medida, se genera en el Pais Vasco. Durante todo el siglo XIX, los ejércitos carlistas se paseaban por España y, cada vez que tomaban o entraban en una villa, lo primero que hacían era cantar misas. De hecho, en el bando carlista, que es el bando de los vascos, navarros, catalanes y buena parte de los gallegos, es donde militan la inmensa mayoría de los clérigos trabucaires, ultramontanos, conservadores a más no poder, retrógrados como ellos solos, representantes de la más rancia tradición católica española. No por casualidad el carlismo transmuta parcialmente en el siglo XX en una cosa que se llama tradicionalismo, esto es, defensa de las tradiciones de toda la vida.

El nacionalismo vasco, que yo sepa, tiene sus grandes iluminadores en los hermanos Arana, los cuales tenían un lema bastante evidente: Jaun Goikua eta Lege zarra, o sea, Dios y Leyes Viejas. Hombre, no seré yo quien niegue que Sabino Arana tenía su punto de inteligencia cuestionable; pero tan, tan gilipollas como para apuntarse a la ideología que, según nuestro comentarista, era, le cito, "pro-unidad de España", no le veo.

Por lo demás, si el contertulio le echa un vistazo a los debates producidos en la II República en torno a la cuestión religiosa en la Constitución, comprobará con facilidad que el más ardiente crítico de las pretensiones laicistas de la mayoría es un diputado que llevaba el muy andaluz apellido Beunza. No creo que haga falta que le explique a qué minoría pertenecía pero, vaya, se presentó a las elecciones por una sedicente coalición católico-fuerista...

Como digo, el comentarista puede ser víctima del Síndrome del Calentamiento Global. Su fondo de archivo inacabable, tal vez, se refiere a los tiempos del franquismo. Punto en el cual no le niego la mayor, ni la menor. Pero es que España, contando desde la boda de Isabel y Fernando, han pasado casi 550 años, de los cuales Franco ocupa el 6,5%.


¿Considera el autor que España (o sus reyes propietarios) conquistan Cataluña -así como el resto de territorios aragoneses- en la guerra de Sucesión?

 Como el autor es gallego, contesta a la pregunta con otra pregunta: exactamente, ¿a qué ente distinto de España pertenecían Cataluña "y el resto de territorios aragoneses" durante la guerra de Sucesión? Porque convendrá el comunicante en que para ser "conquistado" hay que ser "otra cosa" distinta del conquistador; porque nadie se conquista a sí mismo...

La guerra de Sucesión tiene el hombre muy bien puesto, porque eso es lo que es. Lo que combaten las tropas felipistas no es, por lo tanto, a las personas (no les vamos a llamar españoles para no levantar ronchas) de tal o cual sentimiento o nacionalidad, sino a los partidarios del otro sucesor. Sucesor que, a una serie de territorios, les ha prometido unos derechos especiales, que no su independencia respecto de España, puesto que el señor archiduque, a menos que esté yo equivocado, lo que quería era discutirle a Felipe V el mando sobre toda España, porque se consideraba con derecho sucesorio sobre la corona.

¿Considera el autor que en el siglo XVIII España conquistó Cataluña? Respuesta: no.

Cabe recordar, como ya he hecho otras veces en este blog que, como cuenta meticulosamente T.S. Elliot en su libro sobre el conde-duque, apenas unas décadas antes de la guerra de Sucesión, cuando Felipe IV y su primer ministro se van a Barcelona a pedir pasta para las guerras, la contestación de Barcelona, además de un no, es reclamar representantes catalanes en el Consejo de Castilla. Curiosa manera de reclamar la independencia...

¿Se puede considerar que la inmigración peninsular generalmente del sur y centro hacia Cataluña y el País Vasco un ejemplo paralelo de menor grado para formar eventualmente enclaves no-catalanes y no-vascos en dichos territorios en el momento del nacimiento de ambos nacionalismos?

¿Se puede considerar? Respuesta: no.

Repasemos cosas ya escritas en el anterior comentario. Una: la implantación presbiteriana en Irlanda viene precedida de una limpieza étnica de irlandeses en el área entre el río Shannon y la mar. Se produce mediante una legislación, las Acts of Settlement, que concede viva e intensa prelación a los protestantes sobre los católicos, que difícilmente pueden poseer tierras si, entre otras cosas, no las pudieron legar hasta finales del XVIII. La implantación protestante en Inglaterra fue planfiicada y defendida con las armas.

¿Emigraron andaluces, extremeños y gallegos a Barcelona en furgonetas de la Legión, que les protegía de ser agredidos? No (en Irlanda: Sí). ¿Tomaron esos emigrantes pisos, barrios, terrenos o lugares en los que estaban asentados catalanes que, asimismo, fueron expulsados por la dicha Legión o tropa equivalente? No (en Irlanda: Sí). ¿Existe algún papel, en algún archivo, que haya sido descubierto, donde un gobierno español establezca la planificación de estos asentamientos con el confesado objetivo de desleer el peso de los catalanes de sangre en la población de Cataluña? No (en Irlanda: Sí). ¿Fue, de hecho, aquella emigración planificada? No (para desgracia de quienes la llevaron a cabo) (en Irlanda: Sí).

Last but not least. ¿Qué son, hoy, los hijos y nietos de los partidarios setenteros del reverendo Ian Paisley? Respuesta: irlandeses protestantes. ¿Qué son hoy los hijos o nietos de aquellos emigrantes que se fueron a Cataluña? Respuesta: secretarios generales del PSC, o de Esquerra.

En consecuencia, ¿por qué razón España encargó al tonto de los Hermanos Calatrava su estrategia de creación de enclaves no catalanes en Cataluña?

¿Considera real la ocurrencia de prejuicios catalanofóbicos, y los considera más graves en calado y extensión que respecto a gallegos y vascos?

Históricamente hablando, y éste es un blog de Historia, no. La catalanofobia es un fenómeno relativamente moderno, aunque, cierto es, más antiguo de lo que parece (ya Manuel Azaña era catalanófobo a su manera, por ejemplo; como lo era la prensa de Madrid durante el siglo XIX con ocasión de las discusiones sobre el proteccionismo). Pero ojo con el Síndrome del Calentamiento Global...

En una cosa sí tiene razón el comentarista: el sentimiento anticatalán actual de una parte de la sociedad española es peor que el vascófofo (no detecto existencia de gallegofobia ni navarrofobia, la verdad). Pero para entrar en los motivos y geografía de ese problema, le sugiero se busque un blog que hable de la actualidad.

Las políticas lingüísticas han sido históricamente uniformadoras con objetivo asimilador de la lengua castellana

¿Históricamente? ¿Seguro? ¿Está el comunicante seguro de que en la Barcelona bajo el cetro de Carlos I, o de Felipe IV, o incluso, por qué no, de Fernando VII, era delito hablar catalán? ¿Aprecia el autor que los juegos poéticos florales, tan habituales en el siglo XIX en Barcelona, se celebraban en la clandestinidad, quizá? ¿Está informado el comunicante de que aquellos juegos florales premiaban los poemas patrióticos (y, por cierto, religiosos; la religión, al lado de la unidad española, como siempre) y que el ganador recibía un título catalán (Mestre en Gai Saber)?

Aprovecho para apostillarle a este comunicante que no ha de esperar para saber qué opina el autor de este blog sobre la génesis y desarrollo histórico del nacionalismo catalán. No encontrará en este blog menos de cinco o diez artículos sobre la materia.

Como segunda apostilla, el mismo comunicante habla de la posible identificación entre el asunto catalán y el escocés. Yo, sinceramente, no creo en ello.

Eduardo I, rey de pata normanda (no propiamente British, pues), es el primer rey inglés porque se da cuenta de un elemento estratégico fundamental: olvidar las posesiones continentales (no olvidemos que las serias pretensiones de su dinastía a la corona de Francia generarán la guerra de los Cien Años) y aplicarse a la dominación de la isla donde tiene asentadas las posaderas. Así las cosas, invade y anexiona Gales, donde no encuentra propiamente una organización como tal y, en realidad, ha de combatir a un señor de la guerra llamado, si no me falla la memoria, Gwynedd.  Como lo de Gales le sale de coña, mira al norte. Pero en Escocia se encuentra otra cosa: a una dinastía establecida, los reyes Canmore. De hecho, no iniciará la invasión de Escocia hasta que los Canmore se encuentren en situación comprometida tras la muerte de su rey Alejandro III y, poco después, de su nieta y heredera.

Inglaterra, pues, llamó a la puerta de Escocia y, cuando le abrieron, se lió a hostias.

Castilla, cuando llamó a la puerta de Aragón, le echó un polvo al inquilino de la casa.



No parece que sean situaciones muy parecidas.

lunes, febrero 27, 2012

9 razones por las que España no es Irlanda

Las ideologías en general, y las nacionalistas muy en particular, viven de mantras. Mantras más o menos eficientes a la hora de tocar la sensibilidad del personal. Uno de los mantras de al menos dos nacionalismos existentes en España, el vasco y el gallego, es considerar que hay muchos puntos de conexión entre su situación y la de Irlanda respecto de Inglaterra. El centro de la identificación se basa en que es consistente con el argumento de que existe un conflicto. En España, como en Irlanda, hay un conflicto secular con las nacionalidades internas. Somos la Irlanda de España, decían los primeros nacionalistas gallegos modernos, como Vicetto, Chao o Murguía. Las referencias de los vascos al proceso histórico irlandés son comunes.Esto es algo que, además, por parte euskaldún se ha usado mucho en los últimos tiempos, dado que irlandeses son muchos de los asesores del denominado proceso de paz.

Es posible, y desde luego, deseable, que esos asesores logren sus objetivos finales. Pero eso no es óbice para considerar la cuestión de si hay una Irlanda en España. Y, la verdad, esa afirmación, desde el punto de vista histórico, es una chorrada de tomo y lomo.

Son demasiadas las razones que explican por qué son ejemplos distintos. Hoy, aquí, nos ocupamos, tan sólo, de las más gruesas.

1.- Porque España nunca ha invadido el País Vasco o Galicia, ni se los ha anexionado

La Historia de la relación colonial entre Inglaterra e Irlanda comienza con una guerra y una victoria: la del conde Pembroke en 1170, año en que hace su entrada en Dublín, acto que inicia la dominación inglesa sobre la isla vecina.

Nunca las tropas hispanas, fuesen éstas astures, leonesas, castellanas o la Brigada Paracaidista, han penetrado en un ente político nacional llamado País Vasco o Galicia, con la conciencia de que fuera un sitio diferente que estaban invadiendo. Lejos de ello, las tierras de la actual comunidad autónoma gallega formaron parte bien pronto de las posesiones de la corona astur que guerreaba contra el moro. La tendencia centrífuga existió, ciertamente, y justifica, en parte, la invención del mito de Santiago y el comienzo del fenómeno jacobeo. Pero es éste un hecho que ocurre tan pronto en el tiempo que no cabe hablar de resistencia gallega contra el concepto de España. O, dicho de otra forma: la pulsión de no ser parte de la corona astur es anterior al sentimiento de pertenecer a una nación gallega.

En el caso de los vascos, el asunto está aún, si cabe, más claro. Se podría pensar, como de hecho formula una parte de la mitología vasca, que el pueblo vascón permaneció durante siglos y siglos totalmente aislado del resto del mundo, como consecuencia de su compleja orografía. Que los vascos, por lo tanto, no pasaron jamás del árbol Malato. Como decir, se puede decir; también se puede decir que George Clooney es la reencarnación del Papa Urbano II. Pero decirlo no lo convierte en verdad.

En primer lugar, las crónicas visigóticas están petadas de relatos de incursiones de los vascos mucho más allá del condado de Treviño. De hecho, varias de las veces que los vascones decidieron probar con sus razzias, llegaron a la altura de Zaragoza, por lo menos.

No son pocas las pruebas de que la integración de lo vasco en la España de la Alta Edad Media era intensa. La mayoría de los filólogos, por ejemplo, está de acuerdo en considerar que el monje de San Millán de la Cogolla, ése que, que sepamos, primero se expresó en español, era bilingüe entre ese primer idioma castellano y el euskera. Este hecho es bien patente si tenemos en cuenta que el vasquismo está ampliamente extendido a lo ancho y largo de toda España. Siendo la mayoría de los topónimos, en España y en cualquier otro lugar habitado por humanos, hidrónimos y orónimos (esto es, nombres que están señalando la presencia de algún accidente natural que identifica la población), el vasco tiene uno bien conocido: arantz, de donde arantza o Aránzazu, que significa espino. Los pueblos con espinos son relativamente abundantes en lo que hoy es el País Vasco; pero también bastante lejitos. Sin ir más lejos, en aquellos primeros tiempos de lo que luego fue España, sin AVE ni nada, aquellos vascos que por lo visto estaban solitos entre sus montañas, tratando de protegerse de una pretendida invasión española, llegaron hasta Arantzjuez, y allí dejaron su espinita clavada.

Todo eso sin olvidar a Munia, la esposa del astur rey Fruela, vasca por los cuatro costados, como bien nos recuerda en sus libros Sánchez Albornoz. Como vasco fue el refugio del futuro rey Alfonso el Casto, su hijo, durante los años duros.

En consecuencia, los españoles, ni siquiera cuando todavía no lo eran, tuvieron jamás la pulsión (más bien diría yo: la necesidad) de invadir a unos tipos que formaban parte de su tierra.

Esto no es así, ni modo, en el caso de Inglaterra e Irlanda. La oposición frontal irlandesa al Estado inglés data de conferencia de Munster, celebrada en los tiempos de la reina virgen Isabel I, en la cual los irlandeses se reafirmaron en su fe católica y le hicieron una higa a la reforma anglicana iniciada por Enrique VIII.

Ni vascos ni gallegos, por cierto, tienen figuras históricas que exhibir como la de Brian Boru, demostrativas de la existencia de una monarquía, un Estado, previa a la ocupación.

En fecha históricamente tan tardía como 1800, Gran Bretaña decreta la unión con Irlanda. A dicha fecha, la “unión” del País Vasco y Galicia “con” España no era cosa que se cuestionara.

2.- Porque nunca España ha reaccionado creando un enclave antivasco en el País Vasco o Galicia.

La afirmación anterior equivale a decir: porque nunca se ha producido, en el caso español, el hecho que es el cornerstone del problema irlandés o, más específicamente, norirlandés. El problema irlandés comienza, en efecto, ya durante las represiones ordenadas por Isabel I tras la conferencia de Munster, pues en Londres comienza a manejarse la posibilidad de crear enclaves protestantes artificiales dentro de Irlanda.

Los ejércitos ingleses que entraron en Irlanda en aquellos años llevaban la orden expresa de exterminar a los irlandeses entre el río Shannon y el mar, para sí dejar sitio para el establecimiento de colonos ingleses anglicanos. La Historia de España (y la de Galicia, y la del País Vasco) no registran una orden siquiera parecida.

En el siglo XVII, 200.000 hectáreas del Ulster habían sido repartidas ya a colonos protestantes en el Ulster. En dicho siglo, la política de Inglaterra de meter en Irlanda todo lo que fuese, siempre que profesase la fe protestante, llevó a radicar en la isla a lo peor de Europa. Tanto es así que se popularizó comentar de todo aquel que fuese un bandarra, un ladrón, un putero o un vago: “Acabará en Irlanda”.

3.- Porque la religión de España nunca ha sido antivasca ni antigallega.


En el siglo XVII, el arzobispo anglicano de Armagh, monseñor Usher, pronunció una famosa homilía en la que dijo: “La religión de los papistas es supersticiosa y herética; la tolerancia para con ellos es un grave pecado”. De esta forma, la dominación inglesa sobre los irlandeses adquirió los tintes de la justicia religiosa, basándose en el concepto de que el catolicismo era un cristianismo de baja calidad, propio de personas supersticiosas e incultas. Ciertamente, qué razón tenían los presbiterianos: como todo el mundo sabe, a las brujas de Salem se las apiolaron unos enviados del Papa, mientras los habitantes del pueblo, protestantes todos, trataban de impedirlo.

La Historia de España incluye el desarrollo de una institución importada para ejercitar la presión política y la limpieza étnica desde la religión: la Inquisición. Pero la Inquisición se cebó en judíos y moriscos, no, que se sepa, en vascos y gallegos por el hecho de serlo.

4.- Porque España nunca ha cometido el genocidio de las poblaciones vasca y gallega y nunca ha sido racista respecto de las mismas.


Los historiadores han estimado que, tras la rebelión irlandesa de 1641 y la consecuente entrada en el país de la armada inglesa, cinco sextas partes de la población adulta irlandesa en condiciones de luchar fue masacrada. Cinco sextas partes. Sic.

Ni vascos ni gallegos pueden exhibir algo que pálidamente se le parezca.

Tras la rebelión que acabamos de citar, el respeto de los ingleses por la condición humana de los irlandeses era tan profundo que centenares de hombres (sobre todo, curas católicos), mujeres y niños fueron vendidos como esclavos. Como todo el mundo sabe, las zafras en la Cuba española eran realizadas por gentes esclavizadas de Lequeitio y Guitiriz, milagrosamente liberadas por el ejército estadounidense tras la guerra del 98.

En 1847, Irlanda vive una devastadora plaga agrícola que mata sus patatas, que son la base de la alimentación de la población. En consecuencia, se declara una hambruna en la que fallecen 600.000 personas, a las que habría que añadir las 800.000 que huyen del hambre, casi todas a Estados Unidos. En la cámara de los Lores, discutiéndose la situación, se escuchó la siguiente intervención, que está en las actas: “Las patatas rojas y las algas, espolvoreadas con sal, proporcionan alimentación sana y nutritiva. Todos nosotros sabemos que los irlandeses pueden vivir de cualquier cosa, y que los prados están llenos de hierba, en el caso de que les falten las patatas”.

Sería interesante saber qué precedentes históricos existen en España de actos en los cuales gallegos o vascos hayan sido considerados, por decirlo en términos hitlerianos, Untermenschen, e igualados con los rumiantes.

De hecho, en la dinámica entre españolismo y vasquismo, si alguien ha sido racista es el segundo. Los libros y artículos de Sabino Arana están repletos de apelaciones racistas hacia la estupidez congénita y miseria personal de los no vascos. No existe una sola obra en el, por así decirlo, bando españolista, que hoy se pueda considerar tan respetada como la de Arana y que diga cosas así de los vascos.

5.- Porque España nunca ha decretado leyes específicamente antivascas ni antigallegas.

… como sí hicieron los ingleses en Irlanda.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, los irlandeses no podían entrar en la marina, ni en el ejército. No podían ser jueces ni funcionarios judiciales. Se les prohibió poseer caballos con un valor superior a cinco libras lo cual, en la práctica, los condenaba a realizar buena parte de las roturaciones de sus campos a brazo, y moverse apenas. Aquel católico que fuese encontrado con una espada en la mano era ahorcado.

La autorización legal para que un irlandés pudiese heredar se aprobó en 1778. Lo cual quiere decir que los irlandeses tuvieron que esperar 600 años para poder disfrutar de dicho derecho. La libertad de enseñanza de la religión católica data de 1782.

Hace bien pocas décadas, en Irlanda estuvo vigente la Special Powers Act, que permitía el arresto sin orden judicial, legalizaba los castigos corporales y la detención sin juicio, así como la censura de prensa (a los lectores que tengan la tentación de hacer un símil entre la SPA y la legislación antiterrorista española, les recomendaría que volviesen a leer la frase escrita). La ley prohibía, asimismo, que los irlandeses pudiesen siquiera poseer los libros, discos, etc., que los ingleses considerasen subversivos (cosa que también se ha hecho en España aunque, lamentablemente para los nacionalistas, el objetivo de esta medida ha sido siempre el conjunto de la población).

6.- Porque España ni ha celebrado, ni celebra, victoria militar alguna sobre vascos o gallegos.

Los vascos españolistas celebrarán, supongo yo, el 12 de octubre, día que conmemora la llegada de Colón a las cosas de La Española. Como los gallegos españolistas y como los extremeños españolistas. Pero los irlandeses britanistas no celebraban el día de la Reina ni pollas en vinagre. Celebraban el 1 de julio  de 1690, es decir la batalla de Boyne en la que Guillermo de Orange (por eso los irlandeses protestantes radicales se llaman orangistas) derrotó a Jacobo II, quien pretendía gobernar Inglaterra otorgando derechos a los irlandeses y, probablemente, derogando las nefandas Acts of Settlement en virtud de las cuales los protestantes se establecían en Irlanda, la hacían suya y comenzaban a tratar a los naturales del país como extraños.

La única victoria que se puede considerar realizada de España sobre el País Vasco es la de la guerra carlista prima. Pero, primero, no fue una victoria propiamente dicha. Y, segundo, la guerra carlista es una guerra civil en la que, pese a estar el asunto vasco y navarro en su mismo centro y ser su motor, se ventilaron otras cosas. Las guerras entre Irlanda e Inglaterra, la sublevación de 1641, la de 1796 de la Liga de los Irlandeses Unidos, o la de 1798 de los Yeomanry, jamás se han mezclado con nada.

Y, en todo caso, España no celebra a día de hoy, ni lo ha hecho nunca, las victorias cristinas en la guerra carlista paseando tamborileros por la calle y afirmando que aquel día los sucios vascos mordieron el polvo.

7.- Porque España nunca ha permitido, menos fomentado, la creación de armadas paramilitares españolistas en País Vasco o Galicia.

En 1913, cuando Inglaterra está a punto de doblar por primera vez la cerviz en el tema irlandés y aprobar su Home Rule o autogobierno, el abogado protestante Edward Carson y el capitán James Craig, éste último veterano de la guerra de los boers, crean la Ulster Volunteer Force, UVF, con 80.000 hombres al mando de un general llamado George Richardson.

Ya en el siglo XX, en Irlanda se crearon tres policías auxiliares, denominadas la A, la B y la C. Los primeros estaban disponibles para actuar en el acto, los segundos podían ser convocados y los terceros tenían funciones administrativas. Los cuerpos A y C fueron pronto disueltos, pero los B Especiales existieron durante dos décadas.

Los B especiales tienen una larga historia de asesinatos, robos, abusos, violaciones, etc., en la persona de católicos irlandeses. En el verano de 1969, los B Especiales se ganaron, finalmente, su disolución; pero no fue después de nueve muertos y 300 heridos tras una razzia en los barrios católicos de Belfast.

8.- Porque España nunca ha planificado la miseria económica del País Vasco o de Galicia.


Tras firmar, a regañadientes, la partición entre sí misma e Irlanda (aunque conservando Irlanda del Norte), Inglaterra suspendió sus inversiones en la isla vecina (que vendía el 80% de sus mercancías a Inglaterra) y le impuso el pago de cinco millones de libras anuales en concepto de indemnizaciones por los daños producidos en las distintas insurrecciones. Cabe recordar, además, que permaneció impasible durante la hambruna de mediados del XIX, deteriorando con ello la posición económica irlandesa y obligando a sus habitantes a una emigración masiva (que era, muy probablemente, lo que estaba buscando Londres).

Los historiadores no han encontrado, a día de hoy, trazas de estrategia alguna diseñada en Madrid para labrar la pobreza de Galicia, País Vasco o Cataluña. Lejos de ello, España adoptó durante casi un siglo las prácticas proteccionistas que demandaba la industria catalana y vasca, y que arruinaron al sector lanero castellano; bloqueó, en 1919, cuando por la riqueza de la neutralidad en la guerra mundial estaba en las mejores condiciones para hacerlo, la modernización de su sistema fiscal porque esas mismas empresas no querían pagar tanto; y ha otorgado a los territorios forales unas condiciones fiscales realmente privilegiadas.

9.- Por la propia naturaleza del foralismo.


En el caso de los vascos, su nacionalismo siempre ha sido, históricamente hablando, foralista. Esto es, se ha basado en reivindicar la conservación de unos fueros, es decir unos derechos propios, privilegiados.

Pero el foralismo repele el independentismo. Un fuero es un derecho otorgado, y sólo otorgan derechos quienes tienen poder sobre un territorio; los reyes, normalmente. Si alguien reclama sus fueros, automáticamente está admitiendo la autoridad de quien los otorga.

Esto lo saben bien los irlandeses, que jamás han reclamado de los ingleses la devolución de fuero alguno sino, simple y llanamente, que se fuesen a tomar por culo. El Home Rule, la autodeterminación irlandesa, no era sino un paso para la independencia, como siempre dejaron claro sus impulsores.

domingo, febrero 26, 2012

Soluciones a las letrillas


Aquí tenéis las soluciones a las letrillas anticlericales.

Riñas, odios y rencores
fomenta entre si mayores
la familia clerical
que la gente mundanal.

Fácil, ¿no? Prueba ahora con éste:

Canon, regla significa;
de ahí canónigo se fiça,
ya que bajo juramento
ha de estar todo momento.
De Dios consagrado a la gloria,
pompa y cargo, ¡palmatoria!
Más que correr hacia el coro
eligen paseo y oro
y las ropas militares
prefieren a las talares.
Rara vez se ocupan de algo
que debamos celebrarlo.
Son de corazón avaro,
no prestan al pobre amparo;
ni dan a Dios lo que sobra
aunque de la Iglesia cobran.



Si quiere la canongía
cuando llegue la oposición
ofrezca algún doblón
a los de la Compañía



Si alguno a un tomista imita
con doblones ande diestro:
venda al punto a su maestro
y dé el voto al jesuita.


¿Y una vez conseguida la canongía? ¿Cuál será el siguiente escalón? Dice la letrilla:

Será el principal cuidado
de un canónigo actual
aunque falte a lo esencial
pretender un obispado.