Esto está chupado
Esto no está chupado
Abdica de una vez, coño
Atrapados en la derrota de otro
Problemas en el paraíso de las izquierdas
Los socialistas sofocan la revolución socialista
Munich
El joven desclasado de la Mendemannstrasse de Viena
El nacimiento de un Führer
El error Trianon
El sueño erróneo de Hugo Preuss
El día que Hitler escuchó una conferencia sobre “cómo destruir el capitalismo”
El golpe de Kapp
De amnistías y nenazas
La república de las minorías gobernantes
Fuck you, pay me
Bajada de pantalones
Tiros en la Selva Negra
El default de 1922
El pacto germano-soviético de Rapallo
Rathenau
Marasmo
El Ruhr
Stresemann llega al poder
Pintan Renten (o sea, bastos)
El putsch de la birra
Dawes el salvador
El Plan Dawes
Polarización
Mein Kampf
La consolidación del portelismo alemán
La muerte de un presidente
Presidente en los minutos de descuento
Locarno
Rebelión en la granja
Give peace a chance
Las derechas en el gobierno
Puñetazo en la mesa en Tannenberg
Adolf Hitler, líder del 2,3% de los alemanes
Bailando en la boca de un volcán
La última hora de un titán
El canciller que no quería ser canciller
La motosierra económica
El tsunami hitleriano
El parlamento menguante
Bancarrotas
Brüning se desinfla
A veces quien gana, pierde; y quien pierde, gana
El gobierno Papen
Aquella tarde en que Joey Zasa se le apareció a Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg
Papen vs Schleicher
Game over
Durante su estancia en Viena
Hitler, a juzgar por los testimonios de otros y el suyo propio, desarrolló un
odio radical hacia los socialdemócratas. Sin embargo, ese odio no le llevó al
extremo de negarles toda validez. Hoy en día hay bastante consenso en el
sentido de que el futuro líder del fascismo alemán se fijó mucho en las
estrategias de propaganda usadas por el SPD, que en ese momento verdaderamente
era el grupo a la vanguardia del márquetin político; así como su predicamento
entre las masas de obreros.
Hitler siempre quiso eso: quería
fundar una organización política que tuviese la capacidad de galvanizar y
enamorar al obrero, sin tener que contarle movidas marxistas. Quería cautivar
con mensajes ultranacionalistas, combinados con un populismo carismático al
estilo de Lueger. Quería, por lo tanto, romper los clichés de la política según
los cuales el que es de derechas es de derechas y el que es de izquierdas, de
izquierdas. Los años por venir serían un terremoto político-social cuyo tsunami
sigue recorriendo el mundo a día de hoy.
El primer Hitler, sin embargo, no
era rabiosamente antijudío, a pesar de que el antisemitismo es una convicción
hondamente arraigada en Alemania desde muchas décadas antes de su nacimiento.
Ciertamente, el Hitler de Viena parece haberse sentido muy tentado por
panfletos y literatura varia sobre el arianismo (que no arrianismo), al que es
lógico entender que llegó a través de su ultranacionalismo y su admiración por
la mitología germana. Por lo tanto, lo más probable es que se convenciese
primero de la importancia de la raza aria, y después del peligro judío como una
consecuencia de lo anterior (en otra esquina de este blog ya te he contado que
los primeros “teóricos” de la superioridad aria, como la Blavatsky, ya
incluían en su teórica el concepto de razas aberradas que labraban la perdición
de las razas perfectas).
En mayo de 1913, Hitler, que tenía
24 años, decidió abandonar Viena. Como os he dicho, ese año recibió el ingreso
del fideicomiso de su padre. Así que, en compañía de un estudiante de Farmacia
llamado Rudolf Häusler, decidió irse a vivir a Munich.
Aparentemente, en la época de su
traslado las autoridades austríacas estaban buscándolo porque, como os he
contado, había regateado el servicio militar obligatorio. Esto es lo que yo
creo que justifica que, inicialmente, Hitler se registrase en Baviera como
apátrida, aunque luego reconoció su nacionalidad austríaca. La policía
austríaca finalmente se presentó en su apartamento de Munich y lo conminó a ir
a Salzburgo, en febrero de 1918, a explicar su actuación. Hitler se presentó
ante la administración austríaca alegando que en 1909 era una persona sin
información ni medio de vida, y aparentemente sus explicaciones resultaron
convincentes. Además, consiguió ser considerado no apto para el servicio a
causa de una pequeña dolencia pulmonar.
El propio Hitler dejó escrito que
los meses de Munich, antes de estallar la Gran Guerra, fueron los más felices
de su vida. Vivía en casa de un sastre, Joseph Propp, en el número 34 de la
Schlessheimerstrasse. Llevaba una vida solitaria en la que seguía pintando
postales para venderlas.
En agosto de 1914 estalló la
guerra. Según el propio Hitler, en agosto le escribió una carta al rey Luis III
de Baviera presentándose voluntario para el Ejército alemán, y al día
siguiente recibió la autorización. Esto, sin embargo, es bastante poco probable.
Aparentemente, Hitler intentó
presentarse voluntario el 5 de agosto de 1914, pero no fue dirigido a una caja
de reclutas hasta diez días después. El 1 de septiembre fue adscrito al 16
regimiento de infantería de reserva, normalmente conocido como el regimiento
List, por el nombre de su comandante, el coronel Julius List.
La mayor parte de la guerra la
consumió Hitler en el frente occidental, con funciones de correo que llevaba
mensajes entre la Plana Mayor y la línea de fuego. Nunca participó en la guerra
de trincheras; pero es un hecho que muchos de los soldados que cumplieron su
función cayeron bajo las balas enemigas.
Adolf Hitler nunca fue un soldado
al uso. No pedía permisos. No recibía cartas de casa. Nunca contaba su vida
previa cuando charlaba con otros soldados. Cuando la pandilla de colegas se iba
a frotar a los burdeles, él no les acompañaba. Se ha dicho que durante la
guerra tuvo algo con una mujer francesa llamada Charlotte Lobjoie; pero hoy en
día esta historia no suele pasar de la categoría de inventada.
Los testimonios sobre la
motivación de Hitler son divergentes. Algunos soldados de su regimiento dirían
en años posteriores que tenía una posición relativamente cómoda en la que no
hacía gran cosa. Sin embargo, mandos directos suyos como el teniente coronel
Friedrich Petz ponderaron su capacidad de trabajo y su disponibilidad. La
historiografía tiende a calcular la mediana de estos testimonios, defendiendo
la idea de que fue un soldado eficiente, sin llegar a ser especialmente
valiente o productivo. En diciembre 1914 ganó la Cruz de Hierro de segunda
clase, y la de primera clase en agosto de 1918. Ésta última se la dieron por
recomendación de un oficial llamado Hugo Gutmann que, cosas de la vida, era
judío.
El hombre que comandaría sobre
millones de alemanes, sin embargo, no fue capaz de obtener mando alguno sobre
terceros durante toda la guerra. A lo más que llegó fue a Gefreiter, un estatus que le concedía cero mando sobre otros, y que
se otorgaba por escalafón más que por méritos.
Hitler se dejaba ver casi siempre
en compañía de otro correo llamado Ernst Schmidt. Un tercer correo, Hans Mend,
declararía en 1939 que ambos compañeros estaban encajando enchufe entre ellos.
Llegó a decir que Schmidt era la putilla de Hitler, aunque no deja de ser un
solo testimonio; eso por no mencionar que aquellos rudos soldados alemanes bien
pudieron interpretar como homosexualidad lo que era desinterés por las mujeres,
que no es exactamente lo mismo. De hecho, a mí personalmente me parece que lo más
probable es que Hitler fuese eso que hoy llamamos un incel. Mend fue juzgado en
1940 por dos delitos de abuso sexual, y murió en la prisión. Lo que sí parece
claro es que fue en el Ejército donde Hitler terminó por desarrollar su amor
por los perros. Adoptó a un fox terrier al que bautizó Fuchsl.
El Adolf Hitler que recuerdan sus
compañeros era comedido y con elevado nivel de autocontrol. Únicamente perdía
los papeles cuando alguien delante de él afirmaba que Alemania iba a perder la
guerra.
El 18 de octubre de 1918, cerca de
Ypres, Hitler quedó ciego durante un tiempo tras un ataque de gas mostaza, y
fue trasladado a un hospital militar en Pomerania. Allí fue donde un pastor
luterano informó a Hitler, el 10 de noviembre, de que había ocurrido una
revolución en Alemania, que el káiser se había ido y que ahora el país era una
república.
En el relato de su propia vida que
construyó Hitler, ese momento hospitalario se convirtió en el momento en que
decidió meterse en política. La mayoría de los historiadores, sin embargo,
considera que eso es otra inventada. Hitler estaba en Munich el 21 de noviembre
de 1918, momento en el que no mostró indicio alguno de motivación política. En
ese momento, su prioridad era permanecer en el Ejército el mayor tiempo
posible, para seguir mamando de la teta, ya que era un hombre sin oficio ni
beneficio; un político average, pues;
sólo que a él no se le ocurrió falsear su currículo. Lo asignaron a una unidad
de desmovilización del regimiento List; 40 marcos al mes o, dicho de otra
forma, menos da una piedra. En diciembre, lo destinaron a ser guarda de un
campo de prisioneros en Traunstein; donde, por cierto, coincidió con su
presunta putilla, Ernst Schmidt.
Según Hitler, no regresó a Munich
hasta marzo de 1919; Traunstein, sin
embargo, fue desmantelado más de un mes antes, por lo que es claro que mintió;
probablemente para otorgar dramatismo a su regreso, haciéndolo coincidir con el
asesinato de Eisner. Fue destinado a una unidad de desmovilización en
Lothstrasse, una unidad donde existía un soviet constituido; soviet con el que
no parece que Hitler tuviese problema alguno.
Resulta muy difícil saber qué hizo
Hitler durante las semanas que duró la experiencia del gobierno revolucionario
bávaro. En Mein Kampf, le dedica más
espacio al precio de las aceitunas sin hueso que a la revolución de Munich; lo
que se ha tomado como un indicativo más que probable de que el regimiento en el
que estaba encuadrado no hizo nada, ni a favor, ni en contra de los hechos. La única
cuasi evidencia de lo que hizo o no hizo es una foto que hizo Heinrich
Hoffmann, que terminaría siendo el fotógrafo oficial de Hitler, durante el
funeral de Eisner; foto en la que aparece un soldado muy parecido al futuro
Führer, lo que medio confirma que estuvo en dicho funeral; pero más allá, fin
de la cita.
Sabemos que el 3 de abril, en
medio del proceso de democratización de las unidades del Ejército, los soldados
del regimiento donde estaba Hitler lo eligieron como enlace o delegado. Esto,
se ha señalado muchas veces, no podría haber pasado de ser Hitler el rabioso
anticomunista que terminó siendo. El 13 de abril, es decir, el día del golpe
del Domingo de Ramos, Hitler instruyó a sus camaradas para que se quedasen en
el cuartel. El 15 de abril, en medio de la radicalización comunista de la
segunda república de Munich, se presentó a las elecciones de representante del
batallón. Quedó segundo, así que fue nombrado vice representante. De nuevo,
este estatus no le habría sido concedido por sus compañeros si hubiese mostrado
una total hostilidad hacia el comunismo.
Lo siguiente que pasó es que
cuando el régimen comunista colapsó, rápidamente Hitler se adhirió al Reichswehrgruppenkommando IV que se
formó el 11 de mayo de 1919, al mando del general Arnold von Möhl, encargado de
hacer valer la ley marcial en Baviera. En ese punto, Hitler denunció a todos
sus camaradas pro soviéticos.
En otras palabras: si yo tuviese
que escribir el guion de una peli sobre los tiempos de Hitler tras la guerra,
dibujaría a un personaje con ideas anticomunistas embrionarias, en realidad más
dominadas por el ultranacionalismo que otra cosa, y que, sin embargo, cuando se
produjo la revolución en Baviera, quizás por juzgarla más sólida de lo que
realmente fue, y por temor a represalias, decidió aparentar apoyarla, aunque en
realidad su actitud fue más bien de wait
and see. Demasiado cobarde como para explotar y apuntarse a los Freikorps, y con el objetivo de tener
buena información y controlar el proceso, decidió estar presente en los soviets
y otros órganos de decisión de su regimiento; pero, sin embargo, en el momento
en que vio claro que la situación pasaba a estar dominada por aquéllos que más
comulgaban con su forma de pensar, se quitó la careta y se aplicó a ayudarlos;
aunque sin implicarse él físicamente, pues nunca fue persona a la que le
gustase participar en sorteos donde se estuviesen rifando hostias.
El 9 de mayo, Hitler fue integrado
dentro de un pequeño grupo encomendado de investigar el comportamiento de los
soldados de su regimiento; claramente, para entonces la reacción
anti revolucionaria confiaba en él. A él, además, le vino de perlas, pues le
ayudó a mantenerse en el ejército, como quería.
El jefe de información y
propaganda del Comando IV era el capitán Karl Mayr; Mayr había recibido
importantes fondos destinados a crear labores de propaganda entre los soldados
para ganarlos a la buena causa. Mayr se fijó rápidamente en Hitler; es evidente
que el soldado Hitler, que en la escuela había sido extremadamente popular y
que en el ejército había conseguido ser votado por sus compañeros, ya tenía
para entonces cuando menos parte de las habilidades retóricas que luego dominó.
Mayr lo convirtió en soplón y en especialista en propaganda; es decir, si
estuviésemos hablando de comunistas, en comisario político. Además, se le envió
a un cursillo de adoctrinamiento político, que tuvo lugar en junio en la
universidad de Munich.
En aquel cursillo, Hitler escuchó
a conferenciantes como el historiador Karl von Müller y su cuñado, Gottfried
Feder, un economista de fuertes convicciones pangermanistas. Feder era un
constante propagandista contra el agio, que consideraba la herramienta de los
judíos para esclavizar al resto de la Humanidad.
Escuchando a Feder, el 6 de de
junio de 1919, Hitler, según su propio testimonio, entendió los hechos
económicos por primera vez (lo cual quiere decir que se tragó todo el discurso
anticapitalista del conferenciante). Al joven soldado austríaco, la forma en la
que el economista ligaba los peligros del capitalismo con la conspiración judía
mundial le pareció brillante.
Tras la conferencia, algunos de
los 400 miembros de la audiencia, entre ellos Hitler, se quedaron hablando
sobre lo que habían escuchado. En la distancia, Müller los observó. Al rato, se
fue a ver al capitán Mayr, y le dijo: “¿Es usted consciente, capitán, de que
entre sus estudiantes tiene usted a uno que ha nacido para hablar en público?”
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